Capitulo cuatro

Leyendas

En los tiempos ancestrales, la tribu de los Quileutes vivían en la reserva La Push, alimentándose de su agricultura, ramaderia y caza próspera. En una de las muchas expediciones de los guerreros encargados de comprobar la seguridad de los pastos cercanos al pueblo, se toparon con una criatura con apariencia de hombre. Cuando se acercaron descubrieron que su piel era increíblemente pálida y sus ojos de un color rojo escarlata muy impropio de los humanos. Tal y cómo otra leyenda ancestral indicaba, los nativos guerreros disponían de la capacidad para encarnarse en un animal de la naturaleza, un lobo. Combatieron contra aquel ser, descubriendo así su piel fría como el hielo, sus enormes habilidades para moverse y su fuerza y velocidad inhumanas. Algunos murieron en la lucha, pero finalmente consiguieron destruirlo. Los restos del cadáver de aquella cosa fueron trasladados a la aldea para consultar con el miembro más antiguo y sabio de la población. Éste, sabedor de la existencia de dicha criatura, la llamó: El Frío

Las partes despedazadas del El Frío acabaron quemadas siguiendo los consejos del anciano Quileute.

Después de un tiempo, la tribu fue atacada por más seres iguales que aquel monstruo desatando así una lucha entre los Fríos y los guerreros lobunos. Finalmente acabaron con los atacantes, pero también perdieron muchas vidas. Por tanto llegaron a la conclusión de que deberían proteger a su pueblo todos aquellos que tuvieran el gen de lobo. Con la necesidad de protección que había en el pueblo, el gen fue pasando de generación en generación y se cree que hasta la actualidad.

A lo largo de los años los Quileutes han ido protegiendo a la población de la amenaza que Los Fríos suponen. Únicamente algunos pueblerinos de La Push conocen y creen estas leyendas, aunque actualmente recorren ya todo el mundo a oídos de niños, adultos y ancianos (creyentes o no).

Más abajo habían varios artículos con diferentes títulos y diferentes historias como:

"Primera transformación."

A Taha Aki se le ocurrió una idea. Le rogó al lobo que le hiciera sitio dentro de él para poder vivir y se lo concedió. El lobo y el hombre fueron a la tribu que le asustó. Taha Aki les habló con los ojos y aulló las canciones tradicionales. Los guerreros supieron lo que pasaba. Un viejo guerrero (Yut) intentó comunicarse con el lobo. Se convirtió en espíritu a la vez que Taha Aki y supo la verdad. Utlapa se abalanzó al cuerpo inerte de Yut y antes de que nadie pudiera reaccionar, lo mató. Lleno de ira, Taha Aki volvió al cuerpo del lobo. Pero el amor de Taha Aki por su gente era algo que el animal nunca había sentido. Apareció un nuevo hombre del cuerpo que usurpaba Utlapa y los guerreros lo reconocieron. Intentó huir, pero Taha Aki aplastó su espíritu para que no pudiera salir del cuerpo.

Todo volvió a su sitio, salvo la prohibición de convertirse en espíritus para que no volviera a haber peligro. Desde entonces, le llamaron Taha Aki el Gran Lobo o el Hombre Espíritu. No envejecía y ante algún peligro, adoptaba la forma de lobo para protegerlos.

Su descendencia también se convertía en lobos cuando se hacían hombres y eran diferentes entre sí. Eran espíritus lobo pero reflejando el hombre de su interior. Los que no quisieron ser de la manada, envejecían. Cuando Taha Aki encontró a su tercera mujer, era un sentimiento tal que quiso morir con ella.

El sacrificio de la Tercera Esposa

Años después de que Taha Aki abandonara su espíritu lobo, comenzaron los problemas en el norte con los makah, porque habían desaparecido varias jóvenes. Como les temían, les echaron la culpa a los quileutes. Pero ellos sabían que no habían sido, porque se oían los pensamientos. Taha Aki ordenó a su hijo mayor Taha Wi que encontrara al culpable. Se fue con cinco lobos más de su manada a las montañas y encontraron un olor dulzón que hasta les hacía daño. Encontraron rastros de olor y sangre humana. Estaba muy al norte, así que Taha Aki mandó de vuelta al puerto a la mitad de la manada para informar. Taha Wi y sus dos hermanos nunca volvieron. Taha Aki se vistió de luto y acudió a contarlo a los makah, que le creyeron y acabaron la pelea. Un año más tarde desaparecieron de sus casas dos doncellas makah. Avisaron a los quileute que encontraron el olor dulzón. Solo el hijo mayor de la Tercera Esposa volvió. Yaha Utta. Tenía con él un cadáver frío y pétreo despedazado. Lo habían encontrado con las chicas makah. Una ya estaba muerta, a la otra le rompió el cuello al verlos. Tenía los ojos rojos y la boca llena de sangre. Era fuerte y veloz y mató a uno de los lobos como a un muñeco. Los otros le hacían daño con sus dientes, así que comenzaron a darle mordiscos y arrancarle la carne.

