Desperté en la fría, fría nieve. Wilson estaba a unos metros de mí. Al principio, creí que solo nos había tirado más lejos y que tal vez Maxwell mentía. Hasta que él apareció y me confirmó que no lo estábamos.
-Bueno, Podrías ver eso, sobreviviste. ¡Uno menos, cuatro restan!
Luego desapareció.
Noté que tenía las cosas en mis bolsillos, y que no se había quemado nada. Fui a despertar a Wilson, pero no se levantaba. Decidí hacer un fuego rápido, así que armé un hacha y me puse a talar. Al rato ya tenía una fogata armada, y me había armado con pasto un colchón para él. No estaba congelándose, ya que seguía caliente. No creí que tuviera hambre, o que estuviera lastimado, porque ambos aparecimos completamente bien. Pero bueno, el tiempo lo diría.
A la mañana, decidí que como había encontrado las huellas de un Koaelefante –Que Wilson me había dicho qué eran, pero su nombre aclara bastante- seguirlas para poder hacer camperas. Y eso hice. Después de un rato lo encontré y, con todo el cuidado del mundo, logré ganarle. Me llevé todo lo que pude, y de paso aproveché otras cosas que me había encontrado en el camino. Cuando volví puse de nuevo el fuego y me puse a armar la máquina de ciencia, con lo que recordaba de la de él. Creo que había quedado bien, pero… no puedo estar segura. Hice la campera –que por mala suerte, solo me alcanzaba para una- y lo tapé con eso. No era lo mejor, pero ayudaba. Me volví para ver si podía encontrar otro animal, pero con el tiempo que me quedaba de día, no pude.
Me preocupaba él. Osea, está bien el hecho de que le pudo haber pasado algo cuando nos teletransportamos, pero si era algo interno, yo no podía hacer nada. Y eso me molestaba. No se veía mal.
Y, mientras pensaba en alguna solución, escuché aullidos.
Lobos. Lobos… ¡Lobos! ¡Tenía que desviarlos, podían atacarlo! Y sinceramente no era un buen momento. Tomé un arma, una antorcha y esperé. Cuando aparecieron, los atraje, saqué la antorcha y comencé a correr. Me aseguré de que no le prestaran atención, así que no me importaba volver por ahora. Al rato de haber empezado a correr, se hizo de día, así que ya no necesitaba la antorcha. La guardé y saqué la lanza que había agarrado. Paré, ya que eran solo dos, y peleé contra ellos. Uno cayó rápido, pero el segundo fue más astuto. Consiguió lastimarme el brazo izquierdo, pero nada más. Lo bueno es que conseguí comida de eso.
Volví, y Wilson no estaba. Su campera tampoco. Vi unas pisadas con forma de zapato, así que las seguí. Estuve un buen rato hasta que no pude más. Caí, y con una buena parte del cuerpo congelado, rogué que todo fuera una pesadilla.
Mientras estaba en el piso, dudaba. Se suponía que, aun sabiendo que iba a ser complicado, iba a tener ayuda de Wilson. Pero no fue así. ¿Todo terminaba ahí? No. No podía. Dejé de dudar, y con lo que me quedaba de voluntad, me arrodillé y armé una fogata. La mantuve prendida a pesar de que era de día, y me quedé ahí. Pensé que tal vez, si volvía al otro campamento, podía aparecer él en algún momento. Así que, eso hice. Muy despacio, me encaminé hacia allá.
Tenía razón. Llegué, y Wilson estaba ahí. Al parecer, me escuchó, porque cuando me acerqué se dio vuelta. Como ya había dado todo para volver, caí en la nieve. Él automáticamente vino a socorrerme. Vi cómo me levantaba y me ponía en el colchón en el que él había estado antes, agrandando el fuego. Quiso ponerme la campera, pero lo detuve. Igualmente, insistió. Estuve a medio congelar durante varias horas, pero a la noche ya estaba un poco más recuperada.
-Nat –Preguntó él- ¿Qué pasó?
