Preguntas.
Era una noche despejada, con una luna enorme. Lovino contemplaba el cielo desde la ventana de su habitación cuando alguien entró por la puerta, interrumpiendo su momento de paz.
-Fratello... - Era pequeño hermano de 8 años. Sus ojos rojos e hinchados delataban que había estado llorando. - Ve-ee... he tenido una pesadilla... p-puedo dormir contigo?
-Tsk. Si... - El mayor, de 9 años de edad, se apartó de la ventana y se dirigió a la cama para acostarse junto con su hermano, al que aun le caían unas pocas lágrimas.
-Soñé con p-papá y mamá...
-No pienses en eso, tonto. Duerme de una vez.
Lovino abrió los ojos y los volvió a cerrar de forma inmediata debido a la cantidad luz que entraba por la ventana. Intentó volver a abrirlos y esperó a acostumbrarse a la claridad. Se revolvió en la cama y cogió el teléfono para mirar la hora: 14:57. Lo dejó sobre la almohada y miró al techo.
-Porqué tengo que acordarme de esas cosas? - Quitó la alarma de su teléfono y salió al salón.
-Fratello. - No obtuvo respuesta. - Fratello! - Nada. - FRATELLO! - De nuevo, nada.
Comprobó la habitación de su hermano y el baño. No había rastro de Feliciano, por lo tanto no estaba en el apartamento. Iba a salir a buscarle cuando se percató de que había una nota pegada en la puerta de su dormitorio: "Estamos en la cafetería".
-'Estamos'? - Tiró la nota y salió del apartamento. Si mal no recordaba, la cafetería la había visto esa misma mañana al llegar a la universidad.
Su paso era apurado y algo tenso, no hacía más que preguntarse con quien estaría su hermano y lo único que se le ocurría es que estaba con el par de depravados que vivían al lado. A lo lejos, pudo ver que la cafetería tenía las puertas abiertas y que en su interior había un grupo de gente. A medida que se acercaba, los distinguía mejor: Había un grupo de siete personas sentadas. Al primero que vio fue a un chico de cabellera blanca que llevaba puesta una camiseta negra algo ajustada, a su derecha había otro individuo, con un par de gafas descansando sobre su nariz, que estaba vestido con lo que parecía una camisa azul. Su pelo era castaño, con un mechón en punta sobresaliéndole del flequillo. También distinguió a otro chico, era rubio y llevaba el pelo peinado hacia arriba y, lo que le llamó la atención al italiano, es que a pesar de las altas temperaturas llevaba una fina bufanda con dos franjas azules y una blanca en medio. Entre él y el de cabellera castaña había una chica. Su pelo era largo y de un marrón muy claro, pudo ver que llevaba dos horquillas con flores sujetando unos mechones encima de su oreja. Llevaba un bonito vestido veraniego de color verde que se ajustaba en la zona del pecho y luego caía libre hasta las rodillas. "Muy guapa" pensó.
En frente suya estaba el rubio pervertido que vivía en el apartamento contiguo al de los italianos y a su lado estaba su hermano. Por último, observó que entre su hermano y el albino, había otra persona. Era un chico, llevaba una camiseta de tiras negras que dejaba ver que estaba muy en forma además de ser muy grande. Su cabello era de un rubio muy claro y lo llevaba peinado hacia atrás. "Mierda."
-Ciao, fratello! - Saludó el otro italiano cuando llegó a la puerta. Lovi se fijó en que habían juntado dos mesas y en que había tres sillas vacías entre la chica y el rarito de la bufanda.
-Tu debes de ser Lovino! - Era la chica la que hablaba. - Mi nombre es Elizabeta. Ven a sentarte! - Le indicó el asiento libre que había a su derecha.
-Ksesese, yo soy el grandioso Gilbert! Y este estirado de aquí es Roderich. - El de ojos rojos señaló al castaño.
-A quién llamas estirado, narcisista?
-No es mi culpa ser tan genial, ksese- Calló inmediatamente al ver la mirada de Eli y como un mango de sartén asomaba por la mesa. - B-bueno... Este es mi no-tan-genial burder, Ludwin. - Señaló al rubio de su izquierda. Lovino le dedicó la peor de las miradas, cosa que no pasó desapercibida por el alemán. - Aquel es Gerjan - Dijo indicando al extraño de la bufanda. - Y al melenas, al parecer, ya lo conoces, Francis.
-Mon ami, ya quisieras tu tener mi pelo.