Mientras el ser destrozaba a su hermano, Yaha Utta vio un punto indefenso en la garganta y le arrancó la cabeza. El hermano murió y él llevó dos trozos a los ancianos para que lo vieran. Al moverlos, la mano y el brazo se juntaron y lo tiraron rápidamente al fuego con miedo. Salió un horrible humo asfixiante y cuando se hicieron cenizas las guardaron en varias bolsas y las tiraron en diferentes lugares muy lejos. Taha Aki se guardó una bolsita y se la colgó del cuello para avisar si volvía.

Pero la criatura tenía una compañera que fue a los quileutes pidiendo venganza.

Dijeron que la Mujer Fría era lo más hermoso que vieron nunca. Parecía una diosa. Bajo el sol resplandeció sobre su piel blanca y el pelo dorado hasta las rodillas. Algunos se arrodillaron y la adoraron. Pronunció algo en voz alta que nadie comprendió. Solo un niño de la familia de Taha Aki dijo que el olor le quemaba la nariz. Uno de los viejos que iba al Consejo le oyó y gritó a todos que huyeran, pero la mujer lo mató. De los veinte que allí estaban, solo se salvaron dos que corrieron al Consejo a avisar a Taha Aki de lo ocurrido. Yaha Utta se convirtió en lobo y fue a buscar a la mujer seguido de Taha Aki, su Tercera Esposa, sus hijos y los ancianos. Vieron en el puerto cómo la mujer nadaba a gran velocidad y destrozaba las canoas de los que querían huir. Cuando vio al gran lobo en la orilla fue hacia él. Lo señaló y le dijo algo incomprensible. Yaha Utta fue finalmente vencido y ante la furia de Taha Aki se convirtió en lobo de nuevo con el hocico blanco.

La Tercera Esposa había perdido demasiado y ahora perdería a su marido…

"el sacrificio"

La Tercera Esposa cogió un cuchillo de sus hijos, pues eran jóvenes y también morirían tras su padre. Corrió hacia la mujer fría y ante ella se clavó el cuchillo en el corazón. La Mujer Fría no pudo resistir y se giró hacia ella mientras Taha Aki le mordió el cuello. Los hijos, ante tal furia, se convirtieron en lobos aunque aún no eran hombres. Taha Aki nunca volvió a convertirse en hombre ni a acudir a la tribu. Nadie pudo acercarse a su mujer y luego se fue al bosque donde nadie le vio más.

Desde aquel momento, no hubo más problemas con los bebedores de sangre, pues no sabían de la existencia de los lobos y podían con ellos. Se transmitían los conocimientos entre ellos y de padres a hijos por el pensamiento.

Los descendientes de Taha Aki no se volvieron a convertir en lobos a menos que apareciera algún "frío" esporádicamente. Siempre fueron pocos.

En un tiempo, apareció un gran aquelarre, pero el líder habló con Ephraim Black y le aseguró que no harían daño a los quileute. No eran como los otros y los ojos eran amarillos. Eran más que los lobos, por lo que no les hacía falta un pacto. Ephraim aceptó. El aquelarre aumentó y con ello el número de la manada.

En el momento más interesante suena el celular. Como en las películas de misterio. Eso me hiso acordar a mi película favorita, le pediría a mi tía que la viera junto a mí, sería una actividad que podría hacer junto a ella, para que confiara un poco en mí y cuando esté a punto de quedarse dormida le sacaría la información necesaria para poder informarme más acerca de la extraña leyenda. Aunque más que leyenda parecía una historia para contarle a un niño en algún campamento para que así mojara sus pantalones. Parecía un cuento de terror o misterio, casi parecido al que yo siempre leía, el que mi abuela me había dejado en herencia. Atendí el celular.

Era mi madre:

-Hola, ¿ya llegaste?- pregunto algo preocupada, cosa que me asusto un poco-.

- hola mama, si, llegue ayer. ¿Por qué preguntas?

- ¿No viste ningún oso o sí?- ah así que a eso venia todo esto- tu tía me llamo diciendo que hace unos días se comenzaron a quejar cada vez mas de esos animales… ¿NO LOS VISTE O SI?

- mama, tranquilízate ¿sí? No, no los eh visto – mentí- ¿no crees que ya les habría mencionado a alguna de ustedes dos si algún supuesto oso me hubiera atacado?

- no va al caso de si te ataca o no, no quiero que te acerques ni llames su atención, ¿entendiste?

- si mama ya entendí, ¿sabes? me tengo que ir, adiós.

No soportaba que me estuvieran diciendo que hacer todo el día y si aun así no lo hacía me castigaban. Mi madre era capaz de hacerme volver en el primer vuelo a casa y castigarme todo el verano si se enteraba que la había engañado.

