Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.

Notas de la autora: Quiero comenzar agradeciendo a todos quienes se pasaron por el primer capítulo de este seudo fic de humor XD… gracias por correr el riesgo de leerlo y más gracias aún a quienes me dejaron algún comentario… su opinión me ha impulsado a continuarlo. Espero que les guste este segundo capítulo.

Bajo su responsabilidad, vamos a correr el riesgo nuevamente… XP

El problema del Pegaso y Andrómeda

Intento N°1 Las pastillas milagrosas

La noche había llegado a la mansión y todo estaba completamente silencioso, aparentemente. En las habitaciones de los jóvenes que nos competen, la tenue luz de sus celulares era lo único que se podía vislumbrar, acompañado del inconfundible sonido de las envolturas de los dulces que abrían con avidez.

—Seiya?

—Si…

—Crees que mañana llegue nuestro pedido?

—Claro… dijeron que en tres días estaría en nuestras manos :D

—Y ya tienes lista la sorpresa?

—Qué sorpresa?

—La de Saori ¬¬

Shun solo escuchó el grito que Seiya soltó desde su cuarto y sonrío. "Imaginaba que había olvidado su mentira", pensó. Luego, apagó su celular y se acurrucó entre sus sábanas para dormir, mientras se comía el último bombón de chocolate.

En la mañana, ambos jóvenes siguieron sus acostumbradas rutinas, comiendo lentamente y viendo la televisión. No podían concentrarse mucho en lo que estaban dando en su canal favorito, porque veían pasar a Saori de un lado a otro, mirándolos con una sonrisa de oreja a oreja. Se cansaron de contar cuantas veces entró a la cocina solo para volver a sonreírles y marcharse.

—Y, ¿ya sabes qué le vas a dar de sorpresa? —preguntó finalmente Shun ante la insistencia de la joven de pasearse por delante de ellos, esperando que le entregaran su "sorpresa".

—No entiendo por qué debería gastar MI dinero en comprarle algo a ella —soltó Seiya.

—¿Cómo? ¿Acaso no dijiste que de esa forma nos salvabas de que ella descubriera la verdad? —no podía creer que ahora se hiciera el desentendido—. Además, no es TU dinero —le dijo volteando el rostro, demostrando su disgusto.

—¡Bah! Ya se me ocurrirá algo —al decir esto se levantó de su silla para dirigirse al refrigerador—. ¡Mira! Aquí hay algo que podemos regalarle —le mostró una elegante caja de bombones de chocolate.

—¡No! Eso es mío, Seiya. Devuélvemelo —se acercó hacia él, intentando quitarle el paquete.

—Con mayor razón. Ella no sabe que está aquí. Pensará que realmente es su sorpresa —dijo muy tranquilo el castaño, como si su idea fuera lo más genial.

—¡Nunca! ¡Devuélveme la caja! —Shun empezaba a desesperarse.

—¿Por qué no quieres ayudarme? Si no tengo pronto la sorpresa de Saori, ella quizás se enoje tanto que me eche de la mansión. ¿Cómo te sentirás entonces? —Seiya sacó todo su potencial actoral y miró a Shun con su mejor cara de víctima.

—Seiya, ya conozco tus mentiras, jamás podrás engañarme con ese numerito.

—Agh, está bien. A veces lamento que me conozcas tanto —lo miraba de reojo mientras le hablaba. Podía ver perfectamente como Shun abrazaba su caja de bombones—. ¿Por qué le das tanta importancia a esa caja? Ni que te la hubiese regalado Ikki…

—No me la regaló Ikki, pero me la mandó una seguidora. No podría regalárselos a nadie. Además, —dijo suspirando—, son mis favoritos, bombones de chocolate rellenos —sus enormes ojos verdes brillaban más de lo normal y una boba sonrisa adornaba su rostro.

—¿Qué extraño? Aquí hay otra caja igual a la tuya…

—¿Ah? Sí, también es mía.

Seiya siguió mirando en el refrigerador y encontró al menos veinte cajas iguales.

—¿Me vas a decir que todas estas son tuyas también? —dijo con voz alarmada.

—Sí… son mi más preciada colección. Si alguna admiradora me quiere regalar algo, siempre le recomiendo la misma caja de bombones... es que me encantan...

