¡Volví! :D (Al final explico algunas cosas)
Disfruten el capítulo y... !A leer!
Po, Po!
EL ALETEO DE UNA MARIPOSA
Capítulo 13
1
Al abrir los ojos, lo primero que note es que era de día, y lo segundo, que mi cuarto estaba excesivamente iluminado. Rodé la cabeza hacia la derecha, y las cortinas de mi ventana estaban amontonadas a cada lado, dejando entrar los rayos del sol directamente. El reloj marcaba las 7 y cuarto de la mañana, y el olor a comida rodaba por el aire como un bumerán invisible. Girando y girando, soltando esos olores a mantequilla y pan tostado, ese olor tan peculiar de un sábado por la mañana. Pero…–siempre hay peros dispuestos a arruinar los pensamientos– un recuerdo vino a mi mente tan rápido que tuve que girar mi cabeza nuevamente y mirar el techo para tomarme un momento en frió – ó cómo decía mi abuela: «Bájale dos a esa baba»– «¿Qué día era hoy? » Pensé antes de levantarme, mirando como las sábanas estaban en el filo de la cama, y que la única tela que cubría mi cuerpo era la de mi braga y sostén. Suspiré, mientras juntaba mis manos y estiraba mis brazos. Mi mente estaba apagada, juraría que una cotufa había explotado dentro de ella, haciendo un gran "BOOM" y dejándola en ese estado soñoliento, y tanto bobalicón –«Babas, babas»–. Sin embargo, nada de eso tuvo importancia, porque el maldito olor a pan tostado nublo cada uno de mis sentidos, o al menos, los esenciales, y mientras meditaba si levantarme o llamar a Mebuki, un grito de mi madre sonó desde la planta baja, avisándome que el desayuno estaba casi listo. Me levante con pies de plomo, y un dolor en la espina dorsal. No sabía donde carajos estaba realmente, pero sabía que mi dolor era ahí. O más abajo. El suelo de madera estaba helado, y a pesar que el clima estaba en su punto de ebullición, logré divisar la humedad de las paredes. Cosa que solo pasaba cuando hacía mucho frío. No tenía sentido… ¿o sí?
Mamá –Mebuki, rosa de rosas– tarareaba la letra de "Toxic", mientras meneaba sus caderas y movía de un lado a otro la espátula llena de aceite.
-Hey-. Saludé, subiéndome al mesón, cogiendo una servilleta del plato. Mamá pegó un salto y fijo sus ojos verdes en mí.
-Sakura, ¿Cuándo…-. Callo abruptamente cuando su mirada bajo hasta mi sostén. Tome una tostada y le di un gran mordisco.- ¿por qué estás en ropa interior?-. preguntó. Mamá tenía esa habilidad de ser directa en todo momento, y por cosas extrañas, no me importaba en absoluto. Aunque a veces su falta de tacto me había causado momentos bochornosos, sobretodo cuando no mide la información que vocifera por su boca.
-Porque sí-. Respondí con desdén.
-¿Por qué sí?-. Alzo su ceja mientras soltaba un bufido.- ¿te golpeaste la cabeza o qué? No te veo en ropa interior desde que te creció el busto.
-¿Y eso que tiene que ver?-. Seguía devorando el pan, mirando como la tocineta se iba friendo lentamente en el sartén.
-Supongo que por fin te diste cuenta que también soy mujer, y que puedes estar completamente segura que no te juzgaré –exclamo con seriedad–, pero… ¿qué hiciste con la rara de mi hija? Ella no dejaría que su madre viera el hueco en su panty– Rio al terminar de hablar, saco las tocinetas del sartén y las coloco encima de un plato. Miré disimuladamente mi panty, y en efectiva, había un pequeño orificio en la parte superior que dejaba ver mi piel. Maldición con Mebuki, y sus ojos micro–analizadores.
-Estás loca– Exclame. Baje del mesón, y fui directamente hasta la nevera. La abrí y saqué la jarra de agua. Añadí–: Estoy en mi casa, puedo ir desnuda si quisiera. Tú lo haces.
Mebuki coloco la comida en la mesa, y antes de hablarme, se saco el delantal.
–¿Ir desnuda por la casa? ¿Ir en ropa interior es ir desnuda? Ay por Dios, Sakura. Si viviéramos con un hombre sería ir desnuda, pero somos tu y yo. Que me veas el culo o las tetas es normal. Somos madre e hija.
Ignoré su discurso y agarré otra tostada.
–En fin… esta conversación es ilógica. Me levante porque tenía hambre y no me dio chance cambiarme, ¿Contenta? –.La mire atentamente, viendo como sonreía levemente.
–Eres una amargada. Aun no entiendo como puedes ser mi hija–. Menciono dramática. Tenía una sonrisa socarrona en su cara, a pesar que masticaba una tocineta muy crujiente.
–Aja.
Volvió a sonreír, y luego de unos minutos, quedamos en completo silencio. Lo único que escuchaba era el ruido del tenedor al chocar con la vajilla, y el pan crujiendo en nuestras bocas. Del resto, nada. Mamá había fijado su atención en el periódico, y yo, a mi plato con huevos revueltos, tocineta y pan tostado.
–Oh, Sakura, mira– Señalo con su dedo índice la fotografía de una chica de mi edad, mientras sostenía el periódico al frente de mí. Era Carly. Pestañee varias veces antes de hablar.
–Con que ya salió la noticia–Mencioné. La fotografía de Carly era completamente diferente a cómo la había conocido. Mostraba una chica simpática, con el cabello lacio, sonrisa soñadora y ojos divertidos. Completamente diferente a la mirada venenosa y las sonrisas socarronas que había compartido en las pocas horas de terapia.
–Pobre niña, era muy linda, y se ve que era amable–.Miraba la foto con consternación.
Reí levemente.
– ¿De qué te ríes? No es gracioso ver como alguien tan joven muere de esa manera, Sakura–. Mascullo con rabia. Sus ojos tristes brillaron con la reacción reciente y tuve que tragar la comida rápidamente para no ahogarme por lo cómico de la situación.
