Hola, chicas!

Este es mi último comentario para ustedes, pues este es el último capítulo del fic. Me sentí muy mal de haberlo abandonado tanto tiempo, este fic debió haber terminado hace mucho, pero lo estaba posponiendo, y al fin lo logré. Pude terminarlo. Espero que lo disfruten, puse mi mayor esfuerzo y toda mi cabeza para traerles un final como Dios manda. Disculpen algunos errorsillos que pueda haber por ahí, pero es de madrugada donde estoy y con trabajo veo las teclas en estos momentos.

Quiero agradecer a todas las personas que me apoyaron siempre, todas las personitas que estuvieron aquí desde el principio, y las que comentaron desde el inicio, pero también a los que lo siguieron y nunca dejaron un comentario; pero estuvieron ahí, teniéndome mucha paciencia con mis continuas desapariciones, y todo. Me ha encantado que me acompañen en esta etapa de mi vida, ojalá podamos seguir en contacto. Yo por mi parte, seguiré escribiendo, trataré de continuar el fic que tengo en proceso, y al mismo tiempo tengo otros proyectos en puerta. Me volveré más organizada, lo prometo.

Espero sus comentarios sobre la historia en general, y sobre el capítulo final y epílogo.

Nos vemos muy prontito -espero-.

¡Mil gracias!

Besos, S.


Capítulo 30: "Desenredando telarañas"

Eran las cuatro de la mañana, y me encontraba en la estación de policías. Emily se encontraba a mi lado durmiendo recargada en el hombro de Barty. La cara del chico estaba roja, a pesar de intentar no moverse para no perturbar a mi hermanastra, no puede evitar que algunas lágrimas se deslicen por sus mejillas. Mira el techo y evita el contacto visual conmigo. Está destrozado, totalmente destrozado, más que nada decepcionado. Por supuesto, él no tiene la culpa del padre que le tocó, no debería sentir ninguna culpa por lo que sucedió. Emily lo ha perdonado por todo, por supuesto. Así es el amor de jóvenes, libre y lo perdona todo; incluso los errores más graves que podrían destrozar cualquier relación adulta.

En ese momento mis padres salen de la puerta que antes estaba cerrada frente a nosotros. Me puse de pie rápidamente, y los encuentre a medio camino.

-¿Qué ha pasado?- pregunte a mi padrastro que parece el más racional.

-Tendrá que esperar la sentencia. En estos momentos lo están interrogando.

Suspiré sin poder creer que ese criminal sea declarado como de cuello blanco. Es cierto que no se había derramado ni una gota de sangre, pero yo no estaba de acuerdo en que la sentencia fuera tan corta. Bueno, en fin, siendo abogados, estamos muy conscientes de lo que sucedería, una sentencia corta con derecho a libertad condicional. Es verdad que cuando el daño es a terceros, ves las cosas de una manera muy diferente, a cuando hechas directamente en tu contra o en la tu familia. Por lo menos se regresaría el dinero a la empresa Potter, y Crouch tendría lo merecido de acuerdo a la ley federal.

-Debería refundirse en la cárcel. Ese es solo un crimen de los muchos que ha cometido, de los cuales no hay pruebas- exclamó Barty.- Y lo peor de todo, es que yo acepté colaborar con él.

Lo último lo dijo con la voz quebrada, demostrando lo arrepentido que estaba de todo lo que había pasado. Pero amaba a Emily, de eso no había ninguna duda.

-Fuiste de mucha ayuda, Barty. Si no hubiera sido por tu ayuda no sé qué habría pasado- sonreí sentándome a su lado.

-Si no fuera por mí, James no estaría en el hospital.

-Eso sólo fue un accidente, cariño- murmuró mi madre.

Giré para encontrarme con la cara de mi madre, pero me di cuenta que no me miraba a mí, sino en una dirección del pasillo. Por él iba entrando James acompañado de Sirius, traía unas vendoletes en la ceja corriendo hacia su frente, no parecía haber sido algo grave, pero sí que nos había dado un susto de muerte.

Sentí un cálido líquido corriendo por cada una de mis extremidades hasta reunirse en el centro de mi cuerpo. La sonrisa salió inevitablemente, y me puse de un salto de pie, para alcanzarlo a medio pasillo. Me recibió con los brazos abiertos, y fue un alivio sentir la calidez de su presencia, sus brazos tocando suavemente mi espalda, escuchar el latido de su corazón con mi cabeza recargada en su pecho. Sin darme cuenta unas lágrimas feroces corrieron por mis mejillas, por el miedo vivido, el miedo de haberlo perdido.

