¡Hola! ¿Cómo están? *-*

Ayer no pude publicar porque se fue la luz en mi casa y llego casi a las 5 de la mañana, así que de verdad, disculpen. De todas maneras, aquí les traje la continuación.

Popo!


EL ALETEO DE UNA MARIPOSA

Capítulo 10.

Seguimos con las preguntas por media hora más. Sasuke le hacía fe a su carrera; su forma fluida y confiada de hablar me recordaba a su padre (mi actual psicólogo-psiquiatra). Sin embargo, cuando tocábamos teclas aun más profundas, una parte de mí gritaba ¡alerta! Aquí habrá un derrumbé, sujeten sus cabezas o escóndanse debajo de la mesa, pero sin importar nada, seguí. Ya eran las 3:30 de la tarde y podría decirse que ya conocía a Sasuke. Pero no ese conocer de que te sabes toda su vida, no, no. Lo conozco. Ya habíamos compartido un desayuno, un almuerzo, una huida en un centro comercial, y obviamente, un beso. De eso, bueno, de eso no quería hablar (ni pensar), sobretodo después de verlo comer. El chico era un completo desastre, y luego de ver su barbilla, dedos y la comisura de la boca, manchada de salsa de guacamole, digamos que bajo el nivel de libido en mi cuerpo. Pero aun seguía intrigándome. Oh si, porque estábamos hablando de Sasuke-misterios-Uchiha, y eso nadie se lo iba a quitar. O quizás, una mancha de salsa sí. Pero eso es solo una hipótesis. Ya sabes… había una vez un chico misterioso, delgado, de ojos negros, con manchas de comida en la cara, que le ladra a las vecinas y que te dice "Hermosa" cada vez que puede, y fin.

Y aun así…

-Debería llevarte a tu casa-. Dijo mientras se levantaba del suelo de concreto y sacudía sus pies como si hubiera caminado en arena. El sol de las 3 y pico, se tornaba cada vez más brillante, y las pocas nubes que rodeaban encima de la casa no hacían bien su trabajo de contrarrestar los rayos ultravioletas del Sol. Imite su tarea y procedí a levantarme, pero mi espalda hizo un crack y creí que se partiría. Sasuke me miró de manera graciosa, mientras sus mejillas se inflaban y movía su boca como si quiera hablar. Le dirigí una mirada de advertencia, porque sabía que el desgraciado se iba a reír. Y yo moriría en el infierno al oír su risa. Y al cabo de otro intento más, me puse de pie. Ignorando como mis huesos sonaron y por supuesto, el ardor en mis nalgas. Mi pie izquierdo se había dormido y no pude caminar. Quede estática en el sitio, y ya Sasuke había comenzado a recoger la bolsa con los restos de la comida.

-¿Te pasa algo?-. preguntó.

-Si… mi pie se durmió y no puedo caminar-. Dije mientras intentaba mover mi pie –aunque era inútil porque el hormigueo que sentía era tan brutal que podría jurar que mi pierna era de madera y unas termitas estaban dentro de ella, comiéndola–, y me aguantaba con el espaldar de la silla. Sasuke se acercó a mi, dejo la bolsa en el suelo y se agacho al frente de mí. Sus rodillas estaban flexionadas y dejaba a la vista las pecas que adornaban de manera impar en su clavícula. Tomo mi pie entre sus manos, desatando las trenzas y luego sacando el converse –y mirándome–, comenzó a masajearlo. Chillé por el desbordante dolor-no-dolor que sentí cuando sus manos comenzaron a tocar fuertemente mi pie. La electricidad recorría rápidamente por mi pie hasta mi tobillo, y viceversa, hasta que por fin pude sentirlo. No me percate de la mirada curiosa que tenía Sasuke en ese momento, porque estuve por unos segundos en un mundo de termitas y electricidad, y entonces, cuando miré mi pie, y la cara de Piolin retumbo en mis pupilas, supe la razón de su mirada. Y el calor subió a mi cara hasta convertirla en una manzana, o un tomate. Y él rió.

