¡Hola, gente bonita y feliz!... antes que nada...
¡JODER, SOMOS CANNON! ¡SI! ¡SOMOS CANNON! *COMIENZA A CORRER EN CÍRCULOS MIENTRAS GRITA: FUCK YEAH*
Ayer fue un día emocionante para mí, tantos años. Tantas desilusiones. Tanto dolor. En verdad... comencé a ver "Naruto" por una escena del anime (Cuando Naruto se transformó en Sasuke y se hizo pasar por él. Luego llega Sakura, y casi se besan), y desde entonces quede con las ganas del "sasusaku". Sakura no es un personaje que a mi personalmente me agrade del todo, pero considero que fue una falla de Kishimoto. Sin embargo... Amo a kishimoto por Sasuke. Es mi personaje favorito de todos los tiempos. Al principio era como toda fanática, donde te gusta el personaje lindo y genial del anime, pero todo cambió en los capítulos de la primera pelea con Naruto. Los recuerdos de su pasado, del clan y de su hermano. Eso me atrapo de una manera inimaginable... y desde entonces, yo, ANAID SILOS, he amado a Sasuke Uchiha. Les cuento que desde los últimos acontecimientos, me había sentido un poco desanimada por el rumbo que estaba tomando Sasuke. Temía que Kishimoto lo dejara como un desertor. Completamente solo. Y lo peor, que él mismo se alejara de todo. Y maldición, yo anhelaba con el alma que Sasuke por fin fuera feliz. Que resurgiera su clan, su honor, su amor. Hasta dije:"Que se case con quien quiera, ya no me pondré exquisita. Solo quiero que sea feliz, maldición". Pero... cuando leí el capítulo 699... la emoción fue tan grande. Sasuke había vuelto en todo el sentido de la palabra. Esa mirada. Esa paz. Es... no hay palabras para describirlo. Y se cumplió. Él le pidió perdón, y sobretodo, se perdonó a si mismo. Sakura se merecía todo lo que ha pasado (Abraza a su inner). Esa mujer lo ha amado con pelos y comas. ESA MUJER HIZO FELIZ A SASUKE. Y la amo por ello. Porque esa hija (un poco taciturna, debo mencionar... es como una combinación perfecta de ambos) es el fruto de un amor que resurgió de las cenizas... o como diría yo: "Luego de tanta mierda". Y bueno... ahora moriré feliz :D soy jodidamente feliz. Ese regalo que le hizo Kishimoto a Sasuke... no tiene precio (master card, ta ta pus).
Por eso...
!ESTE CAPÍTULO ESTA DEDICADO AL SASUSAKU Y SARADA! !SOMOS CANNON! !YEI! *0*
Popo!
El aleteo de una mariposa
Capítulo 14.
Podía escuchar el susurro de su aliento en mi cara, el calor que irradiaba de su cuerpo e incluso, el olor que despedía de su cuello. Mi estomago se había convertido en una jaula llena de mariposas negras, que revoloteaban de un lado a otro… extasiadas, alocadas y perturbadas. Porque dentro de mí, se había desatado una tormenta. Un momento de impacto. Por ello, no podía pensar con claridad. Porque la presencia de Sasuke me tenía atontada.
Y a pesar que no era la primera vez que nos habíamos besado, ésta vez había sido distinta. Éste beso tenía otro significado y otro sentimiento. Se había sentido diferente, violento y asfixiante.
–No dirás nada al respecto– dijo, afirmando con seguridad algo que realmente no estaba dispuesta a hacer. Porque al estar atrapada entre sus brazos se me hacía difícil pensar. Sasuke se había convertido en mi propio caparazón. Mi propia armadura impenetrable.
Negué con la cabeza, tratando de que de esa manera mi mente pueda funcionar nuevamente.
Y no es que no quisiera hablarle… es que… ¡no sabía que decirle!. No podía decir: "Hey, Sasuke. Creo que lo que has dicho es completamente racional y lógico. Vuelve a besarme, porque recuerdo todo con exactitud. Ah no, no te preocupes, puedes besarme, no voy a sufrir un derrame cerebral ni nada por el estilo." No, maldición, no. Entonces… ¿qué le diría?: ¿Qué le creía? ¿Que nuestro pasado juntos seguía latente después de ese beso? O quizás… podría filosofar sobre el destino, las almas gemelas o el budismo. Que ambos éramos la mitad de un todo y que el universo había planeado nuestra unión. Que él y yo compartíamos un lazo inimaginable, que a pesar de que no tenía ni puta idea de lo que decía y que mi cabeza no recordaba nada de él, aun podría funcionar.
–Se que es difícil, que parece una locura… pero es la verdad. Por eso te conozco tanto–soltó, como si aquellas palabras podrían compensar cualquier cosa que pudiera pasarme.
