Gracias a quienes siguen esta historia, también infinitas gracias a los que se han tomado su tiempo en comentar. Me hace feliz que disfruten leer cada capítulo. Actualizaré pronto. Saludos :)
Recuerden que pueden hacerme llegar cualquier opinión, crítica o idea.
Disclaimer: Big hero 6 y sus personajes son propiedad de Marvel/Disney. No me pertenece en absoluto.
Aquel había sido un lluvioso sábado. Hiro se dedicó a ayudar a su tía en la cafetería, que se encontraba abarrotada de personas que buscaban un lugar acogedor para resguardarse de la lluvia. Causando que aquel día fuese también uno de los más ajetreados.
Hiro se dirigía a distintas mesas con todo tipo de cafés, chocolates calientes y pasteles. Comenzaba a agotarse, pero también podía sentirse mucho más orgulloso de sí mismo, estaba seguro que hace unos meses no habría podido atender a tantas personas. Además que las propinas que ganaba eran muy buenas, todo aquel dinero le ayudaría a costearse nuevos instrumentos y materiales para sus experimentos.
A medida que atardecía, la lluvia iba disminuyendo y con ello los clientes. A Hiro le resultaba una sensación nostálgica observar a las diversas personas marcharse, la mayoría eran desconocidos; no podía evitar preguntarse cuáles serían sus destinos, ¿tendrían a alguien en casa esperando por ellos?
El muchacho servía una tarta de fresa a un señor de avanzada edad, cuando escuchó a un grupo de jóvenes que entraba armando todo un alboroto. Los reconoció en seguida, eran sus amigos.
—Sólo piénsenlo un momento, ¿qué tal un traje que ayudara a evitar la lluvia? —preguntaba Fred con seriedad.
—¿Quieres decir un impermeable? —replicó Honey Lemon con extrañeza.
—Se suponía que no iba a llover. Revise el canal del tiempo y mi aplicación en el celular, nadie hablaba de una sola gota de lluvia, ¿no les parece extraño? Esta lluvia no es normal —dijo Wasabi consternado.
—¿Qué sugieres? ¿Una pelea contra la lluvia? —respondió Gogo con sarcasmo.
—¡Ey, chicos! Qué bueno verlos por acá, tomen asiento —interrumpió tía Cass al ver a todos los jóvenes—. Hiro, querido, toma un descanso y ve a saludar a tus amigos.
—¿Estás segura? Puedo seguir ayudando.
—No te preocupes, me has ayudado mucho. Te mereces un descanso —. Su tía le dio un abrazo de agradecimiento, causando que el muchacho se sintiera un poco avergonzado.
—Tía Cass…
—Oh, lo siento, pero siempre serás un bebé para mí. Ahora, saluda a tus amigos, toma la orden y eres libre. Felicidades por un buen día de trabajo.
Hiro le dedicó una pequeña sonrisa y se dirigió a la mesa donde se reunían sus amigos. Todos parecían charlar al mismo tiempo y el tema de conversación variaba a cada segundo.
—¿Puedo tomar sus ordenes?
—¡Hiro! —gritaron Wasabi y Honey al mismo tiempo.
—Hiro, tengo un nuevo plan para nuestra eterna lucha contra el mal —le explicó Fred.
—¿Qué tal todo? —preguntó Gogo.
—Ha sido un buen día, hemos tenido muchos clientes. Implica más trabajo, pero también más dinero —. El muchacho se dedicó a tomar las órdenes, entregarlas a su tía y luego se acomodó en la silla más cercana a Gogo.
Unos minutos más tarde, todos se reían e intercambiaban un sinfín de ideas a una velocidad descontrolada. En un inicio había sido un poco difícil para Hiro acostumbrarse a las extrañas interacciones del grupo, sin embargo, ahora ya lograba manejarse con confianza entre las conversaciones que transcurrían a la velocidad de la luz. Cada vez se sentía más cómodo entre todo ellos, se sentía afortunado de haberlos conocido. Los echaría de menos cuando se acabase la universidad; no le gustaba mucho pensar en aquel tema, aunque sabía que tarde o temprano debería tomar decisiones importantes sobre su futuro; los demás también debían tomar decisiones, aunque sus amigos pretendían no tomarse muy en serio aquel tema. Hiro no quería que las cosas cambiaran, pero algunos cambios eran inevitables. Sobre el asunto de ser superhéroes no estaba nada seguro de lo que harían, en la ciudad no existían tantos crímenes, pero a la mayoría de ciudadanos les parecía agradar mucho el hecho de tenerlos. A él también le hacía sentir feliz.
