EL ALETEO DE UNA MARIPOSA
Capítulo 11.
Una vez escuche que sólo las personas que estaban mal de la cabeza, podrían llegar a pensar cosas horribles. También había escuchado que si pensabas en esas cosas, terminabas siendo un criminal. Pero nadie había dicho que eso era parte del ser humano, y que la mente era un colador. Los pensamientos fluirían a través de el, y sólo algunos serían capaces de quedar intactos. Sin embargo, ¿Qué pasaría si algunos de esos pensamientos llegaran a tu mente gracias a la influencia de otra persona? Fácilmente puedes sucumbir antes tentaciones, o bajo una fe mas allá de los paradigmas sociales. Pero la realidad iba más allá del pensamiento "normal" de la sociedad, porque la mente podría llegar a ser tan sucia y descabellada como veíamos en las películas de ficción. La realidad no se escapaba de la ficción. Y la ficción, podría ser considerada una fantasía que torturaba el deseo y las ganas de experimentar.
Al cabo de poco tiempo, una persona "normal", cuya educación había sido forjada para ser una persona correcta y cuya moral iba y venía desde frases cómo: "eso no se puede hacer", "tal cosa es mala" o "es incorrecto". Al diablo con todo, diría mi buen amigo. Al diablo con la sociedad, con los paradigmas y con la mentalidad correcta. Porque los demonios asechaban de maneras que no puedes imaginarte. Y a pesar de la moral, ética o religión, todos teníamos a un demonio al lado. Un buen amigo que de vez en cuando te dice qué hacer. Ese amigo que mantenemos en secreto porque nadie entendería de él. La maldad tenía un lado de la moneda que era dulce y placentera, pero, si llegamos a esconderla, algún día dominará toda la moneda y sólo tendrás una versión cruda de ella. Porque, maldita sea, la mente era una caja de pandora con muchos secretos, espacios vacíos y demonios ocultos.
Y en la guerra, entre el bien y el mal, ¿Quién ganaría? ¿habría algo que neutralizará todo? Si. Había un cambio inesperado en la ecuación. Un cambio de variable que cambie el resultado. Pero no hoy.
A las 8:40 de la mañana, no podría pensar en nada más. La noche había sido una burla por parte de Morfeo. 3 horas durmiendo, una despierta, 4 horas más durmiendo y una más en vela. Aun así, al levantarme, sentía mis pies un poco ligeros, y un picor en la garganta. Y ahora que estaba llegando a la clínica, no podía dejar de pensar en Sasuke. También en Karin. Y un poco en mí. Sabía lo que estaba sucediendo, pero una pequeña parte de mí, se negaba a reconocerlo. Algunos lo llamarían locura, y otros más, "amor-a-la-segunda-vista". Podría contar con una sola mano, los días en que llevaba conociendo a Sasuke, y era imposible para mí, manejar la palabra "amor" y "Sasuke" en la misma oración. Tampoco pude analizar bien lo sucedido la tarde de ayer. Mi accidente con Karin. La herida en mi labio inferior contaba otra historia; una historia donde había actuado con violencia hacia un familiar. Y aun más patético, había pensado que era mi tía la que estaba debajo de mí, siendo atacada por mis puños. La caja de antipsicóticos que se encontraba en la mesa de noche, demostraba que día a día, una tableta iba desapareciendo. Por alguna razón, no recordaba el proceso de huida. Donde la tableta entraba a mi boca, se situaba en mi lengua y viajaba al mundo húmedo y oscuro de mi estomago.
Mamá analizaba con sus ojos verdes, escruñiendo cada centímetro de mí, y cuando hacía la pregunta del millón, mentía. ¿Cómo le explicas a tu madre, que no recuerdas si tomas las pastillas? ¿Cómo la convences de que no se ponga a llorar y te interne en la clínica mental? Lamentablemente, en la escuela no te enseñaban a confrontar a madres lloronas e histéricas. Ino decía que el proceso del embarazo nos hacía lloronas, y sencillamente, estaba en el gen femenino. Pero los genes de mi familia eran sanos. Los Harunos eran personas sanas, con ojos verdes y una vida vigorosa. Pero mientras esperaba en las escaleras, sentaba en el suelo mientras miraba como llegaba la gente, podría decir que mis genes estaban podridos. Una manzana podrida. Al poco tiempo, la psicóloga Sango, llegó. Me levante con un poco de dificulta, porque los jeans ajustados se habían pegado a mí como una segunda piel, y en el momento de levantarme, sentí como el pantalón se bajaba en la parte trasera y se apretaba a mis caderas. Sango era anticuada, con su traje gris de dos piezas y su cabello planchado. La mujer miraba de un lado a otro, moviendo su dedo índice, contando cuantas personas habían asistido hoy. Al mirarme, sonrió leventemente.
–Buenos días, ¿cómo se han sentido el día de hoy? – decía mientras abría su maletín y sacaba unas fichas. Muchos bostezaron y algunos –como yo–, estábamos mirando a Sango con pereza. La mujer seguía hurgando entre sus cosas, sacando papeles, fichas y marcadores de pizarra. La habitación era grande, y parecía un salón de secundaria, con sillas alineadas que formaban un círculo, donde cada uno de los pacientes –incluyéndome– estaban sentados, dejando libre, una silla –que suponía que era para Sango–. Todos contestaron un "bien" en coro, mientras la mujer cerraba el maletín y traía en sus manos una carpeta marrón. Se sentó en la silla, mientras colocaba la carpeta en sus piernas y procedía a abrir los botones de su chaqueta–. Que bien, me parece excelente. Hoy trabajaremos en una actividad grupal. Les mostraré una imagen y deberán asociarla con una palabra, y luego explicarán el porqué.
