Abogada regia
Sentada en su cama desde hacía más de una hora, Emma estaba perdida en sus pensamientos. Después de una comida bastante frugal con Henry, que tampoco tenía hambre verdaderamente, la rubia se había aislado en su habitación para reflexionar sobre la tarea que se le había atribuido esa misma mañana.
«Defender a Regina» murmuró ella moviendo la cabeza «¿Por qué no pedirme que bailara delante del presidente de Estados Unidos? Tendría menos apariencia de cabeza hueca…» Se dejó caer en su cama, los brazos extendidos a cada lado del cuerpo «Defender a Regina…defender a Regina…pffff super idea, pero ¿cómo voy a hacerlo?»
Cerrando los ojos, la rubia intentó poner su mente en blanco, reuniendo todo su coraje para tomar la mejor decisión para ella, y a pesar de todo lo que pudiera pensar, para la morena. Su padre había ido a verla la víspera para explicarle por qué, según él, ella debía votar por la pena de muerte para la antigua reina. Pero a pesar de todos los argumentos de David, Emma no había podido resignarse a ver desaparecer a Regina. Sin comprender realmente por qué, el hecho de imaginarla muerta le había encogido el corazón, y una vez su padre se hubo ido, se había hundido en lágrimas, su respiración se había hecho cada vez más difícil hasta provocarle un verdadero ataque de angustia.
La rubia se había dado cuenta unas semanas antes que sentía algo por la morena, sin conseguir ponerle una etiqueta a todo eso. La había defendido cuando Archie había desaparecido, sentía en el fondo de su ser que Regina no tenía nada que ver con su muerte y había intentado todo para probarlo. Pero su corazón se rompió cuando había visto la verdad en el atrapa sueños, cuando la visión de la morena haciendo desaparecer al psiquiatra se le había aparecido.
La cólera se había mezclado con la decepción, que había sido reforzada cuando Regina la había mandado volando al otro lado del sendero, desapareciendo después en una nube púrpura que no hizo sino acentuar el malestar que estaba sintiendo.
Después las cosas se precipitaron, Cora había reaparecido, la amiga de Snow había sido lanzada desde lo alto de la torre del reloj, a continuación la pequeña morena había matado a la vieja bruja para salvar la vida de Rumpel, lo que llenó a la antigua Reina de tristeza y rabia.
Ella no había matado a su hijastra, esperando verla sufrir tanto como ella había sufrido en el pasado, pero David, enterándose de lo que había pasado, había tomado la decisión de apresarla con la ayuda de Rumpel, hasta que el consejo de la ciudad decidiera la suerte de la morena.
Emma había estado presente durante el arresto, Regina había intentado defenderse, pero el viejo mago había utilizado un hechizo similar al que lo había mantenido prisionero en el pasado, sin dejarle ninguna oportunidad a la antigua reina de poder hacer nada. La morena había sido llevada a la celda de la prisión de Storybrokke, que había sido sellada con magia, y que ahora era vigilada las veinticuatro horas del día. Emma no la había vuelto a ver desde entonces. Intentó imaginar lo que Regina podría estar sintiendo, sola en esa pequeña celda, el menor de sus movimientos impedido por la magia, teniendo como único pensamiento la visión de su madre muriendo en sus brazos, la frustración y la cólera royendo, poco a poco, cada uno de sus órganos, espetando la decisión del consejo formado por personas que odiaba, a una más que a la otra, y que se concentraban en un veredicto que conocían antes incluso de comenzar sus pseudo reuniones. Emma lo había visto en los ojos marrones cuando la verja de la celda se había cerrado atrapando a la reina caída. Regina no esperaba nada más de la vida…ella no esperaba sino una cosa, que su muerte fuera rápida.
La sheriff suspiró y se levantó pasándose la mano de forma mecánica por sus largos cabellos rubios para peinárselos un poco. Sin esperar, se puso sus botas y cogió las llaves del coche patrulla. Debía comunicarle a Regina la manera en la que se iba a desarrollar el juicio. Y sobre todo, sonrió ante ese pensamiento, debía decirle que ella se encargaría de su defensa.
Recostada sobre el camastro, los brazos mantenidos a los lados de su cuerpo por cadenas mágicas, Regina miraba el techo, su mente vacía de todo pensamientos, esperando que le vinieran a anunciar la manera en la que sería ejecutada, seguramente ese mismo día.
