Disclaimer: la historia pertenece a Kirsty Moseley y los personajes a Suzanne Collins.
Capítulo 10
¿Qué mierda es esto?—escuché a Finnick bramar cerca.
Abrí mis ojos y lo miré. Su cara estaba de un rojo brillante y lucía criminalmente molesto.
—¡Finnick no tan alto vas hacer sangrar mis oídos! ¿Qué pasa? —pregunté,sentándome. Pero tan pronto como me moví, me di cuenta que estaba mal. Aún estaba en el sofá con Peeta. ¡Oh no! salté rápidamente y miré a Peeta, quien tenía su boca colgando abierta, luciendo completamente en shock.
Está bien, necesitaba salvar la situación rápidamente.
—¡Maldita sea Peeta! ¡Puaj! ¿Tenías tus manos sobre mí? —grité, pretendiendo estremecerme en horror. Finnick me miró, su rostro aún enojado, pero parecía ligeramente confundido ahora.
—Yo… er… no… ¿Qué? —Peeta balbuceó.
—¿Qué demonios estabas haciendo con él, Katniss? — gruñó molesto,apuntando a Peeta quien se veía confundido a este punto.
—Debí haberme quedado dormida, supongo —fruncí el ceño, agitando mi cabeza como si estuviera confundida también.
—¿Quedarte dormida? Bueno, ¿qué estabas haciendo con él, en primer lugar? —pregunto, lanzándole a Peeta otra mirada asesina, antes de volverse hacia mí.¡Bien, vamos, piensa! Oh lo tengo; ¡él tendrá que aceptar esto!
—Tuve un mal sueño, Finnick —murmuré, mirando al suelo, y pretendiendo estar alterada. Jadeó y envolvió sus brazos a mí alrededor, instantáneamente, poniendo su barbilla en lo alto de mi cabeza.
—Oh mierda, Katniss. Está bien —susurró, balanceándome ligeramente.
—Estaba alterada y pensé que estabas aquí afuera, pero no estabas. Peeta me consoló, eso es todo. Debimos habernos quedado dormidos —susurré,sintiéndome culpable de que estaba mintiendo. En verdad no estaba lista para que supiera aún, especialmente después de la forma en la que estaba mirando a Peeta.
—Lo siento, solo pensé… bueno, olvídalo —Finnick murmuró, tirando de vuelta para mirarme.
— ¿Estás bien? —asentí, mordiendo mi labio para tratar y aliviar algo de la culpa que sentía. Miró por encima hacia Peeta.
— Lo siento, hombre, salte a conclusiones y er… gracias por cuidar de mi hermana.
Peeta se veía realmente incómodo y me dio una mirada; le di una expresión suplicante, rogándole con mis ojos que no dijera nada.
—Sí, no hay problema —se encogió de hombros, frotando una mano a través de su desordenado cabello de cama.Rápidamente salí del agarre de Finnick.
—Me voy a ir y me cambiaré para ir a la escuela. ¿De cualquier manera que hora es? —pregunté, mirando alrededor buscando mi teléfono celular. ¿Por qué no había sonado la maldita alarma?
—Aún no son las seis, Katniss. Me desperté temprano —se encogió de hombros.
—Bien, entonces voy por algo de desayuno antes de darme una ducha. Er… gracias,Peeta, por anoche —dije, ruborizándome y dándole una pequeña sonrisa.
—Definitivamente fue un placer, Ángel. —me guiñó un ojo, sonriendo felizmente. Finnick lo golpeó en la parte trasera de su cabeza, haciéndolo estremecerse.
—¡Hermana menor! —señaló, rodando su ojos y pisando fuerte, dirigiéndose a la cocina, dejándonos a Peeta y a mí en la sala.
Una vez Finnick se había ido, Peeta me miró.
—No me gusta tener que mentirle a tu hermano, Ángel —susurró, frunciendo el ceño.