-Si, ya lo conozco. - Miró con desconfianza al francés que le guiñó un ojo probocándole un escalofrío. - Porqué no me despertaste? - Miró a Feliciano.
-Ve... No quería molestarte.
-Lovi! Has venido! - El italiano se giró y se encontró con los ojos verdes de aquella mañana. El español iba vestido con unos vaqueros desgastados y una camiseta blanca que realzaba su moreno. - Te acuerdas de mi? Nos conocimos hace un poco~
-Claro, como olvidar a un bastardo pervertido como tu.
-Jo Lovi, no soy un pervertido. - Hizo un puchero. - Bueno, ahora que ya estamos todos: Que queréis comer? Hay tortilla de patatas y... Eer... - Miró dentro de la cocina a través de la puerta. - Tortilla de patatas!
-No pienso comer algo que hayas hecho tu. - Habló por primera vez el holandés, sorprendiendo a todos.
-Venga Gerjan, no seas así. - Una chica, de ojos verdes y cabello corto y rubio, salió de la cocina. Llevaba una diadema verde, una camiseta básica de tiras amarilla y unos pantalones verdes cortos. - No hay otra cosa que tortilla, algo tienes que comer...
-De acuerdo. - Dijo después de estar unos segundos mirando a la chica.
Todos hablaban y comentaban cosas triviales, menos Lovino que se sentía fuera de lugar, mientras el español y la belga colocaban las cosas para comer. Pusieron un mantel y traían platos, vasos y cubiertos. Preparaban servilletas, un cuenco con salsa de tomate y una cuchara, una jarra con agua y por último trajeron dos tortillas de patatas te tamaño considerable.
Durante todo ese rato, Lovino no le quitó el ojo de encima a su hermano, que charlaba alegremente con el alemán que tenía a su lado.
-Lovi! - Antonio se sentó a su lado. - Cuanto tiempo lleváis en España?
-No me llames así, maldita sea. Y que te importa eso?
-Tengo curiosidad. - sonrió. - Habláis muy bien castellano
-Nuestro abuelo nos enseñó. Llegamos esta mañana.
-Oh! Pero entonces no conocéis nada, que tal si os hacemos una visita guiada después de comer?
-Que buena idea, Tonio! - Exclamó la húngara llamando la atención de todos. - Así podemos pasar por la tienda de cómics, avisaré a Kiku. - Dijo cogiendo su teléfono de su bandolera, que colgaba de la silla.
-ESO ES MUY POCO GENIAL, VAYAMOS A LA PLAYA! KSESE-De la nada, la chica sacó una sartén y se la estampó al albino en la cara haciendo que cayese hacia atrás. - No golpees mi fantástica cara, marimacho! - Volvió a darle pero, esta vez, le dejó viendo gilpits volando en círculos.
-Alguna otra idea? - Aun tenía la sartén en la mano.
-No, no. - Negaron todos al únismo.
-Eliza tiene razón, es mejor que primero les enseñemos la ciudad. - Opinó el rubio alemán.
-Ve, suena divertido~ - Todos empezaron a hacer planes para esa tarde mientras comían.
Roderich colocó bien la silla de Gilbert, que seguía tirado en el suelo. El moreno se acuclilló al lado del albino y comprobó si aun respiraba poniendo un dedo debajo de su nariz. Si, respiraba. Lo sacudió un poco, con la intención de despertarlo pero nada. Lo volvió a sacudir y de nuevo nada. Lo miró durante unos segundos, algo preocupado, y lo sacudió con más brusquedad.
-Gilbeeert!
-Uh..? Ese es mi impresionante nombre... - Abrió poco a poco los ojos, encontrándose la mirada preocupada del castaño. Estaba muy cerca.
-Estás bien?
-Claro, como que un simple golpe iba a poder con el genial yo...
-Claro. - Ambos se levantaron y se sentaron en sus respectivos asientos. Francis, al ver que el albino volvió en si, comenzó a planear con este sobre que harían esa tarde.
Todos charlaban alegremente excepto Lovino, que los miraba mientras comía su pedazo de tortilla con salsa de tomate.
-Te gusta la tortilla, Lovi? - Le preguntó el español.
-Te dije que no me llames así, bastardo.
-Dejo de llamarte así si tu dejas de llamarme 'bastardo'. - Lovino le miró, estaba sonriendo de una forma encantadoramente estúpida.
-Tsk. Bastardo.
-Jajajaja, yo gano. Y bien, te gusta?
-Es pasable.