–Me rió de las palabras que usaste para describir a Carly–mencioné–, la chica era todo menos amable. Hasta podría decir que tenía complejo de… perra.
Justo en ese instante mi madre soltó el periódico de sus manos, y me miro con angustia.
–¡Sakura! –. Reprochó.
– ¿Qué? –Me levante de la mesa, y acomode la silla lentamente–. No puedes decir que una persona era buena solo con ver una foto donde sonríe. La gente no es amable, todos son basura– Di la vuelta y comencé a caminar hasta las escaleras, pero una mano me detuvo con tanta fuerza que estuve a punto de chocar contra la pared.
–¿Qué carajos te sucede? ¡Tú nunca hablas así, y menos a mí!
Suspiré y chasquee la lengua.
–Ya, lo lamento. Simplemente me exprese mal. ¿De acuerdo?-. tome la mano con que sujetaba mi brazo y la aleje de mí–. Sabes que la gente es mala, y esa chica era un poco… grosera.
–Pero esta muerta, y tú no. Deberías respetarla. Si fue una perra o no, fue su vida, y hay que respetarla–. Su ceño fruncido y su tono enojado me hizo sentir mal.
–Lo sé… no sé porqué respondí así. Creo que estoy de mal humor–. Susurré mientras me acercaba a abrazarla.
-¿Ayer te tomaste el medicamente? –preguntó. Sus brazos me rodearon como siempre, y recordé lo reconfortante que era recibir los abrazos de Mebuki.
Asentí.
-Bien, porque el doctor me mando un mensaje hace un rato diciéndome que quería que fueras hoy para hacerte un chequeo-. Me aleje de ella mientras embozaba una sonrisa.
-Lo sé, ayer se me olvido decirte que me encontré con él, y quedamos en vernos hoy. Me iré a bañar para salir temprano.
Subí las escaleras rápidamente, y con una sensación extraña, procedí a bañarme.
2
Me miré por tercera vez en el espejo y sonreí satisfecha con lo que había logrado. Mi cabello ya no era esa maraña rosada y opaca que últimamente tenía la osadía de ser mi cabello, y mis ojos estaban delineados cuidadosamente, dándome una mirada un tanto… fiera. Recordé mis años de bachillerato, donde mi cintura de avispa era envidiada por muchas –y deseaba por algunos-, y ahora sabía porqué. La camisa blanca se pegada a mí como una segunda piel, y el jean azul marino hacía milagros con mis piernas delgadas. Me veía excelente, lo sabía, y mi espejo me lo demostraba. Porque el espejo era el único que lograba mentirte y hacerte sentir bien, o decirte la verdad y hacerte sentir una mierda. Pero justo en ese momento, la palabra silenciosa del espejo me valía, porque mis ojos eran lo suficientemente sanos para notar cada detalle de mi anotomía. Y como decía mamá cuando se iba de citas los sábados por la noche: "¡A comerme el mundo!".
3
Tome el bolso, y metí mi teléfono –el cual no había visto desde ayer- en el bolsillo delantero de mi pantalón y antes de irme, giré mis talones, fijando mi vista en el frasco blanco. «Debería llevar el frasco en mi bolso, así no se me olvidara tomarla.» pensé y en menos de lo que canta un gallo, ya tenía el frasco en mi mano y finalmente, lo introduje en el bolsillo delantero del bolso.
-¡Mamá, ya me voy!-. grité cuando ya estuve en el último escalón de las escaleras, y un deju vú golpeo las paredes de mi cabeza y la hizo añicos. ¿Qué era esa sensación? Baje el escalón y sostuve mi cabeza, porque en ese instante sentía que se iba a despegar de mi cuello.
-¡Éxito!-. el grito de Mebuki me espabilo nuevamente e ignoré el reciente malestar.
-Gracias… mamá-. Susurré al momento de cerrar la puerta y salir.
Camine por el vecindario y note como algunos vecinos me veían asombrados. Sonreí orgullosa, sintiendo como mi ego subía 10 niveles en sólo dos segundos. Coloqué mi bolso en un solo hombro, y erguí mi espalda. Joder, me sentía genial, y no tenía ni idea porqué. La caminata hasta la parada de autobuses era muy concurrida, y esa era la única razón por la cual mamá me dejaba irme caminando desde la casa, sola. Y bueno, también influía el hecho de que el vecindario tenía buena fama de "Seguridad garantizada". Sin embargo, hace dos años habían robado a una señora –cuyo nombre no recuerdo- y todos habíamos estados preocupados de correr con la misma suerte. Pero a pesar de ello, el día de hoy sentía que tenía la fuerza de una mole, y la valentía de un héroe. Así que cuando llegue a la parada y la encontré desolada, no tuve miedo de sacar mi teléfono libremente. Tenía 5 llamadas pérdidas y 16 mensajes. Ino, Sasuke, Mamá y un número desconocido. Leí los de Ino:
Mensaje de Ino: «Sakura… por favor, devuelveme la llamada. ¿Dónde estas? Tengo que explicarte. No es lo que piensas, saku. Lo sabes, me conoces. No es lo que piensas. Por favor, escríbeme, mañana ire a la clínica a hablar contigo, quieras o no quieras. »
¿Con qué explicarme, eh? Perfecto. Decidí responderle. "okay, te espero en la recepción" fue todo lo que escribí, y antes de subirme al autobús, lo envié. Apague el teléfono y saqué mi viejo mp4; cuando el conductor me escaneo con la mirada, solté una carcajada y procedí a sentarme. Las canciones de "Korn" y "A perfect circle" me entretuvieron todo el camino, y a pesar que la idea de Ino me comenzaba a incomodar, sabía que debía enfrentarla. De alguna manera u otra, algo iba a decirme, y ese algo me importaba. Y a la ves no. Los recuerdos del día de ayer seguían ahí como una herida abierta. Por lo tanto, mi desliz de valentía retrocedió unos grados antes de caer en lo que había hecho. Joder, se trataba de
Ino. La cual fue parte de una alucinación que me dejo asustada, y la que había mentido sobre Sasuke. Sasuke… él también había mentido. Sentía que todo en él era una gran mentira, pero sus actos y palabras validaban la sinceridad que el 99% del tiempo sus ojos poseían. Pero aun así…