-Estoy bien, tranquila- me susurró, elevando mi rostro con un dedo en mi mentón.

No me había dado cuenta de la violencia de mi respiración y el temblor de mi cuerpo, hasta que miré sus ojos castaños preocupados.

-Lo siento… tuve mucho miedo que algo te hubiera pasado- sollocé.

-No me pasó nada. El golpe fue duro, pero no lo suficiente para mantenerme desmayado más de unos cuantos minutos- sonrió tranquilizándome.- Sólo necesité un par de puntadas. Fue más el susto.

-No sé qué hubiera hecho si algo te hubiera pasado.

Volví a abrazarlo por la cintura, y en el momento en que depositaba un beso en mi coronilla, sentí una pequeña sacudida en mi vientre. Mi bebé estaba saltando de alegría, lo sabía, tal vez escuchaba el rápido palpitar de mi corazón contento.

-Te amo, James.


Después que Crouch se había ido prometiendo mandar un chófer por mí. Había dado mil vueltas por la habitación pensando que podría hacer. Seguramente no tardaría en llegar, y aún no decidía que debía hacer. Por supuesto no quería que el asqueroso anciano me volviera a tocar, pero no veía otra alternativa más que ir a su casa, como había dicho, y buscar la dichosa carpeta con información de los Potter. No veía otra alternativa, y una mujer debe hacer, lo que una mujer debe hacer. Ya basta de la Lily tímida, que siempre dependía de otros. Esta Lily quiere crecer, y ser más valiente, afrontar las cosas como vengan, de frente; y así era como lo haría.

Tomé mi bolso con decisión, y me encaminé al ascensor para esperar al chófer en la entrada del edificio. No hizo falta. Un automóvil deportivo de cuatro puertas me esperaba con un hombre uniformado.

-¿Señorita Evans?- preguntó solamente al verme.

-Así es- dije extrañada.

-Seré su chófer esta noche. ¿Quiere que nos vayamos de una vez?

Asentí con la cabeza sin poder articular palabras, sin lugar a dudas Crouch tenía diversas maneras de seducir a una mujer. Estaba realmente preparado. Seguramente, de la misma manera había logrado que Caroline cayera directito en su cama. Pobre tonta.

Tomé la mano que el chófer me ofrecía, y me senté en el lujoso interior del coche. Estaba forrado con piel genuina, y el olor me incomodó. Sí, me incomodó aún más de lo que ya estaba. Que digo incomoda, estaba muerta de miedo. Sentía que las piernas me temblaban, y tenía una acidez alarmante en la boda de mi estómago, lo último que necesitaba era que las náuseas acudieras. Bien, Bebé. Buen momento.

Bufé molesta por mi debate interno, tal vez demasiado alto, porque el chofer me escuchó y me miró por el espejo retrovisor.

–No se preocupe, señorita, no tardaremos mucho en llegar, la residencia Crouch está a unos pocos minutos.

Residencia Crouch… ¡Qué propio! Sentía que iba camino hacia mi propio infierno.

El camino, como me señaló el chófer, duró poco, realmente solamente unos quince minutos. De un momento a otro, me encontraba frente a la que, a decir verdad, sí era una residencia. Parecía una mansión, con grandes jardines y una casa totalmente cuadrada con muchos cristales. Por la puerta de entrada, se podía ver la sala de estar, ya que el gran cuadro estaba rodeado por cristales en lugar de paredes; mientras que al término de los jardines, se encontraban altos muros donde había cercas eléctricas, y cámaras de seguridad por todos lados.

Realmente me quedé con la boca abierta. Nunca pensé que Crouch podría contar con tanto dinero, es decir, sabía que le iba bien ahí en el despacho, pero no creí que ha ese nivel… Esto no cuadraba. ¿Por qué entonces debería robarle dinero a Charlus? No lo necesitaba.