–¿Me conoces tanto? –pregunté, con sarcasmo. Sasuke me miró con escepticismo mientras chasqueaba la lengua en una muestra de irritación.
–Lo suficiente para saber que estoy derrumbando tu cabeza, pedazo a pedazo.
No presté atención a sus siguientes palabras. Mi cerebro aun procesaba las palabras "Te conozco tanto" como si hubiera un secreto oculto en ella. Separé las tres palabras e intente colocarlas en otras oraciones, porque así sabría el secreto detrás de sus palabras. Pero nada. Respiré con lentitud, dándome la oportunidad de recopilar la información y sobretodo, afrontarla. Sin embargo… me sentía atrapada.
–¿Podrías…?–coloqué mis manos en su pecho ejerciendo presión. Sasuke entendió el mensaje enseguida y retrocedió.
De pronto, el silencio apareció como un viejo amigo. Sasuke introdujo sus manos en los bolsillos de su pantalón. Aparto la mirada con desdén, mientras su pecho se levantaba a cada inhalación y el viento sacudía sus cabellos de un lado a otro. En ese momento, mi corazón lo supo. Yo conocía a Sasuke de antes, no de ahora. Conocía el timbre suave de su voz al reír, y su mirada desafiante cuando estaba apunto de decir algo ingenioso. Aunque… eso no tenía sentido, por Dios, si apenas había conocido al chico hace unas semanas. O un mes, no sé. Aun así, sabría si había conocido a Sasuke tiempo atrás. Uno no puede olvidar fácilmente esa cara agraciada y esa personalidad elocuente. No y no. Tampoco podía negar que su presencia me atraía como a un imán. Y sabía con certeza que a pesar que sus palabras sonaban descabelladas, tenían que ser verdad. Sasuke y yo habíamos compartido algo. Pero…había una pieza que no encajaba.
–¿Por qué no te recuerdo? –pregunté en un susurro, rogándole al cielo que Sasuke me haya escuchado y no tener que repetir la pregunta. Y por tanto enredo emocional, no fui consciente de las lágrimas que caían por mis mejillas y del temblor en mis manos.
–No lo sé–respondió.
–¿pero…cómo?
–Todo fue un poco brusco. En esa época me había alejado de ti por problemas familiares, y en menos de un mes, sucedió.
–Nos distanciamos–afirme.
El asintió con pesar.
–Ino era el eslabón entre ambos, se encargaba de mantenerme al tanto de tus conquistas–musitó, con sarcasmo y un poco de humor.
–No lo recuerdo.
–Obviamente. Ese mes falte mucho a clase, y cuando regresaba, pocas veces te veía–dijo, hizo una pausa para tomar aire y continuó– habían días donde nos encontrábamos en los pasillos y sólo compartíamos una mirada. Cada día estabas más delgada y con ojeras… pensé que era por mí. Soy un idiota, pero realmente lo pensé, por eso para mí fue fácil concentrarme en mis problemas. Realmente fácil. Luego comenzaste a tener ataques.
–Mamá me hablo de eso… porque la verdad es que no recuerdo esos ataques–mencione con pesar.
–Y finalmente, sucedió. Esa noche, cuando te vi… solo podía pensar en cuanto daño te había causado. No me reconocías, no reconocías a nadie. Pensé que habías enloquecido, que alguien te había hecho algo… e incluso, tu ropa estaba desarreglada y fuera de lugar… pensé tantas cosas. Cuando la ambulancia llegó, tú estabas ida. El director no paraba de hacerte preguntas, y ni siquiera lo mirabas. Era como si estuvieras en otro mundo. Luego… creo que esa parte ya te la sabes.
–Hay algo que no entiendo…–dije– cuando volví, no te vi. La primera vez que te vi fue en el consultorio de tu papá. En la foto que tiene en la sala de espera. Yo… jamás te había visto antes.
Sasuke soltó una risa.
–Ésta es la parte buena, Sakura. En realidad si me viste, cuando volviste a retomar las clases. Te ausentaste por dos meses. Debías tomar clases particulares para poder nivelarte. Y en ese entonces… ya me había cambiado de secundaria.
¡¿Qué?!
–Estuve tres semanas visitando la clínica donde te tenían internada, y tu mamá no dejaba entrar a nadie, excepto a Ino. Un día me la encontré en los pasillos… y me dijo que ya no eras la misma. Que habías sufrido un lapso mental, y eso te había ocasionada amnesia. Al principio pensé que Ino estaba exagerando como siempre… pero dos días después estuve esperando a que tu mamá bajara a la cafetería y entré a tu habitación. Estabas sentada y de inmediato me miraste… pero no sabías quien era. No me reconociste.
