Epílogo.

-¿Lily, estás lista?- preguntó la dulce voz de mi hermanastra del otro lado de la puerta.

-En un momento voy- dije.

Me admiré en el espejo por última vez, antes de decidir que debía acomodarme unos cuantos cabellos de mi peinado, tomé unas horquillas y las pasé por algunos mechones pelirrojos que no lucían para nada perfectos. Acomodé el tocado nuevamente y levantando el largo vestido color azul que lucía esa noche salí de la habitación.

La casa era un completo caos, estaba repleta de familiares que habían venido de todas partes del país a celebrar tan importante acontecimiento. Dos pequeñas niñas tomadas de la mano corrían con una canastilla con pétalos de flores dentro, hermosas y adorables. Dejé la habitación para cruzar el pasillo y entrar en la habitación de enfrente perteneciente a mis padres. Dentro estaba mi madre con una largo y hermoso vestido blanco, perfectamente peinada y maquillada. Emily estaba a su lado con un vestido muy similar al mío, llevaba tacones altos y jamás la había visto tan hermosa y madura.

-No sé cómo ponerle el velo- me dijo mi pequeña hermanita.

-Déjamelo a mí- dije quitándoselo de las manos- no sabía cómo usarlo el día de mi boda, pero sé exactamente donde te lo colocaré, Mamá.

-Muchas gracias, hija- me dijo mi madre con una radiante pero nerviosa sonrisa.

-No es como si fuera tu primera boda- le dije para tranquilizarla mientras colocaba el velo con horquillas.

-Es mi primera boda religiosa- refutó.

Sonreí. Ya lo sabía, mi madre no era una persona muy devota a una religión, pero ella y Charlus se habían dado cuenta que querían tener un matrimonio no solamente frente a las leyes humanas sino también a las espirituales. Por eso había viajado tanta familia de fuera, para presencia la primera boda religiosa de una pareja como mi madre y Charlus.

-Lista- salté empujándola para colocarla frente al espejo- jamás una mujer se había visto tan hermosa- le dije poniendo mi barbilla en su hombro contemplando el reflejo de mi madre.

Los ojos de mi madre se llenaron de lágrimas y me dio un fuerte abrazo. Me dejé envolver por esos brazos y no me quejé cuando al abrazo se unió Emily.

-Mis pequeñas hijas- suspiró- no importa la edad que tengan siempre serán mis niñas pequeñas.

¡TOC! ¡TOC!

Nos interrumpió el sonido de la puerta, Emily y yo nos miramos asustadas, sin haberlo planeado ambas nos abalanzamos a la puerta cuando esta comenzó a abrirse.

-¿Ya están listas?- preguntó Charlus sin poder abrir mucho la puerta.

-Sí, ya- sonreí- Fuera de aquí, Charlus, es de mala suerte ver a la novia antes de la boda.

Charlus me miró con los ojos entrecerrados pero no se quejó, se echó para atrás para que Emily saliera.

-Emily y Mike se irán contigo- le dije- recuerda que debes estar antes en la iglesia. Mamá y yo nos iremos cuando llegue la limosina.

-Vamos, Papá- lo jaló Emily del brazo- no comas ansias, Helen se ve espectacular.

Cuando escuché que habían bajado las escaleras, ayudé a mi madre solamente a darse unos retoques en el maquillaje y a acomodarse unas partes del vestido que ella sentía incomodas. La dejé un momento para asegurarme de que todos ya estuvieran en la iglesia, y salí de la habitación cuidando no caerme por las escaleras. Escuché el sonido de la televisión lo cual confirmó mis sospechas.

-¡James!- grité.

James saltó del sillón asustado y con los ojos un poco rojos se giró para verme bajar las escaleras.

-¡Estabas dormido!- grité nuevamente.

-No… no estaba dormido- susurró tallándose un ojo- sólo estaba… descansando los ojos. Dios mío, estás deliciosa- me dijo esto último con esa voz tan aterciopelada suya.

Me sonrojé un poco pero no dejé que sus palabras me distrajeran.

