Notas al final del capítulo.


EL ALETEO DE UNA MARIPOSA

Capítulo 15

«Ya no se quién eres, ni quién soy. ¿Podrías amarme?»

No.

1

Los ecos se habían convertido en algo habitual, a veces venían junto a mis sueños u otras veces, simplemente venían. Ya había perdido la cuenta en el transcurso de los días… y ya había perdido la esperanza. Además, la rutina universitaria no ayudaba.

Quince días y diez horas, habían transcurrido desde aquella vez. Sasuke había ido a mi habitación en plena noche, dejando recuerdos suyos sobre los míos. Pero de eso… ya habían pasado tantos días, y tantos momentos.

La cosa iba bien, o al menos eso decía él. Las clases habían comenzado desde hace una semana, y Sasuke me visitaba todas las tardes. La terapia con la doctora Sango comenzó a ser parte de la rutina, aunque a veces debía quedarme el día entero en la universidad estudiando horas extras. El doctor Uchiha –mi doctor, padre de mi novio– notó mi milagrosa recuperación, y redujo mis terapias diarias por semana, a dos a la semana, lo cual había sido la cereza en la torta. Todo eso conllevó, a que mi reciente relación con Uchiha Sasuke se viera reducida a salidas casuales, y visitas esporádicas. Pero no me quejaba, Sasuke se las ingeniaba para verme cada vez que podía, y yo me las ingeniaba para disfrutarlo al máximo. También, mi relación con Ino había mejorado, o como diría yo: "Volvió al inicio". Y todo gracias a Sasuke. Aunque la verdad, debía darle mayor crédito al esfuerzo de Ino. Esa rubia escandalosa y berrinchuda lo dio todo por todo para que nuestra amistad volviera a ser como antes; e incluso, mejor. No existían los secretos, ni las verdades a medias –o al menos, no de su parte–. Todavía tenía cierta desconfianza hacia ella, y en ciertas ocasiones, hacia Sasuke, pero se me olvidaba cuando éste me besaba o cuando Ino me pasaba notas en plena clase diciéndome que el profesor se acababa de inclinar… ¡y que trasero!

El horario de clase era otro asunto de mención, debo aclarar. Me sentía parte de un plan macabro por parte de los rectores –digo, de los imbéciles que realizaban los horarios de clase– para hacer que mi tiempo se viera reducido a nada. Tuve que renunciar a mi antiguo trabajo en la cafetería porque los horarios habían sido establecidos para no realizar cambios. Entonces, cuando Ino y yo fuimos a cambiar el horario, el viejo barrigón nos saco el dedo –no lo hizo, en realidad, pero así lo sentí– y nos mandó a la mierda. Así que ahora, el horario era de lunes a viernes en la mañana. ¡De lunes a viernes en la jodida mañana! Pero bien, entre todo lo malo, al menos durante esas cinco horas podía liberar mis pensamientos autodepresivos y hormonales, por formulas matemáticas y muchas cuentas. La contabilidad entraba y salía de mis oídos como los susurros que escuchaba durante la noche, pero al menos, la voz del profesor de Contabilidad III no tenía la boca llena de sangre, o los ojos llenos de muerte. No, tenía una camisa de cuadros, que le apretaba el vientre hinchado, y unos mocasines color avellana que hacían contraste con sus ojos verdes. El hombre era un cuarentón jubilado de la central, que pasaba los días deambulando por los salones de Administración y Contaduría, dictando sus clases de Contabilidad III y Administración tributaria. Para mi mala suerte, me tocaba verlo tres veces a la semana, y siendo lunes –el inicio de la segunda semana de clase–, el hombre devoraba los temas casi tan rápido como una calculadora sacando una suma básica.

–¿Ya obtuvieron la deuda del mes de octubre?– preguntó el profesor, con desdén. Mantenía la mirada fija en los estudiantes de la primera hilera, y cuando comprobó que nadie había resuelto el ejercicio, suspiró y tomó asiento–. Es decepcionante dar clases con personas así. ¿Aun siguen dormidos?

Algunos soltaron una breve risa, pero Ino y yo nos mantuvimos con el mismo semblante aburrido. Por Dios, eran las 8:40 de la mañana, no había desayunado y ni mencionar si dormí bien o no.

–Muy bien, continuemos–dijo el profesor con resignación.

En ningún momento moví mi mano para algo más que no fuera escribir. Ino llevaba su portátil a las clases, y sólo debía teclear. Pero mi madre me prohibía llevar la mía alegando que uno iba a clase a escribir a mano, no a teclear. Entonces cuando observe la tabla en Excell que mi mejor amiga había hecho para tener los cálculos en orden, me di cuenta que mi tabla improvisada estaba mal. Había confundido las cuentas del mes de septiembre, y había sumado otra cantidad de un mes que ni siguiera generó deudas en la empresa. Maldición. Tome el bolígrafo e hice un gran tachón de largo a largo en la hoja de mi cuaderno, dejando una gran X. Ino miró mi cuaderno y sonrió con burla.