–No entiendo porqué no recuerdo eso…–sujete mi cabeza con las manos y respiré lentamente.
–Quizás por el tratamiento o las terapias. No lo sé–respondió con paciencia.
–¿No te dije de mi enfermedad? –pregunte rápidamente.
Sasuke negó con la cabeza.
–¿Por qué no? –insistí.
–No lo sé, Sakura. Quizás no confiabas lo suficiente en mí, o te daba vergüenza hablarme de ello.
–Si éramos tan unidos… debí decírtelo–murmuré, en voz baja.
–Eso me dije durante mucho tiempo, créeme… pero eso es algo que solo lo sabes tú–dijo–sin embargo, ya pasó. No hay vuelta atrás. Sea cual sea la razón por la cual me hayas escondido la verdad… ya no importa, ¿no? El mal ya está hecho.
No pude evitar ahogar un sollozo al escuchar sus palabras y finalmente, lloré con fuerza. El dolor que sentí en ese momento fue abrasador. Cada poro de mi cuerpo tembló ante el dolor. Ante el descubrimiento y sobretodo, por el dolor que reflejaban las palabras de Sasuke.
–No llores–dijo, con la voz quebrada. Al instante me rodeo con sus brazos en un abrazo sincero. Su calor se instalaba en mi cuerpo como una manta suave y reconfortante. Pero eso no era suficiente… aun no calmaba el dolor de mi pecho. Las mariposas caían muertas, y el resto aun intentaban luchar por sentir algo. Todo era un caos en mí–. Debí buscarte. Ayudarte… hacer cualquier cosa. No tengo excusas para eso… solo que fui un cobarde. Huí de todo, pensando que así podría dejarte atrás. Pero no fue así… todos los días han sido un calvario. Un infierno… y cuando supe de tu enfermedad, todas las piezas encajaron. Todos los espacios vacíos se fueron llenando… ya sabía porque de tus cambios de humor, tus trances, tus desvaríos, todo. Ese día, en la fiesta, cuando te vi en la azotea, tan frágil y sola… ¿lo recuerdas?
–Si–susurré, aferrándome a su camisa.
–Pensé que…–hizo una pausa– en ese instante senti que el tiempo se detuvo. Solo podía verte… ni siquiera podía escuchar o respirar… solo se detuvo. Pero… ya eso no importa ahora.
–Ha pasado mucho desde entonces… el tiempo pasa y las cosas cambian. La gente cambia– la voz salía de mi boca con un leve timbre chillón.
–¿El tiempo es un problema para ti?
–No. Pero los recuerdos si.
No sabía lo que Sasuke sentía en ese momento. Tampoco lo que había sentido tiempo atrás. Sólo podía pensar en la ira que sentía.
–He tenido que soportar el peso de los recuerdos, y créeme, puedo lidiar con ello–dijo con decisión. Y a pesar que sus palabras sonaban convincentes, sabía que las cosas no iban a salir tan bien. Una extraña premonición azotó mi cabeza.
–¿Y… si no quiero estar contigo? –la pregunta salió de mi boca sin permiso. Trague saliva rápidamente, intentando que mi lengua se quedara tiesa, incapaz de decir otra palabra. Las palabras habían salido de mi boca antes de pensarlas. Y la opresión en mi pecho no cesaba. Algo se sentía mal. Se sentía prohibido. ¿por qué? ¿qué pasa? ¿por qué no querría estar con él? «Porqué es imposible llenar un vaso que ya se encuentra lleno, Sakura»
–Me alejaré de ti... –susurró bajito y añadió–: nuevamente.
–Sasuke, apártate, por favor– esta vez no le di oportunidad de alejarse. Quite sus brazos de mí y me aleje. Caminé lejos de él, intentando buscar un poco de aire fresco. Podía escuchar mis propios latidos combinados con los jadeos que salían de mi boca. Estaba al limite de mi cordura, pero…–¿qué debo hacer con esto?... digo… ¿qué debemos hacer tu y yo?
El tú y yo volvió a repetirse en mi cabeza en una especie de eco. Un sonido que escalaba su tonalidad a medida que mi cerebro entendía el significado de esas tres palabras combinadas. Tú y yo. Un repentino ataque de pánico me invadió al instante. Respire con fuerza, intentando orientarme y descifrar mis propias palabras. Es decir… ¿por qué hice esa pregunta? Fácil. Por masoquista.
–Sakura, soy un maldito egoísta, creo que es muy obvia mi respuesta– dijo, con parsimonia en la voz. Se mantenía en la misma posición, sin verme. Quizás su mirada se mantenía fija en el muro de concreto que impedía que el plan suicida de algún desdichado se realizara o en la brisa moviendo las ramas de los arboles.
