UN AÑO DESPUÉS
Si alguien llegara de casualidad a Storybrooke pensaría que es el típico pueblo donde nunca pasa nada. Ese pueblo donde todos sus habitantes se conocen y tratan como si de una gran familia se tratara. Un pueblo de casas blancas y jardines cuidados, de niños volviendo en bicicleta del colegio y de perros caminando educadamente sin lanzar ni un solo ladrido. En definitiva, un pueblo aburrido, un pueblo que ella misma había creado y que ahora aborrecía como nunca. ¿Cómo había podido vivir tantos años así sin morirse del asco? Cuando lanzó la maldición esperaba una nueva vida, una nueva vida que además significaría vengarse de Blancanieves, su príncipe Aburridor y todo su séquito. Durante mucho tiempo, demasiado, fue feliz simplemente regodeándose en su odio y en el daño que les estaba haciendo a todos, aunque éstos no lo supieran. Y un día, ese odio dejó de ser suficiente y volvió a sentirse vacía hasta que llegó Henry para llenar su vida de una felicidad que ni mil venganzas podrían producir jamás. Y entonces, apareció Emma y le puso patas arriba su nada perfecta pero sí planeada vida. Volvió a sentir ese odio vivaz que le daba fuerzas, para nada bueno por supuesto, hasta que su hijo se puso entre ella y su objetivo y tuvo que volver a replantearse su vida. Y por una vez pesó más el amor que sentía por Henry que el odio y volvió a iniciar una nueva vida, esta vez de verdad. Y cuando iba acomodándose a esa nueva vida, Emma, la omnipresente, se empeñó en seguir en ella, y tanto se empeñó, que volvió a ponerle la vida patas arriba de una forma que jamás se habría llegado ni a imaginar. Y entonces Emma se marchó, y fue como si el reloj del ayuntamiento se volviera a parar, volvió a sentir el vacío de aquellos días antes de tener a Henry y un día, exactamente 263 después de la marcha de Emma, tuvo que admitir que quizás la echaba un poco de menos. Claro que su hijo no ayudaba a que su sentimiento disminuyera, de repente, se había convertido en experto en dejar el portátil abierto con el Facebook de Emma en cada sitio en el que ella estuviera. Y por supuesto, ella se había convertido en experta en el noble arte del stalkeo, hasta que un día se sintió tan penosa que a partir de entonces, cada vez que se encontraba con el portátil acosador lo apagaba sin mirarlo siquiera. Pero al menos, ese año había ocurrido algo bueno, o por lo menos, algo que la mantenía entretenida y le daba un propósito. Ese pueblo plagado de ingratos había sido capaz de ver y reconocer por fin su valía y le habían rogado… bueno, quizás lo de rogar sea un poco exagerado, pero sí que le habían pedido que volviera a encargarse de la alcaldía. Se ve que los Charming de cantar con los pajaritos y jugar con espadas sabían mucho, pero de administración no tenían ni idea. Así que ahí estaba, sentada en su magnífico despacho que un año atrás ni se le pasaba por la cabeza que volvería a ocupar, escuchando las quejas de su "amiga" la loba por unos permisos de obra que tenía que darle y que estaba retrasando a propósito.
-Creo que ya he oído suficiente – la cortó con hastío viendo que como siguiera así no se iría nunca – Estoy haciendo todo lo posible por ayudarte, querida, pero las cosas de palacio van despacio y… ya sabes cómo es esto de la burocracia – dijo en tono calmado con su mejor sonrisa falsa.
-Ya, pero es que eso mismo me dijiste el mes pasado… y el otro. Y como siga así pasará un año y seguiremos en las mismas y necesitamos hacer esa obra – fue elevando gradualmente la voz con evidente frustración.
-Bueno, pues haz bien tu trabajo y yo haré el mío. Habla con los enanos y que te hagan unos planos en condiciones de la obra, porque mientras me sigas trayendo esto – señaló los papeles que tenía en la mesa – no puedo hacer nada.
Ruby tomó aire con fuerza intentando calmarse, lo único que quería hacer era una maldita ampliación del restaurante, le había entregado ya cuatro planos detallados de la obra y todos los había rechazado, eso sí, sin decir qué era lo que estaba mal ni lo que faltaba.
-La semana que viene tendrás unos nuevos planos – dijo con exasperación – Ahora, gracias a ti y a tu negación de darme el permiso de obra, estaremos mucho más apretados en el cumpleaños de Henry.
