Interrupción en la cocina, flores sorpresa y resfriado (cap 2)
Italia cantaba alegremente con la música de la radio mientras preparaba la cena (pasta, para variar), acompañado por un frustrado Alemania, que hacía y rehacía cuentas con y sin ayuda de la calculadora, en la mesa de la cocina. Entonces, el italiano recordó la conversación que tuvo con Francia presenciada por Inglaterra, y pensó en si el francés tuvo éxito al conseguir tener sexo con el inglés (cosa que es verdad, porque Francia es el punto débil de Inglaterra, y aunque hubieran discutido, jamás terminaría con él… bueno, depende, si hablamos de orgullo…). Decidió probar suerte, porque necesitaba un poco del alemán, y estaba seguro de que el rubio de él, también (y tanto…).
-Oye, Germania, ¿por qué no dejas el trabajo un poco y te lo pasas bien? –le pregunta el castaño, dando una vuelta sobre sí mismo y comenzando a hacer salsa de tomate (es bastante natural, odia comprar cosas hechas si las puede hacer el mismo fácilmente, porque será vago para algunas cosas, pero para otras…).
-No puedo, mi hermano es un irresponsable y no hizo lo poco que le pedí que hiciera mientras nos íbamos de viaje a tu casa.
-Pero por un día no pasa nada, vieni a ballare, Germania –dijo poniendo su mejor voz de seductor que sabía que funcionaba con el alemán mientras lo abrazaba por detrás por el cuello, quien se tensó enseguida, dejando de escribir, atento al próximo movimiento del italiano.
Este subió una de sus manos por el robusto cuello del rubio que tanto le ponía, y le giró la cara para que le mirara con uno de sus dedos que colocó en su barbilla. Le sonrió de manera lasciva, y con ese mismo dedo, recorrió el mentón del alemán, para luego acabar posándolo sobre sus labios, los cuales acabaron fundiéndose con los de Italia. Y ese beso fue lo último que hizo que Alemania perdiera totalmente los estribos, y se levantara (¡aleluya!) para acorralar al castaño contra la encimera, a la cual el italiano se subió, y abrió las piernas mientras abrazaba con ellas al alemán de la cintura, que se acercó más, y le besó de nuevo. Alemania aprovechó el beso para comenzar a desabrocharle la camisa al otro, que comenzaba a desmoronarle el aburrido peinado de tanto que hundía sus manos en su cabeza (además de hacerlo adrede porque sabe que su pareja odia que le estropeen el peinado).
Todo era muy bonito, si hubiera humo por la cocina, este sería rosa con corazoncitos volando.
PERO VINO AAAAAUSTRIA, y se jodió la escena.
-Ejém –hizo notar el de las gafas, un poco sonrojadillo, mientras se acercaba al frigorífico a por la botella de agua, y se ponía un vaso de agua porque venía cansadito de tocar el piano. Todo en silencio.
Y nada más escuchar ese falso carraspeo, Alemania paró en seco el beso, y giró su cabeza para mirar a Austria como si le hubiera comido un lobo. Y más perplejo se quedó aún cuando vio al austriaco ir y ponerse ÉL solito el vaso de agua.
-Si vais a poneros amorosos, ahí tenéis una preciosa habitación donde hacerlo. Pero no lo hagáis aquí porque organizáis un escándalo público –dijo nada más dar un par de traguitos a su bebida. Alemania seguía en shock, sin saber qué hacer. Italia le salvó.
-Vee, Austria, ¿prefieres la pasta con queso o sin queso? –preguntó mientras volvía a ponerse con la cena, un pelín nerviosillo y fastidiado de que viniera el moreno y les estropeara la noche. Alemania estaba peor porque un BULTITO (mega bulto) asomaba por ESA zona de su anatomía. Sonrojado, volvió a sentarse rápidamente antes de que el austriaco se diera cuenta.
-Con queso, por favor Italien –contestó el otro mientras se acercaba al rubio (que de verdad intentaba concentrarse, pero con el italiano con el que hace poco estaba cachondísimo dando vueltas por ahí cerca, y Austria dando por culo a su manera, repetía sus más simples sumas porque se le olvidaban las llevadas o se equivocaba al sumar). El de gafas observó los tachones de dichos fallos, y escrutaba con la mirada TODOS los movimientos del alemán mientras daba sorbitos a su agua como si fuera un condenado refresco, el cual estaba REALMENTE nervioso, y más aún en cuanto notó que el otro le miraba.
-¿Necesitas algo, Österreich? –dijo lo más calmado posible, sin poder aguantarse porque de verdad le ponía muy nervioso que mirasen TODO lo que hacía.
-¿Fue productiva la reunión de hoy? –respuesta del moreno.
Alemania carraspeó porque sabía de sobra que absolutamente NADIE le había hecho caso en todo el tiempo que hubo.
-B-Bueno, ja…
Austria levantó las cejas, levemente sorprendido porque también sabía que ni su propia pareja le hacía caso en las reuniones. Alemania estaba a punto de explotar, porque quería tirarse ya a ese italiano que también le miraba con ganitas, y Austria sólo incordiaba.
