TERRUCE WILLIAM
Candy se encontraba en su habitación, desde que había entrado pudo notar que sus pertenecías se encontraban igual a como ella las dejó antes de partir a Londres. A pesar de todo, la tía abuela no la regaño tanto como ella esperaba, quizás sólo estaba esperando el momento adecuado.
A la mañana siguiente Candy estaba temerosa de bajar a desayunar, ya que la sola presencia de la señora Elroy, causaba un gran impacto en todo aquel que la conocía.
-Buenos días señorita Candy (entraba apresuradamente Dorothy).
-Hola, buen día, ¿la tía abuela dónde está?
-La está esperando para desayunar…
-¿Me está esperando? (preguntó Candy totalmente sorprendida).
-No se preocupe tanto Candy, la señora Elroy tiene un carácter fuerte, pero en el fondo es una gran mujer, además estoy segura que terminará amando a ese hermoso bebé.
-Sé que avergoncé a la familia, creo que es un error que yo esté aquí (con el rostro entristecido)
-No pienses así Candy (acercándose a ella), créeme no eres la primera ni serás la última mujer, además ya hace falta un bebé en esta casa, después de haber perdido al señortio Anthony, la señora Elroy ha estado muy triste y sola.
-Anthony… también a él lo he defraudado…
-Ya señortia Candy, si continua pensando así me enojaré mucho con usted y no vendré a ayudarla a arreglarse todos los días (sonriéndole amablemente al ver la notable tristeza que reflejaba la joven rubia).
-Yo me enojaré más si me sigues llamando así… recuerda que puedes llamarme Candy, simplemente Candy.
Después de haber tomado un buen baño y vestirse, bajo Candy a desayunar, quizás la noche anterior la tía abuela no había sido tan severa pero probablemente las cosas cambiarían esa mañana.
-Tardaste mucho en bajar (reprendiendo a la joven).
-Lo siento mucho tía abuela, perdón, señora Elroy…
-Apresúrate, ya que tenemos cosas que hacer…
Candy no quiso seguir cuestionando a la señora Elroy, aunque si la notaba distinta, quizás un poco más amable con ella, aunque podría ser todo eso parte de su imaginación.
Las dos mujeres fueron llevadas por George a las tiendas más cercanas del lugar, algo que realmente le extraño a la rubia, ya que llevaban muchos minutos recorriéndolas sin decir palabra alguna.
-Entremos
-Puedo preguntar… ¿Qué hacemos aquí?
-Son ordenes de William (se limitó a responder la mujer)
-Así es señorita Candy, el señor William, nos pidió que la trajéramos a comprar todo aquello que le hiciera falta para su bebé (intervino George).
-Pero…
-No hay ningún pero…al final, William termina saliéndose con la suya (aparentemente molesta).
Después de varias horas por fin llegaron a la hermosa mansión, Candy no sabía qué hacer, sólo se preguntaba una y otra vez por qué recibía ese trato, por qué todas esas atenciones, por qué después de todo lo que ella había hecho, ¿realmente merecía todo lo que le estaban brindando?. Ella nunca había ignorado el hecho de que el bisabuelo William la había adoptado, debido a que tanto Anthony, Archie y Stears se lo habían pedido.
Muy lejos de ahí, se encontraba un joven cuya vida había cambiado en un instante, había perdido mucho, pero al igual había ganado mucho, al menos trataba cada noche de engañarse a sí mismo pensando de esa manera. Tenía un par de días que se había mudado a un nuevo departamento, más amplio y en una mejor ubicación.
Ese joven castaño, sabía que todo lo que hacía sería mal visto por toda persona que lo conociera, pero al menos así podría reunir el suficiente dinero para poder brindarle una vida digna a la mujer que ama y a su pequeño; sólo esperaba que el día en que se volvieran a encontrar ella lo perdonara, ya que él estaba dispuesto a dejar su último aliento con tal de que ella regresara a su lado.
Los días seguían pasando y en la mansión Andley ese día en especial, sería uno muy ajetreado, ya que un pequeño ser se apresuraba a llegar al mundo.
