Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.

El problema del Pegaso y Andrómeda

Intento N°2 La dieta del Fénix, parte 1

El ruido en la cocina había despertado a Seiya y Seika, quienes demoraron un poco más en llegar abajo y ver los estragos del huracán Fénix.

Al principio, el castaño se rio el ver a su amigo en el suelo, lamentando su pérdida, pero después pensó un poco y se dio cuenta de algo importante: Ikki no sabía qué cosas eran de su hermano y cuáles no. Con temor se acercó a la cocina y, horrorizado, vio que él no discriminó nada, eliminando TODA la comida de la mansión. Llegó arrastrándose por el suelo y acompañó a su amigo en su lamento.

—Mis caramelos… ¡Buaaa! Mis helados de manjar… ¡Buaaa! —lloriqueaba.

—Mis bombones de chocolate rellenos —sollozaba el otro.

Sin embargo, había alguien absorto ante toda esa escena. No, no era Saori, que parecía tener tapones en los oídos, pues seguía profundamente dormida en la pequeña e incómoda silla. Se había esforzado mucho en buscarlos, por eso estaba tan cansada.

Quien estaba ensimismada era Seika, quien se detuvo de golpe al ver la imagen de aquel intruso que desconocía. Maravillada, sus ojos brillaban como si tuvieran estrellitas, sus mejillas estaban sonrojadas y tenía una sonrisa boba adornando su rostro. Para ella, fue como ver a un súper héroe con la capa al viento. Bueno, Ikki no tenía capa, pero la imaginación de ella era productiva. Podía ver a un imponente hombre musculoso, cuyos cabellos eran impelidos por la suave brisa, con una pose victoriosa, es decir, su pie derecho sobre el enemigo derrotado, sus manos sobre sus caderas y su perfil mirando al cielo. Cuando él volteó a verla, ella se desmayó de la impresión.

Eso despertó a Seiya de su berrinche y arrastrándose hasta donde su hermana, la sacudió con fuerza para que despertara. Sin embargo, ella no estaba desmayada, solo estaba embobada.

—¡Qué hombre! —alcanzó a escuchar Seiya.

Sin entender a qué se refería su hermana, volteó hacia Ikki, viéndolo igual que siempre. De hecho, parecía más acabado de lo normal. Se veía delgado, con una incipiente barba desaliñada, la misma ropa de siempre, por lo tanto estaba bastante gastada y su pose dejaba harto que desear. Volvió a mirar a su hermana, la que seguía perdida en su fantasía… quizás el fuego la había impresionado.

—¡¿Pero qué demonios fue lo que pasó aquí?! —la voz de Tatsumi los sacó a todos de sus extraños estados—. Señorita Saori, ¿qué hace durmiendo acá afuera?

Al ver al mayordomo acercarse a ella, Shun y Seiya despertaron completamente de su trance y salieron corriendo hacia sus habitaciones. Haber perdido toda la comida y golosinas había sido suficiente sufrimiento para más encima tener que aguantar a Saori.

—¡Qué horror! ¿Qué pasó para que Ikki hiciera eso —preguntó el Pegaso, cuando ya estuvieron lo bastante lejos.

—Tú sabes cómo es él, actúa y después pregunta. Si no fuera mi hermano… —se podía ver fuego en sus ojos.

—Pero, solo eliminó lo de la cocina, supongo que tienes tus propias provisiones en tu habitación.

—Sí, al menos eso me consuela. Pero, eran mis bombones favoritos… —volvía a sollozar por el doloroso recuerdo.

Sin darse cuenta, Ikki llegó hasta su lado muy tranquilo sin ninguna muestra de arrepentimiento.

—Ya te dije, otooto. Desde hoy en adelante, yo personalmente me dedicaré a tu dieta —decía con orgullo.

—¡Jajaja! Por eso eliminaste la comida —Seiya se doblaba de la risa—. Debiste ver las "imperfecciones" de Shun ¡Jajaja!

—¡Cállate, Seiya! Mira que tú estás igual que yo o peor —Shun hablaba resentido ante su actitud poco solidaria.

—¿Qué está pasando aquí? —Seika había seguido al Fénix, viéndolo con admiración.

—Qué, al parecer estos dos niñitos, se han dedicado a comer pura basura y ahora están completamente fofos —dijo sin tapujos—. Por eso eliminé la comida y ahora los someteré a una estricta dieta —sus palabras atemorizaron a los jóvenes quienes temblaron y comenzaron a sudar frío, pero para ella fueron como una orden de su superior.

