La guerra está abierta
«¿Llevas bien el asunto?» preguntó Snow a su hija que empujaba sus papas fritas con el tenedor, sus ojos perdidos en el vacío
«¿Hm?» preguntó la rubia mirando a su madre, su expresión completamente perdida, indicando que sabía que se había dirigido a ella, pero que realmente no había escuchado la pregunta.
«Te preguntaba si lo llevabas bien» respondió la pequeña morena suspirando suavemente
«Ehu…bah sí…sí, sí, todo bien, ¿por qué?»
«Emma, pareces perdida…» le dijo su madre inclinando la cabeza hacia un lado «Sé que puedes sentirte conmocionada, puedes decírmelo si es así, estoy aquí para ti»
La rubia sacudió la cabeza y se enderezó
«No, te aseguro que todo va bien. Solo estoy un poco cansada, es todo, pero estoy bien. ¿Y tú?» preguntó ella con un tono más preocupado de lo que querría.
Snow miró su plato y respondió con un tono bajo
«Sí…estoy…bien…ver…ver a mi padre morir no ha sido fácil…» respondió ella haciendo una mueca «Pero bueno…Lo perdí muy joven, he tenido tiempo para…acostumbrarme…en fin si se puede decir así…y además…siempre creí que Regina lo había fomentado todo y…al final resulta que no. Se me hace raro»
Emma frunció el ceño. No estaba cómoda en ese momento al lado de su madre. Había ocultado voluntariamente el final de la visión del pasado, dejando en silencio la parte en la que se podía ver a Regina feliz al ver que sus planes de matar a su marido tomaban forma. Se mordió el labio nerviosamente y se hundió.
«¡Mierda! ¡No puedo mentirte, a ti no!» dijo ella bajando el tono de su voz para que nadie más la escuchara «Yo…yo no lo he mostrado todo»
«¿Qué?» respondió su madre con los ojos abiertos de par en par, totalmente perdida
Emma miró a su derecha e izquierda, ligeramente contrariada. No por Snow, sino porque su propio comportamiento le asqueaba.
«Sydney no hizo sino lo que Regina deseaba. Ella lo manipuló sin que él se diera cuenta. Creo que ella no tenía el valor de matar a tu padre con sus propias manos, sin duda no había entrado todavía en su fase de Evil Queen y….consiguió lo que quería a través del genio…»
La pequeña morena miró a su hija con expresión indignada.
«¡Emma! Pero…¡tú…tú estás mintiendo por Regina!»
«¡No he mentido!» se defendió la morena haciendo una mueca «Solo he olvidado mostrar ciertas cosas»
«Es lo mismo, ¡mientes por omisión! Cariño…tú…se supone que tienes que defenderla, no tapar sus crímenes. ¡Son dos cosas diferentes!»
«Lo sé, pero…yo no…en fin, entiendes, la ocasión era adecuada, ¿lo importante de todo esto no era mostrar que no fue ella quien lo mató? Y además…si Belle hubiera hecho su trabajo, habría pedido ver la continuación…¿no?» preguntó ella con un tono poco seguro, esperando la afirmación de su madre.
«No acuses a Belle, es verdad, podría haber pedido información complementaria, pero…¡estás cubriendo a Regina! No es lo que se esperaba de ti, Emma, no te vuelvas cómplice de ella, ¡estás ahí para defenderla para que la gente la vea de forma diferente y pueda perdonarla, no para mentir y arriesgarte a estar tú en su lugar!»
La rubia mordió una papa frita y la mascó como si fuera chicle, mientras pensaba durante unos segundos.
«¿Crees que… debería hablar con el tribunal? ¿Decir la verdad y mostrar lo que pasó?»
«¡No!» respondió su madre con un tono que no daba pie a discusión «Lo hecho, hecho está, hablar de ello te desacreditaría totalmente y pondría fin al proceso. Y además eso dejaría a tu padre en una posición muy delicada»
Emma cerró los ojos unos segundos y recobró su respiración.
«Sigue adelante, como tenías previsto. Pero por favor, no deformes la verdad» dijo ella tomando la mano de su hija con las suyas, suplicándole con la mirada.