-Si así son tus medias, no imagino cómo será tu ropa interior-. Murmuró mientras volvía a colocarme el converse.

-No son mías-. Dije molesta. Sasuke parecía un príncipe gótico sacado de una mala película animada de Disney, donde el príncipe –Sasuke-misterios-Uchiha–, le pedía la mano a la princesa –Sakura-rosa-Haruno–. Pero Sasuke no era un príncipe, ni yo una princesa, y en sus manos no había un anillo, había un converse sucio.

-¿Ah no?-. se levanto luego de hacer un nudo en mis trenzas, quedando al frente mió. Compartimos una mirada larga y luego se carcajeo delante de mí.

-No, apuesto que tus boxers son de muñecos o algo así-. susurré mientras me acercaba lentamente, hasta rozar su nariz con la mía.- O peor… tiene al Capitán América sin camisa en la parte de adelante, y atrás, dice en letras mayúsculas "Aquí te puedes vengar"-. Dije finalmente.

Sasuke comenzó a reírse y sin dejar de mirarme, se acercó un poco más.

-No puedo creer que lo descubrieras, Sakura. Eres impresionante. Pero…- susurró también, frunció el ceño y añadió-: Realmente tengo uno de Thor sin camisa, y en la parte de atrás dice "Aquí entra tu martillo"-. Y cuando terminó de hablar, rompimos en risas.

-No puedo creer que hayas dicho eso…- dije mientras sostenía mi cabeza en su hombro. Estábamos tan pegados que podía sentir como su cuerpo se sacudía por la risa.

Su risa se detuvo.

-Pero es la verdad-. Dijo serio mientras se alejaba de mí. Mis ojos se abrieron de la impresión y pensé lo peor.

-No, no, estas jugando. Lo sé-. Masculle, moviendo mi cabeza de un lado a otro.

-No miento cuando se trata de Thor y su martillo-. Su sonrisa traviesa lo delato, y no pude evitar reírme al imaginarlo con unos boxers así.

-Basta…- le pedí, mientras él me atraía a su cuerpo nuevamente. La imagen mental seguía en mi mente, y pude jurar que mi amigo amable la iba a ver. Así que reía aun más.

Pero de repente, Sasuke sujeto mis caderas y de un impulso, mi estomago terminó encima de su hombro derecho, mis piernas colgaron y mi cara tenía una linda vista de su trasero – y obviamente, de las letras "Aquí entra tu martillo" –.

-¡Bájame!-. grité mientras pataleaba y golpeaba su espalda baja con mis puños.

-Oh, no. No lo haré, Sakura. Eres una niña mala, y te haré pagar las consecuencias-. Dijo mientras caminaba hasta la casa.

-¿de qué carajos hablas? ¡Bájame ahora mismo, Sasuke Uchiha, o seré yo la que te haga pagar las consecuencias!-. Grite aun más fuerte. Sasuke se rió en el momento en que salto y mi estomago reboto en su hombro. De pronto, me bajo tan rápido que tuve que sostenerme de su camisa, o caería. Pero Sasuke no se andaba con rodeos, no sé en qué momento soltó la bolsa de basura, ni mucho menos en qué momento termine acorralada contra la pared. Pero si sabía algo, la manera en que me miraba no era normal.

Sasuke me miraba de la manera en que miras a alguien que amas. A alguien del pasado; una mirada de nostalgia que aparece cuando hablas de la mascota que tenías en tu infancia, o la capa de Super Man que usabas en Halloween.