—Le harás caso en todo lo que te ordene o si no te las verás conmigo. ¿Entendiste Seiya? —le habló susurrando muy cerca de su rostro, con una mirada perturbadora, por lo que él solo asintió con temor. Luego, volteó hacia Ikki para mirarlo con una sonrisa de oreja a oreja, abrazando a su hermano—. No te preocupes, él te hará caso en todo.

A Seiya comenzó a darle escalofríos pensar en el poder que estaba ejerciendo el Fénix en su hermana. Ahora, estaba obligado a someterse a las locuras de él, ya que enfrentarse a ella estaba descartado.

—Bueno, es mejor que vayamos a dormir. Mañana comenzamos a las seis de la mañana —dijo Ikki, abrazando por los hombros a su hermano para que avanzara con él.

—¡Ya escuchaste, Seiya! —la joven le gritó. Dándose cuenta de su acción poco decorosa para una dama, puso sus manos en su boca y, luego se giró para ver a su galán con una dulce sonrisa—. Vamos, otooto, que ya debes dormir —cambio su tono de voz por una muy dulce.

El Pegaso se sentía sacado de onda. No podía entender qué había hecho Ikki para que su hermana actuara así, pero ya vería la forma de aprovecharse de eso.

Shun entró a su cuarto y justo cuando iba a cerrar su puerta para descansar al fin, Ikki lo detuvo.

—¿No pensarás dormir conmigo, también? —preguntó con sarcasmo.

—¿Tanto tiempo sin vernos y es así como me recibes? —habló dolido el Fénix—. Además, eres mi hermanito y quiero cuidarte como tal.

—¿Te pasó algo, Ikki? Es raro verte actuar así —dijo mirándolo de reojo.

—Solo quiero estar con mi pequeño hermano. Eso no tiene nada de extraño.

Agotado, Shun abrió la puerta para que entrara, rogando que no tuviera la intención de buscar sus tesoros escondidos. Con horror lo vio dirigirse justamente hacia su armario y como si en ello se le fuera la vida, corrió velozmente para llegar antes que él. Se interpuso en su camino abriendo los brazos y respirando con dificultad.

—No puedes cansarte con apenas haber corrido esa distancia, otooto. Tu problema es más terrible de lo que pensaba —Ikki se ponía una mano en su mentón, reflexionando en la terrible situación de su hermano—. Pero no te preocupes que ya estoy aquí —diciendo eso lo abrazó con cariño. Shun seguía sin entender el actuar de su hermano.

—Suéltame, Ikki —intentaba zafarse del agarre de él—. Ya no tengo seis años, por favor.

—Pero, para mí siempre los tendrás —lo miró dándole una sonrisa que le provocó un escalofrío a Shun. Era espeluznante para él pensar que su hermano se estaba tomando su papel de mayor en serio. ¿Qué sería capaz de hacer ahora? —Ah, lo olvidaba. Te traje un regalo.

Lo vio salir hacia el balcón de su habitación, el mismo lugar por el que había llegado y volver con un paquete envuelto en sus manos. Shun se sintió mal por cómo lo había tratado y, arrepentido, lo recibió. Lo palpó un poco y pudo darse cuenta de que era blandito como…

—¿Un peluche? —preguntó con un tic en el ojo.

—Sí, para mi otooto —la sonrisa de Ikki seguía provocándole escalofríos—. No sabía qué escoger, por eso te traje un tierno conejito.

—Gra-gracias —Shun ya casi no podía controlar el tic de su ojo. No podía creer que su hermano realmente lo viera como si fuera un niñito de seis años. Pero, era mejor no llevarle la contraria por ahora. Al menos eso pensó, hasta que vio al Fénix acercarse a su cama y tomar su pijama.

—Vamos, Shun, déjame ponerte el pijama.

Eso fue la gota que rebalsó el vaso de su paciencia, que extrañamente se había agotado más rápido de lo normal.

—¡Fuera de aquí, Ikki! —le dijo señalando la puerta.

—Pero, otooto…

—¡Fuera de aquí!... Ya tengo catorce años y puedo vestirme solo.

—Está bien. Vístete mientras voy al baño —dijo levantando las manos en son de paz.

Resignado, Shun soltó un suspiro de alivio al verlo entrar al baño. Se sentó en la cama a pensar un poco, pero luego se dio cuenta de era necesario cambiarse pronto antes de Ikki en verdad le pusiera el pijama.

Jajajaja —escuchó en su cabeza.

—Lo que me faltaba —habló molesto.

No me trates mal, ni-ñi-to —Hades dijo lo último con burla.

—¿Ahora tendré que soportarte a cada rato?

Me temo que sí. Es muy aburrido solo mirar, es más entretenido interactuar contigo.