—Lo sé, pero sólo un par de semanas, ¿por favor? —rogué, besándolo rápidamente en los labios y volviendo a correr en dirección a la cocina. Tomó mi mano y me llevó de nuevo hacia él, besándome otra vez, antes de que me diera una de sus hermosas sonrisas.
Casi iba dando saltitos a la cocina porque estaba tan feliz. Finnick tenía una tostada, así que hice dos cuencos de mi cereal favorito, uno para mí y otro para Peeta.
Los lleve a la sala y le entregué una, antes de dejarme caer en el suelo junto al sofá.
—Er... gracias por esto, Ángel, pero no me gusta el Coco Pops —dijo, moviendo su nariz hacia el fruncí el ceño, confundida. Siempre estaba comiendo mi cereal. Cada día tenía un plato de Coco Pops.
—Claro que sí, te lo comes todos los días —me miró como si hubiera perdido la cabeza; ¿pensaba que era estúpida o algo así?Se echó a reír y sacudió la cabeza.
—No, no lo hago. Hago un plato cada día y pretendo comerlo, antes de que vengas y me lo arrebates —dijo con una sonrisa sexy y ojos divertidos.
—¿Por qué diablos harías un plato y pretender comerlo? ¿Te gusta hacerme enojar? —le pregunté, molesta.
—No, Ángel. Me gusta hacerte el desayuno —dijo simplemente. Di un grito ahogado ante la revelación. ¿Los hizo por mí?
—¿Los haces para mí? ¿Todos los días? —pregunté, boca abierta, sorprendida de que había sido tan dulce y nunca me había dado cuenta. Cada día venía y le hacia algún comentario desagradable acerca de él comiendo en mi casa y que dejara en paz mi cereal, ¿y todo este tiempo lo hacía para mí? Por Dios, ¡eso es tan jodidamente dulce!.
Se encogió de hombros como si fuera nada. Todo este tiempo pensé que era un idiota, ¡cuando en realidad estaba siendo amable conmigo!.
Finnick entró entonces, así que no podía decir nada. Engullí mi desayuno y prácticamente corrí a mi habitación, tomé mi celular y le envié un mensaje de texto ya que no podía hablar con él:
"¡Gracias, eso es muy dulce! Nunca me di cuenta de que hicieras eso. ¡Voy a darte las gracias adecuadamente más adelante! XD"
. Sonreí para mis adentros y me fui a tomar una ducha. Cuando salimos del auto de en la escuela, fuimos inundados por la usual horda de chicas queriendo manosear a Finnick y Peeta.
Rodé mis ojos cuando Glimmer empujó su camino hacia el frente y envolvió sus pequeños, sucios brazos alrededor de la cintura de mi novio, mirándolo con sus ojos ven a la cama.
—Glimmer, en serio necesitas alejarte —dijo Peeta con severidad, desenvolviéndose de ella y caminando hacia atrás.
—Peeta, nene, ¿qué tal si nos saltamos el primer período y vamos a pasar un buen rato? —ronroneó ella sugestivamente, frotando su mano hasta su pecho.
¡Oh, Dios mío, estaba tan celosa que me sentía realmente enferma!Di media vuelta y me alejé tan rápido como pude, sólo queriendo estar lejos de todo. Después de un minuto pude escuchar a Johanna corriendo para alcanzarme, él me agarró la mano tirando de mí para detenerme.
—En serio, no estoy de humor —casi gritó, dirigiéndome a ella, pero no era ella,era a Peeta.
—Hey, sólo quería acompañarte a clase —frunció el ceño y me miró con tristeza.
—Oh, claro... er... Lo siento. Pensé que estabas con Glimmer, teniendo un poco de diversión —dije sarcásticamente, avergonzada de haberle gritado. Negó con la cabeza y se acercó a mí.
—No, no estoy con ella, estoy contigo —dijo dulcemente, sonriéndome, y haciendo que mi corazón latiera más rápido.
