HE REVIVIDO! Vale, ya sé. Estar meses sin actualizar ha sido algo irresponsable y cruel por mi parte. No tengo escusa... Bueno, para el primer mes si, creo. Pero para el resto no... De verdad lo siento!
En compensación he intentado hacer este capítulo lo más largo que he podido. Que por cierto, por el título ya os imaginareis que no va a ir de los queridos hermanos Vargas, sino del grupo de nórdicos que todos conocemos. En particular de Dinamarca y Noruega. Ya que las parejas principales son GerIta y Spamano, supongo que os preguntareis porque un capítulo entero sobre Mathias y Lukas y bueno, es que me encantan. No me he podido resistir a escribir sobre ellos también.
Ya os aclaro que los protagonistas seguirán siendo Feliciano y Lovino, así que tranquilidad. Pero la verdad es que se me ocurrió que cada tantos capítulos, podía subir uno sobre lo nórdicos, donde explicar mejor la evolución de esta pareja. Algo así como capítulos extra. Pero bueno, no me hagáis mucho caso, puede que lo haga y puede que no. Aun que lo más probable es que si.
Otra cosa, como la mayoría sabéis Suecia tiene una forma particular de hablar. Como comiéndose letras, y la verdad es que a mi nunca se me dio bien escribir de esa forma, así que si lo notáis extraño es por eso.
Sin más que añadir, disfrutad del capítulo.
Vikings.
.- Dos meses y medio antes -.
-Mathias! Ocurrió algo? No te he visto en todo el recreo. - El chico sentado en su pupitre, apartó la mirada de la ventana para mirar a su compañero de clase.
-Fui a la biblioteca para mirar mi correo. Al parecer me admitieron en la misma universidad que a ti! - Sonrió.
-Eso es genial! Volveremos a ser compañeros otro año más. - Dijo mientras se sentaba en el pupitre que estaba a la derecha del danés. Otros alumnos fueron llegando poco a poco, ya que apenas quedaban unos minutos para que comenzase la penúltima clase.
-Ya, pero no sé donde viviré. Tendría que buscar un trabajo que me vaya bien con los horarios de las clases y aun así, no creo que consiga pagar un apartamento yo solo... y no puedo ir todos los días de Madrid a Vigo. No?
-No, me temo que no puedes. - Sonrió un poco. - A lo mejor puedes quedarte en el mismo apartamento que Su-san y yo. Me dijo que era en la propia residencia de la universidad y que era de tres habitaciones. - Cuanto más hablaba Tino, más se le iluminaba la mirada a Mathias.
-En serio!? Eso sería genial! Estás seguro de que tiene una habitación libre?
-Bueno, nunca me habló de ningún compañero, aun que tampoco es que hable mucho de esas cosas.
-Espera, 'Su-san' no es ese tipo que conociste en Internet? Vas a vivir con alguien que conociste en un chat? - El más bajo no pudo evitar sonrojarse un poco.
-Hablamos desde hace mucho tiempo! Y es muy simpático...
-Oh! Así que te gusta. Sabes como es?
-N-no me gusta!. Y si, hemos hablado por video-llamadas algunas veces.
-Uh, que sospechoso. - Le miró de forma pícara, cosa que intensificó el sonrojo del menor.- Bueno, confío en ti, seguro que es un buen tipo. Tengo que empezar a buscar trabajo! Hoy comienzo a buscar ofertas por Internet.
A principios de agosto, comenzaron a planificar el viaje. Decidieron ir en tren, ya que les salía algo más barato que ir en avión. El que parecía más emocionado era el danés, ya que por fin iba a dejar el nido. No es que tuviera una mala relación con sus padres, pero estos siempre le habían presionado mucho en todo lo que tuviera que ver con los estudios. Cuando se enteraron de que lo que Mathias quería estudiar era carpintería y restauración de muebles se llevaron una gran desilusión, y su padre no pudo evitar discutir con él. Después de haber estudiado tanto para selectividad e incluso seguir tomando clases de refuerzo a pesar de haber sacado esta con una nota considerable, elegía una carrera de carpintería en lugar de algo con más 'salidas'. Pero a Mathias siempre le había gustado trabajar con la madera y hacer todo tipo de cosas con ella. Incluso montó un pequeño e improvisado taller en su garaje y muchos de sus vecinos le encargaban hacer y arreglar cosas, lo que le proporcionaba un dinero extra considerable. Pero sus padres no querían ver esto, y sabía que si estudiaba en alguna universidad donde tuviera que seguir viviendo con ellos, no pararían de reprocharle el haber escogido esa carrera. Por eso cuando su buen amigo Tino, el único que compartía su pasión, le contó que estudiaría en Vigo por invitación de ese sujeto con el que llevaba un año, quizá más, decidió irse con él.
