¡Hola! *-* amantes de la locura.
¡Disfrútenlo!
Popo!
EL ALETEO DE UNA MARIPOSA
Capítulo 9.
Mamá decía que las mujeres Haruno no poseían una gran inteligencia, y por eso ella nunca duró más de dos semestres en la universidad. Sabía que era una excusa barata para no decirme: "Dejé los estudios porque tenía una masa de carne y hueso en el vientre, y dolía tanto que ni podía caminar de un salón a otro". Como también sabía que no me diría la verdadera razón de que papá la haya botado como basura. Sí, como basura. Desecha y podrida. Por eso, era madre soltera. Porque mi padre había sido un universitario con una visión del mundo mucho más avanzada que la que tenía mi madre a mi edad. Sin embargo, toda la astucia que mi madre decía no poseer se vio reflejada, porque en el momento en que el doctor Kakashi mencionó su alternativa para callar las voces, mamá no dudo en decir que sí. Porque las palabras "Eso lo solucionará. Su hija volverá a ser la misma", hicieron que Meduki aceptara sin pestañar. Sin preguntar las consecuencias, porque maldita sea, todas las acciones tenían una consecuencia. Era la ley de acción y reacción. Y cuando la psicología manual no era suficiente, existían otros métodos –cómo las luces–. Unos métodos que pocos psicólogos se atrevían a decir que practicaban; porque no estaba permitido y porqué era como un tabú de la psicología. O quizás, para el trato de la mente humana. Y cuando mi mente estuvo lo suficientemente floja –como una cuerda floja–, lo hizo. Una enorme bola de cemento, del tamaño de un mueble, golpeo bestialmente la muralla en mi cabeza y algunos sucesos se tornaron borrosos. Cómo si alguien hubiera entrado en tu mente y se hubiera robado cosas privadas. Y claro, Kakashi –el viejo doctor Kakashi y compañía, por favor, "la gerencia"– sólo mantuvo aquellos, que él consideró importantes. Por ejemplo: olvidé mi segundo año de secundaria por completo, y cuando regrese a la escuela (luego de 6 meses seguidos de terapias poco ortodoxas y un sinfín de antipsicóticos de alto calibre rondando por mis venas), había olvidado la cara de varios profesores y de algunas amistades. Ino siempre había sido la mugre en mis uñas, mi pulmón derecho, mi mejor amiga por siempre. Así que su cara no se borró. Pero habían espacios dentro de mi cabeza que se encontraban vacíos, y aunque mamá, trato de varias maneras, llenarlos, siempre seguían así. No sabía que había perdido ese día en la terapia del doctor Kakashi, pero si sabía que había ganado. Las voces se habían callado, y a pesar que sabía la razón de esas voces y de las cosas que veía, me sentí mejor. Estaba feliz y animada, a pesar de haber sido la rata de laboratorio. Y cuando llego el invierno en esa época, no dude en darle gracias a Dios por haberme rescatado. Y le pedí disculpas al mundo por olvidar cosas, pero gracias a ese olvido, había sanado. Pero la realidad fue distinta, porque lo que nunca mencionó del doctor Kakashi fue que si dejaba de tomar los antipsicóticos por un tiempo, las voces volverían con más fuerza, y que las alucinaciones serían tan reales que serían parte de mi realidad. Y lo que nadie sabía, es que en algunas semanas, deje de tomar el medicamento. Cuando mamá entraba a mi cuarto con la bandeja llena de comida, el vaso lleno de agua y la tableta, no la tomaba. Muchas veces ella espero hasta que la tomará, pero al tenerla en la boca, la escondía debajo de mi lengua y fingía tomarla. Luego de eso, un mes exactamente, caí en un estado catatónico. El cual duró unas 4 horas. El doctor Kakashi logró sacarme de ese estado, pero luego dio el toque final a su tratamiento. Y ahí cambió todo. ¡Abracadabra! ¡Taran!. Seguí tomando el medicamento, por temor a caer en el país de las maravillas tóxicas y radiactivas, –y para no darle tantos dolores de cabeza a mi familia–. Dos años habían pasado de ese suceso, y el estado que tenía actualmente, se asemejaba un poco. Pero no estaba sola. Porque Sasuke me tenía abrazaba mientras me decía palabras para tranquilizarme.
La voz de Ino retumbaba en mi mente, y a pesar que Sasuke aseguraba que estaba a salvo, aun tenía miedo por ella. O por mí. Quien sabe.
-¿A qué hora tienes que llegar a tu casa?-. preguntó. Su voz sonaba neutra y calmada.
- ¿Qué hora es?-. Pregunté. El vio la hora en su reloj de mano.
-Es la 1:35 PM. ¿Quieres comer algo?
Me separé de sus brazos y vi a mí alrededor. Quería irme.
-Sí, o no… no sé-. Musité.
Sasuke suspiró.
-Dame tu teléfono-. Pidió. Lo miré por un rato, y luego saqué el teléfono de mi cartera-. ¿Necesitas hacer una llamada o algo?-. pregunte, mientras le entregaba el teléfono.
-Algo así-. Murmuró mientras comenzaba a teclear en la pantalla de mi teléfono.
-¿"Algo así"? ¿Qué significa eso?-. Me acerqué a él para ver lo que estaba haciendo en mi teléfono.
-Significa que estoy mandando un mensaje de texto. Confía un poco, Sakura-. Dijo mientras mantenía la mirada fija en el teléfono. Sus dedos se movían ágilmente sobre la pantalla. Suspiré. Sentía la garganta seca.