–No, maldición. ¡No conozco la respuesta!– mi voz salió en un grito. Mi cuerpo temblaba por la cólera y la desesperación de la incertidumbre. Pero había más–. ¡Habla!
–Te diré que podemos seguir juntos–murmuró, en un susurro lento y pausado. Cada palabra tuvo su tiempo y su entonación–. De la manera en la que lo desees.
Negué con la cabeza.
En ese instante la luz del sol iluminó mi cara. Tuve que cerrar los ojos por el contacto tan directo.
–¿Amigos o …– deje la oración inconclusa. Tenía miedo de terminarla.
–O como quieras–dijo, con aquella forma tan relajada y despreocupada que lo caracterizaba.
¿"Como quieras"? No.
–Lo pensaré– respondí con sarcasmo.
Mi teléfono volvió a sonar por cuarta vez y volví a dejar que la canción terminara de sonar para presionar el botón de cancelar. Sasuke estaba al frente de mí con una sonrisa traviesa plasmada en la cara y con unas leves gotas de sudor perlándole la frente. Le devolví la sonrisa, relajada. Ya podía decir que estaba: controlada. O al menos eso me repetía constantemente. Sin embargo, ya la depresión de hace unos minutos había pasado. Ahora me encontraba tranquila.
Volví a introducir mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón ajustado. Agradecí al cielo haberme puesto una camisa fresca, porque la tensión y el clima tan propio de las 11 de la mañana no ayudaban. El sol estaba azotando con fuerza cada rincón de la terraza; por ende, en unos minutos más me iba a derretir como un helado.
–Sasuke–lo llamé.
Él se mantuvo quieto, mirando mis zapatos con interés y no reparó en mi voz.
–Sasuke– volví a repetir su nombre pero con más insistencia. Moví mis manos al frente de él buscando que saliera del trance en el que se encontraba.
–Oh, disculpa. ¿qué decías? –dijo.
Negué con la cabeza.
–Iba a decirte que debo irme–murmuré.
–¿Por qué? –preguntó, con insistencia en la voz.
–Porque ya casi es medio día–expliqué, como si estuviera explicándole las vocales a un niño de 5 años.
Sasuke medito mis palabras y echó una miradita curiosa al cielo. Su frente se arrugó cuando el sol le dio directamente en la cara y finalmente, volvió a mirarme.
–Tienes razón–exclamó– te llevaré a tu casa.
¿Qué?
Al llegar la noche, no pude evitar sonreír con ironía. Mamá había salido hace unos minutos, y la soledad de la casa se había instalado como una manta oscura sobre mí. Sólo podía escuchar el viento soplando a través de las rejillas del aire acondicionar, la gota continua cayendo sobre la cerámica de la ducha, y finalmente, el eco del silencio. Ese silencio que te hacía pensar que no estabas sola. Pero estaba sola. La única compañía que tenía en ese momento era la de mi almohada.
Suspiré por quinta vez desde hace media hora, rodando mi cuerpo hacia la derecha e instalando todo el peso de mi cuerpo en mi brazo derecho. Miré las cortinas cerradas, los bordes negros de la misma y el leve movimiento que hacían producido por el aire. La sensación de soledad nunca había sido tan densa. Tan latente. Tan oscura. ¿Por qué?...No puede ser por él, no puede ser por él, no puede ser por él, no puede ser por él. Repetí la oración como un mantra oculto. Como si estuviera susurrándole un secreto a la noche. O quizás… intentando escapar del peso de aquellas palabras. Sin embargo…
Sasuke había hecho añicos mi sentido común. Mi cerebro era una sopa de fluidos y pensamientos. Sí, una sopa. O al menos, así debería estar ahí adentro. Pero… ¡joder!, no puede ser por él, no puede ser por él, no y no.
Había dos cosas que tenía bien claro. Una, Sasuke y yo habíamos mantenido una extraña relación en el pasado y término por razones que no quiso mencionar, y dos, la cosa esta grave. Había olvidado al único novio que había tenido. Cualquier chica en su sano juicio hubiera hecho borrón y cuenta nueva, pero lo mío fue borrón y borrón. No hubo cuenta nueva, bueno… hubo más locura, pero eso era algo aparte. Muy aparte. Sasuke había barajeado cada una de las piezas de tal manera en que la historia resultara retorcida y verdadera. Sus ojos llenos de tristeza y melancolía, su voz entrecortada y baja, y el leve temblor en su mano me demostraron que su discurso era verdadero. Pero… maldición, eso no podía ser cierto. Aunque…mi cuerpo reaccionaba por sí sólo al contacto de su piel, de su mirada e incluso de su voz. Sería una ciega si no notará la chispa que radiaba de mi cuerpo al tener a Sasuke cerca. Era como si mi cuerpo y el suyo compartieran un acuerdo tácito de atraerse. Era alucinante.