Me bajé del auto con la ayuda del chófer, y seguí el camino que me había indicado. Entré por la gran puerta de madera, y como dije, se veía la sala de estar, que encontré vacía. Dejé mi bolso y mi abrigo en uno de los sillones, para después caminar por los alrededores en busca del pequeño bar que me había indicado el chófer. Rodeé el área central del gran cuadro, hasta que llegué a la parte trasera, donde había el bar mencionado, ahí se encontraba un señor Crouch, sentado en uno de los cómodos sillones con una copa en la mano. El bar tenía vista al jardín, por lo que pude apreciar un pasto bien cortado, y pequeñas luces decorativas que hubieran vuelto loco al pobre de Charlus. Él y su pasión por los jardines.

-Señor Crouch…- hablé para llamar su atención.

-Lily,- sonrió, girándose-. Llegaste muy pronto. No te esperaba hasta una media hora más.

-Bueno, no quería perder el tiempo- sonreí también en respuesta, pero sentí que las tripas se me contraían.

Rio de buena gana, pero se puso de pie indicándome un sillón para que me sentara. Obedecí al instante.

-¿Gustas un trago?- preguntó dirigiéndose al bar.

-No, gracias, no bebo.

-Claro que sí, te he visto beber, Lily. ¿Lo recuerdas?

Me giré para encontrarme con su rostro detrás del bar, con una copa limpia en sus manos. Recordé cuando en casa después de una cena habíamos bebido champagne, y maldije por haberlo hecho.

-Es que el día de hoy no me apetece.

-Te prepararé algo que te va a encantar.

No quise contradecirlo, así que dejé que preparara el Martini de manzana que juraba estaba delicioso, luego vería como deshacerme de la bebida.

Se sentó en el otro sillón después de entregarme la copa, y observé que se había cambiado de ropa. Seguramente hasta se había echado perfume pero yo no quería averiguarlo.

-Tiene una casa muy bonita.

-Muchas gracias, Lily. Este terreno era de mi familia, que heredé después de la muerte de mis padres. Decidí que sería un buen lugar para construir un hogar.

-Creo que ha dado en el clavo- susurré.

Entonces no supe que más decir. No tenía ninguna clase de conversación que compartir con Crouch que no fuera de trabajo, y él no parecía dispuesto a querer llevarme a su habitación o su oficina, al contrario, parecía muy cómodo disfrutando el silencio para aprovechar y observar mi cuerpo mientras yo fingía mirar el jardín. Decidí que debía acelerar las cosas, no estaba dispuesta a pasar siquiera una hora en ese lugar. No. Me largaría lo más pronto posible.

Me incliné un poco fingiendo mirar el otro extremo del jardín, y dejé que mi falda se subiera un poco. Esto no pasó desapercibido para él, pues en poco tiempo se había puesto de pie, rodeando el sillón en el que me encontraba.

-No puedo creer que una chica como tú se haya fijado en mí- me susurró de manera seductora, sabía que me observaba a pesar de que seguía mirando para el jardín.- Podría ser tu padre…

Deslizó su mano por el antebrazo del sillón para después bajarla directo hacía mi pierna descubierta.

-Me encanta tu piel.

Lo miré por debajo de las pestañas, y traté embozar una sonrisa coqueta. Creo que me salió bien, porque en poco tiempo insistió en besarme los labios a pesar de que me resistía. Lo escuché gemir contra mis dientes, y me molestó sentir su erección rozando mi cuerpo. Asco, asco era lo que sentía, me provocaba repulsión su cuerpo, sus labios, sus besos. Pero tenía que hacerlo, debía hacerlo de una manera u otra.

Deslicé mis manos por su abdomen, muy cerca del borde del pantalón y gimió una vez más. Quise empujarlo y golpearlo, pero en cambio dejé que tocara mis senos por encima de la blusa. Sus labios se estiraron en una sonrisa, y sentí uno de sus dedos deslizarse por entre los botones de la blusa.

-Tranquilo, tigre- susurré contra sus labios.- Te dije que quería una cama.

-Y una cama tendrá, Señorita- dijo saltando, y extendiéndome la mano para guiarme a un lugar nuevo.

Iba a la guarida del lobo, pero este lobo tenía la cabeza en los testículos, no sería difícil manejarlo. O eso creía.

Me guio a una de las habitaciones superiores, y descubrí que era la suya. No podía ser de nadie más. En extremo ordenada, muy grande con una gran cama en el centro, y un escritorio lleno de papeles en un extremo. Observé el bendito portafolios sobre este, y sentí un gran alivio de repente. Olvidé con quién estaba, y solamente cerrar la puerta, me tomó en sus débiles brazos lanzándome a la cama.

