ALBERT… ¿MI AMIGO, MI ÁNGEL, MI PADRE?

Sr. William.

Me dirijo a usted para darle a conocer que la señorita Candice, ha traído a éste mundo un hermoso niño, al cual ha decidido darle el nombre de Terruce William. La señora Elroy se encuentra muy contenta con la llegada de ese pequeño, aunque conociéndola usted perfectamente hace todo lo posible para que los demás crean lo contrario; esperamos pronto su regreso, reciba un cordial saludos de todo.

George.

Querido William.

El motivo de mi carta es para darte a conocer que tu protegida ha dado a luz un niño, posiblemente ya estés enterado, ya que el señor George te lo ha deber hecho saber.

Todo se ha hecho como tú lo has indicado, a pesar de que siempre me opongo a tus absurdas decisiones término haciendo lo que indicas. Hay algo que me preocupa mucho, ¿qué sucederá tanto con ella como con su pequeño? Piensas dejar que ambos sigan en esta casa como si nada hubiese pasado… muy pronto todo Chicago conocerá que una miembro de nuestra familia tuvo un hijo sin estar unida en el santo matrimonio, piensas permitir que todas las demás mujeres en edad casadera de nuestra familia sean avergonzadas debido a lo sucedido con Candy…

Te exijo que busques a ese chico, con el que ella huyo de Escocia y que al parecer después de haber conseguido lo que todo hombre busca de una mujer, la abandonó a su suerte, te exijo que lo encuentres y asuma su responsabilidad, mi familia no caerá en la desdicha a causa de sus irresponsabilidades.

Al igual te informo que ya se acerca el día en que tú deberás asumir el completo control de los negocios de la familia, así como de tu lugar como el patriarca de nuestro legado, sin olvidarnos de que ya es hora de que Candice conozca tú verdadera identidad.

Espero pronto tú regreso, con amor la tía abuela.

Albert leía una vez más tanto el telegrama que le había enviado su mano derecha y amigo, George, así como de una de las mujeres más importantes de su vida. George tenía razón, la tía abuela estaba encantada con la llegada de ese pequeño aunque ella siempre se encargaba de mostrar su lado frio a los demás, se dio cuenta cuando su tía le exigía buscar a Terry, además de que era muy notoria su preocupación por Candy, a pesar de que ella había usado como escusa la vergüenza que podría llegar a la familia si los demás se enteraran de lo sucedido.

La tía abuela tenía razón, ya era hora de que él interviniera, después de todo, legalmente aparecía su nombre en el acta de adopción de Candy, ante la ley él era su padre y como tal le pediría cuentas a Terry por lo sucedido, tanto en Escocia como en New York.

Albert se había podido percatar de lo mucho que se atraían mutuamente el día que los tres se vieron en el zoológico de Londres, vio un hermoso resplandor en los ojos de su pequeña Candy que hace mucho no veía y se dio cuenta quien era el responsable de eso. Al igual pudo notar que aquel chico rebelde y un tanto arrogante quedaba rendido a los pies de la rubia cada vez que la veía o con simplemente escuchar un saludo proveniente de ella, pero qué había sucedido entonces, por qué las cosas habían cambiado, aun recordaba el telegrama que le había enviado George, en el que le informaba lo sucedido con Candy en Escocia.

Sr. William.

Me es muy penoso tener que comunicarle esto, sobre todo cuando usted mismo me confió la tarea de cuidar y velar por la señorita Candice; hace unos minutos una de las hermanas del colegio le informó a la señora Elroy por medio de una carta, que ella ha huido y todo parece indicar que no lo hizo sola, ya que al igual se ha marchado el joven Terruce G. Grandchester, aunque aún no lo han confirmado, se cree que huyeron juntos. Continuaré investigando y lo tendré informado.

George.

Después de haber leído ese telegrama, Albert más que enojo estaba sorprendido, ya que Candy se había atrevido a hacer tal cosa, la conocía muy bien, a pesar de ser una chica un tanto rebelde, jamás hubiese creído eso de ella, aunque cuando uno se enamora, deja a un lado toda razón para sólo escuchar lo que le dicta su corazón.

Ya lo había decidido, buscaría a Terry y lo obligaría a asumir su responsabilidad, aunque tuviese que llevarlo arrastrando, si había sido muy hombre al llevársela con él, ahora tendría que ser más hombre al asumir su responsabilidad con Candy y con la familia entera, ya que la rubia no estaba sola, tenía un padre que siempre estaría al pendiente de ella.

