The Beast 5


Pasó entre todos los que, pesé a la hora, rondaban el gran roble, las hadas al mirarlo se quitaban de su camino, no tenía ni idea de qué aspecto tenía, pero sus compañeras lo veían con atención subir los escalones, cada paso más apresurado que el anterior. Llegó finalmente ante el Rey, lo anunciaron y de inmediato lo dejaron pasar, sentía que cada segundo era un desperdicio porque Lestrade había subido directamente hasta el balcón de su habitación y las cosas que le habría contado serían inexactas.

Porque Lestrade lo veía como un monstruo, como lo que aparentaba a simple vista, un ser extraño y desconocido, algo que no se había visto jamás en aquellas tierras y que seguramente, era terrible y una desgracia en potencia. Así habría pensado él de haber sido aún el Capitán, de tener la responsabilidad del Rey y del resto de las hadas en sus manos, por eso no lo culpaba, no podía, sabía lo que era tener que responder por algo tan grande como el bienestar de todos.

Encontró al Rey sentado en su cama, con una expresión que era difícil de leer, parecía arrepentimiento o derrota, se veía, por primera vez desde que John lo conocía, empequeñecido. Siempre había sido un ser magnífico, el hada más impresionante de toda la tierra, más alto que todos, con un rostro que mostraba sabiduría y aunque a veces aparentaba desapego, John sabía muy bien que siempre estaba preocupado por todos.

No tuvo tiempo de decir nada cuando anunciaron a otra hada, Mike entró volando y fue a pararse al lado de John, cargaba con dos libros voluminosos que parecían muy antiguos, detrás de él entraron cuatro hadas más, llevando de igual manera libros y algunos pergaminos. Aquello no le dio una buena impresión.

-Stamford, por favor, informa al Rey de tus hallazgos –Lestrade estaba junto al Rey, su mano en el hombro de este, con la cercanía que ambos habían desarrollado desde antes de que obtuviera el puesto de Capitán.

-Lo siento John –murmuró Mike antes de camina hasta el escritorio, donde dejó los libros que cargaba, hizo una seña con la cabeza para que las hadas que lo acompañaba acudieran a su lado y acomodaran todos los libros que llevaban en los brazos, hojearon con rapidez los mismos, buscando algo en particular.

-Su Majestad –comenzó Mike- estos libros han sido escritos en diferentes momentos de la historia de las hadas, algunos datan de miles de años en el pasado. Este en particular –dijo tomando uno de los grandes libros que él cargaba- ni siquiera puedo decir de qué período es, parece ser uno de los primeros libros que fueron escritos por nuestro pueblo.

-¿Recuerdas algo? –preguntó casualmente Lestrade al Rey y todos en la habitación lo miraron con horror, había sido tan informal que no era adecuado. Se dio cuenta de su error y casi tuvo problemas para volver a abrir la boca.- Perdóneme por favor Su Majestad, me preguntaba solamente si usted, al saber el hecho de que siempre ha sido nuestro Rey, podía tener algún recuerdo sobre los hechos que estamos viviendo.

John vio como el Rey de las hadas cerraba los ojos, parecía el gesto claro de alguien que trataba de recordar, sus manos se apoyaron en el escritorio y casi podrían haber dicho que estaba sufriendo por el hecho de tratar de evocar memorias de tanto tiempo antes.

-Aquí –retomó Mike para tratar de quitar algo de presión al momento, tomó el libro y lo empujó para dejarlo al alcance del Rey y de Lestrade- podemos ver las imágenes con cierta claridad, pero las palabras están borradas, no sabemos qué dice. Lo he intentado, pero no hay manera de recuperarlas.

Las imágenes no eran nada esperanzadoras, John sintió que todo se estaba derrumbando y que el respirar se estaba volviendo hasta dificultoso. No era sólo un libro, todos aquellos que Mike mostró eran prácticamente iguales, se veían ilustraciones de la gran bestia de cuernos enormes y alas negras, parecía aparecer traída por el cometa y amenazaba con destruir la tierra de las hadas. Se veían los círculos de piedras, cuatro círculos de piedras y la bestia entre ellos elevándose, los rayos cayendo sobre los círculos y después, la bestia volando sobrevolando cargando los rayos de energía, como si los hubiera concentrado sobre su ser.