Volví a suspirar. No había comido nada al llegar, y mi estomago estaba dando reclamos fuertes y dolorosos. Me estiré en la misma posición, sacando de la segunda gaveta de la mesa de noche un paquete de barras de chocolate. El paquete contenía los envoltorios de las barras que había consumido anteriormente, y los que estaban sin consumir. Cogí uno y lo abrí. El olor a cacao inundo mis fosas nasales con una caricia suave. Gemí cuando di el primer mordisco, y el sabor se extendió por mi boca. Al cabo de tres mordisco más, la barra quedo en el pasado –ó en mi estomago–. Mi teléfono comienza a sonar y siento que es una ayuda del cielo para que no saque otra barra de chocolate y la devoré. Busco con la mirada y finalmente encuentro el teléfono en el otro extremo de la cama. Estiro una de mis piernas y comienzo a moverlo hasta que pude alcanzarlo con mi mano. Era una llamada del –mi– verdugo. Espere unos segundos y finalmente contesté.
–¿Estás dormida? –preguntó Sasuke, en voz baja.
–Si, y supongo que tu igual– dije con sarcasmo. No pude evitar sonreír a imaginarme su cara.
–Oh, podemos comunicarnos dormidos, ¿lo habías intentado con alguien más? ¿sabes que eso es por un gen que solo algunos tenemos?
–¿Por ser especiales? –pregunté, intentando acertar.
–Si, y hermosos. ¿Y sabes quienes fueron? –su voz se tornaba grave, con un leve tono de misterio impregnado.
–No, dime.
–Extraterrestres…–susurró.
Reí bajito, como si fuera un pecado reír como una loca.
–Sasuke y su cerebro de diamante– mencioné con burla.
–Sakura y su cabeza loca– devolvió con rapidez.
Suspiré con pereza.
–¿A qué has llamado, Sasuke? –no pude evitar sonar tosca y un tanto…
–Estás molesta–afirmó con seguridad. Rodé los ojos intentando sacar fuerzas para hablar.
–Sasuke…–fui interrumpida por un sonido. Me levante de un salto y miré alrededor buscando, pero nada. Caminé hasta mi puerta y miré el pasillo. Nada– escuché un ruido–dije.
–Quizás llegaron para quitarte el don–dijo.
Seguí buscando con la mirada. Mirando la puerta semi abierta de la habitación de Mebuki. Pero nada.
–No está ahí, voltéate.
¿Qué carajos? al girar note una sombra a través de mis cortinas.
–Sasuke…–susurré con miedo.
Sasuke no contestó. Miré mi teléfono y la llamada había sido cancelada. Fije la mirada en la sombra y… me saludó. Corrí hasta ella, abrí las cortinas de lado a lado y ahí afuera, se encontraba Sasuke. Se aguantaba del barandal y me miraba con seriedad. Pestañee varias veces, atónita. Intentando analizar, pero nada. Me quede ahí observando como Sasuke inhalaba y exhalaba aire helado. El humo blanco que salía de su boca y el leve rubor en sus mejillas le daba un toque tierno. Pero el hechizo se rompió cuando Sasuke volvió a tocar y colocó una hoja blanca en el vidrio. Y en una caligrafía torpe decía: "Adopta por una noche a éste flacucho que tiene frío. Por favor, Se buena. Pd: Hago un chocolate caliente para morirse". Abrí la ventana y el frío azoto mi cuerpo hasta calar los huesos.
–Estás loco–dije con reproche– ¿qué se supone que haces aquí? Y… ¿cómo carajos subiste?
Sasuke sonrió de lado.
–Antes solía visitarte por las noches.
–¿Cómo qué "antes"? –me crucé de brazos indignada. Sasuke se aguantaba fuertemente del barandal y me miraba con desdén.
–Antes–dijo seco.
Fruncí el ceño.
–Vete.
–Oh vamos, Sakura. No seas terca y déjame pasar. Llevo un buen rato aquí y hace frío.
–Vete o llamaré a la policía– mencione con lentitud. Había instalado una promesa de amenaza en mis palabras, sin embargo, Sasuke rió como si hubiera culminado un chiste.
–Si no me dejas entrar, me soltaré. Y créeme, lo haré– no había ni una pizca de burla en su cara, en cambio, su seriedad me asusto.
–Pasa–dije con resignación, colocándome hacia un lado para darle paso.
Sasuke coloco ambas manos en los laterales de madera y cuando finalmente estuvo de pie en mi habitación, sonrió como niño travieso.