Los cauchos rechinaron cuando el conductor frenó abruptamente, y en el momento en que miré por la ventana, una camioneta roja había chocado contra la parte trasera de una motocicleta. El conductor cayo 2 metros lejos de la motocicleta gracias al impacto, pero de un momento a otro se levanto del pavimento -mientras pasaba sus manos por el pantalón, sacudiendo la tierra- y miró atónito el estado en que había quedado el caucho delantero de su motocicleta, producto del impacto. Todos los pasajeros del autobús- incluyéndome- se asomaron para ver el accidente. Aunque, sin importar el estado en que había quedado el caucho delantero de la motocicleta, el accidente era tonto. De la camioneta roja salió un hombre de cabello canoso, piel morena y una barba de días. Su camisa hawaina y el short playero le daban un toque despreocupado, sin embargo, su expresión fría y taciturna hizo enojar a más de uno. Miraba al motociclista como si fuera una mosca que se atravesó en su camino. Aquel hombre tenía la expresión de alguien que no le importaría si un pobre hombre se fractura el cuello gracias a un golpe de su gran camioneta. Lamentablemente, el tiempo había pasado tan rápido que cuando fije mi vista en mi reloj de pulsera, supe que el autobús no se iba a poder mover al menos hasta que el motociclista arrimara su motocicleta hacia un costado; a pesar de ello, miré la calle donde había sucedido el accidente, dispuesta a caminar hasta la clínica si el asunto seguía, pero antes de levantarme del asiento, vi como el motociclista se levanta con pies de plomo y miraba con rabia contenida al tipo de la camioneta. Pestañe un segundo, y al otro, el motociclista se había arrogado encima del hombre. Arrojando puños y patadas a cada lugar disponible, pero la suerte tenía otros planes, y antes de que alguien pudiera hacer algo… el tipo de la camioneta sacó un revolver y detonó -sin titubear- dos disparos en el cuerpo del joven. Su cuerpo se desplomo en el suelo, mientras las partículas de la sangre salpicaron las ventanas de autobús. Un tétrico silencio se instaló en toda la calle; las personas miraban atónitas como el hombre guardaba su revolver en su bolsillo delantero y miraba atentamente a las personas. Nadie hacía nada, y ni siquiera aquellos que exclamaron un grito de sorpresa y horror. Todos estábamos absortos entre la mirada desquiciada del tipo de la camioneta, y el cuerpo inerte del joven. Un mareo golpeo mis sentidos y tuve que apartar la mirada. Las arcadas se hicieron presentes y tuve que salir del autobús.
Muchos gritaron que no saliera, y otros sujetaron mi mano para impedirme salir, pero de una manotazo los rechace a cada uno y corrí. Antes de correr, miré al hombre que había comenzado a retroceder hasta su camioneta, y su mirada choco con la mía. Y comprendí cada matiz de ella. Cada pliegue que desbordaba en locura y muerte. Y corrí.
Sólo cuando estuve a 100 metros de la clínica, caí en cuenta de lo que había sucedido. Las arcadas volvieron a mí, y antes de caminar, me agache y vomite. El sonido del revolver al hacer esas dos detonaciones se había instalado en mis oídos, pero el terror que reflejo los ojos de ese pobre joven antes de morir… me habían dejado un mal sabor de boca, literalmente. Mis manos sudaban frío, no lograba entender porqué mi mente me había jugado esa mala pasada. Porque en el instante en que observe como el cuerpo del joven se sacudía en el aire y finalmente se desplomó en el suelo… una imagen de Carly se hizo presente. Pero no era una imagen normal. Era la visión de Carly en el filo de las escaleras, cayendo, sin omitir ningún ruido, y finalmente, una risa macabra.
Sabía que el impacto del día de ayer me había dejado inestable. Habían sido emociones fuertes, pero lo de hace un momento había sido la gota que reboso el vaso. Limpie mi boca con el dorso de mi mano y miré fijamente el estacionamiento. Ya eran las 8 y 20 minutos de la mañana, y el automóvil de Ino y el doctor se divisaban desde el lugar donde estaba. Caminé lentamente, tragando saliva.
Maldije a Dios en el momento en que vi a Ino salir de su auto y atravesarse en mi camino. Relaje la expresión.
-Tardaste en llegar-. Dijo con el tono habitual de siempre. Una sonrisa incomoda se dibujo en su cara y camino dos pasos más.
-Si, se me hizo tarde-. Respondí seca.
Ino mordió su labio mientras sus ojos azules me escaneaban como si fueran un láser. Finalmente sonrió abiertamente y dijo:
-Tenía tanto tiempo sin ver a la Sakura de antes. Ya se me había olvidado lo hermosa que eres-. Había ternura en su voz, sin embargo, su mirada estaba triste.
-Aja
Caminé hasta ella y pase de largo. Quería tomar agua urgentemente.
-¿No vas a hablar conmigo?-. preguntó cuando estuvo a mi lado, caminando.
-Si, pero no aquí.
Suspiró.
-¿En dónde?- volvió a indagar.
-En la cafetería-. Dije. Aceleramos el paso cuando pasamos por la recepción, y la guíe directamente hasta la cafetería. Al entrar, el olor a café inundo mis fosas nasales.
Ino busco una mesa y nos sentamos.
-¿Vas a pedir algo?-. pregunté. Fije la vista en el mesonero que estaba limpiando una de las mesas.
-Si, sólo agua-. Susurró. Algo extraño en ella, que básicamente, gritaba en vez de hablar. O algo así. Mis recuerdos sobre la personalidad hiperactiva de mi mejor amiga eran tan vagos… aunque la palabra "mentirosa" si fichaba en mí.
-Ok-. Llamé al mesonero y rápidamente tomo la orden. En menos de 3 minutos, ya tenía el botellón de agua cristalina en mi mano. Miré a Ino, expectante.