Cuando mostró la imagen, que consistían en una mancha, todos exclamaron un "oh" mientras veían y unos pocos, se acercaron para observarla con mas detenimiento. Estaba en la mitad del círculo, así que tuve que esperar que 5 personas (el lado izquierdo del círculo) hablaran para que me tocara. La chica de ayer –la del humor sarcástico–, había hablado de manera fría cuando dijo que la imagen le parecía una vagina. Y su palabra había sido "vagina", entonces cuando Sango abrió sus ojos, explicó: "La mancha es similar a una vagina, y usaré la palabra misma como mi asociación".
– ¿Sólo eso dirás, Carly? –. Preguntó Sango, mientras pestañaba varias veces, observando a la chica –Carly– que mascaba un chicle color rosa, haciendo un ruido insoportable.
–No, diré otra cosa–. Dijo mientras se sacaba el chicle y lo pegaba debajo de la silla. Sango abrió la boca dispuesta a decir algo, pero Carly habló antes–. Me recuerda que tengo dos meses sin tener sexo.
Sango abrió los ojos aun más –si era posible–, y todos comenzamos a reír. Carly sonrió de lado mientras acomodaba su camisa negra, que hasta hace poco estaba muy baja y dejaba ver su sostén del mismo color.
–Wao, que interesante–. Dijo Sango mientras barajeaba las fichas que tenía en su mano, hasta decidirse por otro más–. ¿Estás segura que es lo único que te trasmite la imagen? –. Pregunto mientras levantaba una de sus cejas y esperaba atentamente la respuesta de Carly. La susodicha solo asintió mientras cruzaba sus brazos.
Sango suspiró y se rasco el puente de la nariz mientras miraba al siguiente en la fila. Un adolescente con acné en las mejillas y sobrepeso. Mi teléfono vibro en mi pierna y deje de mirar de reojo al chico –cuyo nombre era Kuren–. En la pantalla decía Mensaje: Sasuke Uchiha.
–«Buenos días, ¿estás en la terapia? Hoy estaré ayudando a las enfermeras con los pacientes.» leí lentamente cada palabra hasta que levante la mirada y fui consiente del silencio en la habitación. Todos me miraban con reproche y Sango, taconeaba sus botas en el suelo, mientras su otra pierna se encontraba estática. Musite un "disculpen" y guardé mi teléfono. Sasuke podría esperar unos minutos.
–Es tu turno, Sakura–. Declaró Sango.
Trague saliva, y limpie la palma de mis manos con la tela del jean. Respiré hondo, dispuesta a observar la imagen y decir algo sencillo para salir de eso. Pero la mente jugaba sucio, y cuando la ficha que sostenía Sango entre sus manos, vi a Sasuke, en mi habitación, colgado de una soga –que rodeaba su cuello–. Sus ojos estaban abiertos, observándome, y de su boca caía una línea de sangre que rodaba basta su cuello. La imagen estaba estática, sin movimiento; pero en un momento, vi como el cuerpo inerte de Sasuke, se balanceaba de un lado a otro. Grité.
–¿Sakura? ¿por qué gritaste? –. Sango había atravesado la distancia que nos separaba y estaba arrodillada al frente de mí. La observe mientras ella me mirada preocupada. Carly me sonreía y me pregunté si ella había sido capaz de ver lo mismo que vi. Sango seguía hablándome, y no podía hablar. Maldición, lo había jodido todo. Ahora mismo, ella iba a mandarme directo al consultorio del doctor Uchiha.
–Sí, estoy bien…–. Logré decir mientras cerraba mis ojos y buscaba una excusa.
–No lo estás, Sakura. Algo te perturbó al ver la imagen, y debes decirme. Para eso estoy aquí–. Explico Sango, sus manos estaban en mis rodillas y su expresión de volvía analítica.
Una idea cruzo por mi mente como una estrella fugaz.
–Olvide que hoy es el cumpleaños de mí mamá, y no compre el regalo–. Dije, tratando de sonar triste. Sango mostró sus dientes con una sonrisa de lado.
–No me vas a engañar con ese cuento, Sakura–. Dijo. Se levanto rápidamente, sin dejar de mirarme seriamente y finalmente, cruzando sus brazos fuertemente.
–Es la verdad. Seré una enferma mental, pero no soy mentirosa. ¿quiere que le enseñe mi agenda? –. Abrí rápidamente mi cartera, buscando la "agenda".
–Detente, Sakura. No hace falta que me enseñes nada. Aun así, tu reacción fue de horror.
Saque las manos del interior del bolso y subí la mirada hasta conectarla con la de Sango. Preparé la explicación más rompe tensión del mundo.
–Si, vera…–. Suspiré mientras me abrazaba a mi misma, y fruncía el seño–. Mamá y yo tenemos una tradición cada año, en su cumpleaños. Tengo que ir al centro comercial "El lago" y comprar una torta de zanahoria y cantarle cumpleaños a las 12 PM–. Expliqué. Las ideas eran estúpidas en mi mente, y traté de que tuvieran sentido al pronunciarlas.
– ¿y eso que tiene que ver con tu reacción al ver la imagen? –. Pregunto.
Mierda
–En ese momento recordé que cuando fui a mandar a hacer la torta, me dijeron que debía buscarla en… media hora.
Sango sonrió cínicamente.
– ¿Y quieres salirte de la terapia? –. Volvió a preguntar.
Asentí levemente. Insegura. No tenía ni idea de que quería hacer, pero si sabía, que no quería volver a mirar las fichas de la terapeuta.
–No lo harás. La actividad de hoy es muy importante. Y sólo durará poco tiempo. Si tienes el número de la pastelería, podrías avisar que llegarás un poco tarde.
–Que buena idea–. Masculle entre dientes, obligándome a embozar una sonrisa.
Sango caminó hasta su silla, y volvió a sentarse. Barajeo las fichas y sacó una nueva.
–Probemos con otra, ¿te parece? –. Me miraba como a una alumna que intenta sabotear una clase. Mostró la imagen y algunos comenzaron a susurrar. La imagen tenía forma de murciélago, o mariposa. O hasta, una vagina. Me reí cuando pensé lo último y no pude evitar, mirar de reojo a Carly. Asentí y procedí a hablar.