—Claro, sí, lo siento, sólo... No sé... —mi voz se apagó, ruborizándome como un loca.
—Estás celosa —afirmó, al parecer satisfecho de ello. Asentí con la cabeza de mala gana, en realidad no quería admitirlo.
— Bien, he estado esperando para que te pusieras celosa por los últimos doce años —dijo, sonriendo como un eché a reír.
—¿En serio? Pues aquí lo tienes entonces, finalmente ocurrió —di una patada a mis zapatos en las piedras; tratando de distraerme de la sensación de celos que todavía estaba corriendo por mis venas. Supongo que iba a tener que acostumbrarme aque las chicas estuvieran sobre él.
Era Peeta Mellark, por el amor de Dios, las chicas siempre lo seguían a todas partes, pidiendo su atención.
—Recuerdas la charla que tuvimos ayer, ¿esa acerca de la confianza? Bueno, eso funciona en ambos sentidos, sabes. Nunca te haré daño, pero necesitas creer eso también —puso su dedo debajo de mi barbilla e inclinó mi cabeza hacia arriba,haciéndome mirarlo. Suspiré, sí bien, supongo que dije eso.
—Confío en ti, sólo es difícil de ver —le contesté, sonriendo, imitando sus palabras de echó a reír.
—Sí, bueno, lo que se dice por ahí ahora es que tengo una novia por lo que debe poner fin a todo este coqueteo —dijo con confianza, cepillando el pelo de mi cara.
—¿Les dijiste a todos que tienes una novia? —pregunté, sorprendida. Bien, wow, tal vez era más serio de lo que pensé sobre hacer esto funcionar.
—Sí, por supuesto. Tengo una novia. Tengo la más sexy, más bella novia del mundo, que aún no me da las gracias que me prometió en un texto esta mañana—sonrió, con su sonrisa coqueta y sentí como un millón de mariposas revoloteaban en mi estómago. Me reí y me incliné hacia delante hasta que mi boca estaba casi tocando la suya.
—Todas las cosas buenas vienen a aquellos que esperan —me burlé, guiñándole un ojo y alejándome. Gimió y me atrapó con rapidez.
—No crees que doce años sea tiempo suficiente para esperar —preguntó,fingiendo sorpresa, haciéndome reír.
—Hmmm, no realmente. Creo que voy hacerte esperar un poco más —le lancé un beso al entrar por la puerta de mi clase de Historia. Lo oí quejarse, pero cuando miré hacia atrás estaba sonriendo, mirándome marcharme. A propósito balanceaba mi trasero, tratando de lucir sexy; debió haber funcionado porque tres chicos de mi clase de historia silbaron e hicieron un comentario acerca de mi sexy trasero. Puse los ojos en blanco.
¡Chicos!No pude hablar con Peeta mucho en el almuerzo, nos sentamos en la misma mesa,pero todo el mundo quería hablar con él.
—Así que, ¿realmente tienes una novia secreta? —preguntó uno de sus amigos, lo miraba como si no lo creyera en absoluto.
—Sí —confirmó Peeta, pareciendo muy orgulloso de ello. Cada vez que me miraba,me ruborizaba como una loca, y estaba segura de que alguien lo iba notar.
—Ella debe ser una mujer caliente que ha domado a la bestia para sentar cabeza —sonrió Pollux .
Peeta se rió, sus ojos se posaron en mí por una fracción de segundo.
—Ella es la cosa viva más sexy, hombre —dijo con confianza.
—¿En serio? ¿Es buena follando? —preguntó , recogiendo su emparedado.
—Hombre, en serio, no voy a contestar eso de mi chica —dijo Peeta con una sonrisa.
—Apuesto a que podría sacarla del agua—coqueteó Enorbaria, pasando la mano por su brazo. (Sacar del agua: se refiere a superarla)
Se echó a reír—Sabes qué, no tendrías ninguna posibilidad. Mi chica es increíblemente hermosa,tanto por dentro como por fuera —Peeta se encogió de hombros, tirando de su brazo a distancia, con una sonrisa.