Pasaron el rato charlando, tomando café y hablando de próximos proyectos. Hiro se quedo en silencio un momento y sonrió para sí mismo al ver al grupo tan animado, la única que notó aquello fue Gogo, correspondió con una sonrisa de cómplice y un golpe en su codo.
De pronto la conversación comenzó a girar sobre los primeros amores de cada uno de ellos: Fred aseguraba que su primer amor había sido la pizza de pepperoni —amor a primera vista—; Honey declaró haberse enamorado de un príncipe cuando tenía ocho años, pero sus padres decían que jamás había conocido a tal príncipe, así que su primer amor debía de ser sólo un sueño; Wasabi habló sobre una linda chica que había conocido a los diez años, habían disfrutado todo el verano siendo amigos, pero todo acabó cuando ella entró a jugar en su habitación y desordenó todo. Gogo no hizo más que poner los ojos en blanco y decir lo tonto que era sobreexplotar aquella palabra; mencionó que tal vez no fuese amor, pero su primera gran pasión había sido el sólo soñar con conducir autos de carreras.
—¿Qué hay de ti, Hiro? —preguntó Honey con curiosidad.
—Bueno, no lo llamaría primer amor, pero tengo un recuerdo sobre una chica —respondió, mientras los demás le miraban con interés—. No estoy seguro cuantos años tenía, Tadashi me había llevado al parque para volar un helicóptero que habíamos construido juntos. Entonces, una chica apareció, debía de tener la misma edad que Tadashi, tal vez eran compañeros en la escuela. No hablaba mucho, pero parecía interesarle nuestro helicóptero, creo que le explicó a Tadashi cómo hacerlo más rápido.
—¿Cuál era su nombre? —preguntó Wasabi.
—Ni idea.
—¿Recuerdas cómo era? —indagó Fred.
—Pues usaba un vestido de verano púrpura con unos pantalones oscuros. Era una locura, pero en ese entonces creí que era bastante genial. Llevaba el cabello en un par de coletas, recuerdo haber visto parte de su espalda y, lo más extraño de todo, creo que tenía un tatuaje —explicó Hiro, causando que Honey se atragantara con el café, que Wasabi le mirase sorprendido y Gogo abriese sus ojos desmesuradamente.
—Ya ha dejado de llover, deberíamos marcharnos —inquirió Gogo.
—¿Qué dices? Hiro esta contándonos una genial historia.
—Fred, levanta tu trasero de ese asiento o yo te…
—¿Por qué tanta prisa? —interrumpió Hiro.
—Esto es absurdo…
—¡No puedo creerlo! El primer amor de Hiro fue Gogo, ¡eso es tan adorable! —exclamó Honey.
—Debo de admitir que es bastante lindo —dijo Wasabi intentando contener una risa.
—¿De qué hablan? —pregunto Hiro desconcertado y comenzando a sonrojarse—. Claro que no.
—Esperen, la niña del tatuaje y Gogo… ¡Ohhh, es cierto! ¡Son víctimas del destino! —señaló Fred, comprendiendo toda la situación.
—Era un tatuaje en su espalda, ¿verdad? Gogo nos habló de ello una vez; se lo hizo de manera ilegal cuando tenía trece años y se metió en problemas con su madre. Es un dragón de tamaño mediano. —explicó Honey sonriendo.
—Oh… sí… —respondió el muchacho aún confundido—, pero su cabello era largo.
—Lo corté hasta que cumplí los quince. Ustedes, dejen de reírse. Él dijo claramente que no era su primer amor, sólo el recuerdo de una rara.
—No me refería a rara, creí que parecías bastante genial —respondió Hiro, notando de inmediato lo vergonzoso que resultaba decir aquello en voz alta. Añadió: —Como una hermana mayor.
—Sigue siendo tan adorable que pensarás en ella cuando hablamos de los primeros amores. ¿Tú lo recuerdas? —preguntó Honey dirigiéndose a Gogo.
—Sí, bueno, era el hermano de Tadashi. Él era la única persona agradable en esa escuela, aunque no fue hasta en la universidad que nos hicimos amigos. Recuerdo que siempre cuidaba de un niñito despeinado; eras tan consentido, nunca hablabas con nadie más que él. Creí que me tenías miedo.
—No, sólo no sabía que decir para impresionarte —. Hiro podía sentir cómo se sonrojaba una vez más. Al menos los demás parecían haberse olvidado de ellos y hablaban de alguna otra idea repentina de Fred.
—Eres un dolor de cabeza —contestó Gogo en voz baja y con cierto cariño.
Unos minutos más tarde, el grupo se despedía de Hiro y tía Cass. Gogo indicó que tenía unos asuntos pendientes por la zona y se marcharía sola en otro momento.
