¡Hola a todos! Luego de unos días de enfermedad, me hace feliz poder publicar otra historia de esta linda pareja. Gracias por los comentarios anteriores :)
Espero que disfruten esta nueva historia. Pueden comentarme sus ideas, opiniones o críticas.
Disclaimer: Big hero 6 no me pertenece. Es propiedad de marvel/disney.
Gogo estacionó su auto frente a la cochera. Había sido un día cansado y estresante. No podía esperar por darse un baño caliente y dormir profundamente.
Al abrir la puerta de la casa, creyó que su madre correría a reñirle de inmediato. Había regresado una hora y media más tarde de lo previsto. Ella sabía muy bien que no era una hora tan escandalosa y su retraso se debía a razones muy validas y honorables, sin embargo, no quería causarle molestias a su madre. Ya le había ocasionado suficientes problemas cuando era más joven.
—¿Madre?
—Estoy acá —respondió la voz de una mujer desde el comedor.
Gogo respiró hondo y se dirigió hacia donde se encontraba su madre. La casa se hallaba impecable, como de costumbre; miró el piso de madera pulido y pensó en cómo podría explicarle a su madre sobre su retraso.
—Lo siento por llegar…
—Está bien —. Le interrumpió su madre, mientras hojeaba con desinterés documentos de la oficina.
—¿Está bien? Madre, ¿qué ocurre?
—Leiko, no te preocupes. Tu amiga me mandó un mensaje, las clases terminaron más tarde de lo previsto y debías acompañarla luego de compras.
—No sabía que Honey te había escrito.
—Es una linda chica. Ella sabe que tú eres demasiado orgullosa como para contactarme por tu propia cuenta. No soy un monstruo, Leiko, sólo me preocupó por ti.
—No se trata de orgullo. Aunque te hubiese contactado, no me hubieras creído —murmuró Gogo entre dientes.
—¿Dijiste algo?
—Lamento no haberte contactado, de cualquier manera, Honey lo hizo. No estoy en problemas.
—Eso espero —. Su madre escrutó su rostro con ojos fríos, luego dirigió su mirada a todos los documentos que se encontraban en la mesa de comedor.
—¿Todo bien en el trabajo? —preguntó Gogo, arrepintiéndose de su pregunta al momento que terminó de articularla.
—¿Tú qué crees? Es complicado. La vida es complicada y difícil, lo sabes Leiko. Espero seas capaz de enfrentarte a ella cuando tú momento llegué.
—Creo que hasta ahora lo he hecho muy bien —contestó Gogo con suavidad en su voz. No quería que su madre lo tomase a mal, pero estaba segura de haberlo hecho bastante bien para todo lo que había tenido que lidiar en su corta vida.
—Has aprendido de tus errores, eso es bueno. No siempre podrás darte ese lujo, deberás aprender a evitarlos antes que ocurran, de lo contrario serán tu perdición.
—Lo sé, madre. Gracias por el consejo.
—Debo seguir trabajando. Que descanses.
—Buenas noches, madre —. La joven se marchó en seguida hacia las escaleras. Antes de entrar a su habitación observó la fotografía que colgaba en la pared. Era un recordatorio, pensó Gogo, sobre lo que alguna vez había sido ella y su madre. Y también su padre. Por un momento estuvo casi segura que aquella niña sonriente no era ella. Le resultaba imposible, pero la fotografía era un recordatorio sobre lo que quizás había perdido para siempre.
Entró cabizbaja en la habitación, dejó caer su mochila al suelo y cerró la puerta, suspirando. Deseaba saltar a la cama y borrar todo de su cabeza, pero justo en aquel momento se percató de que no se encontraba sola en la habitación. Ahogó un grito.
Gogo se encontraba atónita. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué un adolescente dormía en su cama? La especialidad de Gogo nunca había sido la paciencia, quería respuestas y sólo había una manera de conseguirlas.
—Ey… Hiro… Despierta, despierta… vamos, despierta, nerd —susurró la chica, mientras le daba leve toques al hombro del muchacho, toques que cada segundo se volvían más violentos. Lo que concluyó en Gogo zarandeando a Hiro que le observaba apenas consciente.