-¿Perdona? – preguntó Regina confundida.
-Pues eso, si me hubieras dado el permiso quizás las obras estarían terminadas y no estaríamos tan apretados en el restaurante – dijo como si fuera obvio, sin ser consciente de la confusión de Regina.
-¿Y qué te hace pensar que voy a celebrar el cumpleaños de mi hijo en tu tasca pueblerina? – dijo con un desprecio que no pudo ni quiso evitar.
-Me lo ha dicho Mary Margaret y… – Regina la cortó con una carcajada falsa.
-Pues dile a la señora de Encantador que la decisión de la ubicación de la celebración del cumpleaños mi hijo solo me incumbe a mí – el tono áspero de su voz y su evidente desinformación hizo que Ruby se regodeara en lo que dijo a continuación.
-Bueno, es que Emma después me lo confirmó – y solo por la cara de sorpresa de Regina y su evidente tensión cuando pronunció el nombre de Emma, había merecido la pena volver esa mañana al ayuntamiento.
-¿Emma? – intentó controlar su voz, pero para su desgracia le salió tan aguda y temblorosa que no parecía la suya – ¿Es que acaso piensa venir al cumpleaños?
-¿No lo sabías? – preguntó con falsa sorpresa – Qué raro, a mí me lo contó hace dos semanas en una de nuestras habituales conversaciones.
A Regina le dieron ganas de convertir a Ruby en una de esas figuritas horteras de Lladró, pero en lugar sonrió sintiendo cómo le dolían los músculos de la cara por ello y le dijo:
-Bueno, es que nosotras nunca hemos sido muy de hablar, preferíamos hacer… otras cosas – le guiñó un ojo para que quedara claro a qué tipo de cosas se refería y dijo un "jódete" mental cuando vio que Ruby borraba su sonrisa insolente de la cara.
-Claro – contestó – Entonces me encantará ver vuestro reencuentro en el cumpleaños de Henry, que está claro que se hará en mi restaurante – enfatizó la palabra mi.
-Eso ya lo veremos – dijo con voz calmada pero dura – Ahora mi de disculpas… tengo mucho trabajo – le hizo con gento con la mano invitándola a salir.
-¡Oh! Por supuesto – Ruby desapareció tras las puertas del despacho
-¡Imbécil! – soltó con furia cuando se quedó sola en el despacho.
Sin embargo, la furia rápidamente se convirtió en nerviosismo. Emma iba a venir, Emma iba a venir, Emma iba a ven… ¿que Emma iba a venir? Sintió una histeria recorrerle el cuerpo, no estaba preparada para verla. No tenía ni idea de cómo podría reaccionar y eso le daba miedo. Y era penoso, toda ella en este tiempo era penosa, porque no era normal que después de prácticamente haberla echado de su vida ahora se sintiera así. Porque no era normal que después de más de un año sin verla, ni oírla, ni sentirla, se sintiera así. Porque era el puto perro del Hortelano, porque era como un puto niño caprichoso que solo empieza a querer algo cuando se lo quitan. Se supone que con la distancia llegaría el olvido, pero no, en su caso con la distancia ha llegado la confirmación definitiva, el tiempo que necesitaba para ser consciente y aceptar por fin lo que sentía. Ella había necesitado para aceptar que la quería lo mismo que había necesitado Emma para olvidarla, porque que después de tanto tiempo volviera solo podía significar que ya no sentía nada por ella. Y eso le jodía, aunque en el fondo pensara que era lo mejor, como también le jodía que hablara asiduamente con Ruby. ¿Acaso no quería alejarse del pueblo? ¿A qué venía hablar con esa loba calentorra? Y mucho peor, ¿a qué venía planear con ella el cumpleaños de su hijo? Ellas eran las madres, por tanto eran ellas las únicas con derecho a planearle el cumpleaños, y que hablara con Ruby en vez de con ella era de tan mal gusto que…
El sonido de su teléfono móvil interrumpió su debate mental, lo cogió con desgana de la mesa y contestó rápidamente sin apenas mirar el número desconocido que aparecía en la pantalla.
-¿Sí? – dijo con más brusquedad de la que pensaba.
-¿Regina? – preguntó asombrada por ese tono brusco, aunque precisamente fue ese tono el que le dijo que no se había equivocado de teléfono – Soy Emma.
