Hogar... Famila
Nubes, nubes y más nubes, eso era todo lo que el pequeño Raphael podía ver desde la "casa" en la que "vivía" con su maestro, situada en una ciudad aérea. El pequeño ángel disfrutaba de ver hacia abajo desde un pequeño balcón del hogar, se interesaba mucho en saber qué había allá abajo. Había oído que su maestro había estado ahí por un tiempo, eso aumentaba aún más su curiosidad.
-Maestro.- Llamó el niño.- ¿Cómo es allá abajo?
El pelirrojo se quedó pensativo, recordaba con nostalgia esos momentos que vivió con el equipo. Con cariño revolvió los lacios cabellos del pequeño.
-Es... un lugar agradable, debo admitirlo.- Dijo en un tono amable que cambió por uno más severo.- Pero basta de charla, es hora de entrenar.- Dicho esto le tendió a Raphael un mazo de tamaño pequeño con picos dorados conectado por medio de una cadena a un mango con detalles dorados.- En posición.
El castaño tomó el mazo con sus manitas y se colocó en posición defensiva. Ángelo se acercó al menor con su espada en mano dispuesto a asestarle una buena estocada, Raphael esquivó el ataque y movió el mazo en dirección al mayor. Así continuaron con una serie de ataques que esquivaban y respondían de manera rápida. El entrenamiento terminó cuando Ángelo tiró de las manos del menor el mazo mediante una patada.
-Vaya, haz mejorado mucho.- Comentó el pelirrojo mientras nivelaba su respiración.- Nada mal para un angelito de 8 años, estoy seguro que cuando crezcas te volverás de los más fuertes.
Raphael sonrió torpemente, le gustaba que su maestro le felicitase.
-Anda, entra a la casa, yo tengo que ir a un lugar.- Ordenó el mayor para luego extender sus alas y remontar el vuelo. Raphael se asomó por la ventana, él también sabía volar, pero aun era algo lento.
"Un día seré como él..."
Ángelo voló por el cielo hasta llegar a un gran templo de estilo clásico de colores blanco y dorado. Cuando llegó a la entrada lo recibió un ángel de aspecto maduro y rostro sereno, usaba una armadura dorada y poseía una espada.
-Por fin llegas, Ángelo.- Dijo el ángel, el pelirrojo dio un respingo.
-Estaba entrenando con mi alumno.- Respondió él, para luego agregar a modo de reproche.- Con eso de que no me queda mucho tiempo...
-Oye, no me culpes por esa decisión del Consejo.- Replicó el otro mientras colocaba las manos al frente.
Ángelo suspiró pesadamente.
-Tienes razón, Miguel; ahora mejor entremos, espero que esta sesión del Consejo no dure mucho. Le prometí a Raphael regresar pronto.
-Jeje, está bien.- Dijo Miguel mientras daba media vuelta.- En ese caso será mejor apurarse, de seguro ya nos están esperando.
Raphael estaba preocupado, su maestro no llegaba y ya estaba anocheciendo. Esperó por un par de horas sentado a lado de la chimenea, leyó un libro de cuentos, comió un poco de pan como cena, pero no había ni pita de Ángelo.
Entre asustado y triste se trepó a su cama y se envolvió entre las cobijas. Se sentía solo.
Ángelo regresó ya entrada la noche, la reunión del Consejo de Ángeles no solo había sido larga y aburrida, sino también llena noticias para el pelirrojo.
El ángel incluso sintió que esa reunión había sido exclusivamente para hablar de los problemas que había con él. Pronto sería "ascendido" allá arriba para tomar una labor diferente en la Sociedad de Ángeles, eso significaba que tenía poco tiempo para criar y entrenar a Raphael. Además, había sido severamente regañado por haber intentado esconderse del Consejo y huir de esa futura tarea.
Entró a la casa y se encontró con el fuego de la chimenea casi extinto, no tenía hambre por lo que fue directamente al dormitorio que compartía con Raphael. Al entrar a la habitación se encontró con el pequeño angelito profundamente dormido en su camita. "Realmente parece un angelito." Pensó el pelirrojo al ver el tierno rostro del niño durmiendo plácidamente. Se acercó y le dio un beso en la frente. "Es triste que no pueda verte crecer y convertirte en todo un adulto." Pensó con melancolía Ángelo, luego se dio cuenta de cómo había sonado eso en su cabeza y se dio un "golpe mental" "Sí, claro, luego vas a andar llorando como madre soltera que ve a su hijo hacer su vida."