-¿Ya llegó la limosina?- pregunté con las manos en la cintura.

-Creo que sí- sonrió apenado- escuché un claxon justo antes que gritaras.

Se puso de pie dejando a la vista el pequeño niño que acunaba en sus brazos. Con un esmoquin de miniatura, abundante cabello negro pero con unos gigantescos ojos verdes que ese momento permanecían cerrados, estaba el pequeño Harry Potter.

-Dios mío, James- me quejé acercándome- te dije que no dejaras que arrugara su trajesito.

-Tardaste mil horas, era lógico que nos quedáramos dormidos- se excusó acomodando a Harry en sus brazos para que yo pudiera ajustarle nuevamente el esmoquin miniatura.

-¡Ajá! –grité levantando un dedo- sabía que estabas dormido.

-Digo –corrigió según él aunque yo ya sabía toda la verdad- Harry se quedara dormido.

Traté de acomodar su rebelde cabello que tenía como un litro de gel, pero ya estaba tan duro y tan despeinado que no había nada que hacer.

-Ve a ayudar a Mamá a bajar las escaleras- le ordené- con ese vestido corre el riesgo de caerse.

Bufó, y a regañadientes me pasó la pequeña existencia de apenas año y medio a mis brazos. Harry se despertó en el proceso, pero como buen niño que era ni se quejó, sólo me admiró con esos ojos idénticos a los míos y se acomodó mejor en mi pecho. Le planté un beso en la frente y envolviéndolo con mi chal esperé que bajaran James y mi madre.

James insistió en irse en la camioneta ya que después no podría moverse pues la limusina se llevaría a nuestros padres a dar una vuelta antes de la recepción. Acompañé a mi madre en el viaje de apenas quince minutos, ella estaba tan nerviosa que trataba de tranquilizarla con palabras motivadoras y diciéndole que todo saldría bien, que sería una boda espectacular. Cuando la limusina se detuvo frente a la iglesia, pensé que se iba a desmayar, pero James ya estaba ahí para abrir la puerta y con los ojos me dijo que Charlus y todos los demás ya estaban adentro esperándola.

La persona que acompañaría a mi madre al altar sería el Tio Oswald, el cual era primo de mi madre y a falta de figura paternas él se había llevado el privilegio de entregarla en el altar. Me tomé del brazo de James ya que éramos los padrinos de honor, y entraríamos sólo después de las dos pequeñas pajes.

La iglesia estaba abarrotada, en cada fila había personas, desde familiares, compañeros de trabajo, amigos de la familia, amigos y compañeros nuestros. Nos colocamos en nuestra posición mirando hacia la entrada de la iglesia, donde justo pasaba Emily con un pequeño ramo en las manos, seguido de amigos de nuestros padres que también pertenecían a la corte. Al final, mi madre, con su espectacular vestido blanco, largo velo y sonrisa radiante descendía por el pasillo hasta el altar. Charlus estaba con la boca abierta, se echó los pocos cabellos que tenía hacia atrás demostrando su nerviosismo y se acercó a recibirla. La tomó de la mano, la besó en los labios y ambos se dieron la vuelta hacia el cura.

Admirar la felicidad de mis padres, cuando están uniendo su alma en una era algo que me llenaba de dicha. Después de tantas cosas que ocurrieron en el pasado, no podía creer que estaba justo en ese lugar, siendo dama de honor de la boda de mi madre con mi padrastro, siendo pareja de mi hermanastro, y con un pequeño hijo que estaba en la primera fila en brazos de su padrino.

No podía pedir más en la vida, era feliz, irrevocablemente feliz, encontrar la mirada de James observándome atentamente, sin perder un solo detalle, llenaba mi pecho de una calidez que sólo podía desbocar en una sonrisa. Porque James era el amor de mi vida, porque no podía haber hecho algo mejor que me llevara a este momento, porque solamente necesitaba mirar a mi hijo para darme cuenta de que esto no era una error. Porque el amor con James, la vida con James solamente estaba llena de bendiciones.