Idea de genio
Emma se acostó tarde, completamente rendida. El día pasado con Belle y Rumpel había sido muy duro y muy agotador moralmente. Las visiones a las que había tenido acceso por medio del atrapa sueños del viejo brujo les habían totalmente conmocionado.
Belle había sufrido al ver escenas muy dolorosas para ella, sobre todo su rapto y su encierro durante decenas de años, pero contrariamente a lo que pensaba la rubia, era ella a la que le había costado mucho más ver todas esas imágenes del pasado, que sin embargo no le concernían directamente. Ver a la que ella conocía como ex alcaldesa de la ciudad y madre adoptiva de su hijo matar a centenares de personas, torturar y hacer sufrir para su mero placer, con una sonrisa malsana alumbrando su rostro permanentemente…toda esa violencia, esa sangre y esa pena omnipresente le había revuelto el estómago.
Después de la pausa del mediodía, Emma se había derrumbado y se había hundido en llanto. Había deseado detenerlo todo, no logrando imaginar cómo podría defender a alguien que se había dejado arrastrar de esa manera por la violencia y el odio. Pero Rumpel, al ver que la rubia no soportaría el choque, había decidido mostrarle imágenes más suaves, la vida de la joven Regina antes de su reinado como Evil Queen, a continuación las visiones pasaron a ser mejores, a su vida había llegado un pequeño ser al que había llamado Henry, en homenaje a su padre al que quiso tanto…Esa pequeña estratagema había funcionado. La sheriff se había rápidamente recuperado y sus ganas de luchar para que Regina pudiera vivir habían reaparecido aún con más fuego que antes. La fatiga y el estrés le habían dado ganas de abandonarlo todo, pero su lado combativo, "el empeño de los Charming" como lo había calificado Rumpel con una pequeña sonrisa ladeada, la había poseído. ¿Habían sido las palabras del viejo brujo las que la habían motivado o más bien el hecho de imaginar la mueca que la morena habría hecho si hubiera escuchado esas palabras? El corazón de Emma se había derretido de felicidad al imaginarse a Regina poniendo los ojos en blanco, chasqueando la lengua de asco ante la mención de aquellos a los que ella llamaba "los dos idiotas".
El hecho de pensar en la bella morena le había dado empuje para el resto de la tarde, pero también había invadido su mente. No lograba pensar en otra cosa que no fuera Regina, y una sola cosa le había obsesionado durante el resto del día: terminar cuanto antes para pasar tiempo con ella. Ardiendo de impaciencia durante horas, había intentado persuadirse a sí misma de que ese deseo solo estaba ligado al hecho de que la morena era su "cliente", pero sabía muy bien que no era la única razón.
Así, una vez acabada la reunión con Belle y Rumpel, Emma había corrido a Granny's para tomar algo que comer para ella, una hamburguesa y su colección de papas fritas, y una ensalada variada para Regina, y había corrido hasta la comisaría, esperando poder hablar largamente con la mujer que ocupaba sus pensamientos. Pero desgraciadamente tuvo que comer sola, porque Regina estaba hundida en un profundo sueño. Emma no tuvo el valor de despertarla y había preferido marcharse, tragándose su hamburguesa viendo la televisión ante la que se había quedado dormida poco tiempo después, hundiéndose en un sueño sin sueños hasta que su despertador no la atrajo al día siguiente a la realidad.
Juicio. Día 1
«Gracias a todos por estar hoy aquí» dijo David con voz fuerte para cubrir el barullo que llenaba la sala.
Inmediatamente toda la concurrencia se calló y miró al hombre que haría las veces de juez hasta el fin del juicio. El antiguo asistente de veterinaria estaba ante su mesa que había sido colocada sobre un estrado para estar elevado con relación al resto de la sala, de manera que cada persona presente pudiera verlo perfectamente.