Mantuve la mirada fija en la pizarra, sintiendo como Ino se inclinaba hacia mi lado y tomaba un bolígrafo y escribía algo.

«Relájate, te pasaré mi tabla por correo en la tarde. Solo presta atención y ya. PD: ¿Es mi imaginación, pero el profe se ve buenísimo de espalda?»

Sonreí mientras leía y le lancé una mirada reprobatoria. Ino arqueo la espalda, mientras cruzaba los brazos sobre su pecho y miraba con seriedad la tabla improvisaba del profesor.

–Esto es todo por hoy–mencionó el profesor con voz cansada. Caminó hasta su escritorio y guardó su marcador negro en una de las ranuras de su portafolio.

–¿Y el resultado? –preguntó un chico que estaba sentado en la segunda fila, justo debajo de nosotras.

El profesor lo observó por unos segundos, como si hubiera escuchado una mala broma e intentara reaccionar de una forma… no tan ofensiva.

–Lo harán ustedes–respondió tajante.

Ino soltó un bufido.

–Ese hombre se ve tan estresado… siento que nos odia–me susurró al oído.

–Es así–afirmé mientras recogía mi libreta y la introducía en mi bolso–. ¿Vas a ir a la cafetería o ya te vas a tu casa?

Ino esperó que su portátil se apagara para cerrarla.

–No tengo planes como tal, así que, ¿Qué hacemos?

Me levante y espere a que ella guardara todo. Ya el profesor había salido del salón y sólo quedaban 5 personas, incluyéndonos a mí y a Ino.

–Vamos a la cafetería, no he desayunado–dije.

Caminamos a través de la sede, siendo perseguidas por el humo de cigarrillo y las voces excitadas de los estudiantes. Para ser la segunda semana, parecía el primer día de clase. Era normal que a la segunda semana, la gente comenzara a bajar el entusiasmo del primer día, sin embargo, podría apostar que ese entusiasmo se debía a la fecha que se avecinaba.

–¿Sasuke vendrá hoy?

Ino siempre hacía la misma pregunta día tras día, sabiendo que mi respuesta siempre iba a ser la misma.

–Por supuesto.

La cafetería estaba repleta de adolescentes que se estaban dejando crecer la barba para verse más hombres y de chicas que apretaban su sostén para que sus senos se vieran apetitosos. En su mayoría, eran caras nuevas. No reconocí a nadie, y al ver a Ino mirando de un lado a otro, supe que no había nadie conocido.

–Dime que no era como esas chicas de allá–rogó Ino mientras arrugaba el ceño.

–Lo eras. Apretaste tu sostén por un semestre, y yo use el mismo par de jeans durante medio semestre… ¿lo recuerdas no?

Ino soltó una risa mientras tomaba asiento en la única mesa libre en todo el batallón de nuevos.

–Oh si, los recuerdo. El profesor de matemática I te pasó la materia gracias a esos jeans.

–¿Tú crees? –espeté con picardía.

–Sakura, Sakura, Sakura–dijo Ino mientras meneaba la cabeza–. Esos tiempos eran geniales y horribles. Ahora me siento desarreglada y niche.

–¿Niche? –pregunté mientras alzaba una ceja. Ino sostuvo su bolso en un abrazo y vi el indicio de una sonrisa en su cara.

–Si, míranos. Parecemos estudiantes que están a punto de graduarse y sólo les provoca usar corrector para las ojeras. Ya ni recuerdo lo que es venir a clase en tacones… no podría ver clases de Contabilidad con el sostén apretándome las tetas. No podría.

–Ni yo.

Ino miró disimuladamente mi escote y soltó una risa de burla.

–Que graciosa–murmuré, enseñando mi dedo medio.

–Ya, ya– dijo con seriedad–. Hoy en la mañana tenía ganas de usar el nuevo labial coral de MAC que compré la semana pasada… incluso planeaba alisarme el cabello, pero en cambio, me puse a revisar twitter durante 20 minutos mientras esperaba que se hicieran las 6:30. A la final me hice una cebolla*… ¿será que hemos madurado o ya somos conscientes de que la belleza tiende a ser superficial con todo ese maquillaje, escote marcado, cintura reducida y unos jodidos pantalones de cuero?

–Estás loca, Ino–murmuré bajito–. Mataría por unos pantalones de cuero o por tener un estilista que me maquillase todos los días. Pero para responder a tu pregunta… no es que ya no seamos superficiales, es que somos vagas. Fin del tema.

–¿Crees que no quise arreglarme por ser vaga?

Asentí.

–Bien…!He sido atrapada en el mundo de vagas que ocultan sus ojeras con un buen corrector! –exclamó con drama.

