Perdón

Snow tocó suavemente la puerta de la habitación de su hija. Al no obtener respuesta, entró de puntillas sin hacer ruido. Una sonrisa apareció rápidamente en su rostro cuando vio a Emma dormida completamente vestida sobre una pila de papeles desperdigados sobre la cama, su pc portátil todavía encendido sobre sus rodillas.

Cogió el ordenador con delicadeza y lo puso en el escritorio de la rubia, después le acarició la mejilla maternalmente

«Emma, cariño…tienes que levantarte»

La rubia gruñó y se giró hacia la izquierda, aplastando los documentos que tenía al lado.

«Emma…cariño, levántate, vas a llegar tarde, Rumpel y Belle van a tener que esperarte»

Al escuchar esos nombres, la rubia dio un salto y casi se cae de la cama.

«Mierda, mierda, mierda, mierda» gritó despertándose en seguida «¿Qué hora es? ¡Me voy pitando!»

«Cálmate, Emma, son las ocho, tienes media hora para desayunar y tomar una ducha» respondió su madre tomándole la mano.

«Yo…sí, perdóname, tuve miedo de haberme saltado la hora» gesticuló la rubia sentándose en el borde de la cama al lado de la morena

«Sabía que te iba a costar levantarse así que me he adelantado» respondió su madre guiñándole un ojo «Tu desayuno está listo» añadió levantándose.

Emma la siguió y se sentó a la mesa ante una hermosa bandeja de tortitas y gran vaso de jugo de naranja. Tragando rápidamente todo lo que le había preparado su madre, se bebió el vaso de un trago y se precipitó a la ducha, bajo la mirada enternecida de Snow que no intentó hablarle antes de que saliera del cuarto de baño

Una vez vestida, Emma bajó a ver a su madre, mientras se secaba el pelo.

«¡Gracias por despertarme y por el desayuno! Me has salvado la vida» dijo con la cabeza hacia abajo, terminando de frotarse su cabellera rubia.

«¿La vida? ¿Nada más que eso?» respondió Snow divertida ante la situación «Te tomas tu papel de abogada defensora muy a pecho»

«¡Búrlate!» gruñó Emma colocando la toalla mojada en el respaldo de una silla «He sido elegida para defenderla, lo haré, sea cual sea vuestro sentir» añadió ella con un tono más suave, no quería herir a su madre.

«Lo sé» le respondió la morena acercándose, con una gran sonrisa en los labios «¡Y estoy orgullosa!»

La joven sheriff alzó las cejas, ligeramente perdida

«¿Estás…estás orgullosa?» Marcó un silencio y miró a su madre haciendo una mueca «Defiendo a vuestra enemiga…la mujer que intentó matarte decenas de veces…que ha intentado matar a tu hija, que casi mata a tu nieto…»

«¡Sí!» asintió Snow, su sonrisa aún en su lugar

«¿No…no crees que la palabra "matar" está demasiado presente en esa frase? ¿Estás…orgullosa de que la defienda? ¿De verdad?»

«Sí, lo estoy, muy en serio» respondió la morena abrazando a su hija «Regina y yo tenemos un pasado muy complicado y muy tumultuoso y…nosotras….pero yo no quiero que ella muera sin haber sido defendida por alguien que se preocupa de verdad por ella, y hará todo lo posible para salvarle la vida. Tu padre y yo hemos conversado mucho y…aunque él no aprueba la elección de un juicio, está de acuerdo conmigo en pensar que eres la mejor indicada en todo Storybrooke para llevar ese cargo a buen puerto. Y cuando veo cómo te estás implicando con ella…»Besó a su hija en la mejilla y le acarició dulcemente los cabellos «Estoy muy orgullosa de que te tomes esto tan a pecho»

Emma sonrió y estrechó a su madre contra ella. Después se separó y se dirigió a su habitación para recoger su cuaderno de notas y su ordenador.

«¡Estaré en la biblioteca! ¡No me esperéis para comer!»

Snow vio a su hija marcharse a grandes pasos, su material en la mano. Una vez la puerta cerrada, suspiró y se puso su abrigo. Las manos ligeramente temblorosas, cogió las llaves y salió del apartamento, decidida a ir a hablar con su ex madrastra.

