¡Hola! decidí a última hora subir otro capitulo.
Espero que les guste. Manden "Reviews".
En la semana publicare otro capitulo. Espero que realmente sea de su agrado.
Así que, ¡Disfrútenlo! :3
Popo!
EL ALETEO DE UNA MARIPOSA.
Capitulo 2.
La vida estaba dividida por dos clases de personas: las que viven su vida por vivir, y las que ven la vida como una simple oportunidad. ¿Acaso creen que nacen por una razón? El delirio de un hombre está en el momento en que decide vivir. Un pequeño instante donde decides enfrentar el día a día y comienzas a valorar lo que te dio la vida. Una simple oportunidad. Una opción de cambio. Una carta bajo la manga. Pero, ¿qué es la vida sin algo por lo cual luchar?
11:00 AM.
Julio del 2012.
Habían pasado dos semanas desde mi última terapia con el doctor Uchiha. Las cosas no habían mejorado en nada. Mi madre había tenido un accidente automovilístico hace algunos días, y el auto quedó destrozado. Afortunadamente no sufrió nada grave, salvo algunos raspones y una linda cicatriz en su frente. «Eres Harry Potter con cabello rosado y bubis», me burlé de ella cuando pudo quitarse la venda de la herida.
Y sin embargo, a pesar que tenía que ir a la universidad en tren, y que la clínica quedaba en el polo opuesto de la ciudad, me sentía genial. Dos horas diarias sin escuchar las quejas de Meduki sobre el mal trabajo de la Señora Chiyo, que ya estaba vieja y no hacía la limpieza de la casa como se debe, que mi abuelo le estaba exigiendo ir a la empresa para al menos ganarse los ceros que están en su cuenta bancaria, y por último, sobre mi falta de coqueteo. ¿Cuál madre podría quejarse de su hija por no tener citas?, es absurdo. Ellos no quieren que uno tenga citas, ellos quieren que uno estudie, trabaje y, finalmente, los cuide. Ellos no quieren verte con una barriga redonda debajo del busto. O con el seno afuera alimentando a un bebé. No señor, Meduki Haruno sí se molestaba por ello. Ella sí quería verme con la barriga debajo del busto, con el seno afuera y con la mirada cansada por no dormir. ¿Acaso mi madre era un ser alienígena? quizás si.
Hoy el doctor tenía una emergencia, y dado el caso de que he pasado por momentos "traumáticos"- las dos últimas semanas-, pidió que lo esperara.
Su consultorio era un lugar sobrio, de paredes blancas, muebles de color negro, una docena de cuadros con diversos títulos y reconocimientos, y en otra pared cuadros de paisajes. Podías ver al doctor Uchiha con lo que suponía que era su familia. Wow, todos eran igual de "ardientes" que él. Todos poseían la misma piel blanca leche, los ojos negros y el cabello azabache. Eran dos chicos, uno de mi edad y otro un poco mayor, quizás tendría unos 23 años. Poseía una mirada tierna y una sonrisa que supongo, sería contagiosa. Al lado del doctor Uchiha estaba una mujer excesivamente hermosa. Su piel era pulcra y sin una gota de maquillaje, exceptuando un leve brillo en sus labios. Pero lo que más llamaba la atención no era la belleza de cada uno de los integrantes, ni la mirada fría el doctor, era el joven de mi edad. Que era jodidamente hermoso. Si, esa era la palabra para describirlo: hermoso. Y lo que más resaltaba en su cara, eran sus ojos serios y lunáticos. Joder, daba miedo de solo quedarse un rato observando sus ojos.
¿Por qué nunca había visto esa foto anteriormente?, al parecer desperdicié mucho tiempo escuchando música en mi ipod o leyendo un libro. Nunca lo noté.
-Bonita foto, ¿no?- dijo la secretaria. Una mujer de unos 40 años –aproximadamente- con un traje formal gris que consistía en chaleco y pantalón, y con unas uñas largas bien cuidadas. – Es la familia del doctor… esa es su esposa, Mikoto. ¿Verdad que es hermosa? -. Asentí mientras seguía observando la fotografía (tratando de ignorar la mirada del pelinegro).
A los pocos minutos entró el doctor, con una bata blanca y lentes de leer. Le dijo algo en voz baja a la secretaria, la cual al escucharlo se puso pálida y salió corriendo a la biblioteca en busca de una carpeta. –Hola Sakura, es un gusto verte.- dijo, mientras me regalaba una sonrisa propia de Colgate. –Adelante, pasa, ahorita te sigo- añadió.
Apenas entré, me arrepentí de no haber traído mi abrigo. Hacía un frío del demonio.
-Bueno Sakura… hoy trataremos un tema-. Dijo el doctor al entrar a la oficina. Caminó de manera rápida hasta su silla, justo al frente de mí. Colocó varias carpetas en el archivo y finalmente dirigió su mirada fría en mi dirección. – Creo que es tiempo que te hagamos algunos exámenes. Tu madre me había comunicado que tienes 4 meses sin hacerte un chequeo, y ya tienes 3 meses conmigo. Debemos saber con exactitud si la medicina te está haciendo efectos.
