La muerte de un Rey

Sydney Glass se levantó de entre el público, atravesó las filas de bancos que llenaban la sala y caminó hasta el estrado donde se colocó delante de la silla dispuesta al lado de la mesa de David, destinada a acoger a los testigos del proceso.

El juez le hizo una señal con la cabeza y le pidió que se presentara

«Mi…nombre es Sydney Glass, en esta vida, en Storybrooke. Soy…en fin, era, periodista de la gaceta. En nuestro antiguo mundo era el genio de la lámpara…»

«Muy bien» respondió David con tono neutro «Puede sentarse»

El hombre obedeció inmediatamente y cruzó las piernas, moviéndolas de forma mecánica, lo que dejaba mostrar su gran ansiedad.

Belle se acercó al testigo y lo miró fijamente durante unos largos segundos. Después se giró hacia la defensa, dio algunos pasos y detuvo su mirada en Regina.

«Sydney, ¿puede decirnos cómo conoció a Regina Mills, por favor?»

El antiguo periodista se aclaró la garganta y entrelazó nerviosamente sus manos.

«Euh…bien, mi lámpara mágica, en la que estaba prisionero, acabó en una playa, por la que se paseaba el rey Leopold. Él la encontró y la frotó, apareciendo yo. Él me liberó, permitiéndome convertirme en una persona, y a continuación me invitó a alojarme en su palacio el tiempo que necesitará para comenzar una nueva vida»

«Y entonces, ¿fue en el palacio donde conoció a Regina?» preguntó Belle con gesto demasiado teatral al gusto de David.

«Así es…ya estaba casada con el rey desde hacía algunos años y…cuando la vi, me enamoré inmediatamente de ella. Era tan bella…en fin, aún lo es» dijo enarbolando una gran sonrisa, devorando a Regina, sentada unos metros lejos de él, con los ojos.

Emma no pudo evitar que la cólera se apoderara de ella, al mismo tiempo que una ola de celos. Si hubiera podido, habría estrangulado al antiguo genio con sus propias manos. ¿Cómo se atrevía a mirar a la morena con tal perversión? Pero al girar la cabeza hacia Regina, en seguida se tranquilizó cuando vio la mueca que hacía la acusada, aparentemente asqueada ante la idea de pasar tiempo con ese hombre.

«Y entonces» retomó Belle intentando captar la atención de su testigo «¿se enamoró de la acusada?»

«Sí..» murmuró el hombre, poniéndose rojo como un tomate «Yo he…habría hecho cualquier cosa por ella…estaba loco por ella, y ella lo sabía. Pensaba que sus sentimientos por mí eran sinceros, pero…pero ¡me utilizó! Me hizo creer que…que…»

Sydney se agitaba cada vez más, su voz se hacía más aguda a medida que su nerviosismo aumentaba.

Belle parecía divertida e interrumpió al hombre en su diatriba, levantando una mano ante ella para hacerlo callar.

«Cuando dice que ella lo utilizó…¿qué quiere decir con eso?»

«Bueno…coqueteó conmigo, yo cedí y…ella me hizo creer que me amaba para que yo hiciera lo que ella deseaba»

«¿Está intentando decir que se acostó con la Reina?»

Emma saltó de su silla levantando la mano, totalmente indignada con la pregunta.

«¡Protesto! ¡La vida sexual de Regina no tiene nada que ver en esta historia! No nos incumbe a nadie»

David abrió la boca para tomar la palabra, pero Belle no le dejó tiempo.

«Pido perdón si esto puede molestar, pero saber si Regina Mills y Sydney Glass fueron amantes permitirá comprender mejor lo que vendrá a continuación»

David miró a su hija y movió la cabeza «Protesta denegada. Sydney conteste a la pregunta»

«Bueno…sí» confesó él incómodo «Éramos amantes. Pero solo nos acostamos dos veces y además…»

«¡Protesto!» gritó una vez más la rubia que no tuvo tiempo de volverse a sentar «¡No necesitamos los detalles escabrosos!»

David movió la cabeza «¡Cierto! Protesta aceptada, pero Emma, ¡le ruego que se calme un poco!»

La rubia se sentó gruñendo mientras que Belle se giraba de nuevo hacia el antiguo periodista y le hizo una señal con la mano

«Entonces, la Reina tenía un amante a espaldas del Rey. Podemos añadir adulterio a la larga lista de cargos expuestos en este tribunal…»

«¡Protesto! ¡No estamos aquí para juzgar una cuestión de moral! ¡Se está volviendo un ensañamiento!» se alteró Emma, saltando como una loca.

