Estaba acostada en el pasto, y parecía que acababa de amanecer. Decidí pararme y revisar la situación. No era nada muy extraño, pero como no tenía nada encima, empecé a pensar de qué juego se podía tratar. Decidí conseguir cosas por si necesitaba algo, e hice un buen trecho mientras lo hacía. Estuve así hasta que el sol comenzó a bajar.
Cuando se hizo más tarde, armé una fogata con el poco conocimiento de fuego que tenía. Apenas terminé, me senté frente a la hipnotizante llama. Empecé a preguntarme varias cosas. ¿Cuánto podría durar el juego? ¿A qué tenía que enfrentarme? ¿Por qué, habiendo tanta gente con el mismo problema que yo, me había elegido a mí?
Mientras divagaba, un ruido rompió toda esa cadena de pensamientos. Se escucharon unos gruñidos, así que me paré con una rama gruesa en la mano.
Como ya estaba amaneciendo, pude ver que esos gruñidos provenían de unos –Que yo supuse, no me quedé a ver- grandes lobos. Como vi que se dirigían hacia mí, comencé a correr. Estuve corriendo por un rato, ya que ellos tenían bastantes ganas de comerme. En un punto, conseguí una piedra de por ahí, y como pude, la encajé al palo. Me detuve, y pude ver que eran dos. Decidí que, como podían no dejar de seguirme, podía pelear un poco. Así que con esa vara comencé la pelea. Estuvimos un rato hasta que, al fin, había logrado destruirlos.
Tomé un poco de su carne, ya que podía serme útil, y me fui lo más rápido que pude. En la pelea, uno me había metido un tarascón en el lado derecho del torso. Y como no tenía nada para curarme, seguí así, hasta que en un momento ya no me podía mover del dolor. Me senté en el piso, y armé otra fogata, ya que atardecía. Decidí ver si podía dormir, ya que para mí el piso no era tan incómodo. Y eso hice.
Abrí mis ojos, para darme cuenta que estaba siendo cargada por alguien. Me quedé unos segundos mirándolo, a lo que reaccioné que era un completo extraño, y lo empujé haciéndonos caer cada uno para el lado contrario. Me paré, poniéndome en guardia. Era un hombre blanco –y notablemente pálido- que era más alto que yo, un poco menos que una cabeza y media. Tenía el pelo como un tridente, y usaba una camisa manga ¾ con un chaleco rojo rayado encima. Llevaba unos guantes largos con las puntas cortadas, pantalones y zapatos, todos negros. Era flaco, y no parecía demostrar mucho músculo. Se veía amable, pero tenía un toque oscuro en su forma. Él, notando mi reacción -A la que debe de haber entendido perfectamente por qué se había generado-, se paró despacio y levantó sus manos, mostrando que no tenía nada.
-Tranquila -Comenzó, dándome a notar que tenía una voz un poco menos grave que la de Max- No pienso hacerte nada malo. -Empezó a avanzar despacio- No soy un enemigo, como los lobos.
Cuando noté que se acercaba retrocedí, haciendo que me diera una puntada en la herida y cayendo sentada. Noté como se alarmaba un poco y comenzaba a acercarse más rápido, a lo que yo traté de alejarme arrastrándome de costado. En un punto me alcanzó, tomándome de un brazo y no permitiéndome que me fuera. Habiendo intentado huir, paré de hacer fuerza -ya que no servía de nada- y lo miré fijamente. Se agachó al lado de mí, y luego de un poco de silencio, decidió hablar.
-Mira, aunque pueda no parecerte alguien completamente bueno a primera vista, te aseguro que yo solo quiero curarte eso, -dijo, señalando la lastimadura- pero tengo que llevarte a mi campamento, donde tengo más cosas. Si no quieres acompañarme después de esto, eres libre de irte. Solo te pido que no me hagas dejarte con eso en medio de este lugar, porque probablemente no podrías hacer mucho. Ah, y aparte, yo soy Wilson.
-Está bien - dije, sin ninguna otra opción- yo soy Natasha.
Sabía que tenía razón. Si ni siquiera había podido retroceder para irme en el momento, no iba a poder ni moverme para otras cosas quedándome sola. Me volvió a levantar en sus brazos, para continuar en la dirección del campamento que él había mencionado. Le tomó un rato llegar, puesto que según él, estaba acampando en otro lado más lejos de su base original porque se había quedado sin recursos, y me encontró de pasada.
Me contó algunas cosas mientras íbamos, como que él ya había estado más de 30 días ahí, y que tenía algunos problemas con la cantidad de objetos, en su mayoría comida. Traté de no hablar mucho, pero a veces comentaba algo de fondo.