-Supongo que tendré que comenzar…-dijo mientras jugaba con la tapa de la botella.
Asentí.
-Se que debes tener preguntas, y créeme, las cosas no son como parecen. Estos días han sido confusos para mí…
La interrumpí.
-¿Confusos para ti?-. pregunté con desdén.
-Si, Sakura. Fueron confusos, el hecho de que tengas una enfermedad mental no te hace la única que puede estar confundida, ¿sabes?-. su actitud a la defensiva me sorprendió y arrugue el ceño mientras la miraba-. Joder, Sakura. ¡Ve lo que me haces decirte!
-¿Acaso te obligué a decir eso? Ahora veo que tan sensible eres con respecto a mi enfermedad.
Apretó sus manos en el mantel blanco que cubría la mesa y añadió:
-Déjame hablar, ¿va? Se supone que soy la que tiene que dar las explicaciones, no tú-. Hizo una pausa para tomar aire y prosiguió-. Ayer no fue lo que parecía… cuando saliste corriendo no supe que hacer. Y cuando no contestaste pensé lo peor.
-Pensaste que tu loca amiga se iba a suicidar al ver a su amiga con el chico que le gusta, ¿no?-. fui acida, y amé la forma en que sus ojos azules se abrieron de la impresión. Sin embargo… mi pregunta había afirmado algo que me negaba a aceptar.
Su silencio me confirmó que eso había pensado. Reí con amargura.
-Lo siento, Sakura. Debí decirte que conocía a Sasuke, pero no es lo que parece. Te lo prometo. Solo somos amigos, nada más.
-Si son amigos o no, no es mi problema-. Mis manos comenzaban a temblar levemente, y un sudor frió bajo por la parte trasera de mi cuello.
Ino chillo mientras inflaba sus mejillas.
«Infantil…» pensé.
-Soy un asco explicando, y eso lo sabes. Pero te puedo asegurar que Sasuke no me interesa de la manera en que piensas que me interesa. Es un viejo amigo. Él ha pasado por cosas difíciles y digamos que… teníamos años sin vernos y casualmente nos encontramos hace poco. Fue cosa del destino, Sakura. No fue simple casualidad, fue el destino-. su respiración se tornaba agitada mientras hablaba y una duda surgió en mi mente. El día de ayer Ino había dicho eso. "El destino" había figurado en su conversación, pero Sasuke había dejado bien en claro que el destino no estaba sentado en las nubes jugando con la suerte de cada individuo. O quizás, si.
-¿De qué hablaban ayer?-. pregunte rápidamente, intentando mantenerme al corriente de la conversación.
Ino titubeo antes de hablar, cruzó sus brazos y miró hacia un lado.
-Es privado-. Dijo sin más.
-¿Es privado? ¿En serio?-. mi indignación se hizo presente en cada sílaba-. ¿Y te haces llamar mi mejor amiga? ¡Púdrete, Ino!
Me levante de la mesa, pero Ino fue más rápida y sostuvo mi mano.
-¡Sakura, espera!-. susurró cerca de mí.
-¿Qué vas a decirme? ¿Qué nada es lo que parece, que a pesar que insististe en hablar conmigo para aclarar mis dudas, aun así me vas a decir que no puedes hablarme de todo? ¿Dónde queda la honestidad? No te imaginas lo estúpida que me sentí ayer-. las palabras salían de mi boca sin procesar. Había perdido la paciencia, y no podía evitar fruncir el ceño mientras veía como Ino arrugaba la cara. Sus ojos se fueron humedeciendo poco a poco.
-Debes confiar en mí-. Susurró. La voz se le fue quebrando hasta hablar bajito-. Salgamos de aquí.
Miré a mí alrededor y las personas nos miraban con curiosidad. Seguí a Ino, por dos razones. La primera: no perdía nada con seguirla. Y dos: mi parte oculta en los rincones remotos de mi mente, se morían de ganas por saber lo que Ino tenía que decir.
Pero antes de caminar unos cuantos metros, Ino se detuvo. El jardín estaba igual que siempre… pero debía suponer que mi estado de animo hacía que el aire que mis pulmones respiraba fuera toxico. Sentía que una nube gris me seguía de cerca.
-Hablemos aquí… en la cafetería nos miraban raro-. Explicó Ino mientras miraba sus zapatos rojos.
-Si me haces perder el tiempo nuevamente…
Ino me interrumpió.
-Te conozco, por algo soy tu mejor amiga. Y te prometo que lo que te diré valdrá la pena-. Había una chispa distinta en sus ojos, y juraría mis ahorros que… Ino me ocultaba demasiadas cosas.
La miré expectante, tragando saliva, apretando fuertemente las correas de mi bolso. La ansiedad por la anticipación me carcomía.
-¿Por donde empiezo?-. preguntó.
-Primero, ¿por qué estabas ayer con Sasuke?
Ino suspiró y sus ojos volvieron a humedecerse.
-Le exigí que teníamos que hablar en persona. Debíamos arreglar un asunto… o más bien, aclararlo. Por eso nos encontramos ayer-. Explicó.
-¿Qué era eso tan importante que tenían que discutir?
-No te puedo hablar de eso… aun-. Musitó con lentitud.
Rodé los ojos y inhale.
-¿De donde conoces a Sasuke?
-Bachillerato-. Dijo. «Shhh… »
-¿Cómo que bachillerato?-. la ira comenzó brotar lentamente a través de mi cuerpo.
-Entró en el tercer año, y a los pocos meses, lo conocí-. Explicó. Mordió sus labios con nerviosismo.
-Sabes que eso no tiene sentido, ¿verdad?-. musité con ironía mientras giraba la cabeza y fijaba mi vista en otra dirección-. He estudiado contigo desde que uso pañales, si hubieras conocido a Sasuke en la secundaria, yo también lo hubiera conocido.
Ino soltó un suspiro de frustración.
-No te puedo decir más nada-. Dijo finalmente.
Sonreí con ironía cuando nuestros ojos se toparon nuevamente.