-¿qué hacías aquí?-. pregunté. Sasuke dejo de mirar el teléfono y dirigió su mirada negra hacía mí.
-Vine a comprarle unas revistas a las enfermeras-. Dijo. Me entregó el teléfono.
-¿Y eso?-. «Vamos, Sasuke. Suelta la sopa.» pensé.
Sasuke tenía la misma ropa que tenía en la mañana, a diferencia que ahora tenía puesto unas botas negras y tenía una chaqueta militar encima. Parecía un chico malo. Pero con ojeras, cabello despeinado y mirada inexpresiva.
-¿Creías que me la pasó todo el día metido de cabeza en la clínica?-. Se acercó a mí hasta quedar a pocos centímetros-. Tienes dos opciones, Sakura. Una es comer aquí, o venir a mi casa y esperar que te prepare algo de comer-. Añadió.
Volví a dar un vistazo a mí alrededor.
-¿Me cocinarás otro emparedado con mermelada?-. Pregunté. Sasuke sonrió y llevo ambas manos a su cabello.
-Si eso quieres, está bien para mí. Pero tenía otra idea. Ya sabes… comprar comida en un restaurante, dejarte en el comedor, fingir que yo la cocine y sorprenderte. ¿te parece atractiva la idea?
Su voz sonó suave y divertida. Me reí.
-Me parece excelente. Juró que cerraré los ojos cuando estés comprando la comida, y fingiré sorpresa cuando la vea-. Dije. Sasuke asomo su cabeza a través de la gente.
-Parece que estamos a salvo. ¿Preparada para correr lejos de hasta orda de zombies compulsivos de las compras?-. Preguntó. Se quitó la chaqueta y me la dio.
-¿Qué haré con esto?-. Pregunté.
-Póntela. Rápido.
La chaqueta era una talla más grande que yo. Sasuke no era robusto, su cuerpo era delgado y atlético. Así que su chaqueta quedo –casi– perfecta en mi cuerpo. Sus manos se dirigieron a la capucha de la chaqueta, y la encapoto en mi cabeza.
-Sube a mi espalda-. Se dio la espalda, agachándose levemente.
-No, Sasuke. Puedo caminar. Tranquilo-. La vergüenza me estaba invadiendo lentamente hasta que comenzaba a ser la misma Sakura de siempre. Pero sólo un poco.
-Sube, Sakura-. Dijo, molesto.
Suspiré.
-No…-. Susurré. Recordé a Ino y sus pucheros, y me golpee mentalmente.
-Será divertido.-. Prometió.
Conté hasta 3 y subí. Mis manos rodearon su cuello, y lentamente fui subiendo mis piernas por su cintura. Sasuke tomó uno de mis muslos y de un impulso, subí la otra pierna hasta quedar encima de su espalda. Su agarré en mis muslos se convirtió en una llave, y procuré no pegarme tanto a él. Su perfume me trastornó un poco. Sólo un poco. Y aunque quedé atrapada en los huesos de su clavícula, se sentía genial.
-Ves, era fácil. Ahora….- dijo. Salto varías veces, o quizás sólo unas dos veces. Me aguante más fuerte. Mis dedos estaban tocando sin querer sus pectorales-. Aguántate duro, porque voy a correr.
¡¿QUÉ?!
Pero antes de que pudiera reclamar o decir algo, Sasuke comenzó a correr a través de la gente a una velocidad descomunal. Sus pasos eran firmes y confiados, y de vez en cuando, dado leves saltos con los pies en puntillas.
Escondí mi cabeza entre su cuello y aferre mi mano derecha a su camisa. Escuchaba cómo gritaba "¡Permiso!" o "¡Un treeen va pasando, muévanse!". Abrí los ojos y vi a la gente viéndonos como si fuéramos unos críos. Unos críos locos. Sasuke comenzó a correr aun más rápido cuando vio que un vigilante –un hombre obeso de unos 1.65 de altura y otros 1.00 de barriga, con camisa blanca, corbata negra ajustada hasta crearle una papada graciosa debajo de su barbilla. Tenía la camisa manchada de sudor en el área de las axilas y podía apostar, que su espalda se encontraba en la misma condición–, nos perseguía.
-Vamos, Sasuke. ¡Nos va a atrapar!-. chillé cuando el vigilante comenzó a sonar su silbato. Pero Sasuke comenzó a reír, y olvidé el temor.
Faltaban unos pocos metros para la salida, y Sasuke parecía un toro corriendo. Su risa seguía latente y cuando pasamos al lado de una señora, no pude evitar enseñarle el dedo medio y mandar todo a la mierda, y por supuesto, reí como loca.
El vigilante gritaba « ¡Hey, alto ahí! ¡Deténganse! ¡En nombre de la Ley, deténganse!». Pero ya nada importaba más. Porque Sasuke seguía corriendo, haciendo sonidos de un tren mientras yo soltaba una de mis manos y la agitaba en el aire. Las probabilidades de ser atrapados por el cansado vigilante eran de 1%, y Sasuke aun seguía en su 100%. Sus botas hicieron un sonido seco cuando freno, un niño se nos había atravesado y pude escuchar a su mamá diciendo "¡Cuidado, Ste!" y a Sasuke diciendo "¡Fuck it!" en ingles.
