¡Hola, gente! ¿cómo están? Espero que bien :3 Aquí les traje la continuación de "El aleteo de una mariposa".
Éste capítulo les va a encantar, y si no les encanta, Sasuke se irá a su casa, completamente DESNUDO y las castigará u_u oh sí.
NOTA: Naruto no me pertenece. Le pertenece a MK. No sigo la historia del anime/manga. Esto es obra de mi imaginación, y gracias a los personajes de "Naruto", he podido deslumbrar la historia. Si alguien quiere hacer una adaptación de mi historia, por favor, comuníquese conmigo directamente (cero plagio).
Sin más que decir... ¡Lean, disfruten! :3
EL ALETEO DE UNA MARIPOSA
Capítulo 7.
El doctor kakashi no dejaba de repetir la misma frase una y otra vez. Mamá sostenía mi mano entre las suyas, mientras respiraba y contaba hasta diez. El susurro en mi mente, la voz del doctor y los sollozos de mi madre me tenían aturdida. Sin embargo, el siseo de su voz me calmaba. Su voz era hermosa, cálida y amable.
¿Qué había de malo en él?
¿Por qué el doctor Kakashi quería eliminarlo? Él no era malo. Él era mi amigo…
El dormir era una de las cosas que una persona como yo –una esquizofrénica- tenía que tener como prioridad. La segunda era medicarme. Y la tercera: comer. Ni siquiera había necesidad de bañarme, porque eso no sería un gran problema para mí. Quizás sería un problema para mamá, o para mis fosas nasales. Pero la cosa era aun más compleja de lo que parecía. Dos días sin dormir tendrían el mismo peso de pasar un mes sin bañarme. Apestaría, literalmente. Así que nunca podían faltar mis pastillas –drogas- para dormir. Una pastillita de esas antes de dormir, y boom, mi cabeza rebota en la almohada hasta caer en un profundo sueño. Sin embargo, la llegada del señor amable, y mis pensamientos hormonales hacía cierto pelinegro, me tenían la tarea casi imposible. Me sentía ansiosa y bobalicona. Y a pesar que Sasuke solo había dejado una nota para mí, sentía como si hubiera dejado sus sentimientos románticos y pasionales –hacia mí- en ese papel. La verdad iba más allá de mi fantasía, pero me mantenía la cabeza trabajando en las oportunidades que se presentarían de ahora en adelante.
La tarde de ayer había transcurrido con calma. Aunque no tenía ni la mínima idea de que hacer el día siguiente. No sabía que decir, o que hacer. Quizás Ino sabría qué hacer en una situación similar, pero no quise decirle nada hasta que yo misma pudiera asimilarlo. Y a pesar de que Sasuke no era un chico ardiente, su forma de hablarme me dejo un sabor picante en la piel. De esos que te pican la lengua y te dejan la sensación ardiente en la boca. Aun así, las alternativas que barajeaban en mi cabeza me tenían trastornada –más de lo que estaba-.
Pero estoy bien. Mi semblante había dado un giro drástico de 180° y la verdad, me sentaba de maravilla. Y es que… no todos los días un chico se interesa en ti, ¡Y mucho menos un Uchiha! Mamá gritaría como loca si le dijera que conozco a uno de los hijos –ardientes- del .Uchiha. Entonces Meduki podría morir feliz.
Pero nada de eso importaba, porque aun seguía en la cama, mirando las nubes mal dibujas en mi techo, y las lagrimas de cristal de la lámpara, brillando con el reflejo del Sol. Faltaban unos minutos para que mi alarma sonara, y no había dormido nada. La ansiedad latente en mi garganta no me ayudo en nada. Fue el toque final.
Mi teléfono sonó de repente, vibrando encima de la madera de mi escritorio, dejando un sonido sordo y molesto en mi cabeza. «Mataré al que me escribió a está hora… jodido…» pensé. Impulse mi cuerpo hasta que logré quedar sentada en la cama. Mi cabello estaba alborotado y algunos mechones estaban pegados en mi frente. Sentía mi cara grasosa y mis ojos llenos de lagañas. El teléfono seguía vibrando. Vi la hora en el reloj de osito que tenía en mi escritorio y las 5:50 a.m. retumbaron en mis ojos. « ¡Mierda!»
Era Ino. Había dejado un mensaje en Whatsapp.