-¡Señora Elroy!, ¡Señora Elroy!
-¿Qué te pasa muchacha? ¿Por qué gritas como loca por toda la casa? Y ¿por qué entras así, sin tocar antes de entrar?
-Lo lamento señora (agitada) lo que pasa es que Candy, Candy…
-¿Candy?
-Lo lamento señora… quiero decir, la señorita Candy…
-¿Qué le sucede a Candy?
-Ella está muy mal señora, creo que su bebé ya va a nacer…
-¿Qué?
-Entré a su recamara y comenzó a sentirse mal, por favor señora ayúdela…
-Tranquilízate muchacha, busca a al señor George y dile que vaya a buscar un médico…
-Sí señora, enseguida…
La tía abuela, salió de su recamara para dirigirse a la de Candy, al entrar se pudo percatar que Candy se encontraba en labor de parto, rápidamente mando llamar a Dorothy, solicitándole que le llevara algunas mantas, unas tijeras y agua tibia.
-Tía abuela… ¿Qué está haciendo? (preguntó Candy)
-El médico no alcanzará a llegar, así que no podemos esperar más…
-Pero… tengo mucho miedo…
-He ayudado en muchos partos, yo misma vi nacer a mis sobrinos, así que no hay nada que temer…
Candy como toda madre primeriza, se encontraba nerviosa y temerosa por su bebé, el dolor era insoportable, sólo escuchaba la voz de la tía abuela que le pedía que siguiera pujando mientras Dorothy sostenía su mano y le daba palabras de aliento, todo eso era "dulcemente doloroso", ya que sabía que gracias a todo lo que estaba experimentando en esos instantes traería a su vida a un nuevo ser, sangre de su sangre.
-Ya no puedo, realmente ya no puedo…
-¡Qué cosas dices! ¡Creías que traer un hijo al mundo era fácil!
-Pero ya no puedo, me duele mucho…
-Escúchame bien Candice, todo esto terminará pronto… confía en mi (brindándole una dulce mirada).
-Como me gustaría… que él… que él estuviera aquí… aquí conmigo… como me gustaría que Terry estuviera conmigo…
-¡PUJA!
De repente por toda la casa se escuchó el hermoso primer llanto de un bebe, que anunciaba su llegada a este mundo. Un lindo varoncito había llegado a la familia, su cabello era castaño y con unos enormes ojos azules como el color del océano, ese océano que sin pensarlo había unido a dos jóvenes y que ahora heredaba ese hermoso color en los tiernos ojos de ese pequeño que lloraba sin parar.
-¿Qué nombre le pondrá señorita Candy? (preguntaba curiosa Dorothy).
-Su nombre es Terruce, Terruce William…
-¿Terruce William? (preguntó la señora Elroy).
-Llevará el nombre de su padre y del hombre que ha sido no solamente mi protector, sino también el ángel envió Dios para cuidar de ambos…
-Es un lindo nombre señorita Candy… ¿Debo llamarla ahora señora Candy? (dicha pregunta causo la risa de las mujeres)
-Disculpe la tardanza señora Elroy, el médico está aquí (entro apresurado George)
-No te preocupes George, aparentemente todo está bien por aquí… pero sería importante que el médico revisara a ambos, así que salgamos y dejemos que el doctor haga su labor.
Después de salir el médico de revisar tanto a Candy como a su pequeño, se dirigió con la matriarca de la familia, para informarle que ambos se encontraban en perfectas condiciones, felicitándola por haber realizado un extraordinario trabajo.
-Por favor George, lleva al doctor a la clínica nuevamente…
-Por supuesto señora.
-George (llamándolo una vez más)
-Dígame…
-Por favor informa a William…
-No se preocupe, le haré saber al señor lo sucedido, con permiso.
Esa muchacha realmente ama a ese joven, desde que llego nunca lo había mencionado, ni siquiera por error había pronunciado su nombre, hasta el día de hoy. Pensaba la tía abuela al recordar las palabras de Candy.
-Definitivamente William debe hacer algo con lo que respecta a ese muchacho, la cosas no se pueden quedar así (hablaba para sí misma la tía abuela).