–El corrector es mi mejor amigo–mascullé entre dientes.

–Lo sé, Sakura Haruno. Eres capaz de venderme en el mercado negro para tener dinero y comprar ropa.

–No me des ideas, Ino–dije, y sentí como un mareo me hacia perder el equilibrio. El aire estaba saturado de aromas. Olía a pastelitos horneados, pastel de vainilla y a café recién hecho. Mi estomago gruñó y me levanté en busca de alimento.

Había una cola de 8 personas delante de mí. Sujeté mi monedero en una mano mientras sostenía todo mi peso en mi pié izquierdo.

Desde que las clases habían iniciado, me había enfrascado en olvidar todo el drama anterior y disfrutar de la vida. Sasuke evitaba hablarme de ello, y se lo agradecía. Sabía que para él era difícil sobrellevar los recuerdos del pasado que compartimos, y por ello, intentaba ser considerada. Sin embargo, a veces notaba como si Sasuke le estuviera hablando a otra persona, a la Sakura de antes y no a la de ahora. Él no se daba cuenta, era inconsciente de sus palabras, de sus miradas. Aun así, desde aquella noche, nuestra relación iba viento en popa.

Al cabo de unos minutos pude avanzar hasta el mostrador.

–Una rebanada de pastel y café negro sin azúcar–le dije a la señora que atendía. Durante uno o dos minutos, me dediqué a observar a la señora moverse de un lado a otro, buscando la servilleta y los vasos desechables.

Cuando por fin estuvo listo, recogí la rebanada de pastel de vainilla y el café del mostrador y dejé encima el billete de 100. Caminé hasta la mesa y pude ver a Shikamaru sentado al frente de una sonrojada Ino.

–¡Basta, Shikamaru! –chilló Ino mientras tapaba su cara con una hoja.

–¡Eres una tramposa, Yamanaka! Estuve dos horas esperando las monedas y tú ni siquiera me dijiste nada–acusó Shikamaru con diversión en la voz.

–Hola, hola–saludé a Shikamaru, el cual me sonrió.

–Sakura, dime, ¿Ino siempre es así de tramposa?–preguntó.

Asentí mientras lamía la crema que se había pegado a mi dedo pulgar.

–Deberías cuidarte de ella, Shikamaru. Cuando estábamos en sexto grado me dijo que el chico que me gustaba era gay. Estuve todo un año lloriqueando cada vez que lo veía jugar futbol con los otros chicos, imaginándome cosas.

Shikamaru rió mientras meneaba la cabeza de un lado a otro.

–Oh, vamos Sakura… ¿Qué querías que hiciera? Él me gustaba y para colmo, parecía interesado en ti–se excuso Ino, cruzándose de brazos.

–Las mujeres se convierten en lo peor del mundo cuando se trata de hombres–murmuró Shikamaru mientras miraba fijamente a Ino. Ésta se encogió de hombros.

–Pero ustedes no pueden vivir sin nosotras–respondió tajante.

De pronto, me sentí excluida del círculo. Ino y Shikamaru compartían anécdotas, y de vez en cuando, Shikamaru lanzaba indirectas que hacían sonrojar a mi amiga. Así que preferí mantenerme en silencio mientras terminaba de comer.

Sentí un poco de pena por Ino, que no paraba de apenarse y decir cosas absurdas. Hace poco ella había aceptado que Shikamaru le gustaba, sin embargo, el moreno parecía más amigable que seductor en cuanto a su "relación". A veces sus indirectas podrían interpretarse como un "hey, me gustas", pero otras, parecía que sólo el hecho de hacerla sonrojar le causaba gozo.

Así que cuando mi café se acabó, pensé que lo mejor era irme. Ino necesitaba privacidad, aparte no teníamos otra clase.

–Ino… ¿Te molesta si te dejo sola? Estoy un poco cansada–dije.

Ino miró hacia su reloj y luego hacia Shikamaru, que se encontraba esperando que la rubia dijera algo.

–No, Sakura. Ve a descansar–me dio un apretón en la mano y a los segundos me soltó.

–Adiós, Shikamaru. Nos vemos–me despedí con la mano y salí de la cafetería.

Ya era media mañana y los estudiantes comenzaban a regresar a sus respectivas clases. El ambiente se iría tornando tranquilo a medida en que transcurriera el día. Antes, cuando había iniciado por primera vez en la universidad, me había sentido como un bicho raro alrededor de tanta gente, pero ahora no es así. O al menos, no tanto. Tener a Ino a mi lado era de gran ayuda, sobretodo cuando se me dificultaban las materias. Algunos días podía pasar horas estudiando con la garantía de sacar una nota sobresaliente, pero… a veces ni podía concentrarme por una hora. Sin embargo, la medicina estaba haciendo de las suyas y me sentía bien. No excelente como antes, pero si lo suficiente. Pero para una persona como yo… bien, era suficiente.