-Entonces si te gusta! Te has puesto rojo, Lovi. Pareces un tomate, que mono~
-Maldita sea. Deja de decir esas cosas, bastardo idiota!. - Le golpeó en el hombro.
-Jo Lovi, eres malo! Deberías sonreír más. - Se estaba sobando el hombro donde le golpeó.
-Cállate.
Todos acabaron de comer, y luego de prepararse para salir, fueron reuniéndose en la entrada del recinto donde quedaron de encontrarse. Los últimos en salir de la residencia fueron los italianos, ya que el menor de estos no decidía en que ponerse y el mayor sabía perfectamente el porqué o mejor dicho, el por quién. Al final se decantó por una camiseta verde claro y unos pantalones cortos, de color azul oscuro, que le quedaban por encima de la rodilla. El mayor se puso una camiseta roja y pantalones largos de color beis.
-Ve, que divertido. Eli dijo que avisaría a más para ir~
-Más idiotas que aguantar.
-Fratello! No son idiotas, son muy simpáticos. Es que no te cayeron bien, ve? Hablabas mucho con Antonio~
-Ese bastardo no paraba de hablar, cazzo. Y tu hablabas mucho con ese macho patatas. - Feliciano lo miró sorprendido.
-Ve-e... B-bueno... Me explicó un poco como era la universidad y me contó que está estudiando Ingeniería Industrial y que este sería su segundo año. También me contó que su fratello no está estudiando pero que vive aquí porque trabaja en la cafetería y a veces ayuda con el mantenimiento.
Lovino le miraba mientras hablaba hasta que doblaron la esquina del edificio principal, allí donde esa misma mañana su abuelo les había abandonado. Pudo ver a un grupo numeroso de gente en la entrada. "Es que va a venir toda la puñetera universidad?" Pensó cabreado.
-LOOOVI! - Era Antonio que se había cambiado la camiseta blanca por una camisa, también blanca, de manga corta y un par de botones sin abrochar. - Venid , venid que os presento. Este es Alfred.
-Hello! - Era un chico de su misma altura, pero algo más musculoso. Su pelo era de un castaño muy claro, prácticamente rubio, con el flequillo de lado y, al igual que Roderich, con un extraño mechón saliéndole en punta de este. Sus ojos eran de un intenso azul claro y descansando sobre su nariz, tenía un par de gafas de montura fina. Llevaba puesta una camiseta gris con el escudo de Capitán América y unos vaqueros con una cadena en el lado izquierdo de su cadera. - Yo soy el héroe. Si necesitáis ayuda ya sabéis a quien acudir, my friends!
-El es Kiku.
-Konichiwa Lovi-san, Feli-kun. - Esta vez, el chico era algo más bajo que los italianos. Su cabello era totalmente negro, al igual que sus ojos, y lo llevaba algo largo pero no demasiado, con el flequillo recto y rebajado en la nuca. Vestía una camisa blanca abierta, con una básica azul marino debajo y unos vaqueros cortos.
-Este es su hermano mayor, Yao.
-Nihao. - Era de la misma altura que el otro asiático. Tenía el pelo lacio largo y recogido en una coleta. Al igual que sus ojos, era de un castaño muy oscuro. Llevaba puestos unos pantalones similares a los del menor de los italianos, solo que eran de color gris rojizo a juego con la camiseta que llevaba, roja.
-Y e-este es Iván.
-Privet. - Los italianos retrocedieron un paso. Era un chico alto, muy alto, el más alto. Su pelo era rubio, casi blanco, y lo llevaba algo largo, con el flequillo peinado hacia un lado aunque algunos mechones le caían sobre los ojos, que eran de un extraño color violeta. Tenía la nariz aguileña y una expresión inocente, cosa que lo hacía aun más siniestro. Al igual que el holandés, a pesar de las altas temperaturas, llevaba una larda bufanda, la cual le colgaba hasta la cintura. Vestía una camiseta blanca de tiras que dejaba ver los grandes, aterradores y musculosos brazos del chico, y unos pantalones militares de color beis grisáceo. - Un placer conoceros. - Dijo con una siniestra sonrisa.
-No lo digas sonriendo así-aru, no ves que los asustas-aru?
-Hahahaha, no temáis del mastodonte ruso. Yo os prote...geré... - Su voz se convirtió en un hilo de voz cuando vio una tubería, salida de la nada, en las manos del alto.
-Mastodonte? - Ensanchó su sonrisa.
-HEEELP! - Se escondió detrás del japonés, teniendo que agacharse un poco dado la diferencia de altura.
