De repente se han terminado los capítulos diarios y lo siento, pero estoy ocupada y escribo de noche. Si escribiera todas las noches me acabaría convirtiendo en zombie, me cogerían en The Walking Dead, se me subiría la fama a la cabeza y me vería en la obligación de abandonar esta historia.
Regina daba vueltas en círculos por su sala de estar. Una relación, Emma quería una relación con ella. Pero ella no estaba preparada para eso, no buscaba una relación con nadie, no quería una relación con nadie, y mucho menos con Emma Swan. Si tuviera una lista de "gente inapropiada con la que salir" Emma estaría la primera. Además, que no tenían nada que ver, eran opuestos como el agua y el aceite, como el día y la noche, como Harry y Draco… una relación con ella estaba estaría avocada al fracaso. Bueno, al fracaso y a un intento de asesinato por parte de la familia de Emma cuando se enteraran. ¿Por qué se le complicaba tanto la vida? Ella solo quería tener de vuelta a su némesis, toda persona necesita a su némesis. ¿Qué habría sido de Harry Potter sin Voldemort? Habría sido un pringado más que seguramente habría terminado en Hufflepuff. Pero necesitaba a Emma de enemiga, de persona con la que discutir no de novia. Ella no quería una Emma novia, ella quería una Emma a la que odiar y lanzar pullas. ¿Cómo iba a salir con la culpable de su destrucción? Es como si después de matar a su padrino, Bellatrix le hubiera dicho a Harry que quería tener una relación con él. No es posible. No puede ser… igual que no podía ser que siguiera pensando referencias sobre Harry Potter, ¿qué demonios le pasaba? Así que nada, si la única posibilidad de tener de vuelta a su némesis era saliendo y acostándose con ella, lo sentía mucho pero prefería quedarse tan sola como estaba, alimentándose del miedo del resto de mediocres del pueblo. Si por lo menos la condición fuera únicamente acostarse con Emma, mira, se lo podía pensar porque mucho sacrificio no era. ¿Pero tener una relación? ¿Pareja? Ni loca, Regina Mills era una loba solitaria que cubría sus necesidades con sexo ocasional. ¿Qué una vez quiso su final feliz con pareja ideal y todo? Sí, y en el fondo lo seguía queriendo. Pero estaba claro que esa pareja ideal no era Emma, ésta como mucho sería su "polvo ideal" y tampoco, que aunque había sido muy bueno quizás los había mejores pero no había tenido la oportunidad de probarlos. Así que sintiéndolo mucho, la señorita Swan tendría que buscarse a otra a quien acosar y ella a otra a quien odiar. Aunque esperaba que Emma no tuviera el mal gusto de quedarse con la loba, había visto a actrices porno ir más tapada por la calle que esa loba con cara de guarra. Tampoco es que le importara con quién se acostara o dejara de acostarse Emma, era simplemente por dignidad, no podía pasar de una persona con clase como ella a furcirucita roja.
Pasaban las horas y Regina no dejaba de dar vueltas por su casa, limpiaba y lo desordenaba todo para luego volverlo a dejar exactamente de la misma forma de la que estaba. Intentaba mantener su cabeza ocupada de mil maneras, sin embargo, las palabras que horas antes le dijo Emma volvían a reproducirse en el disco duro de su cerebro una y otra vez.
"-Podemos hacer una cosa – llamó la atención de Regina que dirigió su mirada hacia ella – Podemos intentar conocernos, sin pretensiones, simplemente empezar a saber cosas de la otra por nosotras mismas y no por terceros.
-Ya te he dicho que… – Emma no la dejó terminar la frase, haciendo un gesto para que se callara.
-Sí, ya sé que no quieres ser mi amiga, ni mi novia y bla bla bla – Regina puso los ojos en blanco – Pero es lo que hay.
-¿Me estás dando un ultimátum? – preguntó con incredulidad. ¿Cómo osaba a hacer eso?