2

Luego de tanto pensármelo, decidí tomar un autobús que me dejaría a una manzana de mi residencia. La parada estaba sola, y cuando subí al autobús, pensé que había sido una decisión sabía. Mi cuerpo estaba colapsando por la falta de sueño y los malos hábitos alimenticios. Sasuke me obligaba a cenar cosas ricas en calorías, que en su mayoría eran comida chatarra. Ambos sabíamos que no era lo mejor para mí, sin embargo, mi cuerpo necesitaba de esa grasa para funcionar un día más.

El tráfico había sido escaso, y justo cuando llegó la siguiente parada (mi parada), recibí una llamada. En la pantalla salía el nombre de Sasuke. Deslice mi dedo sobre la pantalla y coloque el teléfono en mi hombro, mientras lo presionaba con mi cara.

–Hola, Sakura–dijo Sasuke a través de la línea telefónica.

–Hola, Sasuke–respondí. Caminé dando tropezones en el momento en que el autobús se detuvo. Saqué mi monedero y pagué.

–¿Sigues en clase?

–No, el profesor de ética nos aviso la semana pasada que no daría clases–dije mientras bajaba del autobús–. Y ahorita estoy a pocas cuadras de la casa. ¿Y tú?

–Estaba ayudando al doctor Uchiha con unos expedientes–mencionó con un tono de voz serio, casi profesional. Sabía que Sasuke solía dirigirse a su padre como "doctor", a pesar de que la mayoría de las personas sabían que eran padre e hijo.

–¿Y ahora qué haces?–caminé lentamente, sintiendo como el sol quemaba la piel expuesta de mi cuello. Mi coleta alta no ayudaba a proteger mi cuello, pero el calor que hacía era tremendo.

–Hablar contigo.

Sonreí al imaginármelo diciéndolo.

–Tonto–exclamé mientras sonreía. Esperé su respuesta pero sólo obtuve una risa de su parte. Miré la luz en el semáforo peatonal, esperando que se pusiera en amarillo para poder cruzar la calle. Finalmente, pude pasar–. ¿No me dirás, entonces?

–Estoy en mi habitación, acostado. Pasé mucho tiempo agachado con la cabeza metida entre documentos viejos y libretas con hojas amarillas. Me siento sucio–finalizó con humor.

–Pues báñate.

–¿En serio? No había pensado en eso. Wao–murmuro sarcástico.

–Voy a colgar, te llamo cuando llegue a casa–. Colgué de inmediato, sabiendo que si lo dejaba hablar, no colgaría hasta que se hiciera de noche. Apresuré el paso, sintiendo pasos atrás de mí. Frené por unos segundos, y de repente, la persona detrás de mí se detuvo. Unos cuantos minutos me separaban de mi casa si caminaba a paso normal, pero si corría… si corría. ¿Quién sería? ¿Un ladrón? ¿Sasuke? Imposible.

Volví a retomar el paso. Mantuve la vista al frente, recordando cada casa y esquina de la residencia. Los pasos aceleraban a medida en que yo aceleraba, pero no se acercaban lo suficiente. Comencé a traspirar cuando pude divisar el techo de mi casa a lo lejos. Los latidos de mi corazón aumentaron cuando escuché la respiración de la persona acechando sobre mí. «Vamos, Sakura. Recuerda los movimientos de defensa personal… él va a atacar desde atrás, entonces… voltearé, le daré una patada en la canilla y correré. Pero… ¿y si está armado?» Introduje la mano en el bolsillo delantero de mi pantalón sacando las llaves de mi casa, y cuando ya estuve lo suficientemente cerca, corrí.

Al llegar, abrí la puerta torpemente, mientras mis manos temblaban. El carro de Mebuki estaba en la entrada, lo que significaba que al menos tendría a mamá… ya va… ¡No!

Entré y abrí la puerta bruscamente, y avancé a través del pasillo, mirando de un lado a otro.

–¡Mamá! –grité con desesperación, pero de un momento a otro, el terror me invadió. «¡Idiota, no cerraste la puerta!» giré mi cuerpo bruscamente y me encontré con…

Nada.

La puerta seguía abierta, y no había nadie ahí.

Cerré la puerta y caminé hasta la puerta trasera. Pasé el cerrojo y asomé la cabeza por la ventana.

–¿Sakura?

Pegué un brinco al escuchar la voz de mi madre. Estaba vestida como solía vestirse cuando salía.

–¿Sucede algo? ¡Estas pálida!

Mebuki se acercó a mí mientras colocaba su mano derecha en mi frente y la otra en mi cuello.

–¿Sakura, qué sucede?–dijo en su susurró–. ¿Tuviste un ataque? ¡Responde!

Cerré los ojos, inhalando con fuerza.

–Creo que…–logré articular a medias. Mamá mantenía el ceño fruncido, examinándome con sus ojos.

–¿Has comido algo?