Al cabo de dos o tres minutos, luego de salir del centro comercial –y estar a salvo del vigilante–, Sasuke se detuvo al frente de un Corola Toyota del 2007 o el 2008. Me soltó y bajando mis piernas –que dolían un poco en la parte de los muslos, por el agarre–, caminé hasta la puerta de copiloto. Espere a que quitara el seguro y entré. Sasuke sacó el seguro y comenzó a quitarse los zapatos, quedando en medias.
-Perdona, pero odio conducir con zapatos-. Dijo. Puse mi cara de "Eres raro" y el añadió-: Lo sé, soy extraño. ¿eso es malo?
-No-. Respondí de inmediato.
-Excelente. Porque si decías que sí, te sacaría del carro-. Murmuró mientras sonreía de lado.
Abrí mi boca por la sorpresa y comencé a reír.
-Sí haces eso, Sasuke Uchiha, te juro que no tendrás hijos-. Amenacé mientras reía. Sasuke arrancó y comenzó a salir del estacionamiento. Visualice a lo lejos el automóvil de Ino, y me pregunté que estaría pensando ella en este momento.
-¿Qué quieres que te preparé?-. preguntó.
-¿dijiste "preparar" o "comprar"? no escuché bien-. Giré mi cabeza en su dirección mientras veía como se mordía el labio inferior.
-Preparar, comprar, ¿cuál es la diferencia? de igual manera te la serviré yo-. Dijo.
-¿qué te gusta?-. pregunté.
-Me gustan las chicas de cabello rosado, piel blanca, mejillas rellenas y ojos alegres-. Dijo. Su mano izquierda sostenía el volante mientras que la derecha hacía los cambios en la radio-: pero si hablas de comida, cualquier cosa. No soy exigente.
-Bien. Yo tampoco-. Dije.
Busque mi teléfono entre mis cosas y vi que tenia la batería baja. Si no aparecía en mi casa a las 4, mamá haría un escándalo. Aunque Ino había hablando con ella, y suponía que ya sabría que llegaría relativamente tarde. Entre a la opciones de envió de mensajes. No había rastros del presunto mensaje que había escrito Sasuke.
-Pasaré por un puesto de comida mexicana. ¿Va?-. Preguntó.
-Va-. Dije.
El automóvil de Sasuke se sentía igual que él. Y a pesar que había estado con él en la mañana, sentía que algo no estaba cuadrando.
Sasuke condujo varias manzanas hasta llegar a una calle de comida rápida. Estacionó el automóvil a una cuadra, saco dinero de su cartera, y bajo del auto. Caminó hasta llegar al puesto de comida rápida. El pequeño local tenía un sombrero de mariachi que contenía luces brillando a cada parpadeo. Y el nombre "Mexic-Express" en un grafito negro con bordes amarillos.
El sonido del teléfono de Sasuke me sobresalto. La pantalla estaba iluminada y sin querer vi el mensaje. El nombre de la persona era Oni, y había escrito: «Cuando llegue, me avisas. Y gracias. Te debo una.»
Volví a mirar a Sasuke, el cual parecía hablar con una mujer. La mujer reía por algo que al parecer estaba diciendo Sasuke y éste no dejaba de sonreír. Las arrugas en la cara de la mujer la hacían ver graciosa y amable. Y Sasuke parecía un niño travieso contando un chiste sobre Jaimito. Al cabo de unos minutos, la señora le entrego dos bolsas a Sasuke y éste comenzó a caminar de regreso al automóvil.
Al entrar, el olor de comida inundo mis fosas nasales, y el rugido de mi estomago me hizo reír. Sasuke dejó las bolsas en la parte de atrás y volvió a quitarse las botas.
-Deberías usar sandalias o algo así. Te ahorraría ponerte y quitarte los zapatos-. Dije.
-Debería. Pero no. Papá me tiraría un tomate si me ve caminando por la clínica en sandalias. Me dirá: «Un Uchiha no puede vestirse como un hippie.» y yo le diré «Me importa una mierda» y así hasta el fin de los tiempos-. Comentó, mientras volvía a encender el automóvil.
-Tú papá no parece del tipo de personas que le diría eso a su hijo-. Dije. Mordí mi lengua luego de hablar.
-¿conoces a mi papá?-. preguntó. Alargó su mano derecha para arreglar el retrovisor.
-Algo…-. Susurré.
-Algo… suelta la sopa, Sakura-. Sasuke se puso serio de repente. Me pareció curioso que usara la misma frase que suelo usar con Meduki. «Suelta la sopa, Sakura. Se que te gastaste toda tu mesada en golosinas. Suelta la sopa ahora mismo. »
Mis manos comenzaron a sudar. No había nada de malo en decirle la verdad, o ¿no?
-Tu papá es mi psiquiatra-. Solté la sopa. Miré de reojo a Sasuke.
-¿Por qué no lo comentaste antes?
-Porque no preguntaste-. Masculle entre dientes. Mis labios se resecaron de repente.
Sasuke soltó una risa algo nerviosa y apretó su mano en el volante. No dijo nada.
-¿debí decírtelo?-. pregunté.
-Sí, o quizás no. Pero debiste. De todas maneras no es la gran cosa-. Dijo. Mordió su labio nuevamente y pregunto-: ¿desde cuando te ves con él?
-Desde hace poco-. No mentí en eso.
Volvió a preguntar.
-¿Y cuál es la razón?-. Su voz se torno grave. Gruesa. Su mano se deslizaba fácilmente por el volante, dejando un leve rastro de humedad. Le sudaban las manos.
-Ya te lo dije-. Dije sin más. Sin adjetivos y sin verbos.
