Capítulo 22 Segunda parte
Pov Katniss
Oí el coche estacionar, así que di un salto y corrí hacia la ventana. Me estremecí cuando lo vi salir del coche y caminar furioso hacia la casa. Me sentí enferma. No podía dejarlos hacer esto, se iban a meter en tantos problemas. No podría soportar perder a ninguno de quería que Finn se metiera en problemas, pero en serio me mataría si Peeta estaba en problemas por mi. mordí mi labio, pensando. Tal vez podría ir y ser otro testigo, entonces de esa manera cuando él empiece algo primero podría decir que fue en defensa propia también. Otro testigo ayudaría sin duda a su caso. Oh, mierda, ¡Peeta me va a matar por esto!
Salí corriendo de su casa hacia la mía. Podía oír gritos provenientes de adentro y me detuve, sentí el temor familiar que siempre sentía cuando era una niña. No podía moverme del lugar, era como si estuviera congelada. Podía oír su voz, gritando, y me helaba la sangre —pero esos eran Finnick y Peeta allí, siempre estaban cuidando de mí, siempre. Podía hacer esto por ellos, todo lo que tenía que hacer era presenciar como él lanzaba el primer acerqué a la puerta, no estaba cerrada, sólo la empujé.
—¡Esto es todo por tu maldita culpa! Tú y Katniss tenían que abrir sus sucias bocas y decirle a Marvel lo que pasó. Has arruinado todo para mí, todo, pedazo de mierda. Debería haber empujado a tu jodida madre por las escaleras o algo así,cuando me dijo que estaba embarazada de ti —gritó mi padre. Gemií a causa de las horribles palabras que acababa de decirle a mi hermano. Mi padre siempre fue una desagradable pieza para trabajo, pero eso fue bajo, incluso para él. Escuché una explosión y un gemido, así que abrí la puerta, para ver a Peeta sosteniendo a Finnick, tratando desesperadamente de mantener a Finnick lejos de mi padre, que estaba parado contra la pared, mirándolos con rabia.
—¡Así no! Finnick, ¡así no! —gritó Peeta mientras lo sujetaba en sus brazos.
Finnick no estaba calmándose. Su rostro estaba rojo de ira, lo único que podía detenerlo cuando estaba así, era yo. Odiaba verme alterada, era tan sobreprotector.
—¡Finnick, cálmate! —supliqué desesperadamente.Él dejó de moverse, Peeta lo apartó y me miró sorprendido y un poco asustado. Se movió hacia mí y vi a mi padre, moverse al mismo tiempo, estaba mucho más cerca de mí que Peeta, y estaba bloqueando su camino. Ni siquiera tuve tiempo de alejarme antes de que agarrara mi muñeca, apretándola fuerte, su cara enojada y roja.
Me estremecí mientras me apretaba más fuerte haciendo al dolor disparar por mi brazo. Intenté sacar mi brazo con rapidez, pero él no lo soltaba.
—¡Tú! ¡Tú maldita arruinaste todo! —me gritó, hundiendo sus uñas en mi piel. No podía respirar.
—¡Déjala ir, ahora! —ordenó Peeta, luciendo tan enojado que realmente me asustó.Mi padre se volvió hacia él, aun sujetándome con fuerza.
—¡Vete a la mierda! Es mi hija —le espetó él, tirando de mi brazo, haciéndome perder mi equilibrio y tropezar más cerca suyo. Podía oler el alcohol en su aliento,haciéndome sentir enferma. Giré y tiré de mi brazo, tratando de liberarme. Todavía no me dejaba ir, así que puse mi mano sobre su pecho y lo empujé tan fuerte como pude. Él no se movió ni un centímetro. Vi su mano moverse y cerré los ojos sabiendo que me iba a mano conectó con mi cara, haciéndome sentir como si mi cabeza hubiera explotado. Me caí hacia atrás y me estrellé en el aparador. Dolor como nunca había sentido en mi vida se disparó a través de mi estómago y mi espalda baja. Era como si alguien me hubiera apuñalado. Me aferré al aparador, tratando de mantenerme en pie mientras siseaba a través de mis dientes. Finnick pasó por encima y me agarró tirando de mí hacia abajo sobre el piso, sentándonos abajo apoyándonos en el aparador.