Negué con la cabeza, mintiendo.

–Por Dios, Sakura. Sabes muy bien que las medicinas son muy fuertes y si no ingieres comida te van a dañar el estomago–se alejó de mi, caminando hacia la nevera. Me mantuve callada, observándola.

–Mamá… te he mentido–susurré.

–¿Qué dijiste?–preguntó, girándose.

–Te he mentido… hace un momento… cuando te llamé…

–¿Qué sucede, Sakura?

Sollocé mientras miraba el reflejo de un movimiento en el cristal de la ventana.

–Oh, no…

–¡Sakura, habla de una vez!

–¡No grites!–susurre exasperada–. Un sujeto me estaba siguiendo desde la parada hasta la casa… no vi quien era porque tenía miedo que al girarme me hiciera algo… por eso solo seguí caminando… pero ahora no sé dónde está. Cuando entré a la casa podía escuchar aún sus pasos detrás de mí… no sé si está afuera en este momento… venia corriendo desde que pasé la cabina pero nadie me vio. ¡No había nadie, lo vi, lo juro! Cuando entré a la casa podía escuchar aún sus pasos detrás de mí, y por eso seguí caminando. Seguí caminando, lo escuché…

–¡Sakura!–el grito de mi madre me hizo reaccionar.

Tenía los ojos abiertos de la impresión, observándome. De pronto apartó la mirada de mí y corrió a la sala, buscando el teléfono. La escuche hablar con la policía. Me quede en la cocina, en la misma posición, incapaz de hacer otra cosa.

–¡Sakura, reacciona! –gritó mi madre desde la sala.

Obligué a mis pies a caminar, dando pasos pesados. Mamá caminó hasta mí y me tomó de la mano.

–La policía de la residencia viene en camino–explicó mientras me abrazaba–. ¿te encuentras bien?

Asentí levemente, aferrándome a su cintura, mientras por el rabillo del ojo veía una sombra arrastrándose por las escaleras. «Cierra los ojos. Todo va a salir bien. Va a salir bien… bien…»Me separé de su cuerpo y caminé de vuelta a la cocina.

El timbré sonó a los pocos minutos. Recorrí los pocos metros que separaban la cocina de la sala principal, y justo al llegar vi que mi madre hacía pasar a dos personas. Un robusto hombre de uniforme y otro que parecía sacado de una caricatura. El primero tenía la mirada calculadora, típica de un poli duro. Lo observé de lejos, sin atreverme a moverme. Mamá los había conducido hasta la sala mientras yo estaba en mi estado de shock.

–¿Ella es su hija? –preguntó el oficial con la voz neutra, mientras se sentaba en el sofá que Sasuke y yo habíamos compartido hace dos semanas atrás. Mebuki asintió mecánicamente mientras tomaba asiento frente al sujeto. Caminé hacia la sala y me senté en una de las butacas vacías.

–¿Estás segura de que era un hombre?–preguntó el oficial mientras abría una pequeña libreta y comenzaba a escribir en ella. El sujeto medía no más de uno sesenta y tenía una barba de dos días.

El otro se mantuvo de pie, mirando la casa de forma analítica.

–Si, sus pasos eran muy pesados para ser de una mujer–dije con firmeza, sin embargo, no tenía la certeza de que realmente hubiera sido un hombre.

–Pudo ser una mujer, señorita–dijo el oficial con desdén.

–Una mujer muy pesada–intervino mi madre con cinismo, mientras me dirigía una mirada inquisitiva.

–¿Usted fue la que hizo la llamada? –preguntó ésta vez el oficial que estaba de pié, dirigiendo la mirada azulada hacia mi madre.

–Sí.

–Bien, señora. El oficial Futaba va a inspeccionar su casa para verificar que todo esté en orden, ¿le parece? –mencionó el oficial regordete, mientras cerraba su libreta y esperaba la aprobación de Mebuki. Ésta se cruzó de brazos y asintió en silencio.

Al cabo de cinco minutos, escuche los pasos del oficial Futaba bajando por las escaleras.

–No hay nadie–dijo.

Suspiré por primera vez desde que habían llegado los dos oficiales.

–Bien, señora Haruno, eso es todo. Los vecinos ya están al tanto de la alerta, dejaremos a un oficial patrullando por los alrededores durante la tarde y la noche. De todas maneras, por precaución mantengan las puertas y ventanas cerradas–el oficial abrió su cartera y le entregó una tarjeta a Mebuki–: Puede que le interese instalar un sistema de seguridad. Tres casas de aquí la tienen y créanme, la casa será impenetrable. Llámelo, y dígale que yo los recomendé, señora.

–Señorita–corrigió mi madre, conduciéndolos hasta la entrada–. ¡Buenas noches, y gracias!