«¡Buenos días floja! ¿Hoy iras a la universidad a buscar el horario? (: háblame!» Me dieron ganas de abofetearla hasta que mi mano doliera. Pero me contuve. Respire hondo y le respondí: «¡Eres una perra! El sonido del teléfono vibrando me asusto. ».
Teclee, y le di a enviar. A los pocos segundos respondió.
« ¿Dónde tenías el teléfono? ¿Eh? ;D Soy una perra feliz, ¿algún problema con ello? mueve tu culo, anoche le mande un mensaje a tu mamá, iremos a desayunar y luego vamos a hacer los horarios.» ¿Qué carajos?
Respira Sakura. Respira. Ella es tu mejor amiga… no puedes ir a su casa y asesinarla. Oh, no, Te quedaras sin amiga. Y… necesitas una amiga, ¿verdad?... ¿verdad?
Inhale.
«Ino, eres una pervertida. Tengo terapia en la clínica (terapia de locos) a las 8:40, no puedo faltar. Termino a las 10:20. Búscame a esa hora, ¿vale?» escribí el último mensaje y me fui a duchar. Necesitaba quitar el sudor de mi cuerpo y lavar mi cabello.
Tumbe el teléfono en mi cama y amarre mi cabello rosa en una coleta alta. Busque ropa en mi armario y saque un jean, camisa negra de botones dorados y mis converse negros. Quería vestirme lo más cómoda posible. El aire frió en mi cuarto taladraba mis pies desnudos, y aun así, me desvestí en mi cuarto y me fui caminando hasta el baño.
Al entrar vi mi cuerpo en el espejo. Joder, estaba delgada. Di varias vueltas, observando cada ángulo de mi cuerpo y cada cicatriz o peca que habitaba en mi espalda. Estaba perfecto, ¿no? Solo necesito uno o dos kilos más. O quizás 4. Nunca me importó ser delgada, pero los huesos de mis caderas sobresalían tanto que daba miedo. Pero a pesar de eso, la carne que se concentraba en mis caderas, glúteos y muslos, era tentadora. Y sencilla.
No quise mirar mis senos –redondos y suaves- porque sentía que comenzaría a criticar cada centímetro de mi cuerpo. Así que camine hasta la duche y abrí la llave. El agua fría comenzó a caer en el suelo y de inmediato sentí un escalofrió recorrer todo mi cuerpo. Se me puso la piel de gallina y mis dientes comenzaron a temblar levemente.
¡Vamos Sakura! ¡Tú puedes! Es solo una ducha.
Una ducha fría.
¡Lo hice! A pesar que mi cuerpo convulsionó por el cambió de temperatura en mi piel, y de el grito que quiso salir de mi boca. Me quedé debajo del chorro de agua, abrazando mi cuerpo y todo se volvió oscuro.
El grito de mamá me hizo reaccionar. Cuando abrí los ojos vi a mamá con su bata rosada mojada y con lágrimas en los ojos. Vi como movía los labios, estaba hablando. Pero no lograba escucharla. La vista se me estaba nublando, hasta volverse una imagen borrosa. Y una vez más sentí sus manos en mis hombros, acariciándolos. Su mano bajo lentamente, hasta situarse en el medio de mis senos. Abrí los ojos asustada. La imagen de mamá se estaba distorsionando y su voz preocupada se torno fría –áspera-. No podía moverme, ni gritar. Sentía su mano bajar hasta mi vientre, mientras la otra movía mis piernas, hasta abrirlas. Oh, no. ¿Por qué no puedo moverme? ¿Quién es ella? ¿Mamá, eres tú? Pero ella no contestó; siguió tocando mi cuerpo, dejando caricias mórbidas, saboreando mis dedos en su boca. Mordió mi dedo índice y soltó mi mano. Ella no era mi mamá. Su cabello rosa se fue cayendo por sus hombros, dejando libre la piel de su cabeza, y sus ojos verdes –al igual que los míos- fueron cerrándose hasta crear un hueco negro en cada uno de los orificios. Su boca se fue transformando en una sonrisa de dientes filosos y una lengua manchada en sangre.
«Eres deliciosa, cerezo.» la voz de el señor amable me hizo despertar del letargo que tenía mi cabeza.
Abrí los ojos. Mi cuerpo se sacudía con temblores tan fuertes que sentía que mis dientes se iban a romper. El ardor en mis ojos me indicó que estuve llorando, pero las lágrimas se habían combinado con el agua que caía del grifo. Caí en el suelo, y aunque sentí dolor en mi trasero (por la caída). La tensión en mi cabeza, y en mi corazón, me dejaron en shock. Esto había sido diferente. No era una alucinación normal. Había sido cruel, y sádica. Mamá… ¿cómo? ¡¿Por qué?!