-L-lo que pasó es que cuando c-caímos, M-Maxwell me dio una b-bienvenida y se fue. –No podía evitar temblar al hablar- D-después no te pude despertar, así q-que busqué al k-koalefante, e hice una campera. P-pero como vos estabas peor, t-te la di. Una noche, aparecieron unos L-lobos, y tuve que irme. C-cuando volví ya no estabas, y t-te busqué. D-decidí volver y acá estabas.
-Ah… Perdón por irme, pero cuando me levanté no te vi y empecé a buscar. Volví porque estaba atardeciendo y creí que podía ser malo continuar. Fue bueno que lo hiciera.
-S-supongo que sí.
Nos quedamos callados un rato, yo tratando de conseguir mi temperatura natural. Como él empezó a toser, le volví a ofrecer la campera, pero no la quiso. Me sentía un poco mal, ya que hacía bastante frío y yo tenía la campera. Decidí que dormir no era tan malo, así que me acosté y me dormí.
Soñé con Maxwell, solo que esta vez no entendía por qué. Luego de su sorprendente aparición, me dijo muy tranquilamente:
-Mira, niña. Te lo preguntaré para dejártela fácil. ¿Quieres volver a tu vida normal?
-¿A qué te refieres con volver?
-Volver. Aparecer en tu cama, como si nada hubiera pasado. Nunca haber venido. Nunca haberte metido en esto. Nunca haber visto a Wilson. ¿Quieres?
-¿Por qué de repente la piedad hacia mí?
-Porque creí que si metía a alguien más, el juego se haría más divertido. Pero no lo fue. Lo único que estas logrando es que él sobreviva, destruyendo mi objetivo. Pero, te lo tengo que preguntar porque solo con la aprobación de cuerpo y mente puedo teletransportarte. Y, ¿Qué me dices?
-No lo haré. No dejaré a Wilson solo en esto. Ya me metiste, y no me iré así de fácil. Fue TU error. Es más, yo SOY tu error. Y espero hacerte caer muy fuerte cuando te ganemos.
-Yo te lo advertí, querida…
Luego, desperté.
Cuando abrí los ojos, vi a Wilson mirándome preocupado. Me preocupé yo también, y le pregunté qué pasaba. Respondió:
-Pude ver el sueño, pero yo era invisible para vos. Traté de decirte que volvieras, pero no me escuchabas. Cuando terminaste de responder desperté sobresaltado, como si me hubieran echado. Un rato después te despertaste. ¿Por qué no aceptaste volver a tu vida normal y segura cuando te lo ofrecieron?
-No… ¡Yo no iba a dejarte solo en un lugar así! –Levanté bastante mi tono de voz- ¿¡Crees que soy loca o algo!? ¡Sería como ir y meterte una puñalada, que si querés, lo hago! ¡Y Gratis!
Como noté que se sorprendió, me detuve y respiré hondo.
-Si yo llegaba a irme, iba a sentirme mal toda la vida. Porque no me había quedado a ayudarte cuando lo necesitabas, y te habría dejado morir.
Hubo un silencio entre nosotros, hasta que él dijo:
-Ah… -Hizo una pausa- lo que vos no entendés es que al menos, si te volvías, la muerte solo me consumiría a mí. Ahora, vamos a morir ambos. Me encanta que te preocupes, pero siempre es preferible una muerte a dos.
-Está bien… Pero si vuelve a preguntarme, no voy a cambiar de opinión. Ahora –Traté de salir de tema- ¿Qué tal si vamos a por más piel de Koaelefante para hacer otra campera?
Asintió con la cabeza y, ayudándome a pararme, fuimos a por el asecho de otro Koaelefante. Luego de días lo encontramos, y logramos hacer la segunda campera.
Pasaron días hasta que logramos conseguir de nuevo las 5 partes para el portal. Fue bueno porque ya nos estábamos quedando sin comida. Esta vez, nos llevamos otras cosas: Carne –Bastante-, La campera más nueva, un tentáculo con picos que conseguimos por ahí y bastante pedernal.