Aun así, tenía que admitirlo, se había encariñado con el niño. Casi al punto de verlo como un hermano pequeño, aunque varias veces Raphael le dijo "papá" cuando era más pequeño.
Le sería difícil partir y dejarlo sólo...
9 años después...
-Agh... esto apesta.- Se quejó mientras trataba de no caerse de cabeza desde el techo del templo, tomo un paño amarrado a su cintura y siguió con su labor de limpiar el lugar.- Yo no fui entrenado para esto.- Masculló entre dientes.
Raphael ahora tenía 17 años, había dejado de ser un niño inocente y tierno para ser un joven rebelde y terco. Se había quedado sólo a los trece años, le dolió hasta el alma cuando su maestro tuvo que partir. Para su mala suerte, a la hora de que se suponía empezaría su labor de ángel guardián el Consejo lo menosprecio y prefirió mandarlo a trabajar como "intendente" del templo.
Lo que nunca llegaron a pensar fue que el joven ángel sería un genio a la hora de crear problemas, varias veces había jugado bromas pesadas a los que trabajaban iban ahí, encerando de más el piso, dejando enjabonado el techo e inclusive una vez mojó los asientos del salón de reuniones. En todas esas ocasiones recibió castigos severos.
-¿Todo bien allá arriba, Raphael?- El casto escuchó una voz que le hablaba dese abajo, con gracia desplegó sus alas y planeó desde el techo hasta el suelo para encontrarse con un ángel de piel oscura que tenía un aspecto frágil y llevaba entre sus brazos varios pergaminos.
-Todo bien, Muti.- Respondió Raphael mientras exprimía el paño dentro de una cubeta que había dejado ahí abajo.- ¿qué tal tus estudios?
-Ah... todo bien.- Respondió el más joven.- ¿y qué hay de ti? ¿Tienes algún otro "regalo sorpresa" para el Consejo?
Raphael soltó una risita traviesa.
-Esta vez ha sido algo nuevo, no más piso resbaloso ni mojada sorpresa.- Esbozó una sonrisa maliciosa.- Hay un paquete sorpresa esperando a ser descubierto.
Muti suspiró pesadamente y negó con la cabeza, se acomodó los anteojos por encima del tabique nasal y miró confundido a Raphael.
-¿Sabes? Algo que no puedo entender es por qué haces esto.
Raphael respiró exaltado.
-Es mi manera de protestar contra su decisión con respecto a mi labor. Mi maestro me entrenó para ser un ángel guardián como él. Entonces, cuando me quedo solo y se me tiene que asignar un cargo, ¿qué me toca? ¿Eh?- Alzó la voz exasperado.- Me ponen a lavar pisos.
-Ah... como tú digas.- Remató Muti para luego pensar, "Tiene la cabeza más dura que una piedra." De repente ambos escucharon lo que pareció ser una explosión, Raphael esbozó una sonrisa triunfante que desapareció a los pocos segundos cuando vio la silueta de uno de los integrantes del Consejo dirigirse hacia donde estaba él. Muti, por otro lado se apresuró a irse de ahí, no quería tener problemas a tan poco de comenzar su labor en el Templo.
-Raphael.- Dijo el ángel de aspecto maduro con un tono serio.- Ven.
El joven tragó duro y siguió al superior. "Hasta aquí llegué..." Entraron al salón de reunión del Consejo y se encontraron envueltos en una nube de gas que fue desvaneciéndose poco a poco, cuando se disipó lo suficiente, el ángel castaño se encontró con varias miradas clavadas en él.
-Raphael Cloud, - dijo con voz severa un viejo ángel que usaba una túnica blanca.- este Consejo ya no tolerará más de sus "jueguitos", le pedimos de la manera más respetuosa que acepte su castigo.- Raphael contuvo el aliento.- Desde hoy queda desterrado de la comunidad.
-¿Qué?- Preguntó consternado el joven.- No pueden hacerme esto.