–La imagen parece una mariposa, y la asocio con la palabra "Libertad". ¿por qué? Porque de pequeña fantaseaba con ser un ave, o bueno, más bien con tener alas o algo así–. Explique, mientras las palabras salían de mi boca sin pausas y sin titubeos. Añadí–: No recuerdo muy bien, pero quería volar. Y tener alas, es una de las maneras de representar la libertad. Tener alas, volar y ser libre.
Sango aplaudió.
–Ves, Sakura. No era tan difícil. Aquí todos somos un equipo, y vamos a apoyarnos–. Mencionó.
No pude escuchar más, porque la siguiente persona a mi lado, comenzó a hablar y terapeuta no paraba de taconear. Sango parecía una niñera que te felicita si logras avisar que tienes ganas de hacer pupú. Mi explicación había sido una babosada sin coherencia. Un adolescente de 14 años podría decir algo mas elaborado.
Al cabo de 10 minutos, todos habían participado en la ruleta. Sango hablaba sobre lo importante que era tener en claro la percepción que teníamos sobre la vida. Y los significados que podríamos llegar a darle a algo tan sencillo como una imagen. También mencionó lo importancia de la actividad en grupo y el fin de que cada persona escuchara las versiones de cada persona. «La finalidad de esta terapia es que el paciente pueda interactuar normalmente con la sociedad. Esta prueba, que si algunos ya sabrán, es un test psicológico, se hace en privado. Porque eso le permite al doctor analizar la respuesta del paciente y a su vez, el paciente se siente cómodo de poder decir cualquier cosa. Pero yo no soy su psicóloga, ya que todos ustedes tienen su psicólogo privado. Y él es el que se encarga de esas cosas. En esta terapia haremos actividades para desarrollar la tolerancia al grupo, y eliminar el miedo y el desequilibrio emocional. Y bla bla grupo bla bla terapia bla bla actividades» la mujer seguía parloteando lo mismo una y otra vez. Carly comenzó a hablar, dando su opinión sobre las probabilidades que un paciente sanará con la terapia y Sango enrojeció.
Aproveche el pequeño y caluroso debate que tenían para responder el SMS que Sasuke me había enviado. Y titubee. Mis manos temblaron levemente cuando saque presione el botón delantero y la pantalla se iluminó. El mensaje de Sasuke seguía ahí. La imagen de su cuerpo colgado –y muerto– en mi habitación regreso a mi mente, y me obligue a respirar lentamente, porque el pulso en mis venas se aceleró y el picor en mi lengua se acentuó. Un pequeño escalofrió recorrió la piel de mi espalda baja hasta mi cuello. Y todo se va a la mierda, cerezo. Hubiera dicho el señor amable, si estuviera a mi lado en este instante. Sin embargo, si aparecía o no, la sensación sádica que recorría mis venas era tan asombrosa que nada de lo que pudiera hacer o decir, iba a asustarme. Porque esto no salía en Internet.
–Creo que eso es todo por hoy, mañana haremos un compartir en el jardín, así que traigan lo que puedan. La clínica hace recaudaciones para poder realizar estas actividades, así que el comedor me otorgará la comida necesaria para hacer el picnic–. Sango caminó hasta su escritorio mientras hablaba y sonreía. La pollina le caía en el ojo izquierdo y en un momento, soplo hacia arriba. Su labio inferior sobresalió en la tarea y el cabello que estaba encima de su ojo, se movió levemente–. Sin más que decirle, nos vemos mañana. Pasen un feliz día y recuerden: Todo cambio comienza con un paso a la vez. Cualquier paso que den, por más pequeño que sea, los ayudará a superar esta etapa. –. Finalizo.
Sujete mi bolso y lo coloqué en mi hombro izquierdo. Mis manos estaban sudando y hacía que la tarea de sujetar el teléfono fuera difícil. Carly fue la única que permaneció sentada. Con la mirada perdida y con las piernas abiertas. Caminé rápido hasta salir de la habitación. El calor del pasillo traspaso la tela de mi camisa blanca de algodón y se pego a mi piel. Evidentemente, no ayudo a mi creciente ansiedad. Unos cuantos pasos más y decidí llamar a Sasuke. El teléfono repico unas 4 veces y finalmente, la voz de Sasuke con un "¿Alo?" llegó hasta mis oídos.
–¡Sasuke!, es Sakura–. Mi voz había sonado chillona.
–Hola… ¿Dónde estas? –. Fue al grano, como siempre. Típico de Sasuke.
Detuve el paso.
–Saliendo de la terapia, ¿y tu?
Se escuchaba otra persona hablando con él, y la risa de personas.
–Ven al área de recreación-. Dijo y sin darme chance a replicar, colgó la llamada. «Hombres y Sasuke Uchiha» pensé. Camine lentamente, y cuando baje por las escaleras, sentí la presencia de alguien a mis espaldas. « ¿Será…?» cerré los ojos y detuve el paso. La presencia se detuvo en el momento en que detuve el paso.
–Deberías dejar de mentir–. Dijo una voz detrás de mí. Baje un escalón más y me di la vuelta, mientras me aguantaba del barandal. Era la chica de la "vagina": Carly. La mira sin decir nada, y ella sonrió con sorna.
– ¿Qué quieres? –. Pregunté.
– ¿De ti? Nada. Sólo me pareció tan patética tu mentira para zafarte de la pregunta de la tipa esa. Por un momento pensé que eras genial, pero eres patética. Ni yo, que tengo problemas patéticos, soy tan patética.
¿Qué carajos estaba pasando?
–No es tu problema-. Masculle con rabia.
Ella comenzó a reír, y yo también en el momento en que vi la sombra que estaba detrás de ella.
– ¿Te da risa ser tan estúpida? Sabes, estoy en esta terapia porque mi abuela no soportaba verme cortándome, y decía que las personas patéticas como yo eran mentirosas. ¿Qué crees? Tú lo eres.
En ese instante, mi recuerdo de lo agradable que me había parecido hace dos días, se había esfumado. La rabia me estaba consumiendo y los dientes de mi amigo amable comenzaron a salir.
