Disclaimer: la historia pertenece a Kirsty Moseley y los personajes a Suzanne Collins.

Capítulo 11

El tiró de mí hacia su casa, sosteniendo mi mano, y sonriendo con entusiasmo.

―¿Mamá? ¿Papá? ¿Están en casa? ―gritó Peeta, buscando en el salón vací ía oír voces en la cocina.

―Sí, cariño. Estamos aquí ―llamó Effie.

Peeta sonrió feliz y me arrastró a la cocina.

Effie estaba horneando galletas y Haymitch estaba ocupado tratando de comer la mezcla de la galleta directamente del tazón,haciéndola reír y ella le golpeó la mano con la cuchara de madera. Me reí entre dientes de la escena. Ellos siempre eran así, ella era la perfecta ama de casa y madre, y él la adoraba a ella y a Peeta, lo cual era muy dulce.

―Hey, Katniss. Cuánto tiempo sin vernos ―dijo Haymitch, agarrándome en un abrazo, lo que hizo que mi corazón se acelerara.

―Hey, Haymitch. Hola, Effie. ¿Cómo están? ―pregunté alegremente.

―¡Estamos muy bien! Katniss, te abrazaría pero estoy cubierta de galletas, cariño.―Effie frunció el ceño, levantando sus manos en evidencia.

―¡Sí, puedo ver eso! Huelen tan bien ―le dije, mirando las ya cocidas en el plato sobre el mostrador. Me pasó el plato y felizmente tomé una, sonriendo―. Gracias.

―¡Hey! Dijiste que no podía tomar una porque se estaban enfriando ―se quejo Haymitch, haciendo pucheros, haciéndome reír; ella cogió una galleta y la lanzó hacia él con un guiño.

―Um chicos, me preguntaba si querían conocer a mi novia. ¿Tal vez ella pudiera cenar con nosotros esta noche? ―Sugirió Peeta, poniendo su mano en la parte baja de mi espalda.

Una sonrisa se extendió a través del rostro de Effie. Se veía tan contenta que realmente pensé que en realidad estaba conteniendo las lágrimas.

―¡Oh, Peeta! ¡Me encantaría conocerla! Todavía no puedo creer que tengas una novia. ¡Pasaste todo este tiempo diciendo que sólo había una chica para ti y ahora finalmente eres capaz de seguir adelante y salir con alguien! ―arrulló,prácticamente rebosante de emoción y orgullo.

―Si bien, mamá, baja el tono un poco, ¿eh? ―murmuró Peeta, poniendo los ojos en blanco.

―Entonces, ¿a qué hora viene? ¿La has conocido, Katniss? ¿Es bonita? ―preguntó Effie, sonriendo hacia mí.

Miré a Peeta, sin saber qué decir. Toda esta situación era ridícula. ¿Y dijo ella que Peeta siempre había dicho que sólo había una chica para él?

―En realidad, mamá, ella está aquí ahora mismo ―dijo Peeta con orgullo, frotando mi espalda suavemente y sonriendo hacia mí. Sus ojos fijos en los míos, haciendo que todo mi cuerpo se sintiera un poco más caliente.

Effie saltó y se limpió las manos en un paño, de forma rápida arreglándose el pelo frenéticamente, antes deque ella prácticamente corriera hacia el pasillo. Bueno, ¡raro!

―Mamá, ¿qué estás haciendo? ―preguntó Peeta, riendo; me di cuenta de que Haymitch estaba mirando la mano de Peeta en mi espalda, con una amplia sonrisa en su rostro.

―Bueno, ¿está ella estacionando el automóvil o algo así? ―preguntó Effie, mirando hacia atrás a Peeta antes de mirar a la puerta otra vez. Él se echó a reír más fuerte y Haymitch y yo reímos también.

―Mamá, esta es mi novia. Su nombre es Katniss Everdeen. ―Peeta sonrió con orgullo hacia mí mientras me presionaba a mí misma más cerca de él.

La cara de Effie reaccionó para mirarme, sorprendida. Poco a poco, su cara volvió a la felicidad, luego dicha completa, mientras reía y corría hacia mí, agarrando a ambos, a Peeta y a mí en un gran abrazo.

―¡Oh, Dios mío! Al fin, ¿ustedes dos se unieron? ¡Por fin! ―Ella casi gritó, saltando arriba y abajo en su lugar. Peeta, envolvió su brazo alrededor de mi cintura y me tiró más cerca de él.

―Sí, finalmente ―confirmó, poniendo los ojos en blanco, pero luciendo divertido a la vez.

Haymitch llevó la mano hacia Peeta. Se estrecharon las manos en un gesto muy adulto, antes de que lo atrajera en un abrazo de és que toda la emoción se hubiera apagado, fuimos a cenar. Fue muy agradable estar sentada con los padres de Peeta así, ellos sinceramente no dejaron de sonreír. Cada vez que Peeta y yo nos tocábamos, Effe suspiraba feliz, radiante hacia nosotros.