Escuchando un ruido de pasos acercarse a la cela, levantó las cejas sonriendo, no queriendo dejar ver el miedo que le corroía las entrañas. No partiría de ese mundo dejando ver a sus enemigos que tenía miedo, que no quería morir. Desaparecía como una Reina, con la cabeza alta.
«Aquí estáis al fin, miserable gusano, he tenido que esperar…»
Sus palabras quedaron bloqueadas en su garganta cuando vio aparecer el rostro de Emma en lugar del rostro del príncipe. Su corazón dio un salto en su pecho y un dulce calor la envolvió ante la visión de los ojos verdes de la sheriff. Sin querer dejar transparentar su turbación, giró de nuevo la cabeza hacia el techo y cerró los ojos.
«Rumpel ha roto el hechizo que la mantiene inmóvil. Se puede mover, pero…no intente nada contra mí, no funcionará»
Regina no respondió que no tenía ningún deseo de hacerle daño. Se incorporó y se estiró suavemente, después se volvió a colocar su máscara de frialdad.
«¿Su padre no ha tenido el valor de venir a anunciarme él mismo la manera en que seré ejecutada? No me asombra, la familia Charming no es conocida por su facultad de asumir sus actos…» anunció ella con una sonrisa depredadora.
Emma no tuvo en cuenta su ironía y sonrió
«De hecho…no, no tenía ganas de venir, porque lo que tengo que anunciarle le dan ganas de gritar…»
La expresión de Regina cambió, pasando del desinterés a la curiosidad.
«¿Y por qué?» preguntó ella con expresión de falsa indiferencia
«El consejo de la ciudad se ha reunido esta mañana y…no hemos podido decidir matarla» murmuró la rubia bajando la mirada
«¡Mirad qué cosa!» exclamó la morena casi echándose a reír «Entonces, ¿qué vais a hacer? ¿Liberarme y hacer como si nada hubiera pasado?»
«No, no ha acabado todo» respondió la sheriff suspirando «Regina, va a tener un juicio. Un juicio justo, con una persona frente a usted, que hará todo lo posible para convencer al jurado de que es necesario llevarla al cadalso y…»
Su voz se hizo ronca, cada palabra se hacía más difícil de pronunciar.
«Y también habrá una persona con usted, a su lado, para defenderla lo mejor posible»
Regina se quedó parada, sus pestañas batiendo a una velocidad endiablada, su cerebro intentando registrar lo que la sheriff acababa de contarle.
«¿Defenderme?»
Ni ella misma se creía las palabras que acababa de pronunciar. ¿Quién en esta ciudad sería lo suficientemente loco para intentar hacer que la balanza se inclinase a favor de la Evil Queen?
«Defenderla, sí…y créame, ¡no va a ser fácil!»
Regina estalló en una carcajada y se dejó caer en el camastro.
«¡Qué farsa! Como si alguien fuera a hacerse cargo de mi defensa cuando todo el mundo solo espera una única cosa, verme muerta»
«Se equivoca, Regina» respondió suavemente Emma apoyando sus manos en los barrotes «Esta mañana el consejo no pudo decidir su suerte, porque la mitad de sus miembros no quería que la matásemos. Y yo formaba parte de esa mitad»
La morena elevó la cabeza y miró el rostro de la sheriff. Su corazón se aceleró erráticamente, sus latidos irregulares dejaban ver que esa noticia la aliviaba, ya que su miedo a la muerte la estaba devorando desde hacía más de una semana.
No queriendo parecer débil frente a la rubia, Regina se puso de pie y alisó su falda.
«¿Y quién es el honorable imbécil que tendrá el placer de defen…?» Su voz se detuvo cuando inmediatamente comprendió. Si Emma en persona había venido a anunciarle ese asunto del juicio, no era por simpatía…
«¿Es usted…es usted quien va a encargarse de mi defensa?» dijo ella llevándose la mano a los labios.
Emma buscó sus palabras para responder y abrió la boca, pero Regina comenzó a reírse, y eso la dejó en shock inmediatamente.
