Disclaimer: la historia pertenece a Kirsty Moseley y los personajes a Suzanne Collins. -

Capítulo 7

Tomó un largo tiempo limpiar la casa. Alguien se había enfermado en el patio trasero así que mandé a Finnick a limpiar eso mientras yo trabajaba en la cocina, recogiendo todos los vasos y botellas vacías. Parecía que la fiesta se había salido un poco de control después de que Peeta y yo nos hubiéramos ido a la cama,y mi idiota hermano borracho no se había molestado en detenerlo.

—Ésta es la razón por la que me mantengo sobrio —declaró Peeta, arrugando su cara con desagrado al ver un jarrón lleno de orina en el alféizar de la ventana del salón.

—¿Te mantienes sobrio para evitar que las personas orinen en los ornamentos de mi mamá?—pregunté, riendo histericamente. Él asintió.

—Sorprendente pero cierto. Siempre hay alguien que no se molesta en caminar hasta el baño —bromeó, haciéndome reír aún más sonrió, haciendo que mi corazón se derrita, y Finnick entró.

—Guau, ¿en serio los acabo de escuchar riéndose de algo juntos? Es la primera vez—dijo mirando a lo que estaba sosteniendo Peeta y pestañando.

. —Será mejor que vaya a resolver esto —murmuró Peeta, caminando rápidamente. Podía notar que estaba un poco incómodo al mentirle a Finnick, pero yo estaba realmente segura que un par de semanas sería lo mejor, sólo para asegurarnos que esto era lo que ambos queríamos.

—Finn, ¿se puede quedar Johanna este fin de semana? Sus padres están fuera de la ciudad y no se quiere quedar en su casa sola —pregunté, dándole mi cara de una mueca.

—¡Ugh! Esa chica no hace nada más que coquetear conmigo, no me importaría tanto si fuera mayor, pero quiero decir, por Dios, ¡tiene la edad de mi hermana pequeña! ¡Ew! —dijo con falso estremecimiento.

—¿Así que piensas que alguien de dieciséis no debería salir con alguien de dieciocho? —pregunté, tratando se ser casual .No lo creyó, me miró con escepticismo.

—No estás interesada en nadie de dieciocho, ¿verdad? —preguntó, entrecerrando los ojos hacia mí. Vi a Peeta volver por el pasillo desde la esquina de mi ojo.

—No, estaba hablando sobre Johanna —mentí.Asintió, al parecer satisfecho.

—No, no creo que deberían. Quiero decir, ¿qué clase de persona de dieciocho años miraría a alguien de dieciséis de esa forma? —preguntó, mirando a Peeta mientras pasaba, viéndose un poco avergonzado.

—Sólo son dos años, Finn, no es la gran cosa. Sólo estás enloqueciendo porque es la misma edad que tengo yo. Sólo porque tú no saldrías con alguien de mi edad,no quiere decir que otros chicos se sientan de la misma manera, ¿cierto, Peeta? — respondí, todavía tratando de sonar casual a pesar de que mi voz se quebró un poco cuando dije el nombre de Peeta.

—Cierto. Conozco a muchas chicas de dieciséis que están bien calientes —respondió Peeta, guiñándome un ojo detrás de la espalda de mi hermano.

—Sí, ¡pero tú no puedes salir con ninguna de ellas! —gruñó Finn, girándose para mirarlo y golpeándolo en la nuca mientras pasaba.

Me encontré con la mirada de Peeta y estaba un poco sorprendido. Guau, Finnick de verdad sabía que le gustaba, y al parecer estaba muy en contra a la idea de nosotros estando juntos. Esto podría ser incluso más complicado de lo que pensé.

Johanna llegó aproximadamente una hora más tarde.

—Hola Finnick, hola Peeta —ronroneó mientras entraba, dándoles a ambos una sonrisa coqueta. Vi a Peeta reírse en voz baja mientras que sonreía de vuelta.

—Hola, Johanna —sonrió Finn, dándole un guiño coqueto. Realmente no se estaba ayudando, si quería que ella lo deje en paz, entonces, ¿por qué animarla?

—Vamos, dejemos a los gigolós solos —bromeé mientras agarraba su mano y la arrastraba a mi habitación.

Vi a Peeta sonreírme por la esquina de mi ojo y me ahogué con una carcajada.

—No puedo creer que voy a pasar todo el fin de semana aquí contigo y tu hermano. ¿Piensas que Peeta se quedará también? —preguntó con sus ojos brillando.

