The Beast 3


-El hada Watson no está en ningún lado –reportó Donovan a Lestrade, Capitán de los Guardianes, la división de élite de las hadas guerreras. Estaban en la Torre y había anochecido dos horas antes, todas las hadas estaban o en sus casas o en los alrededores del gran roble del Rey, lo cual era lo usual. Así que el comportamiento de Watson era completamente inadmisible y extraño, por decir menos.

-Stamford dijo que estaba haciendo estudios de cartografía para él ¿no? –La voz de Lestrade sonaba cansada, lo estaba, desde el día del rugido una extraña sensación lo recorría, una especie de presentimiento de que algo terrible se acercaba. Aunque las demás hadas no parecían conscientes de lo mismo, tenía por lo menos a tres que miraban con desconfianza las mismas cosas que él.

Anderson había reportado extrañas nubes que se acumulaban en los picos del norte, en Invierno había nevado y el color de la nieve tenía unos destellos verdes de lo más inusuales. Cuando se lo dijo, Lestrade sintió que se le revolvía el estómago, eso no era normal, sin embargo, al comentar con las hadas del hielo, ellas sonrieron y lo miraron como si de un bicho raro se tratara. De por si se sentía de lo más incómodo en Invierno, con aquel abrigo que no le permitía volar correctamente porque sus alas se movía con dificultad.

Las hadas de Invierno dijeron que sólo había pasado una vez, que no era nada que debiera preocuparlo y siguieron con sus actividades cotidianas, preparando los copos de nieve para las nevadas y enseñando a los animales a buscar y guardar su alimento para la temporada más cruda del invierno.

Dimmock había estado visitando Nunca Jamás, las cosas parecían normales hasta que se dio una vuelta por la caleta donde el barco del tal Garfio estaba anclado. Los piratas estaban esperando algo, sus ojos refulgían los mismos destellos verdes que habían sido vistos en Invierno. Esto tenía a Lestrade por completo intranquilo, algo estaba sucediendo, algo que no era obvio, que parecía estarse colando a las raíces de su mundo y no tenía idea de si era algo de lo que debía preocuparse. No lo sabía, pero sentía que era así.

Y algo en el comportamiento de esa hada en particular, de John Watson, no lo dejaba tranquilo. Desde el día en que ocupo su lugar había estado al pendiente de su antiguo capitán. No lo había dicho a nadie, pero las imágenes del ataque del halcón estaban grabadas en su mente, claras y prístinas, eran repetidas en sus sueños cada que cerraba los ojos. No tenía idea de lo que sería para Watson, seguramente no lo dejaban tranquilo ni un solo momento de sus días. Por eso había encomendado a Donovan para que se encargara de saber de él, ella creía que porque lo consideraba sospechoso, pero era algo más, quería asegurarse de que estaba bien.

Por eso dejo pasar el hecho de que Stamford justificara sus ausencias, sabía que no tenía nada que ver con un trabajo de cartografía, si Watson no estaba cumpliendo sus nuevos deberes era por algo mucho más importante. Podría haberlo ignorado, el problema era que sentía que tenía que ver con todo, el cometa, el rugido, las nubes en los picos del norte, la nieve con destellos verdes y los piratas de Nunca Jamás.

-Señor, ¿no cree que la excusa de Stamford es ridícula? –Donovan era muy inquisitiva y cuando estuvo al servicio de Watson no era del todo de su agrado la manera en que llevaba las actividades de las hadas guerreras ni de los Guardianes, eso era bien conocido. Lestrade suspiró y tuvo que darle la razón, la verdad si no fuera porque él escogía creerle al encargado de la gran biblioteca del Rey, nunca hubiera considerado esa explicación como posible.

-Lo es Donovan –dijo y su subordinada sonrió levemente.- Tendré que comentarlo con el Rey para que lo convoque a una audiencia y explique sus ausencias.- Estás a cargo por lo que resta de la noche.

Donovan se cuadró y Lestrade apresuró el paso hasta el balcón, se detuvo un momento para ver el cielo estrellado y se sorprendió al ver algo que el día anterior no estaba. Las estrellas brillaban como siempre, el cielo oscuro le servía de marco, pero de tanto en tanto, el brillo se volvía menos intenso, opaco, casi como si tomara otro color.

-Verde –susurró y entonces levantó el vuelo para recorrer el corto trayecto de la Torre hasta la ventana de la habitación del Rey. Normalmente no sería una manera adecuada de verlo, cualquier otra persona tendría que entrar al gran roble subiendo cada uno de los escalones iluminados por el reflejo del polvillo hasta llegar a la puerta custodiada por sus mejores hadas guerreras. Pero él no era cualquier persona y podía aparecer en su ventana y lo único que tenía que hacer era llamarlo para pedir permiso y adentrarse en su habitación.

-Su Majestad –dijo y dudó por un momento en que fuera buen momento o en que lo recibiera. Dudaba, lo hacía todos los días desde que despertó con la risa de un niño de grandes ojos marrones, una risa que retumbó y casi fue una carcajada. Cuando abrió los ojos lo primero que vio fue al Rey de la Tierra de las Hadas, con su precioso cabello rojo y sus ojos azules brillantes y encantadores. Su talento fue claro, nació de su deseó de protegerlo, de jamás de nada le sucediera, era un guerrero y daría todo, hasta su vida, por su Rey.

