Casi caía, sus piernas temblaban, no podía caminar bien. Su visión era borrosa, todo lo veía casi en blanco, era como estar al borde de la muerte. Llovía a cantaros, sus ropas se mojaban con cada gota que caía del cielo nublado y oscuro. Su mirada estaba perdida en el frío y húmedo concreto del suelo. Sus manos en sus bolsillos, pensando en un posible futuro que podría llegar a obtener, todo lo que quería era una vida normal, sin preocupaciones, sin molestias del pasado, pero él sabía, que si seguía con lo que estaba haciendo, pudiera morir, pero no le temía a la muerte, la enfrentaba, la retaba, y esta atacaba sin piedad, pero el esquivaba sus ataques con precisión y agilidad, aunque no le tuviera miedo a la muerte, sabía que esta llegaría tarde o temprano, y lo mataría, sin protestar, sin resistencia, la muerte no es algo de lo que puedas escapar si llega, te persigue pero tú no corres, y por eso te alcanzara; esquivaba sus ataques porque esta lo quería, no porque fallaba, y él estaba consciente de ello.

Llego a la entrada de unos lujosos departamentos, saco de uno de sus bolsillos una tarjeta electrónica la cual paso por un cerrojo electrónico, haciendo que este activara un mecanismo de abrir la gran puerta con barras metálicas que tenía justo al frente, paso sin preocupaciones por la puerta a la vez que esta se cerraba automáticamente tras, de alguna, verlo. Sus pasos resonaban en todo el pasillo; debía sonar más sigiloso si no quería tener problemas con las personas que estaban dormidas en sus habitaciones. Estaba justo al frente de una puerta blanca que, de inmediato, se abrió automáticamente por su presencia. La habitación se ilumino sola, esperando a su llegada, era muy claro, que tenía mucho dinero como para pagar este tipo de cosas que, seguramente, estaban hechas por Asiáticos.

Se lanzó a la cama de golpe, recostado boca abajo, respirando hondo entre las sabanas que cubrían la cama, casi ni podía respirar, pero era suficiente para que el aire le entrara a los pulmones. Se acomodó boca arriba para poder respirar mejor, poso su brazo sobre su cara para poder cubrir sus ojos. Estaba cansado, agobiado, casi muerto, solo quería vivir en paz, sin que nadie lo molestara, sin que nadie se interpusiera en su camino, aunque no estaba muy claro de lo que quería, solo deseaba eso: paz y tranquilidad. Y solo pensaba en lo mucho que es conseguir algo tan simple como tranquilidad, o algo tan espiritual como la paz.

-... Ven a mí, Finn... - una voz lo llamaba, pero no sabía de donde, no había nadie, no veía a nadie.

-... No - respondió firmemente, se dio cuenta de donde venía. Apretó los puños fuertemente, mientras se veía en el gran espejo que estaba a unos cinco metros de él. Sus ojos, veía en sus ojos la adicción, la fuerte adicción que cada vez lo consumía por dentro. Su mente pedía más, y más, pero él no iba a ceder, no podía, no debía, lo había dejado años atrás, y no iba a volver a aquello nunca. Comenzó a ver imágenes, imágenes terribles y tétricas: eran sus peores pesadillas, eran esos sueños que lo atormentaban cada vez más. Se miró las manos, estaba temblando, demasiado como para ser normal.

-¿No quieres que pare? Puedo hacerlo si me das lo que quiero... - seguían llegando imágenes a su cabeza. Apretó los dientes a tal punto que se escuchaba su rechinido al moverse. Estaba a punto de colapsar por la voz, no resistía ver esas imágenes, esos pensamientos que casi hace que llegue al suicidio.

-... Lárgate... Maldita sea... ¡Joder, déjame en paz! - maldecía a nadie. Se tumbó en el suelo mientras soltaba lágrimas. Observo sus manos, estas estaban pálidas, muy pálidas. Volvió a mirarse en el espejo, ese no era el, era su parte débil, su parte cobarde.

-¿Porque le tienes miedo al agua, Finn...? - preguntaba esa voz con un tono de burla. El solo soltaba lágrimas, y lo hacía más cuando le pregunto eso.

-... Porque... - lloraba cada vez más, recuerdos iban y venían de forma constante y apresurada, jugando con su mente, torturándolo de forma cruel.

-¿Porque te odias, Finn? - la voz lo torturaba sin la más mínima pizca de piedad, solo lo quería ver sufrir, solo lo quería ver colapsar para divertirse, para reírse de si desesperación y frustración.

-... Por mi culpa, ellos murieron en ese avión, y yo salte, dejándolos morir en esa explosión... Solo pensé en mí, solo pensé en salvarme... - golpeo el piso con fuerza. No sabía porque le respondía, solo era una voz en su cabeza, no era nadie, solo su conciencia que jugaba con él, y ese juego no era divertido, al menos no para él.

-... Tú los dejaste morir - la voz lo maltrataba, le daba donde más le dolía, jugaba con el sin piedad, sin lastima.