-Candy, ya es hora de que conozcas a tu padre adoptivo, ya es hora de que conozcas al hombre que lucho contra su propia familia, para poderte dar a ti un hogar… aunque ya lo había pensado, fueron ellos tres los que terminaron de convencerme…

-¿Cómo está este hermoso señorito? (mencionó Dorothy al entrar al cuarto que se le había asignado para el pequeño Terruce o como la tía abuela prefería llamarlo… William).

-Buen día Dorothy (saludaba amablemente Candy).

-Señorita Candy no la había visto… perdón… señora Candy… (Dijo avergonzada).

-No te preocupes, además ya te dije que me puedes llamar Candy, simplemente Candy…

-Está enorme el señorito… (Sonriendo al ver al pequeño despertar)

-Tienes razón, ya ha pasado un mes desde que este señorito consentido nació (tomándolo entre sus brazos).

-La señora Elroy todas las noches viene a verlo antes de irse a dormir

-¿Qué cosas dice? ¿Eso es verdad?

-Por supuesto, no para de decirme que si es preciso no duerma en toda la noche por si en algún momento él deja de respirar, si tiene hambre, si está sucio o si no puede dormir…

-Eso… no lo sabía…

-Así es… eres la luz de sus ojos pequeño, has conquistado por completo a tu tía abuela (acariciando la pequeña cabecita).

-La tía abuela es una mujer completamente diferente a lo que yo creía…

-La señora Elroy es una dama excepcional, aparenta ser una mujer fría, pero realmente es una mujer adorable…

-Gracias Dorothy…

-¿Gracias? ¿Por qué?

-Por todo, por ser más que mi dama de compañía, por ser mí amiga y por cuidar de mi bebé, por hacerme ver que incluso la tía abuela tiene un corazón de oro.

Mientras tanto, lejos de toda esa conversación entre ambas mujeres, se encontraba un joven de cabellos de oro, el cual guardaba en su mano una pequeña nota, en la cual venia la dirección de un viejo amigo suyo, quien le debía muchas explicaciones y que no se iría sin recibirlas.

-Buen día, se encuentra el señor Grandchester (preguntándole a la muchacha de servicio).

-Buen día, él no se encuentra, ¿quién lo busca?

-No se preocupe, regresaré más tarde.

Llego la noche a esa ciudad tan ajetreada, un joven castaño se disponía a llegar a su departamento y descansar toda la noche, los ensayos de la nueva obra lo dejaban exhausto, no era para menos, su carrera estaba en ascenso, no había persona que no lo reconociera en las calles, después de haber anunciado su "romance" con su compañera y coprotagonista, ambos se habían vuelto el centro de atención del lugar.

-Hola señor, le deje la cena lista.

-Hola Lauren, pensé que ya se había ido…

-Señor, un joven vino a buscarlo al medio día…

-¿Le dijo quién era y para qué me buscaba?

-No señor, sólo me dijo que regresaría más tarde…

-Muchas gracias, ya puedes retirarte…

-Hasta mañana señor.

Como todas las noches Terry había cenado con Susana y su madre, todo se estaba saliendo de control, ya que se había podido percatar que Susana se había olvidado que todo eso era una simple actuación, en más de una ocasión la había descubierto observándolo como la típica chica enamorada de su "príncipe azul", lo que realmente temía es que en algún momento ella tomara la iniciativa y le abriera por completo su corazón, sin imaginar que el de él ya tenía dueña.

De repente escucho el timbre de su casa, sacándolo de sus pensamientos. Al momento de abrir la puerta sus ojos se encontraron con un viejo amigo, el cual había perdido de vista casi ya un año.

-¡Albert! Realmente eres tú…

-Hola Terry, ha pasado mucho tiempo no es así…

-Por favor pasa…

-Gracias…

-Dime… ¿qué andas haciendo por aquí? ¿Cómo has estado?

-Terry, iré al punto, estoy aquí, porque quiero que me expliques todo lo sucedido con Candy…

-¿Con Candy? (asombrado ante lo mencionado por el rubio)

-Así es Terry, lo último que me enteré es que se fugaron de Escocia y de ahí nadie tuvo noticias de ustedes…

-Es verdad ambos cometimos ese error…

-¿Error?

-Ahora que lo pienso mejor Albert, todo eso jamás debió de haber sucedido, ambos fuimos muy irresponsables… debido a eso mi padre me retiró su apoyo, no es que siempre haya contado con él, pero terminó retirándome su ayuda financiera…

-Eso es lo que realmente crees… entonces, ¿Candy y su pequeño también fueron un grave error?

-¿Cómo sabes eso?