-No digas nada, Sakura. Solo cállate un rato, ¿vale?-. dijo mientras tomaba mis brazos y los dirigía hasta su espalda, y luego me abrazaba. Y cuando estuve rodeada de sus brazos, y el calor de su cuerpo me inundo el alma, susurré "Vale" y todo desapareció. Muchos recuerdos pasaron por mi cabeza y unos cuantos intentaron salir, pero la barrera era impenetrable. O quizás, no conocían la contraseña. Pero sea cual sea la razón, me hicieron llorar. Sasuke me abrazaba como si fuera su oso de peluche favorito, y aposte, que lo abrazaba de la misma manera. O quizás mas fuerte. Pero a medida que los segundos pasaban, mi mente iba destrozándose por dentro. De mi boca salía lava ardiente y roja, y el tacto tibio del cuerpo de Sasuke, se transformaba en un letal frió. Frió y calor. Y no sabía a donde ir. Porque no había escape. Porque algo había pasado hace unos segundos, minutos, horas o quizás años. Si, quizás. Y mientras mis lágrimas mojaban su camisa, él subía una de sus manos hasta mi cabeza y la sostenía como si fuera su hija pequeña. Su muñeca.

Y despertó el espectro delgado y largo que habitaba en mi mente. Sus manos llenas de piel desgarrada y uñas negras -y filosas-, se levantaron en el aire, y cuando golpearon el cuerpo de Sasuke, la sangre desbordo por mi boca. Por mis oídos y por mis ojos. Todo se torno rojo. Y negro.

Grité. Aun más, si era posible.

-Tranquila, todo estará bien-. Susurro en mí oído. Pero no el señor amable, sino Sasuke. Porque Sasuke aun seguía abrazándome, y yo a él. Y la sangre que broto de mi cuerpo, solo había sido parte de una pesadilla.

-Tengo miedo, Sasuke-. Dije, muy despacio. Mi voz estaba quebrada por el llanto y la camisa de Sasuke estaba húmeda.

-Lo sé, pero no estás sola.

-No tengo miedo de mí…-dije.

Sasuke se separó de mí y observo mi cara.

-¿Entonces a que le temes, Sakura?-. tomo mi cara entre sus manos.

Cerré los ojos mientras analizaba su pregunta y la respuesta surgió en mi cabeza como una estrella fugaz.

Me acerqué lentamente hasta que mi boca a pocos centímetros de su oreja.

-Tengo miedo de no poder regresar-. Susurre. No sabía si entendería mi respuesta, pero no importaba, porque aun no lograba descifrar mis propias palabras. Mis ojos se empañaron de lágrimas y volví a sollozar. Mordí mi labio y lo que Sasuke dijo a continuación, hizo que todo lo malo en mi vida, se resumiera en seis palabras.

-Gritaré para que vuelvas a mí.

Sasuke besó mi frente y limpió mi cara con la palma de sus dedos. La sorpresa me había invadido y no sabía que decir. Calle, porque sabía que a veces era mejor dejar las cosas así.

-Tenemos que irnos-. Tomó mi mano y comenzó a caminar a través de la casa hasta llegar al recibidor. La soltó para agarrar sus botas y el bolso. Metió sus manos en los bolsillos para sacar las llaves y preguntó-: ¿Mañana irás a la terapia?

-Claro.

Cuando Sasuke estacionó su Corolla en la entrada de mi casa, un nudo se instaló en mi garganta. En la radio sonaba "Hey, Jude" y no podía pensar en nada más que mi madre abriendo la puerta, caminando hasta el automóvil de Sasuke y sacándome de las greñas. Pero ninguna de las tres sucedió.

-Muchas gracias por todo, Sasuke-. Dije.

-Vamos… no tienes que agradecerme, para esos están los amigos-. Y ahí estaba la sonrisa de lado que comenzaba a gustarme.

-Hasta mañana-. Me incline hacia él, plantándole un beso en la mejilla. Cuando separé mis labios de su piel, vi de reojo como sonreía aun más-. Sonríes demasiado, ¿no te cansas?-. pregunté.

-No, ¿y tú no te cansas de ese pelo rosa?-. Contraatacó. Estiró su mano hasta posarla sobre mi muslo, y cuando pensé que me iba a tocar, de su mano cayó un pedazo de papel. Lo agarre en el momento que retiró su mano y sin preguntar o siquiera mirar, lo metí en el bolsillo de mi pantalón.

