Primer beso
Emma se tragó su vaso de whisky a palo seco, el ardor sentido en su garganta le arrancó una mueca que borró inmediatamente llenando de nuevo su vaso por cuarta vez.
El día había sido duro, el alegato de Belle la había derrumbado completamente. Al igual que ella, Regina estaba totalmente asombrada ante el giro que habían tomado las cosas. La morena había recobrado la confianza cuando su abogada, esta mañana, había llevado brillantemente bien el interrogatorio, pero la sobremesa había sido fatal para su moral.
No había deseado hablar con Emma cuando hubo regresado a su celda, pidiendo que Rumpel pusiera inmediatamente el hechizo bloqueador. La rubia había intentado insistir, pero la oscura mirada de la Evil Queen la hizo desistir, después de ese día agotador, una disputa con la bella morena era realmente lo último que deseaba.
Al volver a casa tras dejar la prisión, la rubia se encontró a su hijo, blanco al ver el rostro de desconcierto de su madre. Después de haberle contado las dificultades encontradas sin detenerse mucho en los detalles para proteger a Henry, Emma le había propuesto pasar la noche con sus abuelos para que ella pudiera concentrarse mejor, para sacar adelante la defensa del día siguiente. Comprendiendo a la perfección lo que estaba en juego, el joven había aceptado y Snow, que había escuchado la conversación sin querer en la puerta, comprendió inmediatamente la finalidad de su maniobra. Sin dar tiempo a David para reaccionar, había cogido su mano, casi haciéndolo caer del taburete, y lo había arrastrado para una salida al restaurante. El joven entonces había besado a su mamá la sheriff agradeciéndole lo que estaba haciendo por su madre adoptiva y había salido del apartamento con una sonrisa forzada, para unirse a sus abuelos.
A Emma le habría gustado que su hijo estuviera orgulloso de ella, poder olvidar ese día horrendo, tomar el toro por los cuernos, pero su moral, así como su motivación se habían ido, y le era mucho más fácil hundir su decepción en el alcohol que en el trabajo.
Después de algunas copas más tirada en el sofá, la rubia decidió finalmente salir a tomar el aire. El alcohol le nublaba la mente, sabía que de momento no conseguiría dormir.
Tras coger sus llaves y su chaqueta roja, se encontró vagando por las calles, y sin quererlo, después de una hora caminando, se encontró plantada delante de la mansión de Regina.
Frunciendo el ceño, Emma miró alrededor de ella para comprobar que nadie la estaba mirando y caminó con paso rápido hacia la puerta. El alcohol aún presente en su sangre no le permitió llegar inmediatamente al porche, los arbustos que bordean el camino le obstaculizaban el paso. Después de verse caída de culo a algunos metros de la pesada puerta, la rubia se paró y se concentró sacando la lengua. Levantándose como pudo, Emma se tambaleó hasta los escalones blancos y sacó de su bolsillo su material para abrir cerraduras. En cualquier otro momento, habría podido hacerla saltar en pocos segundos, pero en ese estado, los diez minutos necesarios y los insultos lanzados no hicieron sino enervar a la rubia que calmó su cólera a patadas contra la puerta, una vez que esta fue entre abierta.
Sin tomarse la molestia de cerrar tras ella, Emma emprendió una difícil subida hasta la primera planta, sus rodillas dando, cada dos por tres, contra los escalones.
«¡Jooo…deja de moverte, maldita escalera! Me he enfrentado a cosas más duras que tú…» gruñó la rubia intentando colgarse de la barandilla.
Al llegar a trompicones arriba, dio vueltas como autómata en la habitación de la morena, su mente nublada, pensando que era la de su hijo.
«Mmmmm sueño» exclamó la rubia trepando al colchón y dándose contra el cabecero de la cama, lo que provocó otra oleada de insultos en la habitación.
