Regina estaba en el despacho de su casa ojeando unos papeles del ayuntamiento que le llevó Emma el día anterior, por lo visto, sus padres se habían quedado anclados en el pasado y no tenían ni idea de cómo hacerse cargo de los asuntos burocráticos del pueblo. Ella había accedido a echar una mano de forma subrepticia, siempre y cuando Emma la recompensara de alguna manera. Si eso se lo hubiera pedido un mes antes seguramente la habría mandado ese mágico lugar que empieza por mi y acaba con erda. Jamás pensó que haría algo para ayudar a la familia Charming y de hecho, si hubiera sido otro el que se lo hubiera pedido no lo habría hecho. Pero hacía ya un mes que Emma y ella entraron en esa extraña tregua en la que comenzaron a soportarse y conocerse un poco, y que la rubia se empeñaba en llamar amistad, aunque ella se negaba a ponerle ese nombre. No eran amigas, simplemente eran dos personas que se reunían con frecuencia y hablaban cosas. Y aunque ahora se llevaban mejor y se soportaban mucho más, Emma seguía teniendo esa capacidad única de sacarla de quicio. Pero tenía que admitir que poder hablar y discutir de cualquier chorrada con alguien mayor de once años era gratificante.

Estaba encendiendo su ordenador para comprobar unos archivos relacionados con lo que leía, cuando oyó a su teléfono vibrar levemente encima del escritorio. Lo cogió y sonrió al ver un mensaje de Emma.

"Tengo el plan ideal para esta noche".

Regina frunció el ceño antes de contestar, los planes de Emma siempre eran de todo menos ideales. Todavía recordaba el maravilloso plan de salir a patinar en el que terminó con la rodilla pelada y un enorme moratón en el culo. Menos mal que fueron a las afueras para que nadie las viera juntas, lo que menos necesitaba eran las caras alegres de la gente por su sufrimiento sobre ruedas.

"¿Tengo que ponerme protección?"

Ni siquiera soltó el móvil, simplemente se quedó con él en la mano esperando que la rubia respondiera. Cosa que no se hizo esperar.

"No creo que puedas dejarme embarazada, pero como quieras"

Regina sonrió, Emma era muy previsible. Dejó pasar unos minutos antes de contestar, no quería que pensara que estaba pendiente de ella.

"Eso quisieras tú bonita"

Se mordió el labio esperando la respuesta, podría parecer que estaba tonteando con ella, pero nada que ver con la realidad. O eso se decía a sí misma una y otra vez.

"No me provoques que luego… Película y palomitas, ¿te hace? Yo elijo"

A Regina le habría encantado responder con un "¿y luego qué?" pero decidió que era mejor dejarlo pasar o luego pasaba lo que pasaba.

"No sé si fiarme de tu gusto"

Esta vez la respuesta se hizo esperar más, cosa le hizo pensar que quizás alguien la habría requerido, o que había decidido seguir su estrategia de no responder al instante.

"Créeme, esto te va a encantar"

Regina prefirió no responder al último mensaje y dejarla con las ganas.

Emma llegó a su casa corriendo. Tenía que ducharse, ir al restaurante a por comida para llevar y llegar a casa de Regina en menos de veinte minutos. Sabía lo poco que le gustaba a la reina la impuntualidad y como se lo echaba en cara cuando llegaba tarde. Siempre le pasaba igual, el pueblo estaba tranquilo todo el tiempo menos cuando quedaba con Regina. Entonces todos se ponían de acuerdo para que pasara algo que la tuviera entretenida el tiempo suficiente para llegar tarde, o como le pasó un día, incluso cancelar. Agradeció que sus padres se hubieran llevado a Henry de acampada para todo el fin de semana, así no tendría que dar explicaciones de sus salidas. Llevaba ya una semana en la que Mary Margaret no dejaba de preguntar con quién se veía y hablaba tantas veces a la semana. Al principio le decía que salía con Ruby, pero ésta, por una extraña razón decidió delatarla un día y decirle a su madre que no era verdad. Así que desde entonces Mary Margaret estaba en plan inspectora Gadget investigando sus salidas teniendo a Henry en plan sobrino repelente, solo les faltaba el perro. Aunque por suerte sus investigaciones eran poco fructíferas y a Henry no le había dado por relacionar sus salidas con Regina. Claro que era muy complicado que las relacionaran juntas, puesto que apenas se dejaban ver de esa forma por culpa de la manía persecutoria de Regina, que no quería tener que soportar un discurso de Mary Margaret y David "ordenándole" que se alejara de su hija. Y a ella le parecía bien, ya que siempre que la habían visto con Regina aparecía alguien del pueblo a preguntar si la había hecho daño o amenazado. No podía culpar a la gente de pensar eso dado el pasado de Regina, pero le daba pena que no vieran su cambio. Seguía siendo una reina malvadamente sexy pero redimida.

Al salir de la ducha miró el reloj, si se daba mucha prisa aun podría llegar a tiempo. Se visitó en tiempo récord, cogió la película que iban a ver y salió pitando para el restaurante rezando por que a su amado y hecho polvo coche no le diera por fallar. Éste hizo un ruido extraño cuando lo arrancó pero se movió con normalidad hasta la puerta del restaurante donde Emma lo dejó mal aparcado.