Todas las chicas en la mesa hicieron aww y í y trate de comer mi almuerzo. Podía sentir los ojos de Johanna en mí, para que la mirara, ella me sonreía de oreja a oreja. Puse los ojos en blanco, riendo entre dientes. .
—No ha dormido con ella, ella no cree en el sexo antes del matrimonio —terció Finnick, sonriendo. Me tragué una risa. ¿Le había realmente creído Finnick cuando le dijo eso esta mañana? Todos jadearon y miraron a Peeta, quien estaba sonriendo como loco.
—¡No me digas! ¿No te has acostado con ella? —preguntó Pollux escéptico.
—No, no lo he hecho, pero eso en realidad no es de su incumbencia, chicos —Peeta sacudió su cabeza, sonriendo.
— Me tengo que ir. Tengo que hablar con el entrenador acerca de la práctica —se encogió de hombros, poniéndose de pie. La mitad de los chicos también se levantaron, después a seguirlo.
Tan pronto como se marcharon, todas las chicas empezaron a planear y ían saber quién era la chica secreta, y no se detendrían ante nada para descubrirlo, a continuación, cada una de ellas sacó veinte dólares y los puso en el centro de la mesa. Las miré, confundida.
—Entonces, la próxima chica que se acueste con él, se lleva la apuesta —dijo Glimmer, con una un grito ahogado.
—¿En serio? Acaba de decir que tiene una novia y no está interesado, ¿y están apostando a quién va a dormir ahora? ¿Qué pasa si su novia es la próxima en dormir con él? —pregunté, sorprendida. ¡No podía creer que estas chicas estuvieran apostando por tener sexo con alguien! ¡Es una competición maldita sea!.
—Bueno si ella pone su dinero, entonces va a ganar, pero obviamente ella no le esta dando lo que él necesita. Se alejará con el tiempo. La próxima en engancharlo gana, pero te garantizo que no será su novia. Él no puede esperar. Sin sexo antes del matrimonio. ¡Sí, claro! Es de Peeta Mellark de quien estamos hablando —rodó sus ojos riendo. Era obvio que ella tenía muy claro que ganaría. Entonces tuve una idea, saque uno de veinte y lo puse en su montón.
—La próxima en engancharlo, ¿no? —pregunté, apenas siendo capaz de contener mi sonrisa.
—Sí ¡Claro! Como si tuvieras una oportunidad, emo —me soltó Glimmer,desagradablemente.
—Entonces, ¿qué obtiene el ganador? —pregunté emocionada, ignorando su ó el dinero que había en el montón.
—Bien, hay doscientos cuarenta dólares ahora mismo, pero una vez que la gente se entere… bueno, no lo sé… la última vez que hicimos esto fue por Gloss. Tuvimos seiscientos veinte, pero Peeta es más caliente, y por su aspecto de intocable, bueno,por ahora de todos modos —Glimmer se rió, doblando el dinero y poniéndoselo en su bolsillo, apuntando los nombres en un trozo de papel. Me reí, wow, esto iba a ser dinero fácil. Johanna se reía como una loca.
—¿Van a entrar también? —preguntó Glimmer a Johanna y a Clove, cortésmente.
—No, yo no. No tengo ninguna oportunidad —Johanna se encogió de hombros, aun riendo. Clove le pasó a Glimmer su dinero.
—Estoy dentro. Quien podría decir que no a la oportunidad de ganar todo ese dinero y de dormir con Peeta Mellark —dijo Clove, de manera soñadora.
Cogí a mis dos amigas por el brazo y las arrastré fuera de la sala del almuerzo hacia nuestra siguiente que pasar el rato por los alrededores después de la escuela, esperando a que Finnick y Peeta acabaran su entrenamiento de hockey.