-Señor Crouch…- susurré asustada, queriendo disfrazar mi tono con uno juguetón.

-¿Creías que te ibas a librar de mí, fierecilla? Tengo queriendo tenerte así desde hace varios meses.

Se subió encima de mí, y de un tirón rompió todos los botones de mi blusa, revelando el sostén de encaje que usaba ese día. Suspiró excitado, y rápidamente dirigió sus labios a mi piel expuesta. Ahora no sabía cómo iba a salir de esta, tenía que encontrar una manera de alejarlo de mí, algo que lo mantenga ocupado por algunos minutos, salga de la habitación y me dé tiempo suficiente para salir de la casa. Pero ¿qué? Quitó el resto de mi blusa rota de mi cuerpo, y comenzó a ser más pausado. Me quitó las zapatillas delicadamente, y besó desde mi empeine hasta mis rodillas, y estaba dispuesto a continuar, pero fui más rápida y lo tomé de la corbata jalándolo hacia mí.

-Me gustan los jueguitos, señor Crouch- ronroneé ante su ancha sonrisa tétrica.

-¿Y qué sugieres, preciosa?

-Me gusta seguir rastros de ropa- susurré muy cerca de sus labios.

-No sabes en los que te estás metiendo Lily, será un placer follarme a una Potter.

Se puso de pie ante mí, y quitándose la corbata de dirigió a la puerta, donde la dejó caer, para después de dedicarme una sonrisa perversa se dirigió a otro lado de la casa, donde escuché caer más tarde el cinturón de sus pantalones.

De un brinco me puse de pie, y me dirigí al escritorio donde estaba el portafolio. Sentí que se caía el alma a los pies cuando me di cuenta que tenía un sistema de seguridad. ¡Maldita sea! Era una pequeña caja fuerte del demonio. Seis números del 0 al 9, ¿qué podrían ser? ¿su fecha de nacimiento? ¿cuándo nació Crouch? ¡Dios! ¡Que idiota! ¡Qué idiota, Lily! Comencé a poner números al azar, con la intención de que abriera de la manera más sencilla, pero había miles de combinaciones posibles. Dejé el portafolio a un lado dándome por vencida, y me dirigí a esculcar los cajones, había muchos papeles y solo me detuve un momento a observar una hoja membretada de la empresa Potter, sin embargo, era algo de un permiso sanitario. Lo dejé a un lado, y continué buscando lo más rápido que pude. Pero de repente escuché una puerta cerrarse, y brinqué de la silla.

-¿Qué crees que estás haciendo?

-¿Q-qué?

Crouch se encontraba en la puerta, totalmente desnudo. Entonces me di cuenta de que debía haber pasado algún tiempo desde que le dije que lo buscaría, había estado tan concentrada en leer los papeles de los cajones, que olvidé totalmente el tiempo y espacio.

-¿Estás aquí con otro propósito, verdad?- exclamó furioso.

-No sé de qué está hablando.

-¿No sabes de que estoy hablando?- habló tétricamente, y la piel se me puso de gallina.

Se acercó a mí, y tomándome de los hombros me guió nuevamente a la cama, donde me tiró con fuerza y se puso encima de mí, restregando su cuerpo en mí.

-Déjeme, déjeme, por favor, yo no hice nada- comencé a rogar desesperada. Veía la intención en sus ojos, su sonrisa me lo confirmaba y con la erección creciente no había ninguna duda.

Comenzó a besarme el cuello, deteniendo mis manos por encima de mi cabeza, mientras con sus piernas inmovilizaba totalmente mi cuerpo. Empecé a llorar desesperada, y a gritar con todo lo que me daba mi voz. Jamás creí que un viejo decrepito tuviera tanta fuerza como para inmovilizarme, y es que no era realmente un viejo, como siempre lo había visto, no era más que un hombre maduro incluso tal vez más joven que Charlus. Me sacudía entre sus brazos, mientras con su otra mano acariciaba mi piel expuesta. Cuando sentí su erección en la piel de mis piernas, mi boca se secó y de repente vinieron las arcadas, era asco, demasiado asco que no pude controlar. De repente me encontraba vomitando en un extremo de la cama, producto del pánico y el intenso asco.

Todavía no terminaba de recuperarme, y Crouch se había alejado de mí evitando el vomito, cuando escuchamos una puerta segunda puerta cerrarte, pero esta vez más lejana.

