Esta vez fue diferente. Cuando me levanté, Volvió a aparecer Maxwell y dijo:
-Hey, Compañeros. Realmente están presionando su suerte. Vuelvan ahora, o tendré que usar medidas drásticas.
Y, como siempre, se esfumó en la nube negra.
Esta vez no hacía frío, así que nos pudimos guardar la campera. Exploramos un rato, y notamos que era una isla, y que a lo lejos podían verse otras. También nos encontramos unos agujeros de gusano, que supusimos que eran para conectarlas. Recolectamos todo lo que pudimos y nos dirigimos a uno. Como yo nunca había pasado a través de eso, no sabía cómo era.
-Pero, esto no nos lastima de ninguna forma, ¿Verdad? –Pregunté, viendo que tenía dientes bastante puntiagudos para mi gusto-.
-No Nat, no lo hace.
-¿Seguro?
-Mirá, ponete adelante mío y te muestro.
-¿Pero vos no deberías ser el que va…? –Sentí que me empujaba, e irremediablemente caí dentro- ¿Qué? ¡WILSOOON!
Desperté tirada al lado del otro extremo del agujero, y lo primero que dije mientras me sentaba fue:
-Esto no es algo a lo que se le pueda llamar 'placentero'.
Me paré, y unos segundos después, vi como la cosa escupía a Wilson, y luego él se levantaba.
-Perdón por haberte empujado. Pero el tiempo no es algo que realmente debamos gastar.
-Está bien, pero no me asustes así. –Sentí un tirón en la espalda- Hey, ¿tengo algo atrás?
Se acercó y se fijó, sorprendiéndose luego de hacerlo.
-Nat, ¿te golpeaste con algo cuando saliste?
-No… ¿Qué tengo?
-¡Tenés todo un corte! Al menos no es muy profundo… Tal vez cuando te empujé te raspaste con alguno de los dientes… Perdón…
-E-está bien –Titubeé un poco- En parte fue mi culpa, por no haber saltado por mi cuenta.
Cuando dejamos de hablar, vimos que a nuestro alrededor el mundo era mucho más hostil que en la otra isla. Fuimos, siempre vigilando todo a nuestro alrededor, defendiéndonos de lo necesario, y manteniéndonos calmados hasta encontrar la primera pieza. Así seguimos hasta conseguir las 4, y saber la posición de la base para el portal. Igualmente ambos coincidimos en que, como estaba lleno de enemigos, podíamos esperar un poco más.
Mientras hacíamos una exploración en un bosque buscando objetos, al parecer Wilson notó que yo me estaba rascando la mano derecha. Para mí ya era algo normal, como un tic. Pero, él que no lo había notado, decidió averiguar más sobre esta conducta extraña.
-Nat, ¿Qué tenés en la mano?
-¿Qué? –Paré de rascarme, a lo que en un reflejo, escondí la mano en un bolsillo del pantalón- Nada, solo me picaba un poco.
-Si no tenés nada, mostrame la mano.
-En serio, no tengo nada.-Dije, tratando de disuadirlo inútilmente-
Se quedó quieto en el lugar, cruzó los brazos y empezó a golpear el pie contra el suelo. Parecía estar esperando que lo hiciera.
-Mostrame esa mano, Ahora.
-¿Y qué si no quiero? –No iba a permitir que viera lo que tenía, aunque tuviese que responderle- Es mi mano.
Se adelantó, me tomó de la muñeca izquierda y me sostuvo levantándola. Yo moví la mano hacia mi espalda, tratando de taparla.
-No te dejé elegir. Quiero ver la mano.
Hice una mueca de enojo, a lo que él me apretó. Repitió la última oración, a lo que yo repetí lo mismo. Cada vez que me negaba, hacía más presión sobre la muñeca. En un punto, no pude aguantar más y traté de usar la otra mano para soltarme. A pesar de que sabía que ese era su plan, tenía que intentar hacer algo. Finalmente, con mis dos manos en su poder, soltó la izquierda y revisó la otra. Esta tenía un tipo de reacción alérgica o algo por el estilo, que me había destrozado la mano. Por suerte era solo una herida superficial.
-Nat, ¿Por qué no me dijiste que tenías una alergia en la mano?
-Primero, no sabía que era. Segundo, estoy acostumbrada a lastimarme seguido, así que no le di atención. Tercero, toda mi vida me llenaron de cremas, y no dudé que podías hacer algo parecido.
Suspiró profundamente, y me miró unos segundos.
-Vamos a volver al campamento y te voy a curar esto. No se puede estar seguro de si es algo peligroso de lo que preocuparse, o algo simple como un mal golpe.
-Entonces no deberías revisar el resto de mis brazos –Dije sarcásticamente, dándome cuenta después de hacerlo lo que había generado-
-¿Que tus brazos qué? –Preguntó atrás de ese comentario-
-¡Nada!
Me arremangó las mangas, sorprendiéndose por lo que tenía. Estaba completamente llena de lastimaduras, golpes y cicatrices, de todo tamaño y forma.
-Dios, ¿Cómo pasó esto y yo no me enteré?
-Bueno… Yo… -Supuse que debía decir qué pensaba- No quería preocuparte de más…
-Nat, estoy segura de que vos ya sabés que puede pasar con esto, ¿verdad?