—Entonces, dame una para regalársela a Saori —le suplicó.

—Lo siento, Seiya. No puedo hacerlo —le respondió con seriedad.

—Pero, ¿por qué?

—Ya te dije que son un regalo. Además, son mis favoritos. No me perdería uno solo, ni siquiera por Athena —y volvió a poner esos ojos brillantes, mientras abrazaba más su caja.

—Deja de hacer eso que me asustas —puso sus manos frente a su rostro para dejar de verlo—. Bueno, hay que ver qué le regalamos a Saori entonces —dijo finalmente resignado.

No habían decidido nada aún, cuando sonó el timbre de la mansión y ambos se miraron alarmados. Debían correr a buscar el paquete antes de que Tatsumi u otro sirviente saliera a recibirlo. Sin pensarlo dos veces, salieron disparados de la mansión.

—¿Seiya Kido? —preguntó el cartero.

—Sí, ese soy yo —dijo feliz, apuntándose a sí mismo.

—Y… ¿debo suponer qué tú tienes veinte años? Estos paquetes son recibidos por personas mayores de edad, jovencito —lo cuestionó.

—El paquete está a mi nombre, por lo tanto debe entregármelo —exigió el castaño, poniendo sus manos en el paquete.

—La juventud de hoy —suspiró agotado el cartero, mientras alejaba la entrega de las manos del chico. Recién empezaba la mañana y ya tenía problemas—. Creo que deberás mostrarme tu identificación para comprobar tu nombre, ya que me doy cuenta que mentiste con tu edad. No puedo confiar en alguien como tú.

—Aghh, ¿por qué tanto problema para recibir algo que ya tengo pagado? —le reclamó con las manos en la cintura.

Shun observaba la escena intentando buscar una solución pacífica.

—Buenos días, señor… Fukuda —leyó su identificación, mientras le esbozaba una hermosa sonrisa—. Mi hermano aquí presente hizo esa compra para nuestra madre como regalo de aniversario. Disculpe si mintió en su edad, pero no sabíamos de qué otra forma hacerlo. Le pido disculpas por los inconvenientes —hizo una reverencia y permaneció inclinado rogando que sus palabras, las que había repetido de lo que su amigo había inventado por teléfono, hicieran el efecto esperado. Y no tuvo que esperar mucho.

—Si uno tuviera que tratar siempre con jovencitos así… el trabajo sería mucho más fácil. Gracias por explicarme la situación. Y tú, deberías aprender de tu hermano —dijo señalando a Seiya.

El castaño estaba con la boca abierta, totalmente sorprendido, y miró a Shun, quien aun con la cabeza inclinada, se giró un poco y le guiñó un ojo. A veces, él también era de temer con sus acciones.

—Cla-claro señor. Aprenderé de mi hermano… —dijo intentando salir de la impresión—. Disculpe mi reacción.

No tuvieron que esperar mucho para que el cartero al fin les entregara el paquete. Miraron hacia la mansión y vieron a Saori de pie en el umbral de la puerta, aparentemente buscándolos. Seiya le hizo una seña con su mano para que lo siguiera hacia el bosque, donde podrían abrir el tan ansiado encargo sin ser interrumpidos por la chica.

Sacaron al menos tres envoltorios antes de encontrarse finalmente con la caja que contenía los frascos con las famosas pastillas. Seiya inquieto abrió uno y pudo ver una gran cantidad de cápsulas de dos colores.

—Espera, Seiya. Debemos leer las instrucciones primero —le advirtió Shun que ya estaba leyendo los papeles—. Aquí dice que se debe ingerir una o dos pastillas antes de cada comida. Máximo seis al día.

No pudo ver que al castaño no le importaban las advertencias y solo quería tener resultados rápido. Su razonamiento fue: "Si se debe tomar una antes de cada comida, puedo tomar las seis al tiro y el efecto será más pronto". Sacó las pastillas y se las echó a la boca, acercándose a una llave del jardín para beber agua. Con tranquilidad se sentó nuevamente al lado de su amigo.

—Deja de leer, Shun. Yo ya me tomé las pastillas.