—No lo sé, tal vez deberías preguntarle. —Sonreí un poco incómoda. Podía imaginarla coqueteando con Peeta justo en frente de mí; no estaba segura acerca de cómo me voy a sentir al respecto. Dejó caer sus cosas en el piso y se tiró en mi cama. De repente se dio vuelta y agarró mi almohada frunciéndole el ceño, se veía confundida.

—Katniss, ¿por qué tu almohada huele a colonia?

Podía sentir mis nervios burbujeando.

—Eh... bueno, yo...eh... ¡Oh! Se la presté a Peeta cuando se quedó aquí, así que debe oler a él —mentí, tropezando con las palabras. Enterró su cara en la almohada.

—Mmm, voy a dormir con ésta esta noche —declaró, apretando la almohada. Me atraganté con la risa

.—Como sea, Jo. Comamos, estoy muriéndome de hambre. —Me empujé fuera de la cama y caminé hacia la puerta así podíamos pedir la comida.

—¡Tengo esto! —gorjeó, agitando un DVD frente a mi cara. Incluso la cubierta me asustó demasiado. Rodé los ojos y caminé a la sala, dejándome caer en el sofá junto a Peeta. Él puso su mano en el sofá junto a la mía y discretamente frotó su meñique contra el mío cuando nadie estaba mirando.

—¿Pediste la comida, Finnick? —le pregunté, poniéndome de lado en el sofá para que mi rodilla toque el muslo de Peeta. Vi una sonrisa asomarse en la comisura de su boca.

—Sip, hecho. Estará aquí en diez —dijo moviéndose en el otro sofá unos centímetros porque Johanna prácticamente se había sentado sobre su regazo.

—Así que, Peeta, ¿tu lindo trasero se quedará esta noche aquí también? Soy más que feliz de compartir mi cama si quieres. Capaz que esté asustada de la película,tal vez necesita a alguien que me haga sentir mejor en la noche —ronroneó Johanna seductoramente.

Lo sentí cambiar su peso más cerca de mí por lo que mi pierna estaba sobre la de él aún más.

—Nop, no puedo. Estoy ocupado esta noche. Vas a tener que arreglártelas sin mí.—Se encogió de hombros y apartó la mirada hacia el televisor.

—Oh, bueno. Tendrás que ser sólo tu entonces, Finnick, si estás interesado —ronroneó.

No escuché su respuesta, mis oídos habían comenzado a sonar. En realidad comencé a sentir celos. Era la primera vez que había sentido algo como esto,quería pararme y gritarle a mi mejor amiga que deje a Peeta en paz. Estallé en risas y mordí mi labio para detenerme. Todos me miraron como si estuviera loca.

—¿Qué? —preguntó confundido Finn

.Sacudí la cabeza, sonriendo.

—Nada, sólo pensé en un chiste gracioso eso es todo —mentí levantándome—.¿Alguien quiere algo para tomar? —ofrecí, necesitando cambiar de tema.

Todos dijeron que sí, así que me dirigí a la nevera y agarré cuatro latas de Pepsi. Mientras cerraba la puerta, Peeta me agarró desde atrás y me hizo girar para mirarlo. Estaba parado tan cerca que podía sentir su respiración golpeándome en la cara.

—Ya te extraño —susurró, besándome suavemente. Tiré mis brazos alrededor de su cuello y lo empujé hacia mí, profundizando el beso y enredando mis manos en su cabello. Dio un paso hacia adelante haciéndome ir hacia atrás, así que mi espalda estaba contra la nevera mientras que él empujaba su cuerpo contra el mío—.

Creo que simplemente deberíamos hablar con tu hermano ahora —murmuró mientras se alejaba un par de minutos más tarde. Negué con la cabeza, mirándolo suplicante.

—No, sólo un par de semanas, es todo lo que pido. Esbozó una pequeña sonrisa.

—Está bien, como quieras. ¿Pero puedes hacer que tu amiga deje de coquetear conmigo? Dile que estoy tomado. Mi respiración se atoró en mi garganta con sus palabras.

—¿Estás tomado? —pregunté tímidamente. Me besó de nuevo, dándole a mi cuerpo un hormigueo y haciendo que anhele por más.

—Definitivamente estoy tomado, si tú me quieres tener —contestó, mirándome fijamente a los ojos. Por dentro estaba saltando de alegría, mi corazón latía tan rápido que casi lo podía escuchar en mis oídos, pero mi cabeza todavía me decía que sea cuidadosa.