-¡Ya llegué, Padre!- escuché la voz de Barty por las escaleras.- ¿De quién es la bolsa que está en el recibidor?- volvió a gritar.

Crouch se quedó paralizado.

-¡Soy Lily, Barty! ¡Ayúdame!

Antes de que terminara la segunda palabra, Crouch tapó mi boca con una de sus manos ignorando el vómito que permanecía en mis labios. Me tomó del cuello, haciendo que siguiera sus movimientos hasta que me dirigió a la segunda puerta que estaba en la habitación. De un movimiento rápido, me empujó dentro y cerró la puerta por fuera.

Caí hincada en el piso del baño, preguntándome por qué rayos me había metido en esa situación. Ahora no tenía ninguna alternativa, me encontraba dentro del cuarto de baño, donde nadie me podría oír, no había siquiera una ventana por donde poder cruzar.


No sabía cuánto tiempo tenía en el baño, pero quizá varias horas. Había intentado abrir la puerta con todo lo que había encontrado en el baño, incluso unas tijeritas para cortar cutículas, un peine delgadito, hasta pasta dental; pero había sido inútil. Tenía varios minutos acostada sobre unas toallas que había puesto en el piso del baño. Ya había estado tanto tiempo, que me había resignado a que no podría abrir y tendría que esperar a que Crouch abriera, para luego atacarlo con las tijeritas de cutículas y poder escapar.

Me preguntaba si alguien estaría buscándome, salí del trabajo mucho tiempo atrás, como a las seis de la tarde. Debían ser las diez u once de la noche. ¿alguien se preguntaría dónde estaba? ¿por qué no contestaba el teléfono móvil? Y si fuera así, ¿quién rayos sabría que me encontraba secuestrada en la Residencia Crouch? Maldije mi estupidez una vez más, y pasé mi mano inconscientemente por mi vientre.

-No te preocupes, pequeño, saldremos bien de esta. No dejaré que nada te pase.

Una lágrima se deslizó por mi mejilla, y sentí mi nariz congestionada. Alcancé el papel de baño, y me senté para liberar mi nariz. Cuando escuché un ruido en la habitación. ¿Crouch habría vuelto?

Me puse de pie rápidamente, y tomé las tijeritas en mis manos preparándome para cuando se abriera la puerta. Escuché sonidos en la chapa. Estuve a punto de saltar encima de la persona, pero me sorprendió ver a Barty Jr en lugar del mayor.

-¿Barty qué..?

-No hay tiempo de preguntas, Lily. Debes irte. Papá está en el bar tomando un trago. Debes irte antes de que se dé cuenta que te deje salir- dijo mirando continuamente a la puerta.

-¿cómo supiste que estaba aquí?

-Reconocí tu bolsa. Toma esto- dijo entregándome el abrigo que había dejado en la sala de estar. Me cubrí con él el sostén, y mientras nos dirigíamos a la salida, tomé mis zapatillas que estaba en el suelo. Entonces recordé algo:

-Espera. No me iré sin esos papeles- dije mientras caminaba al escritorio y tomaba el portafolios.- Pon la contraseña.

-¿Qué?- susurró.- ¿Estás loca? Lily, te estoy ayudando, ya hice demasiado.

-¿Demasiado?- me enfurecí.

-Barty, ¿sabes lo que tu padre hizo? ¿sabías que hizo un fraude en la empresa? Necesito pruebas, entiéndeme, es mi familia. Mi familia se quedará sin nada, después de lo que tu padre hizo. Han trabajado toda su vida para conseguirlo. No es justo que de una manera tan fácil y desleal pierdan todo.

Su expresión de suavizó un poco, pero de repente se transformó en una de culpa. Bajó la mirada y me pregunté si él estaba involucrado.

-Lily, yo… tengo algo que decirme.

-Por favor, no me digas que por eso estás con Emily.

-N-no… Estoy con Emily porque la amo, pero… pero Papá me pidió que mantuviera a Charlus bastante distraído.

Mi mandíbula casi cayó al suelo. Entonces recordé los últimos meses en los que Barty pasaba tanto tiempo en casa, y mantenía una muy buena relación con mi padre, tanto que en ocasiones iban a los bolos o veían el fútbol por televisión.

-¡Te lo juro que no sabía que era para cometer un fraude contra tu familia! Él me dijo que Charlus estaba muy estresado, y que la idea de James de su casa le había afectado, por lo que él necesitaba una figura masculina en casa, que pudiera compartir como un hijo. Eso fue lo que me dijo, ¡lo juro! ¡yo no sabía nada!