–¿Sueles salirte con la tuya a menudo? –camine al armario y saque una toalla.
–No, por eso aprovecho cuando puedo hacerlo–mencionó con gracia. Tenía una sonrisa de lado en la cara y no paraba de verme. Le entregue la toalla y la miró con suspicacia–¿Para qué necesito la toalla?
–Sécate el cabello, lo tienes húmedo–dije con simpleza. Me senté en el filo de mi cama, cruzando mis piernas al estilo indio.
–Oh, no lo había notado–comenzó a secarse el cabello con algo de torpeza, dando sacudidas sobre su cabeza con la mano, y al final, sacudió la cabeza de un lado a otro haciendo que sus cabellos se mecieran.
–Pareces un perro. ¿Habías escrito ese mensaje ahí mismo o antes?
–Me han dicho de todo, menos eso y no.
–¿No qué?
–Lo escribí en el carro porque tenía el leve presentimiento de que no me ibas a dejar entrar tan fácil– mencionó con seriedad. Inspeccionó mi habitación con la mirada y finalmente se detuvo en mí– ¿Ibas a dormir?
Giré la cabeza de un lado a otro negando.
–No estaba haciendo nada antes de tu llamada. Por cierto, ¿qué haces aquí?
Sasuke me miró con obviedad y tuve que reír.
–Te traje algo que creo que te ayudara a creer en mí– saco un sobre de su mochila y me la entregó. Miré el sobre amarillo como si fuera un cofre lleno de tesoros. Pero al abrirlo no encontré una corona llena de rubís o monedas de oro, tampoco el corazón latente de un amante pasado. Había fotografías, dibujos e incluso entradas al cine. Miré la primera fotografía y tuve que llevarme la mano a la boca de la impresión. En ella salía Ino y Sasuke, sentados en la acera de una calle; Ino sacaba la lengua con una expresión atroz en la cara mientras sujetaba a un Sasuke adolescente con expresión de fastidio. La siguiente foto era en otro lugar. Y en ella salía un Sasuke vestido de negro, con una gorra rosada y la palabra "Cute" con lentejuelas. Reí, porque la gorra era mía. Había sido un regalo de Ino. Ella también tenía una similar, pero con otra palabra… un tanto obscena. Y por último, estábamos él y yo.
–No puedo creerlo…
–Lo sé.
–¿Sabes cómo te olvide? –Sasuke estaba pensando.
–La cosa es que… nunca me dijiste que padecías de esquizofrenia. A pesar que te conocí en medio de un ataque– explicó como si hablara del clima. Volví a mirar la fotografía donde salíamos los dos, abrazados y felices.
–¿Cuánto tiempo….?–no pude terminar la pregunta porque sencillamente no sabía que decir,
–Nunca fuimos novios como tal, es decir, jamás te pedí que fueras mi novia.
–¿Éramos amigos con derechos?
Sasuke se rasco la barbilla y añadió:
–Me gustabas, y yo a ti, pero nunca tuvimos la oportunidad de ser novios formal–hizo una pausa para mirarme– nuestra "relación" era más bien una amistad. Te conocí por accidente y básicamente te pegaste a mí como un chicle– rió con burla al terminar.
–Ahora intercambiaste los papeles de chicle–dije con irritación.
Sasuke soltó una carcajada.
–No me malinterpretes, eras un chicle en el buen sentido de la palabra.
–¿Cómo te conocí? –apreté las fotografías contra mi pecho intentando refugiarme ante la mirada profunda de Sasuke.
–ehm… Era el nuevo en la secundaria. No quería tener amigos, porque realmente no deseaba perder mi tiempo en ello. Entonces un día el profesor de química no asistió a clases y subí a la azotea para dibujar. Pase ahí alrededor de una hora y media, o algo así, y de repente entraste. Estabas histérica, llorando y temblando. No te diste cuenta que estaba ahí porque me había sentado en la esquina que da hacia el cuarto de limpieza, ¿recuerdas? – asentí automáticamente al recordar la azotea. Muchas veces había subido a buscar a Ino cuando estaba besuqueándose con alguien–en fin… Ino entró al poco tiempo y te consoló. Pero lo extraño era que luego en los pasillos eras alegre. Demasiado alegre.
–¿Cuándo hablamos entonces?
–Dos semanas después. Subí para esconderme de Kiba y…
Lo interrumpí.
–¿Por qué te estabas escondiendo de Kiba? –pregunté angustiada. Conocía a Kiba desde que ambos aprendimos a sumar 2 más 2.
–El sujeto era un abusivo, así que básicamente lo hice enojar. Mucho.
Asentí. Intentando imaginar la situación.