Me colé en la pista y me escondí en la parte de atrás así no sería vista. No teníamos permitido estar aquí durante los entrenamientos por que el entrenador decía que las chicas distraían a los jugadores. Amaba ver sus partidos de hockey; había algo en la forma que ellos se deslizaban por el hielo tan rápido y con gracia. Estaban haciendo carreras cortas en este momento, patinando de una línea a otra tan rápido como podían, luego tenían que regatear un disco alrededor de los conos, y al final estaban tomando turnos para disparar a la portería, con mi hermano haciéndolo lo mejor que podía para mantener los discos fuera.
Era un gran portero, pero sólo jugaba por diversión. A Peeta por otra parte, le habían ofrecido una beca de atletas completa para una de las mejores universidades del país. Él esperaba convertirse en profesional —en lo que aparentemente tenía muchas posibilidades de hacer, porque tenía a los reclutadores encima.
Me encontré viéndome patinar a Peeta. Lo había observado hacer esto cientos, si no millones de veces, había algo simplemente hermoso sobre él. Me quitaba la respiración. Estaba mirando la manera en la que sus pies se movían, la manera en la que su desastrado pelo rubio se revolvía cuando patinaba, la manera en la que el hielo se esparcía cuando paraba. Y por supuesto, me di cuenta de cuan increíblemente caliente estaba con ese uniforme.
Me escabullí fuera cuando la práctica terminó y esperé en el coche, hasta que Peeta y Finnick se ducharan.
Clove se acercó cuando estaba allí.
—Hola chica —gorgoreó, saltando de arriba a bajo con emoción.
—Hola Clove, ¿qué pasa contigo? No has estado inhalando esas hierbas otra vez¿verdad? —bromeé. Era una broma recurrente, Clove había comprado algunas"hierbas" de un amigo suyo y las encendió en su habitación para limpiar su aura o algo. Terminó siendo marihuana y se colocó, corriendo calle abajo medio desnuda mientras llamaba a todo el mundo por su teléfono para que vinieran a ver el desfile. Nunca lo superó.
—¡Ja, ja! No, solo que acabo de hablar con Cashmere y me ha dicho que la apuesta por el culo de Peeta llega a ¡1860 dólares! ¿Puedes creerlo? Así que, voy a intentarlo cuando salga del entrenamiento —dijo, saltando en el sitio y mirando alrededor,buscándolo.
Casi me ahogo, ¡1860! ¿Era una broma? ¡Santa mierda! Eso significaba que más de noventa chicas estaban rogándole a mi novio para tener sexo, ofreciéndose en bandeja y yo estaba asustada de que me tocara. Quizás esto no iba a ser tan divertido como pensé en un principio. Sobre unos cinco minutos después los chicos salieron.
—Hola Peeta, wow, hueles bien —ronroneó Clove seductoramente, mientras se inclinaba hacia él. Miró hacia ella, con una expresión de horror en su rostro. Mordí mi labio, fuerte, asíno me reiría.
—Hola, Clove. Escucha, quizás no te hayas enterado de que tengo novia así que…—se retiró encogiéndose de hombros.
—Eso esta bien, no me importa compartir —ronroneó Clove, poniendo una mano sobre su pecho para hacer que se parara delante de ella. Parecía un poco enfadado.
—Clove, en serio no estoy interesado, vale —movió su mano y entró en el auto,frunciendo el ceñ í en modo disculpa hacia Clove, por que parecía un poco derrotada.
—Ahí van veinte dólares que no volveré a ver —apuntó. Reí.
—Hey, cuando gané te devolveré los veinte —le guiñé un ojo, haciéndola reír cuando me subía al coche. Hoy era uno de los días que Finnick trabajaba, así que Peeta siempre lo dejaba en el gimnasio, donde trabajaba de lunes a miércoles por la tarde. Luego Peeta normalmente me llevaba a casa.