Me rendí ante el dolor en mi pecho. Mis gemidos de dolor se silenciaron con el sonido del agua al caer en el suelo. Me sentía sucia. Inestable.
¿A dónde había ido la cordura de estos días? ¿A dónde?
Media hora después había logrado salir de la ducha. El estado de shock que me había invadido, había sido superado por el grito de Meduki. Sentí miedo de verla, y a la vez pensé: «No era ella. Ella nunca te haría daño. ¿Verdad?» Pero aun así sentí un terror -casi- macabro, invadiendo mis venas al momento de salir de la ducha y secar mi cuerpo. Evite la visión de mi cuerpo mojado en el espejo, y evite ver mi expresión de tortura. Tengo que fingir… ¿o no?
La voz del señor amable seguía golpeando el muro que rodeaba mis pensamientos. Se había convertido en un eco fuerte. Repetitivo y lleno de vida. Y aun así, me llene de valentía y salí del baño, dispuesta a vestirme y verle la cara a Meduki. Porque… lo que había pasado, no era real. No podía serlo. ¿O si? El temblor seguía invadiendo mis articulaciones y sin embargo, sentía un poco de alivio. Miré mis dedos arrugados como una pasa, y fue cuando caí en cuenta de la hora. Había pasado una hora. Eran las 6:51 a.m.
¡Mierda!
Salí corriendo del cuarto, a medio vestir. Con la camisa aun sin bajar, y con mi cabello goteando en mi espalda. Antes de bajar por las escaleras, vi la silueta de Meduki saliendo de su cuarto. Vestida con su típica ropa deportiva. Mirándome como si estuviera loca.
«Quizás si es verdad… cerezo.» Su voz sonó suave y triste. Y me recordó los momentos en que había pensado que él era mi amigo. Mi amigo amable. Mamá me observo en silencio, alzo sus cejas. Había una mueca de sorpresa en su cara, y ambas seguíamos observándonos.
-Buenos días Sakura. ¿Dormiste bien?- preguntó mamá. Fue acercándose a mí, hasta estar separadas por pocos centímetros. Sus cejas se juntaron a tal punto que parecía molesta, y preocupada. Un escalofrió recorrió mi espina dorsal y las imágenes volvieron a mi tan rápido que estuve tentada a vomitar. «Di sí. Cerezo. » Entonces supe lo que pasaba. Sonreí simpática.
-Sí, mamá.
Baje por las escaleras sin esperar una respuesta de su parte. Busque mi bolso (que había dejado en algún rincón de la cocina el día de ayer). Y salí de la casa sin despedirme y sin decir nada.
Camine dos cuadras abajo. Había olvidado colocarme medias en los pies, y los converse lastimaban mis tobillos a cada pisada que daba. Solo me tomaría 5 minutos llegar a la parada de autobuses, y aun así sentía que llegaría en una eternidad. El teléfono vibro en mi bolsillo trasero. Frene mis pies. Estaba molesta. ¿Ahora qué?
«Sigue caminando»
Y el eco seguía.
Ignoré mi teléfono y seguí caminando. Vi a varios vecinos –los cuales no conocía tanto- regando las plantas de sus jardines. Otros estaban en la entrada, leyendo el periódico con una taza de café caliente tocando sus labios cada 45 segundos. Y sentí envidia por su vida cotidiana; llena de cosas normales, de estrés y de planes. Yo no podía hacer planes a largo plazo, porque siempre pasaba algo que arruinaba todo; una enfermedad, por ejemplo. Y a pesar de tener dos semestres aprobados en Contaduría, sentía que a veces mi cerebro llegaba a niveles bajos. Donde memorizar una formula de contabilidad era tarea de horas. Donde tenía que tomar pastillas que estimularan mi memoria –aunque esto no lo sabía mamá-. Quizás un día me levantaría, y no podría hablar o pensar con coherencia.
La parada de autobuses estaba vacía. Y mi teléfono seguía vibrando en mi bolsillo. Me senté en el banco, y juré que sería feliz. Vi los carros pasar, y una clase de promesa pagana rodeo mi cuerpo. Yo tenía que ser feliz de alguna manera. Una enfermedad no podía definirme. No podía ser mi identidad.
