Oye, que, qué poca vergüenza tengo, ¿no? Dejar esto aquí tan abandonado, con telarañas, polvo y huevos de doxy por doquier. Prometo que intentaré pasarme más a menudo aunque sea a pasar un paño.


Emma se quedó mirando el teléfono con el ceño fruncido mientras pensaba en qué puto bicho le habría picado ahora a Regina para colgarle así. Vale que había sido una conversación rara e incluso incómoda en ocasiones, pero parecía que al final se había resuelto bien con las bromas y el coqueteo leve. O eso creía ella, que ya debería saber que lo que parecía con Regina, la mayoría de las veces no coincidía con la realidad. Y entonces lo supo, de repente la solución le llegó en forma de abrazo por la espalda y besos en el cuello, y la sola idea de que pudiera ser verdad la hizo sonreír como a una estúpida. ¿La habría oído Regina? ¿Se había puesto así por celos? ¿Después de un año y de que la echara de su vida se ponía celosa? Le entraron ganas de soltar una carcajada, pero no de indignación por la desfachatez de Regina de ponerse celosa cuando estaban en esa situación por su culpa, sino porque seguía siendo tan imbécil que la simple idea le ilusionaba como nada en mucho tiempo.

-¿Con quién hablabas? – la sacó de su trance esa mujer que ahora pasaba a acariciarle el abdomen por debajo de la camiseta de tirantes que llevaba.

-Con Regina – dijo apartándole suavemente las manos y rompiendo su abrazo.

-¿Y qué tal? – preguntó con verdadero interés, sin molestarse por su lejanía.

-Bien… bueno, raro, no sé, como siempre supongo. Tampoco hemos hablado tanto – quiso morderse la lengua, pero al final pudieron más sus ganas de soltarlo – Creo que te ha escuchado antes.

-¿Y? – preguntó sabiendo que lo importante era lo que vendría a continuación.

-Creo que se ha puesto celosa – y muy a su pesar, volvió a salirle la sonrisa de imbécil, que intentó disimular mordiéndose la uña del pulgar derecho.

-¿Lo crees de verdad o es lo que te gustaría? – volvió a preguntar claramente con la intención de hacerla pensar.

-¿Por qué tienes que ser siempre tan aguafiestas? – dijo con fastidio.

-Sólo te he hecho una pregunta, que además no has contestado – sonreía.

-Sí, claro. Siempre que me preguntas cosas así es para hacerme pensar y acabar con la conclusión de que soy una imbécil que ve cosas donde no las hay.

-No te estoy diciendo que veas cosas donde no las hay, igual hasta tienes razón y se ha puesto celosa. Lo que me interesa de verdad saber es por qué parece gustarte tanto esa idea si ayer mismo me decías "¿por Regina? Lo único que siento ya es indiferencia" – la imitó haciendo que Emma pusiera los ojos en blanco.

-Es que es verdad, pero eso no significa que no me llame la atención que se ponga celosa. Después de todo este tiempo va la tía y se pone celosa de ti, ¿te lo puedes creer? Después de que me fui por ella porque era incapaz de aceptar que me quería, porque no hacía más que echarme de su lado una y otra vez, porque después de admitir que igual sí que sentía algo por mí lo primero que hizo fue decirme que no podríamos tener nada juntas. ¿Quién coño se cree que es para ponerse celosa? Una puta bipolar, eso es lo que es. Y una egoísta…, mira que ponerse celosa. ¿Sabes que ni siquiera me ha preguntado cómo me va la vida? No sé, no habría estado mal que se preocupara un poco por mí después de todo este tiempo, pero no, estamos hablando así en plan guay, tranquilas, y va y se mosquea porque te escucha de fondo. Pues no tiene ningún derecho a meterse en mi vida ni a molestarse por lo que hago con mi vida, es mi vida, joder, y ella quiso salir de ella. Así que ahora no me venga con celos ni escenitas ni enfados absurdos.

-Sí, ha quedado clarísimo que no te importa nada – dijo con evidente ironía.