—¿Las? —preguntó—. ¡¿Cuántas tomaste Seiya?! ¡¿Acaso no escuchaste que era solo una?! —lo sacudía con violencia de los hombros. Tenía el presentimiento de que algo malo iba a ocurrir por culpa del castaño.

—Seis…

—Pero, ¡¿cómo se te ocurre?! —le gritó en la cara.

—No exageres. Además, si fueran a hacerme mal, ya estaría… estaría…

—¿Qué te pasa, Seiya? No me gusta tu broma… —lo miraba de reojo, intentando convencerse de que no era más que otra de sus mentiras.

—No es una broma… siento… que me voy a… desmayar —hizo el intento de ponerse de pie y volvió a caer al suelo.

Shun ya no pudo aguantar más la preocupación viendo que su amigo parecía no tener fuerzas. Alarmado se acercó para ayudarlo.

—Jajajajajajaja, eres tan fácil de engañar —el castaño giraba en el suelo riendo a más no poder. Incluso salían lágrimas de sus ojos.

Shun sintió tanta rabia que un extraño tic se apoderó de su ojo derecho y, disgustado con su amigo por haberlo preocupado de esa manera, se puso de pie, dispuesto a marcharse o si no iba a sacar lo peor de sí. Tomó los frascos y lo miró por última vez, cuando lo escuchó quejarse de nuevo.

—¡Ay! Shun, me duele el estómago —se tomó el vientre en señal de dolor.

—Basta, Seiya. Ya no voy a caer de nuevo en tus bromas —dijo, mientras comenzaba a caminar. Solo se detuvo cuando escuchó a su amigo vomitar sin parar. Alarmado, se dio vuelta, pero no quiso acercarse mucho—. ¡Puaj! ¡Qué asco! ¿Qué comiste en la mañana? —se tapaba la nariz para no sentir el olor.

—Ayúdame, me siento muy mal… —lo vio ponerse pálido, temblando sin control.

Shun, resignado, sacó su celular y llamó a un taxi para llevarlo a Urgencias. Antes de que llegara, con cautela entró a la mansión por una ventana para no ser descubierto por la acosadora de Saori y se dirigió a la habitación de Seiya para traerle ropa limpia. Estuvo de vuelta justo para que su amigo se cambiara la polera y los pantalones por otros exactamente iguales y subirse al taxi.

Lo ingresaron de inmediato, ya que sus signos vitales estaban muy débiles y su temperatura había descendido hasta el mínimo. Lo dejaron en una camilla de una sala común, junto a muchas otras personas. Tuvieron que ponerle suero para rehidratarlo, después del lavado de estómago que tuvieron que hacerle para extraer las pastillas en su totalidad. Ahí, estaba ahora pálido y sin fuerzas.

—No me… lo digas —apenas y podía hablar.

—Te lo dije.

—Ay, te pedí que no lo hicieras…

—Te lo advertí.

—¿Y vas a seguir?

—Hasta que lo reconozcas. Te leí las instrucciones y tú…

—Basta, por favor. Lo siento… no lo vuelvo a hacer, mamá Shun… —dijo con cara de burla.

—No es una broma. Casi te mueres.

—Ah, siempre tan exagerado —habló moviendo su mano.

Tenían esa amena conversación cuando una enfermera entró a la habitación y se dirigió justo hacia ellos.

—Veo que se siente mejor, jovencito —le sonrió, a lo que Seiya se sonrojó—. Ahora voy a necesitar los datos para hacer el ingreso. Como venía tan grave, lo atendimos sin datos.

Ambos jóvenes se miraron y sintieron un escalofrío recorrerles la espalda. ¿Tendrían que llamar a Saori o Tatsumi? No, no podían por nada del mundo.

—¿Qué datos necesita? —preguntó Shun.

—Los de sus padres…

Seiya comenzó a toser con fuerza, haciendo que los monitores sonaran. Alarmada la enfermera salió en busca del doctor.

—Debes hacer algo, Shun. Piensa. No sé cuánto tiempo pueda darte —había fingido ese ataque.

Aterrado, Shun se encerró en el baño para intentar buscar una solución. Una extraña conversación consigo mismo se dio en aquel pequeño lugar…

Podía verse a sí mismo, más pequeñito, con unas blancas alas, una dorada aureola sobre la cabeza y su característico rostro puro.