El autobús se estaciono al frente de mi, y vi que varias personas entraban en el (4 personas, específicamente). Mis piernas se movieron automáticamente, y subí rápidamente al autobús. Luego las 15 manzanas que me esperaban camino hacia la clínica parecieron un vago camino hacia un mundo mágico. Sentí que la velocidad del autobús iba más allá. La velocidad de un rayo. Y yo era la única que lo notaba. La única que sentía la adrenalina viajando violentamente por sus venas. Miré mi reflejo en el espejo, y volví a ver esos ojos hundidos y negros, y esa cabeza limpia. Carente de cabello. A mi lado. Cerré los ojos, contando hasta 100 en mi mente, jugando con el destino. Jugando con él.
Al abrir mis ojos, vi que el autobús se aproximaba a la parada que estaba a una cuadra de la clínica. Subí mis manos, haciéndole señas al conductor. El señor miró por el retrovisor y movió su mano.
Caminé por el pasillo, saque un billete de mi bolsillo derecho y baje. « ¡Señorita, olvido su vuelto! ¡Espere! » Seguí caminando a paso lento; sintiendo mi sombra siendo acompañada por otra.
Los edificios de la clínica se atravesaron en mi campo visual; no pude evitar sonreír con cansancio. Busque en mi archivo mental, la mejor sonrisa y expresión que tenía, y subí rápidamente los escalones de mármol que componían la entrada hacia la recepción. Al entrar la recepcionista –de siempre- me saludó con un "Buenos días". Caminé por el pasillo de siempre, y llegue hasta el mismo banco del día de ayer.
Saque mi teléfono. Había 10 mensajes de Ino en Whatsapp, un SMS de una prima lejana –saludando- y una llamada perdida de mamá. Ignoré el SMS de mi prima, y la llamada perdida de mamá, y me dedique a contestar los mensajes de Ino.
« ¿Te acuerdas de esa chica pecosa que estudiaba en segundo año con nosotras? Ya sabes… la tal Mirin. Pues resulta que es hermana de mi chico u_u ¿puedes creer que pequeño es el mundo? La fulana casi muere de un infarto cuando se enteró. Lo triste es que Shikamaru se lo contó porque al parecer… quiere algo serio conmigo. Y yo ¡QUE! Estaba que me moría Sakura, te lo juro. Así que le dije a Shikamaru para ir a comer hoy al nuevo restaurante de Sushi, para presentarlos. ¿Te parece? Dime que te vestiste bien, porque si no es así, te llevaré ropa. ESTOY EMOCIONADA. PD: me pondré el jean negro. Se volverá loco ;) »
Al terminar de leer, sentí una horrible indiferencia. Intente recordar mi apariencia antes de salir, pero nada llegaba a mi cabeza. La breve ducha que me di en la mañana, mi rápida salida de la casa, y mi caminata hasta la parada de autobús. Eran los únicos recuerdos en mi cabeza. Y… que importaba mi apariencia. Estaba bien vestida.
Mi monologo mental fue interrumpido por unas manos moviéndose al frente de mi cara.
-Hey, despierta-. Sasuke estaba inclinado hacía mi. Moviendo sus manos al frente de mi cara, y sonriendo como si yo fuera la cosa más graciosa del mundo. Y sentí arder mi cara. Tonta, Sakura.
-Hola…- susurré.
Sasuke alejo sus manos de mi cara, y las metió en sus bolsillos. Y cuando lo vi por completo, me fascinó. Joder, el chico tenía estilo. Sus pantalones negros, que caían deliciosamente en sus caderas me tenían acalorada. Y aunque tenía una barba de días, amé su estilo urbano y desaliñado.
-¿Cómo estas?-. Tomó asiento a mi lado; recogió sus piernas, cruzándolas.-: Espero que hayas vuelto a la terraza luego de tu terapia- añadió.
-Estoy bien, y sí. Vi tu nota-. Respondí. Apreté mis muslos, intentando mantener una distancia considerable entre sus muslos y los míos.
-¿hoy tienes terapia?
-Sí.
-Pues cancélala.
-¿disculpa?-. Giré mi cabeza, mirando su perfil. ¿Acaso el chico estaba delirando?
-Ve a tu terapia, dile a Sango que te sientes mal y que no podrás asistir a la terapia. De preferencia, dile que estas menstruando. De esa manera no va a sospechar nada-. Dijo. Su voz sonó calmada. Y a pesar de ello, su rostro mostraba todo lo contrario. Me observo, esperando mi respuesta.