-¿Cómo lo sé? Realmente esa es la pregunta correcta que deberías hacerme…

-Albert eres mi amigo y sé que Candy también es tu amiga, no quiero sonar grosero, pero eso sólo es asunto de Candy y mío…

-Tienes razón, Albert sólo es amigo de ambos, pero William no…

-¿A qué te refieres con eso? ¿Por qué hablas en tercera persona? ¿Quién es William?

-Hay algo que aun desconoces y he de decir, que ella también no lo sabe, pero ahora mismo te lo diré, yo soy William Albert Andley…

-¿Qué estás diciendo? (completamente asombrado)

-Así es Terry, yo soy William Albert Andley, aunque en el mundo de los negocios y algunos miembros de mi familia, sólo me conocen por William Andley…

-Estas tratando de decirme que tú eres el padre adoptivo de Candy, es lo que tratas de decirme…

-Como tú lo dijiste, soy el padre adoptivo de Candy y estoy aquí para que me aclares muchas cosas… una de ellas es por qué Candy está sola con su pequeño, que apenas cumplió hace un par de días su primer mes de edad, por qué ella no está con el hombre que la trajo a New York y por qué hay un pequeño que no conoce a su padre y sobre todo por qué los periódicos dicen que tú y esa señorita de apellido Marlow tienen una relación, cuando tú ya tienes una familia que te espera y un hijo que lleva tu nombre…

-Candy le puso mi nombre (se limitó a contestar)…

-¡Es lo único que respondes Grandchester!

Pocas veces Albert dejaba ver a los demás su mal genio, estaba realmente molesto con Terry, no lograba comprender el por qué él le había mencionado que el haberse llevado a Candy de Escocia había sido un error, es que acaso la tía abuela tenía razón, una vez que él había obtenido lo que todo hombre busca de una mujer, le había sido fácil deshacerse de ella sin importarle su propio hijo, el joven rubio aún se negaba a creer en tal cosa.

-Como te dije, eso es asunto de ella y mío, de nadie más…

-Si lo único que buscabas era que ella se entregara a ti, la hubieses dejado en allá, al menos ahí ella tenía a su familia y amigos…

-No tienes por qué decirme eso, yo la amo y no me importa si me crees…

-Es lo único que dirás… me decepcionas… cuando me informaron que ella había huido contigo me sorprendí mucho, pero al menos sabía que lo había hecho por amor, por el amor que al menos ella te tiene, crees que si ella no te amara y se arrepintiera de haberse fugado contigo, le hubiese puesto tu nombre a su hijo… y tú sólo sales con eso…

-¿Ella y mi hijo están bien?

-Si realmente te interesa saberlo, los iras a buscar, sino, puedes quedarte aquí, pero una cosa si te digo, ni Candy ni ese pequeño pagaran por tus errores, ella me tiene a mí, siempre la apoyaré y tú sólo puedes desaparecer… Adiós (dirigiéndose a la puerta).

-Albert… ¡Espera!

-Sólo me quedaré si me dices que vendrás conmigo a buscarla…

-La buscare, puedes estar seguro de ello, pero…

-¿Pero?

-Pero ahora no… debo de arreglar unas cosas primero…

-Has lo que quieras, sólo espero que no sea demasiado tarde, cuando decidas buscarla…

Lo días habían transcurrido rápidamente en la mansión de los Andley, se apresuraban para la llegada del mismísimo bisabuelo William, todos añoraban verle. Debido a los acontecimientos que estaban surgiendo en Londres debido a una posible guerra entre varios países y aprovechando el gran acontecimiento que se aproximaba, todos los miembros del clan Andley habían dejado el colegio, incluida Annie y Patty, que a pesar de no ser parte de dicha familia, sus padres se habían preocupado mucho ante los rumores que ya circulaban por toda américa.

Ninguno de ellos había podido ver a Candy, ya que todos se presentaron justamente el día en que el bisabuelo William aparecería, llevándose una grata sorpresa todos los presentes en el momento en que la tía abuela Elroy aparecía bajando la escalera y atrás de ella venia Candy con su pequeño en brazos.

-Buenas noches a todos, gracias a Dios han llegado con bien mis queridos sobrinos con sus invitadas, por favor sean todos bienvenidos, a continuación les quiero presentar a mi querido sobrino, el mayor de todos, que por motivos de negocios él no se encontraba presente, recibamos por favor al patriarca de esta familia, bienvenido William Albert Andley.

Descendiendo detrás de las damas se encontraba Albert, dejando a los presentes con cara de asombro, sobre todo el de la joven madre, que al verlo, sus ojos se inundaron de lágrimas, era él, su querido amigo, su ángel protector, era él, su padre adoptivo, el cual desde hace mucho tiempo, deseaba conocer.