—Te tengo si tú me tienes —negocié.Me dio una sonrisa maliciosa.

—Absolutamente. Cuando estés lista, te tendré todo el tiempo —dijo sugestivamente, meneando las cejas hacia mí. Jadeé y lo golpeé en el hombro,haciéndolo reír

—. Oh, vamos, estoy autorizado a decirte comentarios cachondos ahora, ¿verdad? Quiero decir, eres mi novia así que tengo que usar mis mejores movimientos contigo —dijo, fingiendo estar herido.¿Me acababa de llamar su novia? Mi corazón se derritió con el sonido de esa palabra saliendo de su boca.—Dilo otra vez —susurré, tirándolo más cerca de mí.

—¿Estoy autorizado a decirte comentarios cachondos? —preguntó, luciendo un poco confundido. Negué con la cabeza.

—No, eso no. La siguiente parte —murmuré, poniendo mi boca a pulgadas de la suya.

—¿Eres mi novia? —preguntó. Asentí, con la respiración entrecortada, su sonido me hizo sentir como si estuviera volando, honestamente no podía recordar la última vez que estuve así de feliz. Él sonrió.

—. Eres mi novia, Ángel —ronroneó seductoramente, besando ligeramente mis labios—.

Mi chica. —Me besó de nuevo—. La única que quiero. —Me besó otra vez, ésta vez no lo dejé retirarse,sostuve su cabeza contra la mía y lo besé apasionadamente, haciéndolo gemir suavemente y que me sostenga aún más cerca de él.

De pronto, saltó lejos de mí y se movió hacia el costado. Lo miré confundida, ¿había hecho algo mal?Justo entonces, Finnick dobló la esquina, dándome una expresión severa.

—Tienes que hablar con tu amiga, en serio, ¡me acaba de agarrar el pene! —me susurró casi gritando. Peeta y yo estallamos en risas al mismo tiempo. El timbre sonó y corrí a atenderlo, necesitando salir de la habitación, realmente no me gustaba estar alrededor de los dos juntos, era un poco incómodo.

Después de la comida,Johanna puso la estúpida película de terror. Me senté junto a Peeta, lo que significó que Finnick se tuvo que sentar junto a Johanna en el otro sofá —evidentemente fastidiado.

La película fue horrible; Peeta colgó su brazo casualmente sobre el respaldo del sofá y estuvo jugando con mi cabello discretamente, lo que la hizo un poco más soportable. Hacia la mitad honestamente estaba tan asustada que me deslicé justo al lado de Peetay enterré mi cabeza en su pecho. Podía sentir a Finnick lanzando dagas hacia nosotros, pero no lo pude evitar. Para el momento en el que terminó, casi estaba en su regazo, para su diversión.

Podía ver el bulto formándose en sus jeans a pesar de que puso su brazo sobre él para cubrirlo rápidamente. Me sonrojé levemente, sabiendo que había provocado eso, porque se sentía atraído a mí y yo estaba saltando sobre él. Mi mente volvió a todas las veces que había estado excitado cerca de mí antes, en la cama o bailando, y me pregunté cuántas de ellas fueron causadas por atracción.

Me mordí el labio,tal vez le preguntaría en otro momento. Finalmente la estúpida película de zombies había terminado y suspiré de alivio.

—Eso fue impresionante —gorjeó Johanna, sonriendo.

—Sip, la mejor película que he visto en años —estuvo de acuerdo Peeta con una sonrisa, sabía que lo decía porque estuve sentada sobre él.

—¡La odié! ¿Cómo pueden decir que estuvo buena? Quiero decir, cielos, son personas muertas que comen personas vivas y también las convierten en zombies comedores de carne. Y ahora tengo que ir al baño, ¡y tengo miedo de ir sola! —me quejé, poniéndome de pie y haciendo pucheros. ¿Por qué había visto la estúpida película de todos modos? ¡Sabía que me asustaría!Los tres se rieron de mí, pero Peeta se paró.

—Iré contigo y revisaré el baño por aterradores no muertos antes de que entres,¿qué te parece? —ofreció, inclinando la cabeza hacia el baño en el corredor,sonriendo.

—¿Revisarías mi habitación también? ¿Y mi baño? —pregunté esperanzada. Se rió,obviamente pensó que estaba bromeando—.

No estoy bromeando, Peeta.