—Así que un tatuaje —le abordó Hiro antes que abandonará el lugar.
—Fue una estupidez de mi pre-adolescencia. Debo agradecer que siga viéndose bien y que me sigan gustando los tatuajes.
—¿Tienes más? ¿Puedo verlos?
—Unos cuantos. Y ni lo sueñes.
—Es una pena. Quiero preguntarte algo, no tiene mucho sentido, pero ¿te molesta mi edad?
—¿Por qué me molestaría? —cuestionó Gogo, mientras hacia una burbuja con su goma de mascar.
—No sé si te resulta incomodo, sólo son un par de años, pero sigo siendo menor que tú. Podría avergonzarte o tal vez pienses que soy demasiado inmaduro.
—No me molesta en absoluto. Además no eres nada inmaduro, pero no te pongas tan pretencioso sólo porque te lo he dicho —contestó Gogo y le guiñó un ojo.
—Entonces, ¿por qué te comportaste así cuando supiste que me refería a ti? Como si quisieras marcharte y evitar todo el tema.
—Eso es completamente diferente —contestó Gogo a la defensiva.
—¿Por qué?
—No sé. Ya escuchaste a Honey gritando lo adorables que somos.
—Ella piensa que muchas cosas son adorables. ¿Por qué te molestaría?
—No quiero que los demás nos vean así.
—¿Por qué no? —. Hiro sólo tenía esa pregunta en la mente. « ¿Por qué?». Si le molestaba tanto, ¿por qué no sólo lo rechazaba de una vez por todas?, sabía muy bien que ella era experta destruyendo las expectativas idealistas de cualquier chico.
Los dos permanecieron en silencio y mirándose fijamente, sin saber muy bien cómo proceder.
—No estoy acostumbrada a todo eso, ni a que tú digas frente a los demás lo genial que creías que era.
—Aún creo que eres genial. Demasiado genial.
—Hiro…
—Si la edad no es un problema para nuestra amistad, ¿por qué tiene que serlo para otra cosa? —preguntó Hiro con nerviosismo. «Otra cosa» era lo único que podía reemplazar la palabra que hace mucho había surgido en su mente, pero se negaba a decir en voz alta.
—Porque otra cosa sería extraña —divagó Gogo, mirando hacia la puerta.
—Dame una razón convincente, una sola será suficiente —. Gogo le miró sorprendida, por primera vez Hiro notó que las mejillas de ella se teñían de un suave rosa.
—No lo entenderías —respondió la joven cabizbaja.
—¿Es por mi edad?
—Es porque no existe esa «otra cosa». No vale la pena pensar ni siquiera en ello.
—Le tienes miedo —señaló Hiro con sorpresa. Por vez primera tenía una distinta perspectiva acerca de Gogo y sus sentimientos.
—No le tengo miedo a nada —dijo Gogo con muy poca convicción.
—No tienes que tener miedo conmigo. Yo jamás te haría daño.
El muchacho se acercó a la chica con lentitud. Ella le observaba petrificada. Hiro no sabía si lo que estaba a punto de hacer era una buena idea, pero no creía que volviese a tener tal oportunidad. Se acercó más a su rostro y tocó su mejilla. Gogo, quien siempre parecía tan fuerte, siempre lista para lidiar con cualquier situación, se mostraba como un aterrorizado animal herido. Hiro pudo sentir el miedo en ella y el miedo en sí mismo, era enorme. Pero al mirar los labios de ella, logró sentirse capaz de olvidar el terror. No le haría daño, al contrario, tan sólo quería ser feliz con ella. Sin dolor. Unos centímetros más, Gogo cerró sus ojos aceptando lo que estaba a punto de ocurrir.
—¡No puedo creerlo! Mi pequeño bebé tiene novia —. Escucharon el grito de una mujer a sus espaldas. Era tía Cass, quien casi había quebrado los platos ante tal escena.
Ambos se separaron de inmediato. Él intentó decir algo, sin éxito. Antes que pudiesen escapar, tía Cass les abrazaba a ambos, mientras hablaba de lo maravilloso y extraño de la situación, además de reprenderlos por mantenerlo en secreto.
—Debo admitir que nunca lo vi venir, pero estoy tan contenta por ustedes. Déjenme hornear un pastel, esto es tan inesperado y adorable.
—No, tía Cass… —intentó interrumpir Hiro sin éxito. Se dio cuenta de inmediato que el momento se había perdido para siempre.
—Yo… yo tengo algo urgente que hacer. Gracias por todo —dijo Gogo sin mostrar emoción alguna. Caminó de prisa a la puerta, volvió su mirada unos segundos y añadió: —Adiós Hiro, nos vemos… luego.