-Sí. Y tienes que pensarlo bien, soy la única persona dispuesta a hablar contigo, a discutir contigo, ¡a salir contigo! Estoy dispuesta a olvidar el pasado y hacer que tú también lo hagas, a ayudarte a reinsertarte de nuevo en la sociedad… incluso estoy dispuesta a darte buen sexo. Soy un chollo. Estamos destinadas a vivir en este pueblo de mierda, ¿de verdad quieres pasarte toda la vida amargada por cosas del pasado, siendo odiada por todos y sin tener a nadie con quien poder hablar aparte de un niño de once años?
Regina se quedó pensativa, Emma estuvo mirándola un momento hasta que finalmente volvió a añadir:
-Esta noche a las diez voy a estar en el restaurante. Si vienes sabré que quieres intentar esto de conocernos, y si no… bueno, si no vienes simplemente te veré cuando vaya a detenerte por amenazar y gritar a todo ser que respire. Piénsalo bien, ¿vale?"
¿Pensar? No había nada que pensar. La respuesta era un rotundo no. Por muy sola que estuviera siempre había sido de la opinión de "mejor sola que mal acompañada". Y Emma no era una buena compañía para ella. Le nublaba el juicio y la hacía hacer cosas que no quería. Además, ¿olvidar el pasado? Eso era imposible, ya lo había intentado antes y el pasado siempre volvía a darle una patada en el culo. Por lo que a ella respectaba, la reinserción estaba sobrevalorada, solo le importaba lo que su hijo pensara, el resto del pueblo podía odiarla lo que quisieran.
Miró el reloj que marcaba las diez menos cinco, frunció el ceño y bajó la mirada a sus manos, empezando a juguetear con ellas. Se levantó y agarró su móvil, lo desbloqueó encontrando el icono que indicaba que tenía un mensaje. Lo abrió y sonrió, Henry le daba las buenas noches desde el móvil de Emma. Iba a contestarle pero se frenó, seguramente Emma ya habría salido para el restaurante y su hijo ni siquiera tendría la oportunidad de leer el mensaje. Volvió a bloquear el móvil y se quedó con él en la mano. Dirigió otra mirada al reloj, las diez y dos minutos.
-¡Mierda! – dijo en voz alta y se levantó rápidamente. Cogió sus llaves y salió velozmente de su casa, sin fijarse siquiera en si había apagado las luces o no. Emma había vuelto a ganar.
Cuando cruzó la puerta del restaurante, lo primero que vio fue a Ruby hablando de forma confidencial con Emma en una de las mesas del fondo. O por lo menos parecía confidencial por la forma en que la loba se pegaba a ella como si fuera un velcro. Regina frunció el ceño, no sabía si acercarse o no, y encima, el resto de comensales no dejaban de mirarla con curiosidad por su repentino parecido con una estatua. Comenzó a dirigirse despacio hacia la mesa, Emma estaba sentada de espaldas y no la había visto llegar. Cuando estaba a dos mesas de distancia, Ruby le dirigió una mirada poco amistosa y pareció avisar a Emma, dado que esta se giró al momento y le dirigió una pequeña sonrisa. Ella no le devolvió la sonrisa, simplemente elevó la cabeza con superioridad y recorrió con seguridad los últimos pasos hacia la mesa. Una vez al lado y casi con desprecio, se dirigió a Ruby:
-Si me disculpa he quedado con la Señorita Swan, no con usted. Así que si es tan amable de retirarse – Ruby la miró con los ojos entrecerrados, sin embargo se levantó de la mesa y se retiró sin rechistar, dirigiéndole una última mirada de reproche a Emma que parecía disculparse con la mirada.
-Has venido – dijo Emma odiándose al instante por la obviedad.
-No, estoy en mi casa. Esto es solo una proyección astral – contestó con ironía. Emma se rio, se lo merecería.
