Bueeeeno, ya esta aquí el segundo capitulo. Siento muchísimo la desaparición.. pero mas vale tarde que nunca, ¿no? o por lo menos eso es lo que dicen... En fin, os dejo con el capitulo que espero que os guste :3 y que como siempre MUCHAS GRACIAS POR LEER! y gracias, gracias y gracias (infinitas xDDD) a las personas que dejaron review y por sus maravillosos comentarios :$ así, da gusto escribir, va por vosotras (ya sabéis quienes sois o por lo menos eso espero ;)
-Con el potencial que tu tienes y fantaseas con... con SosainasArkThompson.
-Es divertido.
-Parece una zanahoria.
-¿Quien parece una zanahoria?- Fueron interrumpidas. Un hombre, ahí plantado, saliendo de la nada y entrando en la conversación de ambas para preguntar. -Hola. ¿Quien parece una zanahoria?
-Ark Thompson, eh... Mi amiga Sherry, cree que es sexy.
-Tiene gracia, porque yo creo que tu amiga Sherry es muy sexy.
-Oooh por favor... ¿De verdad has dicho eso? ¿Cuantos años tienes?
-¿Que eres abogada? -reprochó automáticamente.
-Si, mas o menos.
-Venga ya.
-Lo se.
-¿Lo eres? -preguntándole a la rubia. -¿Lo es? -dirigiéndose a la castaña.
-Casi. -respondió la última.
-No eres mayorcito para usar frases casposas para ligar. -habló la primera
-Protesto. Condición al testigo. -responde él a la defensiva. -Sherry, le estas haciendo un favor al que diseño ese vestido.
-Oh dios, no...
-Eso si es para ligar. Llevo dos horas ahí sentado sin quitarte los ojos, es un hecho. Esto esta lleno de chicas guapas. Tu amiga incluida. -dice guiñándole un ojo a la castaña.
-Te amo. -responde ella sin dudar.
-Pero no puedo dejar de mirarte. Eso es un hecho, no una frase para ligar. Me pareces muy atractiva. ¿Te parezco atractivo?
-Se lo pareces. -respondió la amiga en su nombre.
-No. -responde la ojiazul, haciendo caso omiso a su amiga.
-Se lo parezco. -confirmó él.
-Se lo pareces. -volvió a intervenir la castaña.
-He dicho que no.
-Si.
-Si.
-Que no.
-¿Puedo invitarte a una copa?
-No.
-¿Dices a todo que no?
-No.
-Oh vaya... Permiso para acercarme al estrado.
-Venga ya...
-Vamos, deja que haga mi alegato final. -acto seguido, coge una silla para sentarse entre las dos amigas. Sin permiso alguno para entrar en aquel espacio privado.
-Claro, proceda.
-Sherry. Vivimos en un mundo físico, ¿no?
-Aja.
-Y vas a envejecer, ¿no? Te garantizo una cosa... Jamás vas a arrepentirte de haberte ido con ese del bar que era una autentica fiera en la cama. -la chica simplemente rodó los ojos ante lo dicho. -Pero no puedo garantizarte que no te vayas a arrepentir.
-Eso es una doble negación.
-Tu eres una doble negación... Bueno Sherry, ¿puedo invitarte a una copa?
-Vale... ¿Sabes que? Es hora de irse a casa.
-¿En serio?Lanzada, pero me gusta.
-Si... ya... bueno. He grabado Saw 3. -dicho esto, se levanta, recogiendo el bolso y dispuesta a marcharse.
-Bueno, ¿en mi coche o en el tuyo?¿Has bebido?Conduzco yo.
-Rebecca.
-Voy.
Y así terminó la noche para ese par de amigas; Rebecca se despidió de aquel chico "sin nombre" con una sonrisa que fue devuelta por él. Él, él... que merecidamente se había ganado un sitio en su alocada cabeza.
Acto seguido fue tras su amiga, mientras que en momentos precisos girar la cabeza para no perderle de vista. Hasta que salieron del establecimiento e inevitablemente tuvieron que seguir mirando al frente.
.
-Estanford, ¿no? -le preguntó el mayor.
-Si...
-Enhorabuena. Sé que tu padre esta muy orgulloso.
-Si... ehh... ¿Seguro que...?