Y como si el mundo hubiera escuchado sus plegarias, algo hizo sonar el piano del austriaco, el QUERIDÍSIMO piano del austriaco, el cual salió pitando porque por su piano MA-TA. El alemán volvió a respirar, y el italiano casi se tira sobre el rubio porque de verdad quería. Pero se hizo de rogar metiendo lentamente al horno la pasta, y sacando culo para hacer sufrir un poquito al alemán, porque así lo va a disfrutar más. Y tras unos insufribles e interminables segundos, Italia abrazó por el cuello por detrás a Alemania de nuevo, y plantó un beso en la mejilla de este. Se apartó suavemente y fue a ponerse delante de él, abrió sus piernas, se sentó sobre las piernas robustas del rubio y rozó un poco sus caderas contra las del otro, dándole otro beso, pero esta vez en los labios. Bueno, creo que se sabe lo que viene detrás…
Austria casi pega un grito de horro en cuanto ve a un albino de ojos rojos sentado sobre las teclas de su piano.
-Preussen… ¿Qué estás haciendo? –preguntó BASTANTE enfadado acercándose al prusiano, que se reía nerviosamente, escondiendo algo tras su espalda.
-N-Nada… ¿Qué te trae por aquí, señorito? –contestó porque no se le ocurren cosas mejores teniendo a la persona que le gusta justo enfrente de sus narices.
-Bueno, es MI piano, acabo de escuchar un sonido preocupante venir desde aquí y… venía a tocar el piano como hago TODOS los días.
-¿Ah, sí? –más risas nerviosas. Dios mío Prusia, sé más creíble por favor.
-Eh… Sí.
-Ah… Bueno, es que quería escucharte un rato –viniste a dejarle unas flores a modo de sorpresa sobre el piano de manera anónima, y deseabas que se marchara de allí para ponérselas… ¿y cómo piensas hacerlo con ÉL allí?
Austria se sentó, carraspeó para que el albino se levantara de su piano (aunque le gustaban esas vistas que tenía de su culo, pero shhh), y cuando lo hizo, comenzó a tocar. El otro lo miraba desde atrás, nerviosillo aún, pensando en dónde ponerle la sorpresa porque cuando tocaba el piano, no hacía caso a nada más, por lo que poco caso le haría. Error. Austria nunca se desconecta del todo, y menos con ese tormento por ahí al lado. Porque a ver si le va a romper algo…
Al final, Prusia acabó dejándolo sobre unas partituras que estaban en una mesita por allí cerca. Y es cuando decimos que Prusia es poco romántico, y él dice que si no se hubiera resbalado con y hubiera tocado sin querer el piano, no habría venido. Y como es un poco cobarde con estas cosas, decidió irse de allí, cosa que entristeció un poco al austriaco cuando acabó de tocar, aunque no lo exteriorizó porque es así de orgulloso.
-ITALIEEEEEEEEEN –gritó el peliblanco (los otros dos lo mandaron a la mierda porque querían que los dejaran tener sexo en paz)-. ¿ESTÁ HECHA LA CENAAAAAA?
No hubo respuesta. El albino simplemente no le dio importancia porque era por armar un poco de jaleo por la casa, y es entonces cuando necesitaba la presencia de la húngara para que el follón estuviera asegurado. Pero estaba de juerga ella sola, y el otro se tenía que fastidiar él solo en casa. Pues a jugar a la consola se ha dicho. Y mira por dónde, España estaba conectado. Si es que tenía una suerte que ni él se la creía…
Volvamos con los dos tortolitos. ¡Anda! Ya terminaron de hacer el amor, e Italia estaba abrochándose los pantalones mientras miraba aún con el cerebro medio fundido si la pasta ya estaba hecha (que por supuesto, lo estaba).
-G-Germania… Pon la mesa, per favore… -le pidió un poco jadeante aún.
-Ja… Ya voy –y mientras se peinaba un poco y bebía cerveza, comenzó a poner las servilletas, los cubiertos, los vasos…
-¡Austria, Prussia, a cenaaaaaar! –llamó el italiano ya casi recuperado porque energía le sobra, mientras ponía la humeante pasta que tenía una pinta que te mueres sobre la mesa.
-¡YA VAMOOOOOS! –gritó Prusia por Austria y él mismo. Se despidió del español, que se quedó jugando un rato más, y se sentó a la mesa-. ¡Wow! ¡Qué buena pinta!
-Grazie, Prussia –dijo el italiano que sirvió los platos de todos. Una vez servidos, esperaron pacientemente al austriaco, que no bajaba.
-ÖSTERREEEEEEICH! –le llamó esta vez el alemán (que no se diga que no tienen potencia hablando).
No contestó, y Prusia, que quería comer ya porque tenía hambre, y en esa casa no se empezaba hasta que no estuvieran todos en la mesa, subió a por él.