- Está bien.
-¿ya has podido dormir?- dijo. Giré mi cabeza señalando un "No". Sacó una carpeta donde tenía mi historial clínico. -¿has presentado alucinaciones o algún tipo de delirio?
- No, desde que tomo los antipsicóticos no he presentado alucinaciones. La rehabilitación funcionó, ¿eh doctor?
- jajaja, sí, ha funcionado Sakura-. Dijo, mostrándome esa dentadura perfecta y blanca. – Pero sabes que no es eterno. Como siempre te digo… eres un caso especial. Milagrosamente, el medicamento te ha paralizado la enfermedad. Algo que consideraba imposible, en ti funcionó. Pero, más vale prevenir que lamentar, ¿no crees?- Asentí.
-¿Cuándo me harán los exámenes?- pregunté. Apuesto a qué mi cara debe mostrar algún gesto desagradable –quizás una épica paloma en mi frente-, porque al verme, arrugó la cara. –Mañana. Le diré a Kika que pida la cita para mañana. Lo harás aquí, de esa manera cuando los tengan listos, me los enviarán. ¿Bien?
-Bien.
Me despedí con un pequeño apretón de manos, y salí –casi- huyendo del consultorio. La secretaria ni se molesto en verme, seguía buscando algo de manera desesperada, en una fila de documentos esparcidos en el escritorio.
Ni me molesté en subirme al ascensor. Baje los dos pisos corriendo y de mal humor. Un síntoma nuevo: El mal humor. No era propio de mí. Hasta hace 4 años, era considerada una chica muy alegre. Mi única preocupación era no encontrar un hidratante para mi cabello o los labiales con sabor a fresa. Pero ahora era distinto, mi mal humor no tenía ni pies ni cabeza. Y me preocupaba que mi mamá o el doctor se dieran cuenta de ello. Porque eso significaba una pastilla más. Una integrante nueva. Y los integrantes viejos no le darían la bienvenida.
Caminé por los largos pasillos de la planta baja, sin rumbo. Habían días en que me desorientaba y terminaba haciendo cosas por hacerlas. ¿Otra ventaja de la esquizofrenia? Oh si.
"ÁREA DE RECREACIÓN"
El cartel era tan desabrido que daba miedo asomar la mirada a través de la puerta… oh vamos. ¿Qué tan malo puede ser? –en algún momento ésta será mi casa, ¿no?-. Estoy convencida de que es una sala llena de videojuegos, con una pequeña biblioteca, donde podría leer la saga de "Canción de Hielo y Fuego" de George R.R. Martin. O quizás una mesa llena de dulces y camas –para tomar la siesta- , rodeando una pantalla de 60 pulgadas en el centro de la habitación, donde podías ver las temporadas de Bates Motel, o Friends. En cambio, había una habitación enorme, con mesas colocadas una al lado de la otra, y sus respectivas sillas, que consistían en una madera larga, muy al estilo de un comedor. Y veías a ancianos, jugando ajedrez, dibujando, hablando con ellos mismos o viendo un programa de cocina en una tv más pequeña que mi cabeza.
Caminé a través de las mesas, observando a cada una de las personas que estaban ahí. Una enfermera me silbó y con voz baja dijo "aquí no pueden entrar sin un permiso"; fingí no haber entendido lo que dijo, saludé con la mano y seguí caminando. Y justo cuando había observado todo el lugar, algo llamó mi atención. Era un joven delgado, de espalda ancha y cabello negro lacio. Era tan desordenado y descuidado que parecía como si tuviera tiempo sin habérselo cepillado. Se mantenía encorvado sobre la mesa, con la mirada fija en el cuaderno; una mano sostenía su cabeza y la otra escribía en el cuaderno. Lo observe durante unos 15 segundos. Joder, yo había visto ese chico, pero, ¿dónde?
En eso, el joven se estira y levanta la mirada a un punto ciego. Miraba sin mirar. Y fue cuando supe quien era.
Era el chico de la fotografía. El de la mirada tétrica. El que supuse… debía ser el hijo del Doctor Uchiha. Y no podía equivocarme. Joder, era él. A pesar de vestir con un atuendo un poco deprimente, y tener el cabello hecho un desastre, era… hermoso.
«Es él, cerezo»
Oh no.
Otra vez no.
« ¿Me extrañaste?»
-H-hola señor amable.- dije tartamudeando. Mientras las lagrimas caían sobre mis mejillas.
Salí corriendo del lugar, como si mi vida dependiera de ello.
Agradecimiento: Le agradezco a mi hermana "Alicedds" , por haberme ayudado en este capitulo. Ella sabe en qué me ayudo (nuestro secreto malvado). Y al primer Review que tuve. ¡Muchas gracias por comentar! besscy!