-No, Sakura. Sólo dijiste que estabas un poco chiflada-. Ironizo. Deteste la manera en que dijo la palabra "chiflada".
-Se llama esquizofrenia-. Expliqué.- Y ello no significa que estés "chi-fla-do".
Sasuke soltó una carcajada.
-Oh, no. Se que no. Pero cuando dijiste que estabas loca, pensé que te referías de manera metafórica. No literal-. Explicó.- No te voy a juzgar por algo que no es tu culpa. Nadie te dijo que sufrieras eso, ¿lo sabes no?-. Asentí sin verlo.- así que si quieres… podemos hacer un juego.
¿Un juego? ¿De qué rayos hablaba?
-¿Juego de…?-. pregunté.
-De preguntas. Te pregunto algo, tu lo respondes, luego tu a mí y así vamos-. Explico mientras movía su mano.
-¿Con la finalidad de conocernos?-. Un deja vú me invadió en el momento en que hablo y creí recordar esa misma frase. Pero no en él.
-Exacto.
No dije nada por unos segundos. La sensación familiar seguía rondando por mi cabeza y aunque Sasuke parecía tranquilo con la situación, podía intuir que estaba tan excitado como yo o peor, estaba nervioso. Todo había sido tan rápido y sin tapies. O como mamá decía a veces, "a empujones".
Carraspeo y volvió a hablar.
-Creo que la idea es excelente, aprendí el juego por una vieja amiga. Ella decía que era la mejor manera de conocer a alguien sin esperar a que la persona te hable de su vida-. Mencionó. Estaba triste por alguna razón, quizás su amiga tenía que ver en ello-. Claro está, tenemos que poner niveles. Comenzar con preguntas básicas, ya sabes: edad, color favorito y todas esas babosadas. Luego le vamos agregando cosas cada vez más personales y si alguno se siente incomodo, paramos-. Añadió finalmente.
-Suena tentador-. Dije. Mordí mi labio inferior por un rato hasta que sentí ardor en el. Sasuke dijo "Bien" y volvió a cambiar la radio, hasta decidirse por una. La estación estaba pasando canciones de los 80's. Me relaje en el asiento mientras estiraba mis piernas. Sentía mi cuerpo como papilla, la diferencia estaba que tenía a mi amigo misterioso al lado, y me limite a estirar las piernas levemente y no emitir un gemido de dolor. Los agallones se concentraban en mis muslos, tobillos (sin contar el ardor de las ampollas) y caderas. Y ni sabía porqué.
Las 2:30 PM marcaba el pequeño reloj que tenía el automóvil. Los números estaban de un rojo fosforescente y la pantalla tenía un fondo negro. Había un pino colgando del retrovisor y el aire lo hacía moverse. Sasuke se mantuvo callado en todo el camino, y la verdad se lo agradecí internamente. No tenía ganas de mantener una conversación en esos momentos. En el momento en que la imagen de Ino se había cada vez más borrosa frente a mis ojos. Y no podía evitar sonreír con sorna. Porque Ino no parecía tener idea de lo que pasaba y porque al parecer decidió omitir mi crisis y no llamar a mi madre. El teléfono se mantenía estático en mi bolsillo y esperaba con ansias, que se quedara así. Y mientras Sasuke silbaba al ver pasar una camioneta a su lado, y ésta no dejaba de arrojar dióxido de carbono como si de un dragón se tratara.
Al cabo de unos minutos nos fuimos acercando a un conjunto residencial. Habían varias personas caminando en la acera y él portero se encontraba esparramado en la silla como si un costal de pereza y sueño acumulado se tratase. Sasuke presionó un botón en la puerta, y la ventanilla comenzó a bajar lentamente. El portero saltó en la silla y miró con ojos asombrados al automóvil negro que estaba justo en la entrada de la residencia.
-Buenas tardes, señor…-. Dijo el hombre mientras acomodaba su camisa azul celeste dentro de su pantalón y luego procedía a ajustar su correa marrón.
-Buenos días Albert, ¿cómo te trata la vida?-. La simpatía de Sasuke rallaba en lo imposible. Y sin embargo, aun mantenía ese tono irónico y perezoso que lo caracterizaba.
-Muy bien… ¿disculpe, usted es familiar del doctor Uchiha?-. El hombre tenía la mirada llena de sospecha y curiosidad, y mantenía sus brazos cruzados en el pecho. Lo que demostraba que no iba a bajar la guardia hasta saber quien cojones era Sasuke-Uchiha-misterios.
-Soy su hijo. Sasuke Uchiha-. Dijo lentamente, como si estuviera hablando con un niño, o con un retrasado mental. O quizás las dos cosas. Sacó un manojo de llaves de su bolsillo derecho y se las enseño.-. Aquí tengo las llaves de la casa n° 9.
El hombre se mantuvo callado unos segundos. Pensando o quizás analizando bien la cara de Sasuke. Finalmente dejo de verlo y asintió.
-Permítame su identificación y de la… de la señorita. Por favor-. Pidió mientras caminaba hacia la pequeña casita y traía de vuelta una libreta en su mano. Busque mi identificación en mi monedero y se lo entregué a Sasuke. Al tener las identificaciones en su poder, volvió a echarle un vistazo a Sasuke mientras escribía con parsimonia en el cuaderno.