-Me da igual que no te lo creas, ¿eh? – dijo con fingida indiferencia.
-El problema no es que yo no me lo crea, es que no te lo crees ni tú – y con esas, se dio la vuelta y se marchó dejando a Emma maldiciéndola por lograr siempre que terminara comiéndose la cabeza con cosas que no quería.

Pero como ya había aprendido en ese año de desintoxicación de Regina, contra las comeduras de coco y las posibles recaídas, lo mejor era ocupar la mente con otras cosas. Por eso, los seis días que le quedaban antes de volver, los dedicó a salir, divertirse y comprar regalos a todo el mundo. No quería parar quieta ni un segundo, se levantaba temprano y se acostaba cuando el cansancio le ganaba la batalla, con el deseo de no soñar, porque sabía que su subconsciente traicionero seguramente se la traería en sueños. Simplemente no quería pensar en ella, ya se había dedicado a imaginar una y mil veces cómo sería su reencuentro cuando decidió que volvería, como para seguir haciéndolo día tras día hasta que por fin tuviera lugar. Bastante tenía con esos nervios fagocitantes que no la dejaban vivir, lo único que quería era estar en paz esos días que le quedaban. Cosa que no era nada fácil gracias a Alex, la chica que había decidido hacer de sus últimos días un infierno con su recién adquirida manía de sacar a colación el tema Regina a cada rato. Cualquier persona normal al saber que su amiga y amante ocasional se marchaba por unos días, se habría dedicado a proporcionarle salvajes y apasionadas despedidas, pero ella no, ella se dedicaba a intentar hacerle un desnude emocional absurdo sobre Regina. Como ese día, apenas quedaban tres horas para que pusiera su castigado coche en marcha dirección Storybrooke, y en vez de aprovechar las últimas horas que tendrían hasta dentro de unos días, no hacía más que enfadarla y nombrar a la sujeto R.

-Empiezo a pensar que eres una enviada de Regina – dijo con fastidio mientras intentaba meter unas botas camperas en una maleta ya abarrotada que tenía encima de su cama.

-Eso te gustaría, ¿verdad? Significaría que se preocupa por ti y quiere saber lo que sientes por ella – se rió al ver como Emma ponía los ojos en blanco.

-Sé muy bien lo que Regina siente por mí y lo que yo siento por ella. Y también sé lo que va a pasar cuando nos veamos y según tú "vuelvan a saltar chispas": NADA. No va a pasar absolutamente nada porque somos mujeres adultas y responsables que se comportarán cordialmente por el único bien de su hi… ¿de qué coño te ríes? – se interrumpió al escuchar las sonoras carcajadas de la otra chica.

-De ti. Por favor, si no puedes hablar con ella ni cinco minutos sin terminar tonteando. No quiero ni pensar qué va a pasar cuando la tengas delante, como mínimo la empotrarás contra la pared y no saldréis de ahí en un mes.

-¿Por qué me tienes que decir esas cosas? – dijo con verdadero fastidio, mientras imágenes de ella empotrando a Regina no dejaban de sucederse en su mente.

-¿Qué? Ahora te estás imaginando empotrándola contra una pared, ¿verdad? – sonreía.

-¡Imbécil! – le tiró un cojín que había en la cama.

-No soy imbécil, soy tu Pepito Grillo, la voz de tu conciencia y de tu "corasón" – pronunció la última palabra con un acento a lo cangrejo Sebastián de "La Sirenita". Emma se rió.

-¿Sabes qué? Eres un coñazo, pero en el fondo, muy en el fondo, te voy a echar de menos estos días – dijo con sinceridad.

-Tranquila, ya iré a visitarte. Me muero por conocer a Regina, igual hasta nos hacemos "besties".

-¿Estás loca? Si ya de por sí Regina es borde con el mundo, mucho más lo es con el mundo que además me ha visto desnuda. Deberías ver cómo trata a la pobre Ruby.

