The Beast 6
Cuando lo vio no recordó al instante, no fue una súbita epifanía que le trajera a su mente lo vivido en el pasado, más bien fue como sí una niebla comenzara a retirarse de su memoria de manera muy paulatina. Aquello había sucedido de igual manera mil años atrás y también pasó mil años antes y así hasta perderse en el origen de la magia. Él siempre había sido el Rey de las hadas, siempre había estado solo hasta que llegó su hermano, no tenía idea de porqué, pero lo sabía, esa hada de ojos azules con destellos dorados y cabello rizado y chino, era su hermano.
Era inteligente como ninguno y de lengua un poco suelta, no le importaba importunar un poco a las hadas, después de todo, entre su pueblo no había grandes misterios ni secretos y cuando su hermano decía algo incorrecto, solían reír de buena gana. Y sin embargo ninguna de aquellas hadas era un verdadero amigo de su hermano, solía pasar los días en soledad sin querer realmente ser parte de las actividades de las que eran responsables.
Hasta que llegó el cometa y todo cambió. Su hermano dijo que sabía que debía hacer y de hecho, lo hizo, la energía fue concentrada en los círculos que construyó y en vez de destruir la tierra, los rayos se reflejaron y se elevaron. El problema fue que confluyeron en el cielo y parecían estarse acumulando en vez de dispersarse. El Rey estaba junto a su hermano cuando sucedió, cuando tan sólo le dedicó una mirada, una mirada donde le decía todo; y al siguiente instante voló hasta el centro de la tormenta sin que nadie pudiera prevenirlo y cuando la energía tocó su cuerpo, una gran explosión sucedió, una que estremeció toda la tierra de las hadas.
Y es que sólo era una pequeña hada después de todo.
Lo encontraron a punto de morir, su cuerpo por completo deshecho. El Rey lo tomó en sus brazos y lloró hasta no poder hacerlo más y de esa manera, sosteniéndolo, como si no pudiera aceptar que jamás volvería a verlo, fue como logró hacer que su esencia sobreviviera. Fue tal vez una magia que vivía dentro de él, una que no conocía y que jamás podría volver a repetir, una luz muy cálida pasó de su cuerpo al de su hermano y pareció por un momento que era lo suficientemente intensa para iluminar todo a su alrededor.
Después de que el brilló alcanzó su punto máximo y comenzó a disminuirse, la luz se elevó por sobretodos y se alejó, adentrándose entre los árboles del bosque de Otoño. El Rey y las demás hadas lo siguieron lo más rápido que pudieron, perdiéndolo de vista entre unas cuevas poco profundas pero muy espaciosas que los osos solían usar algunas veces para dormir.
Entraron con mucho cuidado, iluminando el camino con el polvillo que se agitaba alrededor suyo al batir sus alas. El Rey se sentía nervioso, no entendía nada de lo que había sucedido, la razón por la cual su hermano hubiera hecho aquello y como era que una hada podía contrarrestar toda la energía que se había acumulado en el cielo con el sólo poder su voluntad. Y sin embargo era lo que había sucedido y ahora, una luz que había abandonado el cuerpo de su hermano era todo lo que tenía, una vaga esperanza de que no hubiera sido su final.
Aunque lo que encontraron al final de la cueva no fue lo que esperaban, para nada.
Era un ser extraño cubierto de pelo claro con patrones de pelo más oscuro, una nariz oscura y húmeda, unos ojos azules muy grandes, con destellos amarillos de estrellas, como los de su hermano. Pero la bestia estaba echada encima de una roca plana, parecía dispuesta a dormirse y no le importaba en lo más mínimo su presencia, sin embargo el Rey voló para quedar frente a su rostro. Pareció reconocerlo, porque sacudió ligeramente su cabeza y después bostezó, sus grandes ojos comenzaron a cerrarse hasta que se quedó dormido.
-Sherlock –dijo en voz muy baja el Rey cuando se arrodilló sobre la bestia y acarició su cabeza con ternura. El Rey le prestó atención a los detalles de su cuerpo, tenía un par de cuernos grandes como los de un venado y sus manos tenían garras y en lugar de pies, unas patas que terminaba en pezuñas. Acarició su pelo, ese lugar donde se encontraba él, entre sus orejas gachas, lo hizo con mucha suavidad, un segundo después voló de nuevo para quedar frente de esa cara extraña y tocó su nariz a manera de despedida.