–No te metas conmigo, Carly–. Escupí las palabras mientras me daba la vuelta y observaba los alrededores. No había nadie. Baje las escaleras finalmente, hasta quedar parada en el descanso y ver desde abajo la figura de Carly, mientras el cuerpo delgado y alto de mi amigo, iba acercándose lentamente hasta estar a pocos centímetros de ella.
–Serás mi diversión aquí, Sakura–. Soltó con cinismo. Sus ojos marrones brillaron y en su boca se formó una sonrisa traviesa.
–Te lo repito, Carly. No te metas conmigo–. Grité.
–¿O qué?-. Desafió. Seguía en el mismo lugar, y esta vez, las manos largas y putrefactas de la sombra, estrujaron su cuello desde atrás.
–O te haré volar–. Dije. Pero no fue mi voz la que salió de mi boca, fue una voz que yo conocía a la perfección. Cerré los ojos.
Un grito. El sonido de huesos partiéndose y una risa siniestra, me hicieron abrir los ojos nuevamente, y a pocos centímetros, estaba el cuerpo de Carly, en el suelo, inerte. La sangre salía de su cabeza. Sus ojos estaban abiertos, observándome. Y su brazo derecho estaba siendo aplastado por su peso. «Siempre te protegeré, cerezo» alrededor de su cabeza se fue formando un charco de sangre.
–Abracadabra–. Dije. Di dos pasos hasta quedar cerca del cuerpo inmóvil de Carly. Me agache hasta quedar arrodillada. Sus ojos estaban perdidos, sin vida. Había muerto. El golpe que había recibido en la cabeza se veía lo suficientemente amenazador para pensar que había acabado con su vida. Miré hacia arriba, y mi amigo seguía riéndose. Su risa era tosca y siniestra. Y de su boca salía sangre fresca, la sangre de Carly.
Sonreí.
"Área de recreación"
No olvidaba la primera vez que había entrado en ese lugar, y la impresión que había tenido cuando entré. Seguía igual, pero el ambiente había cambiado. Porque tanto ancianos como niños, se encontraban rodeando una de las esquinas del enorme salón. Los niños estaban sentados en el suelo, uno al lado del otro. Y los ancianos en sillas –otros en su silla de rueda–. Las enfermeras estaban en cada esquina, y justo en el medio, vestido con unos pantalones grandes de arcoíris, una camisa negra y con una nariz roja encima de su nariz, estaba Sasule–misterios–Uchiha. Los niños gritaban un "si", mientras Sasuke hacía un acto de magia. De sus bolsillos saco un pañuelo de seda, y luego otro, y otro. Los niños estaban impresionados y los ancianos reían. Y en eso, una payasa, con una peluca rosa y la cara pintada de blanco y rojo, entró a escena.
–Oh, amado mío, ¿Qué estás haciendo con los pañuelos? –. Dijo la payasa.
Sasuke abrió la boca formando una gran "O" y se llevo las manos hacia la cara.
–Oh, amada mía. Les estoy haciendo un truco de magia a mis amigos–. Dijo mientras pataleaba y hacía un berrinche.
La payasa comenzó a negar con la cabeza mientras decía "no, no y no".
–Eso no era un truco de magia–. Dijo mientras se agachaba, guiñándole el ojo a una niña–. Te enseñaré un verdadero truco de magia. Pero necesito un ayudante. ¿Alguien desea ayudarme?
Un niño –de unos aproximadamente 10 años–, se levanto rápidamente sin darles tiempo a los otros niños. Caminó a través de lo niños más pequeños y finalmente, se situó al lado de Sasuke.
–Muy bien, ¿Cuál es tu nombre? –. Preguntó el niño. En ese momento, Sasuke se inclinó hacia el niño y le susurró algo en el oído. El niño comenzó a reírse.
–Me llamo "NoereMaga" –. Mascullo mientras se reía y se aguantaba la barriga. Miró a Sasuke, que se reía igualmente. La payasa abrió la boca impresionada y miró molesta a Sasuke.
–Amado mío, eres muy malo. Él no se llama así–. cruzó sus brazos en el pecho y comenzó a saltar.
–Ok, vamos, haz el truco. Todos verán que yo soy mejor que tú–. Reto Sasuke, mientras volvía a sacar pañuelos de sus bolsillos, sonriendo y corriendo en círculos.
La payasa levanto los brazos encima de su cabeza y comenzó a recitar palabras.
–Un beso, un abrazo, flores, caramelos y ¡chazan! –. Le dio la vuelta al público y cuando volteo, llevo sus manos hacia su espalda–. Ahora, debes decirme las palabras mágicas para poder terminar el truco–. Se dirigía hacia el niño.
El niño asintió y se coloco al frente de ella.
–Abracadabra, patas de cabra y… –. Se callo de repente–. No se lo que sigue–. Susurró mientras metía sus manos en los bolsillos.
–No importa–. Dijo Sasuke.
En eso la payasa, saco de su espalda una bolsa llena de golosinas. Los niños gritaron y comenzaron a rodearla.
–Ganaste, amada mía. Eres mejor que yo–. Dijo Sasuke, mientras se ponía de rodillas y hacía una reverencia con las manos. Había estado parada observando todo el espectáculo, y justo en ese instante, caí en cuenta que la mujer vestida de payaso era Linda.
Sasuke buscó a Linda y comenzó a bailar con ella. Se tomaron las manos y comenzaron a dar vueltas mientras cantaban "Uno, dos, tres, todos a bailar, uno, dos, tres, todos a jugar". Todos se veían felices y joviales. Sin nada porqué preocuparse. Sin ninguna enfermedad por el medio.
Cuando terminaron, camine a través de la gente hasta acercarme a Linda. Ella estaba quitándose la peluca rosada, y Sasuke estaba dándome la espalda mientras le pintaba un sol en la cara de una niña –Hina, si mi memoria no fallaba–.
–Hey, Linda–. Toqué su hombro.
