Amnesia.
Capítulo III
Katara.
Puedo sentir como el corazón late veloz en mi pecho. Me llevo una mano al mismo y me doy cuenta que la sonrisa que Aang me obsequia es de curiosidad pura. En verdad desea saber, y no es para menos; quiero decir, merece saber.
-¿Katara?- Le escucho llamar por la que dudo sea la primera vez.
-Disculpa.- Respondo pasándome un mechón de cabello detrás de la oreja.- Estaba pensando que podría preparar un poco de té. Es una larga historia.
-Es una buena idea, ¿necesitas ayuda?
-Gracias, pero creo que lo mejor es que te quedes aquí. Aún necesitas descansar.
Hay una pizca de desconsuelo en su mirada, mas asiente de igual forma.
Me dirijo a la cocina y batallo con una necia manija de la alacena que parece burlarse de mi estatura. Desde que nos mudamos a la Isla del Templo del Aire, Aang ha sido quien prepara el té y siempre que le pido dejar algunos de los frascos con hierbas en la alacena de abajo lo olvida.
Aún no aceptaré una derrota contra la alacena. Me acerco a la mesa del comedor para tomar una de las sillas y la alineo con la alacena de madera.
Por fin logro tomar el frasco que busco, mas al sacarlo accidentalmente he dejado caer otro. Cierro los ojos ante el sonido del cristal rompiéndose.
Me bajo de la silla y dejo el frasco de hojas para el té de jazmín en la barra de la cocina para luego agacharme y recoger con cuidado los trozos más grandes de cristal. Mis ojos identifican las verdes hojas que se esparcieron por el suelo.
-Abuta.- Murmuro para mí.
Un suspiro de alivio escapa de mis pulmones y una sonrisa se me dibuja en los labios. Gracias a los espíritus que fue la abuta.
-¿Estás bien?- Le escucho decir a Aang, y cuando alzo la mirada lo encuentro asomándose por detrás de la pared que da a la entrada de la cocina.
-Sí. -Respondo casi de inmediato.- No te preocupes. Iré en un minuto.- Agrego poniéndome en pie.
Aang asiente y vuelve a la habitación, yo me acerco a la mesa del comedor y junto las hojas antes de depositarlas en otro frasco.
Preparo el agua dentro de una tetera y enciendo el fogón. El aroma del té comienza a propagarse por la casa.
Aang me sonríe en cuanto cruzo la puerta con una charola en manos, sobre ella la tetera y un par de tazas de porcelana.
-Huele delicioso.- Dice mientras me siento a su lado sobre la cama. Él toma la tetera y sirve ambas tazas antes de ofrecerme una de ellas.
-Gracias.- Respondo sintiendo un familiar cosquilleo en mis mejillas. Suspiro.- Hubo una terrible guerra hace muchos años. Mi hermano y yo salimos a pescar y tú estabas...- Me aclaro la garganta.-...te encontramos. Sokka tenía quince, yo catorce y tú doce.
Aang sintió y dio un sorbo a su taza de té.
Esto será más difícil de lo que pensé.
-Ni tú ni yo sabíamos casi nada de agua-control, y por ello nos encaminamos al Polo Norte...
Intenté divagar con lo que sucedió en el Templo Aire del Sur, mas su expresión pareció aceptar lo que sucedió. Hace mucho tiempo me había hablado acerca de cómo nada se olvida, aunque uno no pueda recordarlo. Quizás la aceptación de que su cultura ya no estaba presente en el mundo físico aún se mantenía intacta en su subconsciente.
Sonrió cuando le comenté acerca de como la atención de aquellas chicas en la Isla de Kyoshi se le subió a la cabeza, y lo valiente que me pareció el que se atreviera a montar al Unagi.
Me dijo lo familiar que le parecía el nombre "Bumi". Derramó algunas lágrimas cuando le comenté acerca de lo que me explicó el día de aquella terrible tormenta, y sus mejillas se tornaron rojizas cuando mencioné lo que sucedió en la Cueva de los Dos Enamorados.
Para cuando llegué al momento en que Azula le atacó, fui yo quien se soltó a llorar. Me abrazó con tal dulzura que sentí que podría derretirme en sus brazos, su mano halló la parte trasera de mi cabeza y acercó mi oído a su pecho. Pidió con voz queda que escuchara, mas de sus labios no salieron más palabras.
Dejé que una última lágrima corriera por mi mejilla en presencia del apacible palpitar que emitía su corazón.
-¿Lo escuchas?- Preguntó.
Asentí despacio y la previa urgencia de caer nuevamente en llanto se esfumó.
No paró de mirarme mientras relataba nuestro reencuentro después de la batalla el día del cometa y la sangre de me heló cuando me agradeció con una sonrisa.
-¿Por qué?- Pregunté confundida.- Mereces conocer nuestra historia.
Él solo negó con la cabeza.
-No.- Dijo con dulzura.- Gracias...- Repitió mientras me tomaba de la mano.-...por acompañarme. Por siempre estar ahí.
Sentía como el aire parecía hacerse cada vez más denso y difícil de respirar.
-Aang...- Murmuré tomando sus manos entre las mías.-...yo siempre voy a estar ahí.
-o-o
Seh, de nuevo pondré las notas de autor en el final de la historia.
Bueno, de verdad lamento no haber podido actualizar antes. De hecho dejo esta antes del día de San Valentín porque mañana no andaré por aquí...
No, no es lo que crees...voy a una expo de anime con toda la banda de solteronas xD
Dato extra: La Abuta es una planta poco recomendable para el consumo de mujeres que se encuentran encinta, ya que puede causar daños al bebé. De hecho se utiliza como té preventivo en algunas regiones.
Gracias por leer.