—Mierda. Katniss, ¿estás bien? —preguntó con desesperación, acunando mi cabeza contra su pecho. Movií mis brazos alrededor de mi estómago, tratando de respirar a través del dolor.
—No —gruñí. ¡Oh, no, estaba perdiendo el bebé!— ¿ Peeta? ¿Dónde está Peeta? —pregunté, abriendo los ojos y mirando alrededor por él, pero apenas podía ver nada, porque mis ojos estaban llenos de lágrimas. Podía oír ruido gruñidos y gemidos. Oh Dios, él no está... ¡Por favor, dime que no está haciendo eso! Parpadeé y miré para ver a Peeta golpear a mi padre una y otra vez, su rostro era la viva imagen de la rabia. Él no iba a parar hasta que ya no respiraba. Esto era todo. Peeta me iba a ser arrebatado, y yo estaba perdiendo su bebé. Sentí mi corazón rompiéndose en mil pedazos.
—Ve a detenerlo —susurré, apenas capaz de hablar.
—No. Deja que lo mate —gruñó Finnick enojado. Negué con la cabeza. ¡Oh, Dios mío, por favor!—Finnick, ¡ve a detenerlo! Por mí, ¿por favor? Lo necesito. Dile que estoy herida. Lo necesito —jadeé mientras una oleada de náuseas se apoderaba de mí, haciéndome vomitar.
—.¿ Peeta? —grité desesperadamente, pero fue apenas fue un susurro. Finnick se movió.
—Iré a buscarlo —dijo rápidamente mientras se ponía de pie de un salto. Rodé hasta ponerme de lado, llevando mis rodillas al pecho, sosteniendo mi estómago.¡Oh por favor, no me dejes perder este bebé! Cerré los ojos con fuerza contra el dolor; un par de segundos después Peeta acarició mi mejilla haciéndola arder de nuevo.
—¿Ángel? —susurró, sonando tan preocupado que me rompía el corazón una vez más. ¿Cómo podía decirle que estaba perdiendo el bebé? Él estaba tan feliz por eso, ¿cómo demonios iba a decir las palabras? Quería envolverlo con mis brazos y hacer que me abrazara y que hiciera que todo esto se fuera. Peeta podía hacer que todo estuviera bien, él podía hacer que todo estuviera bien. Me moví para levantarme pero una oleada fresca de dolor me golpeó, haciéndome jadear.
—Duele, Peeta. Por favor, duele tanto —murmuré, levantando la Mirada hacia su perfecto rostro. Él lucía tan preocupado por mí. Yo estaba perdiendo todo. Él iba a ir a la cárcel y yo estaría sola. ¿Cómo iba a vivir sin él?
—¿Qué duele, Ángel? —preguntó, mientras inclinaba su cabeza y besaba mi mejilla.—Mi estómago.
—No pude mirar su rostro cuando se dio cuenta que estaba perdiendo el bebé, no quise ver el dolor y la devastación allí. Volví mi rostro hacia la alfombra y sollocé. Esto era completamente mi culpa. Debería haberme quedado en su casa como me dijo. Si estuviera allí ahora el bebé estaría a salvo, y Peeta no estaría enfrentándose a la cárcel. Él sólo había golpeado a mi padre porque yo estaba allí, no lo hubiera hecho si yo sólo me hubiera quedado. ¿Por qué no podría haberme quedado allí como él me había dicho?