– ¡Sakura! ¿Cómo estás? –. Linda tenía esas sonrisas resplandecientes con enormes dientes blancos y maquillaje color rojo pintando uno de sus colmillos. La peluca le había dejado el cabello sudado y su frente estaba reluciendo por las gotas de sudor que caían desde el cuero cabelludo.
–Bien, estuvo genial su presentación. No te había reconocido, Linda, te veías asombrosa con la peluca–.Mencione mientras veía como Linda volvía a sonreír de oreja a oreja. Sasuke seguía a espaldas de mí, y los niños habían comenzando a hacer una fila para esperar el turno en que Sasuke les pintara la cara–. ¿Hacen esto todo el tiempo o sólo por ésta vez? –. Pregunté.
–No, desde que Sasuke está aquí, lo hacemos todo el tiempo–. Mencionó. Se acercó a una mesa, donde había un recipiente lleno de pinturas, temperas y lápiz labial. Sacó un cofre con algodón–. Por cierto… ¿ya conoces a Sasuke?
Me reí en el momento en que escuche su pregunta.
–Si, ya lo conozco.
– ¿Y sabes que vive aquí, no? –. Volvió a preguntar. Tomo un algodón entre los dedos. Y con la mano libre, sacó una pequeña botella de desmaquillante del recipiente. La agito varias veces y estrujo el algodón en la tapa mientras esperaba que el algodón se humedeciera.
–Si, tú me lo dijiste–. Dije sin mas. Volví a mirar a Sasuke, y ahora estaba batiendo con un pincel –en un plato de plástico–, la pintura que iba a usar en una niña.
Metí mi mano derecha en el bolsillo trasero de mi pantalón, sintiendo como mi mano estaba empapada en sudor y como la tela del jean la iba absorbiendo como una esponja. Linda comenzó a frotar el algodón por la piel de su cara. La piel blanca como papel que tenía hace unos segundos, se fue reemplazando por una tez más nívea y pareja. Y no tan enfermiza y terrorífica como la de una muñeca de porcelana. Arrojó el algodón en la mesa, mientras volvía a tomar otro y repetía la misma tarea de empapar el algodón con el líquido espeso del desmaquillante, y finalmente, frotar el algodón en su cara.
–Cierto, no lo recordaba. Y si, gracias a Sasuke podemos hacer estas cosas. Según él, era bueno que los pacientes pasivos tuvieran un poco de diversión, así que lo hacemos cada 15 días. Aunque a veces, me quedo sin ideas y Sasuke termina improvisando y haciendo locuras–. Tomo una pausa, mientras pasaba el algodón por sus labios–. Hace un mes, mas o menos, si, un mes, compro un enorme pastel y cuando termino de hacer la presentación, lo repartimos y estuvimos toda la mañana comiendo pastel y riendo con los enfermos. Bueno, hasta que el doctor Uchiha nos regaño a nosotras por estar perdiendo el tiempo.
– ¿entonces que hacen para que el doctor no las regañe? –. Pregunté.
–Fácil. Sasuke le rogo delante de todos, arrodillado y hablando con voz de niño, y eso hizo que todos los pacientes escucharan y ya te imaginaras. El doctor no tuvo más remedio que aceptar esta actividad. Pero nos exigió que lo hiciéramos un día específico y en sólo dos horas. Desde las 8 hasta las 10. Pero Sasuke siempre se sale con la suya y a veces llegamos hasta las 12 haciendo juegos y cosas por el estilo–. Explicó. Su cara estaba completamente limpia, y ahora sólo quedaba un pequeño rastro de labial rojo en uno de sus dientes –el mismo diente–.
–Suena asombroso–. Felicite, sonriendo. Sin poder evitar echarle una mirada al chico que seguía sentado en el suelo, hablando como un tonto, mientras le pintaba lunas, soles, estrellas y caras sonrientes en los rostros de los niños.
Linda rió.
–Lo es. Créeme, cada vez que hacemos eso, los pacientes pasan el día sin sufrir ataques o recaídas. Sobretodo los niños y ancianos. Que son lo más difíciles de tratar. Es como si eso les ahuyentara la enfermedad por unas horas o incluso días–. Mencionó. Recordé el día de ayer, en el centro comercial, mientras Sasuke corría –conmigo en su espalda–, por todo el lugar, como si fuera un crió feliz.
No dije nada más. Me aleje de Linda, y caminé hasta una de las mesas para sentarme y esperar a Sasuke. Linda entró al baño y a los pocos minutos salió cambiada con el típico uniforme, que consistía en pantalón blanco y camisa de botones del mismo color. Su cabello estaba recogido en una coleta alta y en la mano derecha llevaba un pequeño morral. Cada una de las enfermeras comenzó a llevar a los ancianos a sus respectivos lugares, y otras más, iban limpiando el lugar donde minutos antes, había sido el acto de magia entre Sasuke y Linda.
Sólo faltaban dos niños más en la fila, y Sasuke tenía la agilidad de un cirujano en el momento de hacer los dibujos en las caras de los niños. Unos 5 minutos después –ya que el último niño, pidió dos dibujos, más elaborados que un simple: Sol, Luna o estrella–, Sasuke soltó el pincel en el plato y comenzó a guardar las pinturas en una caja de cartón. En ese instante, volteó para llamar a una de las enfermeras y su mirada choca con la mía. Sonrió leventemente. La bola roja que se encontraba encima de su nariz le daba un toque encantador y juguetón a su apariencia y desee abrazarlo hasta dejarlo sin respiración. Hasta quedar completamente saciada de tanto encanto.
Sasuke guardó rápidamente los envases redondos de tempera y escarcha, y como si fuera sacado de una película de miedo, comenzó a reír como un maniático. Me sobresalte al escucharlo.
–Soy un idiota. Use tempera y no fui capaz de pensar que si sudan un poco, se les va a caer–. Dijo. Una de las enfermeras negó mientras reía–. Tendré que huir o en un rato, cuando se les comience a deshacer, me van a obligar a hacerlo nuevamente.