Al girar la cabeza, Emma posó su mirada en la foto que presidía la mesilla de noche de la morena. Torpemente la cogió y no pudo contener una sonrisa ante la imagen de Regina sosteniendo en sus brazos a un bebé de apenas unas semanas. Acariciando la foto con la punta de los dedos, la rubia sintió inmediatamente un pinchazo en el corazón al pensar en el tiempo que había perdido con Henry. No había sido ella, sino la acusada a la que tiene la tarea de defender quien había criado a ese hombrecito, y por eso ella le estaría eternamente agradecida. Porque a pesar de todo lo que la gente pudiera decir, el joven había crecido con el amor de su madre adoptiva, había conocido una vida agradable y nunca le había faltado de nada. Confundida por el alcohol, Emma se sorprendió besando la imagen del niño, y después de haber mirado a su alrededor como si alguien pudiera verla, depositó un beso en la imagen de Regina. Con una sonrisa bobalicona, se dejó caer hacia atrás y se durmió a los pocos segundos, la cabeza apoyada en la almohada de la morena, estrechando contra su pecho el retrato de las dos personas que más contaban para ella en ese momento…
La luz del sol entrando por la ventana provocó un despertar difícil, Emma se levantó con un terrible dolor de cabeza, pero tuvo cuidado de colocar cuidadosamente la foto en su lugar, no sin sonreír de nuevo ante el rostro de su hijo y de la bella morena.
Después de una ducha rápida en el cuarto de baño privado de Regina, Emma hurgó en las cosas de la morena.
«Sexy la ropa interior» murmuró mientras cogía unas braguitas de encaje rojo del cajón de la cómoda. Su tez pálida de mañana de resaca tomó inmediatamente los colores cuando se imaginó a la morena llevando lo que tenía en las manos.
Al mirar el reloj, la rubia fue presa del pánico al ver la hora. Debía estar en el tribunal en tres minutos si no quería llegar tarde…
Se puso rápidamente las braguitas de la morena, no se tomó el tiempo de buscar el sujetador a juego, y se metió directamente su propio pantalón, su camiseta y su chaqueta, y salió corriendo de la mansión.
Juicio: día 2
Llegó algunos minutos tarde al tribunal, lo que le valió una llamada de atención por parte de su padre, provocando una vez más una mirada oscura por parte de Snow. La rubia se colocó al lado de Regina que giró la cabeza al lado contrario.
«Lo siento Regina. No…oí el despertador» murmuró apoyando la mano en el ante brazo de la bella morena.
Regina la fusiló con la mirada y se disponía a lanzar un comentario acerbo, tan característico de ella, pero al ver los ojos verdes de la rubia, supo inmediatamente que era sincera y que estaba realmente disgustada con su comportamiento. No tuvo el coraje de hurgar más en la herida y apoyó su mano sobre la de su abogada, respondiendo con una sencilla sonrisa.
Emma suspiró aliviada al ver que la morena no se había enfadado con ella y giró la cabeza hacia Belle, decidida a no dejarse intimidar.
Desgraciadamente para ella, todo el día transcurriría muy mal.
Los testimonios sucesivos de Ruby, de Granny y de Marco habían hundido a la antigua Reina. La lucha hasta la pausa para comer fue dura, pero la rubia había logrado inclinar la balanza hacia su lado al mostrar algunas visiones que dejaban ver a una Regina más humana. Pero a pesar de esa lucha encarnizada, Belle le había dado el golpe de gracia al final del día, enseñando a una Regina reduciendo a cenizas el corazón de Graham después de que este la hubiera rechazado.
La sesión había terminado de esa manera, dejando a una Emma completamente desmotivada, mientras que Belle abandonaba la sala con una sonrisa de victoria en el rostro.
«Puede arreglar esto, Emma, lo sé» dijo Regina con tono sosegado, saboreando la comida elaborada por Granny, que la rubia le había llevado hacía algunos minutos.
«¿Arreglar esto? Mierda, ¡nos están machacando, Regina!» exclamó la rubia caminando de aquí para allá en el despacho.
La morena no pudo evitar sonreír al escuchar a Emma decir "nos". Desde el comienzo, su abogada se había implicado de verdad en esa historia, pero Regina no podía evitar pensar que solo lo estaba haciendo por obligación. Sentía la que la rubia estaba haciendo todo lo que podía, y aún más porque algo, totalmente indefinible, planeaba entre ellas.
Regina lo había sentido, y estaba segura de que Emma era consciente de ello, pero no dijo nada. Se había apegado mucho a la rubia, y ella lo sabía, ese acercamiento era recíproco, pero no quería que las cosas se precipitasen.
