Aparecimos entre cuatro pilares con luz. Noté que estaba todo oscuro, y que no había ninguna luna. Cuando me paré, fui a por Wilson, y apareció Maxwell, quien estaba deformado totalmente. Comenzó a gritarnos apenas aparecimos.
-¡Ustedes Insolentes, lamentables, insignificantes hormigas! ¡No despierten la ira del gran Maxwell! Se arrepentirán de ir más lejos…
Desapareció, y nosotros comenzamos a movernos.
Notamos varias cosas. Siempre era de noche, encontramos una mochila con cosas cerca de nosotros, había varios pilares que hacían luz cuando nos acercábamos, entre otras cosas.
Fue muy complicado. No veíamos mucho, fuera de la temperatura. No hicimos base, ya que en un lugar así podía ser malo. Conseguimos, con mucha furia, todas las partes del portal. Ahora sólo faltaba encontrarlo.
Como creímos que podíamos hacer mejor si nos separábamos, cada uno fue por un lado distinto, y dijimos que nos reencontraríamos en un lugar, después de tanta cantidad de tiempo. Nos despedimos y nos separamos.
Luego de haber explorado mucho, encontré la puerta. Como llevaba el casco minero, podía asegurar de que lo era. Ya teniéndola marcada en el mapa, estuve a punto de volverme para decirle a Wilson, y…
Maxwell apareció. Y no se veía nada feliz.
-Detente… ahora…
-¿Q-qué? –No entendía. ¿Detenerme?-
-¡DETENTE!
Con mucha fuerza y furia, le metió un puñetazo al casco, y rompió el cristal, dejando salir las luciérnagas. Vi como mi última esperanza se iba, mientras que de fondo, se escuchaba la risa macabra. Comencé a correr, ya que tenía uno de los pilares cerca. Estaba por llegar, cuando escuché un ruido. Por inercia –recuerden, yo antes de venir a este mundo, lo conocía un poco por el juego-, dije en voz alta:
-¿C-Charlie? ¿Eres tú?
Se escuchó otro gruñido.
-Yo te conozco. Tú eras la asistente y amiga de Maxwell, y a ambos se los tragó el libro, el Codex Umbra, ¿verdad?
Escuché voces, y, poniendo mucha atención, pude escuchar:
-¿Cómo sabes eso?
-Yo te he visto. Vi el acto. Sé que Maxwell te quería, y no tenía intenciones de hacerte nada. Podríamos… ¿hablar en la luz? Las sombras me ponen nerviosa…
Me acerqué al pilar, y cuando se prendió, pude verla.
Negra como la oscuridad misma, con ojos tan blancos como la luna. Esa sombra, con la característica forma de mujer, era Charlie.
Antes de que Max llegara, era un mago. Charlie era la asistente, y amiga de él. Él había aprendido trucos con 'sombras' muy impresionantes para el público. El problema fue que, en su último acto, las sombras se los tragaron a ellos y los trajeron a este mundo. Él se transformó en un demonio con el poder de traer gente y meterla en la aventura, y ella se había transformado en 'El monstruo de la oscuridad'. Monstruo que, si te descuidas y quedas a oscuras, te mata sin piedad. Nunca se dejaba ver, hasta ahora…
-Charlie… Cuanto habrás sufrido…
-Hacía mucho que no escuchaba mi nombre –Dijo ella. Se la entendía mejor teniéndola cerca-
-Em, sé que tal vez no debería pedirte esto a vos específicamente, pero… ¿tenés algo que haga luz? Alguna araña o algo podrían comerme en el camino, y bueno, matarme…
Nos quedamos calladas un momento, y dijo:
-Tú camina, yo vigilaré que no te toquen. –Su voz era bastante bonita-
-¡Muchas Gracias, Charlie! –Sonreí a ese comentario.-
Me alejé del pilar, y entrando en la oscuridad, caminé hacia la dirección en la que debía ir. No me atacó absolutamente nada en el camino. Cuando llegué, Wilson ya estaba ahí, sentado. Ignoró completamente el hecho de que no tenía ninguna fuente de luz. Me acerqué al pilar, lo saludé, dije que estaba bien y me disculpé por haber tardado más. Luego, llamé a Charlie para que se acercara.
-¿Puedo confiar en él? –preguntó, sin acercarse-
-Claro, él no es malo. –Miré a Wilson- Wilson, no te asustes, ¿okey?
Él asintió, y entonces ella se acercó a nosotros. Él se sorprendió un poco, y preguntó qué era. Yo le conté lo que sabía. También le conté que había encontrado la puerta y que me había cruzado con Max. Cuando ella escuchó lo último –porque no lo sabía- con sus manos creó un casco nuevo, que era más potente, y me lo dio.
Fuimos con los cascos, y con la sombra a nuestro lado. Pasó un buen rato hasta que realmente llegamos ahí, y cuando pusimos las cuatro partes, le di una flor naranja a ella.
-Nat… Gracias. Por todo. –Sonaba feliz-
Me despedí y salté dentro.