-Sí podemos y lo hemos hecho, joven Raphael.- Respondió el ángel con severidad.- Ahora váyase a su hogar, mañana tendrá que partir, enviaremos un mensajero esta noche para que le notifique en qué consistirá su castigo. Eso es todo, no diremos más, que pase una buena noche.
El Consejo se retiró dejando al castaño solo en la sala. "Ahora, ¿qué pasará conmigo?" Estaba preocupado, no sabía qué iba a pasar con él, ser desterrado le parecía algo absurdo, no consideraba que lo que hubiera hecho fuera tan grave. Llegó a su hogar y se dejó caer en la cama, no quería saber nada del exterior. De repente, escuchó que alguien llamaba a su puerta, con pesadez se incorporó y se dirigió a la entrada, se sorprendió un poco al ver a Muti frente él.
-¿Qué quieres?- Preguntó secamente.
-Me han enviado del Consejo.- Respondió el moreno mientras se encogía de hombros.- Al parecer me usaron de "mensajero".- Raphael dio un soplido e hizo un ademán para que entrara.
-Bien, pero sé breve.
-De acuerdo.- Muti extendió un papiro que tenía las indicaciones que Raphael tendía que hacer durante su exilio.- Aquí dice que irás a la tierra, la misión que te ha dejado el Consejo para poder volver aquí y darte un verdadero cargo entre los ángeles es que consigas hacer un vínculo con alguien de allá abajo.
-¿Nada más eso?- Preguntó incrédulo el mayor.- ¡Eso es muy simple!
-No lo creo...- comentó Muti.- Crear lazos requiere de tiempo, o al menos eso he leído en mis libros. Bueno... creo que será mejor irme.- Se incorporó rápidamente y se dirigió a la salida.- Suerte, Raphael.- Remató y se fue, dejando al ángel solo en su casa.
-Gracias.- dijo mientras se daba cuenta de que sus palabras habían quedado flotando en el aire de la soledad, se volvió a tumbar en su cama y pensó: "Mañana será un nuevo día, espero..."
Ser desterrado en Heaven Town era algo un poco peculiar; nadie, o casi nadie se enteraba del momento en que alguien partía hacia allá abajo. Raphael empacó unas cuantas pertenencias y se dirigió a la entrada de la ciudad, echó un último vistazo al lugar y suspiró, se acercó a lo que parecía ser el borde de una nube y se dio la media vuelta para luego extender los brazos y dejarse caer, mientras caía volteó su cuerpo boca abajo y extendió sus alas, planeando entre las nubes, estuvo así por un buen momento hasta que logró divisar una ciudad debajo de él. "Parece que este es mi destino." Pensó el ángel y comenzó a descender en círculos hasta aterrizar de pie con gracia en un callejón.
-Hm... Me pregunto dónde estoy exactamente.- Pensó el ángel mientras veía a sus alrededores, la ciudad desprendía una energía muy animada. Caminó un poco hasta llegar a una calle principal, la gente iba y venía en las calles, seres humanos completamente normales convivían con uno que otro viajero interdimensional; "Esto no es tan malo como esperaba." de repente, alguien chocó con él.
Volteó instintivamente para ver a la persona, pero no vio a nadie, por curiosidad bajó la vista y se encontró con un niño de aspecto sombrío que le miraba fijamente. Algo incómodo retrocedió unos pasos, a lo que el niño avanzó unos pasos. "Ok... esto ya me está incomodando." Pensó Raphael mientras sentía cómo su espacio de confort era invadido por la inquietante mirada del menor. "Este niño... no es normal... es extraño."
-¿Te doy miedo? –Preguntó el niño en un tono de voz casi inaudible, Raphael le miró un poco consternado.- Te he preguntado, ¿te doy miedo?
-N... no es eso.- Se apresuró a responder.- Solo es que... no conozco nada aquí.
El niño se quedó callado por un momento para luego indicarle con la mano que lo siguiera. Raphael le siguió con cierto aire de desconfianza. Llegaron a la entrada de un edificio aparentemente abandonado, el menor se acercó y golpeó tres veces la puerta, a los pocos segundos ésta se abrió y un chico castaño con lentes se asomó.
-Ahí estás, Shinto, te estábamos buscando.- Dijo con notoria preocupación para luego levantar la vista y mirar a Raphael.- Oh... hola.