-Bueno, eso es todo. Que tenga un feliz día Sr. Uchiha-. Entregó las identificaciones, el manojo de llaves y con un apretón de manos que compartió con Sasuke, se dirigió de nuevo a la casilla e hizo que las rejas de la residencia se abrieran de par a par. Sasuke volvió a arrancar el motor, y a una velocidad de 40 km/h fuimos entrando al residenciado; el cual constaba de casas de dos pisos con un pequeño jardín. Mi casa era el doble de cada una, y juré que nunca compraría una casa como esa. Eran pequeñas, sobrias y con poca vegetación. El automóvil giró en una calle y comenzó a bajar por ella. Al final de la calle estaban dos casas, una con dos pinos a cada lado y otra con un buzón gracioso. Era una replica del castillo de Disney. Sasuke estacionó el carro en la casa que tenía los dos pinos a cada lado.
-Llegamos-. Dijo.
Suspiré y lo miré. Sasuke se había agachado en su asiento para colocarse las botas negras en cada pie. Su camisa tenía los tres primeros botones desabrochados y le daba un toque de recién parado de la cama. Sonreí.
-Listo-. Se incorporó, buscando las llaves del auto, las de la casa y su bolso -. Ayúdame con los refrescos, por favor-. Dijo. Colocó su bolso en uno de sus hombros, y las llaves las metió en su bolsillo. Tomó la bolsa con su mano derecha y abrió la puerta, saliendo del auto. Me miró desde afuera, riéndose con burla.
-¿No quieres salir del auto?-. preguntó. Frunció el ceño mientras mirada a una vecina paseando a su perro al otro lado de la calle-. Sal pronto, las vecinas ya comenzaron a acecharnos-. Mencionó mientras tragaba saliva y un escalofrió falso invadía su cuerpo.
Baje rápidamente, encontrándome de frente a la señora que nos observaba como si fuéramos extraterrestres que acaban de invadir la tierra. En busca de tesoro y si, venimos en paz. Con bolsas de comida mexicana, un par de refrescos, y una gran disposición de conquistar el mundo. Bueno, hoy no. Porque ahorita quería comer y luego quizás, pensaría en dominar a la humanidad a mi antojo. Y ser un alíen loco.
Rodee el carro hasta llegar a un lado de Sasuke, el cual se dio la vuelta y miró fijamente a la mujer. Había una batalla de miradas entre ambos; la mujer lo miraba entre asombro y molestia, y Sasuke la mirada entre psicópata o molesto. Frunció el ceño aun más (si era posible) y comenzó a ladrar con un loco. La mujer nos miró feo, agachándose hasta coger entre sus brazos a su mascota. Murmuró algo entre dientes y se fue caminando. Claro esta, sin antes mirarnos de reojo.
-Estás más loco que yo-. Dije mientras caminaba a su lado.
-Lo sé-. Dijo.
Abrió la puerta rápidamente y el olor a polvo invadió mis fosas nasales. Apreté el puente de mi nariz mientras entraba al recibidor. Sasuke dejaba sus botas en una esquina y colgaba su bolso en el perchero. El suelo estaba lleno de polvo, y las pisadas de Sasuke dejaban una huella graciosa. No me quite los zapatos porque no quería que él viera las medias de Piolin. Ni que viera las curitas que rodeaban mis tobillos. Seguí las huellas que dejaron los pies de Sasuke, y lo encontré en la cocina. No mire la casa ni nada, porque la cocina parecía sacada de una revista y porque Sasuke miraba todo cómo si fuera la primera vez que estuviera ahí.
-No sabes donde está todo-. No fue una pregunta, fue una afirmación.
Sasuke rió en voz baja.
-No, la última vez que estuve aquí fue hace… Mmm… 4 años mas o menos-. Mencionó.
-Bueno, creo que no hace falta que busques nada aquí-. Busque con la mirada la bolsa de comida y la encontré encima del mesón de mármol blanco. La abrí y en efectiva, había servilletas y dos platos plásticos dentro de ella-. Creo que con esto nos bastará-. Dije mientras sacaba los platos y se los enseñaba.
-Excelente. Sígueme.
Ok. Mi opinión sobre las casas del residenciado había cambiado al ver la enorme piscina, la grama y los pinos que estaban en el patio trasero. Y a pesar que la piscina estaba vacía, y que la grama estaba descuidada, el lugar era genial. Nos acercamos a una silla que se encontraba cerca de la piscina y colocamos todo ahí.
-Perdona las condiciones de la casa. Papá manda a una persona a hacerle mantenimiento cada 6 meses o algo así-. Explicó.
Nos sentamos en el suelo de concreto, y usamos la silla como mesa para colocar la bolsa de comida. Sasuke sacó las servilletas y las coloco en mis piernas, y con ayuda de sus dedos torpes, casi hace que se salga la comida del envoltorio. Un "ups" salió de su boca mientras reía levemente. Sasuke parecía ser torpe con las manos y eso me hizo pensar en cosas malas. Pero su cara se iluminó de inocencia al decir "Burritos", y no pude evitarme sonrojarme por mi atrevido pensamiento. Sus manos se ensuciaron levemente al abrir cada envoltorio, le ayude colocando cada burrito en los platos. Y al cabo de dos minutos, luego de repartir la comida y sacar los pitillos, procedimos a comer. Sasuke tenía la mirada perdida en el vació de la piscina y yo no podía despejar la mirada de mi plato.
Decidí cortar el silencio.
-¿No se supone que me ibas a cocinar?-. Cuando dije la palabra "cocinar" baje la voz hasta volverla grave. Sasuke alzo una ceja mientras me veía y masticaba la comida. Tenía salsa de guacamole en la barbilla y sus dedos se encontraban embarrados.