—¡Finnick! ¡Llama una ambulancia! —gritó Peeta desesperadamente. Estaba acariciando la parte de atrás de mi cabeza suavemente—. Shh, todo está bien. Está bien, Ángel —me arrulló. Sentí su brazo envolverme, así que volví mi rostro hacia él. Estaba acostado junto a mí. ¿Cómo demonios todavía me estaba consolando?Esto era todo mi culpa; ¿por qué no me gritaba?
—Lo lamento tanto —dije honestamente. Esto iba a arruinar todo; él no me querría ahora que había matado a nuestro bebé.Él inclinó la cabeza y besó mi frente.
—Ángel, no tienes nada que lamentar —susurró, acercándose a mí. Su mano frotaba círculos en mi estómago, tan suavemente que apenas podía sentirlo.
—Esto es mi culpa —exclamé, sollozando una vez más. Él sacudió la cabeza ferozmente y se alejó de mí de un empujón. Sentí mi corazón romperse. Lo sabía; él me iba dejar ahora. Se puso de pie y fue hacia mi padre quien estaba intentando levantarse del suelo y comenzó a golpearlo de nuevo, gritando una retahíla de improperios. Finnick lo lanzó al piso.
—¡Détente! ¡Ve con Katniss, ahora! —ordenó, mirándolo con ira. Peeta asintió y corrió de vuelta hacia mí.
—Voy a levantarte, ¿de acuerdo? —dijosuavemente. Sacudí la cabeza, no quería moverme.
—No. Por favor no —susurré. El dolor era tal que me sentía enferma. Él lucía como si también estuviera sufriendo mientras se movía sobre mí, apartando el cabello de mi rostro, besándome suavemente, murmurando palabras tranquilizadoras.
—¿Dónde está la maldita ambulancia? —le gritó a Finnick.
—En camino. ¿Qué le sucede? —preguntó Finnick, arrodillándose junto a mí. Apreté la mano de Peeta, sin querer verlos pelear por esto si Finnick se asustaba por lo del bebé.
—Está embarazada, Finnick —explicó Peeta, besando mi mejilla.
—¿E…embarazada? —tartamudeó Finnick. Peeta asintió, mirándome con preocupación.
—Voy a hacerte pagar por esto, ¡pequeña mierda! —gritó mi padre desde la puerta. Finnick y Peeta ambos se movieron para levantarse pero yo tomé la mano de Peeta, no quería estar sola de nuevo.
—Sal de aquí antes de que te mate yo mismo, y si ella pierde su bebé lo juro por Dios, estás muerto —gruñó Finnick venenosamente.
—Finnick, por favor —susurré, sin querer más problemas.
—¿Bebé? ¿Está embarazada? La pequeña zorra —gruñó mi padre. Peeta estaba tan enojado que todo su rostro estaba rojo cuando se movió para levantarse una vez más. Justo en ese momento pude oír las sirenas aumentando haciéndose más intensas. El rostro de Peeta voló al mío, sonrió débilmente.
—Está bien ahora, Ángel, la ayuda llegó. Todo va a estar bien —dijo. Finnick estaba de pie en la puerta esperando la ambulancia. Peeta me estaba mirando, sus hermosos ojos azules apretados con preocupació amaba tanto, ¿cómo me las voy a arreglar cuando él me deje y se vaya a la universidad, y todo lo que me quede sea lo que podría haber sido?
El paramédico se acercó con Finnick. —¿Qué sucedió? —le preguntó a Peeta.
—Está embarazada. Ángel, ¿te golpeaste el estómago o algo? —preguntó Peeta,sosteniéndome la mano con fuerza. Asentí, asustada de moverme en caso de que el dolor se pusiera peor, no podía soportar mucho más.—
¿Cuán avanzado está el embarazo? —preguntó el paramédico.
—Cinco semanas —respondió Peeta, mirándolo en forma suplicante.
—De acuerdo. Bueno, te llevaremos al hospital; te revisaré en la ambulancia. ¿Te duele en otro lugar, Katniss? —preguntó el paramédico.