-Sabes lo que significa esto, ¿verdad? – la miró directamente a los ojos sonriendo.
-Sigo sin querer una relación contigo – soltó Regina con tranquilidad antes de que Emma dijera otra cosa.
-¿Si lo repites muchas veces al final se hace realidad o como funciona eso? – preguntó con curiosidad fingida.
-Si esta es tu forma de empezar a intentar que me caigas bien vas por muy mal camino – dijo de forma seria.
-No quiero intentar caerte bien, eso ya sé que lo tengo ganado. Si no fuera así no estarías aquí – dijo con chulería.
-No sé muy bien por qué estoy aquí – admitió.
-Lo importante es que estás, que has venido a pesar de todo – la miró con una sonrisa y Regina distinguió esperanza en esa mirada.
-¿De qué hablabas con Ruby? – preguntó de repente sorprendiendo a Emma.
-¿A qué viene esa pregunta? – la miró extrañada.
-Se supone que esto de quedar era para empezar a saber cosas la una de la otra ¿no? – contestó en tono neutral, casi con indiferencia.
-Pero yo esperaba empezar por nuestra infancia, no sé, lo que nos ha traído hasta aquí, el…
-Estás evitando responderme – la cortó Regina.
-No, es que no es nada interesante. Simplemente hablábamos de cosas nuestras – contestó, evidentemente, evitando responder con la verdad.
-No se puede empezar una relación con mentiras, Señorita Swan – le advirtió Regina.
-¿Ahora tenemos una relación? – Emma sonrió ampliamente. Regina puso los ojos en blanco.
-Sabes perfectamente a lo que me refiero – respondió seria.
-Vale, vale. ¿Qué quieres saber? – preguntó finalmente. Regina tenía razón, la mentira no llevaba a ningún sitio.
-¿Te has acostado con Ruby? – la pregunta sorprendió a Emma, que se quedó callada un momento sin saber qué decir.
-Sí – respondió finalmente.
Regina se sorprendió, esperaba que toda la idea de Emma y Ruby fuera fruto de su descabellada mente. Pero al final resultó que tenía razón, se ve que Emma no era tan puritana como su madre.
-¿Hay alguien en el pueblo que no haya pasado por tu cama? – preguntó con sorna.
-Bueno, en realidad soy más de ir a la cama de los demás, pero no, me he pasado a todo el pueblo por la piedra. Mi vagina es como un libro de visitas en el que todo el mundo deja su huella – respondió Emma con afectación.
Regina se permitió reír y sintió como los músculos de su cara chirriaban, eran contadas las ocasiones en las que se reía.
-¿Y tú? – preguntó Emma – ¿Hay alguien más en el pueblo que conozca tus dotes amatorias? Lo pregunto por matarle más que nada.
-Ya lo hiciste – respondió divertida.
Emma la miró confundida hasta que, de repente, puso los ojos como platos cayendo en la cuenta. No podía ser.
-¿Maléfica? – preguntó casi sin creérselo.
-Era joven e inexperta – puso como excusa – Fue hace mucho tiempo.
-No me lo puedo creer. Me siento hasta ofendida, ¿en qué lugar me deja que me escoja alguien que se ha acostado con Maléfica? – dijo fingiendo consternación.
-¡Oye! – dijo con falsa ofensa – Primero, yo no te he escogido. Segundo, Maléfica tuvo su época y cuando estuve con ella no estaba tan estropeada como cuando la conociste.
-Era un dragón, cuando la conocí era un dragón. ¿Eso no se considera zoofilia? ¿O dragonfilia? – Regina la miró con cara de pocos amigos.
-Y eso lo dice la que se ha acostado con una loba – Emma se rió.
-¿Ves? – le dijo – Somos tal para cual.
-Véndele esa moto a otra – le contestó Regina – Sigo sin querer una relación contigo, pero puede que me plantee lo de la amis… soportarnos.
-Algo es algo.