3

Fui a mi habitación y me metí debajo de las sábanas. Me acurruqué contra la almohada, intentando protegerme de un frío repentino. Mis pies estaban helados y no paraba de temblar. El teléfono había estado vibrando desde hace media hora pero era incapaz de moverme.

Mamá había estado un buen rato revisando cada centímetro de la casa. Asegurándose de que las ventanas y puertas estuvieran bien cerradas. E incluso, había revisado los armarios. No poseíamos armas, así que Mebuki decidió llevarse un cuchillo y una sombrilla a su cuarto. Pero luego de todo eso… Mamá pareció reaccionar de un trance. Llevo sus ojos verdes –iguales a los míos– hacia mí, acusándome. «¿Estás cien por ciento segura de que te estaban siguiendo?» había preguntado…

¿Cómo no podría estarlo? Me había llevado un gran susto. Y a pesar de que ya habían pasado dos horas desde que los oficiales se habían marchado, aún seguía temblando del miedo.

La puerta de mi cuarto estaba semi abierta, y podía escuchar los llantos de mi madre. Hablaba por teléfono con mi abuelo, y en más de una ocasión, había dicho algo perturbador.

«Creo que fue un ataque, papá. Había locura en sus ojos» escuché.

Me levanté de la cama y caminé hasta la habitación de Mebuki.

–¡¿Cómo puedes decir eso de tu propia hija?! –grité, mientras la señala con mi dedo. Ella se encontraba sentada en el filo de la cama, con el teléfono en la mano. Me miró por unos instantes, donde el silencio se hizo cada vez más abrumador y finalmente colgó el teléfono.

–Porque soy tu madre–respondió en un hilo de voz.

–¿En serio? ¿Me crees mentirosa por ser mi madre?–pregunté con sarcasmo.

Ella se mantuvo callada por un minuto, luego volvió en sí y se levanto, enfrentándome con la mirada.

–Te voy a hacer una pregunta y espero por Dios que me digas la verdad–espetó con lentitud–: ¿Te tomaste la medicina hoy?

–Por supuesto–respondí mecánica.

–!¿Te has estado tomando la jodida medicina, Sakura?!

–¡Si, maldición! ¡La tomo todos los días desde que me la recetaron!

–Muéstrame el frasco del antipsicótico–demandó.

–¿Es en serio?–A ese punto las lagrimas habían comenzado a caer por mis mejillas. Mi madre desconfiaba de mí, y era doloroso.

–Sakura–advirtió con severidad.

Limpie mis lágrimas con violencia mientras caminaba hasta mi cuarto –con mi madre siguiendo mis pasos–. Al entrar, cogí el frasco de antipsicótico –aquél néctar que mantenía la bestia enjaulada– y se la arrojé.

–Cuéntalas una por una, y notaras que faltan muchas–espeté con rabia.

Mebuki mantenía el frasco en sus manos mientras miraba el suelo.

–Que falten pastillas no garantiza que te las estés tomando–dijo con simpleza.

–¡Es ilógico! ¡Te juro que las tomo cada día! ¡Lo juro! –grité, desesperada. Había accedido a mostrarle el frasco, pero no a soportar sus ojos acusándome–. Vete de mi cuarto, por favor.

–Sakura…

–¡Lárgate!–la interrumpí, furiosa con ella por dudar de mí… y furiosa conmigo misma por perder los estribos .

Mebuki atravesó los dos metros que nos separaba, levanto su brazo y de un momento a otro, la palma de su mano se estrello contra mi mejilla. El sonido fue seco y rápido. Me tambaleé e instintivamente recuperé el equilibrio.

Las lágrimas me escocían los ojos. Mi cara estaba tapada por el flequillo de mi pollina, producto del golpe. «Respira, Sakura–me dije–. Respira.»

–¡Dios!–exclamó Mebuki–. Hija, lo siento. Lo siento tanto, no fue mi intención. Oh dios mío, ¿qué he hecho?

Se acercó a mí, pero yo agité la mano.

–¡Aléjate de mí!

Ella comenzó a llorar, mientras me miraba con preocupación.

–Aléjate…–susurré en un balbuceo.

–Sakura…

Caminé directo a mi cama, cogí mi bolso y salí de la habitación.

–¿A dónde vas?–preguntó mi madre detrás de mí. Mis suelas resonaban sobre la madera, produciendo un eco en la casa.

–Voy a salir–dije. Mi voz sonaba débil pero segura–. Regresaré temprano, lo prometo.

Pero al dar un paso fuera de mi casa… la seguridad se fue a la mierda. De pronto… me sentí pérdida. Todo va a estar bien, todo va a estar…bien. Mis pies siguieron moviéndose. Algunos pasos eran rápidos y de vez en cuando, se volvían cautelosos. Mi cerebro se había desconectado de la realidad y sólo quedaba yo. El tiempo se había ido en un suspiro, y sólo podía sentir el dolor asfixiante en mi garganta. Los latidos se habían convertido en el rugir de un motor… descontrolado y sin pausas. Pero nada de eso se comparaba con lo que sucedía a mi alrededor… las calles se habían reducido hasta formar un túnel oscuro y estrecho. El aire se volvía toxico, y el tiempo seguía estático. A cada ventisca, la humedad se evaporaba y las flores se marchitaban. La tierra temblaba a cada paso… el cielo lloraba a cada minuto… Aun así… mis pies siguieron su curso. Y entonces, me dejé guiar.