-Carlos Oliveira... por favor... -dijo para si, ignorando al copiloto, soltando un bufido acompañado de pesar; y seguido por un suspiro doloroso. Para dar paso a un silencio incomodo para la morena, deseando confesiones, llegadas y finales.
-Lo siento. Siento lo que ha pasado. -se disculpó el castaño después de aparcar en la acera. Enfrente a la puerta de la chica.
-Tranquilo. Señor Redfield... yo...
-¿Si?
-Emmh... Es el mejor padre para el que trabajo de profesora de todos y... bueno... es usted un encanto.
Nada más decir su espantosa frase, llena de inseguridad, temor y sobre todo estupidez. Se maldijo así misma. ¿De verdad has dicho eso? Estúpida...
-Tú si que eres un encanto. -contestó Chris con una sonrisa divertida.
-Y... ehmm... Me cae bien la señora Redfield. Me cae genial, si, vale... pero si quiere divorciarse, entonces, es que esta mal de la cabeza.
Y otra vez... ¿En serio? Tierra, tragame.
-Lo siento. -se lamentó la joven a tiempo.
-Vale. -dijo riendo por el comentario.
-Espero no incomodarle pero empiezo a estar un poco pillada...
-¿Me harías un favor? -cortando a la chica. -No le menciones a tus padres que la señora Redfield y yo vamos a... ya sabes. Queremos que se enteren por nosotros, ¿vale?
-¡Si! -soltó automáticamente, ignorándose ella también.
¿Tierra?¿Hola?Hola, sí, estoy hablando contigo, ¿sabes?
-Gracias te lo agradezco. -contestó el castaño, sinceramente.
-Buenas noches.
¿Por que no hay un terremoto cuando se le necesita?
Se preguntó a la vez que abría la puerta, bajándose rápidamente del coche. Evitando así, la posible e inminente, autodestrucción.
El hombre por su parte, arrancó el coche. Pensando, rememorando, recordando. Convirtiendo así a su propia mente en culpable. Dejando que lo desgarrara desde dentro, con un permiso fingido pero totalmente permitido. Sin hacer nada por mantenerse a flote. Rindiéndose. Sufriendo a propósito.
.
El reloj marcaba las 2:00 de la mañana, sin retrasos, sin favoritismos. Sin ninguna escusa por muy convincente que fuera. Aunque fuera esencialmente necesario. El tiempo corría por y para todos. Y siempre por igual.
-¿Otro vodka con zumo de arándanos?
-Perdona, ¿que?
-¿Le pongo otro?
-Oh, si... Si, gracias. He pasado por aquí un montón de veces y nunca había entrado. Esta bien, hay muchas chicas guapas... Ehh, ¿a que no sabes que?
-¿Que?
-Mi mujer tiene relaciones sexuales con alguien que no soy yo.
-Ah. Lo siento mucho.
-Oooh, gracias. Eres muy amable. Muy, muy amable. Me lo acaba de decir, me acabo de enterar. Asique estoy raro, es... Vale.. no me estas escuchando, genial... No me ignorarías si fuera Carlos Oliveira. Mi mujer no ignora a Carlos Oliveira, se lo tira... Si, se lo tira.
.
El día amanecía y con el una tremenda resaca que implicaría altas y continuadas dosis de aspirinas. Ahí estaba el premio que escondía el fondo de cada botella de alcohol, fuera cual fuese su naturaleza. Todas implicaban lo mismo. Beber para ahogarte y luego resurgir hecho una total y absoluta mierda.
-Hola, Chris.
-Hola.
-Hola... ehh... acabo de recibir el informe financiero del ultimo trimestre. Genial -le felicito su jefe de planta desde el marco de la puerta del despacho.
-Me alegro.
-Genial. Fantástico, te has salido este trimestre.
-Pues si. -contestó agachando la cabeza para volver a lo suyo. A la vez que daba vueltas y vueltas a su taza de café, que amenazaba con quemarle el paladar si se atrevía a dar un inocente sorbo.
-Chris, en serio.
-¿Quien te ha dicho que Jill y yo, vamos a divorciarnos?
-¿Vais a divorciaros?
-Si.
-Amy te ha oído llorar en el baño. Creíamos que tenias cáncer. -dijo, sin intentar camuflar su alivio.
-Aaaah.
-Menos mal. -siguió el hombre, riendo.