—Al menos podrías ayudarme un poco… ahora ya no tendré la misma libertad —se lamentaba.

Pero, tu hermano te ayudará a solucionar tu problema. ¿Acaso no era eso lo que querías?

—Se nota que no conoces a mi hermano… Veamos si aguantas quedarte ahí dentro cuando todo esto empiece.

No me asustas con tus palabras. Aprovecho de avisarte que nunca saldré de aquí.

—Realmente hoy no es mi día —dijo resignado.

Ikki justo salía del baño, y él aún se estaba vistiendo de mala gana. Lo miró sin decir una palabra.

—De nuevo hablabas con alguien —el Fénix miraba de un lado a otro.

—Es tu imaginación... Ya, estoy vestido ¿Ahora podrás irte a tu habitación?

—No hasta que te quedes dormido. ¿Quieres que te cuente un cuento? —dijo entusiasmado.

Jajajaja, te sigue tratando como a un niñito —la risa de Hades ya se le estaba haciendo molesta.

—Ikki —le dijo suspirando —, ya no tengo seis años. Ve a dormir tranquilo, por favor.

Resignado, el Fénix se dio la vuelta y giró la perilla de la puerta. Pero, justo cuando iba a salir, volvió a caminar hacia él, y corriendo sus cabellos le dio un besito en la frente ante su mirada atónita.

—Para mí siempre serás mi pequeño hermano, no olvides eso.

Esa acción lo dejó sin palabras y dejó que Ikki terminara de hacer lo que quería. Así fue como, lo recostó en la cama, lo cubrió con las sábanas y le entregó su nuevo peluche de conejito para que durmiera con él. El Fénix realmente era de temer cuando algo se le atravesaba entre ceja y ceja.

Un estridente ruido lo despertó. Con desgano abrió un ojo y miró su celular para ver la hora, 5:30. Escuchó a su hermano que golpeaba algo, mientras gritaba: "¡A levantarse ya!" No podía creer que todo lo que recordaba que había sucedido fuera realidad y no una pesadilla. Se puso la almohada sobre la cabeza para evitar escuchar el ruido, pero aún se colaba hacia sus sensibles oídos. Impactado, sintió como sus cálidas sábanas eran arrancadas de sus manos y la voz de su hermano se escuchaba como la de un sargento.

—¡Arriba, Shun!

—Tengo sueño… quiero dormir un poco más, por favor —intentó convencerlo.

Pero las cosas no le resultaron como él esperaba. Solo alcanzó a sentir el agua que se esparcía por todo su entumecido cuerpo. Volteó su cara y pudo ver como Ikki sostenía el cubo que había vertido sobre su cama.

—¡¿Cómo se te ocurre hacerme algo así?! —le gritó.

—¡Levántate!

—No quiero.

—¡Levántate!

—¡NO!

—¡LEVÁNTATE!

—¡DIJE QUE NO!

Cansado de esa discusión sin fin, el Fénix tomó a Shun de un brazo y lo arrastró al baño.

—¿Quieres que te bañe? —preguntó con malicia.

—Pero si ya lo hiciste —le mostró todo su pijama mojado.

—Apúrate o no alcanzarás a comer nada antes del entrenamiento —dijo cortante.

Resignado y ya completamente despierto, Shun entró al baño.

Unas habitaciones más allá, Seiya vivía una situación similar. Pero, Seika era aún más de temer cuando quería lograr algo. Fue así como, en contra de la voluntad de su hermano, lo arrastró hasta el baño y lo metió a la ducha aún medio dormido, largando sobre él el agua helada. Solo pudo escucharse un escalofriante grito salir de su habitación. En unos minutos, tenía vestido a su hermano de buzo y muy bien peinado para el lado, como si le hubiesen puesto gomina. Se encontraron en el pasillo y Shun no pudo evitar reír al ver a su amigo así.

—Seika supera a mi hermano —dijo entre risas.

La aludida se acercó a él y recordando que Seiya le había dicho que aquel espectacular hombre era el hermano mayor de Shun, se atrevió a preguntarle algo importante.

—¿Cómo se llama tu hermano? —una sonrisa adornaba su rostro.

—Ikki.

—Oh. Hasta su nombre es hermoso —bajó las escaleras como flotando y a ellos les pareció ver pequeñas florecitas acompañarla en su descenso. Se miraron confundidos y caminaron derrotados hacia la cocina. ¿Qué desayunarían si el Fénix había eliminado toda la comida?

Escucharon a Tatsumi mascullar molesto y al asomarse lo vieron ojeroso ordenando algunas bolsas. Sus miradas se iluminaron al ver que él había ido de compras muy temprano, seguro que aquel supermercado que tiene abierto toda la noche. Entusiasmados se acercaron a él, dispuestos a ayudarle en lo que fuera con tal de comer algo delicioso.