-No-. Salí del auto, y cuando tuve los pies sobre la acera de mi casa, pude distinguir que las luces estaban encendida, y por el automóvil que estaba en la entrada del garaje, sabía que la hermana de mi madre (La tía Mitsu) nos estaba visitando. Me di la vuelta, inclinándome en la ventana de la puerta.

-Sasuke-. Dije.

-Sakura.

Me aleje del automóvil, y con un sonido sordo, el auto arrancó y se fue alejando hasta que no pude distinguirlo. Ya eran las 4:15 de la tarde y el naranja suave del cielo me reconfortó de una manera celestial, y pude sonreír al cielo. Pero no había razón, o quizás, el hecho de estar viviendo mi vida me hacía hacer esas cosas tan espontaneas. Pero yo no era espontanea, o al menos no lo sabía. Pero el beso de hoy, lo había sido. Un acto de impacto. Que cambia el curso de las cosas, y va enredando de a poco las vidas. Un pequeño instante de impacto en mi vida, y baam, adiós cordura, vieja amiga.

Caminé la puerta y toqué el timbre dos veces. El "tin, tan" resonó en la entrada y a los pocos segundos mi abuelo abrió la puerta. Cuando me vio, sus ojos se abrieron de la sorpresa.

-¡Conejita! ¿Dónde has estado?

-En la calle, abuelo. Soy una conejita callejera-. Dije mientras lo abrazaba.

-No me gusta eso, hay gente que mata conejas callejeras porque piensan que no tienen familia, y las agarran para hacer un guisado de conejo-. Mencionó mientras agarraba mi bolso y me acariciaba la cabeza como si fuera una niña.

-Me puse el collar, abuelo-. Dije mientras caminaba con él hasta el comedor. Las risas que provenían de ahí me hicieron detener el paso. Mi abuelo siguió caminando y cuando oí que dijo "¡Ha llegado la conejita, pollita!", sabía que mi prima (La hija de mi tía Mitsu) estaba ahí. No recordaba su cara del todo, ya que nunca fuimos muy unidas y su vida de porrista en la secundaria había hecho estragos en mí. El abuelo tenía la mala maña de apodar a sus nietos como si fuéramos animales. Él dijo que su animal favorito era el conejo, y como yo era su nieta favorita… He sido coneja, digo, conejita.

Llegué hasta el comedor, el cual se encontraba lleno gracias a mis abuelos, mi madre, mi tía, su adorada hija, su hijo menor (debía tener uno años) y el perro de mi abuela. El canino comenzó a ladrarme, o quizás no a mí. Sentía la sombra del señor amable detrás de mí. Mi abuela fue la primera en levantarse para saludarme.

-Sakura, pequeña. ¿cómo te fue hoy?-. Lleno mis mejillas de besos e impregno mi nariz de su olor a canela.

-Bien, me fue muy bien-. Dije. Pero omite la parte donde un chico me invito a un picnic, y que al rato lo besaba. Después hacía mi horario y mi amiga (la mala) me hacía algo que no recordaba, y por ende había huido y me encontré nuevamente con el mismo chico que bese y…

-Que bien. Te ves cansada-. Dijo mi abuela mientras acariciaba mi cabello.

En ese instante, vi como mamá se levantaba del sillón y corría a mis brazos. Recibí con gusto su muestra de cariño, y no pude evitar echarle un ojo a mi tía. La mujer seguía teniendo esa cara de perra mala, y sabía con certeza que odiaba a mi madre. Pero entre hermanas, todo se perdona.

-Sakura, ¿tienes hambre? Tu tía Mitsu nos trajo pastel de zanahoria y está riquísimo-. Sus ojos brillaron al decir la palabra riquísimo y juré ver un rayo de envidia en sus ojos. Mamá no era buena haciendo pasteles, y de las hermanas Haruno, Mitsu siempre fue la mejor en la cocina.

