Una cálida sonrisa de su antes hermano le hizo sonreír amable regresándolo al planeta tierra, Alfred estaba pisando suelo escocés y todo por petición del británico. Saludó a su manera, feliz, así se sentía, estaba algo abrumado por el recuentro con el pelirrojo, pero eso no afectaba su sonrisa típica, hablaba al aire, sus pensamientos estaban concentrados en que debía comportarse y parecer haber olvidado lo que paso, asentía a todo lo que Arthur le pedía, que si debía buscarle un traje adecuado, que si debía soportarlo, las invitaciones, era tanto que se le olvido lo primero de la lista, negó un poco con su cabeza, aun no entendía por que Scott había pedido que fuera él quien le ayudara.

Había algo extraño en dicha petición ya que bien claro le quedó, cuando le echo de su casa, que le odiaba. Sin duda había algo escondido en aquello. Caminó a lado de Arthur hasta el auto y, ahí, estaba el señor egoísta, tan arrogante como siempre, sentado en el volante, mirándole con desprecio, a pesar de que el tenía lentes obscuros sentía los orbes esmeralda mirarle con odio. Ladeó la cabeza no dándole importancia. Entró a la parte de atrás del vehículo dejando su maleta a un lado suyo.

-con cuidado yankee...que recién le cambiaron la tapicería- dijo para molestar.

-mmm..Enserio, pues parece viejo...- le contestó muy burlón.

-que podía esperar de un idiota como tu...-reclamó.

- ¡Basta!-gritó el inglés- ustedes dos o ¡se llevan bien o se llevan bien!, Scott recuerda que el te va ayudar con lo que falta, así que da de tu esfuerzo- miró serio a ambos.

Su prometido tenía razón, debía aguantarlo ya que en primera él quiso que Alfred le "ayudara". Hizo una mueca de insatisfacción por el regaño de su amado y procedió a encender el vehículo. En una brisa, ese maldito aroma a él se percibía e n el auto, como odiaba ese aroma, no pudo evitar mirar de reojo al retrovisor observarle con detalle, ese joven hombre de rostro claro nívea, con esos ojos celestes que miraban con desgano ala ventana, no le importaba el porque estaba así, ya que, estaba cerca, tan cerca.

-vamos, arranca ya..-habló la hermosa nación británica, a lo que el mayor accedió.

Conducía a hacia su casa, los tres se quedaron en silencio, América no quería decir nada para no parecer inoportuno e idiota, ya que ambos le tenían en un mal concepto, más ante el escocés que últimamente le había pensado mucho después de esa noche, el le había despertado tantas emociones en su ser, estaba en un conflicto consigo mismo, tenia que resolverlo, solo que la cercanía de ambos europeos no ayudaba mucho. Se le veía distraído, distante, el rubio solo pensaba en como sacarse ese sentimiento tan noble hacia Scott, sobre todo por que su ex hermano iba a casarse con él. No quería estar ahí y mucho menos quería acompañarle a comprar el traje para su boda.

Poco a poco miró de nuevo esas calles por donde había corrido desesperado esa mañana después de que Escocia mismo se había adueñado de él, la nostalgia le invadía, vio esa entrada de la casa recordando que del nerviosísimo de ahí había caído, parecía jamás haberse ido de ese lugar, la esencia del americano estaba ahí y era alimentada por el recuerdo del de cabello carmesí.

El auto se estacionó y Arthur ayudaba al más joven a descender, dirigiéndole por la casa hasta la habitación que ocuparía en su estancia, subiendo por aquella escalera, caminando por el mismo pasillo, esa noche fue especial para el ojiazul, tragó fuerte para luego sonreír y entrar a la habitación designada para ponerse cómodo. Le dejaron descansar.

Ala media hora le hablaron a comer. Salió del cuarto, caminaba lento, pensado en como sobre llevar la carga de emociones y aparentar nada, ¿cómo hacerlo?, como evitar todo, no sabia y lo que mas le angustiaba era el no hacer algo idiota que dañara la relación de quienes apreciaba.