–Deberías huir ahora mismo, niño. Si tu papá te ve aquí, te va a obligar a irte de la clínica de por vida–. Dijo una enfermera. No la conocía, ya que podría apostar que era la más vieja del grupo. Sus ojos eran de un azul claro, y las arrugas que adornaban los alrededores de su cara la hacían ver anciana.
–Si, lo haré–. Sasuke se levanto del suelo, tomando entre sus manos la caja de cartón. La coloco encima de la mesa, guardando el recipiente que hace unos momentos, Linda estaba usando. Y cuando terminó de guardar todo, se quitó la nariz roja de la cara y prosiguió a quitarse el pantalón de colores –que debía ser una o dos tallas más grande que él–, hasta quedar con un pantalón negro y la camisa negra. Doblo el pantalón y lo metió en la caja, y cuando tuvo todo organizado, se dio la vuelta, caminando hacia mi dirección.
–Hola–. Mascullo. Su voz me trajo recuerdos tormentosos y muchos otros –que estaban flotando en el aire–, que me causaron gracia internamente.
–Hola, Señor Payaso–. Por un momento mi cerebro había procesado la palabra "señor" y había querido mandar la palabra "amable" en la misma oración, pero mi lengua había frenado el –casi– proceso impulsivo.
– ¿Qué te pareció? –. Tomo asiento al frente de mí, y recordé la primera vez que lo había visto. Justo en el asiento donde estaba sentado.
–Divertida. Linda se veía adorable… aunque tú parecías sacado de una novela de terror, donde terminas comiéndote a los niños–. Sasuke bufo, mientras colocaba sus manos encima de la mesa.
–Sabrías que te dejaría como el postre. Nada como una Sakura luego de comerte a varios niños–. Sus manos se habían estirado hasta estar a centímetros de las mías–. Sencillamente, delicioso–. Finalizó.
– ¿Querías verme? –. Pregunté. Deje mis manos quietas, esperando que fueran sus manos las que hicieran contacto con las mías.
–Si te digo que siempre quiero verte… ¿te asustarías? –. Su voz se torno débil al final de la oración, y tuve que acercarme para poder escucharlo claramente. En sus ojos había un brillo extraño y una extraña sensación me invadió en la cabeza. «No piensas en ello, cerezo» hizo eco en mi cabeza.
–No, ¿por qué tendría que asustarme? –. En ese instante su mano derecha tomo uno de los dedos de mi mano izquierda. Encerró mi dedo índice y medio en su mano.
–No lo sé. Sólo pregunte…–. Murmuró aun mas bajo.
–Por curiosidad–. Dije antes de que él terminara la oración.
–Si–. Dijo pensativo. Su mirada estaba fija en la mano que ahora sostenía mis dedos y aun así, añadió–: ¿cómo te fue en la terapia?
Recordé nuevamente la imagen de él, en mi habitación, y un nudo se instaló en mi garganta, impidiendo el paso del oxigeno hasta mis pulmones. Mi lengua se seco casi al instante. Supe que no podría decir nada. Justo en ese momento, un vigilante entró a la habitación. Una de las enfermeras corrió rápidamente hasta llegar al lado del vigilante.
– ¿Qué sucede? –. Logré decir. La puerta se volvió a abrir, y de ella salió el doctor Uchiha.
–No sé–. Dijo Sasuke, que había soltado mis dedos rápidamente–. Quédate aquí, iré a preguntar.
Sasuke camino hasta su padre –que se encontraba hablando con el vigilante y la enfermera–, y cuando llego, su papá le regalo una mirada seria e inexpresiva. Se alejaron del vigilante y comenzaron a hablar. Algo estaba mal. ¿Pero que estaba pasando? Sasuke seguía asintiendo mientras su padre –mi doctor– hablaba. En un momento, Sasuke abrió los ojos como platos, y su ceño se frunció hasta formar una línea en su frente. El doctor Uchiha se acercó a Sasuke, y le dijo algo en el oído. Al cabo de unos segundos más, Sasuke se alejo de él y comenzó a caminar hacia mí.
– ¿Qué pasa? –. Me levante en el momento en que llego a la mesa. Sasuke rodeo la mesa hasta quedar a mi lado; me indico con la mirada que me sentara, y cuando se sentó a mi lado, hablo.
–Encontraron a una paciente muerta en las escaleras que dan hacia el segundo piso del edificio C. Al parecer se cayo de las escaleras… murió por un golpe en la cabeza–. Explico sin verme. Su mirada se encontraba fija en la mesa, y sus manos –que hace unos minutos atrás, habían estaba tocando mis dedos– estaban entrelazadas fuertemente.
– ¿El edificio C? ¡Ahí es donde veo la terapia! –. Chille.
–No grites, si los demás pacientes se enteran, entrarán en pánico–. Giró su cabeza hasta quedar al frente de mí–. Era una paciente del doctor Luck, un psiquiatra y estaba asistiendo a la terapeuta Sango. La policía esta investigando y al parecer no parece un suicidio, más bien pareciera como si se hubiera tropezado o si alguien la hubiera empujado.
– ¿Nadie vio nada? –. Pregunté, aterrada.
–No. Ahorita están interrogando a la doctora Sango, y según mi papá, la chica había sido la última en salir de la terapia–. Explico.
– ¿Quién era?
–Mmm… no recuerdo su apellido, estaba muy impresionado, pero se llamaba Car, o Carly. Algo así–. Su voz había salido en un susurro. Me quede helada cuando escuche el nombre. Era la chica del humor negro –la que me había sacado varias risas en el primer día de la terapia–.
–La conozco… bueno, digo, la conocí–. Dije. La lastima me inundo el corazón y tuve ganas de llorar. ¿Cómo alguien que conoces un día, puede morir al poco tiempo, sin darte la oportunidad de conocerla?
–Es lamentable. El vigilante se quedará aquí hasta que todo se calme–. Mencionó–. ¿Ibas a irte a tu casa? Porque dudo que te dejen ir.
