Notas al final~

12 de Julio de 1776.

En Nueva York, dos buques de guerra británicos abrieron fuego contra la ciudad. Una de las ciudades más tranquilas de la zona había sido bombardeada. Pasó un mes hasta que el secretario de George Washington observase el acercamiento en masa de la flota inglesa compuesta por 400 navíos a Nueva York. 32.000 tropas británicas estaban a punto de tomar Manhattan por asalto.

–Independencia -escupió la palabra Inglaterra desde su barco-. Así que el bastardo quiere su independencia. Pequeño idiota, debías mantener todo como una simple rebelión -masculló con su ceño sumamente fruncido-. Ahora sabrás lo que es tener como enemigo al Imperio Británico.

Planeaba aislar la ciudad y también a la región de Nueva Inglaterra. Iba a aislarla de los rebeldes y trabajar con los Lealistas para atacar al ejército de la que no pensaba que dejase de ser su Colonia. Trece Colonias (porque Inglaterra se negaba completamente a llamarlo Estados Unidos) se arrodillaría frente a él para rendirse y suplicar el perdón. Iba a arrepentirse toda su vida de la decisión que había tomado.

Para muchos colonos, era increíble la manera en que la isla que movilizaba kilómetros y kilómetros de distancia por mar, gastando montones de dineros en aquellas flotas, sólo para quedarse con una colonia. Pero nadie parecía entender que Inglaterra no quería que Estados Unidos no abandonase.

Militarmente, Inglaterra poseía todas las ventajas. El ejército continental contaba con menos de cinco mil efectivos permanentes, complementados por unidades de las milicias estatales de diferentes tamaños. En la mayoría de los casos estaban mandados por oficiales inexpertos y no profesionales. La mayoría eran campesinos, posaderos, zapateros... Ninguno era realmente un militar. Inglaterra no podía verlos como algo que no fueran desertores, ladrones y vagabundos.

Pero los británicos podrían tenerlo todo. Más fuerza, más armas, más barcos, más posibilidades de vencer... Aún así, los estadounidenses tenían algo más: Los ingleses luchaban por su Rey, ellos, luchaban por sus propias vidas. Estados Unidos no luchaba para conservar poder, luchaba para conseguir su libertad. Luchaba por la vida de sus patriotas.

–...Estados Unidos, mira esto -llamó uno de los hombres a la nación protegían una de sus bases. El aludido miró a quien le habló con curiosidad pero obedeció. Se asomó por la zona elevada y alcanzó a ver 4 barcos ingleses lo suficientemente cerca como para ser alcanzados por las balas de uno de sus mosquetes. En uno de los barcos llegaba a leerse "El Fénix". La joven nación debió fregarse los ojos para cerciorarse de no estar viendo mal.

Rápidamente Estados Unidos bajó. Apenas llegó a la zona más plana, el primer cañón abrió fuego. En Septiembre de 1776, Nueva York había sido asediada. Inglaterra disparaba un cañón tras otro sin perder la compostura. Estados Unidos estaba asustado.

Debió ayudar a sus hombres caídos a ponerse de pie. Esta vez no pudo llorar por las agresiones de la isla, no había tiempo para ello.

Se necesitó sólo una hora para que dos mil quinientas balas destruyeran las defensas coloniales. Cuatro mil tropas británicas irrumpieron en Manhattan.

El ejército rebelde sobreviviente marchó hacia donde el comandante en jefe se encontraba. Asustados, aturdidos y muy heridos.

–¡Vuelvan a su formación! -ordenó Washington sobre su caballo-. ¡En fila hombres! -Pero las tropas estaban desplomadas. A Estados Unidos le dolió ver a su jefe y tener que agachar la cabeza, desobedeciendo la orden.

El 20 de Septiembre, los estadounidenses vieron Nueva York arder. Estados Unidos no hizo más que sentir rabia, más aún, porque estuvo seguro que George derramó una lágrima ese día. En tan sólo dos días, la cuarta parte de la ciudad fue destruida.

–...La... Perdimos -murmuró el ojiceleste después de un rato.

–¿Ves esas llamas? -preguntó Washington con la frente en alto, sin esperar respuestas-. Aún con la ciudad ardiendo, aún sabiendo que los británicos son capaces de esto, seguiré luchando por lo que estamos buscando -el hombre se volteó hacia la aún no oficial nación-. ¿Estás dispuesto a soportar estas cosas?

Ambos se miraron por un momento hasta que Estados Unidos asintió. La determinación era notable en sus ojos.

–Soy capaz de resistir esto con tal de ser libre -murmuró, volviendo su vista a la ciudad. Lo único que preocupaba al joven, era todos aquellos rebeldes que fueron tomados prisioneros en los puertos.

¿Saben qué odio mucho? Fanfiction. Odio, odio subir un capítulo y que se suba con los scripts, y no sé si soy yo la que está haciendo algo mal o qué carajo, pero me pone los nervios de punta (Sí, soy una persona que se pone nerviosa por cualquier cosa). Perdón por la tardanza. Si ustedes saben cómo evitar que todo se suba mal, agradecería que me lo dijeran (extraño las épocas en que subir capítulos era mucho más simple).

Espero que les guste el capítulo~