-Si, solo es mi matrimonio. -dijo, uniéndose a las risas de su jefe.
-¡Menos mal! Un divorcio.
-Que suerte tengo. -soltó con evidente sarcasmo. Aunque no tan evidente por parte de su receptor.
-Desde luego.
-Tengo que ir a comprar muebles. -se levantó, saliendo por la puerta y pasando a su lado.
-¡Disfrutalo! -dijo sinceramente, regalandole al castaño un fuerte golpe en la espalda. -¡Podría a ver sido cáncer! ¡Escucharme todos! ¡Solo es un divorcio!
Tras escuchar dicha declaración, todo lo que Chris escuchó fueron felicitaciones. Verdaderas palabras que merecía un campeón.
-¡Gracias! ¡Es genial! -fue todo lo que pudo contestar. Con toda la ironía que su resaca le permitía revelar, ya que dicha "compañera" no parecía querer despedirse ni por un solo segundo de él. Ni siquiera siendo cordialmente acompañada a la puerta por las inútiles de sus "preciadas" aspirinas. Definitivamente no se podía confiar en nadie.
.
Y ahí estaba, una vez mas, en casa. En su casa. Pero esta vez todo era distinto. Sin destacar las oscuras nubes que cubrían el cielo, sin piedad alguna, nubes propias de un mes de primavera. Listas y en sus marcas para descargar agua por doquier con cierta ferocidad. Para dar la bienvenida a nueva vida que lucharía por ella misma, mas tarde en otoño. Pero todavía estaba el verano de por medio...
Se encontraba allí, para mudarse, para marcharse de un sitio al que una vez había llamado hogar. Donde cada día a las 21:30 de la noche le esperaba su vida, su verdadera vida. Esa pequeña vida -ahora no tan pequeña- que al verle entrar por el umbral de la puerta le iluminaba con su entusiasmo y sonrisa. Disfrutar de la cena preparada por su adorada esposa. A la vez que ella, le contaba las batallitas propias del colegio. Hasta que llegó el pequeño. Que lo único que consiguió fue robarle el pedazo que quedaba de su corazón. Porque ahora, lo daría todo por ellos, por esa vida que ahora poco a poco iba quedando atrás. Gracias a la persona que un día le había prometido estar con él en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte fuera la encargada de separarlos y no cualquier otro...
Porque así es como estaban las cosas ahora, todo había cambiado. Ahora, lo único que le esperaba a la vuelta del trabajo era su piso propio de buen soltero. Y como buen soltero que se precie, le esperaba una mininevera verde horrorosa de segunda mano, llena, como no, de cerveza y comida basura del día anterior; un tópico. A la vez que el sofá y la solitaria tele.
En todo esto estaba pensando, mientras empaquetaba sus cosas, dispuesto a llenar su "piso de soltero". Hasta que se quedó plantado delante del jardín. Ese jardín que como buen hombre de la casa que era, le tocaba arreglar, para su mujer, todos los domingos. Ahora pensaba que ocurría con todo aquello...
-Chris. Solo quería decirte... mierda- susurró la rubia, presentándose a su espalda, sin encontrar las palabras concretas- ¿Quieres que sea yo quien lo saque?- dijo refiriéndose al camión de mudanzas.
-Oh, no, ya puedo yo.
-No sabes conducir marcha atrás.
-Cuando me instale Piers podrá venir a verme a la nueva casa -contestó libremente, ignorando, una vez mas, las palabras Jill.
-Creo que estoy teniendo la crisis de los 40. ¿Pueden tenerla las mujeres? En las películas siempre son los hombres los que las tienen y se compran ridículos coches...
-Abona, que no se te olvide abonar todo esto... -respondió el castaño.
-Nos casamos muy jóvenes, Chris. Tengo 44 años y no creía que me sentiría tan mayor.
-Allí hay una llave para cerrar los aspersores.
-La semana pasada te dije que tenia que trabajar hasta tarde pero en realidad fui sola a ver la nueva de Crepúsculo. No se porque lo hice, fue horrible...
-Si sigue lloviendo así, podrías quitar el riego automático.
-Ya no somos como eramos. Desde hace mucho tiempo y... No se cuando dejamos de ser como eramos. ¿Y tu? ¿Lo sabes?
-¿Cuando te tiraste a Carlos Oliveira?