«No sé si nos están…machacando» respondió arrugando la punta de la nariz «pero sé que tiene con qué doblegar a esa pequeña y sosa morena»
Emma no pudo evitar reír al ver la mueca que hacía Regina, imitando a la perfección la expresión afectada de Belle en pleno discurso.
«Yo…sé que mañana voy a poder inclinar la balanza a nuestro favor…su favor, pero…»
«Pero será duro, muy duro» respondió Regina dejando su plato sobre la cama, levantándose despacio para acercarse a los barrotes «Será agotador para usted, para ella, tanto emocional como físicamente. Usted va…» bajó la mirada unos segundos y suspiró «Vamos con seguridad a llorar, será muy duro ver esas imágenes, pero…»
«Pero eso permitirá que todo el mundo comprenda lo que pasó» respondió Emma apoyando sus manos sobre las de Regina «Haré que cada persona presente en la sala sepa qué sucedió, y una vez hecho, ellos la verán de diferente manera»
Hundiendo su mirada en los ojos chocolate de la morena, Emma le acariciaba el dorso de la mano con su pulgar
«La verán finalmente como yo la veo…»
Sin darse cuenta, Emma se acercó lentamente a los barrotes. El rostro de Regina no estaba sino a unos centímetros de ella. Podía sentir su embriagador perfume, su cálido aliento acariciándole los labios. La morena sonrió dulcemente y posó sus ojos en la boca de su abogada. No pudo evitar deslizar su lengua por sus propios labios fantaseando con los de la rubia, a los que imaginaba carnosos y suaves como la seda. Acercándose a su vez, marcó un tiempo de espera, los segundos necesarios para dejar a Emma el tiempo de detenerlo todo, de marcharse corriendo o de retroceder…pero la rubia avanzó un paso, acortando el espacio hasta llegar a posar delicadamente sus labios sobre los de la morena. Al principio, vacilante y delicado, el beso se transformó rápidamente en apasionado y envolvente. Agarrando el rostro de Emma a través de los barrotes, Regina la atrajo hacia ella, deslizando su mano por los cabellos dorados de su abogada, provocándole un suspiro de placer. Emma colocó sus manos sobre las caderas de la morena, acercándole a ella y maldijo en seguida esos barrotes fríos que le impedían sentir el calor del cuerpo de Regina pegado a ella. Sin aguantarlo más, la rubia deslizó su lengua por los dulces labios de su bella, pidiéndole permiso para ir más lejos. Regina respondió inmediatamente acariciando la lengua de la rubia con la suya, intensificando aún más su intercambio que rápidamente se volvió tórrido. Las dos deseaban descubrir el cuerpo de la otra, dejarse llevar a un océano de caricias y besos…Sus respiraciones entre cortadas, sus manos acariciando sus formas, sus bocas y sus labios devorándose mutuamente les indicaron que contrariamente a lo que pensaban, se deseaban la una a la otra. Deslizando su mano bajo la camiseta de la rubia, Regina subió suavemente hasta llegar al sujetador…que no encontró. Una ola de calor la invadió cuando la palma de su mano entro directamente en contacto con el pecho izquierdo de la rubia, ya duro por la excitación.
«¿Sin sujetador, Miss Swan?» preguntó con voz ronca acariciando con deseo el objeto del delito.
«Yo…no…en fin…es largo de explicar, pero…»
La rubia no pudo acabar su frase, la boca de Regina tomó inmediatamente posesión de sus labios húmedos y cálidos, su lengua deslizándose a la búsqueda de la de su abogada.
«Oh Regina…yo…yo tengo ganas de ti…yo…» murmuró Emma, su cuerpo entero temblando ante las caricias de la morena.
«¡Haaaaa, nada mejor que una buena cerveza antes de entablar una endiablada partida de póker!» gritó Leroy abriendo de una patada la puerta del despacho de la sheriff.
Emma se sobresaltó y casi se cayó hacia atrás cuando Regina la empujó rápidamente, dando tres pasos hacia atrás en la celda. La rubia tuvo el tiempo justo de colocarse bien la camiseta cuando el enano llegó al despacho, sorprendido al encontrarse a Emma a esa hora ahí.