―¡Bien, ustedes chicos pueden limpiar la mesa! ―ordenó Effie, agarrando mi brazo y tirando de mí hacia la sala de estar―. Estoy muy feliz por ustedes dos. Peeta te dijo que ha estado enamorado de ti durante años, ¿verdad? ―sonrió.

Mi respiración quedó atrapada en mi garganta por su elección de palabras. ¿Ella pensaba que Peeta estaba enamorado de mí? Él no estaba enamorado de mí,¿verdad? ¿Realmente él susurró que me amaba ayer por la noche antes de dormirme?

―Er, me dijo que le gusto desde hace mucho tiempo, sí ―murmuré, un poco incómoda.

Ella rodó sus ojos.

―Gustar, cielos ese chico ha estado enamorado de ti desde el principio. Quiero decir, ¡todavía te llama Ángel por el amor de Dios! ―Se rió.

La miré, confundida.

―¿Qué tiene eso que ver? ―pregunté, frunciendo el ceño. Realmente amaba a Effie,pero a veces podía estar un poco loca.

―¿Nunca te ha dicho por qué te llama así? ―preguntó, sonriendo hacia mí. Negué con la cabeza, y rió entre dientes misteriosamente―. La primera vez que te vimos fue en la fiesta del sexto cumpleaños de Peeta. Ustedes no hacia mucho tiempo que se habían mudado y pensamos que estaría bien, ya sabes, invitar a los vecinos a la fiesta ―comenzó, asintiendo con entusiasmo.

―Sí, lo recuerdo. Tenían globos por todas partes, y un payaso que hacía trucos de magia ―sonreí; los Mellark siempre hicieron las mejores fiestas, incluso fiestas infantiles.

―Así es. Entonces de todos modos, tú y tu hermano vinieron a la fiesta y tan pronto como entraste por la puerta, Peeta se quedó mirándote. Él literalmente no podía apartar sus ojos de ti. Tú sonreíste y le dijiste feliz cumpleaños, pero ni siquiera podía hablar contigo, así que te alejaste para ir a bailar. Se volvió hacia mí,y, ¿sabes qué me dijo? ―preguntó, con los ojos lagrimeando.

Negué con la cabeza.¿Qué diablos va a decir ella? ¡Esto me está un poco volviendo loca!.

― Él dijo en un tono muy serio, "Mamá, ¿estoy muerto?" Y yo dije: "no cariño, no estás muerto", y él sacudió la cabeza, mirando a todos confundido por algo. Luego señaló hacia ti bailando y dijo: "Si no estoy muerto, entonces ¿por qué hay un ángel en nuestra casa?" ―dijo, juntando las manos y sonriendo.

Jadeé. ¡Mierda! ¿Es por eso que él me llama Ángel? Mi corazón estaba acelerado y mis palmas sudorosas. Creo que Peeta está realmente enamorado de mí, pero¿estoy enamorada de él? No lo creo, al menos, no todavía. Pero puedo verme a mí misma fácilmente enamorándome de él.

―¿Es por eso que me llama así? ¿Hablas en serio? ―le pregunté, sin saber si estaba bromeando o no.

―Totalmente. Pregúntale si no me crees, pero desde el momento en que te vio estuvo enamorado de ti, está claro en la mirada en su rostro. Me sorprende que nunca te dieras cuenta. ―Sacudió la cabeza, riéndose entre dientes.

―Nunca me di cuenta porque siempre fue tan malo conmigo. Él siempre me estaba haciendo caer, o tirando de mi pelo, dándome sobrenombres. ―Fruncí el ceño. ¿Por qué hacer todo eso si estaba enamorado de mí?

―Tu hermano le hizo mantenerse alejado. Venció a Peeta después de su fiesta de cumpleaños ese mismo año y le dijo que se mantuviera alejado de ti ―dijo, riendo y sacudiendo la cabeza―. Ese hermano tuyo seguro es protector, bendícelo ―dijo,sonriendo con cariño.

―Sí, lo sé. Peeta y yo hablamos de ello y decidimos ocultarlo de Finnick por un par de semanas, justo hasta que las cosas se calmen. Realmente apreciaría si no le dices nada si lo ves. ―Me estremecí ante la idea de Peeta y Finnich quería poner eso fuera el mayor tiempo posible.

―No voy a decir nada, pero no creo que lo debería dejar mucho tiempo, de lo contrario sólo se volverá más duro.

Sonreí agradecida.

―Sí, sólo un par de semanas.

De repente, Peeta saltó por encima del respaldo del sofá y cayó a mi lado,envolviendo su brazo alrededor de mi hombro y tirando de mí hacia él. Cuando me volví para sonreírle, me dio un beso, mordisqueando mi labio, pidiendo entrada.

Por Dios, ¿se olvidó que su mamá estaba ahí sentada viéndonos?Me aparté rápidamente, haciéndolo gemir.

―Ángel, no te he visto durante todo el día ―se quejó, haciendo pucheros como un niño pequeño. Me reí de la palabra Ángel; ¿realmente me llama así porque pensaba que yo era un Ángel cuando él tenía seis años de edad?

―¿De qué te ríes, hermosa? ―preguntó, acariciando el lado de mi cara con el dorso de un dedo. Me mordí el labio para detenerme y negué con la cabeza.

―Nada ―mentí, sonriéndole. Inclinó la cabeza hacia delante y me besó de nuevo, pidiendo entrada y me aparté de nuevo.

―Peeta, en serio, tu mamá nos está mirando ―le susurré a su cara de cachorro.

Ambos miramos hacia Effie que estaba mirando fijamente con una enorme sonrisa en su rostro, como si estuviera viendo la cosa más linda del mundo. Peeta se levantó y extendió la mano hacia mí.

―Vamos a escuchar algo de música en mi habitación. ―Frunció el ceño un poco hacia su mamá que todavía nos miraba como una especie de mujer feliz loca.

Agarré su mano y dejé que me levantara y me llevara a su habitación. No había estado en su habitación por años. Creo que la última vez que estuve aquí fue probablemente hace unos dos años cuando entré a cambiarme de ropa después de que tuvimos una enorme guerra de agua y Finnick y yo nos habíamos quedado afuera. Su habitación era la misma que era entonces, pero ahora tenía más cosas en las paredes. Como la camisa de hockey firmada que había conseguido por su cumpleaños de sus padres este año, y sus trofeos que estaban alineados en algunos estantes.

Él puso un poco de música tranquila y me acerqué a la estantería para ver dos fotos enmarcadas. Una de ellas era de Finnick, Peeta y yo en el parque donde habíamos ido para un picnic cuando éramos niños, yo tenía probablemente once o doce años. La otra foto era de mí y mi equipo de baile, tomada en una de las competencias que habíamos entrado. La levanté y la miré con curiosidad.

―Me encanta esa foto ―dijo , sonriendo hacia ella cuando se puso de pie a mi tendí hacia él.

―¿Cuándo tomaste esto?

―Hace unos dos meses en el club de Richmond. Ganaron el primer premio y ustedes estaban saltando por todo el lugar, emocionados. ―Sonrió y frotó su pulgar sobre la imagen, antes de ponerla de nuevo acerqué a su cama y me senté.

―Wow, ¡tu cama es incómoda! No es de extrañar que te guste dormir en la mía―bromeé, pasando la mano sobre su edredón. Se rió y se sentó a mi lado. No pude dejar de notar que se veía tan guapo cuando se reía. Lo empujé sobre la cama y me moví así estaba a horcajadas sobre él, puse mis antebrazos cerca de su cabeza y me incliné de modo que nuestros rostros casi se tocaban.

- Entonces,Peeta, quiero que me digas algo ―Suspiré, pasando mis manos por su pelo.

―¿Puedo besarte primero? Luego voy a responder lo que quieras. ―Su mirada se movió hasta mis labios por una fracción de segundo, antes de regresar a mis ojos.

Bajé mis labios a los suyos. Sus brazos se dirigieron inmediatamente alrededor de mi cintura, tirándome más cerca de él, una de sus manos enredándose en mi ó su lengua por mi labio inferior poco a poco y no lo rechacé esta vez, abrí mi boca, ansiosamente. Su gusto explotó en mi boca mientras deslizaba su lengua dentro, masajeando la mía con pasión, haciéndome gemir.

Besar a Peeta parecía ser mejor y mejor cada vez. Estaba ardiendo en la necesidad de que me tocara, pero también estaba consciente de que sus padres estaban al final del pasillo y sabían que estábamos aquí juntos. Me aparté los pocos minutos, ambos estábamos respirando duro. Estaba corriendo lentamente sus manos por mi cuerpo, desde la parte superior de mi cabeza hasta la cintura y de vuelta arriba de nuevo,mirándome con amor.

Estaba un poco sorprendida por la mirada en su rostro. Lo que su mamá dijo era cierto. Él realmente estaba enamorado de mí, podía verlo en sus ojos.

―Entonces, ¿qué es lo que quieres saber, Ángel? ―preguntó, sujetando ambas manos en mi trasero y apretando suavemente. Casi fui distraída, por sus manos;quiero decir, si sólo las movía un poco más abajo y más hacia el centro, ellas estarían exactamente donde mi cuerpo estaba gritando que él estuviera. Sacudí mi cabeza para despejar los pensamientos lujuriosos, y sonreí a su hermoso rostro.