Regina reía, reía como no había reído desde hacía años. Su cerebro acababa de procesar una información que le provocó una incontenible risa loca. Hubiera deseado poder pararse, no quería herir a Emma que estaba ahí para ayudarla, pero le era imposible. La hija de Snow, la hija de la persona que odiaba, a la que había intentado matar desde hacía decenas de años iba a tener que ayudarla a salir con vida.
Después de más de un minuto durante el cual Emma observó a la Reina caída reír hasta las lágrimas, la rubia giró los talones y comenzó a caminar hacia la salida.
¿Estaba desilusionada de la reacción de la morena? En realidad, no, ella sabía que Regina se asombraría con esa noticia, pero esa risa loca no era realmente lo que se había esperado. Ver a la morena reírse de ella de esa manera le partió el corazón y prefirió desaparecer antes de decir cualquier cosa de la que después se arrepentiría.
Regina dejó de reír instantáneamente, tendiendo la mano hacia la rubia que se alejaba.
«¡Emma! Emma, no se vaya»
La rubia continuó caminando moviendo la cabeza.
«Miss Swan…Emma, por favor. No se vaya»
La sheriff se detuvo y se dio la vuelta, su rostro triste arrancó una mueca a la morena
«Lo…lo siento, yo no quería…es solo que…que…»
«¿Totalmente increíble?» la rubia caminó poco a poco, un paso tras el otro «¿Incomprensible?» Continuó acercándose a la celda levantando las cejas, buscando las palabras «¿Extraño?» Posó sus manos en los barrotes «Podemos pasar la sobre mesa buscando calificativos para todo esto…pero creo que tiene mejores cosas que hacer, ¿no lo cree?»
La morena bajó la cabeza y suspiró
«Regina, solo tenemos un día y medio para prepararnos. Y además, tengo que pasar la mañana de mañana con Belle y Rumpel para preparar…en fin, le explicaré todo dentro de un momento. Pero antes de nada, debo saber si acepta que yo la defienda. Y sobre todo, si me va a ayudar para que pueda hacerlo lo mejor que pueda. Porque si debo luchar contra un muro, es inútil que pierda mi tiempo»
Ante esas palabras la morena casi estalló en sollozos
«¿Perder su tiempo? Me echaría en cara hacerle perder su tiempo, Miss Swan. Así que vuelva con sus padres y decidid de qué manera me ejecutareis, ¡su precioso tiempo seguramente será mucho mejor utilizado!»
Emma se mordió el labio y tuvo ganas de darse una bofetada. ¿Cómo podía ser tan imbécil?
«Regina, yo…perdóneme, no es lo que quería decir…Mierda, compréndame, yo…yo propuse esta idea del juicio porque no quería que la mataran…pero…no sé cómo llevar todo esto»
La morena inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado
«¿El juicio…es idea suya?» preguntó ligeramente impresionada
«Sí…yo…yo no quería que fuera…no quería perderla de esa manera»
Emma se dio cuenta, al mismo tiempo que la antigua Reina, de lo que acababa de decir. Su rostro se enrojeció inmediatamente e intentó recobrar una expresión ligera.
«En fin, quiero decir, ¡por Henry! No quería que él la perdiera de esa manera» añadió ella intentando aparecer lo más sincera posible.
Regina no pudo contener una sonrisa ladeada, la manera en la que Emma intentaba explicar esas ambiguas palabras era terriblemente encantadora.
Sin querer torturarla más tiempo, enderezó el busto y su rostro adquirió una expresión seria
«Entonces, Miss Swan…¿cómo vamos a hacer?»
Emma tomó una silla y se colocó frente a las rejas. Sentándose frente a Regina, la miró a los ojos.
«Todavía no he pensado en todos los detalles, pero he aquí como pienso defenderla, su majestad…»
El sol ya se había puesto hacía más de una hora cuando Emma alzó la cabeza, su estómago le hacía entender que era hora de hacer una pausa.
Regina aún sentada frente a ella no sentía hambre. Se había esperado morir ese día que el más mínimo segundo que pasaba le hacía olvidar todo sentimiento de fatiga, de hambre o de desespero. Había pasado la sobre mesa entera hablando con la rubia, su "abogada", dándole centenares de detalles sobre su vida, sobre todo lo que había podido hacer o decir, ya fuera la víspera de esa tarde o hacía más de treinta años.