«Yo…prometido» respondió la rubia, más aliviada por haber podido contarle a su madre lo que le pesaba en el corazón.
Levantándose de su silla, dio la vuelta y estrechó a su madre en sus brazos. Después, soltándose, la besó en la mejilla y sonrió.
«Voy a pasar a ver a Regina, nos vamos más tarde. Dile a Henry que iré a buscarlo esta tarde después de la sesión, y sobre todo, tranquilízalo, dile que su madre está bien y que tiene que tener confianza»
Sin dar tiempo a su madre a contestar, la rubia se puso su chaqueta roja y se marchó, saludando a Granny y a Ruby con un gesto de la mano, cogiendo de camino el paquete de papel rosado que estaba sobre la barra antes de salir del restaurante.
La morena sintió que podía respirar correctamente, señal de que el hechizo de bloqueo de Rumpelstilskin había sido levantado, lo que anunciaba la visita de Emma.
Sentándose sobre el camastro, no pudo contener un suspiro cuando vio aparecer la cabellera rubia de la sheriff y se sorprendió mirándola de los pies a la cabeza. Emma podía ser terriblemente sexy con su estilo habitual, sus botas, sus vaqueros y su camiseta, y eso a pesar de ese lado masculino, que por otra parte, no carecía de encanto.
Perdida en sus pensamientos, Regina no reaccionó inmediatamente a la pregunta de la rubia, que se había acercado a ella con una expresión preocupada en el rostro.
«¿Regina? ¿Regina? ¿Está segura de que todo va bien?»
La morena se sobresaltó y sus mejillas se enrojecieron. Aterrizó brutalmente y esperó que Emma no la hubiese pillado, in fraganti, mirándola de arriba abajo. Sacudiendo ligeramente la cabeza, intentó recobrar un rostro neutro.
«Yo…¿perdón?»
«Le preguntaba si estaba bien» respondió la rubia frunciendo el ceño
«Yo…euh…sí…sí, todo bien»
«¿Ha comido?»
«No» murmuró la morena moviendo la cabeza, pensando, de repente, en su estómago que comenzó a sonar, como respondiendo a su abogada.
«¡Tome!» Emma le tendió el paquete de Granny's, lo que le valió una sonrisa de agradecimiento que le abrigó el corazón.
«¡Qué considerada atención, Miss Swan!» soltó la morena para burlarse «Y además una ensalada, ni huella de una de sus vulgares hamburguesas grasientas. Me sorprende día tras día»
Emma no respondió, conformándose con sonreír de lado, poniendo los ojos en blanco.
«¿Cómo se siente?» preguntó ligeramente inquieta mientras Regina se sentaba en la cama para almorzar.
«Verdaderamente…no lo sé. Tengo…tengo miedo» respondió ella de forma mucho más sincera de lo que hubiera deseado.
La rubia acercó una silla y se sentó frente a Regina. Solo los barrotes la separaban de la hermosa morena y esa idea, sin saber verdaderamente por qué, la consoló ligeramente.
«Es normal…yo también tengo miedo, ¿sabe?» murmuró la rubia mirando sus manos que temblaban bastante
Regina percibió la conmoción de su abogada y tendió la mano a través de los barrotes, cogiendo la de Emma.
«Emma, ¿por qué ha mentido esta mañana?» preguntó ella inclinándose hacia delante, acercándose cada vez más.
La rubia no respondió. El calor de la mano de Regina posada en la suya no hizo sino aumentar su turbación. Retirándola despacio, no se atrevió a mirar a la morena a los ojos y suspiró.
«Yo…ni yo misma lo sé. Mi madre me ha hecho la misma pregunta y…no he sabido qué responderle» dijo ella haciendo una mueca
«¿Su…madre está al corriente de la continuación de la visión?» preguntó Regina algo desilusionada. En su interior, esperaba que la respuesta fuera negativa, lo que permitiría a la pequeña morena perdonarla, al menos por esa parte de su vida. Pero si Emma le había confesado la verdad, entonces Snow estaría encolerizada contra ella, y contra su hija.
«Sí… le he dicho la verdad, yo…no me pregunte por qué, pero no podía mentirle»
Regina retrocedió suavemente, hasta apoyarse en la pared.