Debes llamar a Saori, ella los ayudará —le dijo con suavidad chibi-Shun-ángel.

Todo es culpa de Seiya —se abrazaba las piernas, con los ojos mirando fijamente a la nada—. Ahora nos quitarán todos los privilegios. ¿Qué voy a hacer sin mis golosinas? —ni siquiera escuchaba a su conciencia.

Llama a Saori —le volvió a repetir.

¿Tú crees? —preguntó, prestándole atención al fin.

¿Cómo puedes escucharlo? Sabes, que ella se enojará muchísimo… —una voz más ronca resonó en su cabeza.

¡¿Qué haces tú aquí?! —preguntó alarmado, pues podía ver claramente a un chibi-Shun-Hades.

¿Te suena algo "Tuyo por siempre"?

¡¿Qué?!

Ay, ya no importa —movió sus manos en señal de que eso era lo de menos—. Lo único que debes saber es que no puedes decirle nada a "esa" —habló con desprecio.

¿Y qué hago entonces?

Debes cambiar la realidad para salvarte, como te enseñó ese... ese… —el nombre no podía salir de su boca, pues le costaba una enormidad decir Pegaso.

No lo escuches —le suplicó chibi-Shun-ángel.

Eso… ¿por qué debería escucharte a ti? —le cuestionó a Hades.

Porque puedes escucharlo a él —dijo apuntando al pacífico y hermoso ángel— o a mí —sentenció.

Escuchó claramente como la enfermera había vuelto a pedir los datos, después de estabilizar a su amigo. Decidido salió del baño. "Espero que me ayudes en esto, Hades. Perdóname conciencia", susurró.

—Hola —dijo saludando con su clásica sonrisa—¿Señorita… Miyazawa? —volvió a hacer lo mismo que con el cartero.

—Joven… —dijo la enfermera sonrojándose un poco ante tan bella sonrisa.

—Shun, mi nombre es Shun —dijo acercándose —¿Podríamos llenar los datos afuera? Es que mi hermano aún está inestable.

—Por supuesto. Sígame.

Seiya se quedó boquiabierto ante el cambio de actitud de su compañero. Rogaba porque su conocida faceta de mediador esta vez diera resultados.

Un rato después, vio entrar a Shun pasando su mano por su frente y soltando un suspiro de alivio.

—¿Y? ¿Cómo te fue? —sentía curiosidad.

—Creo que bien. En la tarde te darán de alta.

—¿Qué le dijiste?

No pudo escuchar la respuesta, porque justo en ese momento entraron cinco enfermeras directo hacia él.

—Pobrecito —decía una, mientras hundía su cabeza en medio de sus enormes pechos. Seiya sentía que se ahogaría si seguía haciendo eso—. Pequeño, yo te recibo gustosa en mi casa.

Desde su prisión de brazos, el castaño miró a su amigo en busca de una aclaración, pero vio como otra enfermera, mucho más bonita y joven, se le acercaba para abrazarlo con ternura.

—¿Cómo jovencitos tan lindos pueden vivir en la calle? —decía mientras acariciaba su cabeza y Shun disfrutaba el momento, dejándose querer.

"¿En la calle?… ¡¿qué les dijiste, Shun?!", le gritó a través del cosmos. "Solo cambié un poco la verdad para salvarnos el pellejo. ¿Acaso no fue eso lo que me enseñaste?, le respondió feliz, mientras otras enfermeras le traían chocolates para consolarlo. "Creo que mi compañía te ha afectado un poco, Shun", le comentó resignado. Solo recibió como respuesta una sonrisa de oreja a oreja por parte de su amigo que disfrutaba las atenciones que le daban todas esas jóvenes enfermeras.

Después que se hubiese acabado aquel espectáculo y dieran a Seiya de alta, con la prohibición de tomar de nuevo esas patillas, caminaron unas cuadras, para mantener la farsa. Cuando estuvieron fuera de la vista del hospital, al fin pudieron subirse a un taxi para volver a la mansión.

—¿Me vas a decir qué inventaste?

—Sólo les dije que somos huérfanos, eso no es una mentira —se defendió.