—Mierda, hombre. Creo que he sido golpeado más veces hoy que en toda mi vida.¿De que demonios se trata? Le digo a la gente que tengo novia, y toda la tarde la gente ha estado rogándome para foll… —paró abruptamente de hablar,mirándome por el espejo como si hubiera dicho demasiado. Me reí. Bendícelo, ¡no tenia ni idea de que un centenar de chicas cachondas estaban intentando dormir con él por una apuesta!.
— ¿Qué es tan gracioso, Ángel? —me preguntó, elevando sus cejas hacia mí por el espejo.
—¿Quieres saber porque tuviste atención extra hoy? —pregunté, riéndome.
—Sí —contestó, viéndose un poco aprensivo.
Finnick se giró para mirarme desde delante. Sonreí.
—Bueno, hay una apuesta corriendo entre las chicas para ver quien se puede acostar contigo, la primera que lo consiga, gana el bote. Es bastante dinero —declaré, aun sonriendo.
Finnick estalló en risas, y Peeta casi desvía el coche al otro carril por que estaba muy sorprendido.
—¿Están haciendo qué? ¿No saben que tengo novia? —gritó, obviamente muy enfadado. Su indignación parecía hacer reír más a í.
—Sí, por eso lo están haciendo. No les gusta la idea de que estés atado, viendo que tú eres tan jugador, quieren ser las próximas en dormir contigo —me encogí de hombros con desdén, fingiendo que no era gran cosa cuando realmente estaba preocupada. ¿Cuánto tiempo iba a ser capaz de resistir toda esa atención?.
—¿De cuanto es el bote? —preguntó Finnick, con diversión.
—De más de mil ochocientos dólares —reí.
Peeta casi nos saca de la carretera otra vez y la boca de Finnick cayó abierta. Miró hacia Peeta con los ojos llenos de orgullo.
—Sí, veinte dólares cada una. Así que eso hace unas noventa chicas queriendo ser las siguientes en follar contigo, Peeta —sonreí hacia él por el espejo. Parecía horrorizado, y honestamente, un poco asustado.
—¡Santa mierda, hombre! ya sabes, simplemente puedes elegir a una, ¡tirártela y dividir el dinero! —dijo Finnick, emocionado.
Peeta le dio la mirada más sucia del mundo, como si él hubiera sugerido que le arrancara la piel a un cachorro o algo. Finnick levantó las manos disculpándose.
— Estoy bromeando. Jesús. ¡Es una broma!—dijo rápidamente, pero podía ver por su rostro que iba completamente en serio.
—¡Así que eso es por lo que Clove se me abalanzó fuera del auto! ¿Quién demonios esta con esto, Ángel? —preguntó Peeta, sonando realmente enfadado.
—Bueno, Glimmer lo esta arreglando. Todo el equipo de porristas, la mayoría de las Seniors, yo, Cashmere, Enorbaria —contesté, nombrando a la gente que sabía, pero Peeta me cortó.
—¿Tú? —preguntó, con los ojos muy abiertos. Asentí, riéndome.
—Bueno sí, mil ochocientos dólares es mucho dinero. Eso si, solo habían doscientos cuarenta cuando entré, pero aun así, me gusta jugar —bromeé, dándole una sonrisa sexy por el espejo.
Finnick parecía que iba a explotar.
—¿Tú? ¡De ninguna jodida manera! ¿Qué mierda estabas pensando? — me gritó, haciéndome estremecer. Odiaba ver a Finnick enfadado.
—Finnick, es mucho dinero simplemente pensé, ya sabes, sería divertido. Nunca se sabe. Podría perder mi virginidad con el famoso Peeta Mellark —bromeé, moviendo las cejas hacia él.
Finnick comenzó a reírse, parecía aliviado; obviamente pensó que estaba bromeando. Sonreí y miré por la ventana; no era buena mintiendo, si me preguntaba si estaba bromeando tendría que decirle la verdad.