«¡Protesta aceptada!» dijo David «Volvamos al asunto que nos trae aquí» pidió a Belle con un tono que esperaba que pareciera neutro.

La morena asintió y se dio la vuelta hacia su testigo. Bajó la cabeza y buscó las palabras durante unos segundos, intentando volver al hilo del interrogatorio.

«Creo que es tiempo de pasar a cosas concretas» dijo con una voz tranquila «Rumpel, por favor…»

El viejo brujo dio un paso adelante y se apoyó sobre su bastón. Con un gesto vivo, utilizó su mano libre para hacer aparecer un mancha negra en medio del atrapa sueños. En unos segundos, se extendió y ocupó la totalidad del círculo. Después, rápidamente apareció un castillo en el centro de la visión. Todos pudieron reconocer el edificio blanco, el castillo del Rey Leopold. Como si el mago hubiera apretado el botón de avance rápido, la visión aceleró, entrando en la torre principal y se deslizó hasta la habitación de la Reina, que se encontraba desnuda bajo las sábanas, en compañía del hombre que había sido durante mucho tiempo el habitante de una lámpara mágica.

Ante la vista de la magnífica morena a penas cubierta por la fina sábana que dibujaba con elegancia las curvas de su cuerpo, Emma sintió una ola de calor y no pudo evitar gemir. Regina giró la cabeza hacia ella y se dio cuenta del estado en que la visión dejaba a Emma. Ella no pudo evitar sonreír y se acercó delicadamente a la oreja de su abogada, y murmuró en voz baja.

«¿Lo que ve le gusta, miss Swan?»

Emma abrió los ojos de par en par y casi se ahogó. Roja por la vergüenza, giró la cabeza hacia Belle, fingiendo que no había escuchado nada, lo que acentuó la sonrisa de Regina que retomó su posición cruzando los brazos, orgullosa de su pequeño efecto.

«He aquí la prueba de que la Reina era infiel» exclamó Belle mostrando la visión al jurado «Y he aquí la manera en la que nuestro buen Rey» marcó una pausa y miró a Snow, excusándose en silencio por lo que estaba obligada a enseñar «…la manera en la que nuestro buen Rey murió»

La visión se hizo borrosa, después la niebla se disipó, dejando aparecer al genio con una caja en sus manos, deslizándose por el pasillo hasta la recamara del Rey. Entró en la habitación, cerró con cuidado la puerta y se acercó al lecho, en el cual Leopold dormía apaciblemente. Abriendo la caja que llevaba con él, el genio hizo aparecer a la vista de todos, una serpiente de Agrabah. Algunos segundos más tarde, la visión se fijó en el rostro de Rey agonizando en una muerte lenta y terriblemente dolorosa.

Todas las miradas, incluidas las de David, Emma y Regina se dirigieron a Snow, que lloraba a lágrima viva. Ella había escuchado cómo había muerto su padre, pero ver las imágenes, como si estuviera viendo una película en la tele, le acababa de romper el corazón.

Belle inclinó la cabeza, desolada ante el dolor que le estaba imponiendo a su amiga y pidió con un tono muy dulce a David si era posible suspender la sesión.

El Rey puso sus ojos sobre su mujer, que respondió negativamente sacudiendo su cabeza de derecha a izquierda.

«No…continúe, por favor» respondió él con voz, que esperaba fuerte, pero todos sintieron el dolor que él estaba sintiendo al ver a su mujer sufriendo.

Belle asintió y giró hacia los miembros del jurado.

«Acaban de vivir en directo la muerte de su bien amado Rey. La prueba de la perfidia de Regina no hay que demostrarla más, creo»

Orgullosa de su pequeño efecto teatral, miró a David y levantó la mano «No tengo más preguntas para el testigo»

David le señaló que podía sentarse y se dirigió a Emma

«Si la defensa tiene preguntas, el testigo es suyo»

Emma inspiró profundamente y girándose hacia Regina, le sonrió. No una sonrisa tranquilizadora cuyo fin fuera reconfortarla, aunque le hubiera encantado estrecharla en sus brazos en esos momentos, sino una sonrisa tranquila, explicándole que sabía lo que hacía y que la morena podía confiar en ella.