—Lo que tú quieras, Ángel —estuvo de acuerdo, sonriendo y siguiéndome por el pasillo. Me detuve fuera de la puerta del baño y esperé que él entrara primero. Salió un minuto después, riéndose entre dientes

—. Es una zona libre de zombies —dijo, sacudiendo la cabeza y sonriéndome.

—Gracias —murmuré, sonrojándome y sintiéndome como una niña pequeña. Medirigí al baño, dejando la puerta sin cerrar en caso de que necesitara salir de allí rápido. Sabía que estaba siendo estúpida pero simplemente no podía evitarlo. Lavé mis manos, salí y lo vi inclinado contra la pared esperándome, lo que me hizo sonreír.

—Pensé que sería mejor esperarte. Nunca sabes qué podría estar al acecho en un pasillo oscuro —dijo, mirando alrededor lentamente con los ojos muy abiertos. Mi corazón saltó a mi garganta mientras me tiraba hacia él, envolviendo mis brazos alrededor de su cintura con fuerza y enterrando mi cara a un lado de su cuello. Él río

—. Sip, ¡la mejor película! —declaró, poniendo sus brazos alrededor de mí caminando por el pasillo hacia el salón. Antes de doblar la esquina se apartó y me besó suavemente en los labios.

—¿En serio? ¿Lo hiciste esperar afuera de la puerta? Eso es bajo, Kat. Espero que por lo menos hayas cerrado la puerta esta vez —se burló mientras me í.

—Sip, cerré la puerta, no creí que quisiera escuchar —confirmé, riéndome—.

¿Quéles parece jugar a la Wii? —sugerí, tratando de cambiar el tema de mi fobia a los zombies. Todos asintieron así que Finnick lo preparó. Se decidieron por deportes así que Peeta y Finnick jugaron al de boxeo primero. Johanna se movió para sentarse a mi lado, los dos chicos estaban parados y jugando en frente nuestro.

—Mmm, simplemente no puedo decidir cuál de los dos tiene el trasero más lindo.¿Qué piensas? —dijo Johanna en voz baja pero lo suficientemente alto para que los chicos escucharan.

—¡Ew! En serio, ¿qué está mal contigo? ¡Es mi hermano! —grité, temblando.

—Sólo uno de ellos es tu hermano, Katniss, el otro es en serio malditamente caliente. Y creo que tiene una debilidad por ti —susurró demasiado alto otra vez,haciéndome temblar .Vi a Finnick lanzar una mirada de muerte a Peeta que se veía como si estuviera pretendiendo que no pudiera escuchar.

—Claro, sí, está bien —contesté sarcásticamente, haciendo girar los ojos—.

Vamos,apúrense, quiero jugar —me quejé, tratando de cambiar de tema. Johanna realmente no tenía idea de qué tan cerca estaba.

—Aquí, Ángel, puedes tomar mi turno. Será mejor que me vaya de todos modos, es casi medianoche, mis padres se deben estar preguntando dónde estoy —dijo Peeta sosteniendo el control hacia mí. Johanna saltó y lo agarró, sonriendo y asintiendo hacia mi hermano, señalando que quería jugar con él.

—Peeta, ¿revisarías mi habitación antes de irte? —pregunté, sintiéndome patética y como un niño pequeño asustado. Sonrió pero no se rió de mí, lo que me pareció sorprendente.

—¡Oh, está bien! —forzó un suspiro, con sus ojos divertidos. Por su mirada, en realidad le gustaba el hecho que le estuviera pidiendo que hiciera esto, quizás le gustaba ser todo protector o algo, quizás lo hacía sentir necesitado.

Marchó a mi habitación, me paré y lo seguí después de unos segundos. Cerré mi puerta silenciosamente, y me incliné contra ella. Lo miré mientras que en realidad caminaba por mi habitación, mirando bajo la cama y en el armario, antes de dirigirse a mi baño. Mientras caminaba de vuelta a la habitación, sus ojos aterrizaron en mí, honestamente no sabía que estaba allí podía decir por su cara sorprendida. Bendito sea, mi novio en realidad había revisado mi habitación completa por zombies. Mi corazón se saltó un latido al pensar en él siendo mi novio.

—Hola —ronroneé seductoramente mientras caminaba hacia mi cama y me sentaba.—

Hola —contestó con una pequeña sonrisa. No hizo ningún movimiento para acercarse; creo que estaba tratando de no apurarme. Di unas palmaditas a la cama junto a mí y con entusiasmo trotó hasta mí y se sentó.—

Gracias por revisar mi habitación —susurré, jugando con el cuello de su remera,pasando mi dedo por su piel por allí.