Emma le había preguntado sobre su vida antes de convertirse en Reina, sobre Daniel, sobre su relación, más que complicada, con su madre, con Rumpelstilskin, e incluso con Snow. Ella la había escuchado con atención, anotando la cantidad de detalles sin nunca tomar posición o dar su opinión a Regina sobre sus actos pasados. El momento para juzgar había pasado, ella estaba ahí para ayudar a la antigua Reina, era necesario que hiciera una abstracción de todo lo que podría tocarla personalmente. Solo debía pensar en una cosa, la defensa de Regina, exclusivamente su defensa, su vida y la del hijo en común dependían de ello.
«Creo que ya tengo con qué trabajar» dijo ella estirándose «Voy a casa a tomar una ducha, y en seguida comenzaré a darle forma a mi argumentación y voy a preparar la lista de personas que quiero que testifiquen»
Regina echó una ojeada a su reloj y movió la cabeza.
«Emma, son casi las 23:00. Vaya a dormir, lo necesita»
«¿Dormir?» preguntó la rubia levantando las cejas «Regina, no tengo la intención de ir a dormir. Tengo trabajo, ¡solo tengo un día para preparar su defensa!»
«Estando completamente rendida no va a poder defenderme, Emma. Necesita reposo…»
La rubia sonrió al ver que la morena se preocupaba por ella, cuando ella estaba encerrada entre cuatro paredes y se jugaba la pena de muerte.
«Su solicitud me conmueve» dijo con un guiño que hizo sonrojarse a Regina «Pero frente a nosotras habrá alguien motivada, muy cultivada y que, le recuerdo, le tiene un odio personal por tenerla encerrada durante más de treinta años en un calabozo y después en una habitación del hospital psiquiátrico»
Regina hizo una mueca. Efectivamente, Belle formaba parte de las personas que deseaban verla muerta, y que tenía todas sus razones para hacerlo. Le había robado su vida, a su amor, para mantenerla encerrada durante decenios, solo para tenerla como una carta para jugarla en el momento oportuno.
«¿Está segura de que Rumpel no manipulará a la audiencia para llevarla a su terreno? Es su compañera, después de todo y…»
Emma levantó la mano para parar la conversación.
«No, nos lo ha confirmado, y creo en él. Él no quiere verla muerta, créame. Creo que se arrepiente de lo que pudo hacer en el pasado, y el hecho de permitir que tenga una defensa, de poder ser imparcial en todo lo que ocurrirá a partir de mañana es importante para él»
Regina miró a Emma fijamente. Si esa mujer, que estaba ahí para defenderla a pesar de su pasado, tenía confianza en las palabras del viejo brujo, entonces ella debía hacer lo mismo.
«Bien…en ese caso, Miss Swan…hasta mañana. Intente descansar un poco»
Emma no pudo evitar sonrojarse. Sintiendo un dulce calor subirle por el cuerpo, tomó la mano de Regina a través de los barrotes y la estrechó suavemente.
«Descansaré dentro de cinco días. Cuando esté libre»
Hundiéndose en sus miradas, las dos mujeres se observaron por largos segundos, después Emma soltó la mano de la morena.
«Lo siento, pero voy a tener que pedirle a Rumpel que vuelva a poner el hechizo. Aproveche para dormir»
La morena perdió su sonrisa. No le gustaba estar bajo la influencia de la magia del viejo anticuario, tenía la impresión de ahogarse permanentemente.
«Buenas noches, Emma»
La rubia dio media vuelta y envió un sms a Rumpelstilskin, indicándole que ella abandonaba la prisión.
Regina suspiró y se recostó en el camastro, espero pacientemente a que el hechizo de bloqueo fuera conjurado. Cerró los ojos diciéndose que quizás…quizás pronto estaría libre. Después una lágrima se deslizó suavemente, yéndose a perder en la almohada donde apoyaba la cabeza. A pesar de toda la buena voluntad de Emma, Regina sabía que el veredicto final sería fatal. Iba a morir, es verdad, más tarde de lo que había imaginado, pero iba a morir. Nunca los habitantes de Storybrooke le perdonarían todos sus actos pasados.
Con el corazón encogido, volvió a ver el rostro de Emma sonriéndole hacía unos segundos. Una segunda lágrima, deslizándose por su mejilla, se juntó a la primera, pronto seguida de otra, y otra y otra…
«Gracias Emma…gracias por todo»