Le devolví la mirada, esperando que capte mi "no comeré el pastel de la perra de tu hermana" pero la conexión madre e hija se había roto hace tiempo.

-No, comí hace poco. Quizás más tarde lo coma-. Mencioné mientras me acercaba al lado de mi tía y le daba un beso en la mejilla. Pero antes de saludarla como se debe, mi brazo fue jalado por otro y los ojos marrones de mi prima Karin se fijaron en mí.

-¡Sakura, cuanto tiempo! No te veo desde que nos graduamos-. Dijo. Y en ese momento, comenzó su parloteo habitual y solo asentí o respondí con un "¿en serio?". Mamá comenzó a hablar sobre como me había ido en el semestre pasado y cuales eran mis aspiraciones futuras. Y cuando mi tía preguntó "¿Sigue enferma de la cabeza?" un silencio invadió el comedor y mis ojos se cerraron de la rabia. Mi abuela comenzó a regañarla, a decir cosas y en ese instante no aguante más…

-No, tía Mitsu. Se llama esquizofrenia, no En-fer-me-dad-de-la-ca-be-za-. Dije mientras me alejaba del comedor a pasos rápidos.

-¡Sakura!-. reprendió mamá.

-¿Cuál es la diferencia, sobrina? La esquizofrenia es una enfermedad de la cabeza, es lo mismo-. Dijo con sorna. Sus ojos verdes (iguales a los míos y a los de mamá) brillaron al ver mi cara, y sus pechos enormes rebotaron en el momento en que se rió-. Sólo era una broma, Sakura.

¿Broma?

«Las bromas se arreglan con sangre, cerezo»

Apoye la idea del señor amable y en ese momento no pensé lo que iba a pasar. Ni las consecuencias. Cruce rápidamente los metros que nos separaban y de un momento a otro, termine encima de mi tía Kirin, golpeándola con los nudillos y jalando su cabello rosa intenso. Los gritos de Karin, mamá y mi abuela se hacían cada vez más bajos, mientras las uñas de mi tía se enterraban en mi cabello y yo no paraba de golpear su cara hasta verla sangrar. Sentí unos brazos rodearme, y unas uñas adherirse a mi antebrazo.

Mi abuela sujetaba mi cintura, jalándome para separarme de su hija; mientras su pollita se encargaba de hacerme lo mismo.

Pero en ese instante todo regreso a mí, y vi el cuerpo de Karin debajo del mío y las manos de mi tía Mitsu sosteniendo uno de mis brazos. Karin chillaba y mi abuela me llamaba. ¿Qué rayos había pasado? Ah si, mi tía había preguntado sobre mi enfermedad, a su estilo (perra ignorante) y cuando respondí, su hija había intervenido. Pero… ¿por qué vi a la tía?

Me separé de ellas, mientras sentía sangre en mi boca y veía la cara de Mitsu llena de sangre. Su nariz estaba rota y lloraba. Su mamá se acercó a ella mientras la ayudaba a quitarse la sangre de la cara con una servilleta.

-¡Eres una loca! ¡Aléjate de mí hija!-. gritó mi tía.

-¡Mitsu, te agradezco que no vuelvas a usar ese vocabulario en esta casa, y no en mi presencia!-. reprendió mi abuela. Se envolvieron en una discusión donde mi abuela terminaba ganando. La mirada de mi tía iba desde su hija hasta mí, y viceversa. Mi abuelo seguía sosteniéndome, pero ya no hacía falta porque al ver la cara llena de sangre de Karin, sabía que fuera la razón que fuera, me había salido con la mía. Y lo estaba gozando, a pesar que salía un chorro de sangre de mi boca y que sentía mi cabeza a punto de explotar.

Esta vez mi mamá habló.

-Mitsu, te agradecería que educaras a tu hija. Esas cosas no se dicen, y muchos menos en familia. Así que por favor… ésta reunión se ha acabado-. Dijo mientras caminaba fuera del comedor.