—Me duele la espalda, y las caderas. —Hice una mueca cuando me guió para que yaciera sobre la espalda.Él asintió.
—Eso puede suceder a veces. Parece que podrías tener un aborto —dijo en tono de disculpas. Asentí mostrando mi acuerdo. Ya sabía eso, no había manera que no estuviera teniendo un aborto, esto era demasiado doloroso para ser otra cosa. Peeta sostuvo mi mano todo el camino, sólo mirándome, sin hablar. Su rostro era la imagen del dolor. Él estaba sufriendo mucho; podía ver el dolor en sus rasgos mientras me miraba. No me iba a perdonar. Cuando llegamos allí fui llevada en una camilla a un pequeño cubículo y un doctor vino casi inmediatamente.
—De acuerdo, Katniss, voy a tener que mirar y ver si tu cérvix está abierto —explicó,poniéndose unos guantes. Miré horrorizada a Peeta, apretando su mano con más fuerza.
—Shh, todo está bien. Estoy aquí. Todo está bien —me calmó, frotando su mano libre suavemente contra mi rostro. Grité cuando el dolor me atravesó, hacienda que nuevas lágrimas cayeran mientras el doctor hacía su examen. Peeta las besó suavemente, mirándome, con el corazón roto.
—Lo lamento, pero tu cérvix está abierto, estás teniendo un aborto. Necesitamos hacer un procedimiento para apresurar las cosas. Sólo tienes cinco semanas así que ésta es la manera las rápida y segura —dijo el doctor, arrojando lejos sus guantes manchados de sangre.
—¿Qué procedimiento? —preguntó Peeta.
—Se llama EPCR3. En un proceso quirúrgico. Necesitará ser hecho bajo anestesia general y retirará todos los rastros del embarazo —explicó, mirándome con un poco de tristeza.¿Proceso quirúrgico?
—¿Eso es seguro? —preguntó Peeta, apretando mi mano con más doctor asintió.—Es la forma más segura. Podríamos dejar que se expulsara solo durante la siguiente semana aproximadamente, pero eso podría tener un alto riesgo de infección. Es mejor para Katniss si lo sacamos rápido. Asentí. Quería que esto terminara; no quería estar sangrando abundantemente por una semana, especialmente si era así de doloroso todo el tiempo. Peeta me miró,esperando porque yo tomara la decisión.
—De acuerdo —murmuré, cerrando los ojos.
—De acuerdo, bien, iré y me aseguraré de que haya un quirófano libre. Es un proceso muy rápido. Volverás aquí después —afirmó el doctor, asintiendo hacia Peeta mientras se iba rápidamente. Sorbí por la nariz y me volví hacia Peeta.
—Lo lamento tanto, Peeta, esto es todo mi culpa.Él jadeó, y sacudió la cabeza con fiereza.
—¡Podrías dejar de decir eso! No es tu culpa, Ángel. Deja de culparte. Ese imbécil te hizo esto, no tú. —Si inclinó y me besó la frente con suavidad.
—No. No debería haber dejado tu casa. Me dijiste que me quedar allí. Debería haberte escuchado, y ahora he matado a nuestro bebé —sollocé, sintiendo mi corazón romperse una vez más.Él salió cuidadosamente de la cama y me envolvió con sus brazos, intentando no moverme.—Nada de esto es tu culpa; tú no mataste al bebé, Ángel. Es sólo una de esas cosas. Sabes que soy un firme creyente en que todo sucede por una razón; no se suponía que tuviéramos este bebé. No tienes la culpa. Si alguien tiene la culpa, ese soy yo, si no le hubiera dicho que saliera de encima de ti él podría no haberte golpeado —dijo quedamente. Sacudí la cabeza y sepulté mi rostro en su pecho,aferrándome a él con fuerza, esto no era su culpa, nada de esto era su culpa—. Te amo —susurró una y otra vez en mi oído, hasta que el doctor volvió y me llevó al quirófano.