—En cualquier momento. Siento que no voy a estar aquí para ti esta noche. Trata de no tener demasiadas pesadillas, ¿está bien? —Me miró con ojos tristes, ambos sabíamos que tendría pesadillas sin él aquí.

Me arrodillé y me moví hacia él, lanzando la pierna por encima de la suya así estoy sentada en su regazo, a horcajadas sobre él. Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y miró en esos hermosos ojos azules. Parecía un poco desconcertado, pero sus ojos bailaban con entusiasmo.

—Siento que Johanna se vaya a quedar otra vez. Realmente voy a extrañar estar medio aplastada a muerte en la noche —bromeé. Lo dije como una broma, pero para ser honestos, realmente iba a extrañarlo esta noche.

—Bueno, realmente voy a extrañar medio aplastarte a muerte —bromeó, frotando sus manos en mi espalda.

—Trata de dormir un poco esta noche, ¿de acuerdo? —supliqué. Realmente odiaba cuando se quedaba sin dormir, me hacia sentir culpable porque él sólo empezó adormir acá, en primer lugar para consolarme y ahora se quedó atrapado con eso.

—Lo voy a intentar.

De repente tuve ganas de darle un beso y tal vez burlarme de él un poco, pero me daba miedo hacerlo. Bien, simplemente hazlo, Katniss, ¿qué es lo peor que podía pasar? Es Peeta; se detendrá si se lo pides.

—Tal vez te podría darle un poco de algo para soñar. ¿Te parece que eso te ayudaría? —le pregunté, mordiéndome los labios y levantando mis cejas. Me miró con una expresión un poco insegura; obviamente no estaba esperando tanto contacto físico tan pronto. Me di cuenta por el bulto en sus pantalones vaqueros presionando entre mis piernas que él quería el contacto físico, pero también me di cuenta de que me dejaba hacer los primeros movimientos.

—Puede ser que ayude —dijo con voz ronca, haciendo que mi cuerpo cosquillee y mi piel se caliente.

Me incliné hacia adelante y lo besé con pasión, hizo un pequeño gemido mientras deslizaba su lengua en mi boca. Le pasé las manos por el pelo, amando la sensación de suavidad de el en mis dedos. No hizo ningún otro movimiento, solo me besó, pero yo quería un poco más, así que empuje sus hombros, haciendo que se acostara así yo estuviera encima de él. Le pasé mis manos por el pecho y metí la mano bajo su camiseta, siguiendo su escultural abdomen, haciéndolo temblar ligeramente. Me rodó por lo que estaba debajo de él, rompió el beso y me miró, nuestras miradas se encontraron tratando de frenar nuestra respiración.

Agarré su camiseta y las subí por sobre su cabeza, haciendo que parara de respirar por completo. Bajé la vista hacia su pecho. Realmente era hermoso; recorrí con mis dedos hacia abajo, maravillándome de que este chico quería estar conmigo. Todavía no se había movido, sólo se cernía sobre mí, mirando sin saber qué hacer, así que puse mis manos en su cuello de nuevo y tiré de él hacia abajo para que me bese. Me devolvió el beso con entusiasmo. El beso se estaba calentando; sólo lo dejo para besarme en la mejilla bajando por mi cuello. Sus manos se movieron lentamente hacia mi estómago y se deslizaron debajo de mi top, rozando con sus dedos la piel de ahí. Continuó besándome hacia abajo sobre el top hasta que llegó a mi estómago luego subió el top y comenzó a besar mi piel. Sentí su lengua recorriendo el camino justo debajo de mi ombligo haciéndome gemir. Estaba teniendo una sensación en mi interior que era como un dolor ardiente pero traté de no pensar en ello, la sensación asustaba la vida fuera de mí. Me empujó el top ligeramente más arriba y lo sentí besarme el material de la parte de más baja mi sujetador. Todavía estaba de acuerdo con esto; estaba disfrutándolo mucho más de lo que pensé que haría.