-Me iré.
-Pero…
La interrumpí.
-Hasta luego, Ino. Te hablaré luego, lo prometo-. Y sin esperar nada más, me aleje de su lado. Ino estaba dispuesta a seguir la maraña de mentiras, o quizás pensaba que las "mentiras a media" eran iguales a la "casi verdad". Sin embargo, conocía a Ino desde que aprendió a ir al baño sola, y los mil demonios, me estaba mintiendo.
Camine por unos minutos más, arrastrando mis pies como si fueran de cemento. En mi espalda había un peso más grande que una cruz, y aunque mamá tendría una explicación filosófica a mi angustia, yo solo podía darle un significado: traición.
4
El consultorio estaba –casi- vacío. La secretaria saco sus ojos de la pantalla de su laptop y me hizo una señal con la mano.
-¿Qué tal te va, Sakura? – Dijo–. El doctor esta chequeando un paciente, estará aquí en unos minutos.
–No te preocupes, puedo esperar– musite con una sonrisa–. ¿Soy la única paciente?
–En la mañana, sí– Golpeo las teclas por unos segundos y volvió a hablar–: Pero en la tarde tiene consulta con dos pacientes especiales, y entonces le dedicará la tarde a ambos.
Me senté lentamente, sintiendo como la tensión en mi espalda se hacía aguda.
–Debe ser agotador– intervine.
–Lo es, sobretodo cuando hay emergencias– Despego sus ojos brillantes y cansados de la pantalla y suspiró–. A veces me preguntó que se sentirá psicoanalizar a una persona.
Sonreí con sorna.
–Debe ser genial– miré las fotografías y diplomas que en un tiempo habían atrapado mi atención. La mirada siniestra de Sasuke era distinta, pero lo que más me sorprendía era la serenidad con la que posaba –o posó– su madre en esa foto.
–Oh, ya llegó– musitó con alegría mientras el doctor entraba a la sala de espera.
–Buenos días, Sakura– saludó el doctor con una reverencia.
–Buenos días, Doctor.
–Espero que no hayas tenido problemas con venir a la clínica. Me han comentado algunas enfermeras que el trafico ha estado terrible hoy en la mañana– entró al consultorio–. Ven, sígueme.
Entré en silencio, dirigiéndome rápidamente hasta la silla de madera. Al sentarme miré cómo sacaba su libreta de apuntes. La libreta tenía pegada en la parte superior un papel blanco, con mi nombre en letras mayúsculas. Sabía que la laptop que posaba encima del escritorio sólo era parte de un adorno más, porque el doctor se sentaba a hacer sus apuntes como si fuera un universitario.
Sacó un bolígrafo de su bolsillo, y habló.
–La directiva suspendió la terapia por dos semanas, ¿estabas enterada?
Me encogí de hombros.
–No. Supongo que el motivo es el accidente– dije.
Asintió lentamente.
–No queremos rumores ni posibles accidentes– musito con pena–. O al menos, no de ese tipo.
–No, claro que no.
–Bien… ¿Qué tal has estado? Tu respuesta de ayer fue tan vaga que no quise tomarla en cuenta– mencionó con gracia.
–Lo lamento, pero usted sabe como es todo–. Dije con burla.
El doctor sonrió por un instante y tuve ganas de vomitar. Su sonrisa era idéntica a la de Sasuke.
–Anoche estuve pensando mucho si debía sobrepasar mi limite como psiquiatra. Mi ética no me lo permite, sin embargo… debo ser directo, o esto no va a funcionar– sus palabras eran directas y secas. Su ceño estaba fruncido y no había una pizca de burla en ellas.
–No entiendo de que…
–Espero que puedas entender que hago lo humanamente posible para ayudarte a superar tu enfermedad– me interrumpió–. Y también espero que entiendas que en la vida… hay cosas que sencillamente se nos escapan de las manos.
–Me comienza a dar miedo, Doctor–. Dije con una sonrisa–. No estará usted diciéndome que está enamorado de mí.
El doctor rió al escucharme.
–Creeme, Sakura. Eso sería fácil a comparación con la situación real–. Dijo con amargura.
¿Qué carajos?
–Lo escucho–. Dije con decisión.
–¿Desde cuando conoces a Sasuke? –. Preguntó directo. Tuve que pestañear varias veces hasta que analice su pregunta. Mierda, mierda y mierda.
–Hace una o dos semanas, ¿por qué?
Mi respuesta logró apaciguar la seriedad de su semblante.
–¿Sabías que era mi hijo? –volvió a preguntar.
–Si, lo vi en la pared que esta en la sala de espera– explique rápidamente, sintiendo que la saliva se hacía escaza en mi boca.
–¿Me estás diciendo la verdad? –cuestionó con rudeza.
–Si, doctor. De todas maneras si estuviera mintiendo, usted se daría cuenta, ¿o me equivoco?
Sonrió de lado, ladeando la cabeza hacia un lado, mientras abría la libreta y escribía la fecha en la primera línea.
– ¡Muy bien, hoy empezaremos con algo nuevo!– Exclamó el doctor Uchiha, dando un leve salto en su silla, para luego levantarse y caminar hasta una silla–. Ven, Sakura. Recuéstate en el diván.
–Pensé que habíamos dejado en claro que no usaríamos la típica terapia– masculle enojada, mientras daba leves pasos hasta llegar al filo de diván de cuero marrón.
–Lo sé. Pero soy tu doctor, y soy quien decide que es lo mejor para ti.
Suspiré con frustración, me senté y rápidamente me recosté. El doctor no despegó sus ojos de mí en ningún momento, a pesar que lo miraba con fastidio.
–¿Lista? –preguntó.
Asentí.
–¿Has dejado de tomar tus medicinas? –preguntó.
–No, la tomo a diario–respondí–, hasta tengo el frasco en mi bolso– señalé mi bolso con mi dedo índice.
–Muy bien–exclamó con entusiasmo–. ¿Han ocasionado algún efecto secundario?
–No– «Sí».
–¿Has dormido bien?
–Sí– «No».