-¿Me estás botando de tu casa, Maduki? Tú deberías a controlar a tú hija, es una salvaje-. Gritó Mitsu mientras agarraba de los brazos a Karin y la envolvía en un abrazo. Karin lloraba y me echaba miradas de rencor. Le sonreí cuando pasaron a mi lado.

-Si das, debes saber recibir, Karin-. Dijo mi abuelo mientras me soltaba. No uso el "pollita" y su frente se había arrugado aun más.

Al cabo de unos minutos, donde escuche los gritos que mi madre y mi tía intercambiaban, mi abuela se despidió de mí sin decir nada. Mi abuela ni siquiera me miró y se fue tomando la mano de mi abuelo. Cuando mamá llego al comedor, tenía una expresión rara en la cara y cuando dirigió su mirada verdosa a mí, soltó una risa extraña.

-Oh, Sakura. Si no lo hacías tú, lo iba a hacer yo. Pero claro, con Mitsu, no iba a tocar a esa mocosa de Karin. Oh, Sakura. Déjame verte-. Dijo mientras caminaba hacia mí. La mire como deberías mirar a una persona cuando te dice un disparate. ¿Mi mamá estaba riéndose por haber golpeado bestialmente a mi adorada prima? Oh, si.

-Estoy bien, sólo me duele la cabeza… supongo que me jalo mucho el cabello-. Mencioné mientras agarraba un mechón entre mis dedos y lo examinaba.

-¡JA! La dejaste como papilla, hija-. Dijo en el momento en que se sentó a mi lado y acuno mi cabeza entre sus pechos. Recordé su imagen de hoy en la mañana, en la ducha, tocándome. Pero solo había sido una pesadilla. Ignoré la sombra que estaba a mi lado, y me concentré en las caricias que mi mamá me daba en el cabello-. Esto ha sido mejor que ver una pelea de gallos, wow, sakura, ¿Dónde aprendiste eso? No me he sentido tan orgullosa de ti… bueno sí, en el momento en que aprendiste a delinearte los ojos, pero esto es una cosa de otro mundo. La perra de Karin quedo como papilla. Y que Dios me perdone, es mi sobrina pero de tal palo tal astilla.

-Tienes razón, mamá-. Fue lo único que pude decir, porque el cansancio me invadió por completo.

-¿de verdad no tienes hambre?-. preguntó mientras me abrazaba como si fuera una niña pequeña. Acurrucándome en su regazo.

-No, mamá. Sólo quiero dormir.

-¿Tomaste tus medicamentos?-. volvió a preguntar. Su abrazó su rompió.

-No, ahorita lo haré.

-¡Sakura! Sabes que debes tomarla a la hora, si te retrasas…-. Callo de repente.

Sabía lo que diría.

-Lo sé, mamá. Tuve un día muy agitado, prometo que no se me olvidará-. Dije mientras me levantaba. Mamá se levanto aun más rápido que yo y tomó mi mano entre la suya y me llevo al baño de la planta baja. El baño se encontraba debajo de las escaleras y no tenía ducha. Las paredes estaban pintadas de un amarillo claro, con una cinta en el medio de flores purpura y verde manzana. Ahí mamá guardaba un botiquín de primeros auxilios y cuando me dejo sentarme en el inodoro, comenzó a sacar cosas del botiquín. La enorme cruz roja que estaba en el medio de la caja de madera me hacía temblar. De niña le tenía miedo a esa caja blanca con cruz roja, porque sabía que mamá sacaba el alcohol que picaba cuando me caía. Y también sacaba las inyectadoras cuando le tocaba suministrarte unos antibióticos. Esperé a que sacara el algodón y cuando le roció alcohol encima, no pude evitar reírme. Mi propia madre me había felicitado por darle la paliza del año a su adorada sobrina.

Cuando el algodón lleno de alcohol se poso en mi labio inferior, no pude aguantar las ganas de llorar y mamá se vio conmocionada por ello, y al cabo de unos minutos, Meduki me estaba consintiendo como si aun fuera aquella adolescente que estaba perdida en el maravilloso país de las maravillas tóxicas y radiactivas.