Yao detuvo a Iván, que iba detrás del americano, y lo tranquilizó para que no matase a nadie. Feliciano se fijó en que ya no había rastro de la tubería.
-B-bueno, al resto ya los conoces. - Señaló a los alemanes, al francés y a la húngara. No estaban ni el austriaco, ni la belga ni el holandés. Al parecer, al primero no le apetecía ir, la segunda tenía que hacer a-saber-qué en la cafetería y el último no iría si estaba el español.
Todos salieron del recinto, conversando entre ellos: Alfred, Kiku y Eli mantenían una disputa sobre que eran mejor, los mangas o los cómics. Gilbert reía con Francis de las anécdotas que este le contaba. Ivan y Yao conversaban tranquilamente. Feliciano le contaba como era su vida en Italia a Ludwin, que escuchaba con atención. Y, como no, Antonio iba con él.
-Qué te parece Galicia, Lovi?
-Llegué esta mañana, como voy a saberlo?
-Es cierto, jajaja. Mira, esa es una tienda de música muy buena, tienen de todo! A mi me encanta. Ves ese edificio? Pues tiene más de 100 años, a que es increíble? Oh! Por allí se va al Zoo, tenemos que ir antes de que empiece el curso. Y si bajas esa calle y andas por un rato llegas a una de las mejores playas, es muy bonita. Aun que lo mejor es coger un bus, al principio son algo liosos pero seguro que le acabas cogiendo el tranquillo. Esta es la Plaza de España, a que tiene una bonita escultura? Es de mis favoritas. - Lovino se fijó en que era la misma que había visto cuando pasó en el coche de su abuelo. - Por aquí también se va al centro comercial Gran Vía. Tienen un cine, también tenemos que venir! Hay una peli que se estrena la semana que viene, tengo muchas ganas de verla. Se llama 'Ocho apellidos vascos', has odio hablar de ella?
-No.
-Claro, no sé porque pregunto jajaja. Es una película española, sobre un andaluz que empieza a salir con una vasca. Tiene muchos estereotipos y tal, es una comedia. Tiene muy buena pinta. Ah! Esa es Plaza de América, a que tiene una rotonda muy grande? Me gusta mucho la de Plaza de España pero esta es una fuente muy bonita. Aquel de allí es el centro comercial Las Camelias, no es muy grande, la verdad, pero si quieres podemos ir después. Ese es el polideportivo y allí en frente, esta Sousa Cómics, nuestro destino. - El semáforo estaba en rojo, así que estaban esperando para cruzar cuando un coche de color amarillo entró a la rotonda.
-COCHE AMARILLO, ESCUDO! - Gritó Alfred, con la intención de darle un golpe en el brazo a Kiku pero perdió el equilibrio y acabó golpeando a Iván, que estaba al lado. - Shit.
-Escudo? Tienes de eso? - Inmediatamente el semáforo se puso en verde para peatones, el americano echó a correr gritando blasfemias mientras el ruso corría detrás de el, sonriendo con una tétrica y dulce expresión, con la tubería en la mano que, de nuevo, nadie sabía de donde la había sacado.
-Siempre están igual-aru. - Suspiró.
-Tranquilo, Yao-kun. Ya volverán. Al menos uno de ellos...
Kiku y Eli entraron en la tienda mientras los demás se sentaban en una de las mesas en la terraza de la cafetería de al lado. De nuevo, como ese medio día, juntaron dos mesas. Feliciano se sentó al lado de Ludwin, y al lado de esté se sentó Gilbert. A la izquierda del italiano se sentó su hermano y el español al lado de este. Francis se sentó junto al albino y Yao junto al español, dejando cuatro asientos libres, tres entre el francés y Yao y uno entre el chino y Antonio, para los que faltaban.
-Que van a tomar? - Apareció un rubio camarero, con los cabellos sujetos por dos horquillas en cruz. - Mierda.
-Ksesese, no sabía que trabajabas de camarero, Lukas!
-Esa era la intención.
-Lukas, mon ami, estes son los nuevos. Feliciano y Lovino. - Señaló a los hermanos Vargas.
-Un placer, ve~
-Luke! Como funcionaba la cafetera? - Otro camarero rubio apareció. Feliciano reconoció al chico, era el que esa mañana suplicaba de rodillas al otro.
-Eres un inútil, espera. - Le dijo al danés. - Que os pongo?
-Un agua mineral, s'il vous plaît.
-Lo mismo-aru.