Cuando estuvimos a punto de llegar, él me puso en algo que –supuse yo- era una cama de pasto. Me dijo que lo esperara para que trajera las cosas para curarme. Revisé el lugar con la mirada para verificar que no tuviera nada raro que pudiera usar contra mí. Había varias máquinas con planos encima, algunos cofres, y un lugar para armar una fogata. No me pareció ver nada fuera de lugar, así que me calmé un poco más. Apareció con unas vendas, y luego de arrodillarse al lado de mí y pedirme que yo me sentara, me comentó que tenía que levantarme un poco la remera. Me quedé un momento pensando en lo que había dicho, y lo hice. Antes que nada limpió el mordisco con lo que tenía, y lo llenó de según él baba de araña muy efectiva contra heridas. Después, tomó las vendas.
-Bueno, puede doler un poco, pero voy a tratar de no hacerlo muy apretado. –Comentó, para anticipármelo-
Pasó la venda lo mejor que pudo teniendo en cuenta el tamaño de la mordida y la presión que podía hacer. Me quejé un poco, pero realmente se tomó el trabajo de no presionarlo de más. No le tomó demasiado hasta que terminó.
-A ver. Yo ya sé que vos debés de querer irte, así que no te molesto más. –Dijo, mirándome seriamente- Si querés podés quedarte unos días y después irte o como quieras. Yo voy a ver si encuentro más comida, que es algo que me está faltando.
Lo miré un segundo, y me acordé de una cosa.
-Esperá, ¿Y mi mochila? –Pregunté, con una idea en mente-
-Ah, la traje y la dejé ahí atrás tuyo. No la abrí. –Pareció que le llamó la atención mi forma de preguntarlo- ¿Tenías algo importante?
-No, pero creo que te puedo dar algo a cambio de tu ayuda con esto.
Me di vuelta, comprobando lo que él había dicho, y tomé mi mochila aceleradamente. Él se acercó agachándose al lado de mí, a lo que yo saqué varias porciones grandes de comida, y se las di.
-Esto... ¿Cómo? –Dijo, mirando lo que le había dejado en las manos, para luego levantar la mirada sonriendo-
-Bueno, yo por alguna razón, tengo la muy útil habilidad de encontrar comida en gran cantidad. -Le mostré mi mochila- como ves, casi todo lo que tengo es comida.
Miró, sorprendiéndose de ver la mochila tan llena de algo que a él le costaba –De forma bastante literal- un ojo de la cara conseguir.
-Bueno, gracias. –Dijo, alegrándose un poco más- No me viene nada mal esto realmente.
-No, tomalo como un intercambio.
-¿Un intercambio...? –Pareció que pensaba sobre lo que acababa de decir- Pero, yo en cierta forma, no te di nada...
-Bueno, creo que ''mi vida'' no cuenta como nada.
Sonrió, y guardó lo que tenía en la mano con él.
Terminé quedándome durante varios días ahí, hasta que me recuperé completamente. El día en el que me pude parar sin la necesidad de tenerlo a él de sostén, pareció un poco más triste. Decidí preguntar qué pasaba, sólo de curiosidad.
-Bueno, ahora que podés moverte, supongo que te vas a ir... y yo ya me estaba acostumbrando a tenerte acá.
-Tal vez no me vaya. Dijiste que si quería podía irme.
Puso una cara pensativa, a lo que después sonrió y me miró fijamente.
-Bueno, ¿Querés quedarte? No me vendría mal tener compañía.
Lo pensé. Sí, podía quedarme con él. Podía ser mejor. Pero también podía ser una trampa. Este tipo al cual no conocía, a pesar de haberme ayudado, estaba preguntándome para quedarme con él. Pero también inspiraba algo de confianza…
Sentí que algo me decía que era una muy mala idea negarme. Como si desde adentro, me gritara que era estúpido no aceptar una propuesta tan útil para la situación. No sé qué, exactamente. Podía ser aquello a lo que algunos llaman 'voz interior' o 'sentido común'.
-Está bien. –Noté que su felicidad aumentaba- Espero no causar demasiados problemas mientras me quede.
-No creo, realmente.
Charlamos de todo un poco hasta que se hizo de noche. También me comentó que, ya que pensaba quedarme, podía usar los cofres para guardar cosas, así que guardé toda la comida, llenando dos de los tantos cofres que tenía.
Él me contó de todo, Los beefalos, los cerdos, los tentáculos… igual, dijo que había mucho más que no sabía, y que me iba a seguir contando en otro momento.