Peeta caminó junto a mi cama hasta que llegué al cuarto y no se le permitió entrar más. Me besó suavemente, los ojos brillantes con tristeza y dolor.
—Estaré aquí cuando despiertes. Te amo más que a nada —me prometió.
Sonreí ante sus palabras. Él todavía me amaba, todavía me quería. Sólo esperaba que no estuviese diciendo esas cosas porque yo estaba disgustada o dolorida. Recé porque él realmente todavía me quisiera después de lo que había hecho.
Pov Peeta
Tan pronto como ella pasó esas puertas y estuvo fuera de mi vista, me hundí en el piso y puse la cabeza en mis manos. Todo mi cuerpo dolía. Ella tenía tanto dolor y no había nada que yo pudiera hacer. Habíamos perdido al bebé, y por alguna estúpida razón ella se culpaba porque ese idiota lo hiciera. Apreté mis manos en puños, presionándolos contra los ojos, intentando no pensar en él. Más pensaba en él, más quería salir de aquí y arrancarle la cabeza; pero no podía hacer estar aquí para mi chica cuando ella despertara. Ella no necesitaba nada más de que preocuparse ahora mismo. Creía lo que le había dicho antes. Si se suponía que debíamos tener ese bebé,entonces así hubiera sido. Ella no lo hubiera perdido si así hubiera debido ser.
Siempre había creído que todo sucedía por una razón – pero eso no hacía que perder este bebé doliera menos. Un pequeño, un perfecto bebé que había imaginado luciría justo como su mamá en todos los aspectos. Cerré los ojos y apoye la cabeza contra la pared, esperando que ella saliera. Apenas noté cuando Finnick vino y se sentó junto a mí, pasando un brazo por mi hombro.
—Lo perdió —murmuró.El brazo de Finnick se apretó alrededor de mis hombros.
—Sí. Estará bien, Peeta—me aseguró, apretando mi sorprendido de que no me estuviera pateando por haber dejado embarazada a su hermanita, pero para ser honesto, no podía importarme menos. Él no podía causarme más dolor del que ya sentía, la única que podía lastimarme así era mi Ángel. Ella era la única que tenía el poder de matarme. Despus de alrededor de cuarenta minutos la sacaron de la cirugía, todavía dormida por la anestesia. Me puse de pie de un salto, mirándola.
—¿Está bien? —pregunté desesperadamente, dando saltos alrededor de la cama mientras la empujaban por el corredor.
—Todo salió bien. Sacamos todo. Estará bien. Podría comenzar a despertarse de la anestesia en una hora. La mantendremos aquí durante la noche, y la dejaremos ir mañana en algún momento de la tarde. Tendrá que estar tranquila por un día o algo —confirmó el doctor.
Asentí y la seguí hasta su cuarto, sentándome junto a su cama, sosteniendo su mano con fuerza. Finnick y yo nos sentamos en silencio junto a la cama, no había nada que decir, nada que pudiera mejoraresto. Después de alrededor de media hora, ella movió su mano en la mía. Di un salto mientras sus ojos aleteaban. Ésta era la segunda vez en tres días que había despertado así conmigo y le pedía a Dios que nunca fuera así de nuevo, porque ya no podía soportar más de esto.
—Hola, Ángel —murmuré, acariciando suavemente su rostro, lucía dolorida y ya estaban comenzando a formarse cardenales donde él la había golpeado, ella volvió la cabeza hacia mí pero no abrió los ojos.
—Te quedaste —exhaló, una pequeña sonrisa en la esquina de su boca.¿Honestamente pensaba que la dejaría?
—Por supuesto que me quedé. —La besé suavemente. Ella lloriqueó y tomó débilmente el frente de mi camisa mientras me devolvía el beso.
—Te amo tanto, Peeta—susurró.
—Sé que es así, pero yo te amo más —respondí. Nunca nadie había amado tanto a alguien como yo la amaba a ella.