Pensé que esto sólo le daría algo para soñar, pero tenía la sensación de que lo volvería revisar esta noche también. Mi top se levantó un poco más alto y lo escuché gemir suavemente mientras exponía completamente mi sujetador. Su mano se deslizó arriba de mi estómago y suavemente pasó la mano sobre uno de mis pechos, sólo una vez,antes moverse lejos como si estuviese esperando que lo detenga. Cuando no dije nada, puso su mano devuelta ahí y tomó mi pecho. Gemí de nuevo. Se sentía tan bien tenerlo tocándome; llevó su boca devuelta a la mía y me besó con ternura,todavía masajeando mis pechos gentilmente.

Podía sentir su erección presionando en mi muslo y empecé a ponerme un poco nerviosa porque esto se estaba poniendo demasiado caliente, demasiado rápido.¡Oh Dios, necesito parar! Rompí el beso.

—Peeta —dije sin aliento. Sus ojos fueron a los míos de golpe y sacó sus manos de encima de mí,empujándose a sí mismo arriba por lo que estaba flotando por encima de mí, sin tocarme aparte de nuestras piernas entrelazadas.

—¿Paro? —preguntó, su voz sonaba ronca y llena de lujuria. Tragué saliva y asentí. Él inmediatamente se apartó de mí por completo y se sentó en el borde de la cama, poniéndose su camiseta. Me senté, sonrojándome, sintiéndome estúpida y como una niña pequeña. ¡Vaya,ni siquiera permití que me sacara el top!

—Lo siento —murmuré, sin mirarlo.

—Ángel, no necesitas lamentarlo. Nosotros no teníamos que hacer eso. Te lo dije,lo que quieras. No voy a decir que no me gusto esto, porque eso sería una mentira. Esa fue la cosa más malditamente caliente que me ha sucedido —dijo,encogiéndose de hombros. Me reí de esa declaración.

—¿La cosa más caliente que alguna vez te haya sucedido? Sí claro, probablemente has dormido con más de un centenar de diferentes chicas y habrás hecho quien sabe que con ellas y a ellas, y ni siquiera me sacaste mi top antes de que me asustará —dije sarcásticamente, sintiéndome como una idiota. Él no necesitaba mentirme para hacerme sentir mejor.

—Ángel, confía en mí esta fue la cosa más caliente que me haya sucedido. Solo vos,me haces sentir diferente. Incluso besarte es diferente, es mil veces mejor que cualquier cosa que haya sentido antes. Haces que mi cuerpo que me en todas las partes en donde me tocas. No puedo explicarlo. —Frunció el ceño y sacudió la cabeza como si estuviera molesto consigo mismo por no tener las palabras correctas.

—Sé lo que quieres decir. —Sonreí, besándolo suavemente en los labios. Me sonrió.

—Ahora es cuando se supone que me decís que esto fue la cosa más caliente para ti también —bromeó, sabiendo que no había besado a nadie más que a él y a ese idiota que me beso en la fiesta. Fingí pensar en ello durante unos segundos.

—He tenido mejores .Se echó a reír.

—Sí, apuesto a que lo has tenido —respondió, moviendo la cabeza con diversión. Le sonreí y suspiró—. Creo que será mejor que me vaya. Gracias por hoy; tuve realmente un buen rato contigo. Duerme tranquila, bien. Oh y por cierto, esto que acabamos de hacer se suponía que me ayudara a dormir, bueno, no creo que vaya a tener el efecto deseado. Creo que en realidad va a mantenerme despierto toda la noche pensando en ello —dijo, trazando con su dedo mi pó reí.

—A mi también —admití, haciéndolo reír también. Se levantó y me tendió su mano, la tomé y me ayudó a levantarme, caminamos por el pasillo agarrados de las manos. Se detuvo en la esquina y me besó en la frente antes de suspirar y soltar mi mano.

—Correcto, chicos, me voy. Los veré mañana —dijo Peeta, mientras caminaba hacia la puerta de entrada.

—Sí, te veo —respondieron ambos, todavía concentrados en su juego de tenis en la televisión.

Peeta me sonrió desde la puerta pero era obligado, sabía que casi le hacía daño irse, le sonreí en respuesta y él cierra la puerta. En el momento en que la puerta se cerró mi corazón se hundió. La idea de tener que pasar dos noches en mi cama sin él me hace sentir un poco enferma; habría sido horrible aunque no estuviéramos juntos, pero ahora en realidad se sentía como una tortura. Suspiré y volví al sofá para mirar a Finnick patear el trasero de Johanna en la Wii. Esa noche fue terrible.

