CRÓNICAS DE UN EGOÍSTA
CAPÍTULO V
"EL REINADO DEL EGOISTA"
El día más esperado llego, al fin iba a ser el esposo de Inglaterra, se suponía que esos momentos debía estar feliz, pero era lo contrario, Scott estaba más deprimido e infeliz que nunca. No dejaba de mirar hacia su costado derecho, ahí estaba ese rubio simpaticón peleando con la corbata, cada que le miraba algo sentía extraño en el cuerpo, el deseo nacía hacia él, las ganas de abrazarlo, de besarlo, de hacerlo suyo.
-acércate…te colocare la corbata bruto-se dio media vuelta y atrajo con su brazo al norteamericano que ya casi moría estrangulado con el nudo de su corbata.
El ojizaul no le quedó más que acercarse a este, se dejo colocar dicha prenda, estaba tan cerca que prefirió no tener contacto visual con él, para eso había desviado la mirada. De igual forma Escocia mismo evitaba quedarse mirándolo. Cuando termino de ayudarle le soltó lentamente.
-ya esta….-
-ohh thansk…-sin si quiera mirarle se dio la vuelta y fue a la ventana cercana, miró hacia el jardín enorme donde habían sillas, una linda recepción, ahí estaban ya casi todos, todos se miraban alegres incluso Arthur ya estaba ahí esperando.
El Kirkland mayor no quería mirar eso, ni si quiera quería bajar, mucho menos quería casarse ahora, pero tenia de otra, no iba a quedar mal, era un caballero y debía cumplir.
Se dirjio a las escaleras, demasiado callado y nada sonriente, en la casa no había nadie todos estaba en la recepción esperando al novio, Alfred había notado al pelirrojo muy distante, muy distraído de su boda, el rubio sabía que él no se quería casar porque ya no amaba al inglés, y la realidad era que Alfred mismo no quería que Scott se casara.
-Scott...-se atrevió a hablar el joven emancipado justo detrás de él.
-dime…- se volteo a mirarlo a la cara, esos gestos en el menor, prefería mirar al suelo.
-no te quieres casar ¿cierto?, no te cases...- como siempre el menor diciendo cosa ciertas no, por nada se decía que los niños y los borrachos dicen la verdad.
-¿ah? ..Que estás diciendo...- sabía a qué se refería Alfred sólo quería aparentar que no entendía que decía este.
- es el día de tu boda y tú no estás feliz cuando deberías estarlo eso significa que no quieres casarte ..lo sé, lo siento- hablaba con el corazón más que nada sabía que Scott ya no amaba a Arthur, que aquellas palabras en el ventana de su casa habían sido palabras que le profesaban amor, eso era lo que se atrevía a pensar Estados Unidos.
- Coff...- se aclaró la garganta y comenzó a tratar de entender que Alfred sabía o presentía ese sentimiento que sentía hacia el- ¿acaso estas impidiendo o pretendes impedir la boda?- negó incrédulo, que bien fingía Scott era un gran maestro de la actuación, por dentro está feliz de que aquello fuese cierto aunque por fuera su caballerismo impertinente seguía firme como sí se quisiera casar.
- es sólo que te veo tan lejano a la boda, no estas feliz no estas sonriendo, no estás bien-
-tu que sabes de como estoy, ¿Qué acaso eres yo? ¿Ya tanto así te crees en mi para decir qué y cómo estoy?-
-no es eso, es que ...yo - ya el joven neoyorkino estaba tratando de ocultar sus sentimiento pero era bastante, la boda, justo diciéndole a Scott lo que sentía y así de como lo dijo todo- yo también te quiero..., tú me lo dijiste hace días cuando miraba a la luna esas palabras yo ...también te quiero así, ahora baja y dile a Arthur que no te quieres casar, suspende esto y estemos juntos...ah...¿sí?-
El pelirrojo se le quedo viendo por un instante, era justo lo que deseaba escuchar pero no podía verse como un animal cobarde huyendo de una boda, no así, con el orgullo por delante y sin piedad respondió ante aquella declaración.
- hahahahaha~-río en un tono fuerte y le señalo- crees que yo iría a dejar a Arthur por ti, ¿eso crees? Hahahaha que loco estas, obvió que no, sólo jugaba contigo sólo deseaba sexo de ti ya que eres el único que me faltaba ahora ya que tuve lo que quise dejare de jugar...con permiso pero ahora más que nunca deseó casarme - se dio la vuelta con una sonrisa que al darle la espalda se convirtió en una mueca de odio hacia su persona
Y ahí estaba de nuevo, el grandísimo señor egoísta, no le bastaba con saber que Alfred moría de amor por el sí no que también le había humillado con eso, Alfred trago fuerte y gritó en respuesta a aquello.
- ¡Eres y siempre serás un maldito! ¡Un maldito! ¡Eres el maldito egoísta! Un jodido egoísta conmigo, un egoísta con Arthur un egoísta contigo mismo un egoísta con. Mi amor nuestro amor Tsk ...digas lo que digas así te cases ...sabes que no lo haces por amor - Scott no volteo a verlo sabía que aquellos ojos azules iba a terminar convenciéndolo de Quedarse con él, aligero su paso y a su ve Alfred corría al baño a secarse sus lágrimas que ya brotaban de sus hermosos ojos, que cruel había sido ese hombre al decirle aquello, pero lo peor es la negación de ese amor.
Scott llego al altar ahí todo sonrieron y comenzó la ceremonia, iba todo como debía, la firma de Arthur y ahora tocaba la de Scott, justo cuando firmaba miro hacia el público si estaba ese Rubio parlanchín y en efecto estaba sentado alado del ruso, quien no dejaba de mirar al más bajo, le regaló una sonrisa malvada este cruel pelirrojo y término por firmar, en ese justo momento Estados Unidos dio media vuelta y se marchó de ahí.
Aquel acto había sido presenciado por Scott que cuando vio a aquel Rubio partir aparte de haberse ido físicamente se había llevado su corazón egoísta.
Ese día, además de perder su soltería, además perdió su corazón, la felicidad y su único amor.