Luego de unos minutos –horas, días, años, siglos– no sabía dónde estaba.

Mis pies estaban entumecidos y el sudor me humedecía la camisa, mientras se deslizaba por mi espalda y me erizaba el vello. Las horas habían transcurrido de forma silenciosa, y luego de mirar mi reloj, gemí de dolor.

3:30 PM, dictaba mi reloj.

«¿Cuánto tiempo ha pasado?» Pensé.

De pronto, mi teléfono comenzó a sonar. El timbre era ruidoso y repetitivo. Miré mis manos por un instante, intentando ordenar mis pensamientos.

Cogí el extremo superior del teléfono y contesté.

–¿Sakura?

–¿Quién es?

Miré a mí alrededor, intentando reconocer el lugar… pero fue en vano. No sabía donde estaba.

–Sakura… soy Sasuke, ¿dónde estás? –dijo la persona.

–¿Sasuke? –susurré mientras me sentaba en la acera.

–Maldición, Sakura. ¡Llevo horas llamándote! ¿Dónde estás?

¡Ja! Me dieron ganas de reír, pero me contuve.

–Oh, Sasuke… no lo sé. Creo que me he perdido–espeté.

Lo oí maldecir por segunda vez. Hubo una pausa y finalmente volvió a hablar.

–Toma una foto de alguna calle, o activa tu GPS–hizo una pausa–. Iré por ti.

–Bien…

Activé el GPS, y miré de un lado a otro, buscando algún letrero, pero no encontré nada.

–No veo ningún letrero…–susurré en un hilo de voz. Estaba desorientada.

–Bien, ya tengo la dirección. No te muevas–ordenó Sasuke.

A los pocos segundos colgó la llamada. Respiré hondo. Los pies me dolían, y ni mencionar el calor que tenía. ¿Qué carajos hacía ahí? Miré mis converse blancos –que ahora eran marrones– sucios de barro. El ruedo de mi pantalón se encontraba en la misma condición de mis zapatos… ¡Pff! ¿por dónde había caminado? ¿Por un camino de lodo?

La calle parecía desierta, a excepción de un pequeño local de comida rápida que estaba a dos calles, y los enormes edificios de concreto que se levantaban como un rascacielos, limitando que el sol golpeara directamente contra mi cara. Tantee el suelo con mis dedos mientras observaba. Identifiqué el lugar vagamente, pero el dolor atroz que me taladraba en los pies me impedía pensar con claridad.

Me arrastré hacia un lado, y comencé a desamarrar las cuerdas de mis zapatos. Mis dedos estaban entumecidos y húmedos. La piel se veía arrugada y maltratada.

Suspiré, aguantando el dolor mientras sacaba las medias de mis pies. Éstas habían adsorbido la humedad por completo, y en un momento, sentí que la tela se había adherido a mi piel. Durante un momento, casi logré reprimir las lagrimas, pero sólo por un momento.

A lo lejos, pude divisar el automóvil de Sasuke. Me puse de pie y eché a correr hacia él.

El gruñido del motor me hizo retroceder, sabiendo que si seguía corriendo, podría lanzarme sobre el automóvil de Sasuke.

Espere hasta que se detuviera para volver a correr. Se detuvo y el motor se apagó. La puerta del conductor se abrió y, en medio de mis delirios y los enormes pilares de concreto, salió Sasuke… haciéndome sentir que todo lo malo se había ido de mi lado.

El destello de luz que me inundó el cerebro al ver sus ojos oscuros fue tan intenso, que me nubló la vista varios segundos.

–¿Estás bien?–preguntó en voz baja, haciendo caso omiso a mi estado.

Asentí.

–¿Dónde están tus zapatos?–preguntó, mientras me sujetaba la cara con sus manos.

–Están por allá–señalé con el dedo la dirección donde había dejado mis sucios zapatos.

Sasuke miró hacia donde apuntaba mi dedo y suspiró.

–Entra al auto–dijo.

Cerré los ojos, tratando de pensar.

–Listo–dijo cuando estuvo a mi lado nuevamente–. Ven, Sakura. Camina.

Me monté en el coche y cuando Sasuke estuvo a mi lado, sujeto el cinturón de seguridad a mi cuerpo. Ya a ese punto, mi corazón había vuelto a la normalidad.

–Llamé a tu casa y tu mamá me contestó–dijo con voz baja.