Me fui a la cama aterrorizada de los zombies, e incluso cuando me dormí, me puse a soñar con mi padre. No había soñado con él desdehace más de cinco meses. Los últimos sueños que tuve fueron de cuando Johanna y Clove se quedaron por mi cumpleaños. Como las chicas estaban acá, Peeta tuvo que permanecer lejos, y había despertado a toda la casa con mis gritos. Mi sueño esta noche era malo.

Finnick tenía once años y yo nueve. Estábamos jugando en el patio para salir de la casa porque mi padre quería para ver algunos partidos de fútbol en el televisor. Había estado bebiendo toda la tarde lo que lo hacía aún más temperamental. Finnick y yo estábamos jugando con su nueva pelota de fútbol que él había conseguido para su cumpleaños un par de semanas antes.

Se suponía que no podíamos jugar con ella en el patio, sólo en el parque, pero Finnick quería mostrarme un nuevo truco que había aprendido. Le estaba dando rodillazos a la pelota para mantenerla en el aire; yo me estaba riendo y contando las veces que él podía hacerlo, estando toda orgullosa de mi hermano mayor. Él perdió el control de la misma, y en lugar de dejarla caer en el piso, trató de salvarla a patadas

. La pelota voló por el aire y golpeó la ventana. Por suerte, no se rompió, pero sí hizo un gran estruendo. Los dos nos dimos vuelta y miramos a la puerta, esperando. Unos diez segundos después, se abrió la puerta y mi padre nos hizo señas para que entremos.

—Trae la pelota —dijo entre dientes.

Su rostro estaba criminalmente enojado,haciéndome congelarme. Finnick me agarró la mano y me obligó a ponerme atrás de él mientras entrábamos, agarrando la pelota con la otra mano. Mi padre cerró la puerta fuertemente, haciéndome saltar y llorar. Finnick agarró mi mano más apretada.

—¿Quién pateó la pelota? —preguntó mi padre desagradablemente.

—Yo lo hice. Lo siento, papá. Fue un accidente —susurró Finnick, mirándolo en tono de disculpa.

Mi padre tomó la pelota en sus manos y la puso sobre el mostrador, y luego golpeó a Finnick con tanta fuerza en el estómago que él realmente se despegó del piso ligeramente. Puse mis manos sobre mi boca para ahogar el grito que amenazaba con salir de mí. Levantó el puño le golpeó de nuevo, así que le agarre la mano para detenerlo. Se dio vuelta hacia mí y me golpeó duro, enviándo me volando hacia la pared, golpeando mi cabeza.

Podía sentir que algo corría por el costado de mi cara; mi visión era un poco borrosa. Se dio vuelta de nuevo hacia Finnick, golpeándolo de nuevo. No sólo lo hizo una vez,él lo golpeó una y otra vez, en el estómago y los muslos hasta que Finnick estaba llorando en el piso. Le estaba rogando que se detuviera. Él me agarró del brazo y me tiró hacia arriba, agarrando un cuchillo de la encimera. No podía respirar. Finnick le gritó que me dejara en paz y se levantó del suelo, el dolor por la paliza que acababa de recibir se extendía por su cara. Mi padre le dio un puñetazo en la mandíbula, enviándolo al piso otra vez.

—Está bien. Córtame, hazlo. ¡Solo por favor, no golpees más a Finnick, por favor! —supliqué, llorando y mirando a mi padre suplicante. Sorprendentemente, puso el cuchillo en mi mano. Tuve el impulso de apuñalarlo con él, pero me tenía agarrada mi muñeca, así que no podía. Agarró la pelota de Finnick del mostrador y la sostuvo quieta.

—Explótala —ordenó.

Negué con la cabeza rápidamente. A Finnick le encantaba esa pelota, era su regalo de cumpleaños de mí parte, había ahorrado mi asignación de dos meses para comprarlo para él.

Explótala — repetía con su voz fría.

Podía oler el alcohol en su aliento, ya que soplaba a través de mi cara; el olor me revolvió el estómago.Él agarró mi muñeca y me hizo meter el cuchillo profundamente en la pelota de cuero. Lloré. Él me soltó mi mano, tomando el cuchillo y tirándolo rudamente en el fregadero antes de marcharse a la sala de estar para ver el resto de su partido como si nada hubiera pasado. Miré a Finnick; él estaba sentado en el piso casi sin poder respirar. Se veía horrible. Corrí hacia él y se sentó, tomando una toalla de cocina y presionándola en mi cabeza donde me había golpeado, mordiéndose los labios para detener su llanto.