-Bueno, eso era antes, seguramente ahora le importas tan poco que igual hasta me recibe con honores para ver si te llevo conmigo lejos del pueblo – dijo con una sonrisa maliciosa.

- ¡Bruja! – soltó con los ojos entrecerrados.

- Se ve que ese es tu tipo – le guiñó un ojo.

Y pulla arriba, pulla abajo, despedidas y unas promesas de llamadas después, Emma arrancó su destartalado coche dirección a lo más parecido que tenía a un hogar.

Y justo en ese hogar, pero unas horas después, un niño desvelado unía su frente a la de su dormida madre, haciendo que despertara y diera un bote del susto.

-¿Pero qué haces? – casi gritó Regina, con el corazón yéndole a mil por hora – ¿Se puede saber por qué no estás en la cama dormido?

-Han pasado casi cuatro horas desde que Emma me avisó de que venía de camino, tiene que estar al llegar – hablaba emocionado.

-¿Y qué quieres, que vaya sacando la alfombra roja? – dijo con una bordería poco usada con su hijo, fruto del susto de ese abrupto despertar.

-No, que vayamos a recibirla a la entrada del pueblo. Seguro que le hace ilusión vernos – la miró con ojos suplicantes.

-Ni hablar. Vete a dormir, cuando despiertes ya estará aquí y podrás ir corriendo a verla – queriendo dar por zanjado el tema, apagó la luz de la mesilla y volvió a acostarse.

-Por favor, mamá – volvió a encender la luz – Sé que tú también quieres verla, ¿no ves que esto es una buena oportunidad para empezar con buen pie? Os reencontraréis a solas, sin la presión de la gente del pueblo, ni de los abuelos, solo estaremos la familia. Igual hasta podéis hablar de lo vuestro.

-¿De lo nuestro? Henry, lo único nuestro eres tú – no se lo creía ella y mucho menos su hijo.

-Vale, pues habláis de mí. Pero vamos, por favor – unió sus manos en un gesto de súplica.

-Está bien – aceptó al fin – Pero ni se te ocurra provocar nada raro, ¿entendido? Esperamos, cuando llegue la saludas, si quieres te vas con ella y se acabó. Nada de "oh, mis mamás juntas, vamos a ser la nueva tribu de los Brady".

-¿La tribu de los qué? – preguntó confundido.

-Nada, olvídalo – suspiró mientras se levantaba de la cama y buscaba unos vaqueros y una sudadera que ponerse. Si Emma creía que iba arreglarse para ella la llevaba clara.

Tras casi cuatro horas y media conduciendo de noche, apenas sentía el cuerpo, tenía la espalda sudada y le dolía el pie derecho del acelerador. Pero aun así, no dejaba de cantar…, bueno, berrear las canciones de Guns N' Roses que no dejaban de sonar en bucle a través de su propio móvil, porque la radio de su coche había decidido dejar de funcionar. Estaba dándolo todo con "Welcome to the jungle" cuando dos sombras a lo lejos le hicieron bajar la velocidad del automóvil. Por un momento, creyó que iba a ser protagonista de unas de esas leyendas urbanas de muertos, curvas y camisones; pero ni había una curva y ni las sombras que veía eran de muertos. Conforme se iba acercando, cada vez a menos velocidad, pudo distinguir un Mercedes negro aparcado en la cuneta y, apoyados en él, a su hijo dormitando en el hombro de Regina. Aceleró un poco más con ganas de llegar hasta ellos y paró el coche a pocos centímetros de donde estaban sentados. Todo eso bajo la atenta mirada de una Regina que había seguido con los ojos todo el recorrido del coche desde que vio a los lejos sus luces.

Emma bajó la ventanilla y sonrió al sentir cómo se clavaba en ella la mirada dura de Regina.

-Hola, forastera, cuánto tiempo – dijo ensanchando todavía más su sonrisa, mientras Regina pensaba, "¿por qué tendrá que ser tan asquerosamente guapa?".


Venga, hasta el año que viene. ¡Es broma! ¿O no? D: