Capítulo 14

Desperté en la mañana con una enorme sonrisa en mi cara. El sol brillaba, las aves cantaban, y había despertado junto al chico más sexy del mundo, que por casualidad estaba enamorado de mí. Sonreí contra el brazo en el que estaba acostada y presioné mi espalda contra él, sintiendo su duro pecho presionado en mi espalda donde me estaba abrazando.

—Peeta? —susurré, girando mi cabeza en su direcció brazos se tensionaron alrededor de mí mientras lentamente abría sus ojos.

—Hola —murmuró, levantando su cabeza para que pudiera besarme—. Wow, amo despertarme sabiendo que finalmente eres mía. —Puso la cabeza hacia atrás y suspiró con satisfacción—. Entonces, ¿podemos decirle a la gente hoy que estamos saliendo? —preguntó felizmente, sonriendo de oreja a oreja.

—Um… no. No hoy. Aún necesito hacer un poco más de trabajo de preparación en eso —respondí, recorriendo mi mano por su pecho, trazando sus músculos.

Gruñó.

—Por "trabajo de preparación", no querrás decir que vas a coquetear conmigo y ponerme caliente como el infierno de nuevo como ayer, ¿cierto? —preguntó,luciendo suplicante.

—Tendrás que esperar y ver, ¿no crees? Oh, y te doy mi permiso para tocarme un poco hoy si quieres —ofrecí casualmente. Me giré para enfrentarlo, sosteniendo mi cabeza en mi codo para que pudiera verlo mejor.

—Mmm… tocarte, ¿así? —ronroneó. Arrastrando sus dedos a través de mi cuerpo lentamente, desde mi cara, abajo por mi cuello, a través de mis senos y estómago,estableciéndose finalmente justo en el interior de mi muslo. Su mano estaba tan cerca de mi centro que no pude evitar el pequeño gemido que escapó de mis ó sus dedos a través de mi pierna, haciéndome gemir. Maldita sea, lo quería tanto pero simplemente no podía, no aún.

—No, Peeta —supliqué. Dije las palabras, pero moví mis caderas inconscientemente,tratando de acercarme más a su mano. Se rió, poniendo sus labios de forma que están casi tocando los míos.

—Prométeme que no me provocarás mucho hoy en la escuela —murmuró contra mis labios mientras movía su mano a la parte exterior del muslo.

—No te molestaré demasiado. No puedo prometer que no te pondrás duro —bromeé, torciendo sus ó sus labios contra los míos y pude sentir que estaba sonriendo.

—¡Eres una maldita provocadora! Ni siquiera te das cuenta de lo que me haces —gruñó, besando mi cuello suavemente.

Vaya, sabía exactamente lo que le estaba haciendo, ¡lo podía sentir!Le devolví el beso con pasión y se alejó después de un par de minutos, justo cuando estaba poniendo en ello.

—Mejor me voy. —Él me besó otra vez mientras salía de la cama.

—Está bien. Te veo en un rato —contesté, viendo cómo se ponía la ropa. Me guiñó un ojo mientras subía por la ventana, de regreso a su casa. A pesar de que Finnick sabía, Peeta seguía necesitando mantener la pretensión para sus padres. Él no podía exactamente ser visto salir por la puerta principal, cuando se suponía que debía estar en su cama.

Me levanté de la cama y salté al cuarto de baño para una ducha. Cuando estaba seca, me quedé mirando a través de mi armario por mucho tiempo. Necesitaba algo diferente para usar hoy.

Quería que Peeta me viera como si realmente me quisiera enfrente de todos, porque no quería seguir mintiendo acerca de nuestra relación. Saqué una mini-falda vaquera y una blusa negra lisa con cuello en V, de manga corta. Sonreí mientras miraba mi atuendo. Esto sin duda iba a funcionar. Me vestí y me examiné en el espejo, la falda era corta, pero no demasiado corta para que pareciera una de las zorras, y la blusa era ajustada pero no demasiado, sólo lo suficiente para dar una pista de lo que estaba debajo. Sonreí y me puse un par de zapatillas de ballet, completando el atuendo.

Agarré la bolsa pequeña que me dieron en la clínica de planificación familiar y saqué mi caja de pastillas. Echándole un vistazo al paquete, encontré la primera y me la trague rápidamente, sonriendo para mis adentros. Salté a la cocina.

Peeta estaba hablando con Finnick, de espaldas a mí, y ya había un plato de cereal en el mostrador esperando por mí. Sentí mi corazón derretirse un poco por su consideración.

—Buenos días —dije alegremente. Peeta estaba bebiendo un vaso de agua y cuando se dio la vuelta, casi se ahogó.

Finn le dio una palmada en la espalda bruscamente y se echó a reír. ¡Sip, ese era el efecto que quería! Sus ojos estaban muy abiertos y con hambre al mirarme lentamente, haciéndome sonrojar al imaginarme los pensamientos que estaba teniendo sobre mi cuerpo. Él todavía no había hablado.

—Peeta, ¿quieres tomar una foto? Va a durar más tiempo —bromeé,comiendo mi pareció sacarlo de la fantasía privada que estaba teniendo.

—¿No vas a usar eso hoy cierto? —preguntó, frunciendo el ceño miré a mí misma preguntándome qué quería decir con eso. No me veía tan guarra.

—Sí, ¿por qué? —pregunté, confundida. Pensé que le gustaba la ropa; ¡desde luego parecía que le gustaba!Él se acercó y rodeó sus brazos alrededor de mí por la espalda.

—Ángel, ¿cómo diablos se supone que me voy a concentrar todo el día, sabiendo que mi hermosa novia se ve como una maldita diosa del sexo? ¿Estás torturándome a propósito? —se quejó, besando el lado de mi cuello y pasando sus manos por mis muslos reí y le dio un codazo en el estómago.

—Bueno, entonces sólo tendrás que ejercer algo de control, ¿no crees? —me burlé, alejándome después de moverme contra su erección discretamente.Él gimió y se movió de modo que estaba detrás del mostrador, probablemente para que Finnick no pudiera ver que estaba tan excitado.

—No estás jugando nada limpio —se quejó.Me reí y agarré mi bolsa.

—¿Listo para irnos, Finnick? —pregunté, sonriendo a mi hermano, que parecía que estaba tratando de hacer caso omiso de nuestro intercambio pero estaba fallando miserablemente.—Sí. Creo que Peeta necesita otro minuto para calmarse, sin embargo —dijo él,riendo, haciendo rodar los ojos a Peeta. Me reí de su expresión de advertencia.

Finn me agarró por los hombros y me empujó fuera de la puerta. Todavía estaba riéndome de Peeta.

La mañana pasó volando y finalmente, la hora del almuerzo estaba aquí. Estaba tan emocionada de ver a Peeta que no podía dejar de sonreír.

—¿Qué demonios te pasa? —preguntó Gale, mirándome como si me hubiera vuelto loca.

—Nada, sólo estoy teniendo un buen día. Además, tengo hambre y ahora vamos a comer —mentí sin problemas.

—¿Vas a hacer otro movimiento a Peeta? —preguntó Johanna, sonriéndome a eché a reír.

—Oh, diablos, sí. Sólo observa la cara de Glimme. Voy a hacer que me desee hoy. —Sonreí feliz. Esto iba a ser grande y Glimmer iba a odiar cada segundo de ello.

—No hay duda al respecto —estuvo de acuerdo Johanna, riendo.

—¡Oh! ¡Así que por eso es la falda! —dijo Gale. Una mirada de comprensión cruzó su eché a reír y asentí.

—¿Crees que va a funcionar? —pregunté, en realidad quería su opinión.

Él asintió con la cabeza.

—Oh, sí que va a funcionar. Todos los chicos en la escuela han estado hablando acerca de tus piernas asesinas hoy. Debo decir que hasta yo, que estoy totalmente enamorado de mi novia, te he comprobado —admitió, encogiéndose de di una palmada en el hombro juguetonamente.

—¡Ew! Eso es asqueroso, Gale. ¡Tú eres uno de mis mejores amigos! ¡Los mejores amigos no pervierten el uno del otro! —declaré, fingiendo un estremecimiento.

—En realidad, he estado mirándote también —bromeó Johanna.

—Yo también —agregó Clove, haciéndonos reír a todos más entrar en el comedor, riendo, pude sentir algunos de los chicos mirándome.

Ahora que Gale había dicho acerca de eso, me di cuenta que tenía mucha más atención masculina de lo nuestra comida.

—Ya vuelvo, muchachos —dije, sonriendo, mientras me dirigía a la mesa donde los atletas se sentaban. Todos mis amigos se fueron a sentar en la mesa de costumbre,me miraban con ojos curiosos. Vi a Peeta mientras me acercaba. Como de costumbre, había una decena de chicas colgando a su alrededor, coqueteando descaradamente. Parecía que estaba realmente enojado.

—En serio, Cashmere, si me tocas una vez más voy a ir a hablar con alguien acerca de ello. Esto está al borde de acoso sexual —gruñó Peeta, mirándola y quitando su mano fuera de su muslo. Se veía muy ofendida cuando se puso de pie y salió resto de las chicas estaban sonriendo a sus espaldas. Prácticamente se podía leer sus pensamientos en sus caras: Una chica menos para la competencia. Reprimí una risita y me senté en la mesa.

Finnick no estaba allí, así que decidí sacar el máximo provecho de eso y realmente empujarlo hoy.

—Hola, Peeta —ronroneé, sonriéndole rostro se iluminó cuando me vio.

—Hola. ¿Tuviste una buena mañana? —preguntó alegremente. Puse mala cara y negué con la cabeza. Su rostro se cayó y puso su brazo sobre mi hombro, me miró preocupado—. ¿Qué está mal, Ángel?.

Me puse de pie y me senté en la mesa frente a él, apoyando un pie en el banco entre sus piernas, así mi pie estaba casi tocando su entrepierna. Él no pareció darse cuenta, sin embargo; seguía mirando mi cara, preocupado.

—Me lastimé la pierna en clase de gimnasia. Es muy doloroso. ¿Tengo un moretón?—pregunté, abriendo las piernas ligeramente y apuntando a mi cara interna del muslo. Sus ojos de inmediato cayeron a mis piernas. Estoy apostando a que tenía una visión clara de mi ropa interior, porque una expresión de dolor y hambre cruzó su rostro. Me sentí un poco como una puta por hacer esto, pero al menos nadie más podía ver lo que estaba viendo, de lo contrario no lo habría su mano en el músculo de mi pantorrilla y la deslizó poco a poco todo el camino hasta mi pierna, a mi cara interna del muslo, gimiendo en voz baja al hacerlo.

—No, no hay moretones —dijo con su voz sensual, haciéndome arder en necesidad mientras masajeaba mi muslo.

—Hmm, ¿de verdad? Duele tanto —mentí, sonriéndole. Él estaba sonriendo hacia mí; su expresión me dijo que sabía que me estaba volviendo loca—.

¿Qué tal si mejor lo besas para mí? —sugerí, alzando las cejas, tratando de parecer sexy.

Escuché algunos de los chicos gemir, ya que obviamente estaban viendo el intercambio. La lujuria cruzó la cara de Peeta mientras asentía con una sonrisa sexy e inclinó la cabeza hacia mi pierna. Justo antes de que sus labios tocaran mi piel,alejé mi pierna.

En realidad, es mejor que no. Pensé que tenías una novia —bromeé.

Se rió y negó con la cabeza hacia mí, entrecerrando los ojos, obviamente decepcionado de que no llegó a besar mi pierna delante de toda la escuela.

— Tengo una novia. La amo más que cualquier otra cosa —dijo, su voz llena de í mientras mi corazón se derritió.

—Bueno, no deberías estar haciendo esto, entonces, ¿eh? —me burlé, sonriéndole y bajando de la mesa. Agarré a mi bandeja del almuerzo—. Me parece que está bien ahora, de todos modos. Tal vez si comienza a doler de nuevo más tarde, te llamaré —coqueteé.

Él gimió cuando le guiñé y me fui a la mesa de amigos. Podía oír a los chicos, todos haciendo comentarios calientes detrás de mí acerca de cuán caliente era eso, y cómo definitivamente "aprovecharían eso", y las chicas diciendo lo ramera que reí y me dejé caer en nuestra mesa.

Johanna me sonrió a sabiendas, y Clove y Gale me estaban mirando con la boca bien abiertas.

—¡Estabas tan ahí! ¡Realmente creo que podrías ganar la apuesta! —dijo Clove,mirándome con podía dejar de reírme de ella; me miraba como si fuera una especie de diosa o algo así.

—Podrían servirme cuatro mil dólares —admití, riendo.

Sólo esperaba que Glimmer realmente pagara una vez se diera cuenta de que yo fui su novia todo el terminamos de comer, estaba caminando junto con mi grupo de amigos,cuando alguien me agarró la mano y me tiró a una parada. Chillé, un poco sorprendida, y me giré para ver a Peeta sonriéndome mientras me arrastraba al salón de clases vacío más cercano. Me reí cuando vi a mis amigos caminar sin mí, ni siquiera dándose cuenta de que no estaba detrás de ellos más.

Cerró la puerta y me miró, tratando de fingir que estaba molesto conmigo, pero no había manera de que cayera por eso, él se divertía, me di cuenta.

—Ángel, eso fue demasiado —afirmó mientras daba un paso más cerca de mí.Di un paso atrás y choque con la pared.

—¿Demasiado? Pensé que era bastante perfecto —respondí en broma.Él se rió y apretó su cuerpo al mío.

—Eres bastante perfecta. —Apartó mi pelo de mi cara suavemente, mirándome con ternura. Puse mis brazos alrededor de él y lo acerqué más, luego moví mis manos para agarrar su trasero. Él sonrió con esa sonrisa sexy y presionó sus labios contra los míos con suavidad; gemía ligeramente y lo acerqué más, con ganas de má apartó para besar mi cuello, sus manos vagando por mi cuerpo, a través de mis piernas. Una de sus manos se deslizó debajo de mi falda, haciendo cosquillas con sus dedos en mi trasero provocando. Sentí chupar suavemente en mi cuello.

—Peeta, ¿me estás dando un chupón? —pregunté, ó de chupar por un segundo y alejó su boca de mi piel.

—Mmm-hmm te estoy marcando —murmuró, antes de chupar en el mismo lugar otra vez. Después de unos segundos, se apartó para mirarlo, inspeccionando su obra. Parecía muy orgulloso de sí mismo y estaba sonriendo de oreja a oreja.

—Sí, ¿y yo puedo marcarte? —bromeé.

—Claro, si quieres. —Él estuvo de acuerdo, encogiéndose de hombros, pero en realidad luciendo un poco esperanzado. ¿Realmente quería que lo marcara? Apretó los labios a los míos una vez más, pareciendo poner mi cuerpo en llamas. Por Dios,¿cómo diablos me hacía esto? Él era el único chico que había besado, por amor de Dios. Sin embargo, aquí estoy, ¡dejándolo poner su mano en mi trasero! Sonreí cuando inclinó la cabeza hacia un lado, dándome acceso a su cuello. Justo cuando mis labios rozaron su piel, sonó la campana. Él gimió y se alejó, mirándome con una cara de cachorro de nuevo.

—Falta a clases conmigo —declaró él, haciendo un mohín ligeramente.¿Faltar a clases con él? ¡Oh, mierda, odiaba faltar a la escuela, eso no era yo en absoluto!.

—Um, Peeta, no puedo. —Estaba debatiéndome, tenía muchas ganas de pasar tiempo con él, pero simplemente no podía soportar la idea de que mis maestros supieran que falté a clase sin necesidad.

—¿Por favor? —rogó, doblando sus rodillas para que así estuviéramos a la misma ojos azules me estaban matando. No podía decirle que no. Suspiré profundamente.

—Si me atrapan, entonces tú estarás en serios problemas —le advertí.

Si obtenía detención, me aseguraría de que él también.Él se rió, una hermosa sonrisa se extendía por su cara mientras sacaba su celular y llamó a Finnick para decirle que no me sentía bien y que me llevaba a casa.

—Sí, ella está bien. No, dice que se siente un poco mareada, eso es todo. No, no, lo tengo. Muy bien. Nos vemos —dijo en el teléfono, sonriendo y lanzándome un guiño. Deslizó su teléfono en el bolsillo y me agarró la mano, tirando de mí desde el aula hasta el coche.

— Finnick va a conseguir un aventón al trabajo. Así que, siempre y cuando te lleve a casa a las nueve, ni siquiera sabrá que faltamos a clases —dijo é mis ojos hacia él.

—¡Como si Finn realmente creyera que estaba enferma! Él sabe que estamos faltando. —Sacudí la cabeza, riendo.

.—Pues bien, Ángel, ¿qué haremos? —preguntó Peeta, saliendo del estacionamiento con rapidez antes de que alguien nos viera encogí de hombros con facilidad.

—No me importa. Lo que tú quieras. —Mientras involucrara pasar más tiempo con él, haría cualquier cosa.Él sonrió.

—¿Quieres que te lleve a patinar otra vez? —ofreció.

—Claro, ¿por qué no? Tengo que cambiarme primero, sin embargo; o me congelaré el trasero de otra forma. —Me reí mientras sus ojos inmediatamente se dirigían a mis piernas de nuevo. Le envié un texto a Johanna para decirle que iba afaltar y le pedí que recogiera cualquier trabajo que me perdiera.

Cuando nos detuvimos frente a mi casa, Peeta se fue a la suya a buscar algo que dijo que necesitaba, y yo corrí y me puse unos vaqueros. Pasé un cepillo por mi pelo y añadí una capa rápida de máscara de pestañas. Cuando salí de mi habitación, tomé un suéter, así no me daría í hacia el auto, emocionada por algún tiempo a solas con él. Él sonrió mientras subía.

—Oye, te traje esto —dijo, dándome una de sus sudaderas. Fruncí ante ella, sabiendo que tenía una de las mías. ¿Por qué traería esto?

—Er... ¿gracias?

—Es para tu pequeño trasero. Te dije traería una para que no te mojaras y te diera frío como la última vez. Aunque, tengo plena confianza en que patinarás por tu cuenta al final de esta lección —se jactó, sonriendo.

—Bueno, no estoy segura de querer patinar si no me vas a tocar. Él sonrió.

—Mmm, nunca había pensado en eso. Esperemos que no aprendas muy rápido entonces. —Movió las cejas hacia mí, haciéndome reí patinaje fue muy divertido. Tenía razón, era mucho mejor esta vez. Fue probablemente debido al hecho de que él era un maestro tan bueno, y porque nos pasamos casi todo el día aquí la última vez. Fue muy divertido estar con él.

Él patinó hacia atrás al igual que lo hizo antes, sosteniendo mis manos, haciendo bromas y me caí un par de veces y cada vez que interrumpía mi caída, o me atrapaba o me levantaba. Lo miré mientras patinamos, estaba sonriendo ampliamente y mi corazón dio un vuelco.

Era tan guapo, amable y paciente. Podía sentirme enamorándome de él. Sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que estuviera loca por él.

—Oye, ¿Qué tal si presumes un poco? Me encanta verte patinar —sugerí,agarrándome en el costado por mi vida para que pudiera soltarme.Él me dio un beso antes de irse patinando al revés, se volvió bruscamente y patinó hacia delante tan rápido que realmente me asustó. Mi corazón estaba golpeando en mi pecho a la vista de eso. Si se caía, mientras patinaba de esa manera, iba a resultar gravemente herido. El pensamiento de él herido me aterraba. Hizo un par de vueltas, y me mostró sus habilidades, como saltar y patinar sobre un pie.

Siempre me encantaba verlo patinar. Se veía tan hermoso y grácil, pero nunca lo había deseado por eso, hasta ahora. Se veía tan sexy cuando estaba patinando, tan poderoso y dominante.

Peeta quería jugar hockey profesionalmente, que ya había sido buscado por un equipo realmente bueno pero necesitaba estar en la universidad antes de que pudieran firmar. Le habían ofrecido una beca deportiva completa en una escuela muy buena en Boston, lo que significaría que tendría que mudarse cuando la escuela terminara en pocos meses. El tiempo de separación iba a matarme. Yo iba atener pesadillas todas las noches cuando él no estuviera allí, sin mencionar la angustia que sentiría al verlo irse. Odiaba el hecho de que él estaría tan lejos y que las chicas estarían cayendo sobre él. Suspiré, negándome a pensar en ello. Tenía que confiar en él. Y lo hacía, confiaba plenamente en él, creía que me amaba y que no quería hacerme dañ regresó a mí, patinó hasta detenerse, enviando un spray de hielo sobre un lado.

—¿Es eso suficiente exhibición para ti? —preguntó, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura y besándome tiernamente.

—Oh, sí. Mi hombre puede patinar bien —confirmé, con una sonrisa hacia él.

—Mmm, di eso de nuevo. Me gusta eso —gruñó, en una ronca sexy voz que hizo temblar mis entrañ í mis brazos con fuerza alrededor de su cuello y lo atraje más cerca.

—Mi hombre puede patinar —ronroneé seductoramente, mirándolo a los sentir la ardiente pasión chisporroteando entre nosotros. Él dobló sus rodillas así estábamos al mismo nivel, me abrazó fuertemente y luego me sostuvo,levantándome de mis pies. Empezó a patinar suavemente alrededor de la í mis piernas alrededor de su cintura mientras patinaba ocasionalmentehaciendo pequeños giros y cambiando a patinar hacia atrás. Sus ojos no dejaron los míos. Fue la cosa más erótica y sexy que me hubiera sucedido, y todo mi cuerpo estaba anhelando por él.

—Te amo tanto, Ángel —susurró.Sonreí. Mis entrañas estaban rebosando de felicidad y pasión. Él me estabavolviendo loca; yo lo quería y lo necesitaba. Al mirar dentro de sus hermosos ojos azules, podía ver todo su amor por mí brillando a través y eso hizo a mi corazón latir muy rápido.

De repente, me golpeó como un camión, yo también lo vez siempre lo había amado, no estaba segura. Él tenía una manera de deslizarse detrás de mis defensas y se abría paso dentro de mi corazón, pero siempre me había negado a verlo de esa manera. Me hacía sentir segura, querida,necesitada y especial; yo no quería volver a dejarlo ir. Lo amaba como loca, más que a nada, él era lo único que necesitaba en la í mi boca para decirle que yo también lo amaba, pero habló primero,cortándome.

—Vamos a ir a cenar —sugirió, patinando fuera de la pista de hielo y sentándome en el banquillo. Él se puso de rodillas y me quitó mis patines. Sólo lo miré mientras lo hacía, incapaz de mantener la sonrisa fuera de mi cara. ¿Era este chico realmente mío? ¿Cómo conseguí ser tan afortunada?Después de que conseguimos de nuevo nuestros zapatos, nos fuimos a un pequeño restaurante italiano que dijo él que hacía la segunda mejor lasaña en el mundo.

—¿La segunda mejor? —pregunté riendo.

—Sí. Tu lasaña es genial —afirmó, sosteniendo mi mano con fuerza mientras seguíamos al camarero a la mesa.

—Sabes que me tienes ahora, puedes parar con los elogios —me burlé, riendo.

Él sonrió y sacudió su cabeza, rodando sus ojos como si estuviera siendo estú comida era buena y el restaurante era realmente bonito, tenía velas en cada mesa y era realmente muy romántico, era tan divertido estar cerca de él que no había un silencio incómodo. No podía dejar de preguntarme cómo no sabía nada de él antes de que estuviéramos juntos. Supongo que fue porque la única personalidad que alguna vez me mostró fue el lado idiota que, en realidad, no parecía ser una parte de su carácter en absoluto.

—Liam, ¿puedo preguntarte algo? —pregunté, demasiado curiosa para no preguntar.

—Por supuesto. Lo que tú quieras. —Se encogió de hombros, tomando un sorbo de su bebida, mirándome con curiosidad.

—¿Por qué siempre fuiste tan imbécil conmigo? Si te he gustado todo este tiempo,¿por qué siempre me enloquecías cuando éramos niños y siendo como un idiota conmigo? Sabes que solía odiarte, ¿cierto? —pregunté, alzando mis cejas,mirándolo en tono de disculpa.Él se rió.

—Ya sabes, hay una delgada línea entre el amor y el odio. Tal vez me amabas y note diste cuenta —sugirió, sonriendo. Sonreí porque eso era exactamente lo que estaba pensando antes.

—No, Peeta. Eras un imbécil completo para mí. Pero la mayoría de eso era un acto,¿no? Entonces, ¿por qué lo hiciste? —pregunté, necesitando la respuesta, me estaba matando porque simplemente no lo entendía.

—Finnick. —Se encogió de hombros.

—¿Finnick? no lo entiendo. —Le di mi mejor cara de "qué demonios".Él sonrió con tristeza.

—Finnick realmente no me quería cerca de ti. Me golpeó bastante un par de veces cuando éramos niños por ello. Él es realmente protector contigo. Era más fácil para mí mantenerme alejado de ti si en realidad no querías estar conmigo. Pensé que si te hacía querer estar lejos de mí, entonces yo no tendría que intentar tan duro —dijo, frunciendo el ceño.

Espera, ¿él fingió ser un idiota así yo no querría estar con él debido a Finnick?¡Maldito sea ese chico!

—Todos estos años, Peeta, simplemente me parece una pérdida. —Suspiré y sacudí la cabeza; si me lo hubiera dicho entonces, tal vez podríamos haber estado juntos durante más tiempo.

— Sabes, yo siempre pensé que tenías una doble personalidad—le dije, riendo.Él también se rió.

—¿En serio? ¿Por qué?.

—Bueno, siempre pensé en ti como el Peeta de día, que era un idiota, imbécil, y un hombre prostituto, ligón. Luego estaba el Peeta de noche, que era adorable, dulce y cariñoso. Siempre me ha gustado el Peeta de noche —le dije con sinceridad.Él sonrió feliz.

—Bueno, la noche era cuando me detenía de tratar de alejarte. Decidí que ya que Finnick no sabía nada, podía ser yo mismo y disfrutar de mi tiempo contigo. Para que lo sepas, sin embargo, ambas de mis personalidades te han amado por siempre —dijo, encogiéndose de hombros y sonriendo hacia mí.

Aww, ¡es tan malditamente dulce! Me estiré y sostuve su mano con fuerza.

—Me gustaría que me lo hubieras dicho antes, realmente te odié a veces —admití tímidamente, haciéndolo reír.

—¿Sí? ¿Cómo la vez que corté la cabeza a tu osito de peluche y la lancé a la basura? —preguntó, riendo.

Di un grito ahogado a la memoria de ello, ¡me había olvidado de eso! Finnick había sacado mi oso de la basura y lo puso de nuevo en mi cama para mí y arregló su cabeza.

—Sí, ¡idiota! —lo regañé, luchando contra una sonrisa.

—Sabes que nunca hice eso, ¿verdad? Fingí cortarle la cabeza y lo escondí en mi suéter y lo puse de nuevo en tu cama un par de horas después —dijo, sin dejar de reír.

—¡De ninguna manera! ¡Finn me dijo que él lo recuperó para mí! —Me reí.Él sacudió su cabeza.

—No. Esa fue una de las veces que pateó mi culo. Me agarró a escondidas en tu habitación ese día. Yo le dije que iba al baño —dijo, riendo y sacudiendo la cabeza.

—No puedo creer que mi hermano pateó tu culo. Eso es muy gracioso.

—Me alegro de que no me mate por salir contigo. Puedo mantenerme por mi cuenta en una pelea, pero Finnick es un maldito psicópata cuando se trata de ti. —Peeta frunció el ceño, moviendo ligeramente su cabeza, una sonrisa tirando en las esquinas de su boca.

—Sí, bueno, es mejor asegurarte de que no me hagas daño, ¿eh? —bromeé.

Él asintió con la cabeza.

—Nunca te haría daño, nunca. —Apretó suavemente mi mano, mirando directamente a mis ojos, todo su comportamiento mostrándome la verdad de sus palabras.

Le creí, no creía que alguna vez me lastimaría a propósito, pero sabía que rompería mi corazón tarde o temprano. Cuando fuera a la universidad y estuviéramos separados, aunque no me engañara, eso iba a doler mucho. Incluso si no estuviéramos saliendo sería terrible estar sin él, pero ahora sería como una tortura.

Aparté los pensamientos de mi mente. Yo no podía pensar en ello, no hasta que sucediera y aun así pudiéramos pasar a través de ello. Lo amaba lo suficiente para esperar por él. Sólo esperaba que él sintiera lo mismo dentro de cuatro meses cuando todas las zorras de la universidad se arrojaran sobre él y estuviera a un viaje de tres horas de distancia.

—Correcto, entonces, ¿estás lista para irnos? —preguntó Peeta después de haberme comido un pedazo enorme de pastel de chocolate yo sola. Asentí con la cabeza y arrojó algo de dinero sobre la mesa, extendiendo una mano para ayudarme a í.

—Sabes que te estás perfilando como el mejor novio del mundo —dije felizmente.

—Me encanta cuando me llamas eso. —Sonrió y envolvió su suéter alrededor de mis hombros mientras caminábamos hacia fuera en el frí agarré fuertemente de su mano, no queriéndolo dejar ir. Cuando llegamos al auto incluso abrió mi puerta para mí.

—Tal caballero, Peeta —bromeé.

Lo vi dar la vuelta hacia el lado del conductor. Era tan guapo, y era mío, yo no podía dejar de sonreír a ese conocimiento. Nunca había soñado que alguna vez tendría algo como esto con un chico. Cuando solía pensar acerca de las citas eso me asustaba enormemente porque no podía dejar que la gente me tocara, y todo el tiempo tuve al chico perfecto, quién estaba enamorado de mí, quien me abrazó y me mantuvo a salvo cada noche, y yo ni siquiera sabía. ¿Cómo pude haber sido tan estúpida?Cuando llegamos a mi casa, eran sólo las ocho. Finnick no estaría en casa durante otra hora, así que teníamos la casa para nosotros.

—Ven aquí, quiero hablar contigo —le dije, tirando de él hacia el sofá.

Parecía un poco preocupado y nervioso. Lo atraje a mi lado, sentándome cerca de él. Pude sentir la pasión construyéndose y sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que estuviera dispuesta a llevar las cosas más allá. Nunca me había sentido así antes, y aunque sólo habíamos estado juntos por cinco días, lo había conocido en él como nadie y sabía que no me haría daño.

No estaba preocupada porque no fuera capaz de esperar por mí, podía ver en sus ojos que iba a esperar tanto tiempo como yo quisiera, y ese conocimiento me estaba empujando hacia delante. Si dudaba de que me esperara, entonces no habría manera de que me sintiera así. Agarré su mano con fuerza mientras me limitaba a mirarlo, tratando de encontrar las palabras adecuadas para expresar mis sentimientos por él.

—¿Qué está mal, Ángel —preguntó en voz baja, con el ceño fruncido, frotando círculos en el dorso de mi mano.

Oh, mierda, ¿puedo decirlo? Estaba tan avergonzada, nunca había dicho algo como esto a nadie é una respiración profunda y quería que mi voz no mostrara los nervios que sentía en mi interior.

—Te amo, Peeta —le dije con sinceridad. Me miró, shock claro en su rostro. Su boca estaba abierta, sus ojos muy abiertos mientras asimilaba lo que dije. No podía dejar de reír—. Está bien, no es así como me imaginé tu reacción. —Hice una mueca,esperando que dijera algo.

Me empujó hacia abajo sobre mi espalda, rodando por encima de mí.

—¿Me amas? ¿En serio? —preguntó, el shock dejando su rostro para ser reemplazado por excitació í con la cabeza, sintiendo mis mejillas calentarse un poco.

—Sí, Te amo.

Se rió y me besó apasionadamente. Cuando se apartó sus ojos brillaban de felicidad.

—¡Gracias a Dios! Pensé que ibas a terminarme o algo así. Te veías tan seria que pensé que no querías estar conmigo —dijo, sacudiendo su cabeza, eché a reír.

—¿En serio? ¿Es por eso que parecías nervioso? —pregunté, riendo.

—Dilo otra vez —susurró.Envolví mis brazos alrededor de su cuello y tiré de él más cerca de mí, su boca aproximadamente a dos centímetros de la mía.

—Te amo, Peeta Mellark —susurré.

—Te amo también, Katniss Everdeen. —Me besó, duro, y no podía dejar de devolverle el beso con la misma intensidad. Pasé mis manos por su espalda y agarré la parte inferior de su camiseta, tirándola hacia arriba sobre su cabeza, arrastrando mis dedos por su pecho, simplemente asombrada de cuán perfecto era.

Sus manos vagaban por todo mi cuerpo ávidamente, él se apoderó la parte inferior de mi blusa y comenzó a tirarla hacia arriba lentamente, como si estuviera esperando algún tipo de reacción. Sentí mi amor por él incrementar a otra velocidad por la forma reflexiva y paciente de cómo era conmigo. Sonreí contra sus labios y él se apartó, mirándome con curiosidad.

—¿Está bien? —preguntó, preocupación coloreando su voz.

Asentí con la cabeza y lo empujé fuera de mí para poder sentarme. Agarré mi blusa y la saqué por encima de mi cabeza, tirándola al suelo. Me estaba mirando en estado de shock. Tiré de él de nuevo hacia mí, besándolo profundamente. Sus manos estaban en todas partes mientras nos enrollábamos pero no hizo nada que no quería que hiciera. Fue perfecto y dulce. Un final increíble para una cita increíble. Después de un rato se retiró y yació a mi lado, hablamos felizmente por un rato. A las nueve, suspiró.

—Finnick va a estar en casa pronto, tal vez deberíamos vestirnos —sugirió, luciendo un poco reacio mientras sus dedos se perdían por encima de mi sujetador y estó í con la cabeza.

—Sí. No creo que estaría muy contento si llegaba a casa y descubriera que me has visto sin la blusa, Peeta —dije con fingido horror. Se rió y se sentó, agarrando mi camisa del suelo y pasándomela, besándome otra vez con ternura.

Cuando los dos estábamos completamente vestidos de nuevo, nos sentamos viendo la televisión hasta que Finnick volvió a casa. No podía mantener la sonrisa fuera de mi cara, Peeta me amaba y yo lo amaba y todo era perfecto.

Finnick volvió a casa y ellos jugaron en la Wii mientras yo hacía mi tarea, tratando sin éxito, de no mirar el culo de Peeta mientras permanecía de pie delante de mí. A las diez se fue a casa para cambiarse de ropa y ver a sus padres durante media hora antes de que se colara por mi ventana esta noche. Apenas podía contener mi emoción por estar de nuevo con él.

—Así que, ¿cómo lo están llevando ustedes? —preguntó Finnick, curiosamente,cuando estábamos por nuestra í con alegría.

—Muy bien en realidad. Gracias por no enloquecer ni hacerle daño ni nada —dije,haciendo una mueca ante la idea.Él sonrió con tristeza.

—Eso está bien. Sólo ten cuidado, es un jugador, no quiero que salgas lastimada.—Me miró con preocupación. Él siempre fue sobreprotector, pero creo que por crecer en la forma en que lo hicimos, siempre sintió la necesidad de protegerme de nuestro padre. Supongo que ese instinto nunca se fue, incluso después de que mi padre lo í y negué con la cabeza.

—No me lastimará —afirmé con aplomo.Él se rió.

—Tal confianza en un chico que nunca se las arregló para conservar una novia antes —reflexionó, sacudiendo la cabeza.

—Finn, Peeta es un gran chico, no me lastimará. Él me ama

.Suspiró y asintió con la cabeza.

—Yo sé que lo hace. —Frunció el ceño con desaprobación mientras lo decía. No creo que Finn alguna vez aprobara a alguien que yo trajera a casa, era tan condenadamente sobreprotector. Siempre había sido el mejor hermano que una chica podría desear.

— Entonces, ¿necesitas hablar conmigo sobre papá o algo? —preguntó, haciendo una mueca ligeramente mientras decía la palabra papá.Cerré mis ojos, había estado posponiéndolo, siquiera pensando en que ese hombre regresara.

—Yo no quiero verlo —dije en voz baja.

Él me atrajo en un abrazo.

—Está bien, entonces no vamos a verlo. —Frotó mi espalda con dulzura,mirándome preocupado, como si pensara que iba a tener otro ataque de pánico como la última vez que hablamos de él.

—Puedes verlo si quieres —dije, sintiéndome un poco culpable. No quería detener a Finnick de verlo si él querí rió sin humor.

—En realidad, necesito verlo. —Se encogió de hombros, y mi corazón se hundió,no quería a Finnick en cualquier lugar cerca de ese imbécil.

—Bien, bueno, si eso es lo que quieres… —me callé, tratando de no se retiró del abrazo y me miró con tristeza.

—Yo no quiero verlo, Katniss, quiero matarlo —afirmó, encogiéndose de hombros casualmente, haciéndome reír. Le di una palmada en su hombro haciéndole reír.

—Te prometo que no dejaré que te haga daño, nunca más. —Besó el lado de mi cabeza con suavidad, todo su cuerpo tenso.

Sabía que Finn siempre se sintió culpable de que no hiciera algo pronto. No creía que jamás se hubiera perdonado a sí mismo por ello, pero era una creencia irracional, nada de eso fue su culpa, sin embargo tomó toda la culpa por no ponerle fin antes de lo que lo hizo. Creo que olvida que él pasó por eso también, simplemente se preocupa por mí siempre.

En realidad nunca habla del hecho de que probablemente se lesionó el doble de lo que yo porque siempre me estaba protegiendo. Siempre parece olvidar que era un niño en ese momento también, que no podía haber hecho nada al respecto de todos modos porque no era lo suficientemente fuerte.

—Sabes que eres el mejor hermano del mundo, ¿verdad? —dije, sonriendo feliz.

Asintió con la cabeza, sonriendo hacia mí.

—Sí, lo sé —respondió engreídamente, haciéndonos reír de nuevo.

Suspiré, sintiendo el agotamiento filtrándose en mí.

—Me voy a la cama. Buenas Noches, Finn. —Besé la parte superior de su cabeza cuando fui a mi habitación, cerrando la puerta detrás de mí por el há puse mi pijama y justo cuando estaba a punto de conciliar el sueño, oí mi ventana abriéndose. Le sonreí felizmente mientras Peeta se subió en la cama detrás de mí, envolviendo sus brazos alrededor de mí.

—Hola, tú —murmuré soñolienta. Besó la parte posterior de mi cabeza con suavidad.

—Hola, tú —respondió, mientras me acurrucaba contra él.

—Te amo, Peeta. —Sonreí mientras decía las palabras, simplemente se volvía más fácil y más fácil decirlo cada vez.

—Te amo más, Ángel. —Suspiré y cerré mis ojos, a la deriva en el sueño, sintiéndome segura y cálida, envuelta en su abrazo.

Aquí estoy chicos! Lo prometido es deuda.

Estoy feliz! (Vamos Argentina, de nuevo en la final después de 24 años :D! )

Y también feliz por el teaser trailer de Sinsajo. Casi me muero, estuvo perfecto. Ya quiero ver la peli!

Les traje este hermoso capítulo, espero que lo disfruten, mañana subo el próximo, porque tengo que estudiar, mañana tengo examen y todavía no estudie, así que me tengo que poner las pilas.

Los veo pronto!

Besos a todos!