Por otro lado, Tino no tuvo problema alguno con sus padres. Nunca lo tuvo, realmente. Los trabajos de sus padres les impedían pasar apenas por su casa. Solían llegar tarde e irse muy temprano, por lo que Tino siempre fue un chico solitario y bastante tímido. Con 10 años empezó a frecuentar el viejo taller que tenía su abuelo, el cual no se había tocado desde su muerte. Con el tiempo aprendió a manejar todas y cada una de las máquinas y en su rato libre, se dedicaba a trabajar allí. Lo que más le gustó siempre era hacer figuritas de madera, y en los recreos es a lo que se dedicaba, hasta que conoció a Mathias. En mitad del primer trimestre de su segundo curso en secundaría, el extraño chico se le acercó mientras tallaba un reno en un trozo de madera. Después de eso, se volvieron más cercanos y hacían algunos trabajos juntos.
A finales de su primer curso de bachiller, encontró un foro de carpintería, donde los miembros compartían trucos, ideas e incluso sus trabajos ya finalizados. Allí conoció a 'Su-san' quien en realidad se llamaba Berwald Oxenstrerna. Un chico sueco que vivía en Galicia por motivos que Tino desconocía, ya que cuando le preguntó, el otro cambió de tema y no se atrevió a volver a preguntar. Después de sacar la selectividad, le comentó a Berwald que no sabía donde estudiar, ni siquiera sabía que hacer, ahí es cuando el otro chico le invitó a irse con él a Vigo.
Hasta aquí todo genial, no? Entonces cual es el problema? Bueno pues que Tino le dijo a Berwald, que un amigo suyo iría con él el mismo día que Mathias se enteró de que podían estudiar en la misma universidad. Pero el pequeño rubio es algo despistado, y hasta la noche anterior de coger el tren, no se acordó de preguntar si la otra habitación estaba disponible y por primera vez, Berwald le habló a Tino de Lukas, su compañero noruego. El finlandés, ya empezando a agobiarse le explicó todo lo hablado con Mathias y que ya no podía dejarlo en Madrid. Ambos, decidieron hacer como que no sabían nada, ya lo arreglarían una vez allí.
.- Día del tan esperado viaje -.
Esa mañana salían hacia Galicia. Luego de despedirse en la estación de los padres de Mathias, los que aun no parecían aceptar el destino de su hijo, se subieron al tren. Los padres de Tino no habían ido por temas de trabajo, aun que el rubio parecía acostumbrado, no podía evitar sentirse algo desilusionado.
-Que ganas! Me pregunto como será la ciudad, habrá chicas guapas? - No paraba de moverse en el sitio, mirando con todo detalle lo que había en el vagón. A ellos les había tocado ir en un vagón algo grande, con filas de asientos emparejados a cada lado. El alto había escogido ir en el sitio junto a la ventana.
-Seguro que sí. Aun que deberías aprovechar que allí no te conoce nadie y quitarte de encima la fama de don juan y rompe corazones.
-Tienes razón! Debería aprovechar que nadie me conoce.
-Eh? - Miró sorprendido a su amigo. Acaso iba a hacerle caso?
-Si me lo monto bien, podré ligar incluso más que antes.
-Ah... claro. - Demasiado bonito para ser cierto. Solo esperaba no tener que aguantar los berrinches de las chicas con las que salía. Cuando rompía con ellas, Mathias desaparecía de forma misteriosa y al final ellas acababan desahogándose con él, que nunca les había hecho nada. - Solo hazte responsable de lo que hagas. - Suspiró al recordar el porqué era así. Ya había pasado un año, pero en el fondo sabía que su amigo no lo había superado.