-Lo iba a hacer, Sakura. Pero la cocina era un desastre y no tenía ganas de limpiarla para cocinar algo que ya estaba cocinado-. Dijo despacio mientras aun seguía masticando y tapaba su boca con la mano. Y sí, la mano que tenía sucia.
No había diversión en sus palabras, porque presentía que si lo hacía, la comida pre-masticada iba a salir volando hasta mi cara. Trague y tome un sorbo de la coca cola dietética que Sasuke había pedido, y volví a hablar ya con la boca vacía.
-Puedo fingir que lo hiciste, y te puedo felicitar por la comida que me preparaste en circunstancias difíciles. Eres un chef a prueba de todo-. Moví mis manos, haciendo alabancias e inclinando mi cabeza en señal de pura admiración. Estiró su espalda hasta estar en una postura derecha, sonrió de lado, con la salsa de guacamole en la barbilla, y una gran expresión de "soy lo máximo". Reímos un rato por eso. Él no paraba de decir "di que es la comida más rica que has probado en tu vida" y yo respondía "Si, es la más rica. Debí bajarme del auto y felicitar a la señora… digo, felicitarte". Doble una servilleta y la acerque a su barbilla, limpiándola hasta quedar limpia.
-Gracias, Sakura-. Dijo mientras tomaba mi mano y depositaba un beso en ella.
-De nada-. Respondí.
Sasuke recogió los platos y vasos, metiéndolos en la bolsa. Dejo una servilleta en su rodilla y cuando termino de recoger todo, la uso para limpiar su boca y sus dedos.
-Que desastre. Soy peor que un niño de 2 años intentando comer sopa de vegetales por primera vez-. Dijo mientras limpiaba entre sus dedos.
-No seas ofensivo, Sasuke. Un niño de 2 años comería mucho mejor que tú-. Me carcajee al ver su cara roja, y no pude evitar aguantar mi estomago en el momento en que sentí que la comida subía por mi garganta. Jodidas risas desenfrenadas y mí estomago lleno.
-¡MALA!-. Gritó, Sasuke. Abrí la boca y fingí estar dolida. Él rió conmigo esta vez. Me dieron ganas de vomitar de tanto reírme y recurrí a morder mis mejillas por dentro para reprimir las risas. Sasuke carraspeo, se movió, quedando de perfil frente de mí, estirando las piernas hasta dejarlas colgando del filo de la piscina-. Comencemos con el juego-. Dijo finalmente. Respiré varias veces buscando llenar mis pulmones, y sobretodo, buscando calmar el nudo que se formo en mi garganta al sentir unas uñas arañando en mi espalda baja.
-Comenzaré yo-. Dijo. Miró el cielo, que en este momento se encontraba soleado y sin rastros de nubes que añadieran un toque blanco al fondo azul celeste de arriba. Cuando volvió a hablar, pensé que estaba tratando de reprimir un estornudo porque su cara se arrugo levemente y su voz sonó extraña.- ¿Desde cuando tienes esquizofrenia?-. preguntó, sin mirarme.
-Habías dicho que comenzaríamos con preguntas normales-. Dije. Moví mi cuerpo hasta quedar sentada a su lado, con las piernas de igual manera, colgando del filo de la piscina vacía.
-No tenemos toda la tarde para eso, creo que debemos ir al grano-. Murmuro mientras introducía su pulgar en la boca y mordía la punta como si fuera un lápiz.
Ir al grano. Ir al grano. Ir al infierno y así.
Una vocecita me susurró en el oído, advirtiéndome. «Calla, Sakura. No confíes, no en esas cosas. » Pero yo era Sakura Haruno. Alias la loca. Alias la rebelde cute con cabello rosa y mirada perdida. Touché para ti. El señor amable rió con mi ocurrencia en mi oído y decidí hablar para callarlo de una vez y para que Sasuke no me botara de su casa por mala jugadora.
-Lo descubrieron cuando tenía 14 años, pero había indicios desde niña. Quizás desde los 7-. Mencioné.
-¿Cuáles indicios?-. preguntó. Saco el dedo de su boca, lleno de saliva y rojo de tanto morderlo.
-Ya sabes, los amigos imaginarios que todo niño tiene, aunque el mío era más que imaginario.
Bien. Eso fue fácil. Bien, Sakura.
No nos mirábamos, cada uno mantenía la mirada en un punto, y yo tenía miedo que él escuchara la risa de mi amiguito susurrador. Pero sólo yo lo oía. Solo yo y mis jodidos oídos.
-Bien. Es tu turno-. Dijo-. Por cierto, hice dos preguntas, y es porque si tu respuesta no es lo suficientemente convincente tendré que hacer más pregunta hasta culminar el tema. Es cómo una regla. O algo así.
- Me parece bien-. Dije. Pensé que pregunta quería hacerle y descubrí que tenía demasiadas-. ¿Por qué vives en la clínica de tú papá?
- Por decisión propia-. Dijo.
-¿Cuál es la razón de tu decisión?-. pregunté. Escuche como suspiraba.
-Bien, ya le agarraste el truco al juego-. Dijo mientras aplaudía-. Estoy estudiando psicología, y un día me levante con ganas de saber cómo era vivir en un manicomio. Me falta un año para graduarme, así que básicamente, esto es mi proyecto final-. Finalizó.
-¿puedo hacer otra pregunta?-. masculle entre dientes.
-Claro.