Pensó que tal vez dormiría algún tiempo, meses, para recuperarse, pero el punto es que la bestia no despertó por mucho tiempo. Los años se acumularon y el Rey seguía pensando en su hermano. Sólo que fue demasiado tiempo el que pasó, demasiado para que nadie, ni siquiera un ser mágico, pudiera recordar. El Rey olvidó y también todos los demás.
Aunque todo sucedió mil años después, exactamente igual sólo que ahora en vez de ser una pequeña hada, su hermano era una gran bestia que crecía conforme su trabajo se iba completando hasta desarrollar un par de alas enormes y poderosas. El Rey se prometió no olvidar, se dibujaron las hazañas de su hermano, se escribieron libros y cuando volvió a dormir, prometió que la siguiente vez que el Cometa pasara por la tierra de las hadas, él estaría ahí para esperar su despertar. La mayoría de los libros se perdieron o estaban incompletos cuando mil años después el Cometa regresó y el Rey no entendía cómo era que parecía un ciclo imposible de romper.
Las memorias sobre su hermano se esfumaban y él, que no olvidaba nada, siempre lo perdía.
Había pasado tanto tiempo y aquella era la primera vez que su hermano no estaba solo, esta vez había sido diferente, todo era por esa hada, por su antiguo Capitán, John Watson. Ahora frente a su hermanito, con sus alas destrozadas, quemadas hasta la base, miraba sin ninguna esperanza como este lloraba porque John no despertaba, porque su ala derecha parecía colgar sin ninguna fuerza de su espalda, porque su rostro estaba quemado en algunas partes y porque parecía no respirar.
John Watson estaba muerto. Un hada había muerto, aquello era una de las grandes tragedias que su pueblo tenía que vivir. Siempre había accidentes, por ejemplo, con los halcones, pero algo así, un sacrificio, era increíble de presenciar. John había volado a la tormenta de la misma manera que lo hizo Sherlock miles de años en el pasado. Pero nada sucedía, el Rey esperaba que la esencia de John se elevara de su cuerpo, pero no sucedía; por supuesto, aquel milagro había sido algo único.
Su hermano comenzó a respirar muy rápido y un aullido salió de su garganta, uno que hizo que todos comenzaran a llorar, porque ahora el resto de las hadas se había reunido alrededor del cuerpo de John y comprendían el dolor que se transmitía en aquel lamento.
El Rey estaba llorando, no había manera de que viera a la bestia en que se había convertido su hermano, como recompensa por salvarlos a todos, tratar de revivir el pequeño cuerpo de John y no sentir que su corazón se rompía. Lo tocaba con sus garras, con mucha delicadeza, con su nariz, tratando de que el toque familiar lo trajera de vuelta. Pero no era así, y las lágrimas volvían a caer seguidas de otro aullido aún más desgarrador que el anterior.
Entonces su hermano tocó una vez más el rostro de John con su nariz y exhaló todo el aire de sus pulmones sobre él, chispas de color verde saltaron por todo el lugar, una de ellas recorrió el cuerpo del hada y fue justo en ese segundo, y ante el asombro de todos, cuando abrió los ojos de manera titubeante.
-Lock –la voz de John era poco más que un susurro, pero provocó en su hermano una alegría enorme. El Rey sintió una tristeza enorme, pues sabía lo que iba a pasar a continuación, pero era incapaz de decir absolutamente nada, en vez de eso, caminó los metros que lo separaban de Lestrade, quien estaba tirado en el piso, en el mismo lugar donde había caído cuando la bestia lo había salvado. Se arrodilló a su lado y tendió su mano izquierda, entonces esperó. Lestrade se movió para lograr quedar sentado, esto lo hizo nada más verlo llegar a su lado, pero cuando su mano parecía esperar el siguiente movimiento de él, no dudó.