—Eh… Gogo, ¿qué haces en mi habitación? Oh, es ese sueño en el que…
—Esto no es un sueño. Y tú eres quien está en mi habitación —dijo la chica intentando mantenerse lo más calmada que podía.
—¡Aaahh…! —exclamó Hiro en un grito que se vio ahogado por la mano de Gogo.
—¿Quieres callarte? Mi madre esta abajo trabajando —murmuró la chica. Al menos ahora se encontraba segura de que Hiro había despertado por completo.
El chico la observó con las mejillas sonrojadas y una mirada de confusión. Gogo quitó lentamente la mano de la boca de Hiro y miró sus labios entre abiertos, podía ver la ligera abertura entre sus dientes frontales. Siempre le había parecido un rasgo muy adorable, pero jamás se lo había mencionado al chico y no pensaba hacerlo ahora ni nunca.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste a mi habitación?
—Yo… lo siento —dijo Hiro sin mirarla a los ojos.
—No te disculpes. No estoy molesta —contestó ella.
—Hoy fue un mal día. Pasaron cosas estúpidas y me sentía tan… molesto, triste. Frustrado —dijo el muchacho mientras sus manos se cerraban en puños.
Gogo no dijo nada, sólo le abrazó con fuerza. Lo comprendía. No existía palabra alguna que pudiera ayudarlo, pero sí un abrazo.
Ella aún recordaba el primer abrazo que habían compartido, cuando el chico se había encontrado agobiado por la muerte de su hermano y sus deseos de venganza. A pesar de los años, siempre podía sentir esa calidez en el cuerpo de Hiro, ese sentimiento que se desataba en su pecho. Todo el mundo evaporándose y la libertad, eso era lo que podía sentir entre el calor de sus cuerpos. ¿Era egoísta? ¿Le abrazaba porque le hacía bien a él o a ella? ¿Eso tenía alguna importancia?
Algunas cosas sí habían cambiado desde aquel primer abrazo. Ahora Hiro era unos centímetros más alto que ella y estaba a punto de cumplir diecisiete años. Y quizás un abrazo no fuese lo suficiente para tranquilizarlo.
—Entiendo lo que sientes. Todos tenemos días malos, pero no estas solo. Me tienes a mi y a todos los chicos.
—Lo sé. Todos dicen que lo entienden, pero no es así y no importa cuantas veces digan que están conmigo. Por las noches todo vuelve y no hay nadie…
Gogo se mantuvo callada. Nunca había sido buena para dar palabras dulces de apoyo, no era una buena consejera, ni siquiera sabía que decirse a sí misma.
Tomó la mano de Hiro y lo guió hasta los cojines que descansaban frente a la ventana de su habitación. Eran unos enormes cojines purpura, recordaba haber pasado largas horas en soledad acostada sobre ellos, esta era la primera vez que los compartía con alguien. Era la primera vez que alguien entraba a su habitación. Ambos tomaron asiento.
—Tadashi siempre sabía que decir y cuando no lo sabía, siempre encontraba la manera de demostrarlo con sus acciones —dijo Gogo después de dar un largo respiro.
—Sí. Yo nunca me percaté de ello, hasta que fue demasiado tarde… nunca pude agradecerle…
—No hacía falta que lo hicieras. Él sólo te observaba reír y sabía que había hecho lo correcto. Eso hacen los hermanos, se ayudan mutuamente sin esperar nada a cambio. También los amigos.
—Creí que a estas alturas dejaría de preguntarme el porqué no está aquí. Creí que con el tiempo, todo sería más fácil.
—Nunca será más sencillo. Algunos días serán peor que otros, sólo debes aprender a caminar en la oscuridad. Es lo que mi madre solía decir. Tal vez no puedas eliminar toda la oscuridad, pero puedes conseguir una linterna —dijo Gogo con una pequeña sonrisa.