Asentí, sabiendo los peligros de tener tantas lastimaduras en un lugar como ese.
-Vení, Mejor volvemos –Dijo, ahora más tranquilo- y te curo todo eso.
Comenzamos el regreso, y cuando llegamos él fue a buscar todo lo que tenía de medicinas. Apenas salió de mi vista, yo corrí a esconderme detrás de un arbusto. Quería ver si podía esconderme, para que no gastase una buena parte de lo que teníamos en las marcas de mi torpeza. Aparte, había una que no quería que viera. Una específica, grande pero tapada por la remera que llevaba. Estoy segura de que me recordaría por siempre mi acción, cual –Según la ocasión lo dicte- Podría volver a repetir.
Años antes de esto, mucho antes de haberme enviciado con juegos y sin que nunca se me hubiese pasado por la cabeza que podría quedar en un mundo así. Pero bueno.
Estábamos en un viaje con algunos de mis amigos, para pasear un poco. En eso, -Lo cuento así para resumirlo y no hacerla larga- Un auto casi pisa a uno de ellos. Casi, porque yo no lo permití. Habiendo notado antes de tiempo –Todavía no sé cómo, sólo sé que fue bueno que lo hiciera- lo que iba a pasar, y momentos antes del accidente, lo saqué de un empujón y quedé yo en el camino. Por supuesto que dolió. Después de eso, habiendo recibido múltiples disculpas de la persona y de haber estado varios meses en un hospital, me mostraron con un espejo la marca que me había quedado. Supuestamente un pedazo de vidrio se me había enterrado en la espalda, por lo que a pesar de todo intento por eliminarla, me había quedado eso para siempre.
No quería que la notara, simplemente para no tener que dar explicaciones. Para no tener que recordar eso de nuevo. Para evitar la maldita compasión que sienten los demás cuando a uno le pasan esas cosas. No tenía ganas de pasar toda esa escena de nuevo. Obviamente no era la primera vez que pasaba.
Escuché algunos ruidos. Después, mi nombre.
-¿Nat? Vení, ya tengo las cosas.
No sabía si salir y dejar que me curara –Pudiendo así notar lo de mi espalda- o quedarme ahí.
-Natasha, mejor que salgas de donde estés ahora. Te recuerdo que puedo traerte a rastras si quiero.
Suspiré, sabiendo que decía la verdad, y salí del escondite.
-Ahí estabas, entonces. ¿Qué hacías?
-Nada, no importa.
Se quedó un momento, hizo un gesto como de no importarle mucho, y se acercó para curarme. Como creía, me llenó de cremas y pastas de distintos colores que supuestamente tenían cada una un efecto distinto. Unos minutos después parecía un arcoíris lastimado. Cuando llegó a la parte de los hombros, obviamente vio la cicatriz gigante. Esta iba desde la parte más cercana al cuello del hombro derecho, y bajaba hasta un poco más de la mitad de la espalda. Tenía como un centímetro de grosor, por lo que se notaba lo suficiente como para que preguntara.
-Nat, ¿Qué te pasó acá en la espalda?
Suspiré, y le conté la historia.
-Ah, no sabía… -Dijo, algo entristecido-
-No, está bien. Nadie puede saber sin preguntar, excepto los que estuvieron ahí. –Miré hacia el cielo, pausándome en la nada- Me pregunto cómo estarán…
Luego de unos segundos, me volví hacia él. Me dio curiosidad la expresión de su cara, realmente.
-Al final, no estoy seguro de quién de nosotros dos pasó más dolor antes de venir acá. Me gustaría que hubiese sido yo, pero ni siquiera a mí me pasan ese tipo de cosas.
-Uno se acostumbra supongo, después de un tiempo.
Días después, ya no tenía tantas marcas como antes. Sus cremas realmente eran efectivas, mucho más de lo que yo esperaba.
En una exploración después de todo lo anterior, encontramos el portal. Este estaba lleno de guardias alrededor, por lo que tuvimos que esperar un poco más. Cuando ya teníamos bastante preparación, trajimos unos cerdos de apoyo y nos acercamos para iniciar la guerra.
Y, con una bola de fuego para iniciar, comenzó la masacre.
Dimos todo lo que pudimos, ya que eran muchos enemigos. Noté que tenían forma de ciertas fichas de ajedrez; la torre, el caballo y el alfil específicamente. Lo diferente, es que el alfil –por suerte, él solo- disparaba rayos de la punta. Eran fáciles de esquivar, pero si te daban dolían. Y BASTANTE.
Al rato, ya teniendo el triunfo sobre los enemigos, destruimos toda estatua con la cara de Max, porque se regeneraban de ahí. Con los cerdos que nos quedaban, y nuestra voluntad, logramos volver en una pieza al campamento. Tuvimos todo un día de descanso, sí, pero valió la pena.
Luego de la larga recuperación y de la selección de objetos, continuamos con el juego. Los cuatro objetos, que creímos necesarios, fueron: La campera –que todavía teníamos-, bastante carne, pedernal –como siempre- y piedras.
Estando seguros de todo, prendimos por tercera vez ese portal y continuamos con la historia.