-Estás loco-. Dije. Al pronunciar la palabra "loco", sentí una gran ironía. Él no estaba loco. La loca era yo.
-¿Y?
Su expresión era seria. Y sentí ganas de correr. Correr hasta la oficina de Sango, y mandar al carajo la terapia. Pero….
-¿por qué haría eso? No vine aquí para no hacer nada.- Trate de ocultar la sonrisa que estaba –casi- apunto de plasmarse en mi cara.- Tu solo hazlo, Sakura. Confía en mí.- Dijo. Me regalo una sonrisa, y con un guiño, añadió: Vamos, te acompañare.
Se levantó del banco y lo vi titubear. Me observo de pies a cabeza.
-Estás hermosa el día de hoy-. Mencionó. Comenzó a caminar lentamente. Caminaba y giraba, para asegurarse que lo estuviera siguiendo. Su espalda era ancha y sus brazos delgados. El cabello negro le caía de manera desordenada, y las pecas en su cuello me hicieron sonreír. Amaba las pecas, y su piel blanca y pálida. En una de sus manos sostenía un bolso, el cual se encontraba lleno. Hasta el punto que parecía el bolso de un chico que va a acampar.
Al llegar a la oficina de la terapeuta, el se quedó en el pasillo, esperándome. Conté hasta 3 mentalmente, y preparé mi mueca de dolor. Luego de 15 minutos salí de la oficina de Sango, la cual me había regalado una pastilla para el dolor y un tampón. Sasuke rió cuando vio lo que tenía en la mano. Me arrebato la pastilla y el tampón, y los arrojo en la cesta de basura. Tomo mi mano, y comenzó a caminar. Me sentí pequeña a su lado, y divertida. Sasuke tarareaba una canción que yo conocía, y que me gustaba cantar en ciertas ocasiones. De repente comenzó a cantar el coro, y supe que sí era la canción. Amé como bajaba el noto cuando decía "Cinema", y como su voz susurrando se tornaba grave. Me miró de reojo y sonrió. Seguimos caminando hasta llegar al pasillo del área de recreación. Soltó mi mano y giró hacia otro pasillo. El lugar se encontraba un poco solo, a excepción de una enfermera que estaba sacando un refresco de la máquina. Sasuke aceleró el paso, y por fin llegamos a la puerta que daba hacía la terraza – y a las escaleras del infierno-. La puerta estaba cerrada. Oí como Sasuke maldecía, y mientras yo estaba divertida con la situación, él no dejaba de mirar la cerradura con ira. Busco su cartera – que se encontraba en su bolsillo trasero- y sacando una tarjeta dorada, comenzó a introducirla en el borde de la puerta. Unos 10 intentos después, lo logró. Me guiño un ojo y pregunto: Tengo madera para ser espía. ¿No crees?
-Tienes madera de ladrón de bancos-. Le respondí. El volvió a tomar mi mano, introduciéndome. Subí dos escalones y espere a que él cerrara la puerta con seguro.
-¿Me vas a violar?- pregunté. Me abrace y espere a que me viera para poner una mueca de terror.- Ya quisieras, Sakura. Antes de pensarlo… tú me vas a estar violando. Y créeme, no pondré resistencia. Será una violación en todo el sentido de la palabra-. Respondió. Subió un escalón y su cara quedó a pocos centímetros de la mía.
-¿Qué te hace pensar que quiero violarte?-. Alcé mi ceja derecha, incitándolo con la mirada. Retándolo.
-Soy sexy. No podrás resistirte a mí-. Sonrió al decirme eso, y se hizo a un lado, rompiendo la cercanía que teníamos segundos antes.- Sólo bromeo. Además, de niño soñaba con ser ladrón de bancos. Nunca quise ser un astronauta o médico. Así que… has acertado.
No dije nada. Subí detrás de él. Y cuando por fin llegamos a la terraza, Sasuke se separó de mí y comenzó a abrir su bolso. Un mantel, envases, vasos, una cantinflera y una bolsa con manzanas. Su cuerpo estaba de rodillas en el suelo de concreto, y sacaba todo con cuidado.
Me observó.
-Cierra los ojos por unos minutos, Sakura-. Dijo.