Más tarde salimos del baño, mientras ella no dejaba de mirarme de reojo. Sus miradas pasaban desde mi cara hasta mi ropa, y sabía con certeza que mi imagen no era la mejor. Había visto mi reflejo en el espejo del automóvil de Ino, y ciertamente, estaba echa un desastre. Pero mamá no dijo nada, y yo tampoco.

-¿Segura que no quieres comerte algo?-. volvió a preguntar mientras se detenía al lado de la escalera y yo seguía caminando hasta subir un escalón. Mamá tenía un vestido de encaje. Era ajustado en el pecho y no pude evitar mirar como sus senos eran aplastados por la tela verde del vestido, y el encaje rodeaba la cintura hasta caer hasta las rodillas. Mamá era hermosa y joven. Podría decir que es mi hermana mayor y todos me creerían.

-No, sólo quiero dormir-. Dije mientras subía lentamente los escalones de la escalera de madera. Miré la pared de los retratos (como lo llamaba de niña) y sonreí cuando vi una foto de mi mamá maquillada por mí. El rojo del labial estaba esparcido de manera desordenada por su boca y las sombras de ojos estaban embarradas desde el parpado superior hasta el inferior. Y sin mencionar el verde que estaba pintando sus cejas. Y la niña que estaba detrás, con una sonrisa sin dientes delanteros, y con una brocha en la mano, mientras la otra se aferraba a la manga de su camisa.

Miré hacía atrás y miré a esa mujer que una vez dejo que su hija jugaba con ella. Aquella mujer que decía "¡Si no te comes los vegetales vas a ser una niña fea y las Harunos somos hermosas, así que come, come!" o que en ciertas ocasiones hacía pastel de vainilla para que su hija pudiera tragar como una vaca.

Mamá me sonrió y con un "Buenas noches", terminé de subir las escaleras. Caminé hasta el pasillo que daba hacia mi habitación, las luces estaban apagadas, y la única luz que iluminaba era la que provenía del sótano. Supuse que Meduki había sacado la vajilla nueva (que nunca usábamos) que estaba siempre guardada en el sótano, y por eso estaba abierto. Cerré la puerta, sin colocarle el seguro a la puerta. «Quizás lo cierre más tarde cuando suba a guardar lo que uso…» pensé mientras giraba pies para ir hacia mi cuarto. Al entrar, las luces estaban encendidas y la pequeña lámpara blanca aun seguía encendida. La cama estaba tal cual la deje; sin contar la toalla que había usado para secar mi cuerpo, y la ropa esparcida a pocos metros del closet. Me agache para recoger la toalla, y el olor a humedad inundo mis fosas nasales. Aun seguía húmedo y la puerta del baño estaba cerrada. No recordaba haberla cerrado, pero sinceramente, ya poco recordaba de lo sucedido en la mañana; a excepción de la alucinación.

Me tomo 15 minutos organizar mi cuarto. Había divido la ropa en dos bultos, unas que estaban limpias e irían de nuevo al closet, y las que olían mal e irían directo a la cesta de ropa sucia. La toalla la había dejado encima de la puerta para secarla un poco, mientras agarraba toda la ropa sucia y la arrojaba en el cesto. Cuando el piso estuvo liberado de ropa y paquetes de galletas, supe que tenía que hacer algo con mi cuerpo. Olía a cosas que no deberían ser nombradas para una señorita.

Cuando me desvestí, un papel cayó de mis pantalones. Y recordé que había sido el papel que Sasuke había dejado en mi pierna, y sabía con certeza que se trataba de su número telefónico. Y efectivamente, al cogerlo vi los dígitos y su nombre en la parte de arriba. Camine hasta mi cama donde había dejado mi bolso y busque mi teléfono. Y sin pensarlo dos veces, escribí un mensaje de texto.