-Nos va a destruir –dijo Donovan. John no tenía idea de en qué momento había entrado pero tanto ella como Anderson tenía una expresión de terror en el rostro, convencidos de que esas ilustraciones culpaban a Lock de algo que ni siquiera había sucedido. Los libros estaban incompletos, las palabras se habían perdido y podrían estar interpretando todo incorrectamente.

-¡No! –gritó cuando los vio a todos murmurar, sabía lo que pensaban, sabía lo que querrían hacer a continuación- Es diferente, lo acepto, de la misma manera en que son diferentes los seres humanos y las sirenas.

-¿Vas a defender a la bestia comparándolo con los seres humanos? –preguntó con cierta dosis de sarcasmo Anderson- ¿Si recuerdas a Garfio y a su tripulación?

-No todos los seres humanos son piratas pendencieros –respondió John ofendido de que lo único que pudieran pensar fuera en Garfio, el peor ejemplo de ser humano que tenían a la mano.

-¿Las sirenas Watson? –la voz de Donovan tenía ese desprecio con el que siempre le había hablado, razón por la cual casi nunca trabajó cerca de ella, no le agradaba en absoluto su tono- Ellas son capaces de atraparte entre sus manos y hundirte en la profundidad el mar por el placer de verte dejar de respirar.

-¡Todo lo ven tan negro! –gritó desesperado porque no parecía haber una manera de decir algo correcto.- Los osos son diferentes a los conejos, los girasoles son diferentes a la hiedra y el mar es diferente al río, pero no por eso uno es malo y el otro bueno.

Pudo haber sido suficiente para convencerlos, para lograr que por la mañana acudieran a ver a Lock y se dieran el tiempo de conocerlo. El problema estribó en que un gran rayo cayó justo afuera del Gran Roble, destruyendo árboles adyacentes, árboles donde vivían hadas y ahora ya no estaban más. Ante los horrorizados ojos del Rey el bosque comenzó a incendiarse y lo que jamás se escuchaba en la tierra de las hadas, resonó en sus oídos. Gritos pidiendo ayuda.

-Greg –dijo casi como súplica.

-Anderson –gritó con una fuerza en la voz que podía competir con el más atronador sonido- moviliza a tu escuadrón de Guardianes para auxiliar a quien lo necesite. Donovan, trae a todas las demás hadas guerreras, vamos por la bestia.

El amanecer estaba a unos minutos de suceder y la tormenta de rayos parecía estar aumentando, la frecuencia con que los rayos caían era casa de uno por minuto, aunque la intensidad no volvió a ser la misma que la que causó el incendio. Todas las hadas Guerreras estaban listas y John tenía una orden estricta de no abandonar la presencia del Rey, quien observaba todo desde una distancia segura.

Iban por Lock pero no lo encontraron en su cueva y John suspiró aliviado, pensó que tal vez había ido a Invierno, porque era el único lugar donde no había construido un círculo, pero no dijo nada. Era mediodía cuando tuvieron que regresar por los gruesos abrigos, botas, gorros y guantes, y poderse dirigir de esa manera a Invierno, pues entrar sin ningún tipo de protección acarreaba la congelación de las alas. Así que cuando por fin lo encontraron había construido el último círculo a base de círculos concéntricos y las nubes habían estado confluyendo hasta verse en el cielo como una especie de remolino que fue tomando unos tonos verduzcos de los más enfermizos.

¿Eso era culpa de Lock?

Pero hasta el Rey dudó y aunque John pudo descifrar por sus ojos que no le agradaba aquello, dio la orden para capturarlo. Fue rociado con una mezcla de extracto de belladona muy fuerte, que ponía a dormir a cualquiera, aunque necesitó una dosis excesiva para surtir efecto, cuando por fin cayó inconsciente sobre la nieve, John voló hasta él para asegurarse de que respiraba.

Lo hacía, pero era casi imperceptible y lo que era más preocupante fue el hecho de que le costó mucho lograr escuchar su corazón. Casi lo habían matado y fue terrible para él verlo elevarse, gracias a que lo cubrieron de polvillo, sujetado por una red para ser depositado a los pies de la Torre, donde sería custodiado.