–No, pensaba quedarme un rato aquí…–. Dije. Observe la cara del doctor Uchiha –tenía una barba de tres días rodeando parte de su cuello y barbilla, sin mencionar, las ojeras que tenía debajo de sus ojos–, que parecía darle indicaciones a las enfermeras–. Contigo.
–Papá me dio indicaciones de irme a mi habitación. ¿Quieres venir conmigo? –. En ese instante, la mirada del doctor Uchiha se poso en nosotros, y vi un destello de curiosidad en sus ojos.
–Si, no hay problema.
–Bien, vámonos de una vez–. Tomo mi mano y salimos por la puerta trasera –que daba hacia el jardín–. Atravesamos el enorme jardín hasta llegar a la punta del edificio residencial. A unos pocos metros estaba una escalera de emergencia, y sin titubear, Sasuke me llevo hasta ella y subimos unos dos pisos hasta encontrarnos con una puerta.
–Es irónico que subamos por unas escaleras, es jodidamente irónico–. Mencione mientras esperaba que él abriera la puerta.
–Lo sé, venía pensando en eso.
Cuanto entramos, quedamos en un pasillo angosto. Sasuke se aseguró de cerrar bien la puerta.
–Esta es mi entrada secreta para venir a dormir. A papá no le gusta que salga y entre como perro por su casa, así que me enseño esta entrada–. Caminamos a través del pasillo hasta que llegamos al final, donde una puerta doble, que tenía las palabras "Dormitorios" pegada en el medio, nos dio la bienvenida–. En ocasiones se me pierde la llave, y me toca ir a la habitación por la entrada principal, pero es tedioso tener que explicarle al vigilante que no soy un interno como tal.
– ¿Cuánto falta para llegar? –. El pasillo de los dormitorios, se dividía en dos pasillos más, y justo al final del pasillo derecho, había una puerta color blanco.
–Justo ahí–. Señalo con su dedo índice. Con el mismo llavero que había usado minutos antes para buscar la llave de la puerta que daba hacia las escaleras, sacó otra llave que utilizo para abrir la puerta. La habitación se encontraba a oscuras–. Antes era un consultorio, pero el doctor de aquí, fue asesinado por un paciente violento, y como los demás doctores se rehusaron a utilizar la habitación, le pedí a mi padre que me la diera a mí. Ahorita es mi habitación, y bueno, quien sabe… en un futuro puede ser mi consultorio–. Explico. Encendió las luces y un cuarto, se paredes blancas, cama individual, una biblioteca llena de punta a punta con libros, y una escritorio con un sinfín de hojas esparcidas, lápices y marcadores, también tenía un pequeño mesón –de 6 gavetas–, donde supuse, debía guardar su ropa. La cama tenía tres almohadas y la tela de las sábanas era de un negro con cuadros blancos–. Bienvenida a mi morada–. Dijo cuando entre y él cerraba la puerta detrás de mí.
–Gracias, es parecida a ti. Pero dime, ¿no te perturba que alguien haya muerto aquí? –. Me acerque al escritorio y observe dibujos de ancianos, niños y de algunas enfermeras. Había una cartelera en la pared; con base de corcho y había papeles e imágenes ahí.
–No, hay cosas mucho más perturbadoras que el hecho de que una persona haya muerto aquí.
Me giré y lo miré. Sasuke estaba sentado en la cama, con las piernas recogidas y los brazos cruzados.
– ¿Cómo cuales? –. Pregunté. Saque la silla que estaba en el escritorio y me senté, quedando cara a cara con Sasuke.
–Esta era la oficina del doctor que daba la guardia de la noche, para atender las emergencias que surgieran. Era un doctor que trataba especialmente con los pacientes violentos. Así que… básicamente, en la noche es una pesadilla–. Explico lentamente. Las palabras fluían de su boca como la lluvia que caía en mayo. Rápida y silenciosa.
– ¿por eso tienes ojeras? –. Pregunte y al segundo dije–: Tampoco podría dormir en un lugar como éste. Es aterrador. Y en mi caso, sería como dormir sobre lava.
–No duermo por lo que piensas. Ya me acostumbre a los gritos.
–¿Entonces?
Sasuke rió. Su mirada se concentró en la cartelera.
–Te contaré una historia–. Dijo. Sus ojos seguían destellando un brillo nostálgico y mágico. Y por un momento, me sentí ligera–. Había una vez, un niño; era un jodido renegado. Y por ello, era un total amargado. Era una porquería de persona. Sólo le interesaba su vida, y lo demás, era insignificante para él. Un día, luego de cambiarse de cuarto, se encontró con una muñeca. La muñeca podía hablar, y pensó, que se estaba volviendo loco, porque una muñeca tan bonita y pura como aquella, no podría hablarle a una escoria como él. Aun así, con el transcurso del tiempo, la muñeca lo fue cambiando. Hasta que el niño, logro superar los demonios que estaban en su interior. Y de un día a otro, cuando logro liberar los demonios que tenía por dentro, recibió un abrazo de la muñeca–. Hizo una pausa para tomar aire, cerrando sus ojos–. La muñeca lo envolvió en sentimientos que jamás hubiera imaginado experimentar, pero no conto que unos de los demonios iba a tomar venganza de su atrevimiento. Porque el niño estaba maldito, y los malditos no podrían amar. Esa noche, el niño durmió en su habitación, soñando con los ojos brillantes de la muñeca, y cuando los rayos de sol tocaron en su ventana, el niño se levanto rápidamente, corriendo hacia la otra habitación, para ir a escuchar la voz aterciopelada de la muñeca. Pero al entrar, la habitación estaba a oscuras, y había sangre en el suelo. Gritó desesperado, llamando a la muñeca, y cuando logró divisarla, la pobre muñeca había sido devorada por el demonio. Y en ese momento, al frente de él, se encontraba el demonio, con la misma apariencia de la muñeca, pero con los ojos del color de la sangre. El niño gritó, intentando llamar a su madre, pero no se había percatado, que la sangre que estaba en el suelo, provenía del cuerpo de su madre. Y tampoco se percato que la muñeca que estaba a pocos metros de él, no era su adoraba muñeca. Era el demonio que antes había sido su amigo. Que había sido parte de él. Y ahora, le había arrebatado a su madre, y había esparcido su sangre en el suelo de la habitación como un roció de agua bendita. Finalmente, el niño se arrodillo al frente del demonio, dispuesto a volver a recibirlo en su interior, pero el demonio era muy astuto. Así que le dijo que no volverían a verse más, porque él no tenía derecho a echarlo como basura, y por haberse atrevido a expulsarlo de su corazón, el demonio se iba a cobrar el corazón de su madre y el de su muñeca. El demonio le perdono la vida al niño, porque la muerte iba a ser un premio fácil, y porque la vida iba a ser su castigo–. Dejo de hablar. Su mirada había tomado un matiz oscuro y sus mejillas se habían sonrojado levemente.