–¿Sin pesadillas o sobresaltos? –su mirada estaba fija en mi cara. Dejaba de mirarme para escribir, y nuevamente me miraba.
–Sin pesadillas o sobresaltos.
Llevó el bolígrafo hasta su boca y lo mordió. Su mirada se perdió por un instante y nuevamente volvió a hablar.
–Del 1 al 10, ¿Qué tan molesta estabas hace unos minutos?
Reí sin disimular. Llevé mi mano derecha hasta mi boca y lo miré con gracia.
–5.
–Muy bien, ahora haremos lo siguiente… cierra tus ojos y respira lentamente– explicó. Cerré los ojos y comencé a respirar. Coloque mis manos a cada lado de mí y solté un –gran–suspiro–. Relájate, concentra toda tu atención en mi voz. Deja que tu cuerpo responda a mi voz. Cuando cuente hasta 10… deberás dejar atrás todo lo malo.
Respiré lentamente, sintiendo como mi cuerpo flotaba en una nube negra.
–1,2,3,4,5,6,7,8,9…
«No escuches nada. Déjame a mí. Sólo escúchame a mí.».
–10.
–Estás llegando a tu casa, te sientes muy cansada. Habías tenido un día lleno de exámenes y realmente estas agotada. Tu mamá no se encuentra en la casa, así que buscas algo de comer. Luego de eso, ¿Qué harás?
–Subo a mi habitación.
–Subes a tu habitación dispuesta a dormir, pero decides darte un baño. Sin embargo, antes de ir al baño, te miras al espejo. ¿Qué ves ahí?
–No veo nada.
–¿No ves nada?
–No.
–¿Dónde está tu espejo? ¿Acaso no lo viste bien?
–Si vi el espejo… pero no mi reflejo.
–¿Por qué no puedes ver tu reflejo?
–No se deja ver.
–Muévete, pestañea hasta que puedas verla.
–No puedo…
–Esta bien, lo intentaste. Ahora camina hasta el baño, y date una ducha. Estas relajada y a gusto. El agua caliente te ha quitado el estrés del día, y en ese momento, comienzas a meditar las respuestas que diste en uno de los exámenes. El más difícil. Y te das cuenta que la respuesta estaba incorrecta, te molestas repentinamente, porque sabes que debías sacar una nota alta. Sales del baño, sintiendo como la rabia te domina, te vistes rápidamente porque sabes que si sigues con la bata de baño cojeras un resfriado. Sin embargo, cuando estas vistiéndote, tu mamá entra por tu cuarto. Te reclama por haberla dejado sin agua caliente, no te deja hablar, y te sientes… ¿cómo te sientes en este momento?
–Enojada.
–¿Exactamente por qué? ¿Saber que respondiste mal una pregunta o por los reclamos de tu mamá?
–Ambas cosas me molestan.
–¿Qué harás al respecto?
«Silencio, Sakura. ».
–Nada.
–Debes hacer algo. Piénsalo, Sakura. Ella insiste e insiste. Y tú estás cansada. Quieres dormir, para olvidar el mal día que has tenido, pero ella no coopera.
–Posiblemente la saque de mi cuarto.
El doctor Uchiha rió leventemente.
–Abre los ojos, Sakura–dijo–, ¿qué te pareció?
–Tan hogareño– respondí.
El doctor cruzó sus piernas, y cerró la libreta.
–¿Cuándo comienzas a clase? –preguntó.
–En dos semanas, creo.
–¿Qué te parece si vienes estas dos semanas antes de clase? –sugirió con simpatia–, la ausencia de la terapia podría afectarte y la verdad, no podemos darnos el lujo de retroceder, ¿no?
Asentí de manera mecánica.
–No me queda de otra, usted imparte las reglas del juego– dije.
El doctor rió levemente, se levanto y camino hasta su escritorio.
–No quiero ser el que imparte las reglas del juego, pero noto una indisposición de tu parte que me resulta sospechosa–dijo–, ¿estoy en lo cierto?
Negué con la cabeza mientras miraba el techo. «Mentira» pensé.
–Quizás soy una sociópata y usted no se ha dado cuenta–dije mientras me reía.
–Oh, si lo eres y no me he dado cuenta es porque eres muy inteligente– Cruzo sus brazos al frente de su pecho, mientras se sentaba en la silla de su escritorio–, y si es así, voy al colegio de psicología y les devuelvo mi titulo.
Reí aun más.
–Eso sería triste– mencione en voz baja–, ¿algo más, doctor?
–No, nuestras consultas son muy cortas. Siempre has sido muy clara, Sakura– había un ligero tono de admiración en sus palabras.
–Eso es bueno–respondí. Me levante y caminé hasta la puerta–. ¿Seguro que es todo?
–Seguro, ven mañana a la misma hora. Nos vemos.
Apenas cerré la puerta del consultorio del doctor Uchiha, un nudo se instaló en mi garganta. Necesitaba aire de manera urgente, y sabía a dónde ir.
4
En ese momento agradecí al cielo haber descubierto la terraza. Porque el lugar era jodidamente solitario y pacifico. Aspire lentamente el aire puro y frió, sintiendo alivio. Caminé hasta llegar al filo de la baranda.
–¿Qué está pasándome? –pregunte. Miré al cielo, esperando que la respuesta bajara por obra de magia. Pero…
«Todo está bien ahora».
Brinqué del susto. Me sostuve del barandal hasta que asimile lo sucedido.
–¿Por qué te escucho tanto? –solloce.
«Porque soy parte de ti.»
–Eres mi maldita enfermedad–susurré.
«No, Sakura. Yo no soy la enfermedad… soy la cura» sus brazos me rodearon con fuerza, sintiendo el espesor de su aliento en mi cuello.
–Siempre apareces cuando estoy sola.
«Es cuando más me necesitas.» Sus manos sostuvieron la mía, y vi como su piel negra y nauseabunda se fue aclarando hasta tener un tono níveo.
–¿Que te hace pensar que te necesito? –su tacto era cálido y suave.