-Si, si. Oye, como son las habitaciones? Espero que no sean muy pequeñas, y que las paredes sean algo gordas. - Sonrió de forma pícara.
-Las habitaciones? Eh... pues... - ''tu no tienes habitación''
-Pues...? Pasó algo que yo no sepa?
-Eh!? N-no, n-nada. Que iba a pasar? - Empezó a reírse nervioso.
-Tino, que me estás ocultando? - La mirada seria del danés lo heló. Podía meter mucho miedo cuando quería.
-R-resulta que Su-san tenía un c-compañero y no quedan habitaciones libres. - Dijo, cada vez más rápido y con voz más aguda.
-QUE!? Y que se supone que haré yo!? Porqué no me lo dijiste!? Desde cuando lo sabes!? - Utilizando los reposa brazos de apoyo, el danés se alzó un poco de su asiento mirando hacia su compañero. No podía creer lo que estaba escuchando, parecía una broma de mal gusto, pero sabía que Toni no era de hacer bromas.
-Desde anoche...
-Como es eso posible!? Es que no se lo habías preguntado antes?
-No me había dado cuenta de que no se lo preguntara hasta ayer... P-pero Su-san me dijo que tenían un sofá cama! Seguro que te dejan quedarte allí, me dijo que a él no le importaba! Al menos hasta que encuentres otro sitio... - Mathias lo miró en silencio por unos segundos.
-Entonces, es en serio? - Suspiro y se recostó en el asiento. - Espero que ese compañero suyo sea majo, sino no sé que haré...
Durante el resto del viaje, apenas hablaron. Cuando llegaron a la estación, cogieron un taxi hasta el recinto. Durante ese corto trayecto, Mathias no hacía otra cosa que pensar en que haría si no le dejasen quedarse. El dinero que tenía no le llegaría para más de dos noches en un hotel, y empezaba a trabajar ese mismo día, así que hasta fin de mes no cobraría el sueldo. Empezaba a desesperarse.
-Mathias, hemos llegado. - Tino ya estaba fuera del vehículo cogiendo una de las bolsas que le entregaba el taxista. Sin decir nada, el alto también se bajó y cogió su equipaje, que a decir verdad, no era mucho.
-Que habitación es? - Preguntó mirando el plano del edificio residencial.
-La 108. Está en el tercer piso. - Contestó mirando también el plano.
-Emm... y donde está el ascensor? - Examinó el lugar con la mirada. - Porqué hay ascensor, no?
-N-no sé... Quizá no haya...
-No hay ascensor!? Hay que subir todos los días, varias veces, tres pisos andando!? - Hizo una pausa de unos segundos y luego suspiró. - Bueno, da igual. Es mejor que nada... Vamos.
Cuando llegaron a su destino, el menor no pudo evitar recargarse en la pared intentando recuperar energía. Sin embargo, el danés no se había cansado tanto, al fin y al cabo el tenía mayor resistencia fruto de sus numerosas y productivas visitas al gimnasio. Buscó con la mirada, el número 108 en las pocas puertas que había en ese tramo del pasillo. Era la que tenía justo en frente. Tragó saliva y llamó petando en la puerta.
A los pocos segundos la puerta se abrió. Al otro lado del umbral se encontraba un chico algo más bajo que el danés, de cabello rubio algo largo, peinado con la ralla a un lado, dejando el flequillo suelto a la derecha y los mechones del lado opuesto recogidos con dos horquillas cruzadas. Mathias también se fijo en un pequeño rulito algo peculiar que tenía a un lado de la nuca.
-Quién eres? - Preguntó de forma seca. Se dio cuenta de que aquel chico lo estaba mirando de forma aburrida. Sus ojos eran azules, con un brillo violeta algo extraño pero a la vez atrayente.
-Eh? Tu eres Berwald? - Ese era el chico con el que Tino tanto hablaba por Internet? ''Nada mal...'' pensó sorprendiéndose a si mismo.
-No. Soy Lukas. - Lo examinó de arriba a bajo de una forma que puso nervioso al nuevo. - Tu eres Tino?