―Quiero saber por qué me llamas Ángel.

Él jadeó y se sonrojó un poco. Sonreí tranquilizadoramente hacia él. Gimió y sacudió la cabeza rápidamente.

―De ninguna manera. No voy a responder eso ―se quejó, dándome la cara de cachorro que no podía resistir.

―Vamos, dijiste que ibas a responder cualquier cosa que quisiera ―animé. Frunció el ceño y sacudió la cabeza. OK, voy a intentar otra táctica.

― ¿Por favor?―Supliqué, picoteando sus labios―. ¿Por favor? ―Susurré, besándolo de nuevo―.¿Por favor?

Gimió y tomó una respiración profunda mientras lo besaba por el cuello.

―Te llamo Ángel, porque, honestamente creo que Dios puso un ángel en la tierra sólo para mí ―admitió, tomando mi rostro en sus manos haciéndome é una bocanada de aire inestable. Así que era cierto lo que dijo Effie. Mi corazón estaba acelerado en mi pecho mientras seguía hablando―. La primera vez que te vi pensé que eras un ángel directamente del cielo. Eras tan hermosa que me dejaste sin aliento. Todavía lo haces, todos los días.

―Eso tiene que ser la cosa más dulce que jamás he escuchado, Peeta ―murmuré,besándolo cariñosamente. Me devolvió el beso y rodó así que estaba debajo de él.

― Podría besarte todo el día ―susurré, mientras besaba por mi cuello,mordisqueando suavemente sobre la piel y haciéndome gemir jadeante.

―Mmm, eso suena como un buen plan ―murmuró contra mi piel. Envolví mis piernas alrededor de su cintura y tiré de él más cerca de mí, besándolo con todo lo que tenía. Me sujetó los brazos por encima de mi cabeza y me besó de nuevo antes de trazar besos a través de mi mejilla hacia mi oído.

― Te amo, Ángel―susurró.

Mi corazón se detuvo y mi cuerpo comenzó a temblar, pero no sabía qué decir.

―Yo... Yo... Peeta... Yo...

Me besó de nuevo, impidiéndome hablar. Sentí su agarre aflojar en mis muñecas,así que envolví mis brazos alrededor de su cuello, tirando de él hacia mí.

―No tienes que decir nada. Me he sentido así sobre ti durante años, pero apenas has dejado de mirarme como el mejor amigo gilipollas de tu hermano. Sólo quería decir las palabras para ti, eso es todo. He estado esperando para decirlas durante mucho tiempo ―dijo, alejando mi pelo de mi cara. Envolví mis brazos alrededor de su cuello y lo besé con fuerza por toda su cara, antes de finalmente besarlo largo y duro en su boca perfecta.

Hola! Espero que hayan disfrutado este capítulo, se que es un poco corto, pero en los próximos capítulos va a estar un poco mas movido todo. Muchas gracias a todos los que comentan y leen esta historia. Me hacen realmente feliz :D Les dejo un adelanto: —¿Qué pasa Finnick? —pregunté, preocupada, se veía realmente molesto por algo. Tomó un profundo respiro.

Le hablé a mamá esta noche. Sonreí.

¿Sí? ¿Está bien? ¿Viene a casa? —pregunté emocionándome, pensando en que vería a mi madre antes de dos semanas.

.—Me dijo algo, pero no quiero que enloquezcas por eso. No hay nada por que preocuparse. Lo prometo. —Tomó mi mano y me miró, sonriendo demonios, ¡esto va a ser malo!

¿Qué es? —pregunté. Cientos de cosas pasaron por mi mente, pero la última cosa que esperaba fue lo que Finnick dijo: —Nuestro padre se contactó con ella. Aparentemente quiere vernos,recompensarnos por lo que hizo —escupió a través de sus dientes, su tristeza transformándose en rabia ciega.

No podía respirar. Mis pulmones se rehusaban a trabajar. Mi corazón latía demasiado rápido, mientras mi cuerpo comenzaba a temblar. Él estaba volviendo. Quería vernos. La última vez que vi al hombre, me había arrancado mi camisa del colegio y me había empujado al suelo, mientras se sacaba los pantalones. Estaba apunto de violarme cuando Finnick y Peeta entraron y lo comenzaron a golpear. Oh Dios, estaba de vuelta.

Reproduje todos los golpes que nos dio a mí y a Finnick, todos los toques que habían sucedido cuando estaba a solas con él, las palabras susurradas, y las sonrisas secretas. Mi visión comenzó a tener puntos negros, mientras hiperventilaba. Me iba a morir, podía sentirlo; mi cuerpo se estaba apagando incapaz de lidiar con los recuerdos y el dolor

Besos!

Cynthia!