Se levantó mirando a la morena a los ojos, después se giró y caminó hacia Sydney, acercándose a él de manera felina, aún con la sonrisa en los labios, lo que hizo estremecerse a Belle. Después, sin tomarse la molestia de hablarle al testigo, Emma se dirigió directamente al jurado.

«Señoras, señores, no sé lo que Belle deseaba demostrar con esta visión del pasado, pero no tengo sino una cosa que decir»

Dio media vuelta y señaló a Sydney con el dedo.

«No fue Regina, sino Sydney Glass quién mató al Rey Leopold»

Sin decir una palabra más, se encogió de hombros y volvió a su mesa.

«¡Protesto!» gritó Belle, mucho más fuerte de lo que habría deseado «¡No estamos aquí para juzgar al testigo, sino a Regina Mills!»

«Es exactamente lo que estoy diciendo» respondió Emma «Estamos aquí para juzgar a Regina Mills. Usted acaba de demostrar, con testigo y visión del pasado como apoyo, que ella no tuvo nada que ver con la muerte del Rey…»

David golpeó suavemente su mazo en la madera para llamar a la calma a las dos abogadas.

«Por favor, hagan un esfuerzo las dos, están en un tribunal, no en un ring de boxeo. Efectivamente, la señalización de Belle es pertinente. El testigo no es el acusado…aunque lo que acabamos de ver es muy interesante» continuó el hombre mirando a Sydney con mirada oscura «Pero…¡hablaremos de ello más tarde!» el testigo tragó con dificultad y volvió a mover su pierna, más nervioso que antes.

«Continúe Emma, pero con calma o levanto la sesión por hoy…»

La rubia asintió y volvió a colocarse delante del jurado.

«Como venía diciendo, hemos tenido la prueba, por la declaración de Sydney y la visión del pasado, que no fue Regina la responsable de la muerte del Rey Leopold» miró a la abogada de la acusación que estaba echando chispas y sonrió «Sin embargo, para demostrar definitivamente que ella no fue la responsable en este asunto concreto, voy a mostrarles algo. Rumpel, por favor…»

El viejo brujo hizo una señal con la cabeza y con un gesto de la mano hizo desaparecer la visión precedente que se desvaneció en una neblina azulada, y dejó inmediatamente lugar a su sucesora. La escena siguiente fue de nuevo el palacio de verano del Rey Leopold y Rumpelstilskin efectuó un zoom rápido sobre la torre principal de una blancura deslumbrante, que alojaba los aposentos de la Reina.

«Vos no podéis hacer eso, su majestad» murmuró el genio del pasado, con voz rota

«Yo…yo no puedo más…yo…en fin yo quiero…»

La asistencia dejó de respirar al ver a una joven Regina llorando, completamente conmocionada.

«Cálmese majestad, yo estoy aquí, con vos. Os lo ruego, olvide esa idea de suicidio, no puede hacer eso»

La respiración de Regina se paró. Se volvía a ver allí, en la época en que comenzaba a hacer planes para estar a la cabeza del reino y eliminar a su hijastra, el genio de Agrabah arrodillado a su lado. Sabía lo que Emma iba a mostrar, lo que pesaría en la balanza y la inclinaría a su favor, aportándole crédito frente a la acusación, pero no estaba en absoluto cómoda. Lo que la rubia iba a mostrar era una manipulación, y dijera lo que dijese, Regina era la verdadera asesina, Sydney no fue sino un objeto, un medio de conseguir sus fines. Y ver a la rubia implicarse hasta ese punto para demostrar su inocencia le encogió el corazón. Lanzando una rápida mirada tras ella, miró a Snow que estaba totalmente absorta, pendiente de los labios de su hija, las lágrimas deslizándose por sus mejillas desde que había visto a su padre morir hacía algunos minutos. Regina viró la cabeza, no pudiendo continuar viendo esa escena por mucho más tiempo, un sentimiento de culpabilidad y un dolor sordo se hacían hueco en ella, arrancándole un sollozo que logró ahogar sin que nadie se diera cuenta.

Emma hizo una señal con la cabeza a Rumpel, que detuvo la visión del pasado justo en el momento en que la antigua Reina iba a responder.

«Señoras y señores miembros del jurado, tened muy en cuenta lo que vais a ver…»

La visión comenzó de nuevo, respetando el viejo mago a la letra las directrices que le había dado Emma esa misma mañana, antes de que el proceso comenzara.