Finnick se aclaró la garganta para que me apartara, todavía sosteniendo su mano con fuerza. Él se inclinó sobre ella y la abrazó.
—Lamento que hayas perdido a tu bebé, Katniss—dijo, luciendo como si realmente lo sintiera. Ella asintió y sonrió con tristeza.
—Sí, yo también —contestó ella, su voz rompiéndose mientras hablaba.—Voy a ir a llamar a Hazelle y a Marvel. También llamaré a tus padres, Peeta —dijo Finnick, besando su mejilla antes de desaparecer detrás de la cortina, dándonos algo de privacidad.
—¿Te acostarías conmigo? —graznó.Asentí y me metí cuidadosamente a la cama con ella.
—¿Te duele algo? —pregunté mientras suavemente pasaba un brazo sobre ella.
—No realmente. Estoy dolorida, pero no tanto como antes. —Hizo una mueca mientras se movía en la cama. Cerré los ojos y sepulté el rostro en el costado de su cuello.
—Necesitas dejar de asustarme de esta manera. Realmente me vas a causar un ataque al corazón pronto —bromeé, intentando aligerar la situación rió sin humor.
—Estoy tan cansada, Peeta. —Volvió la cabeza, acariciando la mía con su nariz.
—Ve a dormir, Ángel —la arrullé, subiendo las sábanas para mantenerla se durmió y se despertó varias veces por unas pocas horas. Le dieron más medicinas para el dolor, pero dijo que estaba bien. Después de un par de horas le permitieron salir de la cama para ir al baño mientras que fuera acompañada por dos enfermeras; lo cual ella no apreció en lo absoluto. Una enfermera vino a las nueve, sonriéndome con tristeza.
—Lo siento, pero las horas de visita han terminado. Voy a tener que pedirte que te vayas —dijo en tono de disculpas mientras acomodaba a Katniss en su cama.
—¿En serio? ¿No puedo quedarte? No causaré problemas, ¿por favor? Dormiré en la silla, ni siquiera sabrá que estoy aquí —rogué, dándole la expresión que parecía funcionar tan bien con suspiró y puso los ojos en blanco.
—De acuerdo. Pero si alguien pregunta, te escabulliste aquí. ¿Entiendes? —preguntó, sonriendo y sacudiendo la cabeza. Asentí.
—Gracias. —Wow, ese rostro también funcionaba en otra gente.
Finnick se despidió, prometiendo volver a primera hora de la mañana, y traernos a Katniss y a mí una muda de ropa. Una vez que se hubo ido, ella se movió en la cama, haciendo una ligera mueca pero intentando no mostrarme que le dolía.
—Dormiré en la silla, Ángel —protesté, haciendo una mueca ante de la idea de darme vuelta y aplastarla o algo.
—¿Por favor, Peeta? —rogó.Maldición, ¿por qué no podía decirle que no a esta chica? Suspiré y me saqué las zapatillas, metiéndome en la cama con ella. Ella se acurrucó contra mi pecho y lloró hasta quedarse dormida. Desperté muy temprano en la mañana con alguien sacudiendo mi brazo. Levanté la mirada para ver a dos hombres de pie allí, ambos mirándome severamente. ¿Qué demonios? Oh maldición, ¡me voy a meter en problemas por dormir aquí!
—¿Peeta Mellark? —preguntó uno de elos. Asentí y me senté en silencio.
—Sí —susurré, intentando no despertar a Katniss. Demasiado tarde, se movió y dio un salto cuando vio a los dos hombres de pie allí.
—Peeta Mellark, estoy arrestándolo por sospecha de Daños Físicos Graves. No tiene que decir nada, pero cualquier cosa que diga puede ser usada en su contra en una corte. Tiene derecho a un abogado. Si no puede pagarlo, uno le será facilitado —afirmó, mientras tomaba mi brazo.
¿DFG? ¿Ese imbécil está presentando cargos?