-No puedo creer que hayas colaborado, Barty- exclamé furiosa, luchando porque las lágrimas no salieran de mis parpados.- ¡Siempre nos hemos portado bien contigo! ¡Mis padres te quieren como si fueras un hijo! ¡Cómo te atreves!- de un momento a otro, le volteé la cara con una cachetada limpia y seca.

Se quedó unos segundos inmóvil, meditando el golpe.

Mi respiración era entrecortada por la furia, y decidí que no podía esperar más. Agradecía el hecho que me hubiera sacado del baño, pero nada más. Tomé nuevamente mis zapatos del suelo, y con el portafolio completo bajo mi brazo, bajé las escaleras rápidamente con toda la intención de solo tomar mi bolso del sillón y largarme. Antes de llegar al piso inferior, por los cristales miré una auto estacionándose en la entrada de la casa, lo cual me asustó y una de las zapatillas que apenas podía sostener con una de mis manos cayó varios escalones abajo.

Ni corto ni perezoso, de un momento a otro Crouch apareció en la sala de estar interponiéndose entre mi bolso y yo.

-¿Adónde crees que vas? –sonrió malévolamente.- Tú y yo tenemos algo pendiente. Seguramente el débil de mi hijo te dejó salir. Lo intuí. Pero no te iras de aquí.

Me tomó con fuerza del codo haciendo que el portafolio cayera al suelo. En eso escuché la puerta de la entrada abrirse, y aproveché el momento de distracción de Crouch para golpearlo con la otra zapatilla que aún permanecía en mi mano. El golpe fue suficiente para que liberara mi brazo. Di dos pasos hacia atrás y choqué con un cuerpo duro y grande.

-¿Estás bien, Lily?- me susurró esa voz que yo conocía muy bien. ¿Qué hacía ahí?

Crouch ya se había recuperado del golpe, y se alejaba peligrosamente a nosotros con la intención de recuperar el portafolio que estaba en el suelo. James se puso entre ambos con los puños en alto.

-No se atreva a acercársele un paso más, o no respondo- gruñó con esa voz que demostraba que no estaba nada contento.

-Solamente quiero lo que esta niña me robó.

-¡Yo no le robe nada! ¡Usted quiere robarle todo a mi familia!- grité furiosa con las lágrimas amenazando con salir nuevamente.

-Solo quiero lo que me pertenece.

Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, cuando escuché los pasos de Barty en las escaleras, al mismo tiempo que James le propinaba un buen golpe a Crouch que lo hizo caer al suelo. Se puso encima de él, y siguió golpeándolo con los puños cerrados mientras Crouch no podía reaccionar a los golpes. La tensión se podía tocar con las manos, e incluso a pesar de mi furia, me di cuenta que James no podía controlar su rabia, y seguía golpeando a Crouch, a pesar de que ya había sangre en el suelo. Barty fue más rápido, y con un adorno que estaba en una mesa, golpeó a James en un costado de la cabeza con suficiente fuerza para hacerlo caer al suelo desmayado.

-¡¿Qué hiciste, idiota?!- grité apartándolo, tirándome al suelo sosteniendo la cabeza de James, dándome cuenta que había sangre en su rostro, pues al caer se había golpeado con la mesa ratonera.

Entonces sí comencé a llorar, susurré su nombre un par de veces pero no reaccionaba. Traté de comprobar su respiración, y ahí estaba, pero no reaccionaba.

-James, por favor, despierta.

-Tranquila, lo golpeé en el sentido. Solo está desmayado- murmuró Barty con la cabeza gacha, mientras Crouch unos metros más allá chillaba de dolor en el suelo.

-¿Solo desmayado? – grité furiosa.- ¿Qué te ocurre? ¡Pudiste haberlo matado!

-¡No! ¡Él si podía haber matado a mi padre! No estoy muy orgulloso de él, pero sigue siendo lo que es, mi padre.

En ese momento la puerta de entrada se abrió por tercera vez, y encontré a la persona que menos esperaba. Entonces supe que enserio estaba pérdida, James desmayado y yo sin poder servir para un buen golpe. Caroline iba entrando con el cabello más corto de lo que recordaba. Miré fijamente sus castaños ojos con desafío, y ella no pudo hacer otra cosa más que bajar la cabeza. Encontré ese gesto muy extraño, hasta que me di cuenta que permaneció con la puerta abiertas porque detrás de ella, venían unos cuantos policías con armas y radios.