«Oh, perdón, no sabía que trabajabas esta noche» dijo escondiendo su lata de cerveza tras la espalda.
«Euh sí…no…en fin, sí…sí, sí, hablábamos del día de mañana y de hecho…»
«De hecho habíamos terminado» dijo Regina con voz fría, mirando a Leroy con una mirada oscura «Va a poder pasar la noche tranquilamente sentado haciéndose desplumar bebiendo como un cosaco»
El enano carraspeó y fingió no escuchar, sentándose en su sitio silbando en un tono bajo.
Emma se dio la vuelta hacia la antigua Reina, esperándose ver aparecer su máscara de Evil Queen en su rostro, dispuesta a ser rechazada por la morena que lamentaría sus actos…pero se equivocaba completamente. Regina la devoraba con los ojos y poniendo atención a que Leroy no la viera, deslizó su mano fuera de los barrotes y acarició la de la rubia.
«Nos vemos mañana Emma»
La rubia sonrió e inclinó la cabeza hacia un lado, totalmente feliz a pesar de la interrupción del enano algunos segundos antes.
«Hasta mañana Regina…»
Soltando de mala gana la mano de la morena, Emma salió de la oficina sin mirar atrás para no traicionarse. Su corazón latiendo a cien por hora, caminó hasta su coche canturreando, una sonrisa tonta en el rostro.
«¡Debemos actuar rápido!» gritó el hombre golpeando con el puño sobre la mesa «¡Solo quedan dos días de juicio, hay que eliminarla antes de que sea demasiado tarde!»
«¿Demasiado tarde?» respondió la mujer frunciendo el ceño «Estaba hoy allí igual que yo, ¿no? Ha visto que Belle las ha anulado completamente. Regina está perdida, es algo cierto y seguro»
«¡Nada es seguro! ¡Nada! Emma tiene un as en la manga, dudo que se haya dado por vencida. Irá hasta el final para defender a esa bruja. ¡Debemos actuar!»
«Decirlo es fácil» argumentó la mujer con un tono seco «No he dejado de pensar en un medio para conseguirlo, pero es imposible. ¡Usted mismo no tiene ni la menor idea!»
«Yo…ajjjjj lo sé, pero es absolutamente necesario que lo consigamos…»
La mujer se levantó precipitadamente, tendiendo una mano hacia el hombre, interrumpiendo su queja.
«¡Lo tengo! ¡Sé cómo podemos matarla!»
El hombre acercó su rostro al de su cómplice y le sonrió con expresión sádica
«¡Cuéntemelo todo!»
La mujer se levantó y dio la vuelta a la mesa. Después girándose, miró a su acólito a los ojos.
«Cada día, al mediodía y por la noche, Emma Swan compra algo que comer en Granny's»
«¿Y? ¡No veo a dónde quiere ir a parar!» respondió el hombre, desilusionado ante esa revelación.
«¿Y? Y ella compra también una ensalada para llevar así como una bebida y un postre…¡para Regina Mills!»
El hombre casi se cayó de la silla. Agarrándose al borde de la mesa, se levantó y comenzó a entusiasmarse.
«¡Envenenamiento! ¡Pero por supuesto! ¡Cómo no habíamos pensado antes! Bastará con meter el veneno en su comida, algo que actué suavemente, que la maté poco a poco…de esa manera nadie podrá sospechar que la muerte es producida por la comida»
«Eso me sería beneficioso, sí» respondió la anciana alisando su delantal «Mi restaurante tiene muy buena reputación, que se sepa que he matado a la prisionera podría perjudicarme. Y además Ruby no me lo perdonaría»
«No se preocupe, Granny…tengo acceso a muchos medicamentos en el hospital…le prometo que encontraré algo que la maté despacio…muy despacio…y de manera muy dolorosa»
La anciana mostró una enorme sonrisa. Agarrando su cortador de tarta, cortó un trozo del pastel que tenía delante de ella y lo colocó en el plato de su cómplice.
«¿Quiere un poco de este delicioso pastel, Dr. Whale? Yo le encuentro un delicioso gusto a…venganza»