—Kat, lo siento mucho. ¿Estás bien? —graznó, su voz apenas un susurro.

El estúpido chico estaba luchando por respirar ¿y me estaba preguntando si yo estaba bien? ¡Por Dios, realmente tenía el mejor hermano del mundo!

Me desperté sobresaltada. Estaba llorando, llorando tan fuerte que apenas podía respirar. Me limpié la cara con las manos temblorosas, mientras miraba al reloj;eran casi las cuatro y media de la mañana. Me acerqué a abrazar a Peeta, pero él no estaba ahí, estaba en su propia casa. ¡Oh Dios, lo necesito! Agarré mi celular y me escapé de la habitación a la sala de estar.

Estas despierto?

Le mande un mensaje. Esperando que si estaba dormido, no lo escuchara, no quería despertarlo si realmente había logrado dormir esta de inmediato, mi teléfono sonó.

—Ángel, ¿estás bien? —me preguntó en cuanto respondí. Seguía llorando, no pude frenar mi respiración, mis manos estaban temblando violentamente

.—No —gruñí.

—Voy para allá. ¿Puedo ir por el frente? —Lo escuché deslizar su ventana abriéndola y el viento que soplaba por el teléfono.

—Sí —lloré.

Fui a la puerta principal y la abrí, esperando parada ahí por él. Estuve ahí sólo por unos segundos antes de que él corriera dando vuelta en la esquina y me agarrara en un abrazo, levantándome cuando entró en la casa. Envolví mis piernas alrededor de su cintura y me agarré fuerte alrededor de su cuello.

Él inmediatamente apretó los labios en mi cuello, respirando hacia abajo por mi espalda y hombros hasta que mi cuerpo se relajó. Nos trasladó a la sala de estar y se sentó en el borde del sofá, todavía abrazándome con su boca en mi cuello. Cuando me calme me retiré para poder mirar su cara de preocupación.

—¿Zombies? —preguntó, viéndose un poco esperanzado.

Negué con la cabeza y su cara cayó, se veía tan triste pero rápidamente se convirtió en enojo, estaba tan enfadado que parecía que una vena de su frente iba a estallar. Sólo lo abracé de nuevo sin hablar; él sabía que había soñado con mi padre, no tenía necesidad de pregunta

—¿Quieres hablar de ello? —preguntó un par de minutos más tarde,acariciando mi espalda, con dulzura.

—No. —Mi voz ronca de tanto llorar. Asintió y siguió frotando mi espalda.

— ¿Te desperté, Peeta? —pregunté, de repente sintiéndome culpable por haberlo hecho venir todo el camino hasta acá a las cuatro y media de la mañana.

—No, Ángel. No podía dormir —dijo en voz baja. Me reí.

—¿El beso no sirvió entonces? —bromeé, sintiéndome mejor ahora que estaba acá.

—No, sabía que tendría el efecto contrario —respondió, sonriendo. Le sonreí con tristeza.

—¿Quieres quedarte conmigo por un rato? Podría poner la alarma de mi teléfono. Podríamos dormir en el sofá —sugerí.

Él sonrió y nos acostó lado a lado; agarré mi celular y fui a través de la pantalla del menú hasta que llegué a la función de alarma.

—¿A qué hora la fijo? —le pregunté, mordiéndome el labio,preguntándome a qué hora se levantaría Finnick, probablemente no antes de las diez en domingo.

—¿Qué hay de la siete y media? —sugirió, tirando de mí hacia él.

Programé la alarma y puse el teléfono en el piso al que podía llegar fácilmente. Él doblo su pierna sobre la mía y envolvió sus brazos fuertemente a mi alrededor, nuestras narices casi se tocaban. Sonreí y le dí un ligero beso.

—Buenas noches, Peeta. —Cerré los ojos y suspiré con satisfacción, sintiéndome a salvo y segura en sus brazos.

—Buenas noches, mi hermosa novia —susurró, besando mi sonreí por lo dulce que era, y caí en un sueño sin sueños dentro de minutos.

Aquí tienen este nuevo capítulo.

Perdón por no haber publicado antes, pero me confundí y pensé que ya lo había publicado. Prometo publicar mas seguido a partir del martes porque ya voy a estar libre de tantos exámenes :)

Les quiero agradecer a todos los lectores y mas que nada a todos aquellos que me dejan unos hermosos review y me hacen inmensamente feliz!

Nos vemos pronto!

Besos

Cynthia