-¿Por qué el cielo sigue viéndose así? –preguntó Donovan cuando las nubes ahora claramente verdes iluminaban todo con esa luz enfermiza.

-Greg –el Rey se había acercado a él en un gesto por lo más inesperado, el Capitán lo miró y la preocupación en su rostro fue un espejo de la suya propia. Los rayos comenzaron a caer de nuevo, se originaban en el centro de esa conflagración nubosa, el primero que chocó contra la tierra la destrozó, levantando pedazos inmensos de roca y aventándolos en todas direcciones. Lestrade se lanzó a proteger a su Rey y sin pensarlo dos veces lo tomó entre sus brazos y se elevó con él para llevarlo al gran roble.

-Todos busquen refugio, los que no puedan hacerlo en el roble, entren al cuartel de las hadas guerreras.- Aquella orden fue más rugida, para hacerse oír entre los tronidos que ahora poblaban el ambiente, un nuevo rayo cayó con más fuerza aun, destruyó buen parte del bosque de Primavera y todas las hadas no necesitaron que se les repitiera la orden para cumplirla.

-John tenemos que irnos –dijo una voz familiar a su lado y sentía que una manos trataban de jalarlo para que se moviera, pero es que no iba a dejarlo solo, estaba inconsciente y amarrado y sin embargo, a pesar de ser una bestia de gran tamaño y él un hada más pequeña que su mano, John pensaba que su sola presencia significaba protección.

-¡John! –gritó Mike y un rayo cayó a escasos metros de ellos, la fuerza que tuvo fue suficiente para hacer que Lock abriera los ojos, sus pupilas se veían blanquecinas y John estaba seguro de que no podía ver porque volteaba para todos lados y la confusión se reflejaba en su expresión.

-Lock –le dijo susurrando en su oreja y volteó su cabeza en su dirección, concentrándose en su brillo, que al parecer era lo único que podía ver, John se sacudió un poco para aumentar el brillo y Lock alzó pesadamente su cara para tratar de alcanzarlo.

-Vamos a levantar la red John –la voz lo sorprendió porque era la de Donovan, quien junto a Anderson, Dimmock y el resto de las hadas guerreras que alguna vez estuvieron bajo sus órdenes, lograron levantar la red para liberar a Lock.

-Pero… -trató de formular una pregunta y no pudo juntar las palabras necesarias, Donovan bajó y se quedó a su lado, mirándolo de esa manera altiva que tenía.

-Las cosas parecen estar peor, tal vez el Rey tenía razón y no hacer nada era la mejor opción. –dijo y puso una mano en el brazo de John. En ese momento Lock se levantó con mucho trabajo y una especie de sacudida hizo que volviera a caer al piso, de su espalda emergieron entonces un par de alas negras similares a las de un murciélago. Esto asustó a todos, John pudo ver claramente que Donovan parecía dudar acerca de la decisión que tomó, pero todo estaba bien, que su amigo ahora tuviera el par de alas que los dibujo de los ibros de Mike le atribuían no cambiaba nada.

Absolutamente nada.

-¿Por qué no se mueve? –preguntó Anderson.

-No puede ver nada, al parecer la belladona lo dejó ciego –respondió Dimmock.

-Pero puede ver la luz del polvillo –dijo John y voló enfrente de su cara provocando esa pequeña sonrisa de reconocimiento, no sólo era la luz, Lock sabía que era él quien estaba a su lado.- Vamos a hacer lo que has estado preparando todo este tiempo.

John tenía que volar y lo hizo tan rápido como solía hacerlo, cuando no había un hada más rápida que él, antes de la lesión y que su ala quedara inservible. Aunque para ser un hada inservible se movía bastante bien, pero no había tiempo para sorprenderse por aquello, tenía que apresurarse. Lock lo siguió y John se dirigió al primer círculo que su amigo había construido, justo cuando Lock pasó volando encima de él, un gran rayo cayó y en vez de chocar con la tierra y condenar a la destrucción a toda esa área de la tierra de las hadas, se concentró en lo cuernos de Lock.