-Alfred...- escuchó su nombre, giro su mirar para ver ese rostro que se le había aparecido en sus pensamientos. Alzó la cabeza sonriendo normal, ocultando toda emoción, fijando sus ojos con los verdes. Contestando a ese llamado.

-What?..-

No esperaba esa mirada, le observó solo unos segundos bastándole para deducir que él otro estaba extraño, esa sonrisa se nota rara. Verle de tal forma le dio ganas de acariciarle la mejilla, no podía, más bien no debía.

-nada...-

-okey...-se limitó a responder Alfred, para luego bajar por las escaleras e ir al comedor.

Scott se dio cuenta que algo le pasaba al joven, ese "okey.." de nada estaba tan okey, tenia que saber que le acomplejaba, a como diera lugar.

Esa tarde la pasaron tranquilos, la presencia del inglés mantenía esa paz, pero un minuto que se quedaran a solas los otros dos era una tormenta de sentimientos proliferando y de miradas golpeantes, todo sin que nadie dijese nada.

Ya en la noche se disponían a ir a descansar, sobre todo Arthur que en la mañana debía partir. La luna estaba tan hermosa que su brillo entraba en la ventana de la sala, América adoraba la luna, se acercó hacia donde podría verla mejor recordando cuando fue a ella y posó su bandera, la gran conquista de su vida.

-Alfred debes ir a dormir, mañana iras con Scott a comprar-

-ya se, no soy un niño, solo miraré un rato la luna-

-siempre con tus manías, ¿no te basta con haber llegado a ella?-

-No, para mi nunca basta nada...-

-nunca nadie te entenderá..., ahh en fin descansa, me iré temprano, good night-con la misma el británico se fue a dormir, esperando a su pareja que aun seguia afuera fumando en el jardín. Al terminar este entró a la casa mirando a aquel hombre de cabellos dorados que corrompia su alma estaba ahí, tan bello bajo la luz de la luna, admirando la belleza que la luna ni siquiera opacaba. Abrió grande sus esferas oculares al sentir cierto cosquilleo en su cuerpo, percatándose que pensaba cosas lindas con respecto a Alfred, coas que jamás había pensado por alguien, ni por su prometido. Se quedó unos minutos mirándole, y así se hubiera quedado toda su vida; se acercó sigiloso, hasta quedar detrás de él sin que le notase, le tomó de la cintura con su brazo derecho y con el izquierdo le cubrió la boca, hablándole por detrás del pabellón auditivo, podía olerle, sentir su calor, así se sentía bien, tal vez así era perfecto.

El joven se asombró por la manera en la que él pelirrojo le había abrazado, al principio forcejeó, pero a quien engañaba, eso era lo que quería.

-¿qué te pasa?, dime ¿qué te sucede?- respuesta esperaba alguna, en cambio solo recibió una negación de parte del americano.

- te odio..-dijo suave, exhalando su aliento que estremecía al rubio-¿sabes por que?- de nuevo negó Alfred.- porque mi casa apesta a ti, mi vida es tan podrida como tú persona, me pones de mal humor, haces que me preocupe por una persona miserable como tú, por tu maldita culpa ahora no tengo erección alguna y si no basta, odio que mires a la luna como si la amaras.-

Después de decir lo ultimo se quedó así abrazándolo unos instantes, para luego soltarlo lentamente, sus dedos izquierdos delinearon suave esos labios, deslizándose para acariciar esas mejillas y apretarlas fuerte.

- sweet dreams...-se escuchó por parte del anfitrión subiendo por las escaleras para ir con su novio que le esperaba.

Se quedó pasmado la nación americana, Escocia le confundía, el que le humillara de tal manera no parecía saciar los instintos del pelirrojo, se atrevía a jugar con sus sentimientos, solo de algo estaba seguro, que ese "amor" que sentía hacia Scott Kirkland, el mismo lo convertiría en odio.