«No te das cuenta… pero cada vez que te sientes sola, me llamas.»
– ¡Mentira!–.Aparto sus brazos de los míos, escuchando como se reía de mí. No me atreví a girarme. Sabía que mis piernas me fallarían cuando lo viera.
«Hay tantas mentiras en tu vida que no serías capaz de descubrir cuál es mentira y cuál es verdad. Pero algo si es cierto… me perte…»
–¡Sakura!
¡¿Qué?!
–Sasuke…– giré rápidamente y ahí parado en la puerta estaba Sasuke. Respiraba con dificultad.
–Sakura… te llamé unas 15 veces, te mande mensajes, joder, ¿por qué no contestaste?
–No quería hacerlo– dije. Baje la cabeza, no quería mirarlo.
–Ayer...
–No quiero explicaciones– lo interrumpí–, por favor, márchate y déjame sola.
–No puedo dejarte sola, Sakura. No debo hacerlo…
–No somos nada. No me debes absolutamente nada.
Sasuke rió con amargura.
–Te debo demasiado.
¡¿Qué?!
–¿Me debes demasiado? ¿De qué hablas, Sasuke?–grité–, nunca entiendo las cosas que dices. Nunca. No te conozco, ni tu a mí.
–¿Qué te dijo Ino? –pregunto con perspicacia.
–Ino no me dijo nada de ti… solo dijo que eran viejos amigos.
–Siento que el puto universo o lo que sea me juega una mala pasada– mencionó con rabia. Dio dos pasos y se detuvo–. Tienes toda la razón, no me conoces, ni yo a ti, pero…
–Vete, Sasuke.
–¿De verdad quieres eso? –preguntó, dio varios pasos más.
Asentí, sin atreverme a verlo a los ojos. Inhale, limpiando mis lágrimas con el dorso de mi mano.
–Siempre buscas la salida más fácil– dijo mordaz, mientras retrocedía.
–No me importa lo que pienses…
–Vale, Sakura. Si tanto quieres que me vaya, ¿por qué no te has ido tú? –Soltó una carcajada, sin embargo, el tono amargo en que sonó me causo escalofríos porque sus ojos mostraban una sobriedad tan oscura, tan densas y dolorosa– Eres una cobarde–dijo finalmente con rabia.
–Cobarde… si, posiblemente lo sea–masculle entre dientes, atreviéndome a mirarlo a los ojos– ¿Y eso a ti que te importa? ¡Déjame en paz!
–Dios, Sakura, ¿podrías ser racional una ves en tu vida? – su voz tenia un matiz de desesperación.
–No, Sasuke. Soy una enferma mental, ¿no sabías? –las palabras salieron de mi como un torrente de ácido y lava.
–Si, a veces se me olvida ese pequeño detalle– ironizó.
–Me iré– dije, dispuesta a irme y dejarlo. Sobretodo lo último.
–¡Maldición! –grito mientras revolvía su cabello con las manos. Había tanta frustración en él–. Ya me canse de llevarte la corriente cada vez que se te ocurre una idea estúpida. Soy un imbécil por no ver lo cabezota que eres.
–Suenas como uno– sonreí con burla, sin embargo a Sasuke no le hizo gracia, ya que su ceño se arrugo levemente.
–Siempre he sido un idiota, Sakura. No me siento orgulloso de ello, pero… he sido peor que eso– susurró lo último mientras cerraba los ojos.
–Si, un mentiroso. Eso es aun peor que ser idiota.
Sasuke suspiro y volvió a fijar su mirada en mí.
–Se que no he sido honesto contigo…
–No me digas–lo interrumpí.
– ¡Maldición, Sakura! ¡Cállate por un segundo y escúchame! – sus ojos se tornaron violentos. Me fue atrapando entre la pared y su cuerpo.
Trague en seco, sintiendo como el frío de la ansiedad bajaba por mi espalda. Me mantuve callada, observándole.
–Ojala pudiera hacer las cosas mejor. Ojala pudiera echar el tiempo atrás y cambiarlo todo. Ojala no hubiera sido una mierda de persona y no hubiera abandonado a mi madre en su peor momento…–se detuvo unos instantes para tomar aire, parecía sorprendido de sus propias palabras–me arrepiento de tantas cosas día a día, te juro que lo hago, detesto ser un maldito esperanzado cuando antes no tenía ni una pizca de esperanza por la gente. Pero eso ha cambiado…–La confusión iba creciendo en mí a medida en que Sasuke hablaba sin parar– la vida me hizo cambiar. Tú…
Lo interrumpí.
–¿Yo qué, Sasuke?
Inhalo aire con urgencia. Miró el cielo con urgencia, como esperando que las palabras correctas cayeran a él.
–Prometí algo hace un tiempo. Y te juro, que he hecho hasta lo imposible por mandar al carajo esa promesa, pero… no puedo ser tan egoísta. Porque a pesar que deseo con toda el alma hablar, es algo que no me pertenece a mí–explico con rapidez.
–¿Tienes idea de lo que dices? –susurré despacio mientras me acercaba a él– Yo no se quien eres tú, no se quien es mi mejor amiga, no se de que estás hablando. Ni siquiera se lo que hago con mi vida. Solo quiero desaparecer…–se me corto la voz en el momento en que comencé a sollozar.
–Ya lo hiciste una vez… ¿Qué es lo que te ha detenido todo este tiempo? – articulo con dulzura. Sus ojos se suavizaron a medida en que pasaban los segundos. El tiempo se detuvo. Había una crueldad en sus palabras tan densa que me era imposible pensar. Sasuke… ¿estás sugiriendo…?
Solté el airé de mis pulmones y abrí los ojos impactada.
–¿qué acabas de decir?
–Quieres desaparecer porque eres una cobarde–menciono con tranquilidad.
–Me llamas cobarde, por querer tener algo mejor. Una salida, ¿pero tu qué? Te la pasas lamentándote por todo, eres aun más cobarde que yo por pretender que todo se va a arreglar con una sonrisa.
–O podría saltar de la azotea– mencionó con burla. No entendí.