«He aquí el objeto en cuestión» exclamó Rumpelstulskin mostrando en la mano un círculo hecho de cuerdas cruzadas de unos cincuenta centímetros de diámetro «Es lo que vulgarmente se llama un atrapa sueños, solo que este es un poco más grande de los normal»

Con un movimiento de la mano, lo hizo levitar, colocándolo frente a Emma y Belle que fruncieron el ceño ligeramente.

«Emma, usted ya ha tenido un encuentro con este objeto, si mal no recuerdo» dijo con una sonrisa ladeada.

«Sí, sí» respondió ella un poco a la defensiva «Cuando quise saber quién había matado, en fin, casi matado a Archie. Y…guardo un muy mal recuerdo» dijo con un gran mueca de desagrado en el rostro.

«Me lo imagino…y es ahí a donde quería llegar. Esto nos permitirá ver el pasado, saber lo que ocurrió en un instante X, de manera precisa e insoslayable. Pero el peligro con este procedimiento, y usted ya está escarmentada, Miss Swan, es que muestra lo que ha pasado sin interpretarlo o intentar modular las cosas. Es así como vio a Regina, o más bien a su madre transformada en Regina, hacer desaparecer a Archie. No era realmente ella, pero los hechos están ahí. Una Regina estaba implicada…y ese pequeño detalle puede cambiar muchas cosas»

El anticuario hizo un gesto con la mano y una imagen algo borrosa apareció en el centro del atrapa sueños, se fue agradando hasta tomar toda la superficie del objeto.

«Si os mostrara esto» movió la punta de sus dedos «tenéis ante vuestros ojos a ese idiota de pirata…» el rostro de Hook apareció en el centro de la visión «Pero no sabéis si esa imagen es del presente, del pasado…en Storybrooke, en el Bosque Encantado. Cuando aún era pirata o cuando la ayudó a trepar por la judía mágica. Es imposible saberlo sin ver la globalidad de la visión…» con otro gesto de la mano, hizo aparecer la totalidad de la escena, dejando aparecer a Hook vestido con ropa de corsario, hablando con un hombre en un barco sobre el que ondeaba una vela negra.

«¿Cuándo ha ocurrido esto? Solo él…» él añadió «y yo, por supuesto, somos capaces de decirlo»

Emma se sentó en una silla y ladeó ligeramente la cabeza.

«¿Lo…lo que está intentando decirnos es que una misma imagen, según la forma en la que sea mostrada puede tener significados diferentes…o por lo menos ser percibida de maneras diferentes?»

El hombre asintió con la cabeza e hizo desaparecer la visión, dejando caer al suelo el objeto redondo.

«Es exactamente eso, Emma. Usted y Belle » él miró a su compañera a los ojos y le sonrió «tenéis que pedirme con exactitud lo que deseáis ver. Porque el menos error, el menor detalle mal interpretado podrá acabar con vuestras argumentaciones»

Belle se sentó en una silla, cercana a la de Emma y miró a la sheriff.

«Propongo que cada una, por turnos, pidamos a Rumpel lo que deseamos ver, especificando con exactitud el lugar y la época de la visión. A continuación, la otra podrá decidir si utiliza la misma visión, con puntos de vista o protagonistas diferentes, o pedir otra según sus necesidades»

El viejo brujo levantó las manos, y alzó las palmas al cielo.

«De esa manera, yo me quedo totalmente neutral a vuestras elecciones, solo sirvo de intermediario para traer las visión del tiempo según vuestros deseos y así mi imparcialidad está preservada»

Emma asintió con la cabeza y sonrió mirando al anticuario y a su compañera. Sabía que la lucha contra Belle sería dura, porque la joven tenía buenas razones para querer ver a la Reina caída colgada de una cuerda, pero ella estaba segura de que la morena no intentaría nada que pudiera hacer desviar el juicio, y sobre todo que pudiera arruinar su amistad.

«Bien…» exclamó el brujo recogiendo el atrapa sueños «Ahora, ¡a trabajar!»

Snow empujó la puerta de entrada de la oficina del sheriff y entró en el largo pasillo que llevaba a la sala principal, en la que destacaba la celda. Vacilante, se detuvo unos segundos, después movió la cabeza suspirando. Tomando valor, giró la esquina de la oficina de su hija y caminó despacio hasta la pequeña celda.