–¿Por qué hiciste eso?–pregunté.

–Sakura–dijo, en un tono que expresaba la esperanza de que yo estuviera bromeando.

–¿Qué te dijo?

–Dijo que te habías marchado por su culpa y que no sabía a donde fuiste. Estaba desesperada–explicó.

Dio marcha atrás a lo largo de la calle hasta girar, maniobró el volante hasta que el automóvil estuvo en sentido contrario y después arrancó. Sasuke pisó el acelerador hasta el fondo, aprovechando la soledad de la calle. Me apreté contra el respaldar, jadeando por la ansiedad. Comencé a sentirme nerviosa por el exceso de velocidad, pero justo cuando planeaba decirle a Sasuke que redujera la velocidad, una silueta oscura cruzó nuestro carril. Fue tan rápido que lo único que pude hacer fue mirar hacia al frente.

–¡Sasuke, detente!–chillé, el frío me invadió de repente. Abrí aun más los ojos...

Ahí, parada justo a pocos metros de nosotros, estaba Carly.

Su mirada se clavó en la mía y me lanzó una sonrisa diabólica.


¡Hola, queridísimos lectores! ¿Qué les pareció el capítulo 15?

Me disculpo por tardar tanto en actualizar la historia, pero he tenido inconvenientes personales y falta de tiempo. Éste capítulo lo comencé a escribir hace una semana más o menos, y tardé mas de lo esperado en terminarlo.

Pero, de verdad, me disculpo por hacerlos esperar tanto... por ello, estos días estuve pensando en reeditar la historia desde el inicio. Serán la misma trama, los mismos personajes y los mismos sucesos... pero lo que va a cambiar es mi mala gramática. Hoy reeditaré el primer capítulo, así que si eres nueva(o) lectora(or), bienvenida y espero que disfrutes los nuevos arreglos.

Aclaraciones:

*Cebolla: así le decimos en Venezuela, pero también he escuchado que le dicen "choncho" o algo así. Pero es un peinado que consiste en juntar todo tu cabello en un bola de... cabello jajaja y sujetarlo. Y ya. Incluso, si se hace más arriba (de la cabeza) podría ser un peinado de boda.

*NOTA 1: A las personas que no poseen cuentas en ésta página, por favor, no se olviden de dejar su nombre, porque luego aparece lo siguiente: "Guest". Y siempre me queda la duda si es el user de la persona, o es por no poner nombre ahí.

*NOTA 2: A los lectores de "El retorno" les avisó que por los momentos, no publicaré el 5to capítulo por falta de inspiración y tiempo. Pero no he dejado de lado esa historia.

*NOTA 3 (SUPER IMPORTANTE LEER ÉSTA NOTA): Solo voy a responder al final del capítulo a aquellos review de personas que no poseen una cuenta oficial en esta página. Si no encuentras aquí tu nombre, es porque te respondí directamente. Y si no lo he hecho, regañame en tu próximo comentario porque a veces no ando al tanto de mi correo.

*AGRADECIMIENTO A TODOS AQUELLAS PERSONAS QUE HAN DEJADO UN REVIEW EN ESTA HISTORIA:

RipperRose

Guest

Dalia pv Prez

amevicd

Katheerinak

.773

Natsuki-Hyuga

Lian Kirito-kun

YopFan

Athefrod

captus

PrisUchi

GenesisSakuritax

Aiko-Uchiha05

pam18sasusaku

yoko midori chan

natico-yan

silver blizzar

Rosalie Thompson

BrenaM

dalia

MUchiha

besscy

*Guest: ¡Muchas gracias por tu comentario! n.n

*Dalia pv Prez: Jajaja, pobre. Al leer tus dos comentarios me enredé un poco porqué dejaste un review en el capítulo 14 y hablaste del 5, y yo D: jajajaja ¡Muchas gracias por tu review! PD: ¿Tienes una cuenta? por ahí arriba sale una persona con tu mismo nombre y tiene cuenta. Bye! n.n

*Katheerinak: Aw, tranquila, estás disculpada por no haberla leído antes. Que genial que te haya gustado la historia y que te lo hayas leído en una hora jaja . Muchas gracias por tu lindo review! n.n

Muchas gracias por leer mi historia, y por dejar un comentario cada vez que actualizo. Sus palabras son de mucha ayuda para agarrar fuerzas y escribir.

Perdonen el uso de las mayúsculas en lo siguiente:

¡MUCHAS GRACIAS A TODAS LAS PERSONAS QUE LE HAN DADO FAV Y FOLLOW A ESTA HISTORIA!

¡Muchos abrazos!

*A favor de la campaña "VOZ Y VOTO", porque leer sin dejar un review es como agarrarme la teta y salir corriendo*

*******¿Quién es tu personaje favorito en ésta historia? OuO******

*****Se despide hasta la próxima actualización, su fiel y loca escritora, Anaid Silos.*****