–Dime la verdad, Sasuke. Y terminaremos esta discusión absurda–rodé los ojos– Dime… ¿me parezco a tu madre? ¿o quizás a una ex novia? Porque no le encuentro sentido a toda esta basura que hablas. Te conozco hace poco, y me entero que conoces a mi mejor amiga desde la secundaria, a la cual asistí con mi mejor amiga, y jamás, llegué a verte antes de ver tu fotografía en el consultorio del doctor.
Sasuke comenzó a reír con nerviosismo.
–Cállate, Sakura– dijo mientras negaba con la cabeza.
–No, estoy harta de ti.
–¿Ah si? –se situó a unos centímetros de mí. Podía sentir su aliento en mi cara– Que pasaría si te digo que me conoces, que estuvimos una relación algo disfuncional y que me olvidaste por completo. ¿Eso tiene lógica o no? ¿Quieres verdades, Sakura? ¿Crees que tu podrida y enferma mente pueda asimilar algo que olvido?
Mis piernas comenzaron a temblar a medida en que Sasuke me miraba.
–Mentira... –susurré casi sin voz. Sentía que perdía la fuerza, y sobretodo, la cordura.
–Quizás esto te haga recordar…
Todo paso tan rápido que ni me percate de lo que iba a hacer Sasuke.
5
Decían que los besos eran suaves, húmedos, placenteros y excitantes. Los labios de Sasuke eran más delgados que los míos, y mucho más suaves. Y a pesar que me resistia al beso, Sasuke busco la manera me mantenerme apresado entre sus brazos. El beso era torpe y lento. Su respiración se mezclaba con la mía a medida en que sus labios se movían sobre los míos. No había profundidad, no había erotismo, sólo un mínimo grado de… ¿explosión?, sí, eso. Explosión. Mi cabeza de 57 cm de radio, con esquizofrenia, sarcasmo y rabia, quedó atrapado en un túnel sin salida. El tiempo se detuvo al momento en que Sasuke separó sus labios de los mios, y decía:
–Te devuelvo el regalo, cerezo– susurró sobre mi boca, y nuevamente volvió a besarme.
Ya en ese punto no podía moverme. Sólo era capaz de responder a cada movimiento. A cada sensación y cada respiro. Mi cuerpo respondía de forma mecánica, casi natural. Era mi piel y carne la que respondía al estimulo de su boca sobre la mía. Luego… Sasuke mordió mi labio y sentí como mi cerebro convulsionaba.
«Le dije que debería cortarse las venas, y así podría dejar de jodernos la vida». La voz de Sasuke retumbo en mi mente.
¡Hola! ;-; Se que deben odiarme (quizás no, pero igual lo menciono) por haberme tardado tanto -demasiado- en actualizar la historia. Pero en el último capítulo mencione que estaba muy ocupada y que si tardaba mucho era porque realmente estaba MUY ocupada. Hace una semana termine el semestre, la universidad nos dio dos semanas más porque algunos profesores iban atrasados en la materia y por ende... termine súper tarde. En fin... estuve escribiendo éste capítulo muchas veces (es en serio). Lo tenía escrito desde hace tres semanas atrás, pero no me gustaba. Y para colmo, perdí el hilo de la historia y de lo que quería para ella. Es horrible esa sensación de no saber que vas a escribir. Por ello... nunca estuve satisfecha de lo que escribía. Hace una semana o dos, lo terminé y había una escena que no me gustaba. Me dieron un consejo que me ayudo bastante y volví a escribir esa escena desde cero, y creo que resulto.
En fin...
¿Qué les pareció? ¿Le gustó? Lo hice más largo de lo normal como disculpa por haberme perdido durante tanto tiempo. Espero de verdad que les haya gustado OwO
Se que muchas cosas se rebelaron y otras cosas no. No se alarmen, el próximo capítulo será genial (o eso cree mi mente) u/u
Agradezco en el alma la espera 3
NOTA: Sólo responderé a aquellas personas que no poseen una cuenta en la página.
Agradecimientos:
-YopFan: Muchas gracias por tu review *O* y que genial que seas de México. Amo la comida méxicada *-*
-Athefrod: Oh, eres de Valencia D: jajajaja si te creas una cuenta aquí te digo de donde soy u.u ehm... te digo que DETESTO las películas de "exorcismo", y uso la palabra "detesto" porque me dan miedo T_T tanto miedo que de sólo hablar de ello me pone mal. Ni he visto la primera película (todos dicen que es arrechisima y tal) porque de sólo pensar en estar una hora y 20 minutos mirando a la tipa con la cara deformada, hablando en otra lengua, girando su cabeza, y diciendo: "Soy el Diablo, perra", de verdad que no podría dormir nunca. Sin embargo, me agrada el hecho que asocies mi historia con esa batalla del bien y mal, porque créeme, esa batalla siempre esta presente en todo. En fin... Muchas gracias por tu review :* *ECO*(Hazte la cuenta, o agregame al facebook que nunca uso y que podría usar para charlar contigo)
-¡MUCHAS GRACIAS A TODAS ESAS PERSONAS HERMOSAS QUE SIGUEN MI HISTORIA, SIN USTEDES NO HABRÍA MOTIVACIÓN PARA SEGUIR ADELANTE! Y COMO SOY UNA PERSONA QUE CUMPLE SU PALABRA, LES JURO QUE AHORA ME VERÁN (AL MENOS POR UN MES SEGUIDO) CON MÁS FRECUENCIA. TRABAJARE DURO PARA ESTAR AL DÍA CON USTEDES *0* LAS QUIERO (O LOS QUIERO). PD: Perdonen la mayúscula, pero así llama más la atención y me aseguro que lo van a leer :3
-Muchas gracias a todas estas personitas que siempre me dejan su lindo review dandome su opinión: , captus, Lian Kirito-kun, PrisUchi, GenesisSakuritax, Aiko-Uchiha05, pam18sasusaku, yoko midori chan, natico-yan (¿dónde estás?;-;), silver blizzar, Rose Tutiven.
¡BYE, BYE!