-No, soy Mathias! - Dijo sonriendo por primera vez desde que llegaron. - Tino es ese chico de ahí. - Señaló al pequeño rubito que aun estaba acabando de recuperar las fuerzas.
-Hola... - Sonrió de forma algo tímida. Lukas miró al chico durante unos segundos y luego volvió a dirigirse hacía Mathias, preguntándole con la mirada porqué estaba allí.
-Eh, bueno... Yo soy compañero de Tino desde hace algunos años y cuando supimos que podíamos estudiar en la misma universidad Tino me ofreció quedarme con él un tiempo, ya que por parte de Berwald no había problema. El caso es que es algo despistado y hasta anoche no preguntó si la otra habitación estaba libre, que resultó no estarlo, y hasta esta mañana no me lo contó. Pero pensamos que serías una buena persona, súper maja y amable con un corazón de oro tan grande que no te entraría en el pecho y que me dejarías quedarme en ese magnífico sofá cama que al parecer tenéis. Ya sabes, porque seguro que eres muy simpático y amable y no serías capaz de dejar a alguien como yo sin un techo, al menos hasta que encuentre otro sitio. Una bellísima persona, vamos. - Hablaba algo rápido y sin parar de sonreír, rezando en su interior por poder quedarse.
-Quieres que permita que un extraño como tu duerma en mi sofá? - Su voz era neutra y no tenía expresión alguna.
-Si! - Su sonrisa se agrandó.
-No. - Y sin más, cerró la puerta de una forma algo brusca.
Mathias se quedó atónito. Le había cerrado la puerta en las narices! Que iba a hacer ahora? Volver a Madrid? No. No podía volver. Ya no.
-En serio!? Tan cruel eres!? Prometo que solo serán unos días! Pero no me dejes en la calle! Por favor! - No es como si estuviese gritando, solo hablaba lo suficientemente alto como para estar seguro de que se oiría al otro lado de la fina puerta. - Lukas! No me ignores!
-Math, espera. - El finlandés le indicó que se apartase un poco de la puerta y el menor llamó con un par de golpecitos. - Su-san! Soy Tino, puedes abrir? - Y la puerta se abrió. Ahora era un chico tan alto como Mathias, también rubio pero con el cabello más corto que los demás. - Su-san!
-N plac'r, Tino. - El mayor le miraba a través de sus gafas. El mayor ayudó con el equipaje a su, ahora, compañero de piso mientras el nuevo le contaba como había sido el viaje. Cuando ambos entraron en el apartamento, al danés se le ocurrió aprovechar la oportunidad para colarse, pero el plan falló.
-A donde crees que vas? - El noruego le cortaba el paso.
-Oh venga, de verdad me vas a dejar en la calle? - Lloriqueó.
-No es mi problema. - Su voz seguía siendo igual de neutra e indiferente que al principio. ''Acaso no tiene ni pizca de conciencia?'' pensó el alto. Tenía que existir alguna forma de convencerlo. Le miro durante unos segundos, pensativo. Intentando dar con la clave. Optó por la más sencilla de todas.
-Ten piedad! - Siguió suplicando ahora de rodillas. Cogió la pálida mano del noruego y le miró con los ojos llenos de lágrimas. - Deja que me quede, por favor!
-Que no. Déjalo ya. - Algo aburrido, se apoyó en el marco de la puerta.
-Por favoooor! Dormiré en el sofá y no haré ruido ni nada. No notarás mi presencia, déjame quedarmeeee! - Insistía, no pensaba rendirse tan fácilmente.
-No. Búscate otra cosa. - Retiró bruscamente la mano del agarre del danés y se cruzó de brazos.
-POR FAVOOOOR! Deja que me quedeee, venligst... snif. - Sollozó.
-Venga Lukas, deja quedarse a Mathias. No tiene donde dormir. - Apareció Tino por la puerta, al rescate de su amigo. Empezaba a darle lástima. - A Su-san no le importa!