—Pero ellas dijeron que vivíamos en la calle.

—Bueno, solo omití y exageré algunos pequeños detalles.

—Creo que a veces me superas.

—Nunca. Tú eres mentiroso por naturaleza. Yo lo he sido solo por necesidad —dijo, dándole una palmadita en la espalda.

—En serio, creo que me estás asustando. ¿No te habrá afectado de alguna manera tener a Hades dentro de ti? No creo que toda esa destreza sea mi culpa…

—Cómo crees —dijo inocente.

Cuando llegaron a la mansión, Saori los estaba esperando en la puerta. Bueno, en realidad, se había quedado dormida sentada en una incómoda silla mientras los esperaba. Al verla, pasaron sigilosos por su costado y se fueron a sus dormitorios a descansar. Ya mañana pensarían como solucionar el asunto de Saori.

En su cuarto, Shun se sacó su polera y se observó delante del espejo. No podía creer que las pastillas fueran un fracaso. En el hospital les dijeron que eran sustancias ilícitas y que no podían ingerirlas. Frustrado se sentó en un sofá y abrió un frasco de crema de cacao y avellanas para pasar la pena.

¡Deja de comer eso...!—escuchó la voz de Hades en su cabeza.

—¿Era cierto, entonces? —preguntó despreocupado.

¿Qué cosa?

—¿Qué estás dentro de mí?

Pues, claro. ¿Qué creías? ¿Qué era producto de tu imaginación?

—Sí… —respondió a la vez que se comía una gran cucharada de crema.

¡Deja de comer eso!, te dije.

—No eres mi padre.

Pero estás arruinando mi cuerpo…

—Es mi cuerpo, que eso te quede claro.

Cómo sea. No puedes seguir así. Debes detenerte.

—¿Quisiste matarme y ahora te preocupa mi físico? Por favor…

Estaba tan entretenido discutiendo con Hades, que no sintió la presencia de alguien más en su cuarto.

—Shun ¿Con quién hablas? —esa voz lo hizo estremecer.

—¿Ni-nii-san? —dijo temeroso.

—¿Quién más? Claro que soy yo… —apareció por el ventanal que daba al jardín.

De un salto Shun se puso de pie y quedó frente a su hermano sin polera que cubriera sus imperfecciones. Ikki lo miró a la cara, luego su mano donde tenía el frasco de crema y después miró su abdomen. Sin decir nada, salió de la habitación, extrañamente por la puerta.

Shun cayó en el sofá, volviendo a respirar después del susto de encontrarse en esas fachas con su hermano. "Quizás no es tan terrible como yo creo y en verdad estoy exagerando como dice Seiya", pensó, comiendo otra cucharada de crema. "Aparece después de dos meses y se va de inmediato… A veces no entiendo a Ikki".

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por unos fuertes sonidos que venían de la cocina. Se puso su polera y bajó por las escaleras, solo para ver a su hermano arrastrando una enorme bolsa. Miró hacia la cocina con terror y vio todos los muebles abiertos de par en par y un rastro de comida que iba desde la cocina hasta la bolsa que arrastraba Ikki.

—¡NOOOO! —gritó. Corrió hasta donde su hermano intentando alcanzarlo, pero fue inútil.

—¡Alas ardientes del Fénix! —Ikki usando su preciada técnica se deshizo del terrible enemigo de su pequeño hermano—. Ahora estás a salvo, Shun —dijo con orgullo.

El caballero de Andrómeda solo cayó de rodillas, viendo cómo se quemaban sus chocolates y golosinas.

—Mis veinte cajas de bombones de chocolate rellenos —sollozaba.

—Ahora, el Fénix se hará cargo de tu dieta…

Saori, a pesar del enorme ruido, seguía durmiendo plácidamente en la pequeña silla junto a la puerta de la mansión.

Continuará… (solo si ustedes así lo desean XD)


Notas finales:

Agradecer nuevamente a quienes hayan aguantado hasta el final. Esperando que dejen su opinión, recuerden que se aceptan tomatazos y sugerencias sin reclamo de la autora ;D

Saludos, Selitte :)

PD: Próximo capítulo "Intento N°2 La dieta del Fénix"