-¡Ruby! – la llamó con un grito nada más entrar. El resto de gente allí se la quedó mirando con extrañeza – Dos sándwiches vegetales y patatas fritas, muchas patatas fritas para llevar. Porque no hay palomitas, ¿no?

-Eh… no – dijo mirándola con el ceño fruncido. Emma le hizo un gesto con las manos indicando que llevaba prisa, así que ésta se acercó a la cocina para dejar el pedido. Al volver no pudo evitar comentar – ¿Noche madre e hijo?

-¿Qué? No, Henry está con mis padres de acampada en el bosque. He quedado con alguien – evitó decir su nombre aunque sabía que Ruby sabría perfectamente con quien era.

-Ya, con la innombrable ¿no? – dijo en tono molesto.

-¿Por qué te molesta tanto que salga con ella? – preguntó confusa – Solo es una amiga.

-¿Una amiga? Es la reina malvada de la que no voy a nombrar todas sus maldades porque ya lo sabes. Además, ¿desde cuándo te acuestas con tus amigas? – su tono era bajo pero lleno de reproche.

-Contigo lo hice – respondió en el mismo tono – Además, no tengo que darte explicaciones ni a ti ni a nadie de con quién salgo o dejo de salir.

-Muy bien, haz lo que te de la realísima gana su majestad. Que luego, cuando vuelva a darte la patada quizás ya no esté yo para consolarte – salió de su vista, metiéndose en la cocina.

¿Qué acababa de pasar? Si fuera cualquier otra persona Emma diría que estaba celosa, pero no podía ser. No tenía sentido que se pusiera celosa porque ellas dos solo eran amigas, amigas que habían compartido cama un par de veces, pero amigas al fin y al cabo. Pero desde que se enteró de que había vuelto a verse con Regina había cambiado con ella, estaba más arisca y no hacía más que intentar hacerla recapacitar sobre esa según Ruby "extraña" relación que tenían. No entendía que se vieran, no entendían que pudieran hablar y reírse juntas y sobre todo no entendía que le gustara como lo hacía. Y lo peor es que estaba segura que ésta no sería la única que pensaría eso, si otras personas se enteraran seguramente opinarían lo mismo y eso le molestaba mucho.

Ruby le dejó su pedido casi sin mirarla, de igual forma cogió el dinero que le tendía la rubia y le dio la vuelta dejándola en el mostrador para evitar tocarle la mano. Emma frunció el ceño molesta, estaba claro que tendría que tener una conversación muy seria con ella, aunque ahora estaba claro que no era el momento. No pensaba perder el tiempo que tenía para ver a Regina para encargarse de la actitud infantil de una amiga.

-Tú y yo tenemos una conversación pendiente – le dijo antes de irse.

Ruby le miró levemente y elevó los hombros con indiferencia mientras la miraba ir. Cuando salió por la puerta suspiró.

Emma miró su reloj y maldijo en voz baja, ya llegaba tarde. Se subió al coche y pisó todo lo que pudo, que dado el estado de su coche no era mucho.

Aparcó frente a la casa de Regina, se miró en el espejo del coche recolocándose el pelo, y salió con la bolsa de la comida. Ya en la puerta, iba a llamar cuando la puerta se abrió sorprendiéndola.

-Llegas tarde – le dijo Regina con voz dura.

-¿Estabas detrás de la puerta mirando y contando los minutos que faltaban para mi llegada? – dijo en tono jocoso.

-Por supuesto, no podía soportar más el dolor de tu ausencia – se llevó una mano al pecho fingiendo un tono afectado.

Emma sonrió.

-¿No me vas a dejar pasar? Traigo comida – elevó la bolsa que llevaba en la mano para que la viera.

-Depende, ¿qué película traes? – se cruzó de brazos.

-Una de tu actriz favorita – dijo con media sonrisa traviesa.

-¿Cómo sabes tú…? – antes de poder terminar la frase, Emma sacó la carátula de la película y se la puso en la cara. Regina frunció el ceño y Emma se rió.

-¿La bella durmiente? – preguntó Regina con incredulidad.

-¡Sale Maléfica! – dijo en tono alegre – Vas a poder revivir vuestra preciosa historia de amor. Aunque aquí es un dibujo animado, pero mejor, así no te excitas cuando se convierta en dragón.

Regina la miró con esa mirada cargada de odio que atemorizaba a tantos, pero que Emma había empezado a conocer y la hizo reír.

-No sé cómo ni por qué te aguanto – le dijo negando con la cabeza.

-Porque en el fondo estás loquita por mí – soltó en tono alegre, se pegó a ella y atrapó sus labios con rapidez en un beso que Regina no rechazó.

-Será eso – le contestó con sin creerlo, cuando se separaron.

Regina se hizo a un lado y dejó que Emma entrara en esa casa en la que ya se movía como si fuera la suya propia. Miró un momento a ambos lados de la puerta y cerró. Esa actualización en el estado de su relación de "soportamiento" con Emma no estaba dispuesta que saliera a la luz.