-Levanten las manos- dijeron apuntando con las armas.

Tuve que soltar la cabeza de James sobre mis rodillas para alzar las manos rápidamente. Mi corazón bombeaba a mil por hora. ¿Qué era esto? ¿Qué estaba pasando? Barty también levantó las manos, justo en el lugar donde estaba parado; mientras Crouch seguía chillando el suelo.

-Es él- dijo Caroline señalando a Crouch.

Los policías bajaron las armas, y dos de ellos se dirigieron a Crouch poniéndole las esposas, para después ponerlo de pie. Entonces vi su rostro, estaba lleno de moretones, y corría sangre por su nariz y labio. Esta irreconocible con esos morados y la hinchazón provocada. Ni siquiera nos miró cuando pasó a nuestro lado, pero se detuvo frente a Caroline que permanecía parada en la puerta.

-¿Qué estás haciendo?

-Arreglando mis erroges.

Uno de los policías bajó su cabeza, y lo empujó para que siguiera caminando. Ni siquiera me detuve mucho tiempo para observar la expresión de Caroline, porque en cuanto sacaron a Crouch de la casa, Barty y ella se arrodillaron alrededor de James, preocupados por su salir. Caroline tenía los ojos llorosos, pero no hizo siquiera el amago de tocarlo; sin embargo, yo estaba tan asustada que no dejaba de moverlo con la intención que despertara.

-Tenemos un herido aquí, manden una camilla- escuché a uno de los policías hablar por el radio.

En solo un momento unos paramédicos se acercaban con una camilla, donde subieron a James y se lo llevaron a la ambulancia que estaba afuera. Pretendí seguirlos, pero un oficial me detuvo diciéndome que necesitaban una declaración. Caroline tocó mi hombro y me susurró:

-Tranquila, yo igé con él.

Ante de que pudiera deshacerme del oficial, la ambulancia salió directo al hospital. Me quedé sentada en una de las escalerillas, mientras los policías revisaban la casa y yo permanecía con el portafolio entre mis brazos. No podía dejar de llorar por la impotencia, de no saber qué había pasado con James, y por qué no me habían dejado irme con él. De repente Barty que estaba hablando con un oficial, se separó de él para sentarse a mi lado en las escalerillas.

-Llamé a tu familia, ellos ya vienen para acá; también le pedí a Emily que llamara a Sirius para que fuera por James al hospital – dijo con la intención de tranquilizarme. Pero la verdad es que no lo hacía, no me hacía sentir nada bien, pues aunque habían detenido a Crouch, no había pruebas para demostrar que todo lo que había pasado esa noche había valido la pena. – Sé que estás molesta conmigo, pero por favor, Lily entiéndeme. También fui utilizado por mi padre, no sabía sus intenciones, yo simplemente obedecí lo que me pedía. Tampoco estoy de acuerdo en lo que hizo, tienes que saberlo.

Me limpié las lágrimas con el torso de la mano, y señalé el portafolio.

-Sí es así, entonces demuéstralo. Aquí están las pruebas del fraude que cometió tu padre. Ábrelo, por favor.

-¿Sabes que lo abrirán en la estación, verdad?- preguntó mirando bajo las pestañas.

-Necesito estar segura de que las pruebas están ahí. Si no, todo habrá sido en vano.

Suspiró resignado, y tomó el portafolio de entre mis brazos. Lo puso sobre sus rodillas, y comenzó a girar lo pequeños numeritos, colocando el código. Jaló los seguros, y escuché el tin clásico de cuando se abre una cerradura en las caricaturas. Me lo pasó nuevamente, y con las manos temblorosas lo abrí, descubriendo en primer plano la parte que rezaba: "Caso Potter".

Poco después llegó llegaron Charlus y Mamá acompañados de Emily, dijeron que Mike se había quedado con una vecina que lo cuidaría por esa noche. Era casi medianoche, y se notaba que se habían cambiado muy rápido para llegar. Emily se lanzó a los brazos de Barty nada más llegar, pero escuché como le susurraba: "Tenemos que hablar", y se separaban a paso corto para platicar a solas. Por mi parte aún tenía el portafolio en mi poder, y ambos, Charlus y Mamá se veían aliviados de que yo estuviera bien.