Estaban tomados de la mano cuando la gran bestia de Nunca Jamás comenzó a lamer el cuerpo de John que aún estaba débil y no podía moverse. Sin embargo comenzó a reírse y para todos fue perceptible la alegría que los embargaba. Ahora todo estaba bien, todo su mundo estaba a salvo, la energía que el cometa había dejado sobre la tierra de las hadas se había disipado una vez más y su hermano tenía un amigo.
Pasaron los días, se convirtieron en semanas y tener un amigo que fuera tan grande era alto útil. Todos los días ayudaba a transportar semillas, porque John le dijo que era algo agradable, ayudar. John le dijo que reparar el acueducto era también algo bueno y por lo mismo, lo hizo. Lo único que nadie tenía que decirle que hiciera era proteger a las hadas de los halcones y demás aves de presa que los ponían en riesgo. Protegería a John pasara lo que pasara.
Dormía fuera de su casa de John, junto al árbol, protegiéndose sólo con el calor de pelo, por lo que las hadas le construyeron un refugio adecuado para que de esa manera no tuviera que dormir al aire libre. Al final, para poder dormir más tranquilo, John salía de su casa y se acostaba sobre su cabeza, así ninguna pesadilla llegaba en medio de la noche a atormentarlo, llevaba mucho sin soñar con halcones volando en el firmamento.
Sólo había algo que lo preocupaba, mientras que los días se iban en explorar e investigar las cosas que le causaran curiosidad a Lock, cada vez era más difícil despertarlo por las mañanas, John tenía que jalarlo, pellizcarlo, abrirle los párpados, derramarle agua encima. Eso estaba haciendo, llevando una gran hoja cargada de agua ayudado por el polvillo cuando vio al Rey caminar hacia él.
-John –dijo y como el Rey estaba con sus pies descalzos sobre la hierba, él bajó para caminar de igual manera. Desde aquel día en que regresó a la vida gracias a Lock su ala estaba del todo curada y podía volar sin la más mínima molestia.
-Su Majestad –le respondió e inclinó la cabeza con respeto.
-¿No ha despertado verdad? –le preguntó y John sintió algo de incomodidad, ¿cómo era posible que supiera?
-No, no lo ha hecho –le respondió y siguieron en silencio hasta su árbol, apartaron las ramas que cubrían la entrada y lo encontraron sentado, con los ojos abiertos, pero su expresión era adormilada.- ¿Lock? ¿Estás bien?
-Él está bien John –le puso una mano en el brazo para tranquilizarlo, John creía que Lock estaba enfermo, era normal que hubiera días donde no pareciera querer relacionarse con el mundo, aunque ese estado de contemplación no había regresado desde que ya no construía círculos de piedras. Así que no había otra explicación, estaba enfermo, John estaba seguro y no importaba lo que dijera el Rey, algo debía hacer para curarlo.- No está enfermo John, sólo está muy cansando, verás, lo que hizo, salvarnos una vez más, no es nada sencillo y le requiere un esfuerzo exagerado.
John comenzó a llorar y al verlo, Lock se acercó a él y trató de tranquilizarlo, pero no era posible, porque entendía lo que iba a pasar. Había escuchado de voz del Rey aquella primera noche después de salvar a Nunca Jamás la historia de cómo habían nacido como primeras hadas, de las primeras risas de los seres humanos y cómo habían estado presentes la primera vez que el cometa apareció. Lock dormía en la cueva donde lo encontró hasta que el cometa regresara, necesitaba mucha fuerza para lograr detener lo que sucedería sin remedio si él no dispersaba la energía.
No se separó de Lock mientras los demás hacían los preparativos, lo condujeron escoltado por todas las hadas Guerreras, quienes portaban la luz de la luna atrapada en un orbe, mientras el resto de las hadas iban detrás del Rey y de Lestrade. Le habían preparado todas las comodidades dentro de su cueva, aunque sólo iba a dormir durante mil años, un lecho cómodo para esto y una luz que jamás se apagaría para que no sintiera la oscuridad a su alrededor, un manantial de agua que jamás se secaría y un ambiente fresco para mejorar su descanso.
Lock se acostó y se acomodó, John se acercó y besó su frente antes de pararse en la punta de su nariz y sonreírle.
-Adiós Lock –le dijo- muchas gracias.