-Pasa –se escuchó su voz clara y fuerte, como siempre. Lestrade tuvo que respirar hondo y repetir en su cabeza mil veces que debía estar tranquilo, que estaba frente al Rey, un hada que lo consideraba su amigo y que le tenía toda la confianza que se podía depositar en otra persona. El problema residía en eso, en que sólo era amigo del Rey, tal vez el único, pero nada más que eso.

El Rey estaba sentado frente a un gran escritorio tallado de la misma madera del roble, lo mismo sucedía con la cama y los libreros de las paredes, todo estaba tallado del mismo roble en sí, era parte de la vida del árbol más importante de toda la tierra de las hadas. Varios papeles estaban esparcidos en el mismo, bastó verlos por un segundo para saber que eran sus reportes, los que había redactado todos los días desde que el cometa pasó surcando los aires.

-Te estás preocupando demasiado –le dijo con esa voz tranquila que solía usar para hablar con sus súbditos.- Entiendo todo esto Greg, pero pudieran ser simplemente coin…

-¿Coincidencias Su Majestad? –Preguntó con un tono un poco más agresivo del que planeaba pero no retiró lo dicho- Usted me ha enseñado que no existen tales cosas.

Los ojos azules del Rey se posaron en él por primer vez desde que entró a su habitación y consiguieron ponerlo nervioso, no tenía necesidad de decir nada, ni siquiera de acercarse, bastaba con eso, una mirada. Lestrade suspiró, no quería decir algo así, no quería pretender saber o pensar más que su Rey, pero en verdad lo que fuera que sucedía era importante.

-Tienes razón, mucha razón –dijo y volvió a mirar los informes, sus largos dedos pasaron las hojas con mucho cuidado y en ocasiones, recorrían su escritura como si fuera al precioso. Por alguna razón esto hizo sonrojar a Lestrade, no tenía idea de porqué, pero ver a su Rey hacer aquello se sentía casi como si en vez de sobre el papel, sus dedos pasaran sobre su piel.

-Yo… lo siento… no quise… -trató de corregir porque si algo no soportaba era contrariarlo y aunque le hubiera dado la razón y a pesar de que creía tenerla, no le gustaba ver esa expresión en su rostro, esa que significaba que no podía contradecirlo con absolutamente nada y que ese hecho no era del todo de su agrado. No era sólo por ser el Rey de todas las hadas, en general gustaba de tener la razón.

-Tranquilo Greg, no quiero que te disculpes –se levantó y dio tres pasos decididos, se colocó frente al Capitán de los Guardianes, el más fuerte entre todas las hadas Guerreras, y aprovechando la confianza que se tenían, tomó su mano entre las suyas. Ese era su máximo contacto, lo que el Rey se permitía hacer solamente con él y lo que hacía que el capitán sintiera que era el hada más afortunada entre todas.- Simplemente es que lo que sea que está pasando, siento que no deberíamos preocuparnos, siento…

El Rey apretó su mano y sonrió, era inesperado y extraño. Lo había visto sonreír claro, en muchas ocasiones, sobre todo cuando estaban ahí, en su habitación, lejos de los ojos de los demás. Sin embargo, esa sonrisa que ahora decorada su rostro era algo triste, como si un recuerdo doloroso le impidiera siquiera respirar, como si estuviera apretando su corazón y no fuera capaz de evitarlo. Lestrade estrujó su mano y nunca se habría atrevido a algo tan obvio, pero era notable su sufrimiento y cuando lo miró, en sus ojos había lágrimas sin derramar.

Tenía muchas ganas de abrazarlo. Hubiera dado todo por poder hacerlo.

-Podrías decir que yo no siento –comenzó a decir y estuvo a punto de interrumpirlo para, de nuevo, contradecirlo, pero casi se mordió la lengua para no hacerlo.- No creas que no los he escuchado hablar, decir muy claramente que soy casi un rey del Invierno, un rey de hielo. Pero lo hago, siento y temo por cada uno de ustedes y por el destino de esta tierra.

Volvió a posar sus ojos azules sobre de él y dos lágrimas rodaban por sus mejillas y sin poderlo evitar, Lestrade llevó sus dedos a las mismas para secarlas, porque no concebía que él estuviera llorando, porque no deseaba verlo triste o que se sintiera desgraciado. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho su mano tembló visiblemente, pero antes de que pudiera sufrir una crisis por haberse atrevido a algo así, el Rey tomó de nuevo su mano entre las suyas y sonrió por un segundo.

-Por eso te pido que por esta vez Greg, no hagas nada por favor.

No le quedó más que asentir y dejar que él se tranquilizara, sólo pudiendo hacerle sentir que no estaba solo a base de tomar su mano con fuerza y tratar de controlar su corazón, que luchaba por lograr que él hiciera tonterías. Tonterías que no correspondían a su puesto de Capitán y sobre todo, que no correspondían porque la persona que hubiera querido sostener y besar y adorar por el resto de su existencia, era la única que estaba fuera de su alcance.


Gracias por seguir leyendo, de verdad.

BeneBells, Anahi, Van, Misha y Lord, gracias por comentar, saben lo mucho que aprecio sus palabras.

Y pues a ver qué les parece este capítulo Mystrade jejeje (ohhh adoro el Mystrade)

Saludos a todos y recuerden, Like a Fuck Yeah Sherlock en Facebook.