—¿Te ayudamos, Tatsumi? —preguntó Shun. Eso no le pareció extraño al mayordomo.

—Gracias. Sería buena tu ayuda.

—Yo también ayudo —saltó Seiya. El mayordomo lo miró como intentando reconocerlo.

—Ah, eres tú… ¿desde cuándo te peinas como nerd?

Su pregunta descolocó tanto al Pegaso que, con rabia se sacudió el cabello para dejárselo como siempre. Lo último había sido que Tatsumi se burlara de él.

Felices comenzaron a ordenar las cosas que había comprado y con horror se dieron cuenta que nada de lo que ahí había era de su agrado.

—¿Por qué compraste estas cosas? —preguntó molesto Seiya.

—Ni me preguntes. Ikki muy temprano fue a mi cuarto, me sacó a rastras y me obligó a conducir hasta el supermercado. Él hizo todas las compras. Ni idea de qué fue lo que trajo.

Fueron colocando las cosas sobre la mesa y mirándolas se dieron cuenta de que todo era "ligth" o "diet". ¿Qué quería decir eso? Leyeron un poco más y en todos los envases decía "sin azúcar", "sin grasa", "0% colesterol". ¿Qué clase de comida era esa? ¿De dónde Ikki conocía esas cosas?

Feliz entró el Fénix por la puerta con dos grandes vasos en sus manos.

—Tomen su desayuno, que debemos comenzar en diez minutos —dijo entregándoles los vasos.

Los miraron con algo de asco, pues su contenido era bastante repulsivo.

—¿Qué es esto, nii-san?

—Tres huevos crudos con proteína de leche. El mejor desayuno para un deportista.

Ambos hicieron una mueca de náuseas tapándose la boca y alejando el vaso.

—No me voy a tomar esto. Estás loco si crees que lo haré —Seiya le dijo con molestia. Pero no contaba con la aliada del Fénix. Seika entró justo en ese momento a la cocina y solo con un gesto de su mano, el asustado Pegaso se puso el vaso en la boca y tragó el contenido lo más rápido que pudo, ante la impresionada mirada de su amigo. Tuvo que contener la respiración unos segundos para no devolver todo sobre el piso. Ikki lo miró triunfante y luego vió a su hermano, moviendo su mano para que él también se tomara el contenido.

—Vamos, Shun. No es tan terrible como se ve —Seiya no quería ser el único en beber eso tan asqueroso.

Con desconfianza, se acercó el vaso a la boca y de inmediato las ganas de vomitar se hicieron presentes.

No puedo creer que seas tan cobarde —la voz de Hades de nuevo.

—Yo no soy cobarde —dijo sin darse cuenta.

—¿Por qué dices eso? Nadie te ha tratado de cobarde, Shun —le preguntó Seika, haciendo que se sobresaltara.

Y más encima torpe.

—Ahora que lo dices… ya dos veces te he escuchado hablando solo… ¿acaso estás delirando, otooto? —Ikki se acercó poniendo su mano en su frente, preocupado.

—¡Agh! ¡Déjenme en paz! —gritó molesto.

—Bébete luego eso, entonces... —Ikki le habló serio—. Solo te estamos esperando a tí, otooto.

Cansado ya de todo, se limitó a poner aquel vaso en su boca y tapándose la nariz, se bebió el contenido lo más rápido que pudo, sintiendo las obvias náuseas en el proceso.

—Ahora que estamos listos, vamos al patio para empezar el entrenamiento —dijo Ikki con sus manos en las caderas, viéndose muy entusiasmado con la idea.

Dos sombríos jóvenes se acercaron a la puerta, con sus estómagos crujiendo de hambre, anhelando algo de estimulante azúcar.

Y eso que esto era solo el comienzo…

Continuará…


Notas finales:

El capítulo me salió más largo de lo acostumbrado, por lo que tuve que hacerlo en dos partes.

Agradezco nuevamente a quienes se han pasado por este capítulo y han aguantado hasta el final XD

Gracias también por sus comentarios… nunca pensé que lograría sacarles siquiera una sonrisa, así es que estoy súper feliz de que me lo hagan saber… :D

Espero que les haya gustado este capítulo o al menos no se hayan aburrido. Déjenme su opinión para saberlo, por favor.

Como siempre recuerden que se aceptan tomatazos y sugerencias sin reclamo de la autora ;D

Saludos, Selitte :)

PD: Próximo capítulo "Intento N°2 La dieta del Fénix, parte 2"