Hablaron un poco con los oficiales, y ellos les dijeron que debíamos ir a declarar lo que había pasado, para meter la denuncia y comprobar con documentos que lo que decíamos era cierto. Así que los cinco nos subimos al auto de Charlus, y nos dirigimos a la estación de policías que nos habían señalado. En el camino hablé muy poco de lo que había pasado, la verdad, no tenía nada que decir, ahora que esto estaba solucionado, mi cabeza estaba en otro lugar y con otra persona.

De repente, sin previo aviso comencé a llorar. En el asiento trasero íbamos las mujeres, por lo que mi madre que estaba a mi lado, me abrazó como nunca antes lo había hecho. Sentí todo el apoyo que siempre soñé que me brindara con solo un abrazo, me susurró al oído que todo estaría bien, que él estaría bien, que solo había sido un pequeño golpe. Sollocé en sus brazos todo el camino, por la experiencia ocurrida y por James, porque quería estar con él, no con el maldito oficial que tomaría la declaración. No. Con James, solo con James. Y agradecía que por fin, mi madre lo entendiera.

Íbamos llegando a la estación, cuando el teléfono de Emily comenzó a sonar.

-Es Sirius- dijo mirando la pantallita.

Volteó a verme y antes de que dijera nada, me lo extendió para que tomara la llamada.

-¿Hola? ¿Sirius? Es Lily.

-¡Qué tal, Lily! – respondió la voz del mejor amigo del amor de mi vida.- Solo quería avisarles, que James está bien. Reaccionó solamente lo subieron a la ambulancia, cuando yo llegué aquí, ya le estaban poniendo unos puntos en la frente. Ahorita le están haciendo una tomografía para verificar que no haya daños por el golpe, y solamente le dan los resultados y vamos para allá. ¿Dónde están ustedes?

-En la estación de policías. ¿Seguro que está bien? ¿no se encuentra confundido? ¿recuerda todo?

-Está perfectamente bien. Los doctores dijeron que estaba todo bien, pero querían descartar que no hubiera daños que pudieran causar problemas en un futuro. No te preocupes, esto no tomará más de una hora.

Quería golpear a Sirius, porque había mentido. Ya nos habían tomado la declaración a todos, tanto a Charlus como a Barty, a mí, que había sido la más larga, y James todavía no aparecía. Llegó pasadas las cuatro de la mañana, donde también tomaron su declaración, y fue cuando supe su versión de la historia. Cómo se había enterado que yo estaba ahí, y realmente fue por mera intuición, porque después de haber compartido ese café con Caroline donde le confesó toda la verdad; había ido a la oficina a verificar las cuentas bancarias, donde se dio cuenta que efectivamente había un retiro de millones que no había sido autorizado. Entonces comenzó a buscarme, dijo haberme buscado varias horas hasta que Caroline había sugerido ir a casa de Crouch a enfrentarlo. Así fue, y así fue la manera en que me encontró.

Cuando salimos de la estación, estaba a punto de salir el sol. Así que Charlus, Mamá y Emily se habían ido en un auto, mientras que James, Barty y yo tomando un taxi, en dirección a la Residencia Crouch, ya que James ahí había dejado la camioneta. Después de despedirnos de Crouch, que se quedó muy deprimido por lo que había pasado con su padre, y que estaba segura le llevaría mucho tiempo superarlo; James y yo nos dirigimos a su departamentos, donde teníamos la intención de dormir el resto del día.

-Te lo dije- murmuró James, cuando íbamos pasado por el centro, parado en un semáforo.

-¿El qué?

-Que las cosas funcionarían. Helen parece ya haber aceptado que estemos juntos, Papá y Emily lo aceptaron inmediatamente, Crouch ha desaparecido de nuestras vidas, y Caroline no nos molestará más- dijo con una sonrisa de oreja a oreja, a pesar de la noche tan difícil que habíamos tenido. Y me pareció la sonrisa más hermosa, aún con la hinchazón en su rostro, con la vendoletes que cruzaban su frente, y las ojeras que asomaba bajo sus ojos.- De ahora en adelante todo irá bien.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque nos tenemos el uno al otro.

Permanecimos en silencio unos minutos más, atravesando el rio Támesis mientras el sol iba saliendo por el horizonte. Y cuando lo dijo, me tomó por sorpresa:

-Entonces… ¿qué esperas para casarte conmigo?

Fin