Los cerré. Me daba gracia que fuera a hacer un picnic en una terraza, cuyo suelo era de concreto y cuyo paisaje de la naturaleza era un árbol enorme que estaba al lado del edificio y que sólo nos dejaba ver el pico de sus ramas. Escuchaba el chirrido de sus zapatos al moverse y sus susurros: "estoy va aquí, y esto allá".
-Bieen…- arrastró la palabra.- Abre los ojos.
Al abrirlos, vi un picnic improvisado en el piso de concreto. Un mantel amarillo con un estampado de "S" en cada esquina. Era de Super Man. Vasos plásticos, platos plásticos, un tubo de ensayo en el medio, con una flor blanca dentro. Era jodidamente improvisado, y me encantó.
-¿Qué tal?-. Preguntó. Se sentó encima del mantel, cruzo sus piernas y me invito a sentarme a su lado.
-Está genial. Y tenía hambre. ¿Qué hay de comer?
-Emparedados con mermelada de fresa y melocotón. Y jugo de naranja. Aunque creo que debí agregarle más azúcar.- Me reí cuando dijo lo de los emparedados, y dirigí mis dedos hacia la flor blanca para tocarla. Lo miré.
-La arranque del jardín antes de verte-. El leyó mi mirada. Mi pregunta secreta.
-Wow, eres todo un galán, Sasuke-. Dije. Él comenzó a sacar los emparedados del envase. Me colocó dos en mi plato, y dos en el suyo. Le ayude sacudiendo el jugo que estaba en la cantinflora, y la serví en cada vaso. Lo escuche suspirar, y un segundo después, respondió: Solo te quiero cuidar, Sakura.
-¿Cuidarme?-. Pregunté, mientras masticaba el emparedado y la mermelada de fresa endulzaba mi lengua.
-Si.
-¿Por qué?
-Porque es mi camino ninja-. Apenas dijo eso, escupí el bocado de emparedado que tenía en mi boca y comencé a reír. Su tono de voz fue similar a un actor de teatro, declarando su gran secreto a la persona que lo iba a ejecutar. Y sin embargo, el no rió a mi lado, sólo sonrió de lado. Con arrogancia y pereza.
Una extraña sensación me recorrió el cuerpo al verlo sonreír de esa manera. Un deja vú habría sido la mejor alternativa, pero no había un recuerdo. Y a pesar que su sonrisa me dejo marcada, sus ojos negros sin ninguna pizca de sentimiento me volvieron a despertar.
-Tu camino ninja es cuidar a chicas que acabas de conocer.- dije. Mordí mi emparedado, molesta. Él dejo de comer, y me miró.
-Te equivocas. Solo te quiero cuidar a ti.
-¿Por qué? Sólo soy una extraña-. Sentí un nudo en la garganta cuando vi su ceño fruncido y sus labios cerrarse en una mueca dura.
-¿Te molesta que quiera cuidar de ti, extraña?-. El Sakura que siempre decía de manera burlona, se había transformado en un susurro molesto.- No, pero es extraño-. Respondí a su pregunta.
-Entonces me iré.
Se levantó y comenzó a guardar ciertas cosas en su mochila. Mi cabeza hizo corto circuito en ese instante.
-¡Hey!, detente. No tienes que irte. Me gusto ésto que hiciste…. No había comido cuando salí de casa, así que tu gesto fue muy genial… yo…-. Mi lengua se enredó y sentí que tenía que salir corriendo de ahí, antes de ponerme a llorar delante de un desconocido. Cerré los ojos.
Sentí sus manos sujetar mis hombros.
-Está bien, Sakura. No me iré-. Se sentó a mi lado. Su pierna rozaba la mía y sus manos habían bajado hasta la mías. Me observaba atento, y en silencio. Sin decir nada. Y yo no quise romper el momento, así que me limite a mirarlo. Su expresión facial seguía dura, pero sus ojos demostraban preocupación.- ¿Vas a algún lado después de la "terapia"?-. Preguntó. Sin percatarme en qué momento había buscado una servilleta, y se dedicaba a limpiar la mermelada que sabía que tenía en la comisura de mis labios.
-Mi mejor amiga me vendrá a buscar para ir a hacer el horario del próximo semestre-. Me sentía hechizada por sus ojos negros y sabía que estaba frita.
-¿Carrera?
-Contaduría.
Me miró sorprendido.
-No pensé que estudiaras algo tan aburrido. Yo aun no me decido que estudiar, porque todo me parece interesante. Así que terminaré siendo un chef profesional.
Me reí al escucharlo. ¿Un chef?
