Adiós Prejuicios

Cuantas veces Terry había sido sincero en su vida, realmente pocas veces y esta era una de ellas.

Terry al notar el silencio que los envolvía decidió ponerse de pie y dirigirse hacia su pecosa. Se coloco detrás de ella; la tomo de los brazos y poco a poco la fue envolviendo entre los suyos; al percatarse, Candy sintió como su piel se erizaba ante el contacto.

Terry: No temas decirme lo que sientes, sea lo que sea yo lo comprenderé (le susurro al oído, provocando que la fortaleza que ella misma le había puesto a su corazón se fuera destruyendo).

Poco a poco se fue volteando Candy de su posición original, para quedar de frente a él, lo miro a los ojos tiernamente y le dijo…

Candy: Yo también te amo, no te imaginas cuanto, cada vez que te veo mi corazón late con tal rapidez que en ocasiones siento que terminara por salirse de mi pecho, mis piernas comienzan a temblar con solo escuchar tu voz, te veo hasta en la sopa que estoy a punto de comer –dijo bajando la mirada y poniéndose un poco ruborizada, a causa del momento- todos los días siento la necesidad de verte, de escucharte, hasta de reñir contigo.

Él le tomo su rostro con ambas manos, para provocar que alzara su vista y lo mirara fijamente.

Terry (sonriéndole tiernamente): Sabes, a mí me ocurre exactamente lo mismo; no puedo estar un solo día sin verte, es por eso que me la pasó inventando escusas para encontrarme contigo a cada momento, en cualquier lugar… Te amo Candy, te amo mi pecosa…

Y así sellaron sus declaraciones de amor nuevamente con un beso, pero éste, se encontraba más "cargado" de pasión y de una necesidad brutal de estar el uno al otro, juntos.

La tarde se encontraba ya descendiendo, dando paso a la noche, todo estaba tranquilo, se podía respirar un ambiente lleno de paz, felicidad y porque no decirlo, de deseo.

Terry decidió darle fin al apasionado beso que compartía con su pecosa, la tomo de la mano y mirándola a los ojos, la comenzó a dirigir hacia el pasillo que conectaba a las escaleras, ambos subieron hasta llegar a una de las puertas que se encontraban en las habitaciones. Con lentitud abrió (Terry) y se adentraron a la obscura habitación, colocándose a la mitad de esta; solo por un momento él soltó la mano de Candy para encender las velas que se encontraban en el lugar.

Ambos estando ahí, solos, mirándose fijamente él uno al otro, se tomaron de las manos y comenzaron a besarse por tercera ocasión en ese día, que estaba a punto de concluir.

Terry: Te amo pecosa –dijo apasionadamente-.

Candy: Yo también de amo Terry y es lo único que me importa en este momento, te amo mi amor, te amo…

Continuara…

Pues aquí les dejo el segundo capítulo, espero que les agrade. Gracias por sus comentarios chicas:

Dayanna

D naeliz Grandchester

Nos vemos en el siguiente cap.