-... Hola.-Respondió el ángel notablemente incómodo, el chico se quedó en silencio por un momento mientras intercambiaba miradas con el niño para luego abrir un poco más la puerta.
-Supongo que... Shinto te trajo aquí por un motivo.- Comentó el castaño.- Mejor pasa, las noches aquí son inseguras.- Dicho esto se dio la media vuelta y, antes de entrar de nuevo, agregó.- Por cierto, me llamo Louis.
-...Gracias...- Respondió el mayor con un hilo de voz y entró al lugar, se encontró en una sala dividida en dos, en l parte que parecía una simple sala de estar había otros dos jóvenes más, una chica castaña y un chico pelirrojo que le resultó vagamente familiar.
-¿Quién es él?- Preguntó de golpe la chica mientras examinaba detenidamente con la mirada al ángel, el otro chico también se le quedó mirando fijamente con lo ojos entrecerrados, de repente, una expresión de sorpresa e incredulidad se apoderó de su rostro.
-¿Raphael?- Preguntó el chico, recibiendo miradas extrañadas de parte delos otros tres. "¿A dónde llegué a parar?" Se preguntó a sí mismo el ángel al ver lo "peculiares" que eran esos desconocidos. El pelirrojo se incorporó de su asiento y se acercó a Raphael.- ¿Me recuerdas?- El ángel negó con la cabeza.- Fue hace mucho... todavía eras un niño. No puedo estar equivocado, esa fue la última vez que vi a un gran amigo.
El mayor se quedó en silencio, no recordaba en absoluto haber estado ahí antes, era imposible; aunque, por otra parte había algo en su memoria que le decía que había visto a ese chico antes. Cerró los ojos por un instante, tratando de recordar, y fue ahí cuando una serie de imágenes se abalanzaron hacia su mente como una casada de recuerdos, muy leve, pero ahí estaba: aún cuando su maestro estaba con él, frente a frente los dos con el mimo joven que en ese momento estaba frente a él. "¿Cómo le llamó Ángelo...? Creo que..."
-¿Alexi?- Preguntó en voz baja, el chico pelirrojo sonrió ampliamente.- Tú eras amigo de mi maestro.
-Sí... –Respondió Alexi mientras volteaba a ver al resto, como queriendo decirles algo, súbitamente dio un brinquito y empujó suavemente al mayor hacia enfrente.- Te presento al equipo, - Dijo animadamente para señalar con la mano a los otros tres.- Ellos son Wendy, Louis y Shinto.
-Así que... eres alumno de Ángelo.- Dijo de improvisto Louis mientras se acercaba a él y le miraba de manera enigmática para después esbozar una sonrisa sincera.- Si quieres puedes quedarte con nosotros.
-Sí,- Agregó Wendy mientras se estiraba en su asiento y cruzaba las piernas.- tenemos habitaciones de sobra, ¿qué dices entonces?
Raphael se quedó en silencio, "Ellos ni siquiera me conocen... ¿y me ofrecen un lugar donde quedarme? La naturaleza terrestre es realmente interesante..."
"No me arrepiento de nada de lo que he hecho, por cada tropiezo que doy, me levanto y obtengo una recompensa."
"Puede que haya perdido un hogar, pero encontré un familia. Puede que haya perdido un sueño, pero encontré un objetivo."
"Estaré lleno de defectos, pero también de virtudes, a fin de cuentas esa es la naturaleza de todos."
Y bueno... he aquí el capítulo de Raphael, incluiría algo de después de ¿Start?, pero eso va para otro fic =w=
¡Lo siento por no haber actualizado antes, bloqueos mentales y tarea son una mala combinación, pero heme aquí, con un capítulo nuevo. *^*
Ahora las PD.
Pd. ¿Qué les pareció?
Pd2. Como que el Consejo se traía algo en contra de Raphael.
Pd3. ¿Alguien se imaginó que antes de complejo sobreprotector fuera tan problemático?
Pd4. Esa manera de Shinto de aparecerse fue muy extraña.
Pd5. ¡Raphael recordó a Alexi de aquella ocasión TT^TT!
Pd6. ¿Alguien entiende lo de "allá arriba"?
Bueno, eso sería todo por el momento... ¡nos leemos!