-Serás el mejor chef de emparedados de mermelada que conozca. Serás fabuloso-. Lo alague. Sasuke comenzó a mover los platos, vasos y el tubo de ensayo de mi vista, y se sentó justo al frente de mí. Nuestras rodillas chocaron levemente.
-Quizás me convierta en un chef al estilo de Hannibal Lecter-. Mostró sus dientes en una sonrisa socarrona y me miró como si fuera a comerme. Y no pude evitar lo siguiente…
Lo bese.
Pero no era un beso apasionado ni un beso de "me gustas". Solo era un beso de "acabas de decir la cosa más genial que he escuchado y quiero besarte". Sasuke se mantuvo callado luego de que separé mis labios rotos de sus labios suaves. Me miró tanto que estuve tentada de decirle que parara, pero no lo hice. Así que estiré mi mano hasta alcanzar mi vaso. Bebí mi jugo de naranja y lo miré. El seguía quieto, como una estatua.
-Wow…-. Dijo. Mantuvo su vista dirigida en mis labios. Quería que me besara, porque la cosa me gustó. Y porque quería probar sus labios rosados. Pero Sasuke fue más astuto y se levantó. Huyendo de mí.
Pensé en decir algo, pero sentía que terminaría diciendo algo con noto resentido. Y mi orgullo no iba a tolerar semejante tono de voz. Así que fingí demencia. Más de la que tenía.
-El jugo está ácido-. Dije, esperando que mi cambio de tema lo ayudara a procesar mi beso.
-Lo sé. ¿Te gusta así?
-No, me gusta más dulce-. Mencioné. Note como volvía a sentarse a mi lado, sin mirarme, y sin dejar de jugar con su emparedado.
-Bien. Termina de comer. Prometo que traeré azúcar mañana.
Bien, esto estaba mal.
-¿Qué te hace pensar que volveré mañana?-. Pregunté. Deje el emparedado encima de mi rodilla, y no me importo mancharlo. Estaba cabreada.
-Lo harás Sakura, necesitas esto-. Su voz fue monótona y familiar. Muy familiar.
Me levante del piso, sacudí mi pantalón y salí corriendo de ahí. Sentí los pasos de Sasuke atrás de mí. Su mano sujeto mi antebrazo, y con su otra mano me volteo. Quedamos frente a frente.
-No sabes nada de mí. Solo eres un desconocido en mi vida-. Dije.
-Lo siento. De verdad-. Su rostro se veía abatido y triste.
-No necesito esto, y mucho menos alguna clase de lastima de tu parte.
Soltó mis brazos. Y bajo un escalón. Su respiración se volvió pesada a medida que acercaba su cara hacia la mía.
-Yo lo necesito… solo… no te molestes conmigo. Me siento agradecido de haberte conocido-. Susurró. Su aliento me tenía mareada.
No respondí.
Suspiré y cerré mis ojos. Sasuke volvió a tomar mi mano, y la coloco en su pecho.
-Seamos amigos, Sakura.
Abrí los ojos.
-Yo…-. La letra de Bad Reputation [1] me interrumpió. Sasuke se echó a reír, mientras me veía sentarme en la escalera y buscar mi teléfono dentro de mi bolso. Al encontrarlo vi que era una llamada de Ino.
-¿Alo?-. Dije.
-Dame una buena razón para que tengas 10 minutos de retraso, Sakura-. Ino sonaba molesta y fastidiada.
-¿Ya estás en el estacionamiento?-. Pregunté. Cerré mi bolso y miré a Sasuke.
-Si, muévete o juro que te haré caminar hasta la universidad. Shikamaru ya me mando un mensaje preguntándome dónde estábamos, así que Sakura Haruno, muévete.
-¡Voy!-. Colgué mi teléfono y observe en silencio a Sasuke.- Tengo que irme…
-Lo sé. Dame un minuto y te acompaño. No te muevas de aquí-. Subió las escaleras rápidamente y al minuto regresó.- tendremos que correr para que no hagas esperar a tu amiga.
Bajamos las escaleras tan rápido que sentía que mis tobillos –llenos de ampollas- iban a morir en algún momento. Sasuke abrió la puerta y asomo la cabeza, para verificar que nadie nos viera saliendo de ahí. Me jalo del brazo y salimos, cerrando la puerta de manera rápida. Sasuke caminaba tan rápido que pensé que tenía un cohete en cada uno de sus pies. Pero no era así.