A su izquierda estaban alineadas todas las personas que constituirían el jurado, cabezas conocidas como Leroy, Granny, Ruby e incluso Archie, pero la mayoría eran "desconocidos", gente que él se había podido cruzar alguna vez por Storybrooke, pero sin saber quiénes eran, ni en este mundo ni en el anterior. A su derecha, dos escritorios habían sido instalados, lado a lado, el de la acusación delante del que Belle esperaba pacientemente, de pie, con las manos apoyadas en algunos papeles que le servirían para su alegato, y un metro más lejos Emma esperaba de forma menos tranquila, agitando sus manos y golpeando con el pie, el estrés la apresaba cada vez más, a medida que el tiempo avanzaba. En medio de la sala, un gran círculo de cuerdas estaba suspendido del techo, Rumpelstilskin esperaba pacientemente al lado, apoyado en su bastón.
Después venían largas filas de bancos, que llenaban toda la sala, y que se extendían unos veinte metros. La población de Storybrooke había venido en masa para asistir al juicio de la que llamaban Evil Queen.
David hizo una señal con la mano, indicando que todo el mundo podía tomar asiento y se colocó delante de la mesa para que todos pudieran verlo y escucharlo.
«Nos hemos reunido hoy para juzgar a Regina Mills, antigua Reina de nuestro reino, ex alcaldesa de la ciudad de Storybrooke, actualmente detenida en la celda de la comisaria. Este juicio durará cuatro días. Belle French ejercerá la acusación, su finalidad será demostrar y explicar por qué deberíamos pensar que Regina es culpable de sus actos pasados, y por qué deberíamos ejecutarla»
Marcó una pausa, su mirada recorrió la sala, sondeando los rostros de la gente sobre los que vio numerosas sonrisas.
Respirando profundamente, continuó
«Emma Swan defenderá a la Rei…» cerró los ojos y se corrigió inmediatamente « a Regina, para demostrarnos por qué deberíamos tener clemencia hacia ella y permitirle permanecer con vida»
Los murmullos comenzaron a hacerse oír en la sala, transformándose rápidamente en un griterío. David rápidamente se colocó detrás de la mesa y cogió el mazo que le serviría para distribuir justicia. Golpeándolo violentamente, miro a la sala con el ceño fruncido.
«Os lo aviso desde ahora mismo, no toleraré ningún comentario, ninguna toma de palabra y mucho menos la menor salida de conducta, ya sea contra la acusada, las abogadas o cualquier otro miembro de la asamblea. Al menor problema, Rumpelstilskin se encargará de trasladaros con magia a una de las celas del hospital psiquiátrico, que hemos reservado para la ocasión. Tendréis la alegría de pasar una semana allí con todos los gastos pagados a la espera de que el juicio termine. Este será la única advertencia, espero de vuestra parte el respeto debido a este tribunal»
Los comentarios de desaprobación se callaron al momento, al no querer arriesgarse a provocar la cólera del Rey, no dudando de la veracidad de sus amenazas.
«Bien…» continuó con voz reposada «Rumpelstilskin aquí presente» señalo al brujo con la mano «tendrá por cometido hacer aparecer las visiones del pasado, según las demandas de las abogadas. Cada una podrá llamar a testigos y podrán utilizar libremente la herramienta puesta a su disposición para traer ayuda complementaria o demostrar, afirmar o negar algo que se diga que no esté totalmente probado»
Se colocó delante de la silla, las dos manos apoyadas en la mesa.
«Al término del proceso, el jurado tendrá algunas horas para reunirse y deliberar sobre su veredicto. Una vez terminado, no habrá marcha atrás, sea cual sea la solución elegida»
Posó una mirada grave sobre la asamblea y se sentó en el sillón de cuero que le estaba reservado.
«Hagan entrar a la acusada»
El silencio que reinaba pesaba como una plancha de plomo, cada persona presente girando la cabeza hacia la puerta de la sala. La ex Reina llegó escoltada por dos guardias improvisados, con la cabeza alta, su prestancia y aplomo habitual cortaba la respiración a los que ponían sus ojos en ella. Todos habían imaginado que entraría una Regina debilitada, con la mirada al suelo, la cabeza gacha…pero la Reina caída no tenía la intención de darles ese placer. Su aire altanero plasmado sobre una máscara de frialdad total, ella miró a un punto fijo ante ella y caminó con paso esbelto hasta su sitio, al lado de Emma, su abogada hasta el final del juicio.