La llamada me había dejado un sabor amargo, llevándose así todas mis ganas de descubrir lo que había encontrado. ¿Alguna vez me iba a dejar ser como yo soy y listo? Guarde el polvoriento libro de nuevo en su estante y comencé mi triste marcha de nuevo a la casa de mi tía. Llegue con la cabeza gacha, me cansa que mi madre no se preocupe por mí, ni siquiera me pregunto si la estaba pasando bien o como me encontraba. Subí a mi habitación y me acosté a mi cama ni bien cerré la puerta, necesitaba - por una vez- un tiempo para mi sola, necesitaba despejarme. Y cuando estaba a punto de quedarme dormida se me ocurrió una excelente idea para poder despejarme. ¿No había leído en el mapa que a unos metros de la biblioteca se encontraba la playa? El lugar perfecto para poder relajarme.

Un día en la playa, eso sonaba agradable, necesitaba un tiempo para relajarme, así que prepare mi bolso con algunas toallas, mi móvil, campera liviana, bloqueador solar, sombrero, algo de ropa por si la que tenia se mojaba, lentes y baje a preguntarle a mi tía si le parecía bien si iba caminando hacia la playa. El camino fue largo y extenso pero logre llegar a mi destino. Busque un buen sitio para instalarme y poder quedarme un buen rato en el agua. Desde el tranquilo mar pude ver varios chicos jugando Fútbol, tres chicos más sentados en unos troncos y unas rocas, y más allá había dos chicas. Una de ellas que de unos diecisiete o dieciocho años (me debía de pasar por tres o cuatro años, catorce y diecisiete o catorce y dieciocho) fue en dirección de los otros tres, mientras que la otra chica besaba (por lo que parecía) el mayor de todo el grupo que supongo que tendría unos veinte años. Ya no podía más, estaba temblando, el agua estaba helada, así que tome valentía y fui en dirección hacia la toalla que había traído, todos cuando me escucharon voltearon sus vistas hacia mí, algo que me hiso sentir muy incómoda, nunca me gusto ser el centro de atención, Y mucho menos me sentía cómoda ante la mirada de muchos chicos, porque me hace sentir desconforme de como soy.

Gire mi vista hacia ellos, pero se detuvo cuando llego hasta la vista de un chico alto, musculoso, piel bronceada con un tatuaje en su brazo derecho. Embry. Cuando nuestras vistas chocaron él no la despego de allí, se tambaleo un poco y luego lentamente cayó de rodillas hacia la arena. Una extraña sensación recorrió por mi cuerpo, algo que me hiso estremecer. Me sentía algo acalorada y fue allí cuando me di cuenta de que me encontraba sonrojada. Tenía miedo, debo admitirlo, el me sacaba varias cabezas de alturas, y todos ellos parecían muy fuertes, ¿y si me hacían algo? No había nada ni nadie en la playa que me brindara alguna ayuda o protección por si ellos me hacían algo… Levante apenas un segundo mi vista y descubrí que el resto de ellos se miraban entre sí, el mayor de ellos lo llamo.

- Embry, Embry levántate…- el no obedecía- Embry mírame

Pero él no respondía, me miraba como esperando algo de mi parte, ¿Qué hago le sonrió o salgo corriendo? Salir corriendo era lo que más me parecía correcto, después de lo ocurrido cuando me dirigía hacia la biblioteca no lo había visto. Pero esta vez era diferente, sabía que estaba algo "segura" en el centro porque allí habían personas y varios lugares para poder ocultarme o para que me ayudaran en causa de que me quisieran hacer algo… pero ahora no hay nadie… ¿será por el clima? Al parecer aquí no son de aprovechar mucho el mar como yo. Creo que él quería que le sonriera, era mejor que le cumpla el deseo de ver mis sonrisa y que me deje ir de allí antes de que se vuelva a volver violento como cuando uno de sus amigos – no recuerdo quien en este momento- le dijo que estaba haciendo amigas con derecho de nuevo, le sonreí tímidamente y él sonrió con ganas mientras que un brillo corría por sus ojos. Eso me hiso temblar al principio… ¿era mirada de deseo, de amistad, de cariño, de odio… de qué? Al pensar que ese brillo en los ojos pudiera ser de algo más que una simple amistad me hiso sonrojar, y al hacerlo el me miro con ¿ternura? Alguien atrás nuestro dijo:

- Lo veo y no lo creo… el gran Embry Call ¿se ha imprimido?...

Ese era Jared, reconocí su voz de esa mañana cuando se presentó, ¿pero a que se refería con imprimado? ¿Qué significaba? ¿Era alguna palabra en clave? ¿Era bueno o malo? Miles de dudas surgieron en ese instante, necesitaba respuestas, y alguien me las tendría que dar… por las buenas o por las malas.