Era como si la energía entera del rayo recorriera el cuerpo de su amigo, pero no se veía afectado por lo mismo, seguía volando siguiendo a John quien ya se dirigía presto al sitio del segundo círculo, donde pasó lo mismo, un gran rayo cayó y los cuernos de Lock lo concentraron evitando que se destruyera la tierra.

John sintió un gran alivio al pasar por el tercer círculo, estaban muy cerca de Invierno, llegarían en cosa de minutos, lo veía ya en la lejanía y aunque el frío lo estaba calando, no se iba a detener por nada del mundo. A menos de que alguien derribara a Lock con una bomba de belladona y aunque esta vez no lo hizo dormir, lo hizo caer en picada, perdiendo la concentración y la energía de los rayos escapara de su cuerpo.

-¡Lock! –gritó John pero unas manos lo sujetaron con fuerza y lo aventaron para que cayera en la nieve. A pesar del dolor provocado por la caída intentó con todo llegar de nuevo al lado de Lock, pero no pudo porque las mismas manos lo sujetaron y no lo dejaron volver a volar.

-¡Detente! –le gritó a quien trataba de evitar que se acercara a su amigo.

-¡Vas a conseguir que todos muramos! –Lestrade lo sostenía y cuando vio que seguía intentando volar, jaló el ala que había lastimado el halcón causándole un dolor intenso.

-¡Claro que no! –Gritó con todas sus fuerzas a pesar de que su ala parecía conspirar para casi inmovilizarlo.- Lo único que está tratando de hacer es ayudarnos.

-Es un monstruo –dijo casi como un siseó Lestrade, la verdad estaba muy asustado, no por la bestia en sí sino por el hecho de que pudiera lastimar a su Rey.

-¡No es un monstruo, es mi amigo! –aventó con toda su fuerza a Lestrade y se lo logró quitar de encima para poder levantarse. John estaba brillando mucho, sentía una gran indignación recorrer su cuerpo y eso hacía que el polvillo revoloteara a su alrededor. Los rayos estaban cayendo de nuevo y cada vez más cercanos, uno golpeó un árbol bastante cercano el cual se desplomó y estuvo a punto de aplastarlos.

Cuando lo notaron, fue porque Lock se había levantado y había detenido con su cuerpo la caída del árbol. El árbol era grande y pesado, pero sólo necesitó batir sus alas para desarrollar la suficiente fuerza para aventarlo lejos de ellos.

-Te lo dije –sonrió y su amigo lo hizo de igual manera, esa sonrisa torcida que dejaba al descubierto sus grandes dientes.

-Yo… -ahora Lestrade estaba sin palabras al ver como ambos, bestia y hada, parecían entablar una conversación sin palabras. Los rayos volvieron a confluir en los cuernos de Lock y la energía recorrió una vez más su cuerpo.

-Tenemos que terminar Lock –dijo John y se lanzó para alcanzar el último círculo, su amigo iba detrás de él y para cual el último rayo lo alcanzó, volaba pesadamente, parecía que lo único que lo impulsaba era el hecho de que John estuviera con él. Al mirar hacia arriba fue claro que toda la energía que ahora transportaba Lock debía disiparse, así que tenían que subir. John sentía que su ala se congelaba, que su cuerpo se congelaba, pero eso no lo iba a detener. Comenzó a volar hasta alcanzar el vórtice de las nubes verdes que se arremolinaba con velocidad y cuando Lock las atravesó, todo pareció explotar.

John Watson, antiguo capitán de las hadas guerreras iba cayendo a tal velocidad que seguro moriría al chocar contra la tierra. Sólo que no chocó contra nada, en vez de eso algo lo tomó y lo depositó con cuidado, con mucho cuidado, en la nieve fría. Lo último que vio antes de que todo se convirtiera en negrura fue el brillo azul de los ojos de Lock.

Y entonces todo terminó.


Gracias por seguir leyendo y perdón por no subir el capítulo ayer, no me dio nada de tiempo.

Y pues ya casi cercano se encuentra el fina, ¿qué les parece la historia?

Ufff... espero comentarios, por favor, jejeje gracias.

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