Regina estaba tendida en el camastro, impidiéndole el hechizo de Rumpelstilskin hacer cualquier movimiento. Escuchó un ruido de pasos, pero ni se molestó en girar la cabeza, creyendo que Leroy, su perro guardián, se ausentaba una vez más para ir a beber una enésima cerveza, o para ir al baño por décima vez esa mañana. Pero por una vez el hombre estaba sentado en su lugar, intentando matar el tiempo jugando al póker on line.

«¡Pero no es posible! ¿De dónde sacas ese rey?» murmuró, dándose cuenta de que acababa de perder por décima vez en ese día «No sé quién se esconde detrás de ese nick, Jesson, pero te prometo que si estás en Storybrooke, voy a hacer todo por encontrarte…¡me vas a devolver lo que has quitado, no me dejaré desplumar por más tiempo!»

Levantando la cabeza con disgusto, abandonó su ordenador cuando vio a la maestra caminar hacia él, haciéndole señas de que no hiciera ruido, su dedo en la boca para indicarle que no quería que su presencia fuera anunciada. El hombre pequeño asintió con la cabeza y dejó el lugar rezongando, no queriendo molestar a la antigua Reina y a la nueva en una conversación que no iba con él. De todas maneras, Snow no se arriesgaba nada, su presencia y la de sus amigos enanos como guardianes solo servía para tranquilizar a la población sobre un eventual riesgo de fuga de Regina.

La pequeña morena se acercó a los barrotes y poso en ellos sus manos, carraspeó para hacer comprender a su madrastra que estaba ahí. Regina no se dignó a girar la cabeza, se contentó con cerrar los ojos y hacer una mueca.

«Síiii, síiii, lo sé, va a ir a aliviar su vejiga una vez más. Si se cayera en la taza y se ahogara en ella, me haría una gran favor» exclamó ella pensando que le hablaba al enano.

Snow no pudo contener una sonrisa y cerró los ojos, inspirando profundamente para reunir valor.

«No…no soy Leroy…» murmuró ella en un tono más bajo de lo deseado.

Regina se sobresaltó y giró la cabeza hacia un lado, sus ojos se agrandaron como bolas de billar

«¡Tú!» sopló entre dientes «¿Cómo te atreves a venir a pavonearte ante mí cuando…»

La pequeña morena levantó la mano, parando todo discurso de su madrastra, no quería empezar una enésima batalla que acabaría en crisis o en lágrimas.

«Escúchame, Regina, por favor» pidió ella muy amablemente, la voz ligeramente temblorosa

«¿Escucharte? ¿Escucharte el qué? ¿Pavonearte de que estás esperando mi muerte? ¿O pedirme otra vez que te mate como la cobarde que eres?» gruñó la morena girando el rostro hacia el techo de la celda

«Ni lo uno ni lo otro…he venido a verte…para…para ser sincera, ni yo misma sé por qué estoy aquí» confesó haciendo una ligera mueca.

«Eso no me sorprende. Nunca has sabido nada. Pero, que sepas querida, que si tú no sabes para qué sirves, no soy yo quién te lo va a enseñar, pues nunca he encontrado la respuesta a esa pregunta»

El tono frío de la antigua Reina hirió a Snow que no deseaba sino una charla sosegada. Realmente no comprendía a qué había ido, pero su corazón la empujaba a ir a hablar con Regina, quizás para exorcizar sus viejos demonios. La muerte de Daniel, la muerte de Cora, esos dos acontecimientos que habían destruido a su madrastra era obra suya, y aunque ha aprendido a vivir con ello, no podía evitar sentirse culpable.

«Yo…he venido a decirte adiós Regina, y pedirte perdón»

La Reina caída abrió los ojos y sintió su corazón latir a toda velocidad, pero no respondió.