La rubia quedó subyugada por la belleza de Regina, su respiración se entrecortó algunos segundos cuando la vio entrar en la sala, pero rápidamente la alegría de verla fue reemplazada por una ligera irritación. Había esperado que la morena hiciera un esfuerzo por mostrarse implicada en su proceso, que mostrara signos de remordimiento, de humildad o de deseo de hacerse perdonar…pero no había nada que hacer. Ella estaba muy orgullosa, demasiado segura de ella misma para atreverse a mostrar la menos señal de debilidad…lo que no iba a ayudar a Emma en su alegato.
Ligeros murmullos se elevaron en la sala mientras Regina se instalaba al lado de Emma, sin atreverse a mirarla a los ojos para evitar cualquier turbación entre ellas. La rubia giró ligeramente la cabeza y abrió la boca para decirle buenos días cuando los clamores comenzaron a elevarse al final de la sala, pronto seguidos de injurias y de gritos. De repente, un hombre se levantó y lanzó lo que parecía un zapato a Regina, o al menos en su dirección. Rumpelstilskin elevó la mano derecha y detuvo inmediatamente el proyectil. Con su otra mano, hizo un gesto rotativo y bloqueó al hombre, elevándolo algunos centímetros del suelo. David miró al mago y asintió. Inmediatamente, el hombre desapareció en una nube de humo azul.
«Ahí está el primer inquilino del hospital…si otros desean hacerle compañía, que se manifiesten inmediatamente, otras celdas están preparadas para acogerlos, ¡ganaremos tiempo si hacemos limpieza ahora!» exclamó David visiblemente enfadado.
«¡Ohhhhh, esto va a aburrir hasta a un santo!» murmuró Emma mirando a su padre, girándose después hacia Regina con una gran sonrisa, que borró inmediatamente al ver la mirada asesina de su cliente.
«Muy fino, Miss Swan» respondió la morena suspirando.
«No…es…es porque tengo una amiga que dice a menudo eso y de repente…en fin…ya sabe…me he dicho que…»
Regina giró la cabeza y miró hacia el otro lado de la sala, para hacerle ver a Emma que su lado infantil la exasperaba.
«Oh, hey, está bien, relájese» balbuceó la rubia haciendo una mueca, lo que provocó un medio giro de la morena, que la miró con una mirada de enfado.
«¿Relajarme? ¿Relajarme? ¡Emma, tiene mi vida en sus manos, le recuerdo, así que, perdóneme si me preocupo cuando veo la manera en la que se está implicando y la manera en la que se está tomando esto!»
«¡Hey!» dijo la rubia, de repente llena de rabia «¡Es injusta! ¡He pasado todo el día de ayer trabajando por usted, justamente por su vida, así que un poco de gratitud sería bienvenida, madame Mills!»
Emma había hablado más alto de lo que hubiera deseado, haciendo girar hacia su mesa todas las miradas. David las observaba con expresión seria, esperando a que su hija se dignara a darse cuenta de que estaba siendo la atracción principal de la sala, y eso hizo que pusiera los ojos en blanco.
«Si la señorita Swan está dispuesta a calmarse, podríamos comenzar» dijo él con un tono que no daba lugar a ninguna discusión.
Entre el público, Snow hizo una mueca y miró a su hija con expresión desolada. Sabía que su padre se tomaba muy a pecho su papel de juez, y que quería ser absolutamente imparcial, pero no puedo evitarle echarle en cara que le hablara así a su pequeña. Anotó en su mente cantarle las cuarenta a su marido, el Rey, una vez en la casa… Emma bajó la mirada y respiró profundamente para calmarse, después mirando a Regina a los ojos, se excusó en silencio, excusas que la morena aceptó, sonriendo ligeramente para hacerle comprender a su abogada que no se lo tenía en cuenta.
«Muy bien. Si todo el mundo está listo, ¡podemos comenzar!» exclamó el juez golpeando dos veces su mazo contra la madera.
Girándose hacia Belle, le hizo una señal con la cabeza.