«Mi Reina» murmuró el Genio tomando la mano de la joven Regina, besándola delicadamente «No pierda la esperanza. Todo va a arreglarse dentro de poco. Estoy aquí…siempre estaré aquí para vos»

La morena lo miró a los ojos, las lágrimas corriendo por su rostro en un llanto ininterrumpido.

«Nuestro…nuestro amor es imposible, querido. El Rey nunca permitirá que me marché con vos…Prefiero morir hoy que perderos y pasar mi vida en el lecho de un hombre al que no amo»

Esas palabras rompieron el corazón del hombre arrodillado ante ella. Moviendo la cabeza, depositó un nuevo beso en su mano.

«No, mi Reina. Esa no es una solución, os lo ruego, saque esa idea de su mente. Encontraremos un medio de vivir nuestro amor como es debido y…»

«Es imposible, lo sabéis tan bien como yo, mi amor» respondió Regina acariciándole la mejilla «Dejadme morir hoy, mientras mi corazón es feliz. La mordedura de estas serpientes es letal, mi muerte será rápida»

«¡Nunca!» gritó el genio levantándose «Prefiero matar al Rey con mis manos, antes que perderos»

«¿Cómo?» exclamó al joven Regina «Yo…no…es…yo os amo, pero nunca os dejaría correr ese riesgo. Seréis apresado antes de acercaros a él. No quiero veros morir, dejadme partir y rehaced vuestra vida en otro lugar»

«¡Mi decisión está tomada!» respondió el hombre al que ahora llamaban Sydney «Mataré al Rey esta noche. Así, mi Reina será libre de vivir su vida como ella quiera. ¡Y partiremos juntos!» depositó un beso en los labios de Regina y partió sin darle tiempo a responder.

Emma levantó la mano, indicando al viejo brujo que podía parar la visión, a la que hizo desaparecer en una niebla azul.

Mirando a los miembros de jurado, uno a uno, dejó algunos segundos para que pudieran digerir lo que acababan de ver, después dirigiéndose a la asamblea, levantó las dos manos, palmas hacia arriba.

«Creo que lo que acabamos de ver no necesita comentarios. Regina deseaba acabar con su vida, su existencia al lado del Rey no le aportaba ninguna felicidad. Sydney Glass, o el Genio de Agrabah, como prefieran, decidió por su cuenta eliminar al Rey, y llevó a cabo su plan esa misma noche. El único crimen de Regina Mills fue enamorarse de otro hombre que no era su marido, y querer huir con su amante. Cierto, no es algo ético, pero eso no incumbe en este proceso que le puede costar la vida»

Girándose hacia su padre, cerró los ojos un breve instante y retomó con un tono claro y determinado.

«Ya he terminado con el testigo»

David despidió a Sydney y miró su reloj.

«Bien…es mediodía, retomaremos la sesión a las dos»

Se levantó y salió de la sala, imitado por los miembros del jurado y de la asamblea.

Emma hizo una señal a su madre indicándole que más tarde se uniría con ella, sin decir nada más, volvió a sentarse al lado de Regina.

La morena estaba al borde de las lágrimas. Tomando la mano de Emma bajo la mesa, se inclinó ligeramente y la miró fijamente a los ojos

«Gracias…»

La rubia asintió y desvió la mirada. Sabía que Regina no le estaba dando las gracias por su alegato, sino por haber ignorado lo que seguía de la visión. Emma temblaba ligeramente, había tenido miedo durante toda su intervención, observando permanentemente a Belle, esperando que ella no pidiera más información a Sydney, temiendo que desease que Rumpel mostrara lo que había pasado a continuación. Pero la morena se había hundido en un mutismo que había beneficiado a la abogada de la defensa. Pues Emma había visualizado la totalidad de la escena el día anterior, en compañía del brujo. Había visto la expresión de alegría sobre el rostro de Regina cuando el viejo genio había desaparecido de la habitación. La había visto echarse a reír, una risa fría y sin emoción, que le había helado la sangre. Había visto a la Reina secar sus lágrimas de cocodrilo, que había hecho aparecer para manipular a un hombre que estaba dispuesto a todo por la mujer que amaba.

Había visto a Regina levantarse y retener un grito de alegría ante la idea de que cuando despertara al día siguiente sería viuda.