—Tú perdiste a tu padre cuando eras pequeña, ¿cierto? Yo también perdí a los míos. Pero no los puedo recordar, quizás por eso no me causa tanto dolor. Todos los recuerdos tienen un precio demasiado alto.
—Puede ser, pero es un precio que vale la pena pagar por los que quieres. Tal vez no tengas recuerdos propios de tus padres, pero estoy segura que tu tía o Tadashi te hablaron de ellos…
—Tadashi llenaba ese vacío, pero cuando lo perdí también a él…
—No lo perdiste. Recuerda, Tadashi esta aquí —dijo Gogo tocando su pecho.
—Lo sé, sólo algunas veces… siento que se encuentra demasiado lejos y no puedo alcanzarlo… es como perderlo otra vez—Hiro miraba fijamente el suelo, evitando llorar.
—Bueno, señor Sabelotodo, alguna vez yo fui como tú. Estaba enojada todo el tiempo. Mi padre había muerto y una parte de mi madre también, todo era diferente, pero la vida seguía como si nada. Me parecía injusto. Estaba llena de furia y tristeza. Y aún ahora sigo sin comprender el porqué se tuvo que marchar... y algunas veces todavía duele y mucho. Me tomó mucho tiempo, pero aprendí a enfocar todas las fuerzas que perdía auto-destruyéndome en algo mucho más productivo.
—La ciencia, ¿no? Y dices que yo soy el nerd —se burló Hiro.
—Quiero verte reír, pero no reírte de mi —dijo Gogo dándole un pequeño golpe en el hombro.
—Es complicado, ¿cierto?
—Mi madre acaba de decirme lo mismo.
—¿Sabes qué no es complicado?
—¿Qué cosa?
—Esto —dijo el chico con una sonrisa. Unos segundos más tarde, él se encontraba abrazándola. Gogo correspondió el abrazo, a pesar de sentir que le asfixiaba. Ambos cayeron al suelo por la presión. La chica estuvo a punto de apartar a Hiro para ponerse de pie, pero notó que el muchacho lloraba en silencio.
Se quedaron en aquella posición, mientras los minutos pasaban en el reloj y la noche avanzaba. Hiro empapó su hombro en lágrimas y ella no dijo nada. No hacía falta. Sólo le abrazó más fuerte.
Extra:
—Nunca me dijiste cómo entraste a mi habitación —dijo Gogo una tarde mientras realizaba un trabajo de la universidad con Hiro. Ambos se encontraban en el café de tía Cass.
—Entré por la ventana —respondió Hiro, terminando de tomar sus apuntes.
—¿No te caíste? Es una segunda planta, no hay escaleras fuera… Bueno, sólo las de decoración con flores.
—Use esas y sí, me caí. Muchas veces. Debería demandarte.
—Es tu culpa. Pudiste entrar por la puerta.
—Tu madre nunca me hubiera dejado entrar.
—Claro que sí. Eres un niño inofensivo.
—¡No soy un niño! Ahora que lo pienso, nunca hablamos de la decoración en tu habitación.
—¡Callate!
—Creí que sería una habitación llena de afiches de peleas de robots, carreras de autos y bandas de rock. Nunca pensé que fueses tan ordenada…
—Mi madre me pide que la mantenga limpia. No podría vivir allí de otra manera.
—Sí, claro… Por eso todo es de color blanco y purpura. Además de esos peluches…
—¡Basta!
—Vaya, y yo creía que Wasabi tenía un problema. Tu habitación es ¡tan limpia y minimalista! La mesa de té fue una sorpresa…
—Hiro, voy a matarte…
—Me gustaron las cortinas y sus lindos encajes, ¿Honey las ha visto? Le encantarían. Aunque Fred amaría ese peluche de monstruo, creí que no te gustaban esas cosas —dijo Hiro con una malvada sonrisa—. El biombo le da un toque oriental, pero mis favoritas fueron las luces de noche color…
Lo próximo que supo Hiro fue que se encontraba corriendo por su vida, mientras Gogo lo perseguía gritando toda clase de torturas a las que le sometería.