-Me da igual! La culpa es tuya por decirle a este idiota que podía quedarse sin consultármelo! En que momento creísteis que iba a aceptar vivir con un completo desconocido? - Su paciencia empezaba a agotarse. Cuando acabó de hablar se dio cuenta de que a Tino también se le podía considerar un 'completo desconocido'. Ya ni sabía que decía. Solo esperaba que ese detalle fuese pasado por alto.
-N n'nguno. - Sentenció el sueco, asomadose por el mismo hueco de la puerta por donde saliera el finlandés.
-Su-san! - Le reprochó.
-TEN PIEDAAAD! - El otro seguía arrodillado, llorando con desesperación.
-Agh. Haz lo que quieras.
-GENIAL! - De un salto se puso de pie y abrazó al que ahora era su nuevo compañero. - TAK LUKAS~
-Suéltame o te dejo de patitas en la calle!. - Obedeció de inmediato. No quería tentar a la suerte.
Siguió al noruego cuando este entró en el apartamento. Era bastante espacioso, por lo que se veía a simple vista. Se entraba directamente al salón, y justo a la derecha estaba lo que parecía ser el cuarto de baño. Al lado de este y separada únicamente por una barra, estaba la cocina. En el lado izquierdo de la sala estaban los tres dormitorios, que eran de un tamaño acogedor. Mathias localizó el sofá cama, estaba colocado con el respaldo pegado a la barra de la cocina. Al fondo de la estancia, y justo encima había un ventanal de tamaño conosiderable.
El danés abandonó el equipage junto a la entrada y fue directo al sofá. Era cómodo para ser un sofá cama, bastante blandito. Desde donde estaba sentado, volvió a examinar el apartamento con la mirada. No iba a tener ni la más mínima intimidad. Justo en la pared de enfrente había un reloj.
-Ya es la una y media!?
-No empezabas a trabajar a las dos y cuarto? - Dijo Tino, también mirando el reloj.
-Si, y aun tengo que prepararme. - Con apuro, cogió una mochila de su equipaje y se metió en el baño.
A las 14:45 salió, ya listo para irse. Se había puesto una camiseta roja, ni muy ajustada ni floja, y unos vaqueros claros. Acomodó su mochila y la única maleta que llevaba junto al sofá, comprobó la hora y que llevaba todo lo necesario consigo, y finalmente se encaminó hacia la puerta.
-Ocurré algo? - Preguntó su amigo, al ver que Mathias se había quedado quieto agarrando el pomo.
-No sé donde es... - Casi susurró. Se dio la vuelta en busca de alguno de los dos chicos que ya vivían allí. Vió al noruego salir de una de las habitaciones. - Luke, sabes donde está... como era? Ah! Plaza América?
-Si. - El noruego le miró serio.- Y no me llames así.- ''Ha vuelto al mismo tono del principio...'' pensó el danés.
-Genial! Y sabes donde está una cafetería llamada ''Vikings''? - Preguntó sonriente. Lukas le miró durante unos segundos en silencio.
-Porqué? - Quiso saber.
-Eh? Bueno, hoy comienzo a trabajar allí y no sé llegar. - De nuevo, le observó en silencio. Su mirada era fría y distante, cosa que ponía nervioso a Mathias. Había dicho algo malo?
-Vamos. - Ambos salieron del apartamento juntos. El alto seguía al noruego algo contento, pues creía que Luke empezaba a aceotarlo, a pesar de que insantes atrás estuvo a punto de dejarlo en la calle. Intentó varias veces entablar una conversación con el otro chico, pero sus respuestas cortas y directas, si es que respondía, se lo impedían. Al final se rindió, y poco más de medio trayecto fueron en completo silencio. Mathias iba obvserbando las calles, para no perderse cuando tenga que ir solo. En uno de los numerosos bancos que había a lo largo de las aceras, había un grupo de chicas, que aparentaban ser de su edad, comiendo pipas. Le estaban mirando, y eran guapas, al menos dos de ellas. El danés les sonrió y les guiño un ojo, esto hizo que ellas se riesen. Cosa que no pasó desapercivida por el otro chico. El norteño creyó que era una pena que no se pudiera acercar a hablar con ellas ya que no tenía tiempo. ''La próxima vez'' se dijo.