– ¿Cómo termina la historia? –. Pregunté. A ese punto, mi corazón había tomado un ritmo desenfrenado y una punzada de dolor se había instalado en mi cabeza hasta hacer que mis oídos retumbaran. Las palabras de Sasuke me habían trastornado hasta niveles desconocidos.
–El niño quedo atrapado en un mundo oscuro y siniestro, con vida. Pero no era feliz, porque estaba solo. Estaba tan hundido en la tinieblas que no se dio cuenta que la muñeca había regresado, pero no era la misma. Al día siguiente, tomo el cadáver de su madre y a la muñeca. Y las enterró a ambas en un cofre. Un cofre de recuerdos. Cerro el cofre con una llave especial, y para no evitar más dolor, se trago la llave. Regreso a su casa, he ignoró los gritos que provenían del cofre. Los gritos de su muñeca. Fin.
–No duermes por los gritos de la muñeca, y el recuerdo de tu madre–. Dije. Interpretando su fantasiosa historia.
–Si –. Susurro. Bajo sus piernas hasta que sus pies tocaron el suelo. No había visto en qué momento se había sacado los zapatos–. ¿quieres saber otra cosa?
Asentí.
–La muñeca logró salir del cofre. Pero el niño creció y ella no logra encontrarlo.
– ¿Ese te paso a ti? –. Por un momento mi mente divago la posibilidad que la historia fuese real.
Sasuke se rió.
–No, claro que no. Ya te dije que mi madre se suicido. Nadie la asesino. Y tampoco jugaba con muñecas, fui más bien amante de dibujar. Si mi padre me hubiera encontrado jugando con una de esas, te juró que me castra–. Ambos nos reímos cuando dijo lo último. Pero algo no se sentía correcto.
– No entiendo… no soy buena captando la metáfora de una historia–. Estaba frustrada, porque mi cabeza de redonda y enfermiza no era capaz de darle un sentido a las palabras de Sasuke.
–La historia nació un día, cuando observaba un dibujo que hice hace 3 años. Así que, quise crear esa historia fantástica, porque a veces, pensar en la realidad es doloroso, y porque soy un dramático. Me encanta darle un toque de terror a todo–. Su tono de voz fue burlón.
–Ya…–. Susurre. Tenía la garganta seca. No recordaba cuantas horas tenía sin beber agua.
–Pero dime, ¿te gusto? –. Sus ojos me miraban soñadores, y aunque sus mejillas seguían rosadas, no daba el toque tierno que antes hubiera pensado. Sasuke se veía frágil y atormentado.
–Si, me gustó–. «En mí encontrarás la verdad, cerezo» ¿"la verdad"? ¿Cuál verdad?
Sasuke se acercó a mí, tomó la silla corrediza e hizo que me deslizará hasta él. Tomo mis manos y las abrazo entre las suyas.
«Ellos mienten, cerezo, mienten.»
¿Qué tal? :D Espero que les haya gustado.
¿Merece review, fav o follow? o/o
Disculpen que me haya atrasado con la actualización del capítulo. Pero no pude. La semana luego de subir el capítulo 10, viaje a otra ciudad. No tenía internet ni tiempo para escribir. Luego, cuando regrese, me dio una gripe terrible (la misma semana que empece a clase, por cierto). Así que estos días han sido duros para mí. Iba a clases como un zombie. Y ayer, pude escribir. Hace poco lo termine. El capítulo fue más largo que los anteriores, así que creo que les habrá gustado. Particularmente, me encanto. Siento que la historia fluyo excelente en mi cabeza, y eso es buenísimo.
No recuerdo cuando fue la última vez que estuve por fanfictión T_T casi ni puedo leer mis fics favoritos con tantas cosas que hacer. Y peor aun, éste semestre será caótico. Dudo poder tener el tiempo y la cabeza para subir un capítulo semanal. Tampoco voy a escribir un capítulo de relleno solo para no quedar mal, porque entonces no estaría siendo fiel a la historia, y creo que ustedes esperan que la historia siga su curso en cada capítulo. Así que, cuando tenga tiempo de escribir, lo haré como siempre (semanal), de lo contrario, será cada 15 días. El último día que publique (como hoy), en dos semanas después, el mismo día, publicare el otro.
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LE AGRADEZCO A MIS FIELES LECTORAS POR SUS COMENTARIOS. CADA VEZ QUE VEO SUS COMENTARIOS ME SIENTO FELIZ Y COMPLACIDA. ESPERO QUE SIGAN AL TANTO DE LA HISTORIA, PORQUE TRATO DE DAR LO MEJOR DE MÍ EN CADA CAPÍTULO. MUCHÍSIMAS GRACIAS POR SUS VISITAS, SUS REVIEWS, FAVS Y FOLLOWS. ESPERO QUE COMPARTAN LA HISTORIA CON SUS AMISTADES. CADA LECTOR NUEVO ES BIEN RECIBIDO.
UN ENORME ABRAZO A TODAS(OS), LOS QUIERO! *-*
SAYONARA!
POPO!