-Tú proyecto es un poco… ¿podrías explicármelo? O al menos decirme la razón principal, porque sinceramente, no me creo eso de que un día te levantaste de la cama con ganas de vivir bajo el techo de un manicomio y ver que tal es vivir ahí-. Su explicación me parecía absurda y descabellada. Sasuke se rió un poco y habló.
-Lo es. Eso me dijo papá cuando se lo pedí. Quería aprovechar los beneficios de que tu padre sea dueño de casi el 70% de una clínica psiquiátrica, así que tengo ciertos beneficios, como por ejemplo: no tengo que vestir la ropa que usan los internados ya que me da frió, tampoco tengo que comer la comida, aunque algunas veces no es tan mala. Y lo mejor, puedo caminar libremente por toda la clínica sin que nadie diga o reclame nada. Por eso me la paso deambulando de un lado a otro. Observando y escribiendo-. Finalizo.
-wow-. Dije.
-Si, "wow". Bien, me .- ¿qué tan controlada estás con tu enfermedad?
-Muy bien-. Mentí. Mordí mi lengua al escucharlo reírse de mí.
-No mientas, no lo hagas. Mucho menos luego de haber presenciado un desvarió tuyo.
-Estoy bien, Sasuke. Es en serio. Olvide tomar mi medicamento el día de hoy y eso me ha tenido alterada-. Expliqué. La verdad que no recordaba nada que implicara: medicamentos. Pero sabía que no lo había hecho.
-Eso está mal. Estas en terapia y si dejas de tomar medicamento, recaes. Eso está mal-. Parecía molesto y indignado.- ¿Papá sabe de esto? No puedo creer que sea tan irresponsable de dejarte ir por la vida como una mujer normal, sabiendo el estado en que te encuentras. Estás inestable.
Ya va. ¿Cómo? ¿En qué momento, Sasuke Uchiha me estaba psicoanalizando?
-Tú papá es un buen doctor. No estoy inestable. No hables como si me conocieras-. Ahí estaba de nuevo mi mal humor.
Sasuke volteo su cara hasta mirarme. Sentía su mirada perforando mi piel, llegando hasta mis huesos.
-Vas a terapia, tomas antipsicóticos, lo que significa que tu enfermedad es inestable, joder. Apuesto a que la terapia te la asigno por inestabilidad emocional, porque no hay otra razón para que te asignen terapia de grupo. Así que, si vamos a seguir con esto, creo que debes ser sincera, maldita sea-. Estaba molesto. Pero era yo la que debía estar molesta y maldiciendo, no él.
-Fuiste tú el que sugirió éste juego. No yo. Tu mismo dijiste que hablaríamos hasta donde nos sintiéramos cómodos y no estas cumpliendo tu jodida palabra. Así que me vale madre tu psicoanálisis de niño grande, me importa una mierda-. Punto y fin. Estaba cabreada y con ganas de hacer rodar cabezas.
-Lo siento, tienes razón. Cambiemos de tema, ¿te parece? Haré otra pregunta.
-Bien.
-¿vives sola?-. preguntó.
-No, vivo con mi mamá. Ella no cree que pueda sobrevivir un mes sola, sin su comida o sin sus cuidados. Cree que terminaré comiéndome a mi misma por no saber freír un huevo-. Mencioné con gracia, recordando las veces en que Meduki había dicho que nací con el cerebro al revés. Porque toda mujer debía cocinar y bla bla.
-¿Y tu padre?-. Dio en la llaga. Más sal, por favor.
-Nunca lo conocí. Siempre he tenido "mamá y Meduki". Un día es una mamá como cualquier otra, y otro, es mi hermana mayor coqueta-. Sentí ganas de correr hasta mi casa y abrazar a esa mujer igual a mí. Pero debía hacer otra pregunta-. A parte de tu padre, ¿tienes hermanos, y tú mamá? Hace unos días (no recordé exactamente cuanto tiempo atrás) vi una foto en el consultorio de tu papá. Y estabas ahí.
-Oh si, recuerdo esa foto. Ese día había perdido a mi mejor amiga, entonces digamos que estaba en un momento autodestructivo. Y sí, tengo un solo hermano, se llama Itachi, es unos años mayor que yo. Pero actúa como un crió, a veces-. Hizo una pausa mientras inhalaba-. Y mamá… era la mujer más hermosa que he visto en mí vida. Claro está, luego sigues tú-. Sasuke no perdía la oportunidad para soltar sus halagos.
-¿Era?-. Pregunté mientras lo miraba. Su expresión era tranquila.
-Murió hace unos años-. Explicó.
-¿Cómo?-. Era mi tercera pregunta dentro de mi pregunta. Pero tenía curiosidad, y Sasuke parecía dispuesto a decirme cualquier cosa.
-Una sobredosis de antidepresivos-. Soltó sin titubear.
-Lo siento-. Dije mientras buscaba su mano y la estrechaba entre la mía.
-No lo sientas. Ese año fue el peor año de mi vida. Mamá nos mantuvo engañados durante dos años. Papá se encargaba personalmente de tratarla e Itachi se había mudado para estudiar derecho. Así que sólo éramos mamá, papá y yo. Juntos los tres. Como los jodidos mosqueteros. Pero mamá nos engaño y un día, decidió morir-. El tono de su voz me causo miedo. Estaba sereno-. Y si te preguntas, si, se suicido. Luego de dos meses, mi mejor amiga me abandono y creí que la vida es una mierda. Bueno, aun lo creo, pero tengo otras cosas en qué pensar-. Finalizó.