-Vaya, no queda tan lejos como creía. - Dijo el danés cuando llegaron a su destino. - A donde vas? - Preguntó al noruego cuando vio que este se dirigía al interior del local.
-A trabajar. - Ni siquiera se había girado para contestarle. El danés se apresuró a entrar él también.
Luego de haberse presentado al jefe y dueño de la cafetería, se pusó el uniforme. Bueno, era solo una camiseta negra con el logo del negocio y un pequeño delantal, negro también, atado a la cintura. Volvió a reunirse con el dueño, para que le enseñase el local, donde estaba cada cosa, y las normas básicas. El jefe era un hombre de unos 50 años, o eso le pareció a Mathias, que tenía el pelo negro canoso y los ojos de un marrón muy oscuro. Parecía ser un hombre alegre, no paraba de sonreir y hablaba de una forma muy amable y humilde. Mientras le enseñaba todo, también le hacia algunas preguntas a Mathias, que respondía con sinceridad a todas. O casi todas. Cuando el hombre supo que su nuevo empleado era compañero de Lukas, decidió que él le enseñase a Mathias todo sobre las máquinas, los productos, el almacén, etc. Que tampoco es como si fuera mucho. Y también se encargaría de supervisarlo. Esto a Lukas no le hizo mucha gracia. Durante esas fechas el trabajo siempre se triplicaba, y ahora también tenía que hacer de niñera del nuevo, sin ningún tipo de beneficio, ya que el sueldo seguiría siendo el mismo de todos los meses.
-Lo has entendido? - Le preguntó el noruego cuando terminó de explicarle como funcionaba la cafetera.
-Si, si. - Lukas le miró, no muy convencido de que de verdad lo entendiera.
-Voy a atender las mesas de fuera.
-Vale! - Cuando el noruego se fue, un hombre se sentó en la barra. Con amabilidad, le tomo nota del pedido: un café con leche. ''Fácil.'' pensó. Cogió la taza con su platito y cucharilla correspondiente y se dispuso a preparar el café. Después de unos segundos mirando a la máquina, se rindió. Ni siquiera sabía por donde empezar, había demasiados botones. Tenía dos opciones, podía intentar hacerlo el solo arriesgandose a cagarla, o podía salir a buscar a Lukas para que le ayudase. Eligió la segunda, no querían que le echasen el primer día.
-Luke! Como funcionaba la cafetera? - Estaba atendiendo a un grupo de chicos de su edad que habían juntado dos mesas.
-Eres un inútil, espera. - Ignorando cualquier puchero que ahora estaba haciendo el danés siguió tomando nota al grupo. Cuando se giró para volver a entrar al local, escuchó a Lukas hablar con aquellos chicos. ''No es mi amigo. Solo es un maldito acoplado.'', escuchó. A pesar de que sabía que el chico tenía razón, aquello le había dolido. No es como si hubiera querido que las cosas resultasen así, pero eso el noruego no parecía verlo.
-Yo me encargo de la cafetera, tu sirve las mesas. - Le dijo cuando volvió a entrar. Mathias simplemente asintío con la cabeza y empezó a poner en una bandeja todo lo que Lukas había apuntado en la libretita. Una vez lo tenía todo listo, salió.
-Aquí tenéis, chicos. - Dijo y ya dejando las bebidas sobre la mesa.
-Tu eres el amigo de Lukas! Como te llamas? - Preguntó un chico de cabello castaño y ojos verdes.
-Mathias. Sois de la residencia? - Iba a decir que realmente no era su amigo, se habían conocido ese mismo día y no es que hayan empezado muy bien. Pero si lo hacía, habría preguntas, así que simplemente lo dejó pasar.
-Oui, mon ami. Ellos son Yao, Antonio, Lovino, Feliciano, Ludwin, Gilbert y yo Francis. - Contestó otro de los presentes, sus ojos eran azules y su pelo largo, liso y rubio. Envidiable a los ojos del danés.
-Un placer! - Dijo dirigiendose a todos a la vez. - Os dejo, chicos. Tengo que seguir trabajando. Es mi primer día. - Sonrió y se dio media vuelta. La verdad, es que ya no estaba de tan buen humo como antes.