—Jesús, Kat, ¡me asustaste! Creí que ibas en serio —rió Finnick, golpeando el hombro de Peeta, orgulloso—. Mil ochocientos dólares es asombroso, Peeta. Me pregunto a cuantas chicas te podrás tirar en una noche, si ellas se creen que es para ganar la apuesta.
Jadeé. ¡Oh mierda! Genial Finnick, pon eso en su cabeza, ¡estoy segura que es lo que necesita oír ya que su novia no quiere hacerlo!.
—¡Maldición Finnick! Tengo novia —gritó Peeta, sonando un poco desesperado.
—Sí, lo sé, pero vamos, las chicas van a estar desesperadas por ganar, te apuesto aque puedes conseguir lo que sea —Finnick sonrió, moviendo sus cejas.
—Finnick, para. No quiero a nadie más, estoy loco por mi chica. No la voy a joderlo con ella —empezó Peeta, orgulloso.
Me sonrió por el espejo y mi respiración comenzó a disminuir mientras mi pánico descendía. Confianza. Necesitaba confiaren él y parar de asumir siempre lo peor. Dejamos a Finnick en el gimnasio y Peeta nos llevó a casa.
—¿Apostaste veinte dólares a que serías la siguiente en dormir conmigo? —preguntó, sonriendo hacia mí, engreído.
—Exactamente no, la apuesta es sobre la siguiente en cazarte —me encogí de hombros, riendo.
Rió y cogió mi mano mientras conducía.
—No puedo creer que esto esté pasando. Pensé que una vez la gente supiera que no estaba interesado, me dejarían en paz, ¡no que tendría más chicas detrás de mí!.De verdad lo siento —frunció el ceño y me besó el dorso de la mano suavemente.
—No te preocupes, no es tu culpa. Supongo que toda esa cosa de la confianza va a ser muy necesaria a partir de ahora, ¿eh? —bromeé, haciendo una media sonrisa,fingiendo no estar preocupada por todas las chicas que querían echarse encima de él en un futuro inmediato. Llegamos a mi casa y aparcó en su entrada.
—¿Eh, quieres entrar? Podemos decirles a mis padres que estamos juntos. Les dije que tengo novia y mi madre casi se muere. Te lo juro —dijo, asintiendo hacia su casa con expresión esperanzadora.
—Wow. ¿Todo eso de conocer a los padres ya? —bromeé, fingiendo estar asustada—. Digo: ¿Qué si no les gusto? —pregunté, rodeando su cintura con mis brazos y apoyando mi cabeza en su pecho, fingiendo horror.
Rió y también lo hice. La idea de que a los padres de Peeta no les gustara era seriamente graciosa. Ellos ya piensan en mí como una hija. Peeta era hijo único por que su madre tuvo algunos problemas cuando el nació, lo que la hizo incapaz de tener más niños, así que me amaba y siempre decía que Finnick y yo éramos parte de su familia.
Los amaba también; eran unas personas geniales, amables, divertidas y reflexivas. Exactamente como Peeta, aunque me tomó mucho tiempo ver más allá de su bravuconería.
Hola!
Feliz por el triunfo de Argentina.
Y como lo prometido es deuda. Aquí tienen un nuevo capítulo!
Espero que lo disfruten! ;)
Aquí les dejo un pequeño adelanto:
—Estoy muy feliz por ustedes dos. Peeta te dijo que ha estado enamorado de ti durante años, ¿verdad?—sonrió.
—Er, me dijo que le gusto desde hace mucho tiempo, si— murmure un poco incomoda.
Ella rodó los ojos.
—Gustar, cielos ese chico ha estado enamorado de ti desde el principio. Quiero decir, !todavía te llama Ángel por el amor de Dios!— Se rió.
La mire confundida.
—¿Qué tiene eso que ver?—pregunté, frunciendo el ceño. Realmente amaba a Effie, pero a veces podía estar un poco loca.
—¿Nunca te ha dicho porque te llama así?— Negué con la cabeza, y rió entre dientes misteriosamente.
Nos vemos pronto.
Besos!