–Ese día te encontré en la azotea, sola. Estabas parada como a la mitad del salón, con una herida en la cabeza, mirando a la nada. Caminé hacia ti, y no me veías, era sumamente escalofriante. Pensé que estabas en shock, te hablé, pero no contestabas. Parecías una muñeca de porcelana–miró hacia un lado de la habitación y cruzó sus brazos en su pecho–, así que baje y busque a tu amiga, a Ino, por supuesto. La ayude a llevarte a la enfermería. Y de un momento a otro, nos hicimos amigos. O más bien… Ino y tú me hablaban.
–No te imagino callado y asocial–dije con diversión. Sasuke resoplo con indignación.
–Lo era. Pero era difícil resistirse a ti y a Ino. Las dos eran un coctel de amabilidad, simpatía y diversión. Así que de un momento a otro, era el chico nuevo, la carne fresca de la secundaria.
Reí con fuerza.
–¿Cómo así?
–Todos querían conocerme, hablarme, besarme, y otras cosas– me miro con picardía.
Me sonrojé levemente.
–Y yo fui una de esas personas, ¿no?
Sasuke asintió con arrogancia.
–Solo bromeo, Sakura. Eras muy inocente en esa época.
–¿Eras? –levante mi ceja retándolo.
–Si, jamás me hubieras besado como lo hiciste hoy.
¡Maldición, Sasuke! Sentía como la sangre fluía con violencia hacia mi cara. Me acosté en la cama, tapando mi cara con una almohada, completamente avergonzada. Sasuke rió con ternura y se levantó del suelo.
–Oh, vamos, te ves demasiado adorable como para negarme el derecho de mirarte.
Negué con la cabeza, mientras cerraba mis ojos con fuerza.
–Vamos, Sakura– había una advertencia en sus palabras.
Arroje la almohada hacia un lado y abrí los ojos. Sasuke caminaba lentamente por mi habitación, observándolo.
–Ha cambiado bastante– mencionó.
–¿Te llevaras las fotografías? –pregunte en un susurró.
Sasuke se detuvo un instante y se miró a través del espejo.
–Puedes quedártelas, las tengo guardadas en el computador.
–Sasuke… ¿te puedo hacer una pregunta? –me levante y camine hacia él.
–Ya estás haciendo una, Sakura.
Rodé los ojos y hablé.
–¿Qué tanto nos queríamos? –no pude evitar sonrojarme al sentirme tan cursi.
–Lo suficiente–sonrió con ternura–, pero en ese tiempo ninguno lo sabía.
–Tampoco lo sé ahora–dije con rudeza.
–Lo sé– mencionó con tristeza. Miró nuestro reflejo a través del espejo y se alejo de mí– debería irme.
–Quédate un rato más, por favor– me levante de la cama y sujete su antebrazo con fuerza.
–Está bien–sonrió de lado nuevamente, brindándome una vista periférica de sus dientes blancos y derechos– ¿ya cenaste? Porque yo no.
Al quitarse la chaqueta negra, se quedó con una camisa blanca de algodón, pantalón negro y zapatillas del mismo color. Su contextura era delgada, pero su espalda ancha y cintura delgada le daban un toque… abrumador. Sasuke tenía una belleza poco convencional. « Abrumadora, en el buen sentido de la palabra, claro». Una piel blanca, nívea e incluso pálida. Un par de pecas en su clavícula, facciones finas, ojos oscuros y unos labios delgados. Pero su encanto se proyectaba en una sonrisa socarrona y una mirada intensa. Hasta podría decir que con su cara de fastidio se veía bien. Pero en esta ocasión, al saber del pasado que compartimos, podría decir que Sasuke tenía la habilidad de alocarte en cualquier momento. Podrías perder la cabeza por ese flacucho; de expresión taciturna y labios rosados. Y en este momento, mientras picaba con destreza un tomate, parecía una especia de vengador mítico. Un ninja experto en el manejo de un arma blanca.
–¿A qué hora vendrá tu mamá? –preguntó con rapidez, a pesar que tenía una de sus manos ocupadas intentando tapar su nariz.
–No lo sé, usualmente llega en la madrugada–comencé a colocar las rebanabas de tomate en cada pan–pero en la nota dijo que tendría una "cita".
–Llegará tarde–mascullo con gracia.
Camine hasta el horno y lo encendí.
–¿Prefieres tostarlos aquí o saco otra cosa?
–Ahí quedarán brutales–.Me reí por la forma en que habló.
Seguimos preparando los emparedados, buscando ingredientes en la nevera. Sasuke era como cualquier chico de su edad, comía con los ojos. Así que su emparedado era un revoltillo de muchas cosas. El mío sólo tenía cebolla, tomate, queso amarillo y mayonesa.