«Como Emma te ha dicho, tendrás un juicio. Un juicio de verdad, y el desenlace será, en todo caso así lo deseo, bueno para ti, porque puedes evitar la pena de muerte si mi hija logra probar que en tu interior, detrás de ese caparazón de Evil Queen, todavía hay un corazón que late, el corazón de Regina, de la mujer que me salvó la vida cuando era una niña»

La prisionera se contuvo de gritar que si no le hubiera salvado la vida a esa pequeña, ella no habría sufrido durante todos esos años, pero ninguna palabra salió de su boca. En su interior, esa parcela de Regina que apreciaba a su hijastra mantuvo el control y escuchaba con atención las palabras de despedida de la pequeña morena.

«Sé que te he hecho un enorme daño…y sabemos que tú también me lo has hecho a tu vez. Las dos nos hemos equivocado y…hoy me doy cuenta de que todo podría haberse evitado» Señaló con un gesto de la mano lo que se encontraba a su alrededor «Esta celda, este despacho…Storybrookke…» Suspiró, los ojos llenos de lágrimas «¿Nuestra vida habría sido mejor si yo no le hubiera hablado a tu madre? Quizás sí, quizás no. Nunca lo sabremos de verdad, pero…como sabes, no podemos dar marcha atrás. Hoy es el momento de asumir tus actos. Vas a tener el derecho de expresarte, de decir lo que sientes, lo que has guardado para ti en estos treinta años»

Snow se calló y miró a la morena, que aún no esbozaba el menor movimiento.

«Mi hija, mi propia hija, a la que intentaste matar hace unos meses va a ocuparse de tu defensa. Sé que vino a anunciártelo personalmente, pero yo deseaba hablarte de ello»

La morena se dejó caer por los barrotes y quedó sentada en el suelo, de espalada a la Reina.

«Emma se está tomando en serio su papel. No te dejará caer, así como yo tampoco te dejaré caer una vez más. Va a hacer todo lo que esté en su mano para defenderte y demostrar a la gente que…que lo que has hecho…eres responsable de ello, cierto, pero…»

Se apretó los dedos, intentando encontrar las palabras sin hundirse en llanto.

«Pero no eres la única. He interpretado un papel en todo esto, Rumpel, tu madre…mucha gente te ha hecho daño y te ha empujado al camino que tomaste a causa de la cólera y el dolor»

Si Regina no hubiera estado paralizada, se habría sentado en el borde de la cama para acercarse más a la pequeña morena. Su sangre hervía y su mente oscilaba entre las ganas de matar a su hijastra inmediatamente para hacerla callar para siempre y la necesidad de estrecharla contra ella para hacerle comprender que la relación madre hija que habían podido tener en el pasado la añoraba atrozmente.

«Deja a Emma actuar. Hará todo lo que pueda por ti. Ella cree en ti, en ella…hará lo máximo. Si aún conservas en ti aunque sea un poco de amor por mí, por Henry…o por mi hija…» Snow cerró los ojos y respiró profundamente «Por favor, no le pongas impedimentos. Coopera con ella, haz lo que sea necesario para que consiga que tu vida no termine de manera violenta al final de la semana»

Sin dar tiempo a que Regina respondiera, cosa que de todas maneras no iba a hacer, la pequeña morena se levantó y alisó su falda con la mano. Caminando con paso rápido, giró la cabeza hacia la celda y esbozó una ligera sonrisa, después desapareció del despacho de la sheriff tan rápido como había llegado.

Con el corazón en un puño, Regina esperó a que su ex hijastra estuviera lo suficientemente lejos y se derrumbó. Sus lágrimas se deslizaron suavemente, después dejaron lugar a los sollozos de pena. Su irritación ante la llegada de Snow había dejado lugar a una melancolía que le corroía la mente y las entrañas, la imagen de la niña cayéndose del caballo venía a acompañar a la de un pequeño de cabellos negros…después, tras algunos minutos de llanto, su respiración entrecortada recobró su ritmo más lento, más calmado, y cerró de nuevo los ojos, su corazón casi en paz.

Nunca hubiera imaginado que las cosas terminarían de esa manera…que tras todos esos años de guerras y de violencia, a quizás algunos días del final de su vida…nunca habría pensado que perdonaría a Snow…y sin embargo…

Girando la cabeza hacia un lado, intentó dormirse para no ver dar vueltas en bucle en su cabeza las imágenes que conocía de memoria. Un solo rostro seguía apareciendo en su mente y la calmó hasta que el sueño vino, el de una bella rubia que iba a luchar para salvarle la vida.