-... No, no lo hice, no fue mi culpa... - se trataba de convencer, pero era demasiado fuerte ese sentimiento de culpa. No había señal de que su tortura psicológica cesase.

-Murieron por tu culpa, deja de mentirte, fue tu culpa... - volvían esas espantosas imágenes a su cabeza. Se tomó sus cabellos con fuerza apoyando la frente contra el concreto del suelo.

-... ¡Lárgate, joder...! - saco el arma en un intento desesperado de suicidarse. Eso no era normal, no se iba a suicidar por una estupidez así, pero eso era demasiado fuerte para él, eran traumas que estaban ocultos en el rincón más oscuro y perturbador de su cabeza.

-Si... hazlo, dispara... ¿No eres el tipo duro que no le teme a nada? Anda, dispara, si eres capaz... - estaba a punto de jalar del gatillo, pero pronto se dio cuenta de algo, algo importante: Eso era lo que la voz quería, quería que se suicidase. Bajo el arma lentamente, con una mirada neutra, sin emociones, sin sentimientos.

-... No lo haré, porque es justamente lo que quieres... Y no le haré caso a nadie, ni mucho menos, a una maldita voz en mi cabeza... - dejo caer el arma al suelo, pero extrañamente la volvió a tomar.

-¿Qué haces...? - tomo con fuerza el arma, y sin dudarlo dos veces, se la aventó contra el cráneo con fuerza, lo suficientemente como para dejarlo inconsciente, pero tampoco como para romperle el cráneo. Cayó al suelo, desmayado, y seguramente el que lo vea pensaría que estuviera muerto...


Su mente estaba confusa, sin memoria alguna de lo que había sucedido. Su cerebro daba vueltas, intentando adaptarse a la situación en la que se encontraba. No podía moverse, solo lograba mover la cabeza, y a duras penas. Tenía una jaqueca horrible, la cabeza le iba a explotar. Su visión no se había recuperado por completo, aun veía todo en blanco y lo único que podía observar era una sombra justo al frente de él, observándolo. Comenzó a estudiarla de arriba abajo, llego a la conclusión de que esa sombra, era una mujer. Esta comenzó a apuntarle despacio, el simplemente se dignó a sonreír.

-¿Cómo me encontraste cuando llegaste? - le pregunto sin miedo, con un tono del típico de mujeriego.

-... Inconsciente y con tu arma al lado... Y no preguntare porque... - su mirada era fría y cortante, tópica de alguien que asesina a sangre fría.

-... Es una suerte, porque no me gusta dar explicaciones... - recibió un golpe por parte de ella en el rostro. Fue fuerte, pero no demasiado para hacerlo sangrar. El solo sonrió y comenzó a reírse.

-¿Te crees muy gracioso no? - le sujeto del cabello, apuntándole el arma contra la frente amenazando con jalar del gatillo.

-Sí, pero al parecer tuviste una infancia muy triste ¿No es así, Scarlett? - pronuncio su nombre tranquilamente mientras ella volvía a golpearlo, pero esta vez lo recibió en el pecho.

-¿Cómo sabes mi nombre? - intento hacerle hablar, pero este no le respondió la pregunta.

-... Scarlett Firely. 23 años de edad. Nacida el 14 de Marzo de 1994. Madre muerta. Arrestada una vez por consumo de marihuana ilegal a los 16 años. Se cree que mato a un hombre por razones desconocidas, pero según el testimonio de la policía fue en defensa propia. ¿Quieres que continúe? - su mirada era fría, casi para hacer que a alguien le recorriera un escalofrío por la espalda.

-No, gracias... ¿Dónde están los malditos códigos? - pregunto sin rodeos, apuntando su arma contra su cabeza. El solo giro la cabeza soltando un sonido sarcástico.

-A salvo de las manos equivocadas ¿Problema? - recibió otro golpe en la cara.

-Dime donde están los malditos códigos, o te prometo que... -

-¿Que vas a hacer? ¿Dispararme? - tomo el arma de la chica, apuntándola con esta, justamente en el estómago. Estaban a pocos centímetros de ambos, escuchaban sus respiraciones. Miraba sus suaves y tentadores labios, sus palpitaciones aumentaron. Se miraban mutuamente, esperando que el otro hiciese algo, pero no sucedió, solo se quedaron mirándose uno al otro, inmóviles, sin mover un solo musculo. Se apartó de ella lentamente, dejo de apuntarla con el arma. Esta estaba confusa, solo observaba como le daba el arma, a la vez que este sacaba la suya.

-... ¡Cuidado! - grito apuntando hacia el cristal de la gran ventana, o lo que quedaba de esta ya que había sido destruido por varias presencias oscuras que estaban armadas hasta los dientes. Se escuchó el primer disparo, le habían dado casi a quemarropa, grito de dolor por el impacto de la bala, a la vez que se ocultaba detrás de un pequeño bar que estaba justo a su lado.

-¿Qué hacemos? - le pregunto mirando su brazo herido.

-... Pelear - hablo antes de salir de su escondite y comenzar a disparar...