–¿Te comerás todo eso? –pregunte, viendo como intentaba disminuir el tamaño del emparedado.
–Si, soy un niño en crecimiento–me pico el ojo y precedió a colocar los panes en la plancha del horno.
Por alguna razón, me sonroje. Giré mi cabeza hacia otra dirección intentando que mi flequillo escondiera el rubor de mis mejillas.
–¿Por qué estás roja? –Sasuke se situó al frente de mí. Me aleje rápidamente y camine hasta la nevera.
–¿Prefieres jugo de naranja o una gaseosa?
–Gaseosa.
–Bien…–susurré.
–Sakura, tus habilidades para huir me sorprenden– lo sentí detrás de mí, observándome con esos ojos oscuros.
Me giré hasta encararlo.
–¿cuál prefieres?
Sasuke me escaneo con la mirada.
–A ti. Aunque no sería agradable tener que matarte, picarte en pedazos y luego hacer un licuado–hizo una pausa mientras ponía la pose del pensador–además, no se me da muy bien las merengadas.
–A mi sí. Antes de que me mates te puedo dar la receta–sonreí con picardía, sin embargo el humor se esfumo en el momento en que Sasuke se acercó aun más a mi.
–¿Me tienes miedo, Sakura?
Negué rápidamente, sin embargo no podía evitar retroceder a cada paso que daba Sasuke, y finalmente cuando no estuve escapatoria, me acorralo contra el mesón.
–Entonces… ¿quieres que te mate? –preguntó con la voz ronca.
Me quede callada observándolo. Las piernas me temblaban y el pulso se hizo lento.
–Supongo que eso es un no–dijo con una sonrisa socarrona. Me libero de la prisión de sus brazos –el mesón, él y yo– y caminó hasta el horno–. ya están dorados, creo que podemos sacarlos.
Caminé hasta él y observe a través del vidrio como los emparedados habían tomado un color dorado–semi tostado–. Apagué el horno y lo abrí para sacar los emparedados. Sasuke caminó hacia la sala con servilletas y vasos plásticos. Coloque los emparedados en una bandeja y abrí la nevera para buscar un poco de salsa de tomate.
–¿Tienes películas? –gritó desde el otro lado de la habitación.
–Si, debajo de la mesa hay una caja llena de ellas.
Coloque la salsa de tomate en la bandeja y camine hasta la sala.
–Espero que alguna te agrade, ya que la mayoría de las películas que están ahí son de mi madre o de Ino– explique, sentándome de una en el sofá– ¿Qué géneros te gustan más?
Sasuke me daba la espalda mientras sacaba los DVDs de la caja.
–Antes me gustaban las de suspenso y horror– dijo– pero ahora prefiero el suspenso, ya que es lo que realmente me saca un sobresalto en la trama.
Le di un mordisco a mi emparedado.
–Porqué no me sorprende que esa haya sido tu elección–masculle.
–No hables con la boca abierta–dijo, con burla. Me miró unos segundos y luego mostró la caratula del DVD– ¿qué te parece?
Estuve un rato mirando la caratula y luego a Sasuke, hasta que finalmente mi boca pudo articular una respuesta.
–¿"Tarzan"? –pregunté, con escepticismo.
–Sí, esta llena de suspenso, tapa rabos y muchos animales–dijo, con una sonrisa picara plasmada en la cara.
–Bueno… ¡que rayos, veamos "Tarzan"! – exclamé con entusiasmo.
¿Que les pareció? :3 perdonen la tardanza pero la verdad es que tuve un lapso de "cero inspiración".
En fin...
GRACIA A TODAS LAS LECTORAS NUEVAS QUE SE HAN ANIMADO EN LEER MI HISTORIA. ME HACE MUY FELIZ QUE LA GENTE LE DE UNA OPORTUNIDAD A UNA NUEVA ESCRITORA. ME SIENTO AGRADECIDA POR ELLO.
NOTA: si no les he respondido es porque no he tenido tiempo. Para el próximo capítulo, contestaré los reviews del capítulo anterior y del actual (si me dan reviews, por supuesto ;-;).
NOTA 2.0: ¿Alguien sabe por qué Sarada usa lentes?
Karin: A Sasuke-kun le gustan las chicas con lentes.
Sakura: ¿En serio, perra? ¿Y quien lleva el anillo, el emblema del clan Uchiha en la espalda, le pela sus tomates bien maduros, y le calienta la cama? ¿QUIEN? ¡¿QUIEN?!
Karin: ...
Sakura: .l.*justo en ese dedo tiene el anillo*
NOTA 2.1: Lo de arriba es sólo una broma cruel :3 porque la verdad es que no odio a Karin.
Sayonara!
Bye, bye!
CHAO!