«Es normal…es su madre» respondió ella, compasiva, lo que sorprendió a la rubia, más de lo que hubiera pensado.
«No volveré a actuar así» suspiró Emma levantándose «Mentí para cubrirla, para que el jurado se pusiera de mi…de nuestro lado» corrigió ella inmediatamente «pero ha sido la primera y la última vez»
La morena asintió y se quedó mirando los dos orbes verdes que iluminaban el rostro de su abogada.
«Yo…no le pido que mienta por mí» dijo ella inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado «Usted es la única que se preocupa un poco de mi…futuro…Cíñase a los hechos, no tome posición, solo muestre los hechos reales. De todas maneras, el resultado será inapelable» dijo ella encogiéndose de hombros, totalmente desmotivada.
«Le prohíbo que se derrumbe» respondió inmediatamente la rubia levantando el tono «¡Solo estamos en la mitad del primer día! Ganaré, ¡la sacaré de aquí!»
Emma se levantó y retrocedió algunos pasos señalando la celda con las dos manos.
«Pero, para eso, la necesito,¡ necesito que crea en mí, tanto como yo creo en usted!» continuó ella mirando a la morena a los ojos.
Regina abrió la boca para responder, pero la rubia la paró con un gesto de la mano.
«¡Cállese! ¡Le quedan veinte minutos para comer, así que termine su ensalada, recobre fuerzas y motivación y nos vemos en la sala del tribunal!»
Emma dio media vuelta y partió con paso seguro. Ella no sabía por qué se había mostrado de repente tan agresiva con Regina, pero sabía que la morena no se lo echaría en cara.
Al contrario, la bella prisionera comprendió inmediatamente que la sheriff era dura con ella por su bien, sabiendo que a ella no le gustaría recibir órdenes por parte de su abogada. Cogiendo su plato con una mano, apoyando la cabeza en la pared de la celda, suspiró, casi feliz. Emma creía en ella…
Mordiendo con apetito un trozo de pollo, sonrió y se encontró, por un instante, creyendo que quizás, al final, el desenlace de todo esto no sería nefasto…
El hombre entró por la puerta de atrás, escurriéndose rápidamente por el pasillo del edificio, lanzando una ojeada a todos lados y ajustándose su gorra para no ser reconocido.
Al entrar en la habitación que le habían indicado algunas horas antes, se dio de frente con su interlocutora.
«Siéntese» dijo ella secamente señalándole la silla que se encontraba frente a ella.
El hombre cerró la puerta y obedeció.
«Hay que actuar, ¡y rápido!» dijo él sin tomarse el tiempo que decir buenos días.
«Lo sé…lo sé…» respondió la mujer que tenía en frente haciendo una mueca «¡Pensaba no tener que llegar a ello, pero tengo miedo de que Emma Swan consiga sacar a esa mujer de la cárcel!»
«¡No lo permitiré!» gritó el hombre golpeando con el puño la mesa «¡Esa bruja debe morir! ¡Hemos sufrido mucho para que se escape así de fácil! ¡No hay que dejarle la menor oportunidad de salir con vida!»
La mujer asintió y se apoyó en el respaldo de la silla, las manos extendidas en la pequeña mesa delante de ella.
«¿Qué podemos hacer? Está encerrada las veinticuatro horas, el único momento que podríamos tener acceso a ella es en el tribunal…y queda fuera de toda discusión intentar algo, estaríamos acabados antes de comprender lo que nos está pasando» dijo ella moviendo la cabeza, arrancando un mueca al hombre que tenía delante.
«Solo nos quedan tres días para actuar…el tiempo corre, ¡tenemos que encontrar una solución!» gritó él agarrándose la cabeza con las manos «¿Alguien más podría ayudarnos? ¿Quizás vuestra…?»
La mujer cortó las palabras con un gesto de la mano
«¡Ni hablar de mezclarla en este asunto! No sabrá nada, no tengo la intención de ponerla al corriente y le prohíbo que le diga cualquier cosa»
El hombre no dijo nada y se contentó con mover la cabeza.