Al llegar a la entrada, vi a los lejos el deportivo color blanco de Ino. Sasuke me soltó la mano y se quedó observando el carro de mi amiga. Dio dos pasos adelante y se detuvo.
-¿Quieres que seamos amigos?-. Preguntó.
Una parte de mí grito: "Quiero más". Pero se vio callada por mi parte racional. Por mi cordura.
-Si, quiero ser tu amiga. ¿Tú quieres ser mi amigo, Sasuke?
-Si.
El volteó y me sonrió. Se acerco a mi lentamente, hasta que su cuerpo se fue adaptando a mis 1.65 cm de altura. Me observo como a un padre cuando observa a su niña de 5 años luego de hacer una travesura. La sangra fluyo por mis venas y el calor se instaló en mi cara. Sasuke se acercó hasta mi cara, su nariz rozo mi frente y planto un beso en el inicio de mi nariz.
-Adiós, Sakura.
-Adiós, Sasuke.
Él caminó de regreso hasta la recepción hasta que se perdió por los pasillos de la clínica. Suspiré y camine hasta el auto de Ino.
Al entrar, Ino estaba mirándome de manera extraña.
-¿Con quién hablabas, Sakura?-. Preguntó. Su ceño estaba fruncido y su boca –perfectamente maquillada con un labial rosa- recta.
-Con un amigo, Ino. Se llama Sasuke… y es… -. No seguí hablando, porque mi estomago comenzó a doler. Tenía hambre.
-Un amigo…-. Susurró Ino.
-Si, no te había hablado de él porque apenas lo conozco.
-No importa, Sakura. En el camino me hablaras de él, ¿vale?-. Me sonrió alegre –aunque la alegría no estaba transmitida en sus ojos- y encendió el auto. Colocó sus manos –que se encontraban tensas- en el volante, y con una última mirada al lugar donde había estado con Sasuke, Ino arrancó.
¿Qué tal? ¿Les gustó? ¿Les encantó? :D
¿Sasuke se apareció en su habitación? o/o ¡cuéntenme!
Bueno, espero que hayan disfrutado el capítulo. De verdad. Les cuento que no tenía planeado escribirlo, porque como les dije en el capítulo anterior, ando muy ocupada con el regreso a clase. En dos semanas tengo un examen de Ecuaciones Diferenciales, que es tan o igual de difícil que matar a Madara a fuerza de cachetadas (A menos que seas Sakura. Y ese no es mi caso T_T). Entonces tengo dos semanas para estudiar, o sino, morir en el intento. Dudo bastante tener cabeza para escribir, pero, si me motivan a ello, les juro que buscaré tiempo (de donde no hay) para escribir otro capítulo y subirlo el próximo sábado. Éste capítulo lo escribí ayer (la verdad no iba a hacerlo) porque quería que las personitas que están en al tanto de la continuación, pudieran leer un capítulo éste fin de semana antes de irse de vacaciones. Así podrán leerlo mientras viajan :D
Así que...
¡10 REVIEWS Ó OROCHIMARU INTENTARÁ HACERLE ALGO SUCIO A SASUKE! /
Sasuke: ¡Por favor, lector! sálvame :(
Agradecimientos:
_natico-yan awww *-* eres una cuchitura de persona. Me alegró bastante que te gustara el fic. De verdad. Y me encanta tú ñuñu, yo tengo mi PoPo. kajska. En fin, gracias por tu review. Me alegra que te guste mi forma de narrar la historia. Creo que narrar una historia desde el punto de vista del protagonista, ayuda a que el lector (tú), se identifica con los rasgos del personaje. Eso es algo que mi me gusta en una historia. Vi que estabas haciendo una adaptación de un libro que leí hace poco. Te puedo recomendar libros muy buenos, si quieres. Escríbeme en privado y te los daré. Y bueno, muchas gracias (nuevamente) por estar pendiente :3 sayonara natico chan :3 *HUG*
_ a la otra persona que pidió continuación, muchas gracias por escribir. De verdad. Siempre les recuerdo a las personas que no poseen cuenta en fanfiction, que pueden comentar igualmente. A ti se te olvido tu nombre :( jajaja. Bueno, aquí está lo continuación. Saludos! *hug*.
Y muchas gracias por los fav y follows.
Un enorme abrazo a todos y feliz mini-vacaciones! *-*
Aclaraciones:
[1]: Bad Reputation es una canción de la cantante/roquera Joan Jett.