-Una gaseosa, por favor~
-Una cocacola para el genial yo!
-Agua.
-Vee~ Una cocacola.
-Nestea, cazzo. - El noruego tomó nota de todo.
-Quien es tu no-increíble amigo?
-No es mi amigo. Solo es un maldito acoplado.
-Veo que os lleváis bien. - Comentó Antonio.
-Es que no escuchas? - El español solo amplió su sonrisa. - Déjalo. - El noruego volvió a entrar al local.
-Puedo preguntaros algo, mon amis? - Se dirigió a los dos italianos.
-Ve~ Claro.
-Tenéis pareja? - Ambos hermanos se sorprendieron ante la pregunta y se miraron entre si.
-Que cojones te importa?
-N-no...
-Y tu porqué le contestas, idiota?
-Venga Lovi, no te enfades~
-Tu calla, bastardo. - Antonio solo rió. Mathias apareció con una bandeja en la mano, donde llevaba todas las bebidas y sus respectivos vasos.
-Aquí tenéis, chicos. - Dejó las cosas sobre la mesa.
-Tu eres el amigo de Lukas! Como te llamas?
-Mathias. Sois de la residencia?
-Oui, mon ami. Ellos son Yao, Antonio, Lovino, Feliciano, Ludwin, Gilbert y yo Francis.
-Un placer~ Os dejo, chicos. Tengo que seguir trabajando. Es mi primer día. - Sonrió y se dio media vuelta.
-Y... nunca habéis tenido? - Siguió preguntando el francés mientras Mathias se retiraba.
-Que te importa, cazzo!?
-P-pues...
-Cállate, fratello stupido!
-Pero f-fratello...
-Es que quieres que pase lo mismo que en el pueblo? - Ante las palabras se su hermano, Feliciano cerró la boca y dejó de contestar.
-Oh? De que habláis, mes amours?
-Maldito cotilla, deja de hacer preguntas. Cazzo! - El silencio hizo acto de presencia. Ninguno de los allí presentes se atrevía a decir o a preguntar algo. Ludwin observó a Feliciano, que estaba algo decaído y sin apartar la vista de sus manos apoyadas sobre su regazo, y luego se dirigió a su hermano Gilbert, preguntándole con la mirada si entendía que estaba pasando pero este solo negó con la cabeza. Antonio miraba apenado a Lovino, que estaba notablemente enfadado mirando hacia cualquier punto lejos de esa mesa. Al español solo se le ocurrió lanzarle una mirada de reproche al francés, que miraba a ambos hermanos intentando averiguar el porqué de esa reacción. Yao, por otro lado, observaba toda esa escena rezando internamente, a todos los dioses que conocía, para que apareciera alguno de sus compañeros desaparecidos. Y estos rezos fueron escuchados, ya que Iván apareció doblando una esquina, sin la tubería, seguido por Alfred que no hacía más que frotarse el costado con una expresión de dolorosa molestia.
-Hello. - Saludó sentándose entre el chino y el español. - My god, la tensión es palpable. Ocurrió algo?
-No te preocupes, mon ami. Me sorprende que sigas entero, es que has vendido tu alma al diablo? - Miró al ruso.
-Creo que tengo un par de costillas rotas... - Sollozó.
-Quieres saber que se siente al tener realmente dos costillas rotas? - Preguntó con su tétrica sonrisa el ruso, sentado ya al otro lado del chino.
-Déjadlo ya-aru. No hacéis más que pelearos-aru. Tenéis que aprender a controlar esos impulsos y dejar de intentar mataros el uno al otro-aru.
-What!? Pero si el sádico es él!
-Quién es el qué? - De nuevo, apareció la tubería.
-BASTA-ARU!
-Yao está en lo cierto. No podéis seguir con esa actitud. El curso pasado os expulsaron 3 veces por vuestro comportamiento. - Dijo Ludwin. - Y molestáis a los demás.
-I'm sorry...
De la tienda de cómics salieron la húngara y el japonés, cargados cada uno con una bolsa llena de cosas.
-Cada vez está todo más caro! Es un atraco a mano armada. - Se quejó la castaña mientras tomaba asiento.
-Ksesesese, puedes trabajar para mi increíble yo si necesitas más dinero.
-Ni por la colección entera de One Piece y Naruto trabajaba para ti.
-Uh?
-Nada. - Suspiró. - Pasó algo? Estáis muy callados.
-Nada, no pasó nada. No te preocupes Eli. - Dijo Antonio.