-John –fue lo único que dijo antes de cerrar sus ojos. John no lloró hasta que cerraron la cueva y todos regresaron a sus casas, no lloro hasta que de nuevo estuvo solo, hasta que nadie podía verlo y pudo dejar salir todas las lágrimas que ya no podía mantener ocultas. Aquello era el final, no había más, hasta dentro de mil años, pero eran pocas las hadas que sobrevivían tanto tiempo, no eran eternas. El Rey debía ser la única hada que había vivido desde el inicio y aun así, su memoria iba perdiendo detalles de lo que había sucedido hasta que con la llegada del cometa, volvían todos sus recuerdos.
Así que lo más probable era que jamás lo volvería a ver.
El hada John Watson se durmió al quedar exhausto, por lo tanto, no vio cuando el Rey de las hadas usó una magia que nunca había usado antes, pero que esperaba que funcionara. Tocó la cabeza de John y el sueño en el que estaba sumido se profundizó y ahora sólo despertaría cuando su hermano despertara. Lestrade le ayudó a llevarlo hasta la cueva donde dormía Lock, lo dejaron acomodado sobre su cabeza. Esperaba que aquello fuera una buena idea, la verdad es que hermano podía ser impredecible, sin embargo, la relación que llevó con John era única, algo que estaba seguro que no iba a querer renunciar.
Imaginaba que en mil años cuando despertara y sus recuerdos volvieran, sufriría al hacerlo de nuevo en soledad y sería más terrible ahora que había conocido a alguien como John. Y ni siquiera quería imaginar lo que sería de John, después de perder su único motivo de alegría, un hada simplemente no puede vivir así.
Por lo tanto, despertarían juntos y no tenía idea de cómo sería aquello, tendría que esperar mucho para averiguarlo.
Suspiró y de inmediato Lestrade estuvo a su lado por si requería de algo, sus ojos de hielo se suavizaron al tener al Capitán a su lado.
-¿Estoy haciendo bien? –le preguntó.
-Por supuesto, tu hermano lo dio todo por nosotros, no merece vivir siempre solo – le respondió convencido de aquello.- Y John, estoy seguro de que no habría logrado vivir tanto tiempo sin él, creo que se había dado por vencido y se convenció de que no podría volver a verlo.
-Es que de hecho era muy probable que no pudiera volver a verlo.
Lestrade asintió y se quedó en silencio hasta que el Rey de las hadas estuvo listo para salir de lugar de descanso de su hermano. Lo siguió de cerca hasta que llegaron al gran roble, bañados de nuevo por esa luz de luna que hacía que todo pareciera estar detenido en el tiempo.
-Nadie debería estar solo por tanto tiempo –dijo antes de ambos volaran hasta el balcón de la habitación del Rey.- Buenas noches Su Majestad, que pase una buena noche.
Lestrade no pisó el balcón, estaba esperando que su Rey le permitiera retirarse de su presencia, no estaba de muy buen humor, todo aquello lo había afectado.
-Preferiría que no te fueras Greg.
Los ojos azules de su Rey lo miraban como jamás se había permitido mirarlo, con algo más, con una esperanza para él. Descendió hasta pisar el balcón a su lado y tomó la mano que le estaba ofreciendo. Aunque no creía lo que estaba sucediendo no iba a desperdiciar una oportunidad así, tal vez mañana despertaría y se daría cuenta de que había sido un sueño, pero por el momento, tenía que disfrutarlo.
-No estás soñando Greg –dijo el Rey entre risas.- No estás soñando.
FIN
Gracias por leer y haberme acompañado en este libre adaptación de Tinkerbell y la Bestia de Nunca Jamás, espero puedan verla, es muy diferente a las películas de Tinkerbell previa, es una cosa bella de verdad.
Y pues el final si es algo diferente, porque en la película no hay esperanza, Fawn jamás volverá a ver a su amigo, jamás jamás jamás ... y eso destrozó mi corazón.
OK, bueno, espero les haya gustado y perdón por la espera, no pude publicar diario jejeje. Y gracias a quienes comentaron, BeneBells, Vnik Lord, Lady Amoran, mashimaro, Anahi, Van y Misha, son geniales y su apoyo significa muchísimo!
Recuerden, Like a Fuck Yeah Sherlock en Facebook.