«Belle, tiene la palabra»
La morena asintió y se levantó, alisando su larga falda negra elegida para la ocasión. Su blusa gris perla, pegada, estaba perfectamente a juego, lo que Emma remarcó inmediatamente. Había sabido elegir su atuendo, que daba una imagen de mujer seria y fuerte, pero igualmente muy sexy, lo que sería útil para encandilar a los miembros masculinos del jurado. Dando algunos pasos, se colocó delante del jurado y miró a los miembros uno a uno. Después de más de un minuto de silencio, se puso de lado para ser visible tanto por David como por el jurado.
«Señoras y señores…estamos hoy aquí para juzgar a Regina Mills, más conocida por la mayoría de ustedes con el nombre de Evil Queen»
«¡Protesto!» exclamó Emma, poniéndose en pie «¡Belle intenta manipular al jurado! ¡Evil Queen es un sobrenombre peyorativo que ella utiliza aquí para hacer ver a mi cliente como culpable antes mismo de haber comenzado su alegato!»
La morena la interrumpió, habiendo previsto perfectamente la reacción de la rubia «Quiero hacer recordar que Regina se bautizó a sí misma como Evil Queen. No es una deformación llamarla así» dijo ella encogiéndose de hombros, mirando con aplomo a David.
Este asintió «Belle tiene razón. Evil Queen es el nombre que llevaba Regina en su periodo más oscuro, no está excluido mencionarla de esa manera porque eso forma parte de ella. Continúe, por favor»
Emma se sentó gruñendo, arrancando una ligera sonrisa a Regina que estaba contenta de ver que la rubia estaba en pie de guerra desde el primer segundo, dispuesta a todo para defenderla.
Belle retomó con mucho más ánimo «Entonces, decía, la Evil Queen es hoy juzgada por asesinato, intento de asesinato, complot, genocidio, acto de barbarie, rapto y secuestro, tortura, y más recientemente intento de asesinato de un niño»
Emma casi se cayó de su silla y se levantó de nuevo agitando los brazos en todos los sentidos.
«¡Protesto! Regina no tenía la intención de matar a Henry, la tarta de manzana envenenada había sido destinada a mí, ¡Henry la comió por error!»
Regina bajó la mirada, tomándose la cabeza y suspirando. Con tal abogada en la defensa, la acusación no tendría mucho trabajo para hacer que su cabeza colgara de una pica…
Belle enarbolaba una gran sonrisa «Muy bien, perdóneme, señorita Swan, es verdad que era a usted a quien deseaba matar, no a su propio hijo…Señoras y señores, tendrán en cuenta que Regina Mills ha intentado también matar a su propia abogada, y por error causó la muerte de su propio hijo adoptivo, que solo se salvó gracias a la intervención de Emma Swan que rompió la maldición, maldición que, dicho de paso, fue lanzada por la acusada. No me detendré en eso en este juicio, ya que no es la cuestión, no hay ley que prohíba utilizar la magia negra, pero mantengamos de todas maneras ese asunto en la cabeza…»
Murmullos se elevaron del jurado, mostrando que la morena había logrado totalmente lo que quería. Por su parte, Emma se mordió el labio, maldiciéndose por haber caído en una trampa tan grande. Aún con la sonrisa en los labios, Belle se acercó a la mesa de Emma y miró a Regina. Sin decir una palabra, mostró con su mirada todo el odio y el rencor que sentía hacia la antigua Reina. Sin dejarse desestabilizar, la morena sonrió a su vez y elevó su mano a la altura de su rostro, mirando sus uñas de manera totalmente apasionada, haciendo comprender a la abogada de la acusación que su estratagema no la impresionaba en absoluto.
Llena de rabia, Belle se giró y volvió a colocarse delante del jurado. Aclarándose la voz, se giró ligeramente y miró a Snow a los ojos.
«Señores y señoras, miembros del jurado, querría evocar la primera muerte cometida por Regina Mills. En esa época, ella era la Reina del reino.¡ Quiero hablar del asesinato planificado contra nuestro soberano, el buen Rey Leopold!»
Dejando pasar algunos segundos para que su anuncio hiciese efecto, sonrió de nuevo mostrando una sonrisa depredadora.
«¡Llamo al estrado a Sydney Glass, conocido en nuestro mundo como el Genio de Agrabah!»