«Dejaste tu número de teléfono por "accidente" en mi pierna, y "accidentalmente" tuve que avisarte. SH.» teclee la palabra "Enviar".

Sali corriendo hacia al baño, no me detuve para buscar una toalla nueva, ni mucho menos para esperar su respuesta. Entre a la ducha a lo bestia y comencé a mojar mi cuerpo de manera desesperada. Estiré mi brazo para agarrar la barra de jabón y comencé a frotarlo por mi cuerpo. Y al cabo de uno minutos, ya había acabado con la tarea de enjabonar y enjugar mi cuerpo. Y si, había lavado mi cabello por segunda vez en el día.

Salí de la ducha, sacudiendo mi cuerpo y apretando mi cabello en un mechón para escurrir el agua; caminé, desnuda y mojada hasta mi cuarto. Y cuando vi mi teléfono vibrando en la cama, supe que tenía que vestirme rápido y contestar. Una panty y un camisón se deslizaron por mi cuerpo rápidamente y sin pensarlo dos veces, me arroje a la cama, tomando mi teléfono en las manos. Y olvide que eran las 5 de la tarde, y algo debía hacer a esa hora. Algo debía tomar.

«¿Sakura Haruno me ha enviado un SMS? OMG :O »

Le respondí.

«Sí, y Sasuke Uchiha me dejo su número telefónico para flirtear conmigo. OMG »

Reí como tonta y espere. Dos minutos después sonó mi teléfono.

« ¿Te sientes bien? »

Y respondí: «Si, ¿y tú?»

«Ahora lo estoy :) deberías dormir. »

Cerré los ojos mientras soñaba despierta y sostenía el teléfono en mis manos.

«Sí, debería dormirme. ¿tú lo harás?» Y enviar.

Cuando abrí los ojos, una criatura oscura gateaba en el techo de mi cuarto y torcía su cabeza para mirarme. De su boca salía sangre y sus ojos brillaban como un granate oscuro. Las extremidades tronaban cada vez que sus brazos tocaban el techo y cuando estuvo cerca de la lámpara, la luz tintino levemente, mientras él desaparecía y volvía aparecer.

Cerré los ojos nuevamente.

El teléfono sonó en mis manos y tuve que volver a abrirlos. Pero está vez la criatura había desaparecido y una idea surgió en mi cabeza.

«Buenas noches, Sakura. No te pierdas, ¿va?»

Y respondí.

«Va :) »


¿qué les pareció? ;D

Espero que les haya gustado, me reí en cierta parte (supongo que ustedes también se rieron en la misma parte).

Muchas gracias por todas esas personas que visitan la historia. Me he sorprendido de los países que salen en el historial de visitas. Es genial.

Y como ya saben algunas, me he estado comunicando por privado con aquellas personas que tiene cuenta. Les he respondido sus review y dudas con respecto al capítulo. Me gusta mucho conversar con el lector, así que no esperes a una autora que nunca responde los review ni da las gracias por ellos, porque Anaid no lo es kjdkd :D

Agradecimientos:

_ yoko midori chan, Holaaa! ¿cómo estás? muchas gracias por tu comentario :D me agrada que el fic te mantenga intrigada. Espero que puedas hacerte una cuenta para charlar o aclararte las dudas que tenga. Y si no, no importa, aquí, al final de cada capítulo te responderé gustosamente :D sayonara!

_MUCHAS GRACIAS NUEVAMENTE POR DEJAR SUS REVIEWS, FAVS Y FOLLOWS. EL SIMPLE HECHO DE VISITAR LA HISTORIA ES MUY GRATIFICANTE PARA MÍ. NO DEJEN DE HACERLO :D PORQUE ES GENIAL. SU GRANITO DE ARENA AYUDA QUE MI INSPIRACIÓN FLUYA CAPÍTULO TRAS CAPÍTULO.

*Nota importante: Si no tienes cuenta y deseas preguntar algo sobre el capítulo, puedes dejar tu comentario. Es sencillo y no te exigen que tengas una cuenta. Así que comenta :D