-¿Por ejemplo?-. pregunté. Su mano se encontraba fría, o quizás, era la mía.
-Mis estudios. Mi investigación. Estoy obsesionado con la mente humana. Por ella perdí cosas… perdí personas-. En ese momento me miró y por primera vez, su mirada se torno nostálgica. Añadió: Papá y yo nos odiamos. Itachi es el equilibrio entre ambos. El único que mantiene la pena guardada en un bolsillo. Pero soy un jodido rencoroso y me cuesta olvidar, dejar atrás el pasado es toda una odisea para mí.
-Por eso vives en la clínica, por tu mamá-. Dije.
-No exactamente. Mamá sufría de depresiones crónicas, y se mutilaba. Digamos que… debió vivir un tiempo aquí, y no en casa, donde todos éramos normales-. Volvió a despejar la mirada hasta situarla en la cerámica de la piscina-. Tengo otra razón, una conocida me informó sobre algo, y mi motivo principal perdió fuerza. Pero eso fue hace poco, y aun intento descubrir el camino.
-¿cuál motivo?-. pregunté. Ya comenzaba a sacarme de quicios que hablará a medias.
-No te lo diré. Es secreto-. Sonrió cuando vio mis mejillas inflarse de la indignación.- Además, es mi turno de preguntar, Sakura-tramposa-Haruno.
Rodee mis ojos y me aleje un poco de él. Mis nalgas comenzaban a doler de estar tanto tiempo sentada en el suelo de concreto.
-¿Por qué quieres que Ino muera?-. pregunto.
En ese momento un grito me sobresalto y los jadeos de mi amigo susurrante me hicieron perder el equilibrio.
«Él miente, cerezo. No le escuches, él miente. Ino es mala. Es mala y te hará daño.»
-No sé de qué hablas, Sasuke-. Dije, sincera. Porque a pesar de que sabía exactamente el significado de sus palabras, no sabía porqué llegó a preguntarlo.
-Cuando te encontré en el centro comercial, dijiste que querías que ella muriera-. Dijo, directo. Sin censura y sin titubeos-. ¿Ino es una amiga o algo así?-. preguntó.
-Si, es mi mejor amiga. Y no quiero que muera, estás loco-. Dije. No recordaba haber dicho eso, y sólo recordaba correr, huyendo de algo, o quizás, de todo.
-Dime, Sakura… ¿quieres que vuele?-. Su sonrisa fue traviesa, pero la diversión no llegó hasta tus ojos. Porque en su mirada habían secretos.
La uña que antes arañaba mi espalda, subió hasta mi cuello y el aliento a sangre me golpeo en las fosas nasales. «Queremos, pero aun no. »
-No, tus orejas no son lo suficientemente grandes para poder volar-. Bromee.
Sasuke relajo la postura y volvió a despegar su mirada de la mía. Y como decía mi abuela algunas veces, aquí hay gato encerrado. O quizás, gato enjaulado. Pero ahí va la cosa.
¿Qué tal? ¿Se merece un fav, follow o un review?:3 les cuento que acabo de arreglar el capítulo. No está tan largo como tenía planeado hacerlo ya que ayer no pude escribir nada y hoy se me concentró todo. Así que, básicamente escribí a "empujones". Estoy muy contenta porque es la primera vez que la gente anda tan pendiente con el fic y no dudan en regalarme su opinión en los review. Me alegro bastante por eso, y aunque no lo crean, me motiva para escribir hasta que el teclado sufra y publique lo mas rápido posible.
Éste capítulo es como una revelación de cosas que dejen implícitas en los otros capítulos y aunque al parecer algunos pensaron que el capítulo anterior fue un relleno, les digo que no lo fue. Es mi capítulo favorito hasta el momento, y es porque siento que le di vida a un personaje ficticio. Y cosas cotidianas como maquillarte o caminar por la universidad son las que le dan vida a una historia. Soy una fiel creyente de eso, y estoy tratando de aplicarlo a mi narración y me siento feliz como una marmota al ver que poco a poco voy agregando esas facciones. Así que de verdad, espero que se tomen la calma de aceptar esas cosas, porque les digo, que nada de lo que escribo es por relleno (excepto los comentarios cripy que hace el personaje en ciertas ocasiones), todo tiene un porqué. Y si se darán cuenta, siempre saco cosas que escribí e capítulos anteriores. Por cierto, hoy escuché a Lorde mientras escribía. Si quieren, mientras leen la historia, reproducen cualquiera de sus canciones y van a ver que se meterán más en la historia.
*Señor amable: No, Anaid. Sólo tú y yo podemos escuchar Lorde mientras atormentamos a Sakura.. a más nadie le gustará Lorde. MUAJAJAJAJAJAJA.
Como nadie dejo comentarios sin cuentas, no pondré agradecimientos de reviews, pero...
¡MUCHAS GRACIAS POR VISITAR LA HISTORIA Y DARLE UNA OPORTUNIDAD, MUCHÍSIMAS GRACIAS *UN ENORME ABRAZO*!
Pero por favor, avísenme si les llega la respuesta de su reviews, porque a todos(as) les he respondido pero cómo lo he hecho a través del teléfono, no tengo la certeza de que les llegue. Así que por favor, avísenme, no quiero pensar que les respondí y a la final ni las nombro aquí T_T
Ojala más gente siga mi historia :D sería genialoso. Y más aun, que mis lectoras(os) siempre sigan al tanto de la historia.
Sayonara!
Bye, bye!
Chao!
Po,po!