«Bien, bien, no se enfade»
Levantando la mirada, miró el reloj colgado encima del fregadero, detrás de la mujer y se levantó precipitadamente.
«La sesión va a comenzar en cinco minutos. Debemos volver, por separado para no despertar la menos sospecha. Piense en lo que hemos hablado, más tarde hablaremos…»
Emma sacudía la pierna frenéticamente, a Regina le daba la impresión de estar sentada al lado de una lavadora en modo centrifugado.
«Miss Swan, por favor…» pidió ella poniendo los ojos en blanco, totalmente exasperada
«¿Qué? ¡Oh, perdón!» respondió la rubia dejando de moverse «Lo siento…»
«Es la quinta vez en diez minutos que se excusa» lanzó la morena con una sonrisa de lado
«Sí…escuche, no es mi culpa si estoy estresada, eh. Es un momento importante, ¡debería apoyarme!»
«Pero yo la apoyo, Miss Swan, ¿qué más quiere que haga? ¿Un masaje en la planta de los pies?»
La rubia se giró y miro a Regina a los ojos
«¡Hey, es una gran idea! ¿Piensa que es posible? Porque sinceramente, me encantaría, eso me relajaría, de verdad, ¿sabe? Generalmente, me deja la mente en blanco, y después estoy mucho mejor. Pero no sé si David estaría de acuerdo, porque…»
¡Emma!» exclamó al morena levantando las manos hacia el techo «¡Estaba bromeando! ¿No imaginará que voy a masajearle los pies en un tribunal, no?» continuó ella totalmente desesperada a causa de la rubia.
«¿No en un tribunal?» subrayó al sheriff con una sonrisa que decía mucho «Entonces, ¿estaría dispuesta a hacérmelo en otro sitio?»
El rostro de Regina se volvió súbitamente rojo tomate. Sin atreverse a mirar a la rubia, giró la cabeza al otro lado, mirando hacia un punto imaginario.
«¡Usted…pero…nooooo, en fin, no es lo que quería decir! ¡Es…ahhhh miss Swan, me saca de mis casillas!»
«Lo sé» respondió ella con expresión traviesa «Pero también sé que le encanta» dijo ella dándole un ligero codazo a su cliente.
Regina suspiró y una idea le vino a la cabeza. Decidió divertirse un poco y cazar a la rubia en su propio juego.
«Y además le recuerdo, Miss Swan que soy yo la que está sufriendo aquí más estrés…soy yo la acusada, soy yo la que se juega la vida…así que sería más lógico que fuera usted la que me diera a mí el masaje en los pies»
Emma contuvo la respiración y giró la cabeza rápidamente hacia la morena.
«Yo…sí…no, pero…sí, yo…de acuerdo…ok, pero ¿cuándo?» preguntó de forma balbuceante, sin comprender que la morena le estaba tomando el pelo.
«Bromeaaaaaba» exclamó Regina al ver los ojos como plato de su abogada «Vamos a calmarnos,¡concéntrese en mí!»
«Siempre estoy muy concentrada en usted» respondió Emma al vuelo sin darse cuenta.
«¿Qué?» preguntó Regina, sintiendo de repente una ola de calor.
«Euh no…nada» intentó responder la rubia, mordiéndose la lengua maldiciéndose por no poder controlarse delante de la morena.
La llegada de David a la sala detuvo inmediatamente el juego de seducción entre las dos mujeres, mostrando ambas un rostro impasible y con expresión concentrada.
Sentándose en su gran silla, el Rey miró hacia la mesas de la acusación y de la defensa, haciendo una señal con la cabeza a ambas partes, indicándoles que estaba preparado para retomar la sesión.
Aclarándose la garganta, se enderezó y giró la cabeza hacia el jurado.
«Bien, señoras y señores, vamos a retomar la sesión. Pediría a la abogada de la defensa, la señorita Emma Swan, que llamara a su próximo testigo»
La rubia se levantó despacio y dio la vuelta a su mesa. Colocándose delante del estrado, miró a Belle a los ojos y le hizo una señal con la cabeza, los ojos ligeramente entornados…La guerra iba a comenzar.
«Llamo al estrado a Rumpelstilskin»