Austria estaba donde lo habíamos dejado, la sala del piano, embobado mirando las flores mientras estudiaba un poco las partituras que estaba bajo el regalo que el albino le trajo antes. No las había ni tocado, pero estaba ligeramente feliz porque le gustaba, pero como hemos dicho antes, jamás lo exteriorizará. Y justo en ese momento, apareció Prusia por la puerta, en su máximo esplendor seductor: bostezando cual oso hambriento y rascándose la cabeza.
-Señoritoooo, ya está la cenaaaa –dijo sin fijarse qué estaba mirando el moreno. Segundos después, lo miró, y se tensó y sonrojó de manera inmediata.
-Esonoesmío –respuesta automática.
-Vaya no, vinieron volando por la ventana –el cínico, medio sonriente.
Más sonrojo.
-P-Pudo haberla dejado Italien, ya sabes cómo es…
-No ha entrado en todo el día.
-Mmm… West! ¡Seguro que se las dio Italien y como no sabía dónde ponerlas, las trajo aquí!
-Italien no trajo hoy flores. El único que ha entrado aparte de mí a esta sala, has sido tú.
Nerviosismo puro.
-Y-Yo…
-Son bonitas.
-S-Sí, claro… Son awesome…
Austria se subió las gafas, y pasó junto a Prusia para salir e ir a cenar, no sin antes rozar ligeramente su mano con la del albino, que se tensó aún más (más tenso que un palo, en serio), y le siguió. No se relajó hasta que se tomó las tres cervezas y media que se bebe antes de cenar siempre, porque es que el austriaco… Le GUSTABA.
La cena transcurrió como siempre: Italia contando cosas intrascendentes, Prusia diciendo barbaridades, y los otros dos, callados aguantando a aquellos dos. En serio, cualquiera diría que Prusia es el hermano menor y Alemania el mayor si los ve, porque…
-¡Y luego Spanien, que es un bruto, va y lanza tres granadas al mismo tío! Chaval, es que gasta mucha munición para matar a uno, aunque… el asesinato ha sido bastante awesome.
-Ahá… -Alemania stand by.
-Al final ganamos, como siempre… Pero tengo que enseñar a Spanien a tirar mejor porque la mitad de la munición la gasta sin apuntar bien.
-Prussia, ¿preguntaste a Spagna qué tal está mi hermano? –intervino Italia.
-No es necesario, siempre acaba hablando de tu bruder. Dice que está con medio resfriado.
-¡Oh! –Italia el dramático llamando a Romano en 3… 2… 1…
-Nah, pero si gruñe y se enfada como siempre no es nada, al menos eso me dijo él.
Ni caso. Italia ya estaba enervando a su hermano por teléfono. Cariño, es Romano el mayor, no tú.
-¡Que estoy perfectamente, es un simple resfriaACHÚS! –gran manera de convencer al otro, Romanito.
-¡Tómate lo que te diga el médico, y deja que Spagna te cuide!
-¡No necesito depender de ese bastardo, puedo cuidarme tú solitocofcof! –por eso España estaba esperando a que dejaras el teléfono para darte de cenar tu sopa. Dándose cuenta de ello, le hizo un gesto al español para que se retirase, pero el otro que es cabezón como él solo, le miró con carita de ''porfaaaa Romaaaa", y el italiano suspiró dejándole estar.
-Pero él te quiere y quiere cuidarte…
-Tsk.
-Fratello, me tengo que marchar, que tengo que marcharme a cenar…
-Eso, vete que yo también quiero cenar SOLO –España pilló la indirecta, pero se hizo el tonto sonriéndole cuando Romano miró al pronunciar la última palabra.
-Stai attento, fratello.
-Ciao. –y el malhumorado colgó, mirando al español. -¿Qué te hace querer darme de comer cuando yo puedo hacerlo perfectamente?
-Me hace ilusión cuidarte, Romano –sonrisa pasional.
-Dame la sopa.
-Nooooo.
-Dámela, cazzo.
-¡No! –risas.
-¡Hazme caso, fanculo!
-Di ''Ahh" –España ya tenía la cuchara frente a la boca de Romano, el cual estaba sonrojado y apartaba la cara. –Andaaaa, si me dejas, te dejo que me cuides tú la próxima vez.
-¡Como si quisiera hacerlo! –replicó el de ojos castaños. Pero el español le suplicaba que le dejara alimentarle con una miradita triste algo exagerada. Tras unos segundos de silencio, el italiano puso los ojos en blanco y abrió un poco la boca, volviendo a llenar de felicidad al de ojos verdes, que le dio de comer tan contento. En realidad, a Romano le encantaba, pero como todos sabemos, nunca en la vida lo va a decir. Y también le hacía ilusión poder cuidarle a él la próxima vez que se pusiera enfermo, porque, aunque suene cruel, quería que pasara cuanto antes para poder hacerlo.
Que el Spamano nunca falte. Los reviews son mágicos y hacen que Romano se recupere. ¿Un poco de solidaridad? (Síiii, ya me iré centrando un poco más en las